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ADVIENTO... NAVIDAD...

En este Adviento sigamos preparando el corazón para el nacimiento del Niño Dios.
Feliz de ti porque has creído

Este “feliz de Ti”, que recibe la Virgen me lleva a preguntarme, ¿en qué consiste mi felicidad? Y en mi interior me pregunto, ¿recibiré alguna vez esa alabanza, feliz de ti porque has creído? o me conformaré solamente con ser feliz cuando se llene mi vanidad con las “sobadas de lomo” que me ofrece el mundo? Soy realmente consciente de esta diferencia? Creo que no del todo ya que vivimos en medio de una sociedad muchas veces falsa, que lo alaba a uno y lo premia por sus logros para luego pasarle la factura de sus alabanzas y exprimirlo hasta sacarle el jugo de sus talentos, para después arrojarlo como algo inservible, antes de haber llegado a los cuarenta. Si hago consistir mi felicidad en estas falsas e interesadas alabanzas, si sólo soy feliz teniendo para consumir o mientras permanezco ciego ante lo que pasa a mi alrededor, … estoy en serios problemas ya que por todo esto habré, casi seguro de pagar un alto precio en frustración, tristeza, soledad y abandono; cuando me saquen del sistema... El problema es que si no soy capaz de salirme voluntariamente del sistema, si soy cómplice de él, un día me encontraré quizás conque ya es tarde para llorar y lamentarme. El Adviento y la Navidad me hacen pensar que Dios Padre, con su su amor hecho niño, me ofrece a mí la verdadera felicidad, esa que consiste en una fe grande y misteriosa, en una bendición que llega de lo alto, que no se compra ni se vende, y no se encuentra en ninguna oficina ni en las góndolas de un hipermercado, al que solo le interesa mi bolsillo y lo que hay en él. Este tiempo de preparar y abrir mi corazón para la Navidad me muestra que hay bienes y dones, que no se consumen sino que están siempre allí para mí, iguales y permanentes, sin importar la edad que yo tenga; bienes, dones, regalos, presencias, a los que no les importa ni los cambia niel éxito ni los fracasos, sino que sencillamente, valen por sí mismos, me hacen valioso y me ayudan a tomar conciencia de mi dignidad, ya que “el Niño, envuelto en pañales y recostado en un pesebre”, está allí por mí, para que lo tome en brazos y lo recueste sobre mis mejillas o sobre mi corazón, y desde ese lugar me dice: "por fin te encuentro y me encuentras", como quien busca y encuentra la fuente misma de la felicidad . Feliz tiempo de preparación a la próxima Navidad. Manolo Subir al índice


¿Fue fiesta el nacimiento del Niño Dios? En este tiempo del Adviento nos animamos a preguntarnos tambiérn si estamos nosotros ahora preparando nuestros corazones para una fiesta y de qué tipo de fiesta hablamos? será en serioo una FIESTA DE GRACIA y de GOZO?? Si hacemos la composición de lugar y tiempo en el que sucedieron los acontecimientos de la Navidad, creo que no hubo fiesta para la Sagrada Familia, pero sí una inmensa alegría, un gozo indescriptible, sobrenatural y de fe. Pero humanamente no creo que sea algo bueno para cualquier padre o madre de hoy, dar a luz en un establo, porque no hay lugar para ellos en la posada.Y fue la gruta lo mejor que pudo encontrar José para María y el momento que estaban viviendo. Nosotros que debemos leer los Evangelios de adelante para atrás, es decir, desde la Resurrección hasta la Anunciación, ya sabemos como termina la vida del Niño en su paso por el mundo y el camino es: Gruta de Belén, Calvario, Sepulcro vacío y Resurrección. Pero para la Virgen y San José la historia no se había escrito, sino que Dios la comenzaba a escribir a partir de la Anunciación y el Nacimiento, y todos los acontecimientos que San Mateo y San Lucas nos cuentan acerca de la venida del Hijo de Dios al mundo, en los llamados Evangelios de la Infancia de Jesús. Para esa familia recién nacida, las cosas no fueron nada simples: María madre primeriza, sin experiencia propia, más que quizás, haber visto a otras madres dar a luz. En el pesebre, sola y sin asistencia de otra mujer que la ayudara con el niño. José, varón judío de su época, que acompaña desde el silencio, como será siempre en los relatos; la visita de los pastores, la experiencia que comparten y el asombro de la Virgen y José por lo que oían decir del Niño. La actitud contemplativa de la Virgen que va guardando todo en su corazón. Por eso quisiéramos marcar la diferencia entre Fiesta y Alegría. La Navidad es fiesta pero fiesta austera, religiosa, de fe y de piedad, respetuosa de la historia relatada por los Evangelios, fiesta de gozo interior, porque Dios se acordó de nosotros y nos envió al Salvador, pero nacido no entre los esplendores de un palacio, sino en la humildad de una gruta. Les pido que comparen este nacimiento con la vivencia anual de la Navidad y que cada uno de nosotros saquemos nuestras propias conclusiones y quizás, si nos animamos, cambiemos aunque sea un poquito la fiesta... Todavía es adviento, estamos a tiempo, nos animamos? Con todo afecto. Manolo Subir al índice


“No ha nacido de mujer nadie más grande que Juan” Mt 11,11 Después de dar a los discípulos de Juan la respuesta a su pregunta ¿eres tú o tenemos que esperar a otro? y de darles los signos y las características de su mesianismo, Jesús habla de Juan Bautista como el más grande nacido de mujer, y el Elías que debía venir al mundo. Nosotros en América Latina, de Norte a Sur y de Este a Oeste, tenemos otro Juan, un indio azteca, vidente de la Virgen de Guadalupe, cuya memoria hacemos hoy en Misa. San Juan Diego, “Dieguito el más pequeños de mis hijitos” que con su relato de los hechos acontecidos en las apariciones de la Virgen y la imagen de la Virgen en su tilma se ha convertido en una pieza esencial de la fe de los pueblos originarios. De alguna manera podemos decir el más grande entre nosotros los latinoamericanos, los que llevan sangre indígena como aquellos que la amamos a la Virgen Madre, por haber nacido en estas tierras sin tener sangre aborigen, pero que gracias a Juan Diego, tenemos una fe tan arraigada en la Guadalupana. Devoción nacida entre nosotros y no traída de Europa a la que le debemos la primera evangelización y sus frutos, pero la Virgen de Guadalupe es nuestra, tan nuestra como la tierra donde se manifestó para adoptarnos como madre tierna “del verdaderísimo Dios por quien se vive” que se nos da como cobijo y protección al tenernos “en el hueco de su manto y en la unión de sus manos”. San Juan Diego fue, como el otro Juan, el bautista, el instrumento profético de la tradición de Guadalupe, que nos enseña que el evangelio puede y debe inculturarse y que la cultura puede y debe evangelizarse. Que para manifestarse a nosotros Dios se adapta a nuestra manera de ser, de pensar y de sentir la experiencia religiosa, de un modo que lo podamos entender, que pueda tocar nuestras vidas de hoy, en estos tiempos de tanta confusión religiosa, extremista por un lado y llena de nuevas idolatrías cuando no de indiferencia y secularismo extremo, y transformarla en Reinado de Jesucristo. San Juan Diego nos ilumina y la Virgen de Guadalupe nos presenta el desafío de inculturar el evangelio tanto como de evangelizar la cultura. Nos invita a mirar las raíces cristianas que nos dieron una identidad y una cultura latinoamericana tan asociada a la devoción mariana, sin la Virgen nuestro santo de hoy habría pasado como un indio más, pero Juan Diego nos muestra que para Dios y su Madre, ninguno de nosotros, hijos de esta tierra, es uno más, sino que la fe nos da identidad, nos personaliza y eleva la persona hasta la santidad, que el amor de este santo americano nos impulse como él a la santidad de la mano de la Virgen Madre y Señora Nuestra. S. Juan Diego, ruega por nosotros.+Manolo Subir al índice


Fiesta de la INMACULADA CONCEPCIÓN de MARÍA.

Es el día de la Virgen por excelencia. A cualquier cristiano que se le pregunte que día es hoy, 8 de Diciembre, simplemente dirá: “es el día de la Virgen” y se entenderá con ello la fiesta mariana más importante del Año Litúrgico presente en el corazón y la fe del Pueblo de Dios. Sin negar las importancia de las demás fiestas patronales, advocaciones y devociones de la Virgen María, difícilmente se encontrará otra tan universalmente arraigada como la que celebramos hoy; si a esto le agregamos que a la inmensa mayoría de los adultos y niños tienen en su memoria asociada a esta solemnidad la toma de su Primera Comunión, se entiende por que decíamos al comienzo que es la fiesta y el día de la Virgen por excelencia. Dios la pensó, la quiso y la hizo inmaculada desde su concepción. Así entendemos lo que el Arcángel Gabriel, le dice al saludarla: “llena de gracia” y vacía de pecado, en contraste con lo que dice el Salmo 50 sobre todos nosotros los pecadores: “pecador mi madre me engendró”. 1. ¿Por que preservada del pecado original y de la tendencia natural al mal? Para ser madre: “concebirás y darás a luz un hijo”. Él que había de venir a salvar al mundo nacería de ella. Ella le daría la vida, la gestaría y lo daría a luz y le pondría por nombre Jesús, que quiere decir “Yahvé salva” El Hijo de esta Virgen sería el redentor y María su purísima madre, la más perfecta de todas las creaturas salidas de las manos y del Amor de Dios. 2. Una maternidad virginal, sin concurso de varón porque el niño no debía recibir la herencia, la debilidad y la fuerza universalmente presente del pecado. Para poder así redimir a los pecadores. Lógico ¿Cómo podría un esclavo redimir a otro esclavo? Por eso el redentor debía ser igual a todo a nosotros, menos en el pecado para poder salvar a los que estaban bajo el dominio del pecado, sólo estando fuera podría salvar a los que estaban dentro, solo siendo soberanamente libre podría rescatar a los que estaban totalmente imposibilitados de ser libres. “¿Cómo será eso si no convivo con ningún hombre”? El ángel le responde que será una obra magnífica del Amor de Dios al decirle: “El Espíritu Santo descenderá sobre Ti y el Poder del Altísimo te cubrirá con su sombra y por eso el niño será santo y se lo llamará Hijo de Dios” 3. Una maternidad mesiánica: “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin» Las palabras del Ángel le dan a entender a la Virgen, que conocía las escrituras, conocía las profecías y había crecido con la esperanza de la llegada del Mesías prometido, comprende de inmediato su lugar en la Historia de la Salvación y da su Sí para que esa espera termine, esa promesa de Dios deje de serlo y pase al tiempo de la consumación de las mismas. Ella recibe el anuncio que encierra en sí, todas las expectativas de los Patriarcas, David y toda su descendencia hasta ella. Lo que impresiona es su disponibilidad inmediata al anuncio lo que le da su grandeza, porque se compromete por entero con la obra de Dios. La Virgen esperaba la llegada del Mesías, pero no sabía ni cuando ni menos cómo vendría. Escucha, acepta y dice: “yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según has dicho”. 4. Una maternidad divina: “él será grande y se lo llamará hijo del Altísimo”, el gesto maternal de la Virgen termina en la Persona del Hijo Unigénito de Dios, al que el Padre envía y el Espíritu Santo engendra virginalmente, por eso la Virgen al decir de toda madre, este es mi hijo, lo puede decir de modo único, respecto del Dios hecho hombre en ella y venido al mundo por su mediación. Por eso además de Virgen la veneramos como la Madre de Dios. En ella “el Verbo-Palabra se hizo carne y habitó en nosotros”. Todo esto pensando en nosotros los pecadores que al pie de la Cruz, recibimos en la persona de Juan, a esta Virgen y Madre por madre nuestra. ¡Que misterio de amor y santidad! La Virgen madre del Señor, madre de todos los hombres-pecadores-redimidos por la Sangre Preciosa de quien recibió su Cuerpo y su Sangre de ella. Demos gracias a Dios, por su “locura de amor” hacia todos los hombres y por nosotros los pecadores. ¡Ave María Purísima, sin pecado concebida! +Manolo Subir al índice


Rezando con Mt 15,29 Nos han impresionado mucho los de textos de la Liturgia de este día y queremos compartir con Uds. una breve reflexión. 1. La promesa del Profeta Isaías que Mateo ve cumplida en el Evangelio que meditamos hoy: "Ahí está nuestro Dios, de quien esperábamos la salvación: es el Señor, en quien nosotros esperábamos; ¡alegrémonos y regocijémonos de su salvación! Porque la mano del Señor se posará sobre esta montaña”. La escena del texto evangélico lo sitúa en una montaña, que en el Antiguo Testamento está relacionada con las grandes manifestaciones de Dios: el diálogo con Moisés, los Mandamientos y la Alianza del Sinaí. Elías en el Horeb. Para los oyentes de Mateo, cristianos de origen judío, era toda una apertura a la nueva fe, que se centra en la Persona de Jesús, a quien el evangelista presenta como el que encierra en sí todas las instituciones de A. T. Sacerdocio, Profecía y Realeza se sintetizan en el Misterio del Verbo hecho carne, que las asume y las desarrolla hasta su plenitud en todo el Nuevo Testamento ¿Qué pasó en aquella montaña? “Una gran multitud acudió a Él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y Él los sanó. La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban sanos, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel” Después Mateo nos muestra en pocas palabras el Corazón de Jesús, sus sentimientos de profunda compasión: "Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer”. No sólo los sana, sino que además los cuida y se ocupa de ellos hasta en los detalles. Él asume la actitud que nos relata el Salmo 22 “El Señor es mi pastor nada me puede faltar” Así es que luego de conmoverse les pregunta a los discípulos cuántos panes tenían y después de hacer sentar a la multitud: “Tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los daba a los discípulos, y ellos los distribuían entre la multitud”.Multiplicó los panes para dar de comer a la multitud, hubo pan y hasta sobraron siete canastas. 2. Bajando a nuestra realidad en la que no hay milagros, multiplicación de los panes y tampoco muchas sanaciones, nos quedan algunas cosas a las que podemos poner atención. Separándolas de lo milagroso y extraordinario y para vivirlo en lo cotidiano, nos preguntamos entonce para respondernos después ¿Dónde esta nuestro Dios? Está en el que se compadece, en el que sirve, en el que parte su pan con el hambriento. Allí palpita la presencia del Señor. Esto no tiene nada de espectacular o asombroso; la experiencia de aquel pueblo quedó en el pasado y nos llega como testimonio de lo que pasó en el relato del Evangelio. Lo que no ha quedado en el pasado es el lugar teológico de la manifestación del Señor. En el justo, el compasivo, el misericordioso y en el que comparte con el que no tiene, allí está Nuestro Señor. Él actúa a diario y basta mirar la realidad con los ojos de la fe, y nos va a sorprender la multiplicidad de presencias de Dios a nuestro alrededor. Esto es lo que llamábamos el domingo pasado estar despiertos, estar alertas y preparados para cuando Él vuelva, para los que creemos ya está viniendo en aquel que nos tiende la mano buscando algo de lo que aquellos buscaban en Jesús, nosotros lo damos en su Nombre, para que Él sea glorificado.+Manolo Subir al índice


DOMINGO II DE ADVIENTO Mt 3, 1 - 12 Amados hermanos en el Señor Jesús: “Que nuestras responsabilidades terrenas no nos impidan, Señor, prepararnos a la venida de tu Hijo”. No se trata de que nos volvamos irresponsables, pero tampoco perder la paz y la alegría, viviendo angustiados por servir al espíritu del mundo que hoy nos usa y después nos tira. Y como es así, no tiene mucho sentido que le brindemos “un culto” que el mundo no se merece, y menos que nos sustraiga de una vida de esperanza y de preparación para salir al encuentro con el Señor que está viniendo hacia nosotros. 1. Seguimos nuestra preparación a la Navidad, que es revivir al Señor que viene a nosotros y a quien queremos encontrar, a quien queremos esperar en vela y cantando sus alabanzas. Pero ¿Cómo es el que viene para que sea tan importante estar cuatro semanas en expectativa y atentos a su venida? “Sobre él se posará el espíritu del Señor, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de piedad y temor de Dios. No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas; defenderá con justicia al desamparado y con equidad dará sentencia al pobre; herirá al violento con el látigo de su boca, con el soplo de sus labios matará al impío. Será la justicia su ceñidor, la fidelidad apretará su cintura” Es un niño, pero lleno de atributos divinos. Su nacimiento, aunque parezca un nacimiento más, cambiará lo historia para siempre y la sigue cambiando en todo aquel que lo recibe en su vida y lo acepta como salvador y Señor. No importa que vaya a nacer en un pesebre, lo que importa es lo que Él es y lo que significará su presencia en el Mundo. Su Nombre será conocido y venerado de Oriente a Occidente, de Norte a Sur y “a Él acudirán pueblos numerosos”. Basta ver las imágenes de la Plaza de San Pedro, para ver discípulos y seguidores del Niño Dios, llegados de todos los países y ver a la Iglesia, “como madre feliz de muchos hijos”, contener en ella a hombres todas las lenguas y culturas. 2.San Pablo escribiéndole a los cristianos de Roma, nos presenta al Niño, que ya hecho adulto se distinguirá por su humildad y servicialidad: “Cristo se puso al servicio del pueblo judío, para demostrar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas y que por su misericordia los paganos alaban a Dios, según aquello que dice la Escritura: Por eso te alabaré y cantaré himnos a tu nombre” El Niño un día será el Siervo de Dios, que salvará al mundo desde la humildad y la abnegación, y así liberar a todos del dominio del la soberbia y la influencia del gran enemigo, para hacerse nuestro Señor “Yo estoy entre ustedes como el que sirve” “se levantó de la mesa, se quitó el manto y se puso a lavar los pies de sus discípulos” 3. El Evangelio nos presenta a Juan el Bautista, el precursor, que prepara al Pueblo de Israel para recibir al Mesías, que vive en medio de ellos y al que aun no conocen, pero que está por manifestarse a la vista de todos. El Mesías prometido, anunciado y esperado que ya había llegado y a quien él tenía la misión de señalar.”Éste es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”. Juan estaba bautizando con agua como signo de arrepentimiento, pero la verdadera purificación la realizará el que bautizará con el Espíritu Santo y con su fuego. Todos nosotros estamos bautizados en el Espíritu Santo y esto ha significado que, si el pecado original primero y el pecado personal después, había desalojado la presencia del Amor de Dios de nuestro interior, el bautismo en el Espíritu y su fuego, nos ha purificado y ha derramado ese Amor Divino en cada uno. Es como nacer de nuevo, es participar de una vida que en el Padre tiene su origen, el Hijo nos la gana con el servicio de su vida en este mundo y que el Espíritu Santo, como instrumento de Dios, pone en nuestros corazones y nos lo restituye cada vez que lo perdemos y lo volvemos a pedir por la súplica del perdón. Nada de esto sería posible, si el Padre no hubiera enviado a su Hijo y al Espíritu Santo, ésta es la razón por la cual creemos y por la que celebramos haciendo de la navidad: memoria, presencia y espera de ese nacimiento definitivo, cuando Él venga por segunda vez en el esplendor de su gloria. Mientras llega ese día, hacemos memoria: “Todo lo que en el pasado ha sido escrito en los libros santos, se escribió para instrucción nuestra, a fin de que, por la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza”. y celebramos su presencia, con ella alimentamos la fe que nos anima en medio de “un mundo que no lo ve ni lo conoce”, pero al que tenemos que seguir mostrando con la palabra y, sobre todo, con el testimonio de nuestras convicciones y viviendo de una manera distinta. Sin el Dios revelado en Cristo, el mundo no tiene salida ni futuro. Que en cada misa que celebremos podamos profundizar cada vez más esta convicción. Celebremos el don del Salvador, ayudemos a que siga salvando, hoy, mañana y siempre. “Ven, Señor, rey de justicia y de paz”. Creo… +Manolo Subir al índice


María, José, el Niño y el Anciano
Reflexionemos un rato y compartamos...
“Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor" Para evitar suspicacias respecto del unigénito, Jesús es además el único, porque los hermanos de Jesús es usado por algunas sectas para desacreditar a la Virgen y a nuestra fe, que la Virgen tuvo más hijos, que en definitiva no fue virgen como la presentamos los católicos. ¿Nos preguntamos? Si Jesús tenías hermanos de sangre ¿alguien me puede explicar porque le confía su Madre al apóstol Juan, mientras agonizaba en la cruz? ¿No sería lógico que “los hermanos” de Jesús se hicieran cargo de cuidar a su madre? En la cultura semítica el estudio del uso de las palabras y las costumbres ayuda mucho a comprender el significado de lo que está escrito. “También debían ofrecer un sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor”. De la dinastía de David ya muy devaluada, inexistente o sólo con los vestigios de su sangre, que llega hasta José de Nazaret para lo que a Dios le interesa, y que es que el Mesías debía ser de la dinastía de David según las promesas hechas a los antepasados y que está atestiguado por las profecías que con abundancia hemos leído durante todo el adviento. La Virgen muy probablemente perteneciente a la descendencia de Aarón por su parentesco con Zacarías, el padre de Juan Bautista. Ellos que eran la flor y nata de Israel, no tienen para ofrecer al Señor más que un par de palomas, la ofrenda de los más pobres. “Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel”. Consuelo que sólo viene de Yahvé que cumple sus promesas, en el tiempo y el momento establecido con su autoridad. Consuelo que será el fruto de la presencia del Mesías en medio de su pueblo y que luego será de toda la raza humana “El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor” Hay tanto en su Evangelio como también en los Hechos de los Apóstoles un protagonismo del Espíritu Santo: por cuyo poder el Hijo de Dios se hace hombre, que mueve a Jesús después de su bautismo en el Jordán, que lo hace exultar de gozo ante la voluntad de su Padre de revelarse a los pequeños y tantas citas más. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: ¡Ah! Que gracia, que privilegio, ver, tener en brazos al Esperado, al Prometido y al Anunciado. Qué cuadro de simple y sublime belleza. La espera se ha terminado, la promesa se ha cumplido, cuanto gozo y cuanta paz, al fin sus cansados ojos ven y tienen en sus brazos al Salvador, al Ungido del Señor. «Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel». En estos tiempos se habla en muchas partes de la luz, la iluminación, del iluminado, como que hay demasiada oscuridad en el corazón de los hombres, confusión y desconcierto que hacen surgir la necesidad y el hambre de luz, lo que llama nuestra atención es que muchos de nuestros hermanos por el bautismo la buscan y dicen que la encuentran lejos de su Comunidad y en la filosofía oriental, casi siempre sin conocer de verdad a Jesús, luz del mundo y que nos rescata de las tinieblas del mal que nos puede tener cegados y perdidos. Cuantos Simeónes podrían ver hoy la luz, ver a Jesús que está cerca de ellos con solo abrir los evangelios y leerlos. “Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Qué cercanos María y José, qué extraordinaria capacidad de asombro, cosa que muchos podemos perder cuando la vida se nos vuelve rutina y solo rutina, cuando ya nada nos conmueve o nos conforma. Meditar este cuadro de la Presentación mucho puede ayudar a recuperarla si nos identificamos con los sentimientos de las personas que participan del cuadro, la gracia de Dios no faltará para quien quiera ponerle luz y sabor a su vida hoy y mañana y siempre. “Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción” Es como si nos dijera: ¡ojo! Que este niño tierno y frágil, tiene una misión, un designio y que a partir de su manifestación las cosas no van a seguir igual, todo va a ser cambiado y trocado en Reino de Dios. No viene a pactar con los poderosos del mundo sino para su caída. Viene para liberar a los oprimidos, guiar a los ciegos y a resucitar a los muertos. Viene a armar el gran lío de Dios en medio de los hombres y eso no puede ser inofensivo, viene a tocar interese creados y eso le costará muy caro, como siempre ha sido y será. La vida es así y la del niño será como la de sus discípulos, y la de los discípulos será como la de su Maestro. “Y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”. Uno podría pensar sólo en los dolores de la Virgen, durante la Pasión del Señor o al pie de al Cruz, pero también ella allí, es figura del pueblo que es dividido por la espada y que separa a los que acepten tanto como a los que rechacen al Niño Dios. Bien lo sabrá la Sagrada Familia, cuando tenga que huir a Egipto para salvar su pellejo, y proteger el proyecto o el plan salvifico de Dios, que tiene como centro la obra del Señor Jesús hasta su retorno a la Gloria Celestial de cual había salido para morar entre nosotros.
Con todo afecto.+ManoloSubir al índice


“Se le puso el nombre de Jesús, nombre revelado por el ángel antes de su concepción” Celebramos hoy el Santísimo Nombre de Jesús. Históricamente sería como el día del “bautismo judío del niño Dios”. Rito de iniciación, de la alianza entre Dios y Abraham, rito de la pertenencia al pueblo elegido y mandado por la ley de Moisés. José y María judíos hasta la médula cumplían con esa ley sagrada, lo hacían con alegría, “con orgullo” por ser miembros de ese pueblo al cual pertenecían y al que incorporan a su hijo al que luego consagran, dedican o entregan al servicio de Dios en el Templo de Jerusalén “todo varón primogénito será consagrado al Señor”. Pero lo hacen desde la sencillez de una familia pobre, porque después ofrecen en sacrificio el don de los pobres “un par de tórtolas o pichones de paloma”. En nuestra vida hemos venido al mundo sin saber si el que nacería sería varón o mujer (perdón chicos, los que hoy son jóvenes, es que yo soy prehistórico), el nombre que nos pusieron tenía que ver con un antepasado, el abuelo, la abuela o el padre o la madre, o el de alguien que significara mucho en la historia, un santo o una santa y últimamente el de algún famoso admirado o un nombre de moda. A mí me pudieron el nombre del médico que le ayudó a mi mamá a ser madre, es decir dí trabajo hasta para ser concebido, pobre mi madre, todo bastante difícil en su vida, pero bueno acá estamos. En el nombre de Jesús hay un augurio, un designio o una misión determinada, como ya lo hemos señalado en alguna meditación anterior. Hoy pensamos en el Nombre de Jesús desde otra perspectiva. Queremos pensarlo como fuente de inspiración, de protección o de razón-motivación. 1. Al contemplar al que es, como es y lo que enseña surge la necesidad en el espíritu de asemejarse a Él, imitarlo en aquello que vemos y admiramnos, aquello con lo que quisiéramos sentirnos identificados. Deseamos intensamente ser como Él, es lo que experimentamos los bautizados cuando nos tomamos en serio el vivir nuestra fe, que no es hacer caricatura de Cristo, eso sería asemejarse físicamente a Él, no es vestirse como en el siglo primero o dejarse crecer el pelo y la barba y ponerse a hablar en arameo. La verdadera imitación surge de dejarse formar un cristo vivo por la acción del Espíritu, el mismo que en todo este tiempo lo vimos dándole vida al Hijo de Dios, por la concepción virginal en María “concebido por obra y gracia del Espíritu Santo”, es ponerse y entregarse al poder transformador del Espíritu y la Palabra que engendran en nuestro interior ese cristo que queremos llegar a ser. 2. Invocar el Nombre de Jesús al iniciar un camino, una búsqueda, una empresa que significa algo muy serio o peligroso, con sus aspectos inmanejables para nosotros los hombres y frente a lo cual nos sentimos pequeños y precarios y queremos la protección de Dios sobre nuestra salud, nuestra integridad física o la propia vida. Cuando tenemos personas a nuestro cargo y hay tantos imponderables que escapan a cualquier planificación por detallada que sea. Nos lanzamos sin tener todo asegurado ni garantizados. Nos lanzamos en el Nombre de Jesús para superar el miedo y la parálisis, porque ser hombres libres es vivir corriendo riesgos pero reconociendo que no podemos negarnos a vivir. 3. Cuando tenemos que encontrar una razón o una motivación, para hacer algo, tomar una decisión, aceptar algo que no entendemos del todo. Cuando se nos acaban las razones naturales, lógicas o últimas para seguir con algo, nos decimos “solo en el Nombre y por el Nombre de Jesús” lo acepto o lo hago o lo decido, sin más que la fe en su Nombre, porque de lo contrario tiraríamos todo al mismísimo carajo y, si no lo hago, es porque Cristo es mi última razón y fundamento, el único que me hace desafiar las opiniones, la resistencia de mi alma a hacer determinada cosa o tomar determinada decisión. Quienes tenemos superiores, obispos o autoridades legítimas, quienes tenemos compromisos formales, sacramentos que han atado nuestra libertad y autonomía a la voluntad de otros lo sabemos muy bien, especialmente los que acumulamos juventudes, canas y arrugas, sabemos muy bien lo que significó o significa el Nombre de Jesús en la historia de nuestra libertad. Es la historia de tener una razón superior para seguir, para continuar y por la cual sacrificarlo todo de ser necesario. El Señor nos conceda a todos sus seguidores una razón como lo fue para Él tener el nombre que tuvo desde la infancia y en toda su vida pública, durante la cual, siendo Dios vivió el drama de la libertad humana, el drama de ser hombre y que sino hubiese sido porque tenía como última y trascendente razón de todo al Padre, no habría hecho nada de lo que significaba su nombre ni aceptado y vivido en plenitud, las consecuencias de tener que “salvar a su pueblo de todos sus pecados” con el sacrificio de la cruz.+Manolo Subir al índice


La Palabra se hizo carne...

Todos los 25 de Diciembre leemos en la Misa un Evangelio un tanto difícil, con un lenguaje filosófico y teológico denso, profundo, que es el resumen de lo que S.Juan desarrollará luego en el resto de su obra. Mi atención se detuvo esta vez en el hecho de que la Palabra es creadora,“por Ella se hizo todo cuanto existe y sin Ella nada se hizo”. ¡Qué poder!, hacerlo todo y sostenerlo en la existencia, desde siempre y hasta el final de los tiempos!!! Salvando las distancias, pensaba en el poder de la palabra pensada y la palabra expresada, y en como, mi palabra puede “crear” en los otros y en mi mismo, lo mejor y lo peor. Mi palabra puede expresar sentimientos sublimes y expresiones horrorosas, constructivas o destructivas. Puede levantar, alabar, reconocer y comprometer, pero también es capaz de humillar, condenar, calumniar, difamar y dañar hasta de modo irreparable. Expresar el amor y también el odio, el te perdono y el vos no existís. ¡Que misterio éste de ser hombre! Pienso en el cuidado que debo tener cuando rompo el silencio para traducir lo que pienso y hablar, sobre todo ante el contraste con la Palabra siempre de bondad, de luz y de vida de la que nos habla este Evangelio. Creo que tengo que revalorizar mi palabra, ya que no es algo accidental, soy yo mismo esa palabra que digo, y es algo que debe ser honrado, porque de otra forma, qué soy si no tengo palabra... Hace tiempo descubrí que si no puedo decir la verdad, la opción no es la mentira sino el silencio, ya que nadie me puede obligar a usar la palabra para hablar en contra de lo que mi conciencia me indica. Aprender a callarme es algo en lo que me tengo que ejercitar a diario, ya que no es inofensivo el mal uso que puedo hacer de mi personal. Ojalá quieras vos también unirte a mí en este revalorizar y cuidar las palabras, a ejemplo de La Palabra... Feliz Navidad y Año Nuevo. Manolo Subir al índice


“Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo” "Su nombre es Juan". Lc 1,57 En los evangelios de la Infancia de Jesús aparecen varios hechos extraordinarios, pero siempre relacionados con el origen del la vida humana del Señor Jesús y de su primo Precursor el Bautista. Hoy nos detenemos en el Nacimiento de Juan, que tuvo como madre a Isabel, mujer entrada en años “y la que era considerada estéril ya está en su sexto mes, porque nada es imposible para Dios” le había dicho el Ángel a María en su anunciación. La Virgen que había concebido virginalmente al Salvador, probablemente estaba allí, en Aim Karim, estaba junto a la anciana madre. La Virgen había ido apenas lo supo a anunciarle a los que esperaban que el Mesías ya venía y crecía en su interior: “feliz de ti por haber creído lo que te fue anunciado de parte del Señor”. El nacimiento fue causa de alegría. “Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él” Dos anunciaciones a Zacarías primero y el embarazo de Isabel. La anunciación de Jesús y su concepción virginal en María. Un niño, Juan, que llevará sobre sí la mano del Señor. Jesús que será grande y se lo llamará Hijo de Dios. Todos hechos extraordinarios y superiores a toda lógica humana y racional ¿Cabrá en la mente del hombre el poder del Amor de Dios cuando hace lo que hace por nosotros? ¿Bendito sea cuando por nosotros “rompe las leyes” que el mismo ha establecido y va más allá, revelando que “el corazón tiene razones que la inteligencia no comprende”. Aunque son claras las diferencias entre Juan y Jesús, hay algo que tienen en común y que los marcará para siempre en este mundo, la misión que cada uno trae desde el vientre de sus madres, Juan:”él actuará con el poder de Elías, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” tendrá en su interior el fuego sagrado propio de los Profetas. Jesús como Hijo de Dios hecho hombre, llevará en su interior el fuego del Amo de Dios, el fuego del Espíritu, que lo moverá a llevar su misión hasta las últimas consecuencias:”el Hijo del hombre será entregado, lo matarán y al tercer día resucitará” anuncia Jesús tres veces durante su vida pública. La pasión de Juan, anunciar al Mesías, decir está allí, es el Cordero de Dios, “es anterior a mi y más poderos que yo y yo no soy digno…”. La pasión de Jesús, será la gloria del Padre, salvar a los hombres, hacer la voluntad de Dios hasta el último detalle diciendo al final de su vida en la Cruz: “todo se ha cumplido y dicho esto entregó su espíritu” Jn 19. Humanamente nosotros estamos cerca de Juan que vino al mundo como todos nosotros, sobrenaturalmente estamos cerca de Jesús porque nosotros henos nacido de nuevo, hemos nacido de Dios, hemos nacido del Agua y el Espíritu y en la fuente virginal del bautismo. Pero tenemos en común la pasión por el Reino, el fuego sagrado del Espíritu, la misión de anunciar al Mesías, llevar vida ahí donde no hay o donde hay que regenerarla y así podemos repasar todo lo que es el discipulado y el seguimiento de Cristo. Que en estas Navidades el Señor nos regale el nacimiento o el crecimiento de ese Fuego Divino que los consumió tanto a Juan como a Jesús. Tener en el interior ese fuego es de lo mejor que nos podría regalar la fe, y sólo basta pedirlo y recibirlo, y decir con la Virgen “que se haga en Mí según tu palabra”.+Manolo Subir al índice


“Dijo Jesús a los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo…” Mt 21,28 Hace dos días que el Señor nos viene hablando por medio de la Liturgia de la Palabra acerca de la primacía de la fe, por encima de las estructuras religiosas de su tiempo. Hay una constante en los dos evangelios que hemos leído, el rechazo de las autoridades religiosas y la fe del pueblo. Ayer nos hablaba acerca del bautismo de Juan y hoy también no habla sobre el ministerio del Profeta. En ambos pasajes vuelve a aparecer el rechazo de los sumos sacerdotes y los ancianos: “ni si quiera viendo ese testimonio ustedes han creído en él” en oposición a la gente del pueblo que lo consideraba un profeta y la fe de aquellos los publicanos y prostitutas que se acercaban a él y lo escuchaban: “Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él” Nos preguntamos ¿es lo mismo fe y religión? ¿quiso Jesús fundar una religión? Nos parece que no, que la fe está muy por encima de cualquier estructura religiosa, que sin una verdadera fe, puede estar vacía de contenido y no servirnos como camino hacia Dios, como no le servia al pueblo judío del tiempo de Jesús. El Señor comenzó a predicar la llegada del Reino de Dios, llamó discípulos a que lo siguieran, enseñó los misterios de la vida, sanó, liberó, denunció la hipocresía de los sumos sacerdotes, los escribas y fariseos, pidió fe para obrar en la vida de las personas, instituyó los sacramentos, padeció, murió y resucitó. Mandó a predicar en su Nombre el perdón de los pecados y se fue junto al Padre del que había salido y prometió que volverá. No pidió templos, ni liturgias, ni ceremonias, sólo pidió vida a sus discípulos, testimonio, misericordia y compasión. De los evangelios surge la ordenación jerárquica del Nuevo Pueblo, porque una sociedad sin autoridad va a la ruina porque reina la anarquía, pero aún la jerarquía sacerdotal está a servicio del Pueblo de Dios por medio del oficio pastoral, pero esto no es una religión. Da la sensación que la religión la fuimos haciendo los hombres a lo largo de los siglos y es especial después de paz constantiniana, cuando el cristianismo se convirtió en la religión del Imperio que se venía abajo por la corrupción moral de las costumbres y para el emperador la salvación del mismo pasaría por adoptar una religión distinta a la que tenías hasta ese momento. Fue desde ese momento que de estar en las casas, en las calles y en todo lugar, la fe quedó encerrada en los templos, perdió su profetismo y para muchos fue un momento de entrar en la confusión de que haciéndose una persona “religiosa” ya había alcanzado la salvación. El examen de conciencia permanente para nosotros es el capitulo 25 de Mateo cuando nos habla sobre el juicio universal durante el cual seremos examinados en el amor y al decir universal incluye a los creyentes y a los que no tuvieron ni fe ni religión, pero que sí amaron, fueron solidarios, sensibles y compasivos con los pequeños. Entonces puede pasar que una persona muy religiosa, que reza muchas oraciones, que comulga con frecuencia, que se confiesa semanalmente pero no es compasiva y solidaria quede fuera del Reino y quien no aprendió un el Padrenuestro entre en el Reino porque sin saberlo, al tener compasión y compromiso con el caído, el enfermo, el preso, el sin techo, el solo, el abandonado y el pobre de toda pobreza, los estaba haciendo por Cristo “cuando lo hicieron por el más pequeño lo hicieron conmigo”. Si una estructura religiosa esta llena de fe y es instrumento elegido para vivir el mandamiento del amor, pues bendita sea porque estará llena de fe, pero si esta vacía de fe no le sirve ni a Dios ni al hombre y está apartada del camino trazado por el Señor Jesús para heredar la vida. Quines más sabemos estamos más obligados que los que no saben, pero todos los hombres sin distinción alguna de lo que no escaparemos es del juicio en el amor, éste amor pasa por encima de cualquier estructura y nos une a todos los hombres de buena voluntad.+Manolo Subir al índice