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DOMINGO II DE PASCUA DE LA DIVINA MISERICORDIA Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor Resucitado: Celebramos juntos este II° Domingo de Pascua y la Fiesta de la Divina Misericordia, creada por el hoy beato Juan Pablo II° de inmortal memoria. Vayamos al texto que nos presenta el evangelio des esta Misa.
1.
“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos”: El atardecer es cuando el corazón experimenta un sentimiento de recogimiento y de silencio que invita a la oración. Cuando el día de trabajo llega a su fin y el obrero, el patrón, el agricultor o todo el que ejerce algún oficio, vuelve a su casa, una hora especial, distinta de otras horas del día. A esa hora los discípulos están reunidos con las puertas y no sólo las puertas, sino ellos mismos, completamente encerrados, presos del miedo, del remordimiento y del recuerdo de lo que había pasado con el Señor Jesús, y lo que ellos mismos habían hecho. Estaban cerrados a toda experiencia que tuviera que ver con lo que había sucedido. Los de Emaus “con el semblante triste le dijeron: eres tú el único habitante de Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días… Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel… pero ya van tres días desde que pasaron estas cosas y…” La tristeza es el sentimiento común y dominante entre ellos, los unían el miedo y el espanto. Ante este cuadro de encierro, sólo la aparición del Resucitado y el anuncio de la paz, el “Shalom alejen”, podía romper ese encierro y abrirlos a la misión. No había tiempo que perder en culpas y remordimientos, había que salir a anunciar la buena noticia de Jesús resucitado y el don del Espíritu para todo el que se arrepintiera de sus pecados, se bautizase y aceptase al Salvador y Señor de la Vida, que había vencido a la muerte en todas sus formas. ¡Cuánto bien nos hace esto! cuando estamos tentados y justificándonos en nuestra indignidad, en la culpa y la parálisis del “yo no puedo o esto es para otros, no es para mí, es muy difícil” Siempre que el ombligo sea mi mundo, y bueno seguro que así sí, es imposible y no porque lo sea, sino porque el encierro enferma y mata, y en cambio la apertura libera y vivifica.
2. “Llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos…" Este texto tiene una revelación acerca del estado de Jesús cuya resurrección es algo que lo pone como resucitado, más allá del espacio y del tiempo, ya no hay para él límite alguno. Su estado glorioso no tiene explicación científica y sólo se entiende desde la fe de los discípulos y apóstoles. Es un conocimiento superior y de otro origen, que no es fruto de la observación o de la investigación, es una revelación y una experiencia que va mucho más allá de lo que las palabras pretendan o puedan explicar. Está y no está, aparece y desaparece, se manifiesta aquí y allá sin límitaciones de ningún tipo. Es claro que estamos ante algo absolutamente nuevo e insospechado, “algo que ni ojo vio, ni oído oyó ni vino a la mente de alguno” Es la vida nueva, que en Dios tiene su origen y fundamento y a la que sólo se accede por la fe y la incorporación a la comunidad que anuncia y celebra esta Vida Nueva, esta novedad absoluta de Jesús resucitado y glorificado. “Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado” Uno podría pensar que una vez resucitado de entre los muertos, la pasión y la cruz habrían quedado para siempre atrás y no habría que recordarlas más, pero no fue así. El cuerpo glorioso del Señor Jesús tiene las marcas y cicatrices del amor hasta el extremo, porque amarnos le dolió y el paso del amor por su vida dejó su huella para siempre. Si no, pregúntenle al que amó de verdad alguna vez, si el amor no le dejó huellas, recuerdos dulces algunos, y otros amargos como una cruz. “Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor”. Lo vieron vivo, lo tocaron, lo abrazaron, lo palparon y estuvieron con él, lo escucharon y lo vieron comer con ellos. ¿Cómo no se iban a llenar de alegría? La traición de Judas Iscariote, la negación de Pedro, la cobardía de todos, no podía generar más que vacío y dolor por todo lo que había pasado, de llevar en la memoria los 3 años convividos con el Señor, de golpe lo saben ajusticiado, crucificado, muerto y sepultado ¿qué más o qué menos podían sentir sino vacío? Por eso la visión directa del Resucitado que se les aparece a ellos, que estaban llenos de pena y tristeza no podía menos que alegrarlos y hacerlos exultar de gozo.
3. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!” Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».¿Cómo Señor Jesús? Escuchamos bien?, ¿nosotros enviados como vos y puestos a tu misma altura? No, El nos envía y nos hace partícipes de su misión pero el Señor fue puesto por el Padre a su misma altura, con el mismo poder y autoridad divinas, más allá de que el que dice las palabras del envío misionero y otorga el poder de perdonar los pecados, era también el hijo del Hombre, que diciéndolas con voz, rostro y cuerpo de hombre porque recordemos que “en El habitaba corporalmente toda la plenitud de la divinidad” La humanidad de Cristo es la mediadora entre Dios y los hombres y en esta humanidad divinizada está su instrumento temporal la Iglesia, la Comunidad Universal de los discípulos reunidos y pastoreados por Pedro y sus sucesores. Un misterio insondable del amor y de la misericordia de Dios que son infinitos, como Él mismo es infinito, superiores a cualquier capacidad humana de comprensión; y ante esto hay que creer y aceptar, con obediencia de fe y plena entrega de la propia persona, ya que de otra forma no puede entenderse que a nosotros se nos dé semejante riqueza espiritual y de vida. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Hoy tenemos las signos de esa vida que se nos ofrece y sólo tenemos que recibirla porque es gracia-regalo-gratuita. ¿Alguien podría comprarla? ¿Con qué dinero o con qué riqueza de cualquier tipo podría pagarse tanto amor? ¿Le ponemos precio al amor humano? Menos aún al Amor de Dios.
4. Un párrafo acerca del apóstol Tomás y el "reto" de Jesús “dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Tomas respondió: « ¡Señor mío y Dios mío! “Si no veo no creo” o “ver para creer” cuántas veces la desconfianza, nacida de tantas estafas que hemos sufrido nos ha llevado a pensar de esta manera ¿es lógico no? Pero es el contenido de lo que le dice Jesús a Tomás lo que en realidad importa: Con todo respeto lo traducimos a nuestra manera de hablar: “Mirá Tomás, escuchá el testimonio de tus hermanos que te dicen que estoy vivo, que me han visto porque es cierto, te están diciendo la verdad, no te mienten ni te engañan. Tomás el que escuche y crea se salvará y el que no se perderá. Y no seas incrédulo sino hombre de fe”. Jesús cierra esta experiencia de Tomás con una bienaventuranza que habla de nosotros “Felices los que crean sin haber visto” La carta de San Pedro nos habla con toda claridad del valor de esta fe, de este creer sin haber visto, pero sí habiendo escuchado: “Porque la fe de ustedes es más preciosa que el oro que se acrisola en el fuego. A Cristo Jesús ustedes no lo han visto, y sin embargo lo aman; al creer en él ahora, sin verlo, se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe”. Qué podemos agregar a esto?, nada más que gracias Señor Jesús, porque te has manifestado vivo a aquellos y a nosotros. Te bendecimos hoy y siempre. Gloria y alabanzas eternamente. Amén. Con todo afecto y gratitud.+Manolo Subir al índice


DOMINGO DE PASCUA Fiesta de la Resurrecciòn (2011) Queridos hermanos ¡Gloria al Señor ha llegado la Pascua!: Es la Pascua que nuevamente nos invita a renovar nuestra fe en Cristo Resucitado y Glorioso. Hoy es el día de la Vida con mayúsculas y por excelencia. Hoy celebramos nuestro nacimiento como una Comunidad de Fe. Hoy los textos de la Liturgia nos hablan, no sòlo de Jesús Resucitado sino también, de nosotros, que tenemos desde el bautismo nuestra fe depositada en Él, que murió y resucitó por la humanidad entera y que ha dejado a su Iglesia el mensaje luminoso de la Pascua, Hoy nosotros resucitamos con Él y de Él una vez más recibimos la vida abundante que encierra y entrega el Misterio Pascual de Jesucristo actualizado en cada Misa. Miremos ahora el texto del Evangelio que nos relata lo que pasó aquella mañana del primer domingo de la historia, de nuestra historia. “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada”. Es el momento del día cuando aún no ha salido el sol, cuando está oscuro pero se espera y se camina hacia él, se camina hacia la luz. María Magdalena está en la búsqueda del Señor, ella es la figura de la Iglesia que hace el camino de la fe desde la noche hacia el día, de la oscuridad que busca la luz. Nos estamos deteniendo en los detalles porque nada está puesto por que sí, sino que en Juan cada detalle es toda una revelación y contiene una luz que no se ve a simple vista y por eso hay que mirar con atención. Ella vio que la piedra que selló el sepulcro el viernes por la tarde había sido movida. Algo inesperado ha pasado en ese lugar, no entiende, se asusta y corre a ver a Pedro, el cabeza de grupo; y a Juan el discípulo amado, el que había participado de los hechos de la sepultura del Señor el día de su muerte en la cruz. “Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". No entiende, piensa en una nueva pérdida, el sepulcro de Jesús está abierto, cree que se lo han llevado, piensa que se lo han robado, no lo han dejado en paz ni siquiera estando muerto. Claro, con todo lo que ella vio que le hicieron a Jesús, le daba para pensar cualquier cosa. Por eso su reacción es la lógica, la persecución sigue, ahora se lo han llevado, aun no entiende que está vivo y que muy pronto lo va a ver. “Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes”. Rompieron por unos momentos el encierro, el miedo y la culpa que los paralizaban. La noticia de que algo ha pasado los mueve a ir y ver. Juan va adelante porque conoce el lugar, cosa que Pedro no conocía porque luego de las negaciones aparece en este momento después del Sabbat. Juan el que amó y se quedó, dejó junto a los que estaban con él el cuerpo del Señor en su sepulcro. “Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró”. Antes de quedar vacío algo se movió en su interior, el resucitado se había quitado las vestiduras de su sepultura, las vendas y la sábana con las que José de Arimatea había envuelto el cuerpo del Señor estaban en el suelo. Donde había muerte, frío, desolación, silencio y oscuridad, ahora hay vacío, porque la luz de la resurrección y de la vida, se han manifestado y han dejado sus señales, allí están sus signos. “Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; éste no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: Él también vio y creyó.” Juan espera que llegue el capo, el jefe, la piedra, el que tiene las llaves del Reino, al que Jesús puso al frente de la comunidad apostólica. Pedro ve y cree y también cree Juan. Esa palabra, también, es la que encierra un mensaje muy profundo, porque la fe de Pedro es la fe de la Iglesia, su fundamento, unidad y la autoridad para congregar y unir a todos los creyentes y fieles de Jesús. En la primera lectura de hoy escuchamos el primer sermón del primer papa, el primero en anunciar públicamente la resurrección del Señor y el que habla en el Nombre del Señor y de sus hermanos los Apóstoles, congregados y en comunión con él. Benedicto XIV hoy es Pedro, centro de unidad y autoridad suprema de la Iglesia, garantía de nuestra comunión de fe con Jesús, sin la comunión con él no estamos en comunión real con Jesús. Es nuestro credo. Sólo el que recibe la fe y se une a la Comunidad de los creyentes, escucha el Evangelio y ve los signos de la Fe, se encuentra por medio de ellos con Jesús Resucitado. “Señor Jesús creemos que estás vivo aunque no te hemos visto, lo sabemos porque tú te nos has revelado por la Palabra y el Espíritu. Estamos agradecidos porque nos regalaste la fe, la vida y tu amor que nunca mueren y que nos resucitan una y otra vez a lo largo de los años. Gracias Señor por el bautismo y por hacernos parte de tu Iglesia, porque estar en ella y con ella es estar contigo. Gracias Señor y bendito seas por siempre” Amen. ¡FELICES PACUAS! +Manolo Subir al índice


VIGILIA PASCUAL Queridos hermanos: Nos hemos reunido en esta Noche Santa para celebrar con la Vigilia Pascual y la Misa de Resurrección una nueva Pascua del Señor. Todos los signos de la Liturgia de la Iglesia nos hablan de vida y de luz, bendecimos el fuego nuevo, encendemos el Cirio Pascual y con nuestros cirios encendidos en la llama del Cirio simbolizan la unión de la Luz del resucitado con la luz de nuestra fe, iluminamos el templo que está en penumbras, son las luces que iluminan la noche del mundo y disipan las tinieblas del pecado y la muerte. Escuchamos la Palabra de Dios que nos recuerda la Historia de la Salvación hasta llegar al anuncio de la Resurrección del Señor, centro o corazón de toda esa historia y de la Biblia toda. Bendeciremos el Agua del Bautismo, renovaremos las promesas bautismales y seremos rociados con el agua nueva y por último terminaremos esta fiesta con la Comida y Bebida Pascual, la Eucaristía, nuestra fiesta por excelencia. Detengámonos a reflexionar acerca de lo que nos relata el Evangelio de Mateo:“Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro”. El apuro del viernes por la tarde y la llegada del Sabat, les había impedido velar y estar con el Señor que había muerto en la Cruz y a quien ellas habían acompañado hasta el Santo Sepulcro. Ya podían salir para visitar ese lugar que para ellas se había convertido en un lugar especial y tan significativo, allí estaba el amado y seguido. Allí yacía el que se les manifestó y a quien siguieron muy de cerca durante tres años y el que les fue quitado de una forma tan violenta. Es la memoria de quienes no olvidan, es búsqueda de la fe y del amor lo que las mueve junto con la tradición de visitar las tumbas de sus seres queridos, costumbre que está por cambiar aunque ellas aun no lo saben. “De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos”. El temblor, el descenso del Ángel del Señor, el paso del Señor de la muerte a la vida gloriosa hacen que el universo, allí representado tanto como el mundo celestial lo manifiesten. Es el cambio de las promesas al cumplimiento de ellas, es el paso del dominio del pecado y de la muerte al de la gracia y el favor de Dios y de la vida que triunfa y somete la muerte al señorío del Resucitado que ya no está ni encerrado ni preso de la muerte. “El Ángel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba y vayan en seguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán'. El nuevo testamento dice muchas veces, tanto en labios de un ángel enviado por el Señor, o del mismo Jesús: “No teman”. ¡Poderoso señor el miedo! que tanto mal ha hecho y hace en el mundo y en el corazón del hombre, sobre todo en el corazón del que no tiene fe, del que no tiene la luz del resucitado. Ellas con el temor y el asombro por lo que han visto y oído se abren a la misión de ir y anunciar, el mensaje del ángel primero y del Señor Resucitado que confirma con su aparición el mensaje que habían recibido el mensajero celestial. “Esto es lo que tenía que decirles" Esto es lo que tenemos para decirle al mundo y al hombre que ayer, hoy y mañana estarán siempre atemorizados por la presencia del mal, del miedo en todas sus formas y a quienes les falta de todo porque no tienen esa vida de comunión con el Señor que está vivo y que da vida a la vida. “Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos” Experiencia de encuentro que saca de la parálisis de la perdida y que se convierte en obediencia y acción apostólica para transmitir lo que han visto y oído, para ser testigos de la Resurrección del Señor. “De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". En pocos segundos pasan de ver y oír al Ángel de Señor y el sepulcro vacío a la visión directa del Señor que se les manifiesta resucitado. Jesús se les aparece vivo para robustecer la fe de ellas primero y de los discípulos después. Ésta es la función que tienen las apariciones del Señor. Los discípulos estaban golpeados por la pasión y la crucifixión, están encerrados y llenos de miedo, pero no han perdido la fe, lo más profundo de ellos está vivo, solo que permanece en la oscuridad propia de quien está atormentado por su culpa y el sentimiento de fracaso o el dolor de su propia frustración. “Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él” Ellas están en la atmósfera de lo divino y como Moisés ante la zarza que arde sin consumirse, se postran y lo adoran, se abrazan a sus pies, lo ven, lo tocan, lo experimentan. Ya no creen por lo que les dijeron, ahora saben que está vivo y es lo que van a contar a todo aquel que quiera escuchar y compartir su experiencia que se ha convertido en Palabra de Dios para quienes escuchan y creen en su testimonio. Jesús ya está pensando en nosotros los que nutrimos nuestra fe bautismal con la palabra de Cristo, la comunidad que celebra sus distintas formas de presencia y que en la Eucaristía alimenta esa fe que nace de la experiencia de los testigos oculares y que se nos ha trasmitido de boca en boca y de corazón a corazón. Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán" El Señor que conoce profundamente el alma humana sabe cuanto bien hace cambiar de lugar para abrirse a lo nuevo. Para los discípulos, en ese momento, Jerusalén está, en su memoria asociada a la traición de Judas Iscariote, las negaciones de Pedro, el abandono y cobardía de todos, la cruz, el rechazo del pueblo y la muerte del Jesús en la cruz. Moverse a Galilea era dejar atrás todo eso para abrirse a lo nuevo y a la misión que Jesús precisamente ellos les va a confiar. Es como un nuevo comienzo pero sobre otros fundamentos, sobre otras seguridades porque las falsas quedaron también muertas y enterradas en Jerusalén. Ya el proceso de formación de la Comunidad Apostólica se está completando, comienzan de ahí en más los hombres nuevos, regenerados por la experiencia de sus límites y el poder del Resucitado. Ahora pueden ir por todo el mundo que apoyados en Él lo podrán todo, hasta derramar la sangre y morir por su fe. ¡¿Que cambio no?! Demos gracias a Dios por llamarnos a una experiencia y a una fe que es nuestro triunfo en Jesús sobre todo lo que nos llena de miedo o nos priva de la vida que Él vino a traernos, para lo cual se encarnó, murió y resucitó. Con renovado amor.+Manolo Subir al índice


VIERNES SANTO Queridos hermanos: 1- Contemplemos con nuestra imaginación el Cuerpo sin vida del Señor Crucificado, su cuerpo humano, alma y espíritu y, todo el conjunto unido a la divinidad del Hijo de Dios e Hijo del hombre. Miramos, hoy Viernes Santo, al Cordero de Dios, a la Victima Propiciatoria, que sin mancha ni defecto, se ofrecía en la cruz por los pecados del mundo, por los tuyos y los míos. Nos detenesmos ante sus perfecciones, su inteligencia y voluntad, en la sensibilidad de sus afectos, en la profundidad de su mirada, en su conciencia delicada, en su capacidad de ternura, en su humanidad y divinidad en el testimonio de sus obras Su humanidad y divinidad siempre unidas sin división y sin confusión. Miramos cómo en Él se diviniza lo humano y también cómo se humaniza lo divino. Y pensar que nada de esto lo podríamos siquiera pensar o expresar si el Espíritu Santo no actuara, iluminando nuestras almas con su gracia. Él nos permite asomarnos, tímidamente a este misterio y contemplar esta gloria sin par de nuestra fe. Nos detenemos a pensar en la capacidad de sufrimiento de ese cuerpo, en la sensibilidad para experimentar de modo único y tan profundo, el dolor físico, emocional y moral, ya que todo sufre en Él, no sólo su Cuerpo Inmaculado, sino su alma y su emoción ante: la llegada de su hora, la agonía en el huerto y el cáliz de la pasión, la traición y la perdida de su amigo Judas Iscariote, las negaciones de su ìntimo, Pedro, y el abandono de los demás apóstoles. Al ver las maniobras político religiosas que, con tal de sacarlo de en medio y que no los moleste más, no dudan en armar un juicio con testigos falsos y a media noche; su mansedumbre cuando el soldado lo abofetea. El manoseo de sus compatriotas, las burlas de Herodes, la flagelación, la coronación de espinas, las burlas de los soldados, la brutalidad del Imperio y por ùltimo, su amado pueblo gritando ¡crucifícalo! ¡crucifícalo! Ver a Poncio Pilatos ceder ante las presiones y que en su cara se lava las manos y luego toma la decisión de liberar a Barrabas y condenar a Jesús, escuchando a los delegados del Sumo Sacerdote, escribas y fariseos decir: "No tenemos más rey que el Cesar" y lo entregó para que lo crucificaran. El camino al Calvario, sus caídas, el encuentro con Su Madre, la cruz, los clavos que atraviesan sus manos y sus pies. La inmensa soledad y hasta el sentimiento de que Dios lo ha abandonado. Nadie podría asomarse a semejante muestra de dolor y de amor. Manifestación del Amor de Dios por nosotros los hombres y llevado a tal extremo de donación de Si mismo, para mediar entre su Padre y nosotros, para dar gloria al Padre. Pensar que nosotros pecamos y Él pagò por nosotros, en nuestro lugar y en nombre de todos nosotros. Por todo esto y mucho más, su Cuerpo no es un cuerpo más, su Alma no es un alma más, Jesús no es un un Crucificado más, no es uno más que sufre y que muere. Él es la Nueva Alianza en su Sangre, nuestra justificación y redención. Él es nuestra paz y reconciliación con Dios y entre nosotros. Él es quien por fin une el cielo y la tierra, es Quien abre las puertas cerradas de la vida a toda la humanidad pecadora. Él es nuestra libración y nuestra eterna esperanza. 2. Después de bajar de la cruz el Cuerpo sin vida del Señor. Al bajar el cuerpo de Jesús y dejarlo en brazos de la Virgen, sólo quedaba tiempo para hacer con el Muerto lo que mandaba la ley de Moisés, ya que estaba por comenzar el Sabbat con la caída del sol y había que apurarse. Así es que José de Arimatea, amigo en secreto del Señor por temor a los judíos, se presentó ante Pilatos para pedirle el cuerpo del Señor Jesús que ya había muerto en la cruz. Tomó el Cuerpo sin vida y lo lavò, lo ungió con perfume, lo envolvió en una sábana y le ató el sudario alrededor de la cabeza. Junto con los testigos oculares de la Muerte de Jesús, llevan al Muerto y lo depositan en un sepulcro nuevo, colocan el cuerpo sobre una losa, en un hueco hecho en la pared, corren la piedra y el sepulcro queda sellado. Cada uno vuelve rápidamente a su casa llevando en su alma el recuerdo doloroso de lo que había sucedido entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde, entre la crucifixión y la sepultura del Señor Jesús. Dolor por la pérdida, desolación, silencio y la ausencia del Señor que hieren; miradas que se cruzan buscando una explicación ante tan brutal hecho. Estaban ultrajados en su corazón por lo que habían hecho con Jesús y con ellos, sentían su muerte. Otros estaban llenos de culpa porque lo habían negado o abandonado a Jesús y no habían cumplido ninguna de las pronesas que le habían hecho. Los unía el amor y también el espanto, el remordimiento era compartido por todos, todos a su manera le habían fallado… Además estaban asustados, encerrados y llenos de miedo. Con este ánimo en sombras pasan los tres días. Guardar el sábado que les prohibía irse de Jerusalén y volver cada uno a lo suyo, con las huellas de la desilusión, el fracaso y el sin sentido de haberlo dejado todo para seguir a Alguien, y que eso terminara de la manera que habían visto, o se habían enterado por lo que los testigos les habían trasmitido, ese día parecía no terminar nunca. Pero entre ellos había un corazón, que aunque muy dolido, el más dolido de todos,permanecía iluminado y encendido en la noche del sentido y de la fe, era el corazón de la Virgen Madre del Señor, que hace memoria, recuerda y espera, que cree y confía una vez más en su peregrinación de la fe. Cuando todo parece terminado intuye que lo nuevo está por venir y que sucederá la mañana del primer día de la semana. Ella en todo ese tiempo guarda y sostiene la fe de todos los discípulos. Una vez más debe crecer y pasar de los hechos al misterio de cómo Dios hace y lleva adelante todas las cosas, así en su corazón ya brilla la luz de la Resurrección. Creo en Dios... Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


JUEVES SANTO 2011 Queridos hermanos: Cada Jueves Santo nos reunimos para celebrar la Misa de la Cena del Señor, memorial y actualización de la Última Cena de Jesús "antes de padecer". De hondo contenido Pascual y en relación directa con el Sacrificio de Amor de la Cruz. El Catecismo de la Iglesia define a la Eucaristía como "el Sacramento del Sacrificio del Señor", para hablarnos luego del Misterio de su Presencia Real de Cristo en la Hostia consagrada en la Santa Misa. En este día recordamos tres cosas que son esenciales para nuestra fe: la institución de la Eucaristía, el Sacerdocio y del Mandamiento del Amor. Vamos a detenernos en los grados del Amor del que Jesús nos habla en todo el Evangelio: el amor a Dios y al prójimo como a uno mismo; el amor más grande que es dar la vida por los amigos y el màs alto: "ámense los unos a los otros como Yo los he amado". 1. Los dos amores que son semejantes entre sí pero que se resumen en uno solo: "Amarás la Señor tu Dios con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo" Este mandamiento surge como respuesta a un amor anterior y que desciende de lo alto, el Amor de Dios a nosotros para que teniendo la presencia de ese Amor divino en nosotros, podamos amar al Señor con todo nuestro ser. Amor que Dios no necesita de nosotros como si a Él le faltara algo, sino porque a nosotros nos hace bien tener en la vida un amor de este nivel, el primero de los tres, pero lo que más honra ese amor primero es amar lo que Dios ama, que es nuestro prójimo porque "¿Cómo puede decir uno, que ama a Dios a quien no ve y desprecia a su prójimo a quien ve?" En la vida familiar se ve claro, entre los esposos, cuánto importa a una madre que el padre ame a los hijos de esa madre que ella siente tan propio, es una de las mayores honras que un hombre y padre puede hacerle a su mujer y madre de sus hijos. Cuanto dolor cuando pasa lo opuesto ¿no? 2. Es segundo nivel es el "amar hasta dar la vida por los otros" Se podría pensar que este amor tendría que ver con el martirio, lo incluye, pero dar la vida es también consagrarla en bien de los hermanos, es fruto de la fe viva que vuelve al que ama imaginativo, diligente, creativo, inquieto buscador de nuevos caminos y de salida a los desafíos que se le presentan y que reclaman una respuesta personal y decidida. Así las obras de la fe hablan de su autenticidad cuando esa fe se pone al servicio de la vida y de dar vida a otros que no la tienen y no la pueden alcanzar por sí mismos y necesitan ser asistidos. Amar hasta dar la vida es superar la tentación de mirar para otro lado, hacerse el desentendido y cultivar la indiferencia que es el verdadero opuesto del amor. Una fe que no madura en amor no es fe, está muerte y no puede servir para que alcancemos la vida, muy por el contrario una fe que es comunión de amor con Dios se refleja en amar hasta dar la vida por los otros hasta el heroísmo, como nos lo muestran tantos ejemplos de los santos y de los que no son declarados santos por la Iglesia, y que viven esa santidad en las cosas de todos los días; que están a nuestro alrededor cuestionándonos por un lado, pero llamándonos a nosotros a compartir su búsqueda y a seguir su ejemplo de caridad a favor de la vida en todas sus formas. 3. Por último "Así como Yo los he amado, ámense los unos a los otros, en esto todos reconocerán que de verdad son mis discípulos" Amar a lo Jesús no es posible para nosotros librados a nuestras solas fuerzas, en realidad ninguno de los tres niveles es alcanzable sin su asistencia y, aún así va a ser imperfecto, más no por esto debemos dejar de intentarlo, porque con Él todo lo podemos, por eso en ese mismo discurso de despedida, durante la Última Cena y con la promesa de enviarnos su Espíritu, nos habla de ese amor mayor. No es casual, sino causal. El Padre enviará al corazón de los discípulos su Espíritu que derramará en nosotros el Amor de Dios que nos capacita y la Eucaristía Sacramento del Amor de Jesús hasta el extremo sostiene ese amar a lo Jesús: con verdad, espontaneidad, con fidelidad y constancia, con amor de amistad y de predilección, con ternura pero también con firmeza, con rectitud pero también paciente con la debilidad de sus discípulos, dejando siempre las puertas abiertas y la mano tendida, dando nuevas y nuevas oportunidades, con respeto a la libertad de cada uno pero sin cansarse de llamar y esperar. Una misteriosa unión de Amor divino y exquisito amor humano. ¿Que cosa no? El Hijo de Dios tiene que venir a enseñarnos qué significa ser humanos, en Él y por Él Dios nos muestra cómo ser hombres ¡què gran misterio ese Amor hasta el extremo! y que esté siempre enfocado en dirección a nosotros. Mañana recordaremos, en la Celebración de la Pasión del Señor, ese Amor hasta el fin, hasta dar la vida, hasta el martirio, porque Dios Padre se lo merecía y Jesús Hijo en nombre nuestro se lo da. Y "el Padre que ama al Hijo" nos lo devuelve con el Resucitado, hecho redención, liberación y vida en abundancia, cosa que celebraremos y recordaremos en la Vigilia Pascual y el Domingo de Gloria. Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


DOMINGO DE RAMOS 2011 “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado” Queridísimos hermanos: 1- La Pasión según San Mateo que acabamos de escuchar, es la más extensa de los cuatro evangelios. Queremos detenernos en esta expresión con la que encabezamos nuestra reflexión de hoy “por qué me has abandonado”. Una vez más la humanidad de Jesús nos conmueve y se acerca a la nuestra: débil, limitada y llena de preguntas sin respuesta; su “por qué” es el nuestro ante todo aquello que nos duele tanto que no hay palabras capaces de explicarlo, porque forman parte del misterio del hombre y de la vida, que nunca encuentran una respuesta suficiente y satisfactoria. Ante lo inexplicable y cuyo origen escapa a nuestra capacidad de comprensión, solemos mirar a Dios pidiendo respuestas y nos chocamos con su silencio, nos enojamos al extremo de casi llegar a la blasfemia cuando no a la negación de Dios. Podemos llegar a decir o a pensar: si esto pasa, es porque Dios no existe, porque si existiera no pasaría nada malo y todo estaría bien, ¿no les ha pasado en alguno o algunos momentos de la vida que esta tentación de negar a Dios ha golpeado las puertas del corazón? Ante un dolor incomprensible, una pérdida, una tragedia, la traición de un ser cercano, el sentimiento de fracaso o de lo que no tiene sentido; suele pasar que pedimos explicaciones y no las encontramos. Mientras la humanidad del Señor Jesús gozaba sensiblemente de la presencia de Dios en si mismo, no experimentaba nada de lo que sentiría luego en su Pasión; antes de ella no había ni tristeza de muerte, ni miedo, ni angustia. Tampoco sentía el vacío de “la ausencia de Dios” como desolación hasta el extremo de exclamar “Dios mío por qué me has abandonado” Esta es una expresión dicha justamente por el mismísimo Hijo de Dios y no por cualquiera de nosotros, lo que convierte ese dolor en algo indecible, para alguien que como Él había gozado de la presencia amorosa de Dios. Frente a este “por qué” de Jesús, encontramos de parte de Dios el mismo silencio que para nosotros, y en Jesús el mismo desconcierto y sufrimiento físico, síquico y espiritual, la misma contradicción de emociones y sentimientos. “Qué mal hice yo para merecer semejante castigo” y cuánta soledad en ese momento. Cuando nosotros decimos que “se encarnó por obra y gracia del Espíritu Santo”, no solemos pensar que Jesús se hizo hombre en una historia marcada por la presencia del mal, que Él no tuvo privilegios como no los tenemos nosotros, nos cuesta entender que alguien todo bondad, estuviera padeciendo como Él padeció y se nos cuenta en cada versión de la Pasión, como la que acabamos de escuchar.

2- Pasemos ahora de ver a Cristo sólo como víctima, para verlo como protagonista del drama de la redención humana, drama y no tragedia, porque este acontecimiento se abre a otro acontecimiento: la Resurrección de entre los muertos. A Jesús no le pasaban las cosas como alguien que las veía desde afuera, sino que estaba haciendo algo que le era propio e intransferible, era su hora, el juicio del mundo y del maligno. La hora de la liberación para el hombre viejo y el nacimiento de un hombre nuevo que tiene por fin una libertad que hasta ese momento no tenía, ni mucho menos podía alcanzar, sino era por regalo de Dios y de su infinito amor. El descenso de Jesús a esa desolación y abandono, lo pone en un lugar al que ningún hombre ha llegado alguna vez, se ha reservado para sí ese lugar o dimensión de sufrimiento, para que cuando a nosotros nos toque "tocar fondo", en realidad sea a El, a quien lo toquemos, a Él presente en ese lugar que también nos es propio e intransferible y desde ese lugar, un día, en esta vida o en la eterna, podamos salir con El, así como salió Jesús del sepulcro radiante y lleno de gloria; como quien ha superado la prueba y experimenta su momento de gloria, para el que tampoco hay palabras que lo puedan explicar. Así, en el dolor por agudo e intenso que sea, ya nunca más estamos solos ni abandonados, Él está allí para socorrernos y para darle a ese momento, como él se lo le dio al suyo, un sentido y una trascendencia de redención. Si Jesús no pasaba por ese lugar, nosotros hoy no podríamos soportarlo, no seríamos capaces de pasarlo y mucho menos encontrarle algún sentido. Y sin Jesús, ese sin sentido es aun peor que la angustia, o el dolor físico, psíquico o espiritual; porque este dolor con la muerte se alivia o se termina pero ¿Cómo se termina un camino o un proceso de sufrimiento si éste no tiene sentido? ¿Quién nos salva de ese tipo de dolor espiritual? Porque al ser el espíritu algo que nunca muere, ese dolor tampoco. Esa sí que es una cruz y una pasión verdadera y lo que es peor, imposible de soportar para quien no tiene “ni un Jesús de donde agarrarse”.

3- ¿Qué estaba haciendo Jesús en aquellos momentos? Estaba amándonos hasta el extremo: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” y Jesús estaba viviendo esa palabra que Él mismo había dicho durante la Última Cena a sus discípulos. Pero también estaba dándonos la prueba más alta del Amor de Dios: “la prueba de que Dios nos ama es que Jesús murió por los pecadores” por aquellos mismos que lo entregaron y esto tuvo su suprema expresión en la absolución universal dada por Cristo crucificado: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Por esto, el hecho de ser libres para rechazar el Amor de Dios, no es cualquier ejercicio de la libertad ni tampoco cualquier rechazo. Bendita nuestra fe que nos ilumina en la oscuridad de las pruebas de la vida, para que las soportemos con sentido, para que sean oportunidad de crecimiento y desengaño de toda mentira del mundo y del maligno, que todo prometen y nada cumplen. En la pedagogía de Dios nuestra pasión y nuestra cruz son liberación de la mentira y de una muerte sin sentido, liberación de la idolatría de nosotros mismos, que alguna vez creímos que podíamos ser como dioses y apenas si nos da para ser hombres y con mucha… mucha ayuda de Dios. Así cuando miramos al crucifijo podemos llenarnos de amor, superando la dimensión física del crucificado, abrazarnos al Amor mismo, porque AMOR, exactamente eso es el Señor desolado y abandonado. Podemos llenarnos de paz porque en Él encontramos perdón para nuestras culpas y consuelo para nuestras aflicciones ¿Qué aflicción no ha conocido el Señor? ¿Quién sino El que las pasó todas, puede entendernos cuando nos toca pasar alguna de ellas a nosotros? Dejar de lado la rebeldía y abrirse al don de la vida en abundancia, que brota de la pasión, muerte y resurrección del Señor, es signo de inteligencia y podremos vivirla con la gracia de Dios y la acción de su Espíritu en cada uno de sus discípulos y seguidores. Creo en Dios… Con amor y esperanza +Manolo Subir al índice


DOMINGO V° DE CUARESMA“Yo Soy la Resurrección y la Vida el que crea en mí aunque muera vivirá…” Amados hermanos: Nos acercamos a la celebración anual de la Pascua y hoy se nos anticipa la resurrección del Señor en la figura de su amigo Lázaro, a quien El hizo volver a la vida, deteniendo el proceso natural de descomposición del cadáver, acción extraordinaria, sólo atribuible directamente a Dios, único capaz de hacerlo. Sólo Dios tiene poder y dominio sobre la naturaleza, hasta el extremo de invertir los procesos naturales y volver a alguien, como en este caso, a una vida temporal que se había terminado y que, por el milagro de Jesús, comenzaba nuevamente en el espacio y el tiempo, por un segmento de tiempo más. 1. Pero no vamos hoy a detenernos en el hecho del milagro sino en el sentido y significado vital y de fe que nos diga algo a nosotros en este momento concreto. ¿Por qué? Betania quedó en el pasado, Lázaro murió, revivió y murió nuevamente un tiempo después. Es decir, los hechos ya fueron, ya pasaron y no creemos que se vuelvan a repetir. Lo que no pasó es el mensaje, las palabras, los diálogos y el contenido de cada uno de ellos y esto es fascinante. La pregunta que nos hacemos es ¿qué nos dice esta Palabra hoy? Por ejemplo: «Señor, el que tú amas, está enfermo». Es un aviso, una noticia, que nosotros podríamos convertir en una oración, en un diálogo que alguien podría tener con Jesús, acerca de cada uno de nosotros, o nosotros acerca de otro “el que tú amas está enfermo” y necesita de Ti. Desde que salimos del vientre materno estamos enfermos de muchas cosas, de muerte también, al menos de muerte temporal, porque tarde o temprano la vamos a experimentar. Estamos enfermos del miedo a la impotencia y a la soledad, porque eso es lo que produce la muerte, ¿por qué? Porque ante la muerte de otro estamos impotentes, no podemos cambiar el hecho, el difunto está allí en el velatorio y además está solo porque él está muerto y nosotros no. Si es alguien querido el que ha partido, un hueco se abrió en nosotros, nos ha dejado solos, porque el que estaba presente se ha hecho ausente, se ha transformado en recuerdo. Esto, que es ancestral y como tal nos acompaña desde siempre, sólo podía ser cambiado por algo nuevo, por una fe capaz de iluminar lo fáctico y lo ancestral. La fe en un Dios, que hecho hombre, se nos muestra hoy como aquel que reclama fe en su persona para vencer a la muerte, al menos por ahora, como algo irremediable pero que puede resignificarse, se le puede quitar su lado lúgubre, trágico y absurdo, viéndola y redescubriéndola como un hecho dentro de algo mucho más grande, que es la vida y la vida para siempre. 2. «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo». Esta profesión de fe de Santa Martha ante lo dicho por Jesús “Yo soy la resurrección y la vida, ¿crees esto?” es la que abre la puerta de la vida a su hermano Lázaro, que ya estaba muerto hacía cuatro días. Nos abre a nosotros la puerta de la paz y la confianza en que no es la muerte la que tendrá la última palabra. Es esa misma fe la que nos abre a nosotros la puerta de la vida eterna ya desde ahora y en el momento de nuestra muerte, para plantarle cara con una seguridad y una esperanza, que nacen de conocer a Dios, de aceptar su amor por la vida, y de guardar el mensaje de esperanza que surge en cada Pascua al encontrar el Sepulcro del Señor vacío. “¿No te he dicho que si crees verás la Gloria de Dios?” y eso es aun mucho más que ver a Dios cara a cara como se nos ha prometido a los que creemos, “la gloria de Dios, es que el hombre viva” nos decía San Ireneo, y que viva no como un Lázaro encerrado en su sepulcro y atado, imposibilitado de caminar; cuando el Señor transforma al que se convierte y cree, en él se muestra la gloria de Dios. Cuando la gracia de Dios, libera, sana, ilumina, renueva a un hombre, éste, realmente ha vuelto a la vida. Cuando un “malo” se vuelve bueno porque el Señor lo resucitó de entre los muertos en vida, realmente vemos con nuestros ojos la Gloria de Dios. Cada uno de nosotros hemos pasado de la muerte a la vida cuando Jesús se nos reveló, por el camino que haya sido o el lugar donde nos haya encontrado, lo importante fue nuestra resurrección y la fe en que esto es una realidad permanente y no transitoria. Vivimos resucitados, mejor si lo vivimos conscientemente y si no es así, bueno sería intentarlo para que la Gloria de Dios se manifieste en todos los hijos de Dios, en todos los creyentes. 3. Un momento para meditar en las lágrimas de Jesús por la muerte de su amigo, ¿quien podría pensar que un Dios derramara lágrimas de hombre por su amigo muerto? Nos deja sin palabras ver un Dios tan pero tan humano. Esto nos lleva a cuestionarnos nuestra manera, humana o no, de enfrentar el drama de la muerte de nuestros seres amados. Nos parece que hay mucha negación y evasión ante el hecho de la muerte. Hay tanto enojo con Dios como si El fuera el culpable de que los que amamos murieran. Está siempre la necesidad de encontrar un chivo expiatorio sobre el cual cargar la culpa o el dolor por lo que ha pasado. Jesús sintió pena por lo sucedido, consoló a los que lloraban, compartió su impotencia y su soledad, lloró, pero le dio un sentido nuevo al fenómeno natural de la muerte. Se encargó de vaciar a la muerte de su imagen trágica e invencible. Es cierto que seguimos y seguiremos muriendo, pero morir ya no es para siempre, la muerte desde Cristo, ya tiene otro rostro, otro significado o sentido, la muerte es paso, es Pascua y como tal hay que pasarla, superarla y vencerla con la fe, que es la única que nos da esperanza y una iluminación que hasta ese momento, en Betania, no tenía. Parafraseando a Jesús en su oración ante la tumba de Lázaro decimos. «Padre, te damos gracias porque nos oíste. Nosotros sabemos que siempre nos oyes, creemos que has enviado a tu Hijo para que oyendo su voz, salgamos de nuestras muertes en vida. Queremos ser tu Gloria viviendo como resucitados, desatados y libres de todo mal en esta vida y en la eterna”.Amén. + Manolo Subir al índice


IV° DOMINGO DE CUARESMA “ Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue tendrá la luz de la vida ”. Mis amados hermanos: el domingo pasado el agua, el agua viva y el manantial que salta hasta la vida eterna, fueron los temas del diálogo entre Jesús y una mujer de Samaría. Este domingo el tema es la luz. Yo Soy la luz. Nos ocuparemos con la ayuda de Dios, de tratar de entender como Jesús es Luz. 1. En aquel tiempo, Jesús vio al pasar a un ciego de nacimiento, y sus discípulos le preguntaron: “Maestro, ¿quién pecó para que éste naciera ciego, él o sus padres?”Jesús respondió: “Ni él pecó, ni tampoco sus padres. Nació así para que en él se manifestaran las obras de Dios” Esta pregunta encierra un por qué nació ciego, y tantos otros por qué, que nos han atormentado a los hombres desde el Paraíso Perdido hasta hoy, mañana y hasta el final de los tiempos, sobre todo cuando el mal físico: dolor, enfermedad y muerte golpean nuestras vidas, cuando el sufrimiento, la injusticias o el pecado de otros nos afectan o cuando las catástrofes sacuden la fe de todos. El famoso ¿por qué Dios permite semejantes cosas? Aquí es donde Jesús comienza a ser luz: nada de todo eso que hace surgir en nosotros la pregunta de "por qué" viene de Dios; no son una maldición, ni un castigo por los pecados de nuestros antepasados, sino que son una oportunidad para que se manifiesten las obras de Dios, obras que no tienen que ser siempre milagrosas o extraordinarias, aunque ésas tampoco tenemos que descartarlas ya que Dios siempre puede sorprendernos. Jesús comienza a ser luz porque va haciendo ver, va abriendo los ojos, va dando la vista a quien está ciego aunque aparentemente parezca que ve. Jesús comienza a ser luz para llamar a los marginados, a los excluidos, los innombrables, a los odiados por todos, a los peores y a los que nadie tiene en cuenta, a los que se rotula de inservibles o descartables. Sólo los hombres ponemos estigmas, sólo los hombres hacemos daño, sólo los hombres hacemos mal a otros. Jesús es manifestado por el Padre y ungido con el poder del Espíritu, justamente para terminar con toda esa maldición que era la mentalidad de los escribas y fariseos, para sacar del miedo y de la la exclusión a esos padres que no se animan a dar la cara por su hijo al estar amenazados si se hacían discípulos de Jesús. En este cuadro tan claro como la luz que se distingue de la oscuridad, se ve la profunda división que había en la sociedad de Jesús, donde estaban los unos y los otros, los que se consideraban benditos por Dios y dueños de EL y los que eran despreciados por tener algún defecto o por el lugar que ocupaban en la escala social. Jesús estaba para atraer a la luz a aquellos a quienes los “benditos” consideraban marginales, y para dejar en la oscuridad a los que se creían los especiales, los iluminados y superiores a los demás. Esto que aquí les he compartido podría ser una mirada sobre el drama humano que rodeaba al Señor, al Hijo de Dios, que en virtud de su Encarnación, está metido en medio de todo esto para abrir los ojos de los ciegos, traer la salud y la salvación a quienes quieran escucharlo y dar la libertad a los oprimidos. 2. Una segunda lectura más cercana y que nos dice mucho a nosotros, más allá de la belleza del relato tan detallado y simbólico, es la del camino catecumenal, que tiene un despertar, una iluminación y un compromiso vital con el Dios revelado por Jesucristo. Una primera escucha e interés por lo que se presenta como una propuesta respetuosa a la persona y su libertad para seguir o no, escuchando. Una iluminación de la situación personal de vida, con la necesidad de conocer y aceptar un llamado a cambiar, cambiar la manera de pensar, de sentir, de actuar; y lo que llamaríamos el encuentro con el Camino, la Verdad y la Vida, con Jesús vivo y presente hoy; para llegar luego a una adhesión personal y comprometida con una fe, una comunidad y un servicio concretos, así se unen en la vida, la fe y las obras. Todo este relato nos va mostrando cómo alguien que viene desde la marginación se va convirtiendo de a poco en testigo de Cristo, “Jesús le dijo: “Ya lo has visto; el que está hablando contigo, ése es”. El dijo: “Creo, Señor”. Y postrándose, lo adoró” El final del proceso de iluminación, desde y con la palabra del evangelio, es la confesión, que es justamente la profesión visible y sensible de la propia fe. Fe que la escucha de la palabra ha engendrado en aquel corazón, que hizo silencio y dejó anidar ese mensaje de vida, que Cristo y la Comunidad Cristiana en su Nombre, le anunciaron y le trasmitieron. No sabemos el nombre, tampoco el lugar donde pasaron los hechos relatados, esto quiere decir que cualquiera de nosotros puede ser ese ciego de nacimiento que vive en cualquier parte y en todas partes, diciéndonos que Jesús no esta atado ni por el espacio ni por el tiempo y que en todo lugar donde se encuentre, quien lo escucha se llena de luz, puede ver, ya no siente miedo, no está más excluido, marginado ni olvidado, es dignificado por Él que vino al mundo a buscar y salvar al que estaba perdido. Bueno sería que cada uno de nosotros nos dejáramos encontrar por el Señor de la Vida, para que podamos poseer para siempre la vida en abundancia, el manantial y toda la luz que nos hagan falta. +Manolo Subir al índice


Domingo III° de Cuaresma. Jesús y la mujer samaritana. “La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad” Jn 4,28 Mis queridos hermanos de la Web: 1. Son las 12 del medio día en un tierra árida y con un sol intenso y abrasador, donde más que en otras partes el agua, por poca que sea, es de un valor esencial, más vida para la vida que en otras partes. Quienes conocemos y amamos el desierto bien lo sabemos. También es la hora de la acción de Dios, por eso el contenido de la conversación irá pasando de la sed natural a la sed de vida, que sólo puede calmarse o apagarse en el Agua Viva que Jesús pronto le va a revelar. Y ahí sentado a la orilla del pozo está Jesús con sed de agua fresca, un poco no más, sólo un poco. Allí aparece la mujer de Samaría con su cántaro, como tantas hermanas nuestras, de tantas partes que buscan agua de los pozos, porque no tienen cubiertas las mínimas necesidades para ellas como para sus familias, que no tienen agua corriente en sus casas y la tienen que conseguir en el único aljibe del pueblo o la aldea. Y el Señor abre un diálogo sublime, lleno de ternura, compasión y de gran profundidad. Un diálogo bipolar, un agua y otra agua, una sed y otra sed, una religión y una nueva fe. La mujer está cargada de amargura y frustración, ha probado amores que la han dejado vacía y ahora está de nuevo envuelta en una relación que no es para nada satisfactoria, de lo contrario no sería tan agresiva en sus respuestas a todo lo que Jesús le dice con tanta paciencia y bondad. Él va entrando en puntas de pie, con gran tacto y respeto, es una pecadora, lleva una mala vida y sin embargo entra en diálogo con su Divino Interlocutor; hasta que éste llega al nudo de sus problemas, al centro del desamor y de la búsqueda de felicidad donde nunca la encontró “Ve a llamar a tu marido. No tengo marido, es verdad, has tenido cinco y con el que vives no es tu marido” Y aquí viene la conversación sobre la salvación, que los judíos, que Jerusalén, que acá o allá y la verdad sobre los adoradores de Dios. “Cuando venga el Mesías nos explicará todo. Yo soy el Mesías, el que te está hablando” ¡Qué revelación tan explícita! Diríamos única fuera de la comunidad apostólica, pero que la convierte a ella en apóstol de los samaritanos. Llega así el momento esperado por Jesús: “ella dejando su cántaro, fue a anunciar a sus paisanos…” 2. Nos parece que esto que hemos pensado juntos, es el corazón de lo que Jesús buscaba cuando se acercó a ella y a nosotros hoy también ¿por qué? Los detalles en Juan son muy importantes. Ese cántaro dejado junto a Jesús es el símbolo de una vida vieja. Vida de dolor, amargura y pecado. Vida que debe ser salvada con su pasado y dejada atrás “ella dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad” fue a anunciar a los samaritanos que el Mesías estaba cerca, junto al pozo de agua y que le había dicho todo lo que hizo, le había leído el corazón y mostrado con extraordinaria delicadeza su estado personal que para nada estaba bien y que tanto la hacía sufrir. Por eso en este tiempo de cuaresma en el que nos preparamos para nuestro paso a otra vida, es bueno mirar entre la Pascua anterior y la que viene, qué tiene el cántaro de nuestro corazón, que se volvió a llenar para dejarlo, porque nuestra vida en el mundo y nosotros, somos así. Llenando y vaciando, muriendo y naciendo, parando y siguiendo, siempre en movimiento, siempre en camino, pero siempre en crecimiento. Jesús sigue estando y sigue teniendo sed de nuestras almas y nos pide de beber el agua fresca de nuestra fe en su perdón y amor misericordioso. ¿Qué quiere Jesús? despertar en nosotros la sed de Dios, la sed del Amor de Dios, la maravillosa sed de la Vida en el Espíritu. El deseo de un manantial que salte hasta la vida eterna, que no se seque sino que perdure, el mismo que le ofreció entonces a aquella samaritana, figura nuestra, de la Iglesia que siempre necesita dejar atrás el cántaro de su pecado y recibir el manantial, para salir a anunciar que el Salvador está cerca y que nos sigue buscando y llamando. Esa gracia que sólo hay que pedirla con la apertura de la fe, con la confianza de saber que Él nos ama y con la seguridad de que lo que promete se hace realidad y que el manantial va a nacer en nosotros para que nada nos falte. Antes de dejar el cántaro junto a Jesús ella no tenía vida y nosotros si no nos convertimos al Señor tampoco la tendremos. 3. Sin el ánimo de caer en una “moralina barata”, nos parece que el modo, la delicadeza, el tacto, en definitiva el amor con que el Señor trata con la samaritana adúltera y pecadora, debería llevarnos a pensar, en cómo anda nuestro trato con las personas con las que nos encontramos, puertas adentro tanto como puertas afuera. Sería un buen ayuno de mal trato, descalificación, juicios y condenas de los novios, los amigos y los esposos, los padres y los hijos, los hermanos, los compañeros de trabajo y de tantos y tantos samaritanos enfermos de desamor, heridos y viviendo en soledad. Abstinencia de cuchicheo malicioso, de comentarios por atrás, de hipocresía, de difamación o de calumnias, etc. Porque la lista es interminable, pero sería bueno en este tiempo de conversión, penitencia y reconciliación con Dios, de purificación espiritual y emocional, que preparáramos nuestra confesión u oración penitencial de arrepentimiento y de súplica de misericordia, para que Jesús nos cambie y nos de una mirada como la suya para con los demás. Sabemos que es difícil cambiar, pero sino empezamos un día, nunca alcanzaremos la vida. La samaritana fue, encontró y cambió. Jesús nos espera en cada sagrario, en cada templo, en cada crucifico para escuchar nuestra confesión y para darnos la paz que hayamos perdido. Así podremos simplemente ir y contar lo que el Señor hizo por cada uno de nosotros, sólo basta animarse e ir, miremos que vale la pena, ya que los frutos del perdón son extraordinarios y están al alcance de todo el que pida con fe “Perdón Señor, cámbiame el corazón”. Amen.+Con el alma P.Manolo Subir al índice


II DOMINGO DE CUARESMA Mt 17, 1-9 «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo». Estamos transitando el camino de la Cuaresma que nos lleva al Calvario y al Santo Sepulcro, hacemos oración, penitencia, damos limosnas y ayunamos como expresión de un deseo profundo de conversión y del nacimiento a una vida nueva, la vida del Cristo Glorioso que nos llega en los signos sacramentales del Perdón-Reconciliación y que se alimenta y sostiene con la Eucaristía de cada domingo y de cada día. Hoy la voz del Padre nos invita, nos pide o nos aconseja:"escúchenlo" 1. En un nuevo domingo de cuaresma la Palabra se dirige a nosotros esta vez sin enseñanzas o discursos, sino con la experiencia de algo que estaba latente en la revelación del Hijo de Dios: "le pondrá el nombre de Emmanuel que significa Dios-con-nosotros". Los milagros, las curaciones, los exorcismos o la palabra dicha con autoridad, de alguna manera hacían sentir a los discípulos, que estaban en compañía de Alguien humano pero a la vez distinto al resto de los hombres que se conocía hasta entonces. Pero la pregunta por el SER, hoy se nos presenta con el CÓMO ES QUE PUEDE HACER TODO LO QUE HACE, la pregunta sobre ¿Quien soy Yo para ustedes? estaba a medio responder; "tu eres el Mesías, el Hijo de Dios Vivo" dicho por Pedro y consentido por sus compañeros tenía su valor y no se puede discutir su vivencia y convicción, pero el MISTERIO, permanecía escondido, Jesús no había mostrado de un modo más evidente SU DIVINIDAD, ésta era solo conocida por DIOS PADRE, pero desde ese momento comenzaría a ser conocida por los discípulos de entonces y los de ahora, es decir, nosotros. Esta pregunta sin una respuesta satisfactoria se encuentra hoy en la experiencia personal y sensible de la TRANSFIGURACIÓN de la que participan los íntimos de Jesús, Pedro, Juan y Santiago, testigos dignos de crédito, porque sería impensable en personas tan rústicas, sin mucha cultura, imaginación o capacidad de fantasía, inventaran una historia de estas características únicas y extraordinarias. Por eso no les costó guardar el secreto de lo que vieron y oyeron en la montaña, pues habrían sido objeto de la incredulidad y de la burla, cuando no habrían sido tomados por dementes por hablar de cosas que no vieron ni experimentaron los otros discípulos. 2. Una palabra sobre la TRANSFIGURACIÓN en sí misma. Sucede en la montaña lugar privilegiado para el encuentro entre Dios y el hombre. Jesús radiante de luz, conversa con Moisés y Elías, irrumpe el Padre en una nube que hace sombra sobre los discípulos y Su voz que dice: "Este es mi Hijo muy querido en quirn tengo mi predilección" Un amor único, lleno de bondad, benevolencia y perfecta caridad, que criatura alguna jamás ha merecido ni recibido, porque las demás creaturas de la humanidad, hijos de Adán, pueden ser amadas desde la misericordia, pero Jesús, no era amado con misericordia ya que ésta presupone la miseria del pecado, inexistente en Él. Por último queda Jesús solo con los tres discípulos. Nos detenemos en este "Jesús solo" ya no están, ni Moisés, ni Elías, ni la nube y el Padre se silencia. Esto significa que: Jesús es la plenitud de la Ley y aquel de quien profetizó Moisés en el Deuteronomio: "un día habrá uno que ocupará mi lugar". Jesús es el Caudillo, Legislador y Mediador entre Dios y su Pueblo, el que comunica la Palabra de Dios. Jesús es el cumplimiento de todas la Profecías del Antiguo Testamento. Jesús es el Hijo, el igual al Padre y en quien vive y está el Padre: "Felipe: no crees que Yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí, como me pides que les muestre al Padre, el que me ve a mí ve al Padre" 3. Este Emmanuel, este indicado como su Hijo por la voz del Padre, es el único y el mismísimo, que un tiempo después estará crucificado y agonizando hasta morir en una cruz. Así esta DIVINIDAD RADIANTE Y PODEROSA que es tan evidente y gozosa en la TRNASFIGURACIÓN, no lo será en la cruz, en la que costará pensar y sentir que eso que está allí pueda ser Dios: "escánadalo para los judíos, necedad para los paganos, pero para los llamados sabiduría de Dios y redención". Sólo la RESURRECCIÓN, devolverá la GLORIA al Cristo Muerto y Sepultado. La gloria del Resucitado hará comprensible la TRANSFIGURACIÓN tanto como volverá GLORIOSA a la CRUZ, porque en esta Jesús nos salvó, cambió el mundo, liberó a la humanidad de su muerte eterna, y será el signo de que un día la humanidad entera vencerá la muerte física, que es el único enemigo que le queda por vencer a Cristo, en la resurrección de los muertos al final de los tiempos. Esta es la fe contenida en el credo y que nos hace mirar al futuro con esperanza y convicción: "Creo en la resurrección de los muertos y el la vida eterna". Así, cuando nos golpee la cruz con su oscuridad, dolor, soledad y abandono, sintamos la presencia de Jesús junto a nosotros y encontraremos en Él la fuerza necesaria para soportarla y para que compartiendo en esta vida su Pasión y su Muerte, Él nos participe su Resurrección y su Gloria. "Padre amado, que nos muestras hoy a tu Hijo muy querido para que lo escuchemos y que nos llamas a creer, que sepamos, alexionados por tu Espíritu, alabarlo en las alegrías y buscarlo más intensamente en las penas. Danos la gracia de creer que en toda circunstancia, él está y lo podemos experimentar, porque en toda nuestra vida e historia personal, tu Hijo nos sostiene y nos guia, nos acompaña y nos salva" Amén + Manolo Subir al índice


DOMINGO I° DE CUARESMA“Apártate de mi, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y a él sólo servirás” Mis queridos hermanos en el Señor de la Vida y de la Misericordia: Comenzamos los 5 domingos de la Cuaresma 2011 para prepararnos a una nueva Pascua y celebrar el Misterio Pascual de Cristo, misterio de nuestra redención, de nuestro nacimiento a una vida nueva. Miremos hoy los textos que se nos proponen para ir viendo en ellos los signos de muerte que nos señalan las distintas lecturas, ya que en el Tiempo Pascual iremos viendo los signos de vida para alegrarnos en el Señor. 1. Detrás de toda tentación, signo de muerte, hay una mentira que debemos descubrir, la del Génesis hoy es: Dios es un mentiroso, lo que les dijo es falso, es un envidioso y vanidoso, que sólo él quiere ser dios y por eso les prohibió comer del árbol, a él lo único que le importa es mantenerlos en la ignorancia y bajo su dominio impidiendo que sean como él. "De ningún modo. No morirán. Bien sabe Dios que el día que coman de los frutos de ese árbol, se les abrirán a ustedes los ojos y serán como Dios, que conoce el bien y el mal". ¡Cuánto necesitamos la sabiduría y el entendimiento del Espíritu Santo! Durante todo este tiempo, por no decir toda la vida, para discernir los pensamientos de los hombres y los pensamientos de Dios. Reconocer cual es el origen de las tentaciones: el diablo, el mundo, nosotros mismos, nuestros pecados o debilidades, para buscar en la fe el camino de salida a todo lo que busca oprimirnos, porque celebrar la Pascua es hacer fiesta por la liberación de la opresión, no ya del Faraón, sino del mal y del malo que es su instigador. La gran novedad de la enseñanza de Jesús primero y de San Pablo después, es que sólo la fe en Jesucristo puede salvarnos, puede ir salvándonos a lo largo de la vida, desde niños a ancianos, que sólo la fe es necesaria y es la salida, para compartir la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte. Creer en Dios, creerle a Dios y hacer caso a su Palabra, palabra de fe y de vida, ya que por el diablo y el pecado entró el mal y la muerte en el mundo. Por esto “Dios amó tanto al mundo que le dio su Hijo unigénito, para que todo el que crea en Él no muera sino que tenga vida eterna”. Alabamos y agradecemos esta amorosa iniciativa de Dios que no nos abandona a nuestra suerte como quien se desentiende y no le importa lo que nos pase. 2. Así fue como pecó Adán, cuando desobedeció un mandato directo de Dios. La cercanía y la relación tan particular del Creador y su criatura hace de esa trasgresión algo muy serio: “contra Ti solo pequé, cometí lo que es malo a tus ojos”. Hay un SER de infinito amor y una criatura limitada e imperfecta que por esta razón, su ofensa es de dimensiones infinitas, porque al que ofende, el que recibe la falta de respeto a un mandato y es desobedecido es de naturaleza infinita. Así para el hombre-humanidad es imposible arreglar el desastre que hizo y, que no sólo hizo, sino que después trasmitió a su descendencia es decir a nosotros, baste recordar a Caín matando por envidia a Abel para comprobar este paso del mal de generación tras generación. Hoy la Iglesia por medio de la Santa Sede ha previsto la expulsión de los sacerdotes que cometan delitos contra menores de edad, debido a la inocencia de un niño, la pena es proporcional al mal realizado, a lo que se sumarán las consecuencias judiciales. El origen de todo mal está en lo que nos cuenta Libro del Génesis y toda la Biblia en general. 3. “Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio”, en la última el diablo muestra la hilacha y en definitiva sus pretensiones de ser como dios, que siempre tiene: "Te daré todo esto, si te postras y me adoras". Pero Jesús le replicó: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás". Cuando el hombre acepta sus límites y entre ellos se mueve se humaniza, si permanece entre los límites que Dios sabiamente le pone, como un padre que lo hace con sus hijos, y éstos crecen sanos y seguros, porque pueden ver por donde caminan, pero cuando no hay límites el único que se perjudica es el niño o el joven o el adulto, porque va más allá de lo que debe y se daña a si mismo y a su entorno, porque siempre nuestros actos, virtuosos o viciosos, afectan a otros porque nunca estamos solos aunque parezca que no hay nadie, siempre estamos con nosotros mismos y nos hacemos mucho mal. Cuando Jesús decide servirse de la Palabra de Dios para vencer las tentaciones del enemigo, nos está mostrando lo que significa moverse y ser libres en el marco de unos límites que preparan su triunfo sobre ese mal, si el hombre Adán no se hubiera salido de sus límites pretendiendo ser lo que no podía ser, nada de lo que conocemos como mal existiría, y la gloria de Dios llenaría la tierra y no habrían existido ni la enfermedad, ni el dolor, ni la muerte, éstas son las consecuencias del pecado del hombre y de la herida de su corazón que se enfermó de muerte. 4. Por último una palabrita sobre el ayuno, la oración y la limosna. Nunca son fines en sí mismos, son medios a través de los cuales llegar al dominio de nosotros mismos, instrumentos para liberar a otros y liberarse a uno mismo de todos los males, el Señor los bendice hasta el punto de convertir la penitencia en una virtud, una fuerza del espíritu a nuestro servicio, para nuestro crecimiento y perfeccionamiento espiritual, y para dar gloria a Dios. Este tiempo es de algún modo, una muestra de lo que es una vida caminando por el desierto, en el cual no hay GPS que te salve sino la fe en el Señor de la Vida y la Misericordia. “Padre amado que ves en lo secreto y nos recompensas, acepta nuestras humildes oraciones, ofrendas y penitencias, las haremos como nos pides con alegría y discreción, porque sólo nos importa que queden entre Tú y nosotros, no nos abandones en los momentos difíciles y líbranos del malo. Te lo pedimos por la Sangre de Cristo, que nos redime y protege en todo momento. Te alabamos y te damos gracias por tu amorosa iniciativa de venir a salvarnos, creemos y nos confiamos a ese amor tuyo que no tiene fin” Amén. + Manolo Subir al índice