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AÑO 2011

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO Mis amados hermanos en el Señor y en la Fe: La Iglesia en San Pedro, en cada Diócesis, Parroquia o Capilla donde se celebra la Misa habitualmente es invitada este domingo a participar de la Fiesta de Corpus Christi. La Misa con sus dos partes de la Palabra y el Misterio Eucarístico, la Comunión y la Procesión con el Santísimo por las calles de nuestras Capitales, Ciudades y Pueblos, para concluir con la Adoración y la Bendición con el Santísimo hacen que tenga una especial relevancia el culto público a Cristo y su Presencia Real en la Hostia. Que reciba la adoración, la alabanza, la acción de gracias y la suplica de su Pueblo que lo ama y lo honra con su fe, caminando junto a Él por sus calles y diciendo en medio de un mundo indiferente, creo, celebro y espero. También invitando así a compartir la fe en Cristo, Pan para la Vida del Mundo.
1. Ya en el Antiguo Testamento el pan tenía diversos significados pero sobre todo era el signo de la vida, el pan era la vida como alimento y a su vez cuando había alimento la vida crecía y se multiplicaba como así la ausencia de él significaba la mayor de las miserias y el peligro latente de la muerte que asechaba la vida. Ante esto la providencia de Dios se encargaba de que no faltara el pan aun en el camino por el desierto cuando dio el maná como nos cuenta y nos recuerda la primera lectura de la liturgia de hoy. Para esta celebración hemos querido detenernos en la experiencia del profeta Elías y su huida por el desierto hasta llegar a adorar al Señor en la cueva de un monte. El viaje de Elías al monte Horeb: “Pero un ángel lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come!». El miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo. Pero el Ángel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!». Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb”. Tenemos un hombre de un caminar por el desierto, un cansancio de muerte y un sueño ¡Cuánto se parece esto a nuestro tránsito por la vida! Ella tiene todos los peligros y los límites que encuentra caminar por el desierto. Pero en el desierto, el jardín de Dios, como lo llaman nuestros hermanos de Oriente, no lo transitamos solos, como a Elías el Señor se nos presenta ofreciéndonos una comida y una bebida, que fortalecen tanto que permiten caminar cuarenta días y cuarenta noches, símbolos de las distintas etapas de la vida en las cuales Dios se nos presenta para decirnos: “come y bebe que tienes mucho que andar” ¿andar hacia donde? Hacia el encuentro con Dios en el Horeb, símbolo del final de la peregrinación en este mundo y durante esta vida. Allí nos espera el Señor en la suave brisa de su amorosa presencia. Benditos aquellos que estén más cerca de ese encuentro, los que estén en la etapa final de sus días, porque les falta tan poco para ese encuentro con el Principio y el Fin de todo, ese Dios que siempre nos sigue llamando, en todo momento y circunstancia de la vida. La fe es lo que nos permite escuchar su voz o ver los signos de su presencia y cercanía. Gracias a este alimento, la vida triunfa sobre la muerte y la soledad de un futuro sin Dios o algo más queda iluminado por el encuentro con Aquel que está más allá de todo y que se ha hecho encontradizo para el que busca más vida, para el que siente hambre de más y la fe es la puerta que abre a ese encuentro con la vida en abundancia.
2. Hoy celebramos el Misterio de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. “Yo soy el pan de Vida” Jesús durante la Última Cena se da a conocer como Yo soy la Vida y eso que parece algo muy general y si se quiere muy difícil de explicar, en el signo que hoy nos presenta el evangelio se hace muy claro y comprensible: el pan de vida y la vida que es el pan, porque donde abunda el alimento abunda la vida porque tanto la propia como la de otros es posible y sustentable. En términos de fe la Eucaristía y la presencia real Cristo, alimentan y sostienen al discípulo, hasta el extremo de que el que no come se va quedando sin sustento, si acontece una persecución sucumbe, si tiene que dar testimonio está débil e inseguro, es decir la Eucaristía es la fuente de vida y fortaleza de toda la Iglesia y de cada discípulo en particular. “Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera”. Hubo en otro tiempo un maná que sostuvo la vida del Pueblo en el desierto y es semejante al pan material que nosotros comemos y que solo sostiene la vida material, la vida temporal que irremediablemente termina con nuestra muerte. La Eucaristía es el pan de la Vida Eterna, un pan de Dios que regala la eternidad y que hace superar el miedo que produce la existencia de la muerte como lo más seguro que tenemos en este mundo. Todo lo demás va y viene, está o no está, es relativo e inseguro, pero de la muerte nadie escapa y el hombre de por sí no puede solucionar, de aquí la importancia de poder escuchar para creer: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo». Aquí nos detenemos en la expresión de Jesús: mi carne. No se trata de la materialidad de su cuerpo sino de toda su Persona, ya que en el pensamiento y la cultura judía, que era la de Jesús, era y es la de lo concreto, y no el nuestro que todo lo dividimos, lo separamos, lo queremos claro y distinto. Cuando dice mi carne en realidad está diciendo mi Persona, todo mi ser es el que se entrega para la vida del mundo, por eso la Eucaristía es un pedacito de cielo en este mundo, de suerte tal que el que lo recibe, sacramental o espiritualmente según sus posibilidades, está ya en la vida eterna, entra en relación con el cielo y la eternidad, por esto no dice luego: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Para Jesús, Pascua, Eucaristía y Resurrección están íntimamente ligado y la Comunión de su Cuerpo y su Sangre, es la forma que él creó para comunicarnos su propia vida resucitada y la que marca la diferencia entre el maná y nuestro pan o la comida material: Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. Muchas veces queremos tener experiencias extraordinarias, afectivas y sensibles de Cristo y eso está más cerca de la fantasía y la ilusión de una religiosidad infantil, para quien está madurando su fe no necesita de cosas fuera de lo común sino que escucha y celebra al Señor donde el Señor se encuentra y lo posee de la forma que le ofrece esa posesión en amor y amistad y de tal manera que se de una mutua pertenencia, por eso: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí”. Si hay algo que tenemos en común con todas las creencias o religiones es la búsqueda de la fuente de la eternidad y nosotros la hemos recibido y la tenemos cada vez que comulgamos “Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente». Claro esto exige una elección, y toda elección tiene que tomar algo y dejar el resto para que sea una verdadera elección. La fe tiene este dejar de lado las creencias para vivir de ella y este es un compromiso que no todos quieren asumir y así se quedan en la superficialidad de las cosas y se pierden lo mejor y que es lo que el Evangelio de hoy nos dice que está a nuestro alcance, como el pan en nuestras mesas. Creo… +Manolo Subir al índice


DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD Mis amados hermanos en el Señor de la Vida: Al celebrar hoy a nuestro Dios, su Misterio de Ser y de Vida, lo haremos con la ayuda de la Palabra de Dios y alguna reflexión que el Señor quiera inspirarnos. Nos ha parecido bien pensar junto con ustedes en las obras que la estructuración de nuestro Credo atribuye a las distintas Personas de la Santísima Trinidad. Así comenzaremos por el Padre, luego por el Hijo, terminando por el Espíritu Santo.
1. CREO EN DIOS PADRE TODOPODEROSO, CREADOR…
La existencia de un creador la podemos entender tanto por medio de la revelación judeocristiana, lo que sería el movimiento descendente “en el principio Dios dijo… y así hasta el sexto día en el cual creó al hombre, varón y mujer los creó y les dijo sean… Así ésta nos refiere la existencia del mundo desde y a partir de la nada y hecho por una Causa que tuvo y tiene la capacidad, no sólo de dar el ser a todas las cosas sino de sostenerlas, gobernarlas y perfeccionarlas, sobre todo el hombre y su libertad que son la expresión máxima de todo el ser, el único que puede ser más, no en cantidad de materia, sino en calidad de persona, realidad que se manifiesta sobre todo por su conducta y su creatividad, su inteligencia y capacidad de superarse e ir más allá de si mismo y tender hacia su Creador. Para que todo sea como la ciencia, en especial la cosmología y la biología, van descubriendo que nada de lo que existe puede ser fruto de la casualidad, del azar, o de algún principio ciego o indeterminado. Se ha comenzado a hablar con mucha insistencia y valentía del principio de diseño. Desde la forma en que se fueron dando los procesos internos del Universo, como el funcionamiento de la creaturas unicelulares, que siendo muy elementales, en ellas hay una manera de ser y hacer las cosas que va exigiendo reconocer la mano de un diseñador infinitamente inteligente, hasta tal punto que las cosas y la vida que son preexistentes al estudio de la ciencia positiva, cuestionan a la misma ciencia que recién se viene asomando a los secretos escondidos por milenios y sigue trabajando sobre lo que se les ha dado para que lo investiguen, lo comprendan y sigan entendiendo a la naturaleza tanto como al universo. Nos parece que por un prejuicio ideológico se opone al científico con el hombre de fe, como que para ser un científico serio y creíble no debe tener fe. Lo que llama la atención es que muchos padres del pensamiento científicos fueron personas muy serias en sus descubrimientos científicos, en el desarrollo de sus teorías y rigurosos en su demostración, y sin embargo fueron personas profundamente religiosas, fue toda una sorpresa leyendo un libro sobre fe y ciencia enterarme que Isaac Newton escribió algunos libros sobre religión y hasta comentarios a los evangelios. Nos gusta pensar que las cosas son como mensajeras silenciosas o que tienen un lenguaje propio, una música propia, que con la ayuda de la ciencia podemos escuchar y entender más allá de la sola visión o del movimiento de las cosas, a su Hacedor a su Divino diseñador. La existencia del Universo y de la Vida son una manera que Dios tiene de decirnos aquí estoy o también que El es así. Tanto por revelación como por el trabajo científico podemos llegar a Dios Padre Todopoderoso Creador del Universo. DE ARRIBA HACIA ABAJO Y DE ABAJO HACIA ARRIBA, podemos encontrar a nuestro Creador y aprender en el lenguaje de la naturaleza como comunicarnos con Él, admirarnos de la existencia, la belleza y el orden de todas las cosas y elevarnos hacia la comunión, diríamos vital y cósmica con Él. Basta ver algunos pps que nos llegan a montones con paisajes captados por una máquina de fotos como por el telescopio Hubble, que uno se emociona ante tanta belleza o se queda boquiabierto ante semejantes magnitudes, distancias y formas y todo eso ¿“por casualidad”? esto suena hasta a una tomada de pelo, es como si Él nos preguntara ¿no estarás hablando en serio, no?:
“Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! Estás vestido de esplendor y majestad, y te envuelves con un manto de luz. Tú extendiste el cielo como un toldo y construiste tu mansión sobre las aguas. Las nubes te sirven de carruaje y avanzas en alas del viento. Usas como mensajeros a los vientos”.
2. CREO EN JESUCRISTO REDENTOR Y SUS OBRAS.
El Imperio Romano con su fuerza militar y también con su sistema jurídico, llevaba nota de todo lo actuado en todos los territorios que estaban bajo su dominio. En el libro “De las guerras judías”, Flavio Josefo tomó nota de la ejecución de un tal Crestos, que fue crucificado bajo el gobierno del Procurador Poncio Pilato que residía en Jerusalén. Esto que parece poco trascendente es un testimonio histórico externo a los Evangelios acerca del Señor Jesús, del cual tenemos noticia por medio de los autores sagrados, las cartas de Pablo y de otros y por el libro de las Revelaciones o Apocalipsis. Porque las Obras del Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad, pasaron en un espacio, un tiempo, un lugar, una cultura y según los usos y costumbres de una época determinada y lo vamos rezando en la segunda parte del Credo que se refiere a Él. Así creemos en su concepción virginal por obra y gracia del Espíritu Santo y su nacimiento María que es siempre Virgen.. Recordamos sus padecimientos y su muerte bajo el poder de Poncio Pilato, su sepultura y descenso a los lugares inferiores de la tierra o de los muertos. Su resurrección de entre los muertos, su retorno a la Gloria y el haber sido constituido por Dios, Juez de vivos y muertos y Mediador y que volverá por segunda vez en gloria, para consumar los tiempos y para un juicio que será universal. En esto no nos vamos a extender mucho pues lo hemos meditado durante medio año desde la Navidad y la Cuaresma, la Semana Santa y los 50 días en la reciente Pascua. Pero debemos decir que si bien son obras atribuidas al Hijo, donde estuvo una, estuvieron presentes las otras dos Personas. Pero el Hijo es el que puso la cara y la piel en el misterio de nuestra redención, ni el Padre ni el Espíritu se encarnaron, ni el Padre ni el Espíritu fueron crucificados y tampoco murieron ni fueron sepultados, tampoco resucitaron de entre los muertos, pero si lo fue Cristo el Hijo Único de Dios. Aquí es cuando se entiende la atribución de las obras de Dios a cada una de las divinas personas.
3. CREO EN EL ESPÍRITU SANTO SEÑOR Y DADOR DE VIDA Y SUS OBRAS
La última parte del Credo es en el Espíritu Santo, Señor y dador de Vida. Y esa vida que el Espíritu entrega son: La Santa Iglesia que es Una y Única, por voluntad de Dios y por ser el proyecto de Jesús, la Iglesia es una sola a la cual se pertenece por el bautismo y la fe. Es Santa porque no es obra de los hombres, aunque los contiene y los conforma, es obra de Dios, Santo entre los Santos, y por eso es indefectible, indestructible y perenne. Es Católica porque abarca a todo el Universo y a ella están llamados todos los hombres, pueblos y culturas sin excepción, aún aquellos que rechazan a Dios o creen en otros dioses y también los que no creen en nada pero que cultivan el valor de la conciencia, la libertad y el respeto por el hombre y defienden su dignidad, también ellos son llamados a ser Iglesia, son sus miembros anónimos y los tiene en cuenta y reza y ofrece el Sacrificio Eucarístico por su conversión e incorporación a ella. Es Apostólica porque su fe es la de quienes fueron testigos oculares de los hechos de la Redención, vieron al crucificado-resucitado, estuvieron con Él y recibieron de Él el mandato misionero, trasmitieron su fe de una generación a otra y dejaron sucesores que continuaran la obra de Jesús hasta el fin de los tiempos. Nuestra fe es la fe de los Apóstoles del Cordero, es la que hemos heredado y la que trasmitimos de una generación a otra. La comunión de los Santos es la fe en las 3 dimensiones que tiene la Iglesia y que el Espíritu le hace ser, triunfante, en purificación y peregrinante.El Espíritu hace que estemos en comunión los unos con los otros, los santos nos sirven de modelo y nos protegen con su oración, los que ya están salvados pero que aún no alcanzan la gloria, reciben permanentemente no sólo nuestras oraciones sino también los sacrificios que por ellos podemos ofrendar. En la Iglesia peregrina el Espíritu distribuye la gracia, los carismas y los dones que todos necesitamos, para ser Iglesia y realizar nuestro aporte a la obra de la evangelización y la redención. El perdón de los pecados lo hemos reflexionado varias veces en estos últimos días de la Pascua. Nuestra resurrección como miembros de Cristo se nos participa por su Espíritu haciendo nuestra la resurrección futura. La Vida Eterna es compartir con el Señor su triunfo sobre la muerte que es nuestro enemigo por excelencia y que será el último en ser vencido antes de la instauración del Reino, cuando Jesús nos entregue al Padre y así Dios pueda ser definitivamente todo en todos.
Bueno hermanos nos hemos extendido mucho y no es la idea que sea así. Con la esperanza de que esto les ayude a reflexionar acerca del Misterio de Nuestro Dios, les saludo y bendigo con todo afecto en el Señor. +Manolo Subir al índice


DOMINGO DE PENTECOSTÉS 2011 Mis muy queridos hermanos: Celebramos hoy el día de Pentecostés. Día de alabar a Dios y bendecirlo por la fidelidad a su Palabra y sus Promesas que siempre se cumplen. Hoy actualizamos por medio de los signos y las palabras aquel acontecimiento fundante de la Iglesia, sin el cual ella no existiría. El Espíritu de Jesús es el alma de la Comunidad Cristiana, sin ese alma, la Iglesia estaría muerta hace mucho tiempo y sin embargo, y a pesar de nosotros, sigue en pie y lo estará hasta el final de los tiempos.
1. En la lectura de los Hechos de los Apóstoles, Lucas nos da el contexto en el que se produjo la efusión del Espíritu Santo. Los judíos venidos de todas partes a Jerusalén 50 días después de la Pascua, se reunían a celebrar la fiesta de la Alianza de Yahvé con su Pueblo en el Sinaí y del don de la Ley de Moisés. Se habían ido y ahora volvían, sin saber que se iban a encontrar con un acontecimiento que cambiaría para siempre sus vidas tanto como la historia de aquella ciudad. Iban a ver con sus ojos e iban a escuchar con sus oídos, el fenómeno y el primer anuncio de la Resurrección de Cristo y el don del Espíritu para el perdón de los pecados. La buena noticia de la Nueva Alianza en la Sangre de Cristo y de la Nueva Ley, ya no escrita en tablas de piedra sino en el corazón de los que hayan creído y esperado las promesas y que ellos veían cumplidas. Conocen una Ley Nueva, el Espíritu Santo, esa ley interior que se les presenta. Una nueva conciencia surge ante ellos que los llama a poseerla, a partir de aceptar a Jesús como el Mesías; contrta Él habían pecado al pedir su muerte y la liberación de un homicida, habían renegado del Santo y el Justo. Ellos son los mismos que habían gritado ante Pilatos: "que su sangre caiga sobre nosotros y nuestros hijos", lo recordaban muy bien, habían estado presentes en el juicio de Jesús ante Pilatos. Esta verdad que los humilla, les genera remordimiento y dolor los abre al cambio y la aceptación de la redención de sus pecados, de la cual se pueden apropiar por la fe en Jesucristo y el bautismo en el Espíritu.
2. El signo sensible del viento, el temblor y en especial la xenoglosia, hablar en lenguas extranjeras, es la contratara de la división y confusión de las lenguas de los distintos pueblos en el relato de la torre de Babel, desde aquel momento no podían entenderse. Desde el día de Pentecostés hay un mensaje que cada uno escucha en su propia lengua y que los une en una misma fe "todos los oían es su lengua proclamar las maravillas de Dios" diríamos "la maravilla de Dios", que es Jesús Resucitado y Glorificado, Hijo de Dios y Mediador de la Vida Nueva. Vida que se derrama por medio del Espíritu en todos los creyentes. Pentecostés también es el inicio del Envío Evangelizador de la Iglesia a todos lo pueblos como Jesús les había dicho: "ustedes serán mis testigos en toda Judea, Samaria y en todas partes hasta los confines de la tierra" Para llevar a cabo este mandato misionero el Espíritu distribuye dones y carismas, como nos recuerda la Carta a los Efesios. Dones para construir la Comunidad Cristiana y manifestar la nueva humanidad redimida por Cristo y llena del Espíritu Santo. Una Vida Nueva que se manifiesta en el espacio y en el tiempo, en la historia del mundo, del cual la Iglesia se distingue pero no se separa. La Iglesia ha sido puesta por Cristo en medio de los pueblos, para servirlos con el anuncio evangelizador y liberador de su Persona, sus Misterios y su propuesta de Amor y Misericordia hasta que Él vuelva por segunda vez.
3. Por último nos sorprende que hoy escuchemos el mismo evangelio proclamado el Segundo Domingo de Pascua. Pero nos viene muy bien para situarnos nosotros frente a Jesús Resucitado, que nos anuncia la paz. ¿Por qué nos anunciará la paz? Porque el don por excelencia de la Pascua es el Espíritu Santo, con el cual se nos otorga el perdón de los pecados y la paz con Dios y entre nosotros, cosa que era inalcanzable después del Paraíso perdido y que el Hijo del Hombre, Jesús, restituye y da gratuitamente al que cree en Él y en Aquel que lo ha enviado. El Espíritu toma el poder de la Sangre de Cristo y la usa para purificar, sanar, liberar, borrar, regenerar, resucitar y pacificar el corazón de los discípulos, representantes de una humanidad que como la de ellos no podía alcanzar la paz. Una humanidad llagada por el pecado y sus consecuencias, enferma de culpa, remordimiento y autocondena. Una humanidad presa y encadenada al enemigo de Dios y del hombre que había sido vencido en la Cruz de Cristo, cuya victoria debía plasmarse de alguna forma en el cuerpo de esa humanidad. En definitiva anuncia la paz porque no había paz y envía a anunciar la paz que nace del perdón de los pecados a todos los que creen en el Nombre de Jesús y aceptan que Dios los perdone y así se perdonan a sí mismos y dan inicio a una vida nueva, donde el pasado es una referencia de lo que se fue alguna vez y lo que se es ahora, viendo y viviendo la diferencia entra ser salvados por Jesús y no serlo, entre renegar de Dios y creer en Él.
Si esta es nuestra fe ¿Tendrá sentido retener lo que nos impida recibir el perdón? ¿Tendrá sentido perseverar en el pecado, no arrepentirse y por lo tanto cerrarse al perdón de Dios? ¿Tendrá sentido guardar rencor, resentimiento, rabia, odio o venganza? ¿Esto le dará luz y vida al alma o la irá matando de a poco? Aceptar el perdón y la paz es rescatarse a sí mismo en Dios y salvar la propia vida. El mal no tiene solución para nosotros, sólo Jesucristo Muerto y Resucitado, sólo el don del Espíritu pueden resolverlo, curar nuestra angustia y sanar nuestra vida. Reconocer cuales son las causas de la ausencia de paz y abrirse a la fe y a la gracia de Dios, es lo más lógico e inteligente y lo que más honra a Dios. El nos ha revelado que se goza en que tengamos vida y vida en abundancia. Hoy es tiempo de nacer de nuevo, es tiempo de nacer de lo alto, es tiempo de renacer del Agua y del Espíritu. Así no sólo estaremos en paz sino que a partir de allí alcanzaremos uno de los aspectos más deseados de la condición humana, la fecundidad, dar fruto en el Señor: "el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia. Frente a estas cosas, la Ley está demás, porque los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus malos deseos. Si vivimos animados por el Espíritu, dejémonos conducir también por él" Todo esto no es otra cosa que la Vida del Espíritu de Cristo Resucitado, presente y manifestada en la Iglesia para la salvación del mundo. Estamos llamados a hacer todo en el Espíritu, tanto lo solemne como lo simple, lo que es arduo tanto como aquello que nos hace disfrutar de la vida. Así como Jesús nada hizo sin en el Espíritu y con el Espíritu, también nosotros somos llamados a seguir el mismo camino y desarrollar esa mísitica propia del que, como nos eneña san Agustín: "escuchando cree, creyendo espera y esperando ama". Con el gozo del Espíritu que nos enseña a amar. + Manolo Subir al índice


DOMINGO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR Mis muy queridos hermanos en el Señor Resucitado y Glorificado Al celebrar hoy la Ascensión del Señor Jesús a los Cielos y a la derecha del Padre y, tomando como base de nuestra meditación el texto de Mateo, trataremos de desentrañar la vida encerrada en esta celebración con la que culmina nuestra reflexión acerca del Señor resucitado y manifestado a su Iglesia y por medio de ella al mundo.
1. “Los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado”. En Mateo la montaña no es un lugar más dentro de la historia de Israel ni de su propia catequesis sobre Jesús, pues pare él, cosas importantes están vinculas a ese lugar de la manifestación de Dios, de la Alianza del Sinaí, del don de la Ley, de la experiencia cercana de Dios al Profeta Elías. En Mateo vemos a Jesús tentado en el desierto y desde una montaña le son presentados todos los reinos del mundo a cambio de que adore al tentador. En un monte, bautizado hoy como "de las Bienaventuranzas", Jesús proclama el famosísimo Sermón de la Montaña que es el testamento moral del Evangelio. El monte Tabor fue el lugar donde, después de anunciar su Pasión a los discípulos se transfiguró en presencia de ellos. Desde un monte contempló a su pueblo de quien se compadeció porque estaban perdidos como ovejas que no tenían pastor; y por fin en el Monte Calvario llevó a su plenitud la Misión que el Padre le había confiado con su Sacrificio Pascual, de redención y de comunión, uniendo en sí mismo el cielo y la tierra, a Dios con la humanidad que había perdido y que por Él y en Él había recuperado. Por todo esto no es casual que en un monte de Galilea, lejos de la Jerusalén del oprobio y la crisis de la fe, haya esperado encontrarse con los discípulos para manifestárseles vivo y desde allí iniciar el tiempo de la Misión Evangelizadora y Liberadora, confiándola a aquellos que en virtud de su debilidad, se dejarían inspirar y conducir por el que les promete su presencia, invisible a los ojos, pero real a la mirada de la fe.
2. “Al verlo, se postraron delante de El; sin embargo, algunos todavía dudaron” Metiéndonos en el corazón de aquellos discípulos, por un lado con su fe y por otro con sus dudas, nos preguntamos si sicológicamente creer y dudar no son ambas, parte de nuestra vida. Nos parece que al depositar nuestra seguridad en otro más fuerte al que no vemos con nuestros ojos carnales, cierto grado de duda no podemos dejar de experimentar y esto no es pecado sino sentido común. La aceptación de esta precariedad es lo que precisamente lo deja a Dios ser Dios, y nos libra de usurpar su lugar; con nuestra pobre comprensión del misterio de la vida sólo entendemos algo. Aceptación consciente de los propios límites porque no nos da para "ser como dioses conocedores del bien y del mal” y así dejar a Dios al margen de nosotros mismos. Desolación y consolación, gran fervor y aridez, certezas y desconcierto, son como componentes binarios de todo proceso de seguimiento de un Señor que está presente y eso es cuestión de fe y al que no se lo siente y eso es cuestión de pequeñez humana, tan dependiente del ver y tocar para creer. Lo bueno es que de la pequeñez Jesús nos hace pasar al crecimiento, y así en la sabiduría de cómo lleva las cosas, benditas sean las dudas y las limitaciones, porque ¿de qué le serviría al Señor tener instrumentos tan seguros de sí mismos? Muy pronto caeríamos en una autonomía reñida con la fe verdadera que es alianza-sociedad-cooperación entre Él y nosotros. Las autoayudas emocionales y afectivas ocupan un lugar importante en la sociedad contemporánea, pero son muletas primarias, no nos llevan por sí solas a caminar y seguir libremente al Señor de la Vida, aquel que le da gratuitamente VIDA a nuestra vida, densidad a nuestro tiempo y fecundidad a nuestras búsquedas.
3. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. ¿Quién sino Yahvé tenía todo poder en el cielo, en la tierra y los abismos? Hasta que Jesús, que significa: “Yahvé es mi salvación”, recibe de su Padre todo poder y “el Nombre que está sobre todo Nombre, para que ante Él se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y toda lengua proclame Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre” Sólo Alguien que se haya humillado hasta la muerte y muerte de Cruz, pudo ser exaltado por encima de todo y constituido Mediador de la Nueva y Eterna Alianza, de tal modo que nada viene de Dios a los hombres y de los hombres a Dios que no pase por Cristo. Lo rezamos en todas las liturgias con esta conciencia mediadora de Jesús: “Por Nuestro Señor Jesucristo…” En expresiones muy simples se encierran misterios de fe tan profundos, que tanto tienen que ver con nuestra vida y manifestaciones de la fe.
4. “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo»." Este mandato misionero dado por el Señor Resucitado antes de volver a la Gloria Celestial, está siempre vigente y es lo que le da su identidad más profunda a la Iglesia, ya que decir Iglesia y Misión es una y la misma cosa. No existe ninguna Comunidad Cristiana que no haya sido convocada por el Señor, que no haya recibido de Él su ser y su envío, y esto no es otra cosa que la prolongación de la Misión del Hijo enviado por el Padre al mundo. La razón de ser de la Iglesia es precisamente anunciar la Buena Noticia de Jesucristo a todos los pueblos. Hacer esto es la tarea primordial de la que surge el resto de la vida de la Comunidad Cristiana: "sin anuncio no hay fe en Jesucristo, sin fe no hay perdón de los pecados, sin perdón de los pecados no hay don del Espíritu, sin el Espíritu no hay Vida Nueva y sin vida nueva no hay nada que ofrecerle al mundo en el Nombre de Dios." La exigencia actual entre nosotros los cristianos de este siglo es evangelizar no sólo al mundo, sino a nosotros mismos, a los que lo somos por tradición y no tanto con la conducta y nuestra manera de vivir. Es muy claro el divorcio entre la fe y la vida. Muchas veces vemos la fe relacionada con la simpatía por una creencia, pero eso no es fe. La fe es la encarnación del Evangelio como estilo de vida, conjunto de valores armonizados entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Es bastante común, muy claro y hasta escandaloso, que nuestra fe bautismal esté envuelta y contaminada con creencias que no tienen nada que ver con ella, y cuando no, entran incluso en clara oposición y conflicto con sus contenidos. Esta constatación antes de desalentarnos debe llevarnos a robustecer nuestra fe aceptando este mandato misionero de Jesús a sus discípulos, que resuena para nosotros hoy como ayer. Envió a sus discípulos a un mundo tan contradictorio y violento como el nuestro, que es igual pero más sofisticado, con un retorno a lo religioso pero que también ha llegado con la presencia de mediadores y brujos. Ante este panorama que apenas mencionamos, sólo se lo puede enfrentar con una fe que se sobrepone a las dudas y a las propias contradicciones, yendo más allá de lo que pudiéramos pensar y esperar. “El Reino de los Cielos se parece a una semilla de mostaza” ¿Y si esa semillita sembrada en el campo del mundo somos nosotros? El Señor nos ha garantizado el fruto, sólo basta decir que SI, creer en Su Nombre y descubrirlo presente en nuestro corazón, con nuestros hermanos, en la Palabra y la Eucaristía; allí lo tenemos TODO, sólo hay que dejarlo que se manifieste. Creo en Dios… +Manolo Subir al índice


DOMINGO VI DE LA PASCUA Mis queridos hermanos en Jesús y María Santísima: continumos con nuestra búsqueda de la vida abundante que mana del Manantial permanente del Misterio Pascual de Cristo. Hoy la vida se nos presenta con una dimensión que apunta a que la encontremos en nuestro interior, en la relación de intimidad, amistad y fidelidad con Jesús.
1. “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos”. “El amor no se declama, el amor se demuestra” nos enseña San Francisco de Sales, y los hechos lo manifiestan, hasta tal punto que se convierten en palabras “yo te amo con hechos” tantas veces lo hemos escuchado o dicho nosotros, en una relación que quisimos que fuera trasparente, que revelara la vivencia compartida de que pensamientos, palabras y acciones son una y la misma cosa. Esto, deseamos cristalizarlo con la palabra coherencia o congruencia, ya que la herencia, lo recibido, no siempre ayuda a la trasparencia, pero la congruencia es algo que podemos construir por nosotros mismos. Si lo miramos en su justa medida, nacemos en la incoherencia recibida de nuestros antepasados primigenios, somos hijos de la incoherencia de los primeros hombres, que de la armonía cayeron en el caos ético, espiritual y existencial; nuestra realidad personal lo demuestra. Así es como nos encuentra Cristo al venir a este mundo, y ese estado es indirectamente, la causa deficiente por la cual se Encarna y Muere en la Cruz. La causa eficiente es el Amor de Dios, el Amor al Padre y el Amor por nosotros. Al resucitar de entre los muertos nos da la capacidad de superar la incoherencia heredada, y construir bajo la asistencia del Espíritu, esa congruencia personal que es la verdadera novedad hacia la cual nos lleva la fe. Así, el que da la supremacía a la fe, iluminación y aceptación, da la gracia, la tarea y los frutos de esa fe. Jesús da la congruencia a todo incoherente que quiera dejar de serlo, Él se complace en que haya fe y también los frutos.
2. “Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad”: Hasta el momento de volver a su Gloria Celestial, Jesús cuidaba y defendía a sus discípulos que estaban con Él, pero una vez que se va, sabe que sus discípulos no pueden quedar solos y sin defensor; por esto, lo dice con total claridad: Yo rogaré aln padre y el les dará otro “Paráclito”, que es el que representa a otro, el que está de pie junto al otro, el que aboga y el que intercede ante el Juez. Pero además de esta dimensión de cuidado que es muy importante, tiene también la misión de ser el Espíritu de la Verdad, que al estar siempre con los discípulos es la memoria permanente de la primera Comunidad. A este Espíritu que es el del Padre y el Hijo, la fuente de su Unidad íntima en Dios: “el mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes” ¿Por qué el mundo no lo puede recibir, no lo ve ni lo conoce? El mundo en San Juan es el lugar de las tinieblas, el lugar de la incredulidad y del rechazo. Esto es lo opuesto a la comunidad de los discípulos, que al aceptar a Jesús, tienen la luz verdadera, han pasado de la muerte a la vida, son rebaño y tienen Pastor que los defiende y da la vida por ellos. Son sarmientos de la Vid Verdadera. Todo esto es lo que venimos descubriendo en estos domingos. Al aceptar a Jesús por la fe, se conoce al Espíritu y se lo posee, lo que S. Agustín llama el “Maestro Interior”, por esto decíamos al comienzo de esta reflexión, que la Vida que queremos está en el interior del discípulo. Vida muchas veces ignorada cuando este espíritu está guardado en el corazón de un bautizado y nada más que eso; pero la Vida en el Espíritu es otra cosa, es la encarnación misma del evangelio en la cotidianidad, sin solemnidad y con total sencillez. ¿Se podrá ser fiel a los mandamientos sin esta conciencia preclara del Espíritu de Jesús en nosotros? Desde ya les digo que no, de lo contrario, si nos las podemos arreglar solos ¿para qué el Espíritu? Sería lo mismo que decir que nunca necesitamos un Salvador, o que no necesitamos un Dios y Padre. Esta vida es para aquel que se siente precario, necesitado, pobre, limitado de toda limitación, para los bienaventurados porque “tienen espíritu de pobres” o los humildes, los sencillos, los que no se la creen y los que siempre se sienten en deuda con Dios y agradecidos de todo y por todo.
3. “No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán” Muchas veces he escuchado una hermosa expresión que se las comparto: “el que ama no sabe ni puede decir adiós” aunque se vaya físicamente lejos, se queda con nosotros o nos quedamos con ellos, superando lo que es peor que la muerte, y que es el olvido. Por esto el único que olvida es el hombre, es decir nosotros, Dios jamás olvida que ama y lo hace para siempre. El es Amor, es Padre y es Señor para siempre. Esto, aunque lo sabemos desde hace tanto tiempo, no debemos cansarnos de meditarlo, experimentarlo y redescubrirlo muchas veces a lo largo de nuestra vida. “Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él». Jesús nos habla de su fidelidad a las promesas, de futuro, de reencuentro; pero todo esto desde la fe y no desde la carne, aquella condición humana que se terminó en la Cruz y, nos habla desde la Vida Nueva en la Resurrección, mediante la cual se produce el reencuentro de Jesús con los suyos. Desde entonces el que se incorpora a la comunidad de los discípulos, está con el Resucitado y recibe la manifestación de Jesús. Por eso podemos vivir y rspondernos de manera maravillosa y profundamente real a ese ¿donde está Jesús? Los capítulos 13 al 17 de San Juan, contienen la gran respuesta a esta pregunta, que es un interrogante de ayer, de hoy, mañana y siempre. Sigamos profundizando en estos textos y hagamos nuestra, la experiencia de Juan.
“Te damos gracias Señor por una sola cosa y la más importante de todas, por hacernos parte de tu intimidad divina”. Creo en Dios… +Manolo Subir al índice


DOMINGO V DE LA PASCUA Jn 14, 1-6 Mis queridos hermanos en Jesús resucitado: En nuestra tarea de seguir buscando los signos de vida de la Pascua, nos encontramos hoy situados en la Última Cena de Jesús y su discípulos, que de por sí es un signo de vida para los hombres de toda cultura y tiempo. Encontramos una comunidad de discípulos que conversan con su Maestro. También tenemos el contenido del diálogo entre Jesús, Tomás y Felipe. Ahora, haciendo la ignaciana composición de lugar, que nos vuelve por medio de la imaginación en testigos oculares de los hechos relatados, vamos a ver las personas, miraremos lo que hacen y nos detendremos a escuchar lo que dicen; pediremos al hacer esta composición de lugar, que se nos dé la gracia de la vivencia interior, allí encontrar gusto y tener nuestro coloquio o diálogo personal con el Señor y sus discípulos.
1. Jesús ha percibido la preocupación de los discípulos que están viviendo junto con Él los últimos momentos de su vida en este mundo, se está despidiendo de ellos. Su deseo de pacificarlos lo lleva a tener este diálogo sobre sí mismo, las moradas eternas y la centralidad de la fe y el Padre. "No se inquieten” Con todo lo que estamos viviendo puertas adentro de la Iglesia y puertas afuera de ella, es decir en el mundo que nos rodea, y que no hace falta enumerar aquí porque todos conocemos muy bien, cuánta falta nos hace escuchar muchas veces de los labios de Jesús “no te inquietes” que es lo mismo que decirnos no tengas miedo, todo eso que te asusta, te llena de miedo, te genera angustia y te hace vivir amenazado es real, pero también es real que el que crea en mí vencerá al mundo; y es real también que El está siempre con nosotros. No hay nada que esté, verdaderamente, más allá de nuestras fuerzas en todo lo que vayamos a sufrir en el mundo, porque: “Yo estoy con ustedes…” pero ¿nosotros estamos siempre y en todo momento con Él o dudamos de su palabra?
2. Nos dice hoy a cada uno: “Crean en Dios y crean también en mí” Para Jesús, CREER, en el lenguaje y en el sentido bíblico de la palabra, es “estar seguros, como una casa hecha sobre roca” Creer es solidez y estabilidad, permanencia y trascendencia, es ir más allá de las apariencias y descubrir la presencia silenciosa y discreta de un Dios, que sólo espera fe, para obrar en el corazón del que está inquieto y duda aunque tenga razones para ello, la fe transforma el interior del creyente y le da la paz. Cuánto cuesta creer de cara a la cruz, si la mirada se queda en ella sin ver al resucitado, y a éste como la propia resurrección y el triunfo sobre los propios miedos. Esta fe de la que Jesús nos habla siempre, es la que engendra la esperanza, que nos hace esperar contra toda esperanza, superar toda certeza y todo sentimiento de que lo que pasa nunca cambiará y que todo seguirá irremediablemente igual; la esperanza barre con el fatalismo y pone en movimiento todas las fuerzas del espíritu humano encerradas en él, para hacer posible el ir más allá de los hechos y las circunstancias. En la Pascua celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte, la transfiguración del sepulcro vacío en puerta a la Vida con mayúsculas y cuyo signo sensible y perdurable en este mundo es la tumba vacía del Señor.
3. “En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes”. ¿Cómo?, ¿hay algo más? ¿No es que todo se termina con la muerte y después nada?
Algunas cosas que nos revelan la interioridad del Padre y Jesús: a) Jesús no se arrepiente de habernos creado, elegido y llamado para estar con Él a pesar de nuestras limitaciones y defectos. Estos hombres a los que les dice todo esto tan hermoso y comprometido para Él, son los que un rato más tarde lo van a abandonar y dejar solo. Se podría pensar ¿por qué no eligió mejor gente? Más leal, heroica y fiel; no sabemos, o sí sabemos, nos eligió a nosotros también. La voluntad irrevocable de Dios es la de ser nuestro padre, más allá de nuestra percepción o no, de esa voluntad. Justamente, creer es tener esa percepción, descubrir y aceptar esa elección y ese llamado a estar desde ahora y para siempre con Él. b) Jesús se va de este mundo como está establecido, pero no se olvida de sus discípulos, éstos son parte de su vida en este mundo y en la vida futura, en Cristo el siempre es siempre y para siempre, cosa que hoy está tan en duda para el hombre, en la decadencia de una humanidad que no puede decir sí a algo y sostenerlo en el tiempo; que está tantas veces atada a una adolescencia e inmadurez de niveles casi patológicos. Baste ver la crisis familiar, vocacional, ministerial y religiosa actual, para darnos cuenta de que en el fondo de todo, subyace una profunda crisis de fe. Nadie puede prometer nada a nadie, ni a sí mismo y menos a los demás. Basta abrir los ojos o los oídos y comprobaremos esto sin demasiado esfuerzo
4. “Ya conocen el camino del lugar adonde voy". Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?". Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto". Para quien está perdido, confundido y sin rumbo en esta vida, qué bueno es escuchar: Yo soy el Camino, por acá se transita hacia la Verdad y la Vida. Es una profundización de aquello del Sermón de la Montaña: “Aquel que busca encuentra…” La necesidad de un camino que llene de sentido la vida es un don maravilloso. Así el camino que se ha buscado, la verdad que se ha perseguido y la vida que se ha deseado, están presentes y encerradas en una sola y la misma persona: Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios y el Hijo del hombre. No nos extendemos más por hoy, aunque faltan aún algunos versos de este evangelio, nos parece que con lo que hemos reflexionado en este rato, tenemos materia para meditar y "hacer nuestra" en la vida y durante bastante tiempo, ya san Ignacio decía que no es el mucho abarcar lo que satisface y ayuda al alma, sino el ahondar y gustar... por eso, hagamos hoy justamente esto; ahondemos y gustemos de la palabra dejándola calar hondo en nuestras vidas... Creo en Dios. + Manolo Subir al índice


DOMINGO IV DE PASCUA o DEL BUEN PASTOR.
JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Queridos hermanos: En nuestra búsqueda de los signos de vida durante esta Pascua, encontramos hoy gracias al Evangelio de San Juan, la figura del buen pastor que da la vida por las ovejas, hasta el extremo de morir por el rebaño. Hay otros signos de vida que conviene que también veamos para enriquecer con ellos nuestra fe y la espiritualidad del compromiso en su dimensión pastoral, ya que la figura del buen pastor en definitiva, nos llama a todos aquellos que tenemos personas a nuestro cargo a la reflexión profunda y consciente. Esto para nosotros tiene dos dimensiones muy claras: la de la crítica y la de la esencia del que es pastor de su rebaño. “Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que lo hace por otro lado, es un ladrón y un asaltante”. Toda esta alegoría, comparación o historia ejemplar, va dirigida a las autoridades judías del tiempo de Jesús, los escribas y fariseos que eran los dirigentes del pueblo judío, en claro enfrentamiento con Jesús; y a quienes el Señor critica porque a ellos no les importan las ovejas, y no tienen para gobernarlas el poder del amor sino el amor por el poder. Por esta razón no pueden reconocer al verdadero pastor prometido por Dios a su Pueblo, que es el mismo a quien ellos estaban persiguiendo por oponerse a su egoísta "interés" de mantener “la paz” con el imperio romano, siendo ellos mismos agentes al servicio del mismo. Jesús era la puerta del rebaño, ellos los que entraban por otro lado y eso los convertía en ladrones y asaltantes: “se toman su leche, se cubren con su lana y se comen su carne” les decía siglos antes de Jesús el profeta Ezequiel a los falsos pastores. El rebaño que pasa por la puerta que es Cristo, está seguro y cuidado, defendido y alimentado; en definitiva eso es vida para el rebaño. Así quienes tenemos personas a nuestro cargo encontramos en esta hermosa imagen un examen de conciencia diario y un fuerte estímulo para realizar esa parte de nuestra esencia humana y espiritual que es la solidaridad. “El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas”. Las puertas de la vida están cerradas para todos nosotros y no está en nuestras manos abrirlas, por eso el buen pastor que tiene el poder del amor, es quien nos abre esa puerta, que no es sólo la eterna sino también las de este mundo. Cuando el compromiso es con la vida y por la vida, esto hace del dirigente: el padre y madre de familia, el cultural, el sanitario, el social, político o espiritual, de cada uno y de todos ellos, ese buen pastor que conduce el rebaño que le ha sido confiado, el que pasa y hace pasar a los que lo siguen, para así encontrar la vida que les estaba negada. “El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir”. Hoy en todos los ámbitos eclesiales escuchamos hablar mucho acerca del valor que tiene la cercanía de quien tiene autoridad espiritual, el obispo, que si es pastor y maestro, lo es desde la cercanía y nunca podrá llegar a serlo a la distancia casi con una autoridad nominal. Por eso es tan importante lo que se lee: las ovejas escuchan su voz. Les habla y ellas están abiertas a la escucha y lo identifican con total claridad por eso van tras él, porque lo reconocen como el pastor del rebaño. El llama a cada una por su nombre y las hace salir. Las conoce de cerca, de manera personal, sabe quienes son, como son sus vidas, cuales son sus inquietudes, sus esperanzas, sus heridas y frustraciones y es él quien está allí para alentar y sanar donde y cuando sea necesario. “Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz” Cuando el pastor es fiel a su identidad y a su misión, el rebaño lo siente como propio, lo acompaña y lo sigue, él lo congrega y lo conduce hacia las fuentes tranquilas y repara las fuerzas del rebaño. Esto tiene que ver con el ministerio de la palabra, que es la fuente de paz y de luz que el rebaño ansía y necesita, y con el de la eucaristía, que es con lo que él lo alimenta y le da la vida abundante, porque es en ella inagotable.
“Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir”. Como decimos popularmente no hay más ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír. Con el corazón o la conciencia embotados por la presencia de los propios intereses no entienden, y si Jesús es la puerta abierta del redil por donde se puede pasar para encontrar la vida, ellos están cerrados a todo aquel que intenta mostrarles algo; por eso son un escollo para el rebaño y sólo saben hacerle daño privándolo de la vida, no viven ellos ni dejan vivir. Ahora Jesús lleva las cosas al extremo de la claridad y de su propio ser y misión: “Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento” Se salvará de la esclavitud del mal, será libre, podrá entrar y salir, cosa que para los intereses de las autoridades judías, era una doctrina peligrosa, porque lesionaba su visión del poder, que no era para liberar y servir, sino para dominar y explotar al rebaño. No les convenía que el rebaño fuera libre porque para ellos eso sería el final de su negocio, ya que vivían a expensas de las ovejas a las que dominaban desde el miedo y el rigor de la ley sirviéndose de ella para sus propios fines. Así mataban de hambre al pueblo, no de hambre física o material sino de inanición espiritual; con apariencia de religiosos eran en realidad un obstáculo para que el pueblo estuviera con Dios y Dios con su pueblo. Por esto las multitudes seguían a Jesús como un rebaño a su pastor, porque en él y por él encontraban la vida que esperaban, esa que buscaban y que sólo él era capas de dárselas. “El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir”. La presencia perniciosa del mal en el mundo puede encarnarse en aquel que es un ladrón, que roba, mata y destruye. Es todo lo opuesto y el enemigo del pastor, tanto como del rebaño; pero en la cruz, el Pastor que ha dado la vida por el rebaño, ha vencido y sujetado así su falso poder y sus pretensiones. Cuando nos apartamos del rebaño, por las razones que tengamos, nunca será sin un costo para nosotros, porque no hay ni pastor ni vida fuera del rebaño y estamos entonces a expensas del maligno, que nos roba la vida que el pastor provee. Así como es muy perjudicial apartarse del rebaño, es igualmente perjudicial provocar escándalo dentro del mismo, porque las ovejas se retiran o se alejan de él y corren el peligro de perderse. En esto, todos, pastores y rebaño, somos igualmente responsables de generar rebaños en los cuales a las ovejas les guste estar y pertenecer. “Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia”. En un mundo donde abundan el mal y la muerte el Buen Pastor resucitado es el signo claro de que Dios nos cuida y pastorea, ayer, hoy y siempre. Donde esté el verdadero pastor se reunirá el rebaño y donde esté el falso pastor, sólo habrá desolación y muerte. La Iglesia del Divino Pastor está formada por hombres imperfectos y muy limitados, pero a pesar de nosotros y por encima de nosotros y de nuestros defectos, el Pastor sigue estando presente, para que el que quiera vida, en el rebaño la encuentre. Pidamos al Señor que mande muchos pastores que vivan la riqueza de ser conductores de su Pueblo, en todos los órdenes de la vida donde haya a quienes conducir. Con todo el afecto del corazón.+Manolo Subir al índice


Solemnidad de Nuestra Señora de Luján, patrona de nuestra patria Hermanos les comparto una pequeña reflexión sobre la Virgen de Luján, la Virgen Gaucha y su Santuario Nacional. Sabemos que algunos sacerdotes y un obispo, especialista en Historia de la Iglesia, están haciendo un trabajo de recopilación y de información genuina, que acerque la historia de Manuel y la Virgen de Luján, a la experiencia de San Juan Diego y la Virgen de Guadalupe, con sus similitudes y sus diferencias, ya que toda historia no es una copia exacta, sino que cada una es original en si misma. Lo que nos ha sorprendido e inundado el alma cuando hemos pasado algún momento por la Basílica de Luján, es una emoción tierna y a la vez intensa, que nos hacía sentir una presencia invisible y nos abría a la intuición de la dimensión sobrenatural en el Santuario de la Virgen y que nos conmovía haciéndonos entrar en un silencio y una elevación que en otros lugares no hemos experimentado. Saber que de todas las partes del país van a visitar a la Madre de Dios, que llevan a sus niños, de 10 a 14 mil por año, para ser bautizados; las colas frente a los confesonarios de quienes vuelven a la comunión plena con Dios y la Iglesia mediante el sacramento de la Confesión, algunos de ellos después de 30 o 40 años sin acercarse al perdón. Ni qué hablar del peregrino que llega a estar con Ella, venidos de todos los rincones de la Patria. Todo esto nos habla de un lugar nuestro, que tiene un significado que nos hermana a todos los argentinos, más allá de las devociones locales que todos tenemos, porque es inevitable tener una relación tanto afectiva como de fe con los santuarios provinciales o las capillas barriales. Hay algo en la Basílica de Luján que no se puede explicar, que está más allá de todas las palabras, y es sin duda la presencia de Dios que sólo se entiende desde la fe. Esta fe es la que algunos encontramos allí por primera vez y otros recuperamos más conscientemente porque la teníamos pero a veces un poco dormida o en sombras; y esto sólo puede hacerlo la Madre de Dios y ese lugar donde sin duda ella está con sus manos juntas y a la vez abierta a todos sus hijos. Espero que esta reflexión pueda extenderse a todos los santuarios nacionales o locales donde la Virgen quiera manifestarse para suscitar la fe y alentar nuestra esperanza en medio de un mundo secularizado, cuando no, lleno de nuevos dioses y de todos sus brujos o de los que han convertido a Dios en una mercadería y una “razón” para ganar dinero y hacer su negocio. Los santuarios nos ayudan a defendernos de este ambiente universal que no es inofensivo, sino muy agresivo, y ante el cual hay que aferrarse a la sentencia de Jesús “No tengan miedo, Yo ha vencido al mundo”, o a su eterna promesa “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos” Esta fe se da y crece en esos lugares que Dios ha elegido para que sean sagrados y signos visibles de su presencia. En estos lugares se experimentan dos sentimientos la fortaleza de Dios que es Padre y la ternura de la Virgen que es Madre. +Manolo Subir al índice


DOMINGO III° DE PASCUA Lc 24, 13-35 Mis queridos hermanos: Seguimos caminando junto a la Palabra de Dios esta ruta de la Pascua que se desarrolla a lo largo de 50 días. Durante los mismos vamos a ir descubriendo los signos de vida, que este tiempo nos propone para nuestra reflexión y que nos ayudarán a madurar la fe que el bautismo ha dejado impresa y viva en nuestro corazón. El texto bellísimo de los discípulos de Emaús nos ayudará en nuestra búsqueda de esos signos de vida, para enriquecer nuestra propia vida, iluminada por la fe pascual, la fe en Jesús Resucitado, que es para nosotros una realidad permanente, aunque es natural que en este tiempo esté presente de un modo especial, más fuerte que durante el resto de los meses del año. Nos dice el texto: “Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén” La Fiesta y la ciudad Santa quedan atrás, los hechos referentes a Jesús viven dolorosamente en el recuerdo. Se van a su pueblo, a sus cosas, dándole la espalda a la comunidad de los discípulos, tal vez pensando que todo se había terminado, que no tenía sentido permanecer en algo que no era lo que ellos esperaban. Su reacción y su decisión obedecen al lógico abandono que producen el fracaso, la decepción y el sentir que habían gastado 3 años de su vida inútilmente; por eso. “En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido” recordaban la cruz, y ellos dos lo hacían de un modo especial porque la esposa de Cleofás, el único de los dos a quien se nombra, es "la otra María", que estuvo con la Virgen María, y María Magdalena al pie de la cruz que vieron y oyeron todo lo que pasó con Jesús el Nazareno. Es muy posible que el otro discípulo de Emaús, que no es nombrado haya sido justamente esta María, ya que, a excepción de Juan, no había otro discípulo varón en el Calvario que pudiera contar la crucifixión y la muerte del Señor, y todo esto le da aún más fundamento a los sentimientos e impresiones de los cuales hablaban mientras iban caminando. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojo lo reconocieran. No se imaginaban que pronto iban a llevarse la sorpresa de sus vidas, cuando Jesús, como un desconocido cualquiera se pone a caminar junto a ellos; su tristeza les impedía reconocerlo, además de que su condición de resucitado sólo podía ser conocida y reconocida por la fe, que en ellos como en el resto de los discípulos estaba opacada por el golpe violento de la cruz y la muerte del Señor. “El les dijo: ¿Qué comentaban por el camino?”.¡Qué importante es acercarse y abrir el diálogo por medio de una pregunta! o por qué no, también desde el estar en silencio y esperar pacientemente que el otro quiera hablar; una mezcla de expectativa y discreción. Jesús les hace “la sicológica”, los saca del encierro que compartían para ir ayudándolos a abrir las puertas de su interior, tan lleno de dolor y decepción. “Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: « ¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!» « ¿Qué cosa?» les preguntó y ellos le relataron los hechos del viernes, el sábado y el domingo de resurrección junto con sus resistencias a creer en el testimonio de las mujeres, que decían que habían visto vivo al Señor. Es la incredulidad compartida por todos los discípulos que tenían las mismas dudas del apóstol Tomás, como recordábamos el Domingo pasado. Acto seguido Jesús les da la gran catequesis sobre el Mesías verdadero y no el que ellos esperaban. “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y continuando con todas las Escrituras les fue explicando todo lo que se refería a él”. En la experiencia de los discípulos de Emaús, está ya presente nuestra propia experiencia de Jesús que nos busca, y muchas veces nos encuentra a lo largo del camino de la vida, que se nos hace presente en su Palabra y en los hermanos.“Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba. El entró y se quedó con ellos” Nos dice el libro del Apocalipsis: “Yo estoy a la puerta y llamo. Al que me abra entraré y cenaré con él y él conmigo” Después de la iniciativa de Jesús vemos ahora la de los discípulos que quieren brindarle su hospitalidad, y lo invitan a quedarse con ellos al atardecer. “Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se los dio” Es un gesto que Jesús y los discípulos habían compartido muy frecuentemente durante los 3 años de la vida pública del Señor con quien estuvieron muchas horas y días, vivieron con Él y lo acompañaron de pueblo en pueblo, es decir partieron el pan muchas veces con Jesús. “Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista” Otra vez el Jesús que aparece y desaparece, que está en un lugar y en otro. Y los testimonios de los 4 evangelistas coinciden en este estado glorioso del Señor Jesús, que sin embargo se manifiesta en este mundo, por más que ya no pertenece al mismo. Y los discípulos se decían: ¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? Cuando se escucha el evangelio y en definitiva a Jesús con el corazón y la vida, el corazón arde de amor y la vida se llena de luz, sólo basta con hacer la experiencia del encuentro y todo lo demás se dará por añadidura. “En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén” Así, de estar de espaldas a la comunidad de los discípulos y a Jerusalén de la cual se alejaban, vuelven ahora para encontrarse con los hermanos y compartir con ellos su vivencia del Resucitado. Y al volver: “Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!» En toda la teología de san Lucas, inspirada por Dios y no como una ocurrencia suya, la figura de Pedro y su misión de confirmar en la fe a sus hermanos, cobra una especial relevancia. Que Jesús se le apareciera a Pedro no es un detalle más porque es el que cree y con él toda la comunidad apostólica. Nos parece que ésta es una confirmación del “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. La palabra en el camino y la fracción del pan. Cuánto valor adquieren para nosotros la Liturgia de la Palabra y la Eucaristía, tan hermosamente descritas en este pasaje de san Lucas. Demos gracias a Dios por el don de la fe que nos abre al triple encuentro, con la Comunidad, la Palabra y la Eucaristía. Con todo afecto.+Manolo. Subir al índice


2011 DOMINGO II DE PASCUA y DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor Resucitado: Celebramos juntos este II° Domingo de Pascua y la Fiesta de la Divina Misericordia, creada por el hoy beato Juan Pablo II° de inmortal memoria. Vayamos al texto que nos presenta el evangelio des esta Misa.
1.
“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos”: El atardecer es cuando el corazón experimenta un sentimiento de recogimiento y de silencio que invita a la oración. Cuando el día de trabajo llega a su fin y el obrero, el patrón, el agricultor o todo el que ejerce algún oficio, vuelve a su casa, una hora especial, distinta de otras horas del día. A esa hora los discípulos están reunidos con las puertas y no sólo las puertas, sino ellos mismos, completamente encerrados, presos del miedo, del remordimiento y del recuerdo de lo que había pasado con el Señor Jesús, y lo que ellos mismos habían hecho. Estaban cerrados a toda experiencia que tuviera que ver con lo que había sucedido. Los de Emaus “con el semblante triste le dijeron: eres tú el único habitante de Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días… Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel… pero ya van tres días desde que pasaron estas cosas y…” La tristeza es el sentimiento común y dominante entre ellos, los unían el miedo y el espanto. Ante este cuadro de encierro, sólo la aparición del Resucitado y el anuncio de la paz, el “Shalom alejen”, podía romper ese encierro y abrirlos a la misión. No había tiempo que perder en culpas y remordimientos, había que salir a anunciar la buena noticia de Jesús resucitado y el don del Espíritu para todo el que se arrepintiera de sus pecados, se bautizase y aceptase al Salvador y Señor de la Vida, que había vencido a la muerte en todas sus formas. ¡Cuánto bien nos hace esto! cuando estamos tentados y justificándonos en nuestra indignidad, en la culpa y la parálisis del “yo no puedo o esto es para otros, no es para mí, es muy difícil” Siempre que el ombligo sea mi mundo, y bueno seguro que así sí, es imposible y no porque lo sea, sino porque el encierro enferma y mata, y en cambio la apertura libera y vivifica.
2. “Llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos…" Este texto tiene una revelación acerca del estado de Jesús cuya resurrección es algo que lo pone como resucitado, más allá del espacio y del tiempo, ya no hay para él límite alguno. Su estado glorioso no tiene explicación científica y sólo se entiende desde la fe de los discípulos y apóstoles. Es un conocimiento superior y de otro origen, que no es fruto de la observación o de la investigación, es una revelación y una experiencia que va mucho más allá de lo que las palabras pretendan o puedan explicar. Está y no está, aparece y desaparece, se manifiesta aquí y allá sin límitaciones de ningún tipo. Es claro que estamos ante algo absolutamente nuevo e insospechado, “algo que ni ojo vio, ni oído oyó ni vino a la mente de alguno” Es la vida nueva, que en Dios tiene su origen y fundamento y a la que sólo se accede por la fe y la incorporación a la comunidad que anuncia y celebra esta Vida Nueva, esta novedad absoluta de Jesús resucitado y glorificado. “Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado” Uno podría pensar que una vez resucitado de entre los muertos, la pasión y la cruz habrían quedado para siempre atrás y no habría que recordarlas más, pero no fue así. El cuerpo glorioso del Señor Jesús tiene las marcas y cicatrices del amor hasta el extremo, porque amarnos le dolió y el paso del amor por su vida dejó su huella para siempre. Si no, pregúntenle al que amó de verdad alguna vez, si el amor no le dejó huellas, recuerdos dulces algunos, y otros amargos como una cruz. “Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor”. Lo vieron vivo, lo tocaron, lo abrazaron, lo palparon y estuvieron con él, lo escucharon y lo vieron comer con ellos. ¿Cómo no se iban a llenar de alegría? La traición de Judas Iscariote, la negación de Pedro, la cobardía de todos, no podía generar más que vacío y dolor por todo lo que había pasado, de llevar en la memoria los 3 años convividos con el Señor, de golpe lo saben ajusticiado, crucificado, muerto y sepultado ¿qué más o qué menos podían sentir sino vacío? Por eso la visión directa del Resucitado que se les aparece a ellos, que estaban llenos de pena y tristeza no podía menos que alegrarlos y hacerlos exultar de gozo.
3. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!” Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».¿Cómo Señor Jesús? Escuchamos bien?, ¿nosotros enviados como vos y puestos a tu misma altura? No, El nos envía y nos hace partícipes de su misión pero el Señor fue puesto por el Padre a su misma altura, con el mismo poder y autoridad divinas, más allá de que el que dice las palabras del envío misionero y otorga el poder de perdonar los pecados, era también el hijo del Hombre, que diciéndolas con voz, rostro y cuerpo de hombre porque recordemos que “en El habitaba corporalmente toda la plenitud de la divinidad” La humanidad de Cristo es la mediadora entre Dios y los hombres y en esta humanidad divinizada está su instrumento temporal la Iglesia, la Comunidad Universal de los discípulos reunidos y pastoreados por Pedro y sus sucesores. Un misterio insondable del amor y de la misericordia de Dios que son infinitos, como Él mismo es infinito, superiores a cualquier capacidad humana de comprensión; y ante esto hay que creer y aceptar, con obediencia de fe y plena entrega de la propia persona, ya que de otra forma no puede entenderse que a nosotros se nos dé semejante riqueza espiritual y de vida. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Hoy tenemos las signos de esa vida que se nos ofrece y sólo tenemos que recibirla porque es gracia-regalo-gratuita. ¿Alguien podría comprarla? ¿Con qué dinero o con qué riqueza de cualquier tipo podría pagarse tanto amor? ¿Le ponemos precio al amor humano? Menos aún al Amor de Dios.
4. Un párrafo acerca del apóstol Tomás y el "reto" de Jesús “dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Tomas respondió: « ¡Señor mío y Dios mío! “Si no veo no creo” o “ver para creer” cuántas veces la desconfianza, nacida de tantas estafas que hemos sufrido nos ha llevado a pensar de esta manera ¿es lógico no? Pero es el contenido de lo que le dice Jesús a Tomás lo que en realidad importa: Con todo respeto lo traducimos a nuestra manera de hablar: “Mirá Tomás, escuchá el testimonio de tus hermanos que te dicen que estoy vivo, que me han visto porque es cierto, te están diciendo la verdad, no te mienten ni te engañan. Tomás el que escuche y crea se salvará y el que no se perderá. Y no seas incrédulo sino hombre de fe”. Jesús cierra esta experiencia de Tomás con una bienaventuranza que habla de nosotros “Felices los que crean sin haber visto” La carta de San Pedro nos habla con toda claridad del valor de esta fe, de este creer sin haber visto, pero sí habiendo escuchado: “Porque la fe de ustedes es más preciosa que el oro que se acrisola en el fuego. A Cristo Jesús ustedes no lo han visto, y sin embargo lo aman; al creer en él ahora, sin verlo, se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe”. Qué podemos agregar a esto?, nada más que gracias Señor Jesús, porque te has manifestado vivo a aquellos y a nosotros. Te bendecimos hoy y siempre. Gloria y alabanzas eternamente. Amén. Con todo afecto y gratitud.+Manolo Subir al índice


2011 DOMINGO DE PASCUA Fiesta de la Resurrecciòn Queridos hermanos ¡Gloria al Señor ha llegado la Pascua!: Es la Pascua que nuevamente nos invita a renovar nuestra fe en Cristo Resucitado y Glorioso. Hoy es el día de la Vida con mayúsculas y por excelencia. Hoy celebramos nuestro nacimiento como una Comunidad de Fe. Hoy los textos de la Liturgia nos hablan, no sòlo de Jesús Resucitado sino también, de nosotros, que tenemos desde el bautismo nuestra fe depositada en Él, que murió y resucitó por la humanidad entera y que ha dejado a su Iglesia el mensaje luminoso de la Pascua, Hoy nosotros resucitamos con Él y de Él una vez más recibimos la vida abundante que encierra y entrega el Misterio Pascual de Jesucristo actualizado en cada Misa. Miremos ahora el texto del Evangelio que nos relata lo que pasó aquella mañana del primer domingo de la historia, de nuestra historia. “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada”. Es el momento del día cuando aún no ha salido el sol, cuando está oscuro pero se espera y se camina hacia él, se camina hacia la luz. María Magdalena está en la búsqueda del Señor, ella es la figura de la Iglesia que hace el camino de la fe desde la noche hacia el día, de la oscuridad que busca la luz. Nos estamos deteniendo en los detalles porque nada está puesto por que sí, sino que en Juan cada detalle es toda una revelación y contiene una luz que no se ve a simple vista y por eso hay que mirar con atención. Ella vio que la piedra que selló el sepulcro el viernes por la tarde había sido movida. Algo inesperado ha pasado en ese lugar, no entiende, se asusta y corre a ver a Pedro, el cabeza de grupo; y a Juan el discípulo amado, el que había participado de los hechos de la sepultura del Señor el día de su muerte en la cruz. “Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". No entiende, piensa en una nueva pérdida, el sepulcro de Jesús está abierto, cree que se lo han llevado, piensa que se lo han robado, no lo han dejado en paz ni siquiera estando muerto. Claro, con todo lo que ella vio que le hicieron a Jesús, le daba para pensar cualquier cosa. Por eso su reacción es la lógica, la persecución sigue, ahora se lo han llevado, aun no entiende que está vivo y que muy pronto lo va a ver. “Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes”. Rompieron por unos momentos el encierro, el miedo y la culpa que los paralizaban. La noticia de que algo ha pasado los mueve a ir y ver. Juan va adelante porque conoce el lugar, cosa que Pedro no conocía porque luego de las negaciones aparece en este momento después del Sabbat. Juan el que amó y se quedó, dejó junto a los que estaban con él el cuerpo del Señor en su sepulcro. “Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró”. Antes de quedar vacío algo se movió en su interior, el resucitado se había quitado las vestiduras de su sepultura, las vendas y la sábana con las que José de Arimatea había envuelto el cuerpo del Señor estaban en el suelo. Donde había muerte, frío, desolación, silencio y oscuridad, ahora hay vacío, porque la luz de la resurrección y de la vida, se han manifestado y han dejado sus señales, allí están sus signos. “Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; éste no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: Él también vio y creyó.” Juan espera que llegue el capo, el jefe, la piedra, el que tiene las llaves del Reino, al que Jesús puso al frente de la comunidad apostólica. Pedro ve y cree y también cree Juan. Esa palabra, también, es la que encierra un mensaje muy profundo, porque la fe de Pedro es la fe de la Iglesia, su fundamento, unidad y la autoridad para congregar y unir a todos los creyentes y fieles de Jesús. En la primera lectura de hoy escuchamos el primer sermón del primer papa, el primero en anunciar públicamente la resurrección del Señor y el que habla en el Nombre del Señor y de sus hermanos los Apóstoles, congregados y en comunión con él. Benedicto XIV hoy es Pedro, centro de unidad y autoridad suprema de la Iglesia, garantía de nuestra comunión de fe con Jesús, sin la comunión con él no estamos en comunión real con Jesús. Es nuestro credo. Sólo el que recibe la fe y se une a la Comunidad de los creyentes, escucha el Evangelio y ve los signos de la Fe, se encuentra por medio de ellos con Jesús Resucitado. “Señor Jesús creemos que estás vivo aunque no te hemos visto, lo sabemos porque tú te nos has revelado por la Palabra y el Espíritu. Estamos agradecidos porque nos regalaste la fe, la vida y tu amor que nunca mueren y que nos resucitan una y otra vez a lo largo de los años. Gracias Señor por el bautismo y por hacernos parte de tu Iglesia, porque estar en ella y con ella es estar contigo. Gracias Señor y bendito seas por siempre” Amen. ¡FELICES PACUAS! +Manolo Subir al índice


2011 VIGILIA PASCUAL Queridos hermanos: Nos hemos reunido en esta Noche Santa para celebrar con la Vigilia Pascual y la Misa de Resurrección una nueva Pascua del Señor. Todos los signos de la Liturgia de la Iglesia nos hablan de vida y de luz, bendecimos el fuego nuevo, encendemos el Cirio Pascual y con nuestros cirios encendidos en la llama del Cirio simbolizan la unión de la Luz del resucitado con la luz de nuestra fe, iluminamos el templo que está en penumbras, son las luces que iluminan la noche del mundo y disipan las tinieblas del pecado y la muerte. Escuchamos la Palabra de Dios que nos recuerda la Historia de la Salvación hasta llegar al anuncio de la Resurrección del Señor, centro o corazón de toda esa historia y de la Biblia toda. Bendeciremos el Agua del Bautismo, renovaremos las promesas bautismales y seremos rociados con el agua nueva y por último terminaremos esta fiesta con la Comida y Bebida Pascual, la Eucaristía, nuestra fiesta por excelencia. Detengámonos a reflexionar acerca de lo que nos relata el Evangelio de Mateo:“Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro”. El apuro del viernes por la tarde y la llegada del Sabat, les había impedido velar y estar con el Señor que había muerto en la Cruz y a quien ellas habían acompañado hasta el Santo Sepulcro. Ya podían salir para visitar ese lugar que para ellas se había convertido en un lugar especial y tan significativo, allí estaba el amado y seguido. Allí yacía el que se les manifestó y a quien siguieron muy de cerca durante tres años y el que les fue quitado de una forma tan violenta. Es la memoria de quienes no olvidan, es búsqueda de la fe y del amor lo que las mueve junto con la tradición de visitar las tumbas de sus seres queridos, costumbre que está por cambiar aunque ellas aun no lo saben. “De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos”. El temblor, el descenso del Ángel del Señor, el paso del Señor de la muerte a la vida gloriosa hacen que el universo, allí representado tanto como el mundo celestial lo manifiesten. Es el cambio de las promesas al cumplimiento de ellas, es el paso del dominio del pecado y de la muerte al de la gracia y el favor de Dios y de la vida que triunfa y somete la muerte al señorío del Resucitado que ya no está ni encerrado ni preso de la muerte. “El Ángel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba y vayan en seguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán'. El nuevo testamento dice muchas veces, tanto en labios de un ángel enviado por el Señor, o del mismo Jesús: “No teman”. ¡Poderoso señor el miedo! que tanto mal ha hecho y hace en el mundo y en el corazón del hombre, sobre todo en el corazón del que no tiene fe, del que no tiene la luz del resucitado. Ellas con el temor y el asombro por lo que han visto y oído se abren a la misión de ir y anunciar, el mensaje del ángel primero y del Señor Resucitado que confirma con su aparición el mensaje que habían recibido el mensajero celestial. “Esto es lo que tenía que decirles" Esto es lo que tenemos para decirle al mundo y al hombre que ayer, hoy y mañana estarán siempre atemorizados por la presencia del mal, del miedo en todas sus formas y a quienes les falta de todo porque no tienen esa vida de comunión con el Señor que está vivo y que da vida a la vida. “Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos” Experiencia de encuentro que saca de la parálisis de la perdida y que se convierte en obediencia y acción apostólica para transmitir lo que han visto y oído, para ser testigos de la Resurrección del Señor. “De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". En pocos segundos pasan de ver y oír al Ángel de Señor y el sepulcro vacío a la visión directa del Señor que se les manifiesta resucitado. Jesús se les aparece vivo para robustecer la fe de ellas primero y de los discípulos después. Ésta es la función que tienen las apariciones del Señor. Los discípulos estaban golpeados por la pasión y la crucifixión, están encerrados y llenos de miedo, pero no han perdido la fe, lo más profundo de ellos está vivo, solo que permanece en la oscuridad propia de quien está atormentado por su culpa y el sentimiento de fracaso o el dolor de su propia frustración. “Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él” Ellas están en la atmósfera de lo divino y como Moisés ante la zarza que arde sin consumirse, se postran y lo adoran, se abrazan a sus pies, lo ven, lo tocan, lo experimentan. Ya no creen por lo que les dijeron, ahora saben que está vivo y es lo que van a contar a todo aquel que quiera escuchar y compartir su experiencia que se ha convertido en Palabra de Dios para quienes escuchan y creen en su testimonio. Jesús ya está pensando en nosotros los que nutrimos nuestra fe bautismal con la palabra de Cristo, la comunidad que celebra sus distintas formas de presencia y que en la Eucaristía alimenta esa fe que nace de la experiencia de los testigos oculares y que se nos ha trasmitido de boca en boca y de corazón a corazón. Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán" El Señor que conoce profundamente el alma humana sabe cuanto bien hace cambiar de lugar para abrirse a lo nuevo. Para los discípulos, en ese momento, Jerusalén está, en su memoria asociada a la traición de Judas Iscariote, las negaciones de Pedro, el abandono y cobardía de todos, la cruz, el rechazo del pueblo y la muerte del Jesús en la cruz. Moverse a Galilea era dejar atrás todo eso para abrirse a lo nuevo y a la misión que Jesús precisamente ellos les va a confiar. Es como un nuevo comienzo pero sobre otros fundamentos, sobre otras seguridades porque las falsas quedaron también muertas y enterradas en Jerusalén. Ya el proceso de formación de la Comunidad Apostólica se está completando, comienzan de ahí en más los hombres nuevos, regenerados por la experiencia de sus límites y el poder del Resucitado. Ahora pueden ir por todo el mundo que apoyados en Él lo podrán todo, hasta derramar la sangre y morir por su fe. ¡¿Que cambio no?! Demos gracias a Dios por llamarnos a una experiencia y a una fe que es nuestro triunfo en Jesús sobre todo lo que nos llena de miedo o nos priva de la vida que Él vino a traernos, para lo cual se encarnó, murió y resucitó. Con renovado amor.+Manolo Subir al índice


DOMINGO DEL “SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO” Nos preguntamos que sentido tiene celebrar este domingo al Santísimo, si lo celebramos todo los días y los domingos, ¿es que no alcanza?, ¿para qué festejar este misterio de la Fe? 1. Si nos fijamos con detenimiento el Credo no habla de este Misterio. No dice una sola palabra en referencia a la Celebración Eucarística y uno pensaría por qué no se dice nada. Es que para la primera comunidad apostólica lo central era el Kerigma, el primer anuncio, suscitar la fe, anunciando la Resurrección y el Perdón de los Pecados y la vida nueva que manaba del Misterio Pascual de Cristo. 2. San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, llama a la Misa “la fracción del Pan” que los discípulos celebraban con alegría, por las casas y en un mismo Espíritu. San Pablo hace mención a “la Cena del Señor” en 1 Cor. 11,23. Y los evangelios nos recuerdan la multiplicación de los panes y la Ultima Cena de Jesús con los discípulos y en el contexto de la Pascua y en vísperas de la Pasión. Sólo San Juan le dedica el capítulo 6 de su Evangelio a revelarnos en misterio del Pan de Vida 3. La teología acerca del Misterio Eucarístico y gracias en gran medida al pensamiento de Santo Tomás de Aquino, tardó 12 siglos en plasmarse. Y resulta que, hoy, el Pueblo de Dios participa de este misterio a lo largo del Año litúrgico y que a excepción del Viernes Santo, todos los días y todos los domingos del año, la Iglesia nos llama a reunirnos entorno del Altar para hacer “memoria, presencia y profecía del Señor hasta que vuelva”. 4. Es entonces muy razonable y necesario que en cada Diócesis, el Obispo, el Clero, los Religiosos y todo el Pueblo Fiel, se reúnan a Celebrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, misterio de la Fe y hacer la procesión por las calles con el Santísimo expuesto, para que reciba públicamente la alabanza, la adoración y la acción de gracias que merece. Si bien todos los domingos, como les decía celebramos misa, este domingo en especial ponemos atención en la Presencia Real de Cristo en el Santísimo Sacramento. Si bien todos los sacramentos dan la vida del Espíritu, la Vida Nueva, la Salvación, nos Justifican, nos dan o nos devuelves la Gracia de Dios, en el Santísimo Sacramento está presente el Autor de la Salvación, el Señor de la Vida, que se ha quedado para siempre entre nosotros hasta que vuelva por segunda vez en esplendor de su gloria. 5. El culto de la presencia real de Cristo, tiene formas como la visita al Santísimo, la Adoración Eucarística y la Procesión de Corpus. La Iglesia en el Concilio Vaticano II ha hecho mucho hincapié en la Celebración Eucarística, en la centralidad del Misterio Pascual del Cristo como fundamental para la espiritualidad cristiana. Recomienda vivamente la celebración y la participación frecuente de la Misa y, de ser posible, diaria del Sacrificio del Señor y la devoción a su Divina Presencia en el Sagrario y la Exposición del Santísimo. Si hay algo que el Concilio, nos ha dejado y ha metido hasta la médula en el alma es la Eucaristía como alimento especial de la fe, que junto con la lectura y meditación del la Palabra, son ingredientes indispensables de la Espiritualidad Cristiana del Siglo XX. Alabemos, celebremos, adoremos la Divina Presencia de Cristo, demos gracias y vivamos la Comunión en Él dejando de lado lo que circunstancialmente pueda distanciarnos ¡Es tan grande lo que nos une en cada comunión! que no vale la pena estar alejados. “Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar y la Virgen concebida sin pecado original” Con el afecto del corazón+Manolo Subir al índice


SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
“Gloria a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo”
La revelación implícita de la Trinidad en el Antiguo Testamento, se hace explícita en el Nuevo Testamento. ¿Cómo se muestra esta revelación en los evangelios? Son cuatro las expresiones que afloran en ellos: 1. La iniciativa de Dios que crea por amor y que no abandona al hombre después del pecado sino que le promete la salvación. 2 La realización histórica de la Promesa de Dios, se hace presente al enviar a su Hijo que se encarna por obra del Espíritu Santo en María Virgen, “ la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” El Hijo-Palabra “obedece aceptando la muerte y muerte de cruz”. Se ofrece a Dios en la cruz como “víctima propiciatoria por los pecados” y redimir a los hombres “según el previo designio de Dios”. Fue sepultado y el Padre lo resucita de entre los muertos lleno de gloria, constituyéndolo Señor y Salvador. Jesús de Nazaret, es el Hijo del Padre: “Este es mi Hijo muy querido en quien me complazco, escúchenlo”. Jesús revela su conciencia de ser ese Hijo: “ha de saber el mundo que amo la Padre y que hago lo que Él me mandó” La suprema adoración que el Hijo encarnado ofrece a Dios, es obedecer a su Padre por amor y salvarnos del pecado y de la muerte eterna. La encarnación, pasión, muerte y resurrección tiene por protagonista histórico a Cristo Jesús, pero tiene por inspirador al Dios Amor, que llega al extremo de entregar a su propio Hijo por nosotros los hombres y por el universo entero, pues nada ha quedado fuera de la salvación obrada en Jesucristo, el Resucitado 3. Este misterio de amor y redención se actualiza de modo perenne por el don del Espíritu Santo que el Padre y el Hijo glorificado envían al corazón del creyente, con la misión de configurar al discípulo con su Maestro, al servidor con su Señor, al seguidor con el Camino, al buscador con la Verdad, al mortal con la Vida, al oyente con la Palabra y al hijo con su Padre: “cuando ustedes oren digan Padre nuestro”. Esta solemnidad que celebramos hoy nos ayuda a poner al Dios Uno y Trino en el centro del credo, de la fe y de la experiencia del encuentro con la iniciativa de Dios que nos crea por sobreabundancia de amor y de vida, llamando a la existencia todo lo que existe. Con la redención del Hijo que libera, salva y sana por la fe a todo aquel que cree en Él. Y con la acción del Espíritu que revela y enseña, como Maestro Interior, la Verdad completa: “el Espíritu de la verdad los llevará a la verdad y les recordará lo que les he dicho”. Cuando fuimos bautizados en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Dios nos sumergió en su misma vida, así como nos dice san Pablo, “en Dios somos, nos movemos y existimos” y fuera de Él la nada y el vacío. Así ser creados por el Padre, redimidos por el Hijo y habitados por el Espíritu, es lo que nos revela la Palabra del Evangelio de un modo claro y explícito. 4. La Iglesia Pueblo de Dios y Cuerpo Místico de Cristo, esta en el mundo para mostrarle “este misterio escondido por siglos”. No lo hace de cualquier manera sino desde el testimonio de unidad y diversidad, uniendo en Ella la diversidad de los pueblos y las culturas en la confesión de una misma Fe. También en virtud de su naturaleza intrínsecamente comunitaria le dice al hombre que él y su sociedad son también trinitarias, nadie puede vivir sin el hermano el camino de la fe, nos puede ser persona e hijo si ignora al otro, porque esto sería ignorar al mismo Dios, ya que poco puede mostrar al mundo un creyente que piense que puede estar en comunión con Dios si no está en comunión con sus hermanos. El cristianismo es esencialmente comunitario, es esencialmente trinitario “nadie puede decir que ama a Dios a quien no ve y no amar su hermano a quien ve”. Desde el Evangelio el Señor nos sigue proponiendo su proyecto, pero es claro el mensaje de común unión que se nos presenta hoy. Que cada uno, con la ayuda de Dios, vea como hace vivo este Misterio en su propia vida, en su manera de verse, entenderse y relacionarse con Dios y con la soceidad.+Manolo Subir al índice


DOMINGO DE PENTECOSTÉS Hech 2,1-11. “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo” Nos preguntamos este domingo: ¿Es Pentecostés un hecho del pasado o podemos revivirlo hoy”?, 1. El beato Juan XXIII llamó al Concilio Vaticano II un nuevo Pentecostés para toda la Iglesia y esto lo decía en 1961 cuando convocó al Concilio Universal en Roma. Desde entonces estamos viviendo una renovada Efusión del Espíritu. Una verdadera transformación de la conciencia personal y comunitaria, para volver a nuestras raíces y descubrir nuestra más profunda identidad como Pueblo de Dios en la historia y Cuerpo Místico de Cristo, presentes en el mundo como una realidad orgánica y puesta al servicio de la Humanidad, para anunciar el menaje de Jesucristo, Muerto y Resucitado, Redentor del hombre y Mediador nuestro ante Dios, y que nos asegura la perenne efusión del Espíritu. Este DON convierte a la Iglesia en el instrumento de Dios para que “todos los pueblos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad”. Cuando nos descubrimos, a la vez con temor y alegría, parte de este renovado impulso misionero estamos realizando una vez más lo que celebramos hoy: “todos quedaron llenos del Espíritu Santo” y “todos los escuchaban proclamar, en su propia lengua, las maravillas de Dios” LA maravilla que Dios había hecho en su Hijo al resucitarlo de entre los muertos y enviar al Espíritu Santo prometido. El mismo que acababan de recibir los testigos de ese acontecimiento y que sería dado a todo aquel que creyera en el Nombre de Jesús y lo confesara Salvador y Señor. 2. Cuando la Escritura describe la acción del Espíritu, lo hace usando elementos simples y a la vez transformadores: Agua Viva, Fuego, Viento Impetuoso; es decir que cuando el Espíritu entra en contacto con algo eso ya no queda igual sino que ha cambiado. El agua por donde pasa da vida hasta al mismo desierto. El fuego trasmite de tal forma su calor y su luz, que lo que ha sido tocado por él ilumina y quema al que lo ve o lo toca. El viento cuando pasa por un lugar transforma el paisaje dejando en el las huellas de su paso. Así el Espíritu es la “dínamis” la fuerza de Dios, la fuerza de Cristo, presente en el interior, el alma o el corazón del que ha sido tocado por Él. Cuando nos hacemos concientes de esto descubrimos que ya no somos los mismos, que fuimos transformados que como San Pablo estamos “prisioneros del Espíritu Santo” y que es Él el que conduce nuestra vida, llevándonos a ser y a hacer lo que jamás pensábamos que seríamos capaces. Si esto no fuera así ¿de qué transformación estaríamos hablando? como cantamos cuando hacíamos la catequesis “por donde Él pasa todo se transforma, todo se ilumina, nada queda igual”. A veces pensamos que la evangelización, que el don del Espíritu o que Jesús mismo, vino para “pegarle una barnizada a la humanidad” pero que en el fondo nada cambió y que todo sigue igual. Nos parece que desde hace 2000 años nada es igual. Que hay un cambio sustancial del hombre, de su vida y su mundo y, que una nueva criatura se ha manifestado. Que hay un nuevo nacimiento “por el agua y el Espíritu”, que tenemos una forma nueva y original de concebir al hombre y su mundo, que tanto el uno como el otro caminan a ser Reino de Dios. 3. Hoy reafirmamos nuestra fe en Jesucristo y damos la bienvenida al Espíritu que nos inflama e impulsa a la misión, a seguir haciendo la Nueva Evangelización, al que le dejamos que nos “use” como sus instrumentos para buscar la comunión con Dios y entre nosotros y así quienes nos ven deseen también compartir el Espíritu que nos une y anima. Hoy quedamos llenos del Espíritu para salir a decirle al mundo que Dios lo ha amado tanto que “le dio su Hijo Unigénito para que todo el que crea en Él no se pierda sino que tenga vida eterna” Hoy profundizamos la conciencia de ser Iglesia y que nuestra identidad es anunciar a Jesucristo Resucitado y que se nos ha dado “la fuerza que viene de lo alto” para realizar esta misión que es tarea de todos los bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Ven Espíritu Santo! Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


DOMINGO VII DE PASCUA “LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR” Lc 24,24-53 “mientras los bendecía, se fue apartando de ellos y elevándose al cielo” Terminan hoy los domingos de Pascua y se abre la puerta a la celebración de Pentecostés, con su novena al Espíritu Santo, la Vigilia y la Celebración del don del Espíritu, que Jesús junto al Padre, envía sobre su Iglesia. Con este regalo divino comienza el tiempo de la Misión, del Envío de la Iglesia a evangelizar a todos los pueblos, acción que durará hasta que Jesús venga por segunda vez en el esplendor de su gloria. “Me voy a prepararles un lugar… para que donde Yo esté, estén ustedes también”. Hoy se completa el contenido del anuncio primordial o kerigma de la Iglesia. Es el mensaje vivo y apasionado que los discípulos anunciamos desde hace 2000 años: “Dios envió a su Hijo el que murió en la Cruz para el perdón de los pecados. Dios lo resucitó de entre los muertos para justificarnos por medio de Él y después de purificar al mundo volvió a Dios, de donde había salido, para comunicar su Espíritu a todos los que creyeran en el mensaje y en el Nombre del que murió y resucitó”. Quien cree en este mensaje y se bautiza, queda perdonado y recibe la gracia de la presencia del Espíritu Santo prometido. Así, de la Encarnación del Hijo de Dios hasta Pentecostés, es de lo que la Iglesia predica a todo aquel que necesita salvarse y recibir la Vida del Espíritu de Jesús por la fe que suscita el mensaje sobre Jesús resucitado y el don del Espíritu. Como fruto del mensaje y la acción del Espíritu, el que cree se une a la Comunidad de los bautizados no solo por el agua sino en el Espíritu Santo. Termina hoy el tiempo del Jesús histórico para dejar lugar al Cristo de la fe: “Yo estoy con Uds. todos los días hasta el fin de los tiempos” El señor está presente y junto a sus discípulos de un modo invisible pero no por eso menos real. Esta presencia viva de Jesús Resucitado se manifiesta en la vida de cada Comunidad Cristiana. En esta “todos tienen un solo corazón y una sola alma”, todos hablan un mismo idioma el del amor fraterno, “en esto reconocerán todos que son mis discípulos en el amor que tengan los unos por los otros”. Lo que Jesús pidió al Padre durante la Última Cena “que sean uno para que el mundo crea” lo hará efectivo en la Iglesia por el don del Espíritu para lo cual sube al cielo para enviarlo de junto a Dios el día de Pentecostés. Ascensión y Pentecostés son inseparables La vida de amor fraterno es el testimonio que cada Comunidad Cristiana da al mundo como signo de la presencia de Jesús. El Señor y Salvador vive en cada discípulo que cree y comparte la fe que se le ha dado de manera personal “no son Uds. los que me eligieron a Mí sino que Yo los elegí y los destine para que vayan…” Del mismo modo que tenemos el don personal de la fe, también tenemos con nuestro nombre un lugar en la casa del Padre, junto a Dios y en la mesa del Reino. Es como si Jesús nos dijera hoy a cada uno de nosotros: “aquí está tu lugar y leyéramos en él nuestro nombre” Así es el Amor de Dios, personal, intransferible, para cada uno por su nombre y no al montón. De aquí surge con toda su fuerza la importancia de nuestra aceptación del Amor de Dios, infinito y tan rico de formas y expresiones. Amor que se nos ha dado a conocer en Jesús, cuando nos eligió y nos llamó porque nos quería para siempre con Él. Como decía aquella canción de los años ’80: “es algo tan profundo comienza en este mundo, culmina junto a Cristo”. Hoy, en esta fiesta de la Ascensión del Señor, hacemos fiesta y júbilo porque Dios es fiel y cumplió, en Cristo, lo que había prometido en la predicación de su Hijo Amado: “voy a prepararles un lugar y volveré a buscarlos” esto también lo cumplirá con cada uno de nosotros. Hoy sabemos donde terminará nuestro camino de fe. Es junto al Dios “que nos hizo para Él y en quien por fin encuentra descanso nuestro inquieto e insatisfecho corazón”. Así como en Navidad conocimos nuestro origen hoy se nos revela nuestro final. Basta creer y poner en Dios nuestra esperanza para tenerlo y disfrutarlo. Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


DOMINGO VI° DE PASCUA “El que me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará y haremos morada en él" Seguimos leyendo el capítulo 14 de Juan que hoy nos habla de nuevos signos de vida. 1. Uno de los frutos de la Pascua es LA FIDELIDAD del discípulo hasta tal punto que decir discípulo y fiel es la misma cosa, así se nos nombra, “los fieles de Cristo reunidos para escuchar la Palabra de Dios y celebrar la Eucaristía”. Esto tiene sus consecuencias; así la Palabra del Evangelio genera la fidelidad en aquel que la escucha, ya que el que se abre a Ella queda prendido, seducido, enamorado del corazón del Hijo de Dios que palpita en sus dichos y hechos. Una persona humana, es decir la nuestra, queda unida a la Persona Divina de Jesús. Esto es lo que nos pasa cuando creemos de verdad; nuestro trato con el Resucitado se vuelve intimidad y comunión de pensamientos y de sentimientos con Él. Es la fidelidad del que es amigo del amigo por esa corriente de afectividad que toca todo el ser y que se compromete con la Palabra y la vida del OTRO. Esa vida, es Vida Eterna para el que se anima a vivir la fe y no solo a llenar la cabeza de conocimiento o información acerca de Jesús; cosa que no puede transformar la vida, pues es de lo que se trata aquí. La voluntad del que nos amó hasta el fin, es precisamente que tengamos una Vida Nueva, dejando atrás la vida vieja como un recuerdo de un pasado que ya no vuelve “a enfrentarse con mi vida”, porque quedó irremediablemente atrás, pues para Jesús esta vida como la nuestra quedó para siempre atrás en el Santo Sepulcro y después de su Resurrección. 2. Cuando el Padre ama engendra hijos para la Vida y para compartirles su Gloria. Si como Creador nos había predestinado a participar de su eternidad, desde la Resurrección de su Hijo, ya no espera las criaturas sino a sus hijos. Es más aun, su Amor es tan grande, que cuando nos abrimos a ese amor, Él nos ama y viene a vivir en el interior de los que creemos y lo aceptamos con alegría. Entonces ya no hay que “ganarse su amor” por las obras de beneficencia, como creían los judíos, para que nos quiera, sino que LA obra primera de la que surgen las demás es creer en Aquel que El nos ha envido ¡Cuánto gozo para el Padre ver que creemos en su Hijo! que lo aceptamos y nos quedamos con Él ¡Cuánto gozo para Él! ya que lo que perdió por causa del pecado lo ha recuperado por la Pascua de su Hijo, esto es: SU LUGAR EN NUESTRO CORAZÓN. ¿Qué padre no quiere estar en el corazón de sus hijos? pues Dios, infinitamente más que cualquier padre humano por bueno que sea.3. El tercer signo de vida que Jesús nos anuncia hoy es: “MI PAZ LES DEJO, MI PAZ LES DOY” paz para nosotros los fieles de su comunidad eclesial y en nosotros para darla a todos los hombres. Si hay algo de lo que tenemos que hacernos cada día un poco más concientes, es que desde que Jesús murió y sobre todo resucitó de entre los muertos, ya no hay enfrentamiento, ni distancia ni condena para los hombres. La ira de la justicia divina, generada por el primer pecado, por Cristo muerto en la cruz, se ha cambiado definitivamente en AMOR MISERICORDIOSO, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, estas palabras suenan como la absolución que nos deja libres y limpios de pecado. Por eso lo primero que anuncia el resucitado a sus discípulos es: “LA PAZ ESTÉ CON USTEDES”, esta paz la alcanzamos por la fe en el Crucificado-Resucitado. Paz que desciende de “SUS LLAGAN SANTAS Y PURAS”, las que definitivamente interceden por nosotros junto a Dios. Hoy y cada día es un día de paz para el que cree y se abandona en los brazos del Padre amoroso. Él no rechaza sino que acoge a cada hijo que vuelve a su casa, a llenar un lugar vacío y que siempre estuvo preparado para él ¡¡¡¿Cómo no estar en paz si Dios no esta en guerra con nosotros?!!! Cabría pensar si no somos nosotros los que estamos en guerra con nosotros mismos y por qué, ¿será que también estamos encerrados como los discípulos el Domingo de Pascua? Esperando que les sea de provecho espiritual y pidiéndoles a todos que rueguen especialmente por nosotros, los curas!!! +Manolo. Subir al índice


DOMINGO V° DE PASCUA Jn 13,34-35; “Así como Yo los he amado, ámense también ustedes…” El signo de vida de este V° Domingo de la Pascua, está expresado en este segundo nivel del Amor del que habla Jesús en los Evangelios:“así como Yo…” el más alto será cuando diga que: “no hay amor más grande que dar la vida por…” del capítulo 15 de Juan. Su Iglesia está en medio de un mundo dividido, enfrentado por el odio en todas sus formas, por los celos y la envidia, en definitiva un mundo con cultura de muerte, ya que todos estos pecados llevan a tener “una cultura de la muerte” como la acuñó Juan Pablo II. Es en este mundo que se desangra, que no respeta nada ni a nadie, que depreda los recursos naturales, en el que el afán de lucro sin importar el costo lo es todo; donde el hombre no es sujeto de derechos sino objeto de explotación y descartable a los 35 años, en el que los cristianos estamos llamados e impulsados por Jesús a amar como Él amó, a amarnos entre nosotros como, para que todos sepan que somos sus discípulos y viendo ese testimonio crean y el Señor los salve. Juan Pablo II nos urgió a construir una “civilización del amor” a formar “una cadena más fuerte que los lazos de la guerra y de la muerte”. Cuánto más se han agravado los problemas del mundo desde entonces, cuántas nuevas y sangrientas guerras, cuánto desprecio por la vida y la dignidad de la persona ya desde la concepción y en la etapa final de su vida. Qué decir a nivel más doméstico: los estragos que el desamor produce en nuestros niños y jóvenes. Cuánto daño que, por falta de amor en su niñez, hoy hacen muchos hombres y mujeres a sus familias y a la sociedad entera. Cuántas ausencias de amor son compensadas por el alcohol y el paco en nuestros adolescentes, y así podríamos seguir con una lista interminable de tragedias, que todos conocemos bien.

Entonces ¿sabía Jesús lo que sobrevendría al mundo cuando nos dejaba este mandamiento? Claro que si y por eso nos lo deja a sus discípulos, para mostrar al mundo una salida. Es más, sentiría en carne propia el desamor del mundo y en especial de nosotros los hombres. Lo sabía todo mucho antes de que sucediera el primer hecho de desamor después de su muerte y resurrección, aún así, Él murió y resucitó, para darnos pruebas de que el amor es más fuerte y superior al odio, y que el amor-vida triunfa sobre la muerte. Así el amor mutuo de los discípulos es expresión de la Vida resucitada del Señor en la Comunidad que lleva su Nombre. Donde reina el amor no hay espacio para otra cosa más que nuevos “amadores”, aunque ese reinado del amor sea el fruto de un camino no exento de dificultades, con la gracia de Cristo, se lo puede seguir con abundantes frutos para quienes lo transiten. Con este amar como Él nos amó, Jesús está poniendo cada día uno de los fundamentos de su Iglesia, pues junto con de la fe y la esperanza, el amor mutuo será el distintivo que caracterizará a quienes lo sigamos. Este deseo del Señor quedará plasmado con la Efusión del Espíritu, que dará a luz la Comunidad de los que aman como Cristo en el mundo y de los que aman este mundo al que:“Dios amó tanto que le dio a su Hijo Único para que el que cree no muera sino que tenga vida eterna” Nos parece que no hay que fugarse del mundo sino amarlo como lo amó Dios y, con su Amor, transformarlo en el lugar del encuentro entre Dios y los hombres, llamados a ser sus hijos en el Hijo que murió y resucitó para salvarlos. Creo que esta misión nos excede por completo a nosotros y es así de cierto y Dios es el primero que lo sabe, pero nos llama a ser sus instrumentos, ya que sólo Él tiene poder para cambiar el mundo, así que a nosotros nos cabe confiar y fiarnos; en definitiva Jesús lo va a hacer con nosotros y por medio de nosotros. Nuestros ojos serán sus ojos, nuestra voz será su voz, nuestras manos serán las suyas y nuestro corazón será el suyo para seguir amando y salvando, sólo nos queda decir Amén, que así sea. Con todo cariño.+Manolo Subir al índice


DOMINGO IV DE PASCUA “DEL BUEN PASTOR O DE LAS VOCACIONES” “Mis ovejas escuchan mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen” El signo de vida que nos presenta este domingo la Palabra del Evangelio es el del Pastor y el rebaño. Este tiene un pastor que da la vida por las ovejas, les da vida eterna y que no perecerán jamás. Un rebaño que escucha, esta palabra no está dicha al pasar, sino que es una característica fundamental, ya que no se puede ser del rebaño si no se decide escuchar que es una condición para la pertenencia, una fe verdadera y de la comunión con el Pastor y el con todo el rebaño. “Ellas escuchan mi voz” una voz que habla desde la Palabra de Dios y que la escucha todo aquel que quiere salvarse y no perderse, todo el que acepta y se adhiere libremente y permanece en el rebaño, reconoce la voz del pastor en su interior y se deja conducir él. “Yo las conozco” esto es mucho más que un razonamiento sobre la naturaleza de las ovejas, es la experiencia sorprendente de quien convive con las mismas. Así nos conoce Jesús el Buen Pastor, no le han contado de nosotros sino que ha venido a vivir con nosotros, a hacerse presente, a darse a conocer y a conocernos en un intercambio absolutamente nuevo y original, insospechado y toda una sorpresa en la historia de la humanidad y de las religiones, ya que en ninguna de éstas, el Pastor es Dios hecho hombre. Por la Encarnación del Hijo Eterno de Dios, Dios ha estado y está en medio del rebaño, presente y activo dando vida a sus ovejas, invisible a los ojos del cuerpo pero si visible a los ojos del corazón que, iluminado por la fe, reconocen en la Palabra del Pastor y los signos de esa fe, la voz y la presencia del que conduce, acompaña y cuida de sus ovejas. “Ellas me siguen” atraídas por el pastor, serenas y pacíficas, se sienten seguras, le creen y lo siguen, se dejan mostrar el camino, se dejan alimentar y confortar por él, y si se hieren o se enferman las sana y la cuida hasta que recuperan la salud y vuelven a caminar tras él. Ninguna se pierde porque nadie se las puede arrebatar de su mano. Él las tiene porque son suyas y las ha adquirido a precio de su vida y su propia sangre, son lo más valioso que tiene. También se podría decir que estando el pastor con su rebaño, el que huye es el lobo que pretendía hacerlas presa, que al verlo se va espantado y atemorizado. Hacer oír la voz, conocer y conducir, son tres características entre otras de la tarea del que ha recibido y aceptado la misión de tener personas a su cargo. Es difícil encontrar a alguien que no tenga a alguien a quien instruir, con quien compartir su tiempo y a quien conducir. Todos los que en definitiva cuidan a otros, tienen en las actitudes del Buen Pastor una fuente inagotable de inspiración y de crítica para saber cómo están haciendo su tarea, si por intereses mezquinos o por razones llenas de generosidad y amor por las personas a su cargo. Para Jesús Pastor Bueno, hay una sola manera de hacer las cosas, es hacerlas pensando en el bienestar y la salvación del rebaño encomendado. Oremos para que Dios siempre nos provea de Pastores según su corazón lleno de ternura, compasión y coraje para servir a la Iglesia y a toda la humanidad, para que un día haya un solo rebaño y un solo pastor, como Jesús soñó y anunció. María reina de los Pastores proteja a todos los que han dicho sí y se han entregado por el rebaño de su Hijo.+Manolo Subir al índice


III° DOMINGO PASCUAL Jn 21,17. “Simón, hijo de Jonás, ¿me quieres más que estos? Señor, Tú lo sabes todo…” Después de la pesca milagrosa, de los 153 peces grandes, de la comida en silencio de los discípulos con Cristo Resucitado a orillas del mar de Galilea, Jesús rompe el silencio para dialogar con Pedro acerca de su amor por Él y que debe ser superior al de los demás, que si bien lo quieren, Pedro los debe preceder en la Caridad, porque a Pedro se le confiará todo el rebaño de Cristo, incluidos sus propios hermanos apóstoles. En la Iglesia Única y Católica, hará las veces de Cristo en la Tierra, será la Piedra y la Cabeza visible de toda la Iglesia y su centro de Unidad; así, estando con Pedro no sólo estará reunida la Iglesia sino presente Cristo mismo, Sumo Sacerdote, Maestro y Pastor del Pueblo de Dios. Éste es el tema del Primado de Pedro dentro del Colegio Apostólico y de quien preside a toda la Comunidad Eclesial; por esto cada vez que celebramos el don de un nuevo Papa, nosotros cantamos “Tú es Petrus” Tu eres Pedro. Esta unidad en torno a uno solo y una autoridad que esté por encima de todos, con un Magisterio y una Autoridad Universal, nos la envidia más de una confesión cristiana separada, porque ellos mismos sufren la división y subdivisión de sus Comunidades, y siendo tan apegados a la letra del evangelio, les cuesta mucho vivir aquello de “Padre que sean uno, como nosotros somos uno” Jn 17. Pero yendo al diálogo entre Jesús Resucitado y Simón Pedro, vemos que Jesús lo interroga por tres veces, acerca de su amor. Hay un detalle que no podemos pasar por alto: “¿Pedro me amas más que estos? Si Señor Tú sabes que te quiero. Apacienta mis corderos. ¿Pedro me amas más que estos? Si Señor Tú sabes que te quiero. Apacienta mis ovejas. ¿Pedro me quieres? Pedro hace una pausa llena de dolor y vergüenza, porque le preguntó por tercera vez y todos sabemos lo que significaba en la memoria de Pedro, las tres negaciones del Jueves Santo por la noche. Parece hasta cruel Jesús al removerle la herida, pero en realidad es lo mejor que podía hacer por su amado amigo, sacar definitivamente la infección del amor propio, la presunción y el apoyarse en sí mismo. Por eso Pedro, rendido ante su propia impotencia y desconfiando de sí mismo, se apoya para siempre en Jesús y le contesta: “Señor, Tu sabes todo, Tu sabes que te quiero.Y la respuesta de Jesús: Apacienta a mis ovejas” Pedro está interiormente sano, para realizar la misión que Jesús le confía y luego le dice: “ven y sígueme” así la respuesta de Pedro no es un, SI dicho desde él mismo como antes, sino una respuesta que se apoya en la confianza puesta en el Amor su Amigo del Alma, que ha conservado su elección y fidelidad, más allá de los errores que haya cometido su amigo Pedro. Esto nos muestra claramente que la negación de sí mismo, es afirmarse en Jesús, desconfiar de uno mismo es confiar en Él, dudar de nosotros mismos es aprender a estar seguros de Cristo que no cambia como nosotros, que un día lo damos todo y al otro día lo quitamos todo, porque mal creemos de nosotros mismos y pensamos que solos podemos con la respuesta a Cristo. Confiemos y comulguemos con la fortaleza del Pastor Eterno, que siempre está y que nunca se borra. +Manolo Subir al índice


DOMINGO II de Pascua Jn 20,19-31; “la paz esté con ustedes y les mostró las manos y su costado…” Este segundo domingo desde hace algunos años celebramos, la devoción al Jesús de la Divina Misericordia, su magnífico icono y el mensaje del Amor Misericordioso, situado en el corazón de un siglo que fue una vergüenza para toda la humanidad, testigo de los procesos donde no abundó ni el amor ni la misericordia, sino que el odio y las guerras, generaron hechos y acontecimientos que pusieron al descubierto lo peor de la condición humana. Gracias a Santa Faustina, su temple y su paciencia por dar a conocer lo que Jesús le decía en su experiencia mística y, dejó plasmado en el mensaje de la Misericordia en su bellísimo diario, nos ha inspirado a la confianza y a creer que hay misericordia para todos, incluyendo a los desesperados que piensan que están excluidos y que lo que hicieron es imperdonable, nada por grave que sea es imperdonable para este Jesús Misericordioso, que como aquel primer domingo, “les dio la paz y les mostró sus manos y su costado”. Nada valoramos tanto como aquello que nos ha costado mucho y por lo que hemos hecho grandes sacrificios ¡Cuantos te costamos Jesús! cuanto valemos para Vos. Pongamos la mirada en Jesús Resucitado, que se les aparece vivo, de carne y hueso, radiante y glorioso, mostrándoles sus manos con los signos de la crucifixión y la herida de la lanza en su costado. Son las cicatrices que le dejó su Amor Misericordioso, su amor hasta el extremo, su amor hasta darlo todo por los amados, hasta la vida, “nadie ama más que el que da…”. Ni un reproche a excepción de Tomás a quien le llama la atención por algo que, si nos detenemos, es de importancia trascendental para nosotros “¿ahora crees porque mes has visto? Felices los que creen sin haber visto” es decir todos nosotros. Tomás no cree porque no acepta el testimonio de sus hermanos que le dijeron: “hemos visto al Señor” a lo que respondió: “si no lo veo… si no meto mis dedos… y mi mano… no creeré”, pone sus peros que le duran una semana, hasta que está con los hermanos y Jesús. el segundo domingo, se les aparece resucitado a todos una vez más. Entonces Tomás acuña una expresión que nosotros usamos en cada misa después de la consagración y la elevación de la hostia y el cáliz: “Señor mío y Dios mío”. Esta es la respuesta típica de todo escéptico ante los que otros le cuentan, pero que después es el que más cree, ya que ninguno de los otros dice nada ante el Señor, éste “incrédulo” se rinde ante la experiencia, pero va aprendiendo desde ese momento, a ablandar su alma y a volver más receptivo su oído y su corazón, que es el camino de la fe, porque escucho creo, porque acepto el testimonio me uno a los que creen que Jesús está vivo y que tiene las llaves de la vida, de paz y de gozo que rompe e el encierro y abre, a sus discípulos–amigos–hermanos–apóstoles–testigos, a la Misión “vayan y anuncien a todos…”.+Manolo Subir al índice