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AÑO 2012

DOMINGO II DE ADVIENTO
“Entonces, todos los hombres verán la Salvación de Dios."
Mis amados hermanos: Un nuevo Domingo nos congrega para compartir la Eucaristía, la Palabra y la Vida
1. Estamos en la preparación del Misterio de la Navidad, el Misterio del Emanuel, Dios-con-nosotros. El Domingo pasado nos detuvimos a pensar en la Segunda Venida de Cristo, con los signos que la acompañarán. Signos, señales, acontecimiento de dimensiones cósmicas, pero también liberador de este mundo que pasa y de cuya apariencia debemos ir cansándonos, para abrir la mente y el corazón a las realidades permanentes, porque a nuestra condición espiritual no le alcanza con todo lo que pasa y pasa y en lo que nada queda, esa zozobra, genera angustia, miedo y vacío, y esto es algo insoportable para el hombre. De aquí que no sólo es importante la espera, sino también la posesión de una vida que no está naturalmente en nosotros, sino que viene de otro lado, de lo alto, de donde llega la voz de Dios a Juan el Bautista cuando habitaba en el desierto, y luego el mismo Hijo de Dios que está en medio de un pueblo, símbolo de toda la humanidad oprimida no sólo por la potencia ocupante, sino por la raíz de toda opresión, que es el corazón del hombre herido y enfermo de maldad. Esto nos lleva necesariamente al ministerio profético de Juan y al ministerio público del Señor con sus signos y palabras, con sus gestos y enseñanzas.
Pero no nos adelantemos, ya llegará el tiempo de transitar ese ministerio de Jesús, hoy detengámonos en el profetismo de Juan, que vale por sí mismo, ya que nuestra fe tiene esa unción profética, sacerdotal y real, pero es la primera dimensión la que nos ocupará en todo este tiempo. Hoy vemos el aspecto de anuncio del Mesías, el mostrar quien es, donde está, lo que significó y lo que significa aún hoy, su venida y su acción en la historia.
2. Cuando el evangelio es escuchado con el corazón bien dispuesto las cosas cambian en la vida del que es tocado por el mensaje, hay un cambio de mentalidad, un descubrimiento de lo que no se veía pero que siempre había estado allí. Por eso el anuncio fundamental de este Domingo es “entonces, todos los hombres verán la salvación de Dios” Con los años y la comprensión del ser y la misión de Cristo, su valor y trascendencia, se fue entendiendo que la salvación no era una cosa o unas cosas, sino el Salvador, la fe en él, el seguimiento y el discipulado. Que la salvación también consistía en una nueva manera de vivir en la que la Verdad es el fundamento de todo, y el Amor, el motor y el resumen de todo lo que un discípulo debe saber y hacer; saber amar y saber hacer es un aprendizaje de toda la vida y un ejercicio de todos los días
¿Cómo hacemos esto sin la gracia o favor de Dios? ¿Cómo hacerlo sin que él nos asista y potencie? Imposible. “Todos los hombres verán la salvación de Dios” ¿Cuándo y cómo? Cuando sepamos unir, el anuncio del Evangelio y la justicia social, la Palabra y la promoción humana, la proclamación y la denuncia, con acciones que liberen a los hombres de todo lo que los humille y oprima. Con un mundo tan desparejo e injusto, la salvación de Dios se verá en todos aquellos que no sólo digan, sino que hagan por superar el hambre, la ignorancia, las muertes por causas evitables, la esclavitud y la opresión, porque todas ellas están y reclaman una solución. Así como hay quienes tomas las decisiones para que sucedan todos estos males, deben existir las decisiones y las acciones que les pongan remedio. Los que den a los hombres lo que se merecen por ser tales y no por pertenecer a tal o cual grupo, religión o ideología; entonces “todos los hombres verán la salvación Dios”. Mientras haya un solo pobre, en el más profundo y amplio sentido de la palabra, la tarea de los discípulos de Cristo estará inconclusa, por eso libertad, igualdad y fraternidad, no son sólo valores de la revolución francesa sino del evangelio predicado desde hace 20 siglos.
La Iglesia Madre de Jerusalén, la Iglesia de Pedro desde Pentecostés en adelante, lo vivió y Lucas lo contó en los Hechos de los Apóstoles; permítanme recordárselos textualmente, está en Hechos 2,46-47; “Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo”. Esta vida, este estilo, es profecía por sí misma. Libres, iguales y fraternos, eso éramos y eso somos, para que el mundo crea y recupere una esperanza difícil de sostener en los tiempos que corren, porque no son buenos, el bien es escaso y sobreabunda el mal, por eso lo dicho hoy “todos los hombres verán la salvación de Dios” es a la vez un anuncio, un deseo, un llamado, pero también y sobre todo un desafío. ¿Cómo verán la salvación de Dios si nosotros no se la mostramos? Es nuestro derecho pero sobre todo nuestro deber, no renunciemos a ello, nosotros somos más responsables que otros porque hemos recibido más y en esto no hay ignorancia invencible, ni distracciones ni mucho menos indiferencia, creer y ser indiferentes es absolutamente contradictorio y una falta de respeto a Dios, a Cristo y al hombre, por quien y para quien vino el Salvador.
“Danos Señor el coraje para convertirnos en este tiempo, y que la Navidad sea un nuevo nacimiento para nosotros. Danos esa Navidad interior que tanto necesitamos, te lo pedimos a ti que todo lo haces posible, que colmas todo deseo y que cubres todas nuestras necesidades. Danos el coraje para vivir el evangelio en medio de este mundo complejo y fascinante a la vez, que aunque no lo sabe necesita de Ti, de tu Misericordia y de tu Amor” Amén
Manolo, un cristiano como vos...
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Comenzamos a vivir el tiempo de Adviento
DOMINGO I DE ADVIENTO 2012
Muy queridos hermanos: comenzamos como todos los años el tiempo de preparación a la Fiesta de Navidad del Señor Jesús, es el tiempo marcado por la espera orante y reflexiva del Niño Dios, es la espera del Salvador, del Prometido y el Anunciado. Hacemos memoria de las circunstancias particularmente críticas de la historia del pueblo en el que nació y en una época determinada por la dominación de una potencia extranjera, violenta y ambiciosa, expansionista, pagada de si misma y de su gloria; Roma y está todo dicho, pero con todo esto, en definitiva es su llegada a la vida y a la historia de los hombres, que tantas veces es dramática y hasta trágica, pero que también tiene alegría y satisfacción, gozo y el placer de vivir. Por eso en los planes de Dios todo acaba bien, a pesar de todo, siempre acaba bien y acabará bien.
En Adviento nos preparamos para celebrar el Misterio del Nacimiento del Hijo de Dios, algo que ya sucedió, pero que sigue teniendo significado a 2012 años del acontecimiento. Nosotros nos encontramos hoy en la misma situación que la del pueblo de Israel cuando esperaba la llegada del Mesías, con la diferencia que nosotros esperamos la segunda venida del Mesías, cuyo nacimiento en el pesebre de Belén reviviremos en la próxima Navidad como lo hacemos todos los años.
Las lecturas de este domingo nos alertan acerca de cómo será esa segunda venida en la que creemos y que esperamos y cómo, con qué actitudes debemos estar atentos al sentido de su venida, porque si bien la Navidad es y la vivimos, en algún sentido, con los colores, los pinos, el pesebre, las imágenes, las luces y los fuegos artificiales, porque es una fiesta, sin embargo hay otra navidad que se lleva en el corazón y que es la que importa, porque todo lo demás puede faltar pero esa navidad interior es indispensable, de lo contrario lo de afuera se paganiza y se vuelve vacío y carente de significado.
Respecto de su segunda venida, el Evangelio de Lucas nos llama la atención diciéndonos: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, los pueblos serán presa de la angustia ante el rugido del mar y la violencia de las olas” Lo que nosotros esperamos y lo que sobrevendrá a toda la humanidad, es algo tan grande y maravilloso que son necesarios estos signos o imágenes apocalípticas para intentar explicarlo. Es la forma en que Dios inspiró a los autores sagrados para revelarnos cómo será nuestro futuro de gloria. Para que viviéramos alertas, esperando y en vigilia, por eso todos los verbos del pasaje que hemos escuchado están en futuro, como lo están los textos que prometían al Mesías y que sostuvieron la esperanza de Israel; así lo que escuchamos hoy sostiene nuestra esperanza que no quedará defraudada, sino que será cumplida ampliamente.
“Los hombres desfallecerán de miedo porque sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán” La dimensión cósmica de nuestra salvación está puesta de manifiesto en el texto de hoy y en todos los que se refieren a ella. Lo bueno de este mensaje es que nuestra vida no termina en el vacío o en la nada, que la espera tiene sentido, es valiosa y se merece toda nuestra atención y dedicación. Preparar ese encuentro con el Cristo que viene y que sigue presentándose con diferentes rostros y ropajes, de allí la importancia de esperarlo en la fe. La fe nos dice que Jesús está en la pobreza del que vive en el pesebre de una vida muchas veces de miseria, crucificado en todos los que sufren y que piden compasión y compromiso liberador, y en todos aquellos que necesitan ser escuchados, como Jesús nos escucha en el silencio misterioso del Sagrario.
“Entonces se verá al Hijo del hombre venir sobre una nube, lleno de poder y de gloria. Cuando comience a suceder esto, tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación» No esperamos algo, esperamos a Alguien, que si bien ya vino una vez, él mismo un día volverá, después de dejarnos al partir su promesa de venir en gloria y poderío. Su vida de fidelidad nos da una seguridad que nada ni nadie sería capaz de darnos. La fe en su Persona es la que da origen a nuestra esperanza, y la que nos hace tener confianza acerca de nuestro porvenir ¿Quién podría dudar de él cuando se le cree? ¿Quién podría dudar de su palabra, que cuando todo pase no pasará? ¿Quién podría dudar de que sus promesas no serán nada y vacío sino verdad y plenitud?
“Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos, la embriaguez y las preocupaciones de la vida, para que ese día no caiga de improviso sobre ustedes como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra” Pero para no evadirnos del presente pensando sólo en el futuro y para que ese futuro llene de sentido nuestro presente, es que el Señor nos advierte de los peligros que corre nuestro futuro, si hoy damos rienda suelta a las pasiones que podrían dominarnos: aturdimiento, excesos y las preocupaciones de la vida. Si estamos aturdidos ese día caerá sin que nos demos cuenta como quien pisa una trampa que no se ve en el suelo.
“Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante del Hijo del hombre” La vigilancia y la oración en el Espíritu, por él inspirada y dirigida, asociada a la caridad con el hermano, es la mejor manera de vivir en paz, sin miedo y esperando, llenando este tiempo de valor y oportunidad y así poder darle una trascendencia a nuestro presente, que es en definitiva donde se juega nuestro destino.
Ya estamos en el cielo si nos damos cuenta de la presencia de Cristo en el corazón de cada uno. Para muchos bautizados es una presencia ignorada hasta que son re-evangelizados, pero eso llega después de haberse desencantado de un mundo que promete mucho y no cumple nada, que es pura apariencia y superficialidad, como muchas veces se ha convertido esta fiesta tan solemne de nuestra fe.
Bueno sería que pudiéramos volver a la frescura de esa fe inocente y jubilosa de la infancia y re-descubrir la Navidad como una oportunidad de volver a ser lo que alguna vez fuimos y vive aún en nosotros, sólo hay que decidirse e ir a buscarlo, sólo nos espera un corazón lleno de alegría y de una paz sin fin
Paz a los hombres de buena voluntad. Manolo, un cristiano como vos...
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DOMINGO XXXIV
“CRISTO REY DEL UNIVERSO”
Queridos hermanos: La paz de Dios que supera todo lo que podemos desear o pensar, tome bajo su cuidado sus corazones en el conocimiento y el amor de Jesucristo, Rey y Señor de la Historia y de nuestras vidas.
Para reflexionar juntos en esta fiesta nos serviremos del texto del evangelio de Juan, su pasión y sobre todo del diálogo entre Jesús y Pilato. Hay una profunda contradicción entre la imagen gloriosa de la lectura de Daniel y el Rey dolido, flagelado y coronado de espinas, con una cruz a cuestas, crucificado y muerto en el más profundo abandono y soledad. A éste que “ni aspecto humano tenía” tenemos que confesarlo Rey del Universo, cuando nosotros por rey entendemos otra cosa completamente distinta, más bien asociada al lujo, a la sangre que fundamenta una casa real, a un pasado que justifica un presente y un derecho heredado de sus antepasados; con palacios, servidumbre, gemas, oro y plata, relaciones internacionales, matrimonios arreglados y el poder de una corona que lo justifica todo y a la que todo se somete. De esta forma, Jesús, no es Rey, El lo es de un modo completamente diferente, porque su realeza no es como la de este mundo, donde las cosas son caducas, los imperios y sus reyes pasan, y su esplendor es pasajero.
“Pilato llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?" En la forma de escribir de Juan, las preguntas están al servicio de la Verdad que quiere trasmitirnos, así un pagano como Poncio Pilato, lo llama a Jesús rey de los judíos, la pregunta más que una duda contiene una afirmación. Jesús le respondió: "¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?" Hasta donde había llegado el chisme, hasta los oídos del procurador romano que tenía que impartir justicia, mantener la paz a toda costa y que quería pasar una pascua en paz y en vez de eso, le llevan un problema en el cual él, personalmente, no tenía arte ni parte, por eso habla con Jesús diciendo: Pilato replicó: "¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?" Tocar intereses, denunciar la hipocresía de las autoridades judías y su estado de corrupción, hablar libremente y entrar en conflicto con el orden establecido. Se había atrevido a confrontar con los que sabían, tenían y mandaban y esto, sin pelos en la legua, con “soberana libertad e independencia” de la aceptación, el aplauso o la comprensión aún de sus más íntimos seguidores. Y esto siempre cuesta caro y y deja solo, las convicciones personales y los principios rectores hacen posible la perseverancia hasta el final, es lo que llamamos la causa de una lucha.
“Jesús respondió: "Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos”
Cuidado con las interpretaciones que se puedan dar a estas palabras de Jesús, ya que en un tiempo no muy lejano, fueron usadas para espiritualizar la obra de Jesús desconectándola de la realidad. Por eso y para reforzar la íntima relación de la Misión de Jesús y el mundo al que debía redimir, se celebra hoy el día del Laicado Católico y con particular fuerza el de la Acción Católica, como diciendo no espiritualicemos y menos aun huyamos del mundo, al contrario, metámonos en las realidades temporales para hacer presente en ellas el Reino de Dios predicado por Cristo y consagrado por su Sangre.
Más aún, desde esta mirada de una realeza que tiene incidencia en lo cotidiano, jamás usemos el título de Cristo Rey para justificar una guerra santa, auto-convirtiéndonos en soldados de Cristo. Nuestro Rey nunca buscó dominar, someter, ni usar el poder en beneficio propio, si lo tuvo y vaya si lo tenía, sólo lo ejerció para sanar y liberar al hombre y de un modo muy especial a los pobres, los marginados y los oprimidos, ya que ninguno de ellos tenía de por sí la capacidad de liberarse por otro camino.
“Pero mi realeza no es de aquí" No sólo que no es de aquí sino tampoco como aquí. En su Reino solo hay luz, verdad y vida, paz y alegría, nadie pasa necesidad, todo es uno y diverso, armónico y bello, hay libertad y autonomía, respeto a cada uno y a la vez respeto por el todo, hay justicia, cada uno tiene lo suyo pero no se lo guarda egoístamente para sí, sino que de lo suyo comparte con alegría. Hay amistad y corresponsabilidad, hay amor en abundancia, nadie se siente solo, ni abandonado, ni mucho menos maltratado, no hay oprimidos porque no hay opresores, no hay esclavos porque no hay amos. La riqueza de ese Reino brilla en el corazón de los que en viven él. Es utópico, sí lo es, por eso sabe y logra sacar de los hombres lo mejor de ellos, porque los hace vivir por un motivo, por un ideal y con un propósito.
Pilato le dijo: "¿Entonces tú eres rey?". Jesús respondió: "Tú lo dices: Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad” A esta altura o desarrollo del diálogo el desconcierto de Pilato debía ser monumental, tal vez pensaría que este era un loquito, un delirante que se cree lo que dice, pero que para nada daba el aspecto de un rey como los que se conocían entonces. Sin embargo Pilato también ve en Jesús un ser bueno, un poco bohemio, una especie de hippie del siglo primero, con su onda de amor y paz, pero inofensivo y además víctima de la envidia de las autoridades judías. De allí su deseo de soltarlo ya que no constituía un problema ni un peligro para Roma y menos para él. No se imaginaba que pocos años después el Nombre de Cristo ocuparía la capital del Imperio Romano y la Ciudad Eterna sería el lugar de la sede de su Iglesia, mientras que el imperio que lo crucificó caía a pedazos.
Roma está hoy, llena de monumentos de una época, en eso se convirtió desde su caída, en cambio el Reino de Cristo, del cual la Iglesia es su germen en el mundo, perdura hasta hoy y no se ha convertido en un montón de recuerdos de piedra, memoria de una gloria imperial que pasó y que no volverá.
¿Quién es rey César Augusto o Cristo? Ustedes tienen la respuesta.
“El que es de la verdad, escucha mi voz” Desde que Dios se hizo hombre en Cristo, la verdad ha dejado de ser solamente una palabra, una búsqueda o un tema filosófico, porque confesar a Cristo Rey, es a la vez confesarlo como la Verdad.
San Pablo nos dice que en El se encierran corporalmente todos los tesoros de la sabiduría y de las ciencias, por esta razón todo el que lo busque con sincero corazón, esté bautizado o no, lo va a encontrar, ya que su verdad está en el centro mismo de la vida de cada persona y del mundo.
Que Jesús reine sobre nosotros, que éste sea su Reino, implica que hay que ser de la verdad para escuchar su voz, pero también que todo aquel que escuche su voz necesariamente encontrará la verdad y caminará en ella, estará en paz y no quedará confundido, tendrá la luz de la Vida.
Compartiendo con cada uno de ustedes el deseo de que entre todos, vayamos construyendo día a día ese Reino y logremos que sea Cristo nuestro único y verdadero Rey: Manolo, un cristiano como vos...
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DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Hermanos muy queridos: Demos gracias a Dios porque ya termina el Año Litúrgico. En este penúltimo domingo del mismo, comenzamos a reflexionar acerca de la Gloria de Jesucristo y su segunda venida, pero también con esto, buscamos hallarle el sentido a nuestro presente. Más allá del género apocalíptico de las lecturas de este día, el mensaje nunca es catastrófico o atemorizante, todo lo contrario, lo que se viene, lo que pasará, será una transformación, una vida en plenitud, sin miedo ni muerte y con vida abundante, por eso: “En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán” Será tal el esplendor de la Segunda Venida de Cristo, que el sol que nos enceguece o encandila, se volverá sombra y la luna dejará de brillar, los estrellas se moverán para hacerle lugar al paso del que viene, su hacedor, dueño y señor. Cristo que en un tiempo vino en la pobreza y la debilidad de nuestra condición humana, llegará lleno de gloria y poder, y su manifestación será de tal magnitud que todo pasará como nos lo dice el evangelio de hoy. Signos cósmicos, el cielo que se abre, el ser eterno que irrumpe y se nos muestra en nuestro mundo y en nuestro tiempo. Por fin eso invisible en lo que hemos creído, se nos hace visible, el ¿cómo?, ya no será una pregunta sino por fin una respuesta. Quedaremos atónitos ante el espectáculo de ver con nuestros ojos la gloria oculta y manifestada. Algunos estarán vivos en ese momento, otros saldrán de sus tumbas y otros vendrán acompañando al Hijo de Hombre, el Cristo Glorioso y Todopoderoso. El Reino que en cada Padrenuestro pedimos que venga a nosotros habrá llegado, la espera habrá terminado, lo prometido será poseído “Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria” Dará comienzo el tiempo de la transformación del hombre, de la naturaleza y del universo entero. Todo lo que conocemos hoy y que tanto nos asombra por su dimensión y grandeza, quedará pequeño ante lo que se verá en aquel momento, pero si bien el cielo y la tierra desaparecerán porque ya no tendrá sentido que existan, hay algo que permanecerá eternamente, nosotros, aquellos por quienes y para quienes vino Cristo. En aquel momento, Él vendrá para cumplir con su palabra y su promesa: “donde Yo esté quiero que estén también ustedes” Perduraremos porque las cosas son de nosotros, nosotros de Cristo y con Cristo somos del Padre. Así, el bautismo, que fue el comienzo de una historia de paternidad y filiación llegará a su plenitud. “Yo me voy a prepararles un lugar y cuando haya ido, volveré a buscarlos para llevarlos” Esto les acontecerá a los vivos tanto como a los muertos: Parusía, Juicio y Transformación se darán simultáneamente. Hay quienes manipulando el sentido de esa experiencia universal, siembran miedo, hablando sólo del juicio y hacen prédica de ese peligro de la condenación, parcializan el fenómeno, hacen vivir atemorizados a sus seguidores, quitándoles la esperanza y la alegría, haciéndoles vivir en la tristeza, en la angustia de saber si estarán del lado de los salvos o de los condenados.Vivamos en paz, trabajando por la gloria de Dios y no nos preocupemos tanto por saber de qué lado vamos a estar, porque ya desde ahora, según como vivamos estaremos haciendo nuestro destino, quienes dieron gloria a Dios en este mundo, tendrán gloria en el mundo futuro, que nadie nos robe la esperanza, no los dejemos.
“Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte” Los ángeles vendrán a buscar a uno por uno, para llevarlo a la presencia del Señor en su gloria. Para algunos será un encuentro lleno de alegría, paz, gozo y luz, pero para otros ya no habrá tiempo de cambiar su destino de perdición que quedó fijado, cuando por su libre albedrío y el respeto de Dios por nuestra libertad y elecciones, decidieron su destino eterno. Los fatalistas o los que creen en un dios caprichoso, dicen “el hombre propone y Dios dispone”, pero desde la Encarnación del Hijo de Dios hay que decir que: “Dios propone y el hombre dispone” Dios propone para encontrar un sí en el hombre, pero para aceptar también un no, esto es esencial a nuestra dignidad de criaturas y de hijos, porque el no, lo puede decir tanto el que cree, conoce y sabe Quién es el que lo llama, como aquel que no siguió la voz de su conciencia y no fue fiel a ella.
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” Esto es lo que en realidad importa, con vistas al futuro de gloria que nos espera, y es el poder intrínseco de la Palabra el que, actuando en el hombre, lo transforma y le va dando progresivamente todo lo que necesita para salvarse, para alcanzar esa vida abundante y eterna de la que Jesús habla en los evangelios, llamando a creer confiar y esperar, tanto que saber el día y la hora en que llegará el final de todas las cosas, es algo verdaderamente intrascendente, que no pasa de ser casi una curiosidad infantil: “En cuanto al día y la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre” Frente a esta sentencia de Jesús sólo nos queda preguntarnos acerca de la densidad y trascendencia de nuestro presente, porque la salvación no es para 5 minutos después de la muerte, sino que es en el aquí y el ahora de nuestro día a día. El mañana llegará por sí solo.
Lo que nos deja como reflexión final y conclusión que este evangelio es una invitación del Señor, a valorar y aprovechar nuestro presente, nada más que eso tenemos, nada más que eso se nos pide...
Con el afecto de siempre, les compartimos el deseo de que nos comprometamos libre y coherentemente en este "HOY" con el que vamos construyendo nuestra ETERNIDAD...
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DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO Muy queridos hermanos en el Señor: Nos hemos reunido para celebrar la presencia de Jesús entre nosotros, con la fe puesta en su Palabra y la Promesa de estar siempre donde dos o más estemos eunidos, y acompañarnos hasta el fin de los tiempos.
Desde su palabra nos enseña, nos instruye y despierta a la sabiduría escondida durante siglos y que en Él se nos ha revelado, se nos ha mostrado. También estamos juntos como familia de Dios en torno a la mesa del Altar, para ofrecer al Señor el sacrificio semanal de alabanza y alimentarnos con el pan que da la vida y la bebida que da la salvación; celebremos y hagamos fiesta, aunque a lo mejor entre nosotros algunos estén tristes porque han venido a misa para pedir por algún ser querido que ya no está, o por la salud de algún miembro de su familia que está enfermo. Compartimos hoy nuestra oración y el abrazo fraterno, con el deseo de que esta misa les traiga algo de consuelo, de paz, y sobre todo de esperanza.
1. El evangelio de este Domingo, nos presenta por un lado un pedido del Señor Jesús a sus discípulos de entonces y a nosotros ahora “Cuídense de los escribas: gente culta y adinerada pero vanidosa y arrogante, de corazón soberbio, engreídos, que trafican influencias y que de todo quieren sacar partido en beneficio propio, en quienes no hay ni amor a Dios y mucho menos al prójimo, a los que desprecian sintiéndose superiores a todos. “a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes” enfermos del alma porque buscan notoriedad, prestigio, llamar la atención y ocupar un lugar de importancia, no pasar desapercibidos sino destacarse y hacerse notar, que buscan a toda costa ser tenidos en cuenta por los hombres y en cambio no les importa nada ser tenidos en cuenta por Dios, y ya con la satisfacción de su orgullo son felices. Pero nosotros no debemos ser ingenuos, y si hay que cuidarse, es porque todos corremos el riesgo de caer en los mismos defectos de estos personajes de la sociedad de Jesús y de todas las sociedades, que encarnan al hombre o algunos defectos del hombre, que golpean a las puertas de todos y cuando se les abre y entran, no se los puede desalojar fácilmente. Ninguno de nosotros está libre de estas tentaciones ni de posibles caídas, por eso hay que entrenar y afinar el oído ya que es por él, por entran al corazón, tenemos que reconocer sus voces y aprender a preservarlo
Además y por si fuera poco: “devoran los bienes de las viudas” es decir, eran injustos y mal intencionados, ya que devorar los bienes de una viuda en tiempos de Jesús, era algo tan despreciable como quedarse con los pocos bienes de un pobre. Las viudas eran las pobres de toda pobreza, las mujeres tenían valor social solamente cuando estaban junto a un hombre, pero cuando éste moría, quedaban completamente desamparadas junto con sus hijos. Es así que si de algo se ocupó de modo prioritario, la Iglesia primitiva, fue justamente de los huérfanos y de las viudas, los últimos en la escala social de la pobreza.
“fingen hacer largas oraciones” A la hora de fingir, lo hacen a lo grande, se debe notar que son piadosos, que rezan mucho tiempo, pero en realidad sólo se honran a sí mismos, ya que no les interesa honrar a Dios, ni orar verdaderamente, sino únicamente los comentarios de la gente cuya admiración quieren provocar; por sus actitudes más bien cercanas a la mentira, se generan un juicio futuro muy duro de parte de Dios que es quien juzga rectamente: “Estos serán juzgados con más severidad” El Señor puede tolerar muchas cosas pero la mentira, la figuración y la frivolidad no las tolera, ni en esta vida ni menos aún en la otra a la cual solo se accede por la humildad y la misericordia, por la bondad del corazón y la compasión, por el Amor a Dios y el amor al prójimo, como reflexionábamos el domingo pasado.
2. Por otro lado tenemos también en este Evangelio una enseñanza sobre el dinero y el valor de los sentimientos, lo mucho que es poco y lo poco que es mucho, lo aparente y lo auténtico.
De esta forma Jesús va educando el corazón de sus discípulos y les enseña con qué ojos deben mirar a los desposeídos, cuánta sensibilidad debe haber en sus corazones a la hora de juzgar, también les enseña sobre dar, desprenderse y en qué consiste la verdadera generosidad: “Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre” Jesús observa y ve las actitudes de unos y otros, hasta que llega una pobre viuda con sus dos moneditas de cobre, que vaya a saber como hizo para conseguirlas, seguro que con no pocos sacrificios, como suele ser siempre lo que un pobre puede poner en su ofrenda.
El Señor les da una lección muy importante con vistas al futuro y a la seducción de acomodarse con los ricos que les va a quitar espíritu profético, silenciando sus voces para que no denuncien las codicia y la injusticia conque se genera dinero, aún por los mismos discípulos y miembros de la Iglesia, y que constituirá un verdadero escándalo, y nos parece que todo esto era vákido entonces y también ahora para nosotros.
“Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros” Es claro que el Señor no está hablando de las dos moneditas de cobre, sino del amor de aquella pobre viuda que aun de su indigencia es capaz de dar, para que a Yahvé no le falte su ofrenda, de allí la admiración de Jesús y la comparación, la paradoja del Reino, donde los valores nunca son mercantilistas ni economicistas, ese Reino que no se maneja con el criterio de costo y beneficio o de inversión y rentabilidad, sino que en el Reino de Dios, lo que importa son los sentimientos, el afecto, la generosidad, todo esto que es lo que lleva a considerar lo que algo vale, por poco que sea, en contraste con el dar de lo que sobra, también el contraste entre lo difícil y lo fácil, lo que es costoso y lo que no significa ningún sacrificio ni un verdadero desprendimiento “porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir” Hay como una invitación a pensar, como está nuestro corazón personal, familiar y comunitario. Cómo estamos dando, y no tanto cuánto estamos dando, ya que el Señor es muy claro para quien quiera oír y entender. ¿Dónde tiene puesta Dios su mirada? ¿En el bolsillo o en el corazón? ¿En el dinero de la ofrenda o en el corazón del que ofrece?
Qué bueno sería que lo pudiéramos pensar con libertad, sin angustia, sin preocupación, en una atmósfera de amistad, superando el miedo a hablar de los tabúes que tiene nuestra sociedad de consumo, el dinero es uno de ellos, otros de esos tabúes de los que muchas veces no nos animamos a hablar, es de la producción de bienes y servicios, en función, no tanto del bien común, sino de un lucro sin medida, cercano a la avaricia y la codicia de los escribas del evangelio. Bueno sería que lo charláramos, nos parece que mucho bien nos haría, sobre todo para desenmascarar al ídolo del dinero y reducirlo a un poco de energía en disponibilidad para otras cosas más importantes, que acumular sin saber muy bien para qué.
Un abrazo de corazón, con el deseo de contribuir en algo a nuestro crecimiento con la luz del Evangelio de la Vida.
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DOMINGO XXXI DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO
S. Mc. 12, 28 - 34
Amarás al señor tu Dios, con todo tu corazón...
Mis queridos hermanos: Veníamos acompañando a Jesús en su subida a Jerusalén, hoy ya lo contemplamos en la Ciudad Santa, en sus últimos días de vida entre nosotros, predicando, discutiendo con los envidosos de las autoridades de ese tiempo y acercándose a su Pasión, Muerte y Resurrección.
Los capítulos del 11 al 16 son los más extensos y detallados de los evangelios sinópticos, porque constituyen el núcleo de nuestra fe, que es una fe pascual, ya que nosotros no sólo creemos en Dios como creen muchos, sino que lo nuclear de nuestra fe es que creemos en la resurrección de Cristo, y ésta es la novedad que recorre los caminos del mundo desde hace 2000 años; sin olvidarnos de que todo el evangelio es constitutivo de nuestra fe, pero sin el Misterio Pascual, Jesús no pasaría de ser un maestro más de la antigüedad, y no como es, la causa de salvación para todos los hombres, todos los pueblos y el universo entero. Esto para muchos resulta chocante porque significaría que en Cristo hay mucho más que un maestro de espiritualidad, mucho más que un gurú o un chamán, que hizo un camino y lo enseñó a unos discípulos. Es muy distinto y comprometido creer y confesar que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida, no dice un camino o alguna verdad o alguna vida, sino que él y las palabras son la misma cosa. Esto lo pone muy por encima del más iluminado de los maestros antiguos, éstos hablaron del camino, no eran el camino, hablaban de la verdad que habían descubierto, pero no eran la verdad, hablaban de la vida pero eran la vida; nunca alcanzaron la autoridad que Jesús poseía por naturaleza, ya que era y es Dios hecho hombre, porque vive y vivirá siempre, de aquí la centralidad del Misterio Pascual, porque Jesús es el único resucitado de entre los muertos, ninguno puede mostrar esta “credencial” de autenticidad magisterial.
Esta autoridad le atribuye el escriba del evangelio de este Domingo, que aún sabiendo, le pregunta acerca de cual es el primero de los mandamientos. “Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó:¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. Vayamos a la razón de la pregunta. En tiempos de Jesús un judío que quisiera ser verdaderamente piadoso, no sólo tenía que cumplir con los 10 mandamientos que todos nosotros conocemos, sino que además debía respetar estrictamente 603 preceptos, poniendo a la misma altura los que ordenaban el lavado de las manos, los platos y la vajilla, con el no matarás, por ponerlo en términos extremos, y esto llevaba a la confusión entre lo esencial y lo accidental, y entonces parecía que allí todo tenía el mismo valor y la misma importancia. Salta a la vista que no podía ser así y sólo la autoridad de Jesús podía poner las cosas en su verdadera dimensión. “Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: Que Jesús no dijera de entrada lo que dice después, que dijera "Escucha Israel" ¿no será éste el primer mandamiento? En tono imperativo, mandato directo y sin vueltas. Abrir el oído, tomar la decisión de escuchar, abrirse de adentro hacia afuera, de abajo hacia arriba. Esta apertura bajo la asistencia del Espíritu Santo, es alcanzar ese espíritu de sabiduría que nos permita conocerlo verdaderamente, como pedía San Pablo para los destinatarios de sus cartas. De esta manera conociendo al Señor por la Fe se puede escuchar y aceptar el primero y luego todos los demás mandamientos, de lo contrario, son sólo leyes pero que no se pueden traducir en amor y vida, y de esto es de lo que se trata, puesto que para Dios lo esencial es el amor presente en la vida, el de Dios primero y el del prójimo después.
Citando el Libro del Deuteronomio Jesús responde: “el Señor nuestro Dios es el único Señor” Los israelitas venían de un mundo politeísta e idólatra por lo cual la expresión único no es una expresión sólo de deseo, "que sea el único", sino que "es el único"!, no hay otro ni puede haberlo, los demás son falsos dioses hechura de manos humanas, expresiones de pasiones y deseos o aspiraciones del alma, que han sido divinizadas dentro de la mitología; pero Dios hay uno sólo, es único y es Yahvé, y por más que después revele su vida interior, seguirá siendo el único Dios, y por lo tanto más y mejor conocido, por su soberana decisión de mostrarse en plenitud por su Mediador, Jesucristo su propio y único Hijo. “Y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas”
El egocentrismo del primer pecado dejó el corazón del hombre volcado sobre si mismo y encerrado, y Dios que conocía esta situación, le da en la apertura al Otro, la fuente primera de su sanación, esa dimensión vertical de la fe que libera al hombre de la cárcel en la que había caído y de la cual Dios lo quiere sacar, pero no sin su colaboración, ya que Dios se toma en serio la libertad del hombre y su capacidad de decidir y cambiar, y para esto lo ayuda con lo que llamamos la gracia de Dios, que es el Poder de Dios actuando en favor del hombre, haciéndolo capaz por la fe, por eso es tan importante y decisiva la acción de la fe, que es previa al mandamiento y a la respuesta de amor que Dios nos pide. Nadie ama lo que no conoce, en cambio cuando el hombre se ve amado por Dios gratuitamente y por encima de cualquier valor o mérito, despierta en su interior esa necesidad de responder al amor con amor. Esto que Dios hace es para nuestro bien, porque en esta historia, el pobre y carenciado es el hombre, que necesita de un aliado formidable para salir de su situación de pecado y de muerte.
“El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos» La segunda apertura que Dios manda para sanar al hombre, su mundo y su vida, es hacia los otros, que son iguales a él, sus prójimos, sin distinción alguna. Si es como a uno mismos, hay todo un problema con la autoestima, el autorrespeto y la autovaloración, porque el amor al prójimo es la proyección hacia afuera de lo que llevamos dentro, y si no nos queremos, respetamos y valoramos..., ¿Qué vamos a proyectar sobre los otros? Entonces, la gracia de Dios debe sanarnos del malestar con nosotros mismos para poder amar verdaderamente a los otros. En cuanto apareció en nosotros la más pequeña semilla de autoestima comienza la apertura, y la sanación continúa con el ejercicio y la vivencia del amor. Quienes hemos pasado por alguna experiencia de vida en una Comunidad Terapéutica, sabemos muy bien, lo que ha significado en liberación y salud la apertura al otro.
Dios y los otros, las dos destinatarios del amor en la vida del hombre, los dos objetivos en el proceso de humanización, a Dios o por Dios, a los hombres o por los hombres. Por eso el mandamiento más grande es el amor, y es la síntesis de todo lo que Jesús vino a enseñar y a mostrar, hasta con su amor llevado al extremo de dar su vida, para glorificar a Dios y para salvarnos a nosotros.
“Vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios” Fue una respuesta de alivio y hasta de confirmación del verdadero camino lo que Jesús le responde al escriba, que representa a todos los que buscan la verdad y lo que es justo, porque él mismo era victima de la hiperinflación legalista pero sin vida, que dominaba la sociedad y la cultura de Jesús. Lo justo porque había quienes enseñaban que con los sacrificios y los holocaustos era como se agradaba a Dios y se obtenían beneficios, así lo esencial, el amor, la misericordia, la compasión, el perdón y la reconciliación quedaban relegados a un segundo plano. Entonces se podía ser un egoísta de primera clase y sin embargo pasar por bueno, si ofrecía sacrificios y holocaustos. Esto no resistía el análisis más rudimentario de cualquiera que viera las cosas y las conductas, con un poco de sentido común; ya que sacrificios y holocaustos, de nada sirven sin amor o queriendo ser sustitutos del mandamiento del amor.
“Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: Tú no estás lejos del Reino de Dios” Se podría decir que estaba a las puertas, sólo le faltaba para entrar en el Reino, creer, aceptar y seguir a Jesús, pero en términos de amor de amistad, que es el amor entre iguales, con respeto y reciprocidad, esto es el Reino donde el Amor de Dios está y se ofrece a todo el que cree y acepta su presencia en su vida.
Que la Eucaristía alimente en todos nosotros esa capacidad de amar a Dios y al prójimo y que se muestre en la fidelidad al mandamiento más grande de todos.
Con todo afecto, Manolo, un cristiano como vos. Subir al índice


DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO
El ciego Bartimeo, estaba al borde del camino... Creyó... gritó, pidió... y Jesús actuó...

Hermanos muy queridos: Paz y bien a todos ustedes y las comunidades a las que llegue el mensaje de esta página web. Es siempre un motivo de gozo poder compartir lo que la Palabra de cada Domingo nos inspira, y dárselos a ustedes con todo el afecto y el aprecio del corazón. En esto se cumple aquello de que “es más feliz el que da que el que recibe” y esto es lo que nos pasa cada vez que nos ponemos frente a la pantalla y el teclado, y dejamos fluir el pensamiento, el sentimiento y la memoria, donde de lo propio y lo de otros, se pone al servicio de ustedes y de esa fe, que nos une como hermanos y amigos en el Señor y su inmenso Amor.
Hoy vamos a detenernos en dos situaciones por las que pasa el segundo personaje de este evangelio, Bartimeo, un mendigo ciego, que hasta el momento en el que Jesús pasa, estaba junto al camino pidiendo limosna, pero una vez recuperada la visión, sigue a Jesús por el camino. Entre un momento o situación existencial y la nueva, hay una pregunta y un pedido. Jesús dice: “¿Qué quieres que haga por ti?” Bartimeo responde: “Maestro que yo pueda ver”
1. Pongámonos en la situación de Bartimeo. Asomémonos al alma del mendigo ciego y la sociedad donde vivía, en la que todo, absolutamente todo, era atribuido a Dios. Así el Señor era el que daba la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, la riqueza y la pobreza, y todo lo bueno era una bendición y lo malo una maldición por los pecados propios o los de los antepasados: “Señor ¿Quién pecó él o sus padres para que haya nacido ciego? Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios” Hasta la manifestación y la predicación de Jesús, se creía que Dios había hecho justicia y castigaba con evidencia al que había pecado, y su estado de enfermedad y postración obedecían a ese castigo divino. Es más, al sufrimiento físico se sumaba la condena social, “lo hicieron callar”, es un maldito no tiene derecho a hablar, ni a expresarse, ni a pedir. Bartimeo podía oler, oír, gustar y tocar, pero envuelto en la más profunda oscuridad, no veía, la luz no entraba en él, era ciego y sin más futuro que morirse pidiendo limosna, a menos que un milagro lo sacara de esa situación existencial. Bartimeo ha oído hablar de Jesús, lo ha reconocido como el Mesías, Hijo de David. Se ha enterado de lo que decía y hacía, de que era Maestro y Sanador, que devolvía la vista a los ciegos, sanaba a los enfermos, resucitaba a los muertos, expulsaba demonios. Así, cuando Jesús pasa cerca de él, que está con su enfermedad a cuestas, con toda la carga y su condena social, grita: “Hijo de David, ten piedad de mí” no podía dejar pasar esa oportunidad que sería, a lo mejor la única, ya que Jesús iba hacia Jerusalén para padecer, morir y resucitar al tercer día, pero no volvería a pasar por ahí. Cuando Jesús lo escucha, se detiene y lo llama y, ese llamado, cambia la actitud de los que lo hacían callar, y éstos de obstáculo, se convierten en vehículos de encuentro entre el Señor y Bartimeo, y por fin, la luz aparece como don de un Dios, que no quiere ni manda la enfermedad; de lo contrario la predicación de Jesús habría sido solamente una larga marcha de resignación, que confirmaba lo que ya se creía, y la verdad, que si venía para eso, no tenía sentido que viniera, se tendría que haber quedado donde estaba y no presentarse ni ofrecerse como salvador. ¿Salvador de qué, si todo iba a seguir igual? El cambio de situación existencial de todos los enfermos y oprimidos, es la prueba de que vino para salvar, sanar, liberar, y pacificar, para perdonar y redimir a todos los caídos, aunque para eso debiera dar su vida en rescate por todos. Todos, que somos también nosotros los que estamos participando de esta Misa, a menos que pensemos que por nosotros no, que nos salvamos solos y se nos ocurra pensar que no necesitemos un salvador, ésta suele ser la arrogancia del mundo moderno y en especial el postmoderno y su optimismo científico, tecnológico y antropológico, que lleva a prescindir de Dios, a prescindir de la dimensión espiritual y trascendente del hombre. Ahora, ellos son los bartimeos de este tiempo, pero en una situación peor que la de aquel hombre, porque no tienen ni la fe, ni la humildad de pedir como hizo nuestro amigo.
2. Volviendo al texto, Bartimeo está al costado del camino y Jesús pasa por ahí. Jesús que vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido, se detiene, lo llama, y cuando lo tiene en frente le pregunta “¿Qué quieres que haga por ti?” ¡Qué hermosa y trascendental pregunta! Qué actual, si nosotros nos reconocemos y sentimos pequeños, indefensos, limitados, frágiles, marginados y hasta excluidos. Pensar por un momento que Jesús vino por nosotros es maravilloso, estemos en el lugar en el que estemos, y en el tiempo de la vida en el que nos encontremos. El le respondió: “Maestro, que yo pueda ver” Nos tendríamos que preguntar hoy, que queremos que Jesús haga por nosotros o por otros, no importa el qué, lo importante es cómo pedir, con fe, sin dudar, creyendo que ya lo poseemos, porque es la actitud con la que Jesús quiere ser interpelado, “molestado”, incomodado o demandado, llamado y buscado; es la oración de súplica y de intercesión,es el pedido intenso de Bartimeo, intenso como sus gritos. . “Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado»." Es un signo de fe en si mismo, había una ceguera y hubo una visión que se manifiesta: “En seguida comenzó a ver” La luz penetró por los ojos, llegó al cerebro y la oscuridad ya no estuvo más. Los colores y la plenitud del ser, los sentidos, en armonía los unos con los otros; ya no faltaba ninguno como antes del encuentro con Jesús.
“Y lo siguió por el camino” Bartimeo, que estaba junto al camino, se mete en el camino, sigue a Jesús por el camino y un día cuando madure su fe, comprenderá que Jesús es el Camino de la Verdad que lleva a la Vida. Comprenderá como ninguno, que Jesús es la Luz del Mundo, y que el que lo sigue no camina en la oscuridad sino que tiene la Luz de la Vida.
Así también, cada uno de nosotros podemos ser Bartimeo, podemos suplicar, llamar, encontrarlo a Jesús, ver y seguirlo, vivir en definitiva, porque es lo que Bartimeo heredó de Jesús. ¿Sólo Bartimeo? No, todo el que cree y acepta a Jesús en su vida se llena de luz, de alegría y de paz. Su vida se vuelve fecunda y rica, así que hay que dejar el manto, levantarse y dirigirse a Cristo, llegar hasta el Sagrario, hasta la Eucaristía, llegar hasta el propio corazón, donde él habita por la fe y la gracia de Dios.
Esto es lo que nos deja el texto, para que no sea nada más que el recuerdo de un hecho histórico, y nos diga algo hoy: “la Palabra es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo”Lo que el evangelio de hoy nos propone es que podemos dejar de estar postrados, al costado del camino, que podemos levantarnos, que hay siempre un camino abierto y al alcance de todos, basta creer como Bartimeo para dejar de estar en la oscuridad. Antes que nosotros infinidad de discípulos lo han creído, nosotros lo creemos hoy y lo dejaremos como herencia a las nuevas generaciones. ¡Qué hermoso pensar y desear que así sea!
Con todo afecto, Manolo, un cristiano como vos.
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DOMINGO XXIX DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Queridos hermanos: que el Amor de Dios llene sus corazones este día y todos los días de nuestra vida.
Estamos acompañando a Jesús en su subida a Jerusalén para padecer y así entrar en su gloria, sorprendiéndonos con las vivencias, las personas o lo que le presenta la vida interna de la comunidad de discípulos. Todo esto es lo que se va encontrando en su peregrinación, un momento de esos lo meditamos en el Evangelio de hoy.
1. Hay un pedido “queremos que…” sin entender demasiado de lo que se trataba, una búsqueda de puestos y de honores, junto a un ser que sólo busca la gloria de Otro y no la personal. Jesús que busca solo la gloria del Padre. Los zebedeos no entendían nada, no sabían en ese momento con Quien estaban, los otros 10 tampoco entendían mucho, era lógico, porque aunque Jesús lo anunciaba en su subida, ellos tenían puesta la atención en otra parte, en su parte, en el resultado de sus ambiciones, en su cuota de poder, como decía el cantor trágicamente desaparecido: “el hombre ambiciona cada día más y pierde el camino por querer volar” “vuele bajo porque abajo está la verdad, esto es algo que los hombres no aprenden jamás” Muchas veces la poesía pone de modo muy bello lo que en la vida puede ser hasta grotesco y desagradable; la ambición tanto como la envidia, son de las peores cosas del alma humana, enferma por el pecado original y desde el pecado original y el paraíso perdido, hasta hoy y hasta el fin de los tiempos. Tantas cosas que pasan y que tanto daño hacen suelen tener mezcladas ambas actitudes. “El les respondió: “¿Qué quieren que haga por ustedes? Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria” ¿Tronos? ¿Lugares especialess? ¿En lo alto y a la vista de todos? ¿Vivas y gloria? ¿Triunfo? ¿Esplendores? ¿Abrazos y felicitaciones? ¿Fiesta y alegría? ¿Brindis de la victoria? ¿Esto fue la Pasión? No, no, no, fue todo lo contrario. Esto estaba re claro en la cabeza y el alma del Señor, pero no en la de sus discípulos. “¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?” ¿Pueden beber el cáliz de la Pasión? ¿Pueden humillarse hasta aceptar la muerte y muerte de cruz? ¿Pueden quedarse solos, negados, traicionados y abandonados por todos? ¿Pueden aceptar ser rechazados por el pueblo? ¿Soportarán el manoseo de las autoridades y un juicio injusto? ¿Son capaces de soportar las consecuencias de la propia coherencia y la envidia de los homicidas? ¿Son capaces de ser flagelados, coronados de espinas, burlados? ¿Son capaces de tomar la cruz y con ella subir hasta el Calvario? ¿Son capaces de ser crucificados y sentir hasta el abandono de Dios? ¿Pueden amar hasta el extremo y el sacrificio voluntario por amor a Dios y los hombres, aun aquellos que los crucifiquen? ¿Pueden ustedes con todo esto? “Podemos», le respondieron. ¡Qué ciegos y atrevidos en ese momento! Pero cuánta fidelidad después, para dar testimonio de lo que creían, hasta derramar su sangre por Cristo. “Entonces Jesús agregó: Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo” Esto es lo que terminó pasando después, para ser la mayor honra de la Iglesia, nuestros mártires, esos que nos asombran, emocionan y estimulan, que nos dicen que Dios vale más que la vida, mucho más que la integridad física y la libertad de seguir viviendo una vida mediocre y acomodada. “En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados”. Jesús nos abre a una instancia que parece superior a Sí mismo, su Padre y su voluntad, que es el que destina a cada uno el lugar que le corresponde. Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Como decimos en las Pampas: a nadie le gusta que lo madruguen, que se le anticipen y le roben sus sueños, sus deseos, o el lugar que pretenden; estos tampoco entendían mucho y tenían en común lo que Jesús llamaba “los pensamientos de los hombres y no los de Dios”. Tenían en común con los zebedeos las mismas aspiraciones de poder y puestos de honor. Les duele sentirse relegados por los dos hermanos.
2.“Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad” Aunque las fuentes sean económicas o políticas, todos sufrimos por las decisiones de unos u otros, la cuestión es que el pueblo, y en especial los más pobres y faltos de oportunidades, son los que siempre la sufren y la vienen sufriendo desde antes de Jesús y después de Él también, siendo siempre las variables de ajuste, total son muchos y estarán siempre, así que lo que se les hace casi que no importa mucho, siempre han pagado y pagarán justos por pecadores. A la Iglesia le corresponde por misión, anunciar y denunciar toda forma de abuso u opresión sobre el pueblo, porque los afectados hoy, tanto como los posibles en un futuro, son todos hijos de Dios y de la Iglesia, y ésta, como toda madre, rehúsa callarse y ser cómplice silenciosa de cualquier forma de injusticia.
Jesús ahora nos marca a nosotros y a la humanidad toda, que el servicio es el camino, que el deber del discípulo es servir a la humanidad, servirla con el anuncio, la denuncia, la promoción humana y la realización de cada persona, para que ponga de manifiesto los talentos conque vino a este mundo y que no deben quedar enterrados ni perdidos. Más responsable que otros porque ha recibido más que cualquiera. “Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos” Por último se pone a sí mismo como modelo, desde la conciencia de ser aquel Siervo Sufriente de Isaías, (1ª. Lectura), que da su vida en rescate por una humanidad sufriente y dolida como él. “Porque el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud» La redención de los cautivos del mal y de la muerte, es la suprema manifestación del servicio fraterno y solidario con todos los hombres de todo tiempo y lugar, porque este misterio de Amor divino trasciende el espacio y el tiempo, se hace presente en los sacramentos de la vida y se actualiza en cada Eucaristía, que encierra el Misterio Pascual y contiene al mismo autor de los signos de vida. Es memoria, presencia y profecía, no cuestiona y a la vez nos estimula y sostiene en el camino del testimonio. Sin la Eucaristía y el Espíritu, nada podemos, por más buenas intenciones que tengamos. Con las intenciones no alcanza, hay que llegar a los hechos y participar en aquellos espacios donde se pueda plasmar nuestro servicio personal y comunitario, porque la servidora es toda la Iglesia, todo el Pueblo de los bautizados. Es nuestro deber irrenunciable ante Jesús y nuestra conciencia.
Con todo el deseo de que nos ayudemos entre todos a cumplir con este deber de amor y servicio
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DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Mis queridos hermanos: Qué interesante es descubrir el valor de las preguntas y lo que ellas desencadenan. Es maravilloso pensar que la vida está llena de preguntas y sólo algunas respuestas, que a su vez generan nuevas preguntas. Qué mediocre y hasta aburrido sería tener una vida con todas las respuestas y sin más preguntas. Estas son las que nos hacen descubrir que la vida está abierta, que la búsqueda es constante y nunca termina.
Hoy se nos presenta una de esas tantas preguntas, y ésta en concreto, sale de los labios de los discípulos, nuestros padres y los primeros que le plantearon sus dudas a Jesús, también Jesús les pregunta a ellos y nos sigue preguntando hoy a nosotros, escuchemos: Maestro ¿Dónde vives? ¿Quién dice la gente que soy Yo? ¿Y Ustedes? ¿Quién dicen que soy? ¿Quién es el mayor? ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna? Y así podríamos seguir buscando y recordando tantas otras preguntas que tienen los evangelios, y que siguen invitándonos a la reflexión o a continuar el camino en búsqueda de alguna respuesta.
La pregunta de hoy es muy concreta y surge de la sorpresa por una sentencia muy dura de Jesús sobre el destino de los ricos de este mundo ¿Quién podrá salvarse? Un primer esbozo de respuesta nos la presenta una palabra, como dicha al pasar, como la simple descripción de un momento en la vida pública del Señor y de su subida a Jerusalén. “Cuando se puso en camino” Los que siguen ese camino, los que siguen a Jesús, así se nos llamaba en el Siglo I a los cristianos, de aquí la relevancia de las palabras de Jesús, porque nos muestran un aspecto de la identidad de los discípulos que responde a la pregunta ¿Quiénes somos? “ve vende todo lo que tienes y dalo a los pobres y tendrás un tesoro en el Reino de los cielos. Luego ven y sígueme”. Así los del camino son aquellos que han escuchado, reflexionado, entendido y decidido aceptar las condiciones necesarias para seguir el Camino. “Ve, véndelo todo y dalo…” Los del camino son los que lo han vendido todo, se han desapegado, se han liberado de todo lo que les impedía hacer su elección, se vaciaron de sí mismos, y conquistando su libertad, se hicieron verdaderamente libres, por eso les resultará fácil entrar en el Reino de Dios, porque a éste se accede por la fe y la gracia, y esto es algo que un rico de espíritu no puede entender, ya que para él, en la vida todo tiene un precio, todo se compra y todo se vende, todo se negocia, se adquiere o se pierde, nada es gratis, nada es gracia, nada ni nadie regala nada. Así está entrampado en una única posibilidad de mirada, y cerrado a cualquier otra, ya que para él y su mentalidad, la vida es un mercado.
Ante esta situación existencial, la pregunta ¿Quién…? encuentra en Jesús como respuesta, para Dios todo es posible. Lo que llama la atención es que la salvación de un rico, que parece imposible para los hombres, no lo es para Dios, pero los hombres vemos que sólo por un milagro pareciera que un rico puede salvarse. ¿Es el dinero lo que hace que se pierda un rico? o ¿hay otra razón? Lo que surge del texto que estamos comentando, es el apego a los bienes. Aunque era un judío piadoso y observante, la mirada de Jesús y su llamado ponen al descubierto el verdadero estado interior de aquel hombre, que está representando a todo hombre. “El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes”.En realidad no poseía nada, estaba poseído por ellos, estaba dominado por ese ídolo del poseer, con la mentira que esto conlleva. La tristeza, el miedo, el sentimiento de peligro ante la posibilidad de perder todo; por eso ¿de qué libertad hablamos, cuando hablamos de libertad? “Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!”
Las tres P, plata, poder y placer, son las que impiden entrar al Reino, ya no sólo al rico sino al hombre en general, por eso dice luego: “Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios”. Ni el rico, ni el pobre, ni el hombre en definitiva, pueden pasar por el ojo de una aguja, pero lo que es imposible para nosotros, no lo es para Dios, siempre que lo dejemos hacer y ser nuestro Salvador personal y comunitario, porque el ¿quién podrá salvarse? Habla de dificultad cuando no de imposibilidad, surge así clara la necesidad de tener ese Salvador, de lo contrario tendríamos que afirmar que podemos arreglárnoslas solos y así prescindir de Dios.
Entonces la pregunta es: la Fe ¿para qué sirve? “Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible”. La última pregunta de este evangelio sale de la boca de Pedro que le dice a Jesús entre líneas, y a nosotros ¿que nos toca? Nosotros nos hemos quedado, no te dejamos de lado, te estamos siguiendo Pedro le dijo: Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. Ay Pedrito, Pedrito, siempre abriendo la boca, ¿por qué no te habrás callado? Qué interesado, qué ciego, no ver que el verdadero tesoro estaba delante de él y le estaba hablando. “Jesús respondió: Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo recibirá el ciento por uno, y en el mundo futuro la Vida eterna”
Podemos pensar que somos muy generosos con Dios, pero no es así, Él es inmensamente más generoso con nosotros de lo que lo somos con él, y además es desinteresado, porque es Dios no es hombre, no es mísero como nosotros, sino misericordioso, no es más o menos bueno, es infinitamente bueno; pero nosotros no podemos dejar de ser hombres y necesitamos ser recompensados, porque esto es lo propio de la creatura no de su Creador, y aquí radica la sustancial diferencia. El ama y no pasa la factura de su amor al hombre. Al menos un ser que sepa amar desinteresadamente...
Gracias Padre Dios, por tu amor infinito, misericordioso e incondicional; enséñanos que tu bondad y tu gracia son regalos que nunca podremos merecer ni tampoco pagar, pero que Tú, por Gracias y amor, nos entregas cada día, cada minuto de nuestras vidas. Enséñanos desde nuestra pequeñez de hombres, a crecer en la única y verdadera riqueza, el reino y tu amor...
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DOMINGO XXVII DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO
Evangelio de San Marcos 10, 2 - 16
Queridísimos hermanos: Celebramos la Eucaristía como cada domingo. Venimos al encuentro del Señor que nos llama a compartir su vida por medio de toda su Palabra y del sacramento de su Cuerpo y su Sangre, pan de vida y bebida de salvación, comulguemos conscientes de lo que recibimos, estemos en paz con Dios y entre nosotros, para que siendo uno en Él, el mundo crea que el Padre lo ha enviado y para que en su Nombre tengamos vida en abundancia.
Tema siempre difícil de predicar el Evangelio de este domingo, porque entre nosotros y en toda la sociedad contemporánea, hay tantos heridos de amor, que resulta muy doloroso para los pastores, tener palabras de verdad y, a la vez de consuelo y comprensión, con todos aquellos que tienen sus vidas tocadas por un proyecto de matrimonio y familia que se frustró, cuando se había apostado todo, a que serían las palabras del consentimiento algo definitivo, que no cambiarían los sentimientos y las decisiones se mantendrían en el tiempo, y sin embargo no ha sido así. Llaga abierta, a la que debemos tratar sin dureza, sin hacer otras nuevas y tan dolorosas como las que ya hay, llegue nuestra mayor comprensión para quienes están divorciados o los que además no comulgan porque sienten que le han fallado a Dios por no cumplirle la promesa “no separe el hombre lo que Dios ha unido”. Con todos aquellos que madurando su fe sin embargo no pueden recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor, porque su situación es irregular y sólo deben conformarse con la Comunión Espiritual, estamos con ellos, y su dolor como parte del rebaño, también es el de sus pastores. Ahora leamos y aprendamos de nuestro Señor y Maestro, como se trata a aquellos cuando vienen con trampas y segundas intenciones.
“Se acercaron algunos fariseos para ponerlo a prueba” Hay que molestarlo, hostigarlo, incomodarlo, hacerlo sentir amenazado y que su vida corre peligro, por oponerse a los poderes establecidos y enquistados en una sociedad pensada y querida para ellos solos, marginando al resto, esto es lo que etimológicamente significa fariseo: excluyente, sectario, encerrado en si mismo o en su grupo. Estos también serán los autores intelectuales de la Pasión y Muerte de Jesús. “Y le plantearon esta cuestión:¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?” sin faltarles el respeto pero magistralmente, conociendo su acostumbrada vanidad y sus aires de maestros, él los hace caer en la trampa y les contesta con una pregunta sobre algo bien conocido por todos, la prescripción de Moisés. “El les respondió: ¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado? Ellos le contestan a Jesús como si el Señor no supiera de qué están hablando, esto y el ridículo es más o menos lo mismo y así quedan delante de todos, cuando Jesús toma el centro de la escena y pone las cosa en un nivel muy superior al que se conocía hasta ese momento, hay que volver al origen de todo, hay que volver al principio, al proyecto inicial de Dios al crear al hombre. Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella» Hasta porque le salió mal la sopa o se le quemó la comida, tal era el nivel de abuso e injusticia en el que habían caído, poniendo a la mujer y a sus hijos en una situación muy dramática, y que Jesús conocía muy bien y a la que llama dureza de corazón. Esto era lo que enseñaban estos personajes a los que no les importaban ni Moisés, ni los diez mandamientos, como tampoco las personas y la desgracia en la que podían caer, y se amparaban en la ley, paradójicamente para ser injustos, dejando de lado lo esencial, la misericordia y la justicia. Aquí Jesús pone al descubierto la verdadera causa del permiso de Moisés, el corazón endurecido, ¿que hubiera pasado si no se hubieran endurecido los corazones? Seguro que se habría escrito otra historia, pero la realidad nos dice que la historia la ha escrito la dureza del corazón con sus pasiones y vicios, su violencia, mezquindad y maldad. Por esto Jesús enseña que hay que volver al principio, recuperar aquel proyecto: “Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer” Pero el pecado puso al varón contra la mujer y la mujer contra el varón, para ir de la comunión al enfrentamiento, del diálogo a la incomunicación, de la armonía a la dispersión, y esto con su origen en el corazón duro, herido y enfermo del hombre y la mujer pecadores, inclinados y más propensos a la dominación y a la competencia, que al servicio y al amor solidario del uno con el otro. “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre; y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne” Ya son uno, complementarios, servidores de la vida y corresponsables de sus vidas y las de los hijos que son fruto de esa unión, de su sustento y educación. “Que el hombre no separe lo que Dios ha unido” Aquí tocamos un punto muy importante del matrimonio y es el papel de la fe. ¿Todos los casamientos son fruto de una fe madura? Los novios ¿participan a Dios de su unión? ¿Dejan que Dios los una? ¿O todo es una cuestión social y tradicional? ¿Es sacramento o solo una gran fiesta? El por qué de tantas preguntas, es que hoy hay que hacer éstas y muchas otras, pero no las haremos hoy y aquí, porque no es el momento ni el lugar. La destrucción del matrimonio y la familia están en el centro de la decadencia en la que vivimos, porque habría que ser muy ciego, para no ver lo que está pasando en todas partes y de un modo muy concreto en el Occidente ex cristiano, con la cultura de la muerte y del relativismo ético, donde todo está permitido y fuera de cualquier límite. “Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio» En aquel momento Jesús responsabiliza a unos y a otras, igualando a la mujer con el hombre y al hombre con la mujer. Adulterio cometen el uno tanto como la otra. El problema sigue y seguirá siendo el corazón duro, que no obedece la Palabra de Dios y sigue los dictados del mundo y la potencia de los sentidos, por eso el mandamiento cristiano es mucho más exigente que el de Moisés, porque llega hasta las intenciones con que se mira al otro. Para Cristo no hace falta llegar al trato íntimo, con el deseo ya se manifiesta lo que hay en el corazón o en la conciencia.
Entonces hay que dejarse dar por el Señor un corazón nuevo y un espíritu nuevo, porque cambiando el corazón, lavando e iluminando la conciencia se cambia al hombre y su mundo.
Jesús lo tiene, Jesús lo da a todo aquel que se lo pida. Si hay alguien interesado en que seamos fieles, que vivamos en paz y armonía es el Señor. El sabe lo que cada uno necesita, sólo hay que extender la mano con humildad y coraje para recibir lo que nos promete.
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DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO Mis amados hermanos: La bondad, la misericordia y la paz del Señor estén en todo tiempo y circunstancia de la vida y que el Espíritu, guarde sus corazones en la fe del amor de Dios, que nos ama y nos cuida más allá de toda comprensión y medida.
Varios temas nos presenta el Evangelio de este domingo: no es de los nuestros, quien no esta en contra está con nosotros, la recompensa, el escándalo y las tentaciones, como ven, mucho para meditar...
1.“Juan dijo a Jesús: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros" ambicioso y trepador apóstol, que no admitía que otros pudieran tener poder o hacer cosas fuera de su control y por eso expresa su disgusto, al ver que pasaba algo semejante al poder que habían recibido ellos de Jesús y que quien lo tenía no era uno de los 12. El espíritu sectario no es ajeno a la práctica de nuestra fe, porque hay mucho anonimato entre nosotros, que celebramos cosas grandes que nos unen, pero sin saber realmente quienes somos "nosotros", como tampoco sabemos quienes son "los otros", que están a nuestro lado en las distintas celebraciones, en especial la más grande, la Misa. Es natural que nos encerremos en grupos de intereses comunes, o de afinidad, de responsabilidad o de misiones encomendadas. Este grupo pequeño hace sentir pertenencia, influye y acentúa la identidad de cada uno, al menos esto es lo que muchos creen, pero en realidad cada uno, sólo por ser hombre, persona, es un hermano, y como tal no necesita ser identificado con tal o cual asociación para ser imagen y semejanza de Dios, discípulo y hermano del Señor Jesús.
Las estructuras y la organización son necesarias, los hombres pasamos porque somos caducos, pero las instituciones y la organización deben perdurar en el tiempo, trascienden la vida física de las personas, por eso hay que tener mucho cuidado con la forma que se les de, porque según sea ésta, servirá a la causa y al proyecto de Jesús o se desnaturalizará, se servirá a sí misma y terminara comiéndose a sí misma.
“Pero Jesús les dijo: "No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros". Los invita a abrir la cabeza y mirar más allá, a entender que El no está atado a la voluntad de ellos, sino que todo el que quiera hacer el bien a otro, le pertenece a El y también a ellos, es de los nuestros aunque no esté físicamente visible en la comunidad apostólica. Ese ser humano anónimo, ha creído sinceramente que en el Nombre de Jesús podía hacer las obras de Jesús: “El Espíritu me ha ungido para anunciar la liberación a los cautivos” Sacar a una persona de la opresión del demonio era una obra por excelencia de Jesús, y en lugar de ser un motivo de alegría para Juan, pareciera que le da hasta envidia, en vez de asombrarse y alegrarse de que el Nombre del Señor haga maravillas más allá del perímetro de los 12. Ya el espíritu sectario se había hecho presente entre ellos, pero el Señor no se alarma ni se escandaliza, ni siquiera lo reta, sino que le da las razones de la apertura. No hablará mal de mí y si no está contra nosotros, está con nosotros, o por nosotros, como leemos en otras traducciones.
2. “Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo”. Ahora les hace ver que dentro y fuera de la comunidad apostólica, todo el que haga bien a cualquiera, por ser de Cristo, no quedará sin su recompensa. Apertura y amplitud, cosas bien difíciles de practicar, porque exigen romper el cerco de lo ya establecido para abrirse a lo nuevo, a lo que no se conoce y sorprende con su manifestación. Es un movimiento de adentro hacia afuera, imitando el movimiento de la Creación primero y de la Redención después. Dios abre su Amor hacia afuera, al crear todas las cosas, y luego se abre nuevamente al hombre caído, para redimirlo y hacerlo más que creatura: su hijo. Nosotros somos ambas cosas, y lo somos, por un Dios que se abrió y no se guardó su ser, lo participó a todas las cosas y en especial al hombre y al que no abandonó a su suerte, sino que se hizo de los nuestros para redimirnos.
3. “Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar” Así de grave, es hacer tropezar a otro, sobre todo si es pequeño en la fe y fácil de alejar, ya que su candidez y la falta de experiencia acerca del propio barro, le escandaliza, le hace dudar y descreer, ante el barro del otro. Esta razón es la que hay que tener en cuanta para tratarlos con sumo cuidado y acompañarlos en los momentos de crisis, causadas por lo que suelen ver, escuchar o enterarse, y luego de acompañarlos, centrarlos en Aquel que es indefectible y totalmente perfecto, el único que jamás los va a defraudar ni escandalizar.
4. “Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos al infierno, al fuego inextinguible” Duro y determinante el lenguaje de Jesús en esta parte del evangelio. Veamos: la mano es un don maravilloso al servicio del amor, la ternura, la creatividad, el gesto fraterno y solidario; pero el hombre la usa para golpear, robar, herir, matar y dominar, para hacer y hacerse daño con ella, todo esto es lo que le hace perder el Reino y lo sumerge en el infierno. “Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies al infierno” Los pies nos fueron dados para apoyarnos, movernos, caminar o correr, para ponernos por entero al servicio del otro, no sólo queriendo, sino estando con el otro cuando lo necesita; pero lamentablemente también sirven para llevarnos por caminos que no conducen a la vida, sino a la muerte. Cuando sabiendo cual es el Camino, no siguen las huellas de Cristo, y transitan su propio camino, perdiéndose a sí mismos; cada uno sabe por donde ha caminado o por donde camina apartado del Señor y su Palabra. “Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un sólo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga” Los ojos representan todas nuestras aspiraciones, con ellos miramos nuestro futuro y con ellos proyectamos nuestros más profundos deseos, pero hoy se trata de ver como miramos y con qué espíritu vemos a los demás ¿será como Jesús los miraba? Dios quiera que si y que siempre fuese así, todos sabemos que purificar nuestra mirada es todo un trabajo que debemos hacer a diario, porque como dice el proverbio inglés: “la pureza o la impureza están en el ojo del que mira”. Cambiando nuestro interior cambiará también nuestra mirada sobre el otro, la idea que nos hacemos de él, cuantos prejuicios o rótulos les ponemos. ¿Jesús haría eso? Él no lo hace con ninguno empezando por nosotros, y siguiendo por los otros.
Entendemos que el lenguaje del Señor es simbólico pero también chocante, para generar la conciencia de que con el mal no hay componenda posible, sino que la decisión de abandonarlo debe ser radical, porque de no ser así, la ruina es inconmensurable, nada menos que el cielo eterno o el infierno eterno. Si esto es verdad, no es menos cierto que la gracia de Dios, y el poder de su Espíritu lo hacen posible en nosotros, ya que por nosotros mismos, sólo podemos sucumbir en el intento, porque son fuerzas muy poderosas, superiores a las nuestras, pero que no pueden con Cristo y su Cruz, a la que están sometidas.
Con todo afecto y el sincero deseo de que juntos, nos atrevamos a descubrir a esos "otros" que no están contra nosotros y elijamos con coherencia el verdadero amor, que algunas veces exigirá el sacrificio de aquello que nos es impedimento para el reino... pero el AMOR lo hace todo posible...
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DOMINGO XXV DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Mis queridos hermanos: Hoy la palabra de Dios tiene un común punto de encuentro. La ambición: tanto para dañar al justo y al santo, para generar toda clase de enfrentamientos y divisiones en la comunidad cristiana de Santiago y en el Evangelio la de los apóstoles que conversaban acerca de quién era el más grande entre ellos. El poder y la ambición enceguecen a todos, aun a aquellos que se tienen o son tenidos por virtuosos y perfectos entre nosotros, porque idólatras somos por naturaleza y creyentes por gracia de Dios desde el bautismo, pero no estamos inmunizados contra las 3 tentaciones, poder, plata y placer y hasta los más aventajados en el camino del Señor pueden y no sólo pueden, sino que sucumben a sus encantos, mentiras y bondades de corto plazo. Las tentaciones contienen una mentira que tenemos que descubrir sin asustarnos y sin escandalizarnos de nosotros mismos como tampoco de los demás y, sobre todo, abandonar la falsa idea de que a mi no o yo no, porque el tropiezo puede ser muy doloroso, “el que esté de pie cuídese de no caerse” o que abandone la falsa seguridad de creer que él solo, puede mantenerse de pie.
1.“Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará». Jesús había endurecido su rostro, se había puesto serio y decididamente se encaminaba a Jerusalén a padecer. Iba en busca de consumar su misión, esa que recibiera del Padre al dejar la gloria y bajar hasta nosotros, misterio, si lo hay, de un Dios que viene al mundo a padecer, pero no a padecer por padecer, sino para redimir por medio del sufrimiento y la muerte, para transfigurarlos y ponerlos al servicio de la obra más importante que vino a hacer al mundo, transformar al hombre desde dentro, cambiarle la mentalidad, hacerle ver las cosas de otra manera y no de la única que el hombre poseía desde el paraíso perdido, para hacerlo crecer y llevarlo a una plenitud que nadie esperaba o podría haberse imaginado: ser hombres nuevos para un mundo nuevo. “Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas” Como Jesús venía hablando muy claro acerca de lo que le pasaría, a medida que avanzaba en su peregrinación, a sus apóstoles se les acercaba la hora del encuentro con los hechos que el Señor les anunciaba, intuían lo que podría pasar, y que iba a pasar, y deseaban con toda su alma que no pasara, porque era todo aquello de lo que no querían saber ni hablar, pero la actitud decidida de Jesús los llevaba a tener miedo de preguntar.
2. «¿De qué hablaban en el camino?». Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande” Jesús y los pensamientos de Dios, los apóstoles con sus pensamientos de los hombres, con sus ambiciones de poder, de puestos y de prestigio, sin importar el costo “¿pueden beber el cáliz que yo voy a beber? Sí podemos, respondieron Santiago y Juan”, y lo mismo habrían contestado los otros 10, tal era la ceguera de poder que los animaba, fogoneados por los gestos de poder, que ellos mismos habían experimentado durante las misiones a las que Jesús los había enviado, con poder sobre la enfermedad y los demonios. Era como para pensarlo seriamente, desear en un futuro cercano, tener parte en el poder de Cristo vencedor de sus enemigos y ellos con él. “Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». Con una pedagogía extraordinaria y de una originalidad sorprendente y admirable, parte de la situación vital, de aquello en lo que los apóstoles están, para dar una clase magistral acerca del Reino de los Cielos, sus criterios opuestos a los del mundo, que ellos deben abandonar si quieren entender, seguir y servir a Jesús y a su causa. La “ambición” trocada en aspiración, en el Reino significa dejar de lado los honores, los privilegios, las vanidades y los primeros puestos, hay que hacerse pequeño, buscar el último lugar, ser honrado por Dios y no por los hombres.“Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado” Como de costumbre hace cosas escandalosas para los apóstoles, ya que un niño en su tiempo era un ser insignificante, no servía para trabajar, ni para hacer la guerra, ni para la religión, por eso el Reino les pertenece a ellos con el resto de los pobres, los desposeídos, los marginados y los excluidos, porque la novedad del Reino es precisamente tener en cuenta a los que nadie tiene en cuenta menos aún el mundo. El egoísmo de éste solo puede tenerse en cuenta a si mismo y sus intereses de poder, dominación y lucro sin medida. Por esta razón es injusto e inhumano, destructivo y auto destructivo, arrastrándonos a todos a un final no muy lejano y catastrófico, y del cual, la naturaleza y el desequilibrio ecológico lo van mostrando y alertando, tan es así que el Catecismo de la Iglesia ha agregado a los pecados, el atentado contra el ecosistema y denuncia sus causas, el capitalismo salvaje que, como tal, no respeta nada ni a nadie. No es de extrañar que esto pase en un mundo que le ha dado la espalda a Dios, que vive sin Dios, sin importar las confesiones religiosas, todas las que han respetado la naturaleza y la han visto como la obra del Creador, faltar contra ella, es atentar contra Él. Así el hombre del presente es científico, ecologista y místico, o por lo menos hacia esa síntesis camina, pueda ser que a partir de él, surja una nueva conciencia, que respete todo lo que Dios nos ha dado y por eso lo cuide como algo propio.
“Señor, haznos conocer y gustar que somos parte de un todo ordenado y bello. Que somos servidores de la vida y de toda vida, ayúdanos a cambiar nuestra mentalidad pragmática, economicista y mezquina, que nos demos cuenta que no solo de pan vivimos, sino que necesitamos muchas cosas que no se compran ni se venden porque son un regalo tuyo y que debemos apreciarlo y cuidarlo, porque solo somos administradores, el dueño eres Tú que vives eternamente y a quien glorificamos con nuestras palabras y obras” Amén.
Con todo afecto y el sincero deseo de que juntos, descubramos el verdadero amor, que no tiene nada que ver con la ambición ni el poder
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DOMINGO XIV DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO
Evangelio según San Marcos 8, 27 - 35
Mis queridos hermanos en el Señor de la Vida, la paz esté siempre con ustedes y los acompañe en todo momento y lugar.
Una nueva Misa nos congrega como Pueblo y Familia de Dios y esto es una gran alegría y un regalo del Cielo, ya que en muchos lugares quisieran tener lo que nosotros tenemos y no lo tienen porque no creen y si creen, porque no tienen ni sacerdote, ni diácono, ni ministros de la Palabra ni de la Comunión. Demos gracias por todo lo que significa esta celebración para nosotros, que no se nos haga costumbre encontrarnos y festejar juntos la Presencia del Señor.
Nuestro Evangelio para este Domingo, tiene muchas cosas que decirnos: Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas» Jesús hace un sondeo de opinión y, en la respuesta de los discípulos se revela que para el pueblo Jesús está a la altura de los Profetas y del último de los aparecidos Juan el Bautista. El pueblo ve en Jesús una unción con la que se explica la acción de Dios y su visita en medio de ellos. Veían al portador de la Palabra que Dios les dirigía a ellos después de años de silencio “llegarán días en los que tendrán sed de la palabra de Dios” Después de esos siglos de sequía y de manera simultánea, se presentan Juan y Jesús, y se moviliza toda la nación buscando apagar esa sed de la que hablaron los profetas, y que ellos experimentaban junto con la sed de liberación, de independencia y paz. “¿Y ustedes? Tú eres el Mesías” Es muy interesante ver que la pregunta va dirigida a una comunidad, y es contestada por una comunidad y no de modo individual, esto nos hace pensar en la importancia que tienen las preguntas entre nosotros, y las respuestas encontradas juntos. Esta dimensión comunitaria de la fe es esencial y siempre lo ha sido desde los orígenes del cristianismo. Cuánto daño le hizo a nuestra identidad la ideología individualista adoptada por corrientes internas y poderosas, que se impusieron verticalmente. La persona es un yo en relación con los otros, autoafirmación y a la vez distinción, diálogo y comunión. Nunca puede ser el olvido del otro o la disolución del yo, una postura cristiana; ni individualismo ni colectivismo, ambos han traicionado el ser como Dios lo pensó, como Dios nos pensó, distintos pero en comunión de personas, como en el interior del Dios Uno y Trino, nosotros a imagen y semejanza de nuestro Dios “Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él” Jesús que manda callar para no generar confusión, falsas expectativas e ilusiones que se convertirían en desilusiones. Quería ponerlos a pensar las cosas según Dios y no según los hombres, y así comienza a mostrar su Misterio Pascual, centro de la Fe del Nuevo Pueblo, la Iglesia que vive y se nutre de este misterio de vida en cada sacramento y en especial la Eucaristía. “Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad”
En Pentecostés, Pedro, lleno del Espíritu, presenta a Jesús como aquel en cuya boca no hubo mentira ni engaño. Así se entiende por qué comienza a anunciar a sus discípulos su Pasión, Muerte en Cruz y Resurrección. Les habla bien claro y, varias veces, del desenlace violento de su vida. Aquello que en Emaús él dirá a los peregrinos ¿No era necesario que el Mesías padeciera para entrar en su gloria? “Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo” Pedro se asustó, pensó que en un segundo sus sueños mesiánicos-políticos se esfumarían y que todo terminaría mal. Sueño que no sólo era el suyo, sino el de todos en Israel. Había una cuestión de poder y que con poder debía ser solucionado, y viendo lo que Jesús hacía con el poder que tenía en virtud de su divinidad, era como para ilusionarse y querer que ese poder se pusiera al servicio de la liberación de la opresión romana. Éstos eran los pensamientos de los hombres y no los de Dios, que quería ir al fondo de los problemas y solucionarlos por medio de un sacrificio de amor, que hiciera justicia a Dios y volviera justos a los hombres a los ojos del mismo Dios. Por esto las cosas debían hacerse de otra manera y cualquiera que quisiera que las cosas fueran diferentes, cualquiera que quisiera apartar a Jesús del camino de la cruz, se convertiría en Satanás, en tentador. Pedro no sabía que con su actitud estaba siendo instrumento del que debía ser vencido en la cruz y puesto bajo el dominio del Crucificado. Para conservar su influencia sobre los hombres y el mundo, satanás no debía permitir que Jesús llegara al fin de su misión, porque eso era su propio final y le estaba llegando la hora. “Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”. No debe haber sido fácil para Pedro, que tanto quería a Jesús, que éste lo tratara de Satanás, tal era la sensibilidad de Jesús a la presencia y a la acción del maligno y por eso es tan duro y tajante; con el diablo no se negocia ni siquiera cuando viene disfrazado de amigo. Y aquí viene lo que nos dice desde hace 2000 años y aun nos sigue chocando: “Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” El discípulo no es más que el Maestro, al discípulo le basta con ser como su maestro ¿hay un cristianismo verdadero sin cruz? No, no lo hay, como tampoco lo hay sin resurrección y sin vida. Debemos ver el Misterio Pascual en su totalidad para nos escandalizarse y huir ante el sufrimiento. También hay que mirar el contenido del Misterio. La cruz de cada día es la cuota de amor que hay que poner en la vida, porque el misterio de Cristo, es un misterio de amor sin medida y sin reserva. Amar por un rato es fácil, amar con constancia, amar para toda la vida no lo es y no podemos hacerlo solos, de aquí la importancia de la Comunión, porque es el sacramento del amor, y alimenta en el hombre la capacidad de superar el egoísmo y la indiferencia, y comprometerse con el amor por el otro, poniéndolo en primer lugar, como Jesús, que puso a su Padre y a nosotros en primer lugar. “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá” Amar, entonces, es el secreto; es la comprensión del Misterio y lo que ilumina la paradoja del Reino de los Cielos, donde todo está dado vuelta, con una lógica que no es de este mundo y que este mundo no entiende y no quiere, con su culto de los placentero e inmediato. Sólo el que aprende a amar, aprende a postergarse, aprende a perder para ganar. “y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará” No se trata de perder la vida por cualquier causa sino por la Buena Noticia, que es perderla por el mismo Cristo, buena noticia de Dios para nosotros, para todos los hombres y para todos los tiempos hasta el final de los mismos.
“Amado Señor, no puedo con mi cruz, es pesada, me duele, hay momentos en los que no me deja caminar, no la entiendo, necesito de tu ayuda, de tu luz, sin ella me hundo en la mayor oscuridad. Ten piedad de mí y escucha mi oración. Dame tu Espíritu para que haga en mí como hizo en Ti. ¡Respóndeme porque sólo confío en Ti!”
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DOMINGO XXIII DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Muy queridos hermanos: La celebración del Misterio de la fe nos congrega una vez más.
Misterio que se manifiesta por medio de la Palabra y los signos del Pan y el Vino. Celebramos por medio de ellos el Sacrificio Sacramental de Cristo, anunciamos su Muerte, proclamamos su Resurrección y le decimos Ven Señor Jesús. Hoy lo queremos decir de una forma más viva e intensa, haciendo más consciente esta exclamación, esta convicción y este grito de esperanza. El Señor está vivo, está presente entre nosotros y vendrá a buscarnos y llevarnos con Él para compartir con nosotros su Gloria Eterna.
Hoy en nuestra patria Argentina realizamos la tradicional Colecta Más por Menos, orientada a la ayuda de las Comunidades más postergadas de nuestra Nación, y que necesitan la ayuda generosa de todos los que tenemos muchísimo más que los que tienen menos, y que necesitan de nuestra ofrenda, del desprendimiento de nuestros corazones y de nuestros bolsillos, para que la promoción humana no se quede en deseos y palabras, sino que se concretice en obras necesarias y que dignifican a nuestros hermanos más pequeños.
Nosotros somos la voz de los que no la tienen y los oídos solidarios que abren el corazón con sus sentimientos y afectos para socorrer a los que nos piden dignidad, porque de eso se trata la obra de la Comisión Episcopal Más por Menos.
1. Hoy la Palabra del Evangelio nos presenta al Cristo Peregrino, que pasa por diversas ciudades, anunciando la llegada del Reinos de Dios que se establecía en medio de los hombres y en favor de ellos.“Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis” El Reino es anunciado siempre en un tiempo y un espacio bien concretos, en lugares con nombre, con una geografía y unas costumbres que los identifican, con sus historias y con los que viven allí.
Hoy, son tu pueblo, tu aldea, tu barrio, tu edificio, tu puesto en la montaña, junto al mar, en medio de la selva, o en los polos, en el cielo, en la tierra y en el mar, donde estés, allí el Reino llega y se hace presente.
A esos lugares y a aquellos hombres llegaba Jesús con el anuncio de la Palabra y con los signos que la acompañaban para suscitar la fe que trascendía por un lado, y unía por otro, a los diversos pueblos.
Desde aquel momento ya no habrá diferencia entre los hombres, éstos serán hermanos, hijos de un mismo Dios y Padre, discípulos de un Único Maestro y se convertirán en Templos del mismo Espíritu, serán Pueblo de Dios y Familia de Dios, serán Cuerpo Místico de Cristo, servidores de la humanidad y llamarán a sumarse al Reino, al Pueblo y al Cuerpo.
2. “Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud” Sí, en medio de una multitud que ensordece no es posible escuchar y el ruido no permite ser escuchado. Además, para sacarlo del aislamiento en el que vivía, tenía que hacerle sentir la diferencia, para que oír y hablar tuvieran sabor a liberación, igualdad con su entorno y dignidad, cosas que el sordomudo no tenía de por sí.
Uno de los sufrimientos que tiene quien pierde la audición es el aislamiento que le produce la sordera, afortunadamente la sociedad ha generado el lenguaje gestual y así el aislamiento se hace más llevadero y la integración un poco más fácil. “llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua” La Palabra y los signos sacramentales van siempre unidos, los dedos en las orejas y la saliva en su lengua, son expresión de esta estructura sacramental, palabras y signos que Jesús deja a su Iglesia, para que sirva los hombres y cubra sus necesidades. “Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: "Efetá", que significa: "Ábrete". Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. ¡Un milagro como pocos! Porque en un segundo Jesús le dio lo que nosotros aprendemos en años y con esfuerzo, es más, seguimos siempre corrigiendo la ortografía, la dicción, incorporando nuevos términos a nuestro vocabulario.
Pero queremos ir más allá del signo-prodigio de Jesús y de la palabra ábrete: los hombres tenemos diversas puertas en nosotros, con la llave y con la libertad tanto para cerrar como para abrir. Una de las puertas mira hacia adentro, que es la que nos da el conocimiento de nosotros mismos, saber quiénes somos, cómo somos y lo que queremos y deseamos para nosotros. La puerta que nos abre el encuentro con nuestros sueños, anhelos, ideales y las metas que viven en nosotros, y que sólo nosotros conocemos primeramente, es la puerta a la interioridad de la que nos habla San Agustín, el hombre dialoga consigo mismo, tiene ecos en su corazón. Tiene memoria y tiene vida en sí mismo, puede estar a solas con su mundo interior, puede conocerse de verdad, puede poseerse a sí mismo, puede aceptarse pacíficamente y proyectarse más allá de sí mismo.
Aquí aparece la segunda puerta que es la que nos abre al encuentro con el otro, el semejante, el igual y a la vez el diferente de nosotros, para compartir de lo nuestro y recibir de lo suyo, maravilloso intercambio de riqueza y de pobreza, de grandeza, posibilidades y límites; nadie lo tiene todo y a nadie le falta todo, pero en la integración se da el completar desde el compartir con el otro.
Aquí aparece la tercera puerta que es la que nos abre al encuentro con el OTRO, el que está en lo alto o viene de lo alto y que se hace presente, allí donde hay dos o más reunidos para pedir algo, su promesa ha sido y es estar con nosotros. Pero para que eso ocurra hay que romper el encierro, abrirse al encuentro y asumir que habrá riesgos, que habrá que hacer cambios, pero también habrá crecimiento y mutuo enriquecimiento.
Hacia adentro, hacia afuera y hacia arriba, es la forma en que Dios pensó la vida para nosotros, y sin apertura no se encuentra vida. Quienes hoy viven encerrados en sí mismos, que están enfermos de dolor y sin esperanza, en la apertura al otro, en el encuentro con el otro, van alcanzando la salud que no tienen, o al menos un poco de alivio a su situación, esto es lo que Jesús le dio a aquel sordomudo, que al no tener un nombre específico representa a todos los que están encerrados, sordos y mudos, incomunicados y aislados, sin poder convivir con su entorno y con dificultades para estar consigo mismos y con una fe aletargada que los priva de la esperanza, que es lo que han ido perdiendo y que tanto mal les hace.
3.“ también les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más les insistía, ellos más lo proclamaban” El secreto mesiánico que tanto aparece en los evangelios obedece al deseo de Jesús de ser reconocido como Mesías una vez resucitado y no antes, porque el advertía en su entorno, el anhelo de un mesías político, guerrero y libertador, que expulsara a los opresores y devolviera a la dinastía de David el Reino de Israel; de haber sido así, Jesús no hubiese realizado su misión y no habría pasado de ser uno más que alborotó, pero que en poco tiempo todo terminó. Su misión era otra: liberar sí, pero del mal, la ley sin espíritu y la muerte, y para esto, tiene que padecer, morir y resucitar y sólo entonces ser reconocido como Mesías e Hijo de Dios, Señor y Salvador, pero de todo la humanidad y no de unos pocos, ni para un problema circunstancial, sino para un cambio radical de las cosas, haciéndolas todas nuevas.
“ en el colmo de la admiración, decían: Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos".Más allá de su deseo de un secreto mesiánico, El no podía silenciar la admiración de la gente que oía y veía las cosas que hacía, nosotros no sólo creemos, sino que también admiramos a Jesús, lo respetamos y lo queremos. Nosotros también queremos hablar de él y de sus obras, nos admiramos y hasta nos quedamos mudos ante sus palabras o cuando vivenciamos los hechos que nos relatan los cuatro evangelios. Cuando el Espíritu nos toma y nos usa como instrumentos no nos podemos callar, necesitamos decir, porque tenemos oídos para escuchar, labios y voz para decir lo que recibimos como inspiración. Nosotros en otro tiempo éramos sordos y estábamos mudos, pero el abrió y desde ese momento, todo cambió para siempre y lo que el abrió está abierto y nosotros no queremos cerrarlo, porque ya sabemos cómo era la vida antes de que él abriera.
Dejemos que el Señor siga abriendo todas las puertas, no cerremos ninguna a la acción de su espíritu…
Con el afecto de siempre: Manolo, un cristiano como vos… Subir al índice


DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
Evangelio según S.Marcos 7,1...
Hermanos: La paz de Dios que supera todo lo que podemos pensar tome bajo su cuidado sus corazones en el Amor y la Misericordia de Dios.
Hoy nos asomamos a una realidad muy nuestra, sustituir la Palabra de Vida por el formalismo de una religiosidad vacía de contenido y que nada dice o hace en nuestra vida, porque no cambia la fuente de todos nuestros males: nuestros corazones, que de donde provienen todas las cosas que nos hacen sufrir o hacen sufrir a quienes viven a nuestro lado, y que tanta paciencia y bondad tienen con nosotros.
Vamos por partes, comencemos por la controversia sobre lo puro y lo impuro, lo limpio y lo sucio, que sería para nosotros lo que era entonces para los escribas y fariseos, a quienes nuestro dulce Señor Jesús trata con tanta aspereza, conforme la dureza de sus corazones: “¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí” ¿Se habrá quedado en aquel tiempo ese reproche del Señor? ¿O se puede aplicar a nosotros hoy? ¿Somos también nosotros un pueblo con el corazón lejos de Él? que cada uno se examine, a ver si tiene una fe pura o si la tiene contaminada con doctrinas de los hombres, porque está siendo difícil mantenerse, sin un sincretismo religioso, mezcla de otras creencias que pueden hacer vano nuestro culto; me parece que debemos permitirnos al menos pensarlo ¿verdad?
“En vano me rinden culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos” Si bien, el reproche y los celos de Yahvé, se manifestaban a todo el Pueblo de Israel por medio de Isaías, en tiempos de Jesús, de un modo especial se dirigían a estos personajes, quienes confundían y atormentaban al pueblo con su confusión sobre lo esencial y lo accidental, sustituyendo con preceptos humanos la Palabra y los Mandamientos de Dios. Porque en lugar de enseñar el camino de Dios, enseñaban otra cosa, y entorpecían ese encuentro con sus palabras, mezclando la Sagrada Revelación con las leyes humanas, hasta tal punto que al final, todo valía e importaba de la misma manera, con un legalismo sin contenido y sin vida. Ya sabemos lo que es un ser sin alma y sin espíritu.
“Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres. Y les decía: Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios” Ese tranquilamente es punzante si lo escuchamos bien, ya que entre nosotros hay quienes viven aferrados a sus tradiciones y no dejan lugar a la evolución, al crecimiento y al cambio, creyendo que a la Vida del Espíritu, se la puede encerrar, se la puede contener, se la puede canalizar pero todo revienta cuando se la quiere forzar al encierro. El Señor pone las cosas en su verdadera dimensión y en el lugar correspondiente “Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro” Lo impuro, o lo que le enferma la vida, mancha o contamina con sus egoísmos y mezquindades nuestras relaciones interpersonales, nuestra convivencia en el trabajo, la escuela y en todo lugar por donde pase el hombre con su corazón y con su mundo interior. “Porque es del interior, del corazón de los hombres” En toda la Sagrada Escritura, el interior, el corazón, la mente son distintas maneras de nombrar la conciencia moral del hombre, donde Dios le habla, donde se le revela su ser y hacer, la Verdad y las mentiras del mundo y de sí mismo, la autoconciencia, que es esa voz interior que aprueba o sanciona, según sean las obras buenas o malas, generando satisfacción o remordimiento y esto surge espontáneamente, generando alegría o tristeza, autorrespeto o vergüenza. Es el corazón del hombre “de donde provienen las malas intenciones”
Todo aquello que es como la parte de inspiración que antecede a los actos humanos, libres y deliberados, que hacen lo que está mal y sabiendo que está mal, y que en lugar de apartarse de ello, lo ejecuta sabiendo bien lo que se hace. Los escribas, fariseos y sumos sacerdotes judíos, sabían muy bien lo que hacían cuando decidieron que era mejor que uno muriera por el pueblo y no que toda la nación pereciera; pero sabemos que esto era mentira, que no querían proteger al Pueblo sino salvar sus intereses políticos y económicos. Los genocidios que conocemos a lo largo de la historia, no fueron sólo un error de la humanidad, sino el horror que algunos hombres y su ideología del odio generaron. Las decisiones que tomaron en el pasado quienes dejaron en la calle a millones de hombres y mujeres, ancianos y niños, víctimas del ajuste de los políticos para satisfacer la avaricia de unos pocos, fue pensado, deliberado y ejecutado con total conciencia de las consecuencias y con absoluta frialdad, convirtiendo a las personas en números de una estadística, con total falta de respeto a su dignidad y al valor de las personas y sus vidas.
Y así podríamos enumerar infinidad de decisiones que se tomaron y se toman hoy con las consecuencias que todos conocemos. “las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia” Basta con ponerse un rato ante la TV, o entrar en los periódicos por Internet y encontraremos manifestaciones de todas estas conductas multiplicadas y presentes en toda la sociedad contemporánea. Pero quisiéramos detenernos en una que es de las más graves: “la difamación” , que es revelar algo, para perjudicar el buen nombre y el honor de las personas. Hoy asistimos a un repugnante espectáculo en el cual la deshonra de las personas es moneda corriente y luego se pide disculpas como si con ello se arreglara el daño que se ha hecho. La difamación y la calumnia son de los pecados más graves, porque sus consecuencias suelen ser irreparables. Hoy se dice cualquier cosa sin fundamento alguno, degradando a las personas y rebajándolas al nivel de no respetar la dignidad, la vida y el futuro de las mismas. Cuántas familias con su honra destruida por la difamación o la calumnia, lo han perdido todo o han tenido que irse a otro lugar para empezar de nuevo en otra parte y lejos de todo lo que les quitó la vida que llevaban.
Hoy esto es más difícil que en otras épocas, el fenómeno de las comunicaciones instantáneas hace que nadie quede anónimo en ningún lugar y la cuestión de la imagen a todos nos pone paranoicos y miedosos, porque nadie sabe en que momento va a ser escrachado. Pero hay quienes por un segundo de fama son capaces de hacer o prestarse para cualquier cosa. “el desatino”
Vivir sin respeto por los límites que sustentan una sociedad respetuosa y auténticamente humana. El que no vive con límites no puede convivir civilizadamente y se automargina de la sociedad, pierde oportunidades y pone en peligro hasta su propia subsistencia. Hoy decimos que el descontrolado, el que no se respeta a sí mismo, termina loco, preso o muerto, salvo que quiera salvarse en vez de perderse y rescate su vida, lamentablemente el porcentaje de los que se salvan no supera el 5 % de los que rompen los límites, es una verdadera pena, ya que cada vida que se arruina o se pierde es un proyecto de Dios que no llega a término y que se frustra. “Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre”
El fondo de todo lo que Jesús vino a hacer, y que sigue haciendo, es darle al hombre un corazón nuevo y un espíritu nuevo, con esto cambia al hombre y por medio de él cambia o va cambiando al mundo. Esta es nuestra esperanza para cambiar desde dentro, porque es el único cambio que perdura para siempre.
Con todo afecto. Manolo un cristiano como vos Subir al índice


DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO Queridos hermanos: El Señor nos llama a celebrar la vida por medio de los signos litúrgicos: la Asamblea reunida, la Palabra, la Oración y la Fracción del Pan. Aunque cada domingo hacemos lo mismo, sin embargo siempre nos parece algo nuevo, es algo que no se puede explicar, porque la misma estructura, la misma forma y el orden de la celebración y hasta las mismas palabras, es casi milagroso dentro de una sociedad ansiosa y cambiante, que lo que celebramos nos siga convocando y atrayendo, debe ser cosa de Dios, porque de ser cosa de los hombres ya habría desaparecido y no habría celebración, ni encuentro, ni comunión con Dios y menos entre nosotros.
Tenemos hoy en el evangelio algunas frases que nos han impresionado mucho y es lo que queremos compartir con Ustedes “El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida” No óolo en el bautismo y la confirmación recibimos el Espíritu, sino en cada comunión la riqueza de la misma va más allá del signo del pan, sino que Jesús nos asegura que a través de la Eucaristía se nos da el Espíritu Santo. Por esto el Espíritu es el que da Vida y por esto también, para dar Vida Eterna al que cree, las palabras de Jesús son Espíritu y Vida. Palabra vital y eterna, con un poder único para transformar la vida de las personas, los pueblos y las culturas, porque llega adonde no llegan ni la filosofía ni las ideologías, porque la Palabra toca todo el ser, toda la persona y la toca para siempre, sellándola con el carácter indeleble de Cristo, es lo que llamamos la pertenencia a Cristo, reconociendo su Señorío sobre todos y cada uno de los bautizados.
“Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar” Aquí Jesús hace mención a dos cosas que son muy importantes y que determinarán el desenlace de su vida temporal: la incredulidad transformada en rechazo y la traición de Judas.
En San Juan hay una lucha continua en el mundo y en el interior del hombre y de cada hombre: la luz y la sombra, la vida y la muerte, la verdad y la mentira, la fe y la apostasía, el amor y el odio, Adán y Cristo, el enemigo y el Espíritu, combate que hasta la resurrección del Señor no se sabrá cual triunfa la una sobre la otra. Lo que no deja de impresionarnos es la libertad y el desapego de Jesús. No atado a otra cosa que la voluntad de Dios su Padre y la fidelidad a su misión. Su libertad frente al rechazo y el abandono, el no necesitar agradar o alcanzar la aceptación de los otros, ser realmente un ser independiente, autónomo, con un verdadero señorío sobre las cosas y las situaciones como jamás se vio y ni se verá. Ser en sí y consigo mismo, en paz y armonía, una humanidad superior y sin embargo nada elitista, sino cercana y solidaria. Creemos que es lo mejor que nos ha pasado y lo máximo que hemos conocido encarnado en la historia, un hombre perfecto regalo de Dios para nosotros.
«Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede». Para que nadie se las crea hace referencia, una vez más, a cómo son las cosas, el Padre que atrae y da lo suyo a su Hijo, al que le da todo, el ser y el hacer, el rebaño en manos del Pastor, el Pan que da la Vida, el Pan vivo que comunica Vida Eterna. “Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo” Dejaron de acompañarlo, esta palabra es la síntesis de lo que significa, compartir el pan, dejaron de comer el pan con Jesús, dejaron de ser sus compañeros, ya no lo siguieron más, lo dejaron y se fueron cada uno a lo suyo, cuando había que ir más allá de los signos y optar por Jesús ya la cosa no les interesa más. “Jesús preguntó entonces a los Doce: ¿También ustedes quieren irse?” Sin ataduras pero no sin dolor hace la pregunta a sus íntimos, ¿ustedes también…? Porque aunque es y se siente libre, no quiere decir que le de lo mismo que los suyos estén o no estén, sería inhumano, pero tampoco se puede tener a los queridos a la fuerza, contra su libertad o bajo presión, porque en torno a Jesús hay de verdad amor y libertad auténticas. Es donde uno puede ser y sentirse uno mismo, sin censura y sin miedo, aceptado plenamente más allá de sus defectos, vicios y pecados, sin esto la Comunidad Cristiana no sería signo de lo Nuevo y por el contrario sería más de lo mismo. Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos?” ¿A donde iremos?... ¿Dónde encontraremos lo que buscamos o necesitamos?... ¿Dónde está porque fuera de Ti, la nada?... La intuición y convicción de Pedro será la convicción de los 12 y hoy es la nuestra, a la que fuimos llevados por la mano del Padre y bajo la tutela pedagógica del Espíritu, que hace resonancia en nosotros de las palabras de Pedro: “Tú tienes palabras de Vida eterna” Una Palabra única, que no es de este mundo que aunque suene con las palabras y las formas de este mundo, hay algo misterioso en ella que la hace distinta a las palabras del filósofo, del poeta o del pensador simplemente. Palabra creadora de los mundos y de las personas, que no se repite y que es siempre original, fecunda y vital, en la que siempre se puede encontrar más y más y que nunca se agota. Palabra que no pasará aunque el Universo pase y todo vuelva a la nada de donde salió, es una palabra preexistente a todo y subsistente a todo, porque sin ella nada ha tenido, tiene, ni tendrá vida…porque ella es la Vida misma. “Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios” Es toda una profesión de fe en la Encarnación del Hijo de Dios. Quien todo lo que dice y hace es en virtud de esta doble y única realidad divino-humana, que tiene lo humano como instrumento de lo divino y, gracias a lo cual lo humano tiene acceso a lo divino. Esto lo hace el Santo de Dios, el que está aparte y por encima de todo y que sin embargo está ahí, al alcance de todos, los que hemos creído y sabemos con Pedro y los doce que es así, que nuestra fe es el Santo de Dios, tan santo como de Dios. Jesús con su vida y sobre todo en su forma de relacionarse y hablar con Dios su Padre, nos muestra esa comunión con Él como algo que le pertenece de un modo absolutamente único, y a la cual tímidamente podremos acercarnos, y no solos, sino como regalo del Espíritu. ..."Mis palabras son Espíritu y Vida"...
Con todo afecto. Manolo un cristiano como vos Subir al índice


DOMINGO XX DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Mis queridos hermanos: gracia y paz a todos los que nos siguen desde esta página. ¡Qué cosa tan buena! Volver a vernos y darnos la paz del Señor que hace la comunión entre nosotros y con él. Bendigamos al Señor porque cada domingo nos regala su presencia junto con la de los hermanos.
Nos dice la palabra del Evangelio que: “Los judíos discutían entre sí, diciendo: ¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?” La eucaristía fue un hecho muy controvertido en los primeros siglos de la Iglesia, y despertó las dudas y la incomprensión de propios y ajenos. A esta altura de la reflexión ya nos damos cuenta de que el Pan de Vida es la Eucaristía, que Jesús de esto, estaba hablando con un lenguaje chocante para quien no ha sido instruido en la fe y en la comprensión de los misterios de la misma. En tiempos de la redacción del Evangelio de Juan, había surgido un tal Doceto, que era un hereje que decía: “la encarnación de Cristo es de carácter aparente, todo lo humano es apariencia, en realidad nunca Dios podría haberse hecho hombre, sino solamente tomar la apariencia de tal". Esto lo decía sin medir las consecuencias de sus ideas monofisistas, es decir, una sola naturaleza y no dos como era en realidad. Si Doceto hubiera tenido razón y la humanidad de Jesús fue apariencia, su Pasión habría sido aparente, su Muerte aparente y su Resurrección también hubiese sido aparente. No hubiese habido sacrificio redentor, ni perdón de los pecados, ni vida nueva, ni efusión del Espíritu, es decir no habríamos sido salvados. Por esto es que Jesús habló de un modo tan claro, contundente y hasta chocante, del Sacrificio de Comunión Eucarístico, porque tenía que salir al cruce de quien pudiera negar una parte de su realidad divino- humana. Toda su realidad personal se juega en el gesto redentor, es realmente el Dios Hombre y el Hombre Dios en que sufre, merece y salva a los hombres a quienes había primero creado y luego rescatado. Así vamos entendiendo un poco el por qué de esta forma de presentar la Eucaristía. “Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes” Cuando los judíos comieron el Cordero Pascual la noche de la Liberación de Egipto, la noche de la Pascua, lo hacían sabiendo que mediante esa comida ritual entraban en comunión con Yahvé, el Señor de la Vida y que daba la libertad y la promesa de la Tierra. Había que comer la carne asada, en familia o con los vecinos para que la relación con Yahvé fuera algo tan real como lo que estaban por vivir. Cordero, pan ácimo, hierbas amargas, vino, los salmos, las oraciones, la memoria, hacen que el culto sea el lugar del encuentro con Dios y en el ámbito del Pueblo de Dios. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” La comunión con Jesús es algo tan real como su cuerpo y su sangre, carne entregada, sacrificada y resucitada, pero que es una sola cosa con su Persona, la Comunión no es con las cosas, la comunión es con las personas y entre las personas, sólo éstas tienen conciencia y sentimientos para hacerla, las cosas no piensan, no deciden, no sienten. “Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida” La otra comida, la de todos los días sólo alcanza para sostener la vida y la salud hasta la muerte y nada más, esto no la hace falsa, pero sí insuficiente para llenar las aspiraciones más profundas del hombre y del mundo, esto es lo que la hace verdadera.
“El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” Permanecer, otra aspiración del hombre ante lo caduco y transitorio de la vida en este mundo ¿Hay algo que perdure? ¿Hay algo que no se termine? ¿Hay algo que no pase simplemente? Sí, es justamente lo que Jesús nos trae a todos aquellos que tenemos sed de vida, de futuro, de algo más que pasar y morir, y ser un día nada más que un recuerdo o un nombre escrito en una lápida. Muy triste y trágica la vida si fuera así, para quienes no tienen fe puede tener ese rostro fúnebre. Pero maravilloso nuestro Dios y nuestra fe, que mediante un poquito de pan y de vino nos hace encontrar lo que perdura, lo que nos hace enfrentar la muerte con nuevos ojos, llenos de luz y de esperanza. Por esto el último sacramento que debemos recibir es la comunión como viático, el que abre las puertas del viaje al cielo, esto es poco frecuente, porque muchos familiares que tienen pánico y viven negando el hecho de la proximidad de la muerte, privan al enfermo de la confesión, la unción y el viático. Así, llaman al sacerdote cuando el enfermo ha perdido la conciencia, no quieren que se entere que agoniza, como si el enfermo no lo supiera, como si mi mamá no hubiera sabido que su deterioro significaba el fin de su paso por el mundo. Comulgó hasta el último día antes de perder la conciencia y se fue en paz. En las Pampas los curas mayores nos enseñaron a decirle al gaucho que se está por morir, porque no le tiene miedo a la muerte, es que era un hombre de una profunda fe y con ésta le hacía frente a todo, incluida la muerte
“Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí” Esta expresión tan maravillosa de Jesús describiendo su relación con su Padre, es para meditar mucho tiempo, para ponerse como él en esa actitud de entrega, de obediencia, de amor recíproco. Otra aspiración es tener una fuente o razón por la cual vivir. Lo que impresiona, es donde nos pone Jesús a nosotros: “Yo dependo para vivir del Padre que tiene Vida”. De modo semejante el discípulo tiene Vida por Jesús, y de un modo muy concreto y eficaz cada vez que pasa a comulgar y recibe el Cuerpo, la Sangre, toda la Persona de Jesús. Si el pan y el vino son alimento, alcanzan su supremo significado y sentido cuando se convierten en el Sacramento del Altar. “Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente” Aunque suene redundante, no lo es para los tiempos que corren, en él la inmanencia de la vida no tiene salida y está envuelta en la telaraña de las ideologías del vitalismo, vida sin deterioro, salud como absoluto, bienestar sin medida, no envejecer, la vida es vida si se la puede plastificar, de lo contrario no vale la pena. Cuando la cáscara se cae y la realidad de siempre se termina imponiendo, grande es la desilusión y la sensación de haberse estafado a sí mismos queriendo remediar lo irremediable. Mejor hubiera sido encontrarle un sentido verdadero a la vida, más allá del paso del tiempo, la pérdida de la belleza y la salud, como dice el cantor “agréguele vida a los años y no años a la vida…” Si quiere tener amor, ponga amor y encontrará amor nos decía san Juan de la Cruz, para tener amor en abundancia tenemos que comulgar con frecuencia, porque la Eucaristía es el Sacramento del Amor de Dios al extremo.
Con todo afecto. Manolo un cristiano como vos Subir al índice


DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO
Evangelio según San Juan 6,41-51
Hermanos: Una vez más nos reunimos hoy en torno a la mesa del Altar para comer y beber el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús. Celebramos el Misterio de la Fe que estuvo escondido durante siglos y que se nos ha manifestado. Reunirnos en el Nombre de Jesús es parte de nuestra identidad, hasta tal punto que se nos reconoce popularmente como los que vamos a Misa de 10 o de 11, de 18 o de 20 según los lugares y las costumbres de los diversos pueblos. Lo importante es que nos reúne un mismo Señor y una misma Fe, cosa que se refuerza cada vez que pasamos a comulgar de un mismo Pan y de un mismo Cáliz, comunión con el Cuerpo y con la Sangre del Señor, muerto y resucitado
1. Seguimos reflexionando el Discurso del Pan de Vida que hoy pasa de ser una enseñanza de Jesús a un diálogo entre Jesús y los judíos que lo han seguido y están reunidos con él en la Sinagoga de Cafarnaúm. «Yo soy el pan bajado del cielo» Les dice Jesús a unos judíos que lo escuchaban y ellos no lo pueden entender, a lo mejor a nosotros también nos cueste entender lo que escuchamos de labios de Jesús ¿Cómo un hombre puede ser pan bajado del cielo? Tenemos que meternos en la atmósfera del amor y la amistad. Nosotros decimos que el amor y la amistad se alimentan con un trato que lleva a las personas a tener intimidad, correspondencia y reciprocidad. Los amigos comparten su pan con sus amigos. En torno a una mesa servida el encuentro hace que el tiempo pase y los corazones se abran al intercambio, lo que queremos decir, es que los amigos se donan el alma se dan lo mejor de si mismos. Quien de nosotros no ha bendecido a Dios por sus amigos, quien no ha pensado que Dios desde el cielo nos los mandó, cuantos hemos dado gracias a Dios por los amigos que nos ha regalado y los consideramos un don del Cielo; esto los convierte realmente en pan para nuestras vidas: nos sostienen, nos acompañan, la alimentan desde el afecto y la fidelidad. Están en todo tiempo y lugar como el pan en nuestras mesas “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió” Hay una dimensión hasta afectiva en la génesis de nuestra fe, de nuestro ir a Jesús. A nadie se le ocurre, nadie se da cuenta por sí solo, no es el resultado de razonamientos filosóficos. Ser llevado a Jesús es un don, una acción directa del Padre en el alma del hombre y de cada hombre que lo pone en dirección a Jesús, todos podemos hacer memoria del momento y el lugar en que esto pasó. El día y la hora, quienes lo compartían con nosotros o cuando estuvimos solos y algo que no podíamos explicar pasó hasta que nos fue dada la comprensión de lo que habíamos experimentado, y todo lo que nos dijeron “que fue el Señor, fue el Padre que tocó tu corazón, él se hizo presente y actuó en tu interior, fue una iluminación, un mover el corazón y los afectos hacia algo que no entendíamos muy bien pero que te cambió la vida para siempre” Busquemos que lo vamos a encontrar en la memoria ese momento personal e intransferible, donde fuimos llamados y puestos en camino hacia Jesús y hoy estamos como estamos por eso.
2- “Y yo lo resucitaré en el último día” “Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí”
Saber que podemos ir a Jesús nos pone en el camino de la fe, nos saca del aislamiento y de la soledad, nos da vida en abundancia y nos hace fértiles, nos hace producir frutos que permanecen para siempre. También hay una promesa de vida que no termina sino que se transforma y sigue después de la muerte. Comer el Pan de Vida es prenda o anticipo de nuestra resurrección, que es comunión eterna con Cristo en Dios y eternamente. Por eso comemos y bebemos nuestra propia resurrección y con una sencillez que verdaderamente sólo a Dios se le podía ocurrir. Que por medio del signo del Pan uno puede acceder a la Vida y que no hay que formar parte de un grupo selecto, cerrado o secreto, sino que lo alcanzamos en el culto público y a plena luz del día. Es Dios que se pone al alcance de todos y por medio de un instrumento tan caro a nuestra historia humana, como es el pan.
“Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida” Si hay una aspiración en la vida es a que ésta no se termine y nos resistimos a la muerte con todas las fuerzas, luchamos contra ella hasta que nos vence, le damos pelea hasta el momento de entregarnos a algo superior que es una promesa y una realidad, lo acabamos de decir. El Pan de Vida que es Jesús nos da el triunfo sobre lo irremediable y antes de que eternamente tengamos la vida, esto es lo que brilla para nosotros en el Sepulcro vacío, la muerte ha sido vencida y el que cree vence con él. Pero hay que hacer la salvedad de que para triunfar con él hay que morir con él, de lo contrario no hay gloria para nosotros, porque fue necesario que el Mesías pasara por el sufrimiento y la muerte para entrar en la gloria, así hay que perder la vida si se la quiere ganar, el que la retiene se pierde la vida sin fin que se nos presenta en el mensaje cristiano. “Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera” No se refiere a la muerte biológica porque de lo contrario la promesa sería un engaño, se trata de la muerte eterna, esa que habíamos heredado del pecado y el Paraíso perdido y que fue remediada en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. La celebración eucarística actualiza ese Misterio Pascual y despierta el deseo intenso de la comunión con Jesús, con sus sentimientos, con sus actitudes y valores. Comunión con su camino y siguiendo sus huellas y aunque hay que pasar por la cruz, no termina en la tumba sino en la Vida Eterna ¿Quién no desea vivir eternamente? Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” En el lenguaje hebreo o arameo, el que hablaba Jesús, carne simboliza toda la persona, cuerpo, alma y espíritu, sin separación ni división. Esto hace referencia directa a las palabras de la consagración de la Misa: “tomen y coman esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes, tomen y beban esta es mi sangre que se derrama por ustedes…” A lo mejor después de tantos años y tantas misas en que hemos participado, las palabras de la consagración se nos han hecho costumbre y no las sentimos con la misma trascendencia con la que las dijo Jesús durante la última cena, ya que nos dejaba el testamento de su amor y el centro del culto del nuevo pueblo y la nueva alianza que se realizaba en su Persona. Él es la Nueva y Eterna Alianza, en ella se reúnen todas las antiguas instituciones de Israel. Así Jesús es el Cordero del Sacrificio, el Altar donde se ofrece y es el Sumo Sacerdote que oficia y lo ofrece al Padre por nosotros y por todos los hombres. El poder de su Cuerpo y su Sangre nos cubre y nos salva de todo mal. Nos protege de las insidias del enemigo, va remediando nuestras pasiones y nos llena de paz y de consuelo. Debemos comulgar para que la fuerza de Jesús actúe en nuestras vidas que están marcadas por la lucha y el sacrificio, con este Pan de Vida todo puede ser posible para nosotros.
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DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO Mis queridos hermanos: Nos reunimos una vez más para celebrar el Misterio de la Fe, el Sacrificio Eucarístico de Cristo.
Nos va a ayudar el Discurso del Pan de Vida, que Jesús pronunció en la Sinagoga de Cafarnaúm. En él nos revela su identidad como Dios y Señor de la Vida y el que tiene pleno dominio sobre la materia. Así como multiplicó los panes para alimentar a cinco mil hombres, también puede convertir el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre y hacerse presente en el pan Consagrado.
“Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm en busca de Jesús”
La búsqueda del Señor es uno de los aspectos más sobresalientes del discipulado cristiano. Nosotros buscamos al Señor después de haberlo encontrado y sobre todo cuando se nos ha “escondido” y se han ido el fervor juvenil y las primeras emociones, que son intensas pero breves, dan lugar a la fe y al sentimiento, que son por naturaleza más serenos y duraderos. Ésta sería una forma auténtica de búsqueda y no la que movía a aquellos y a muchos de nosotros en algún momento superficial de la fe. Jesús se encargará de desenmascarar sus intenciones y los pondrá a lo largo del discurso ante la elección auténtica del que desea seguirlo. “Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?». Jesús les respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse”
Aunque difícil para quien está con el hambre material y el vacío en el estómago escuchar este reproche de Jesús, pero no va dirigido al hambriento, sino al satisfecho y al que no ve más que esa satisfacción y hace de ello el gran motivo de su vida. Hay que dar el pan, pero en la medida que signifique la vida y no sólo llenar la panza, porque el hombre es más que el pan y la vida más que el alimento y también las otras hambres hay que calmar, por eso hay que hacer una cosa sin descuidar la otra. “Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre” porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello»
Me venían a la memoria las palabras del Señor en el desierto y frente al tentador: “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” Nosotros en Misa tenemos tres altares o mesas: la Mesa de la Palabra, la Mesa de la Oración y por último la Mesa de la Eucaristía, de todas ellas nos servimos para alimentar nuestros distintos hambres.
Hambre de la Palabra de Dios, escuchar cada domingo lo que Jesús tiene para decirnos. A veces él nos corregirá, otras veces nos iluminará, otras nos llenará de paz y consuelo, otras nos dejará pensando y haciéndonos pensar durante mucho tiempo. A algunos, una palabra de Jesús les sirvió para cambiarles la vida por completo.
Hambre de la oración de petición o de acción de gracias, de diálogo y comunicación profunda con él, de amistad, como el que va de noche por unos panes y a fuerza de insistir, obtiene lo que pide.
Hambre del pan eucarístico, de tomar parte en la Cena del Señor con sus discípulos, reviviendo aquel Cenáculo donde el amor y la amistad están envueltos en las palabras, llenas del dramatismo de la Pasión que se avecinaba. Sin este pan milagroso, la vida cristiana carece de sustento o es incompleta y hasta puede diluirse. Por eso, aun para aquellos que sólo pueden hacer la Comunión Espiritual, y por las razones que sean, es importante y trascendente que participen de la Misa, porque toda la celebración es alimento de vida, y para eso se los invita y se los hace participar de ella, su presencia nos alivia el dolor por su situación no sólo a ellos, sino a los pastores, que conocemos y nos dolemos con ellos, porque la vida tiene estas cosas, y muchas veces produce costos morales dolorosos que pagar.
“Ellos le preguntaron:¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios? Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado” Juan que era un NyC, un nacido y criado en la tradición judaica, atada a la práctica de la Ley de Moisés como algo absoluto, hace de su Evangelio una proclamación de la primacía de la Fe en Cristo para salvarse y, que en una etapa germinal de la misma, es esencial para acceder a la Vida en el Espíritu que es la que engendra las otras dos virtudes, la Esperanza y la Caridad. Esto nos pone por encima de la frialdad de la ley y la práctica de la misma para agradar a Dios; a partir de Cristo, a Dios se lo agrada creyendo, esperando y amando, como decía San Agustín. Quien así lo entiende camina en la fidelidad a los mandamientos, convirtiéndolos en vida abundante. “Y volvieron a preguntarle: ¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obras realizas?” Sólo faltaría que nosotros les preguntáramos a aquellos ¿les parece poco los que hizo para alimentarlos a ustedes? ¿qué más tiene que hacer para que crean en él? No creerán aunque un muerto resucite y eso es lo que terminará pasando cuando estos mismos lo dejen y se vayan porque no soportan el lenguaje de Jesús, no entienden lo que les dice, porque tienen otros intereses, les preocupan otras cosas, les preocupa lo inmediato, lo tangible, lo que se ve y se toca, no pueden ver más allá. “Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo» Los muy desvergonzados, a la Palabra de Dios hecha carne le van con citas bíblicas, como si a Jesús se le pudiera enseñar algo que él no sepa, tal era la ceguera del corazón que estaba entre el paraíso perdido y la redención que aún no había llegado; después las cosas van a ser entendidas y trasmitidas con otro espíritu y con una verdad radiante, que en ese momento les estaba vedada a ellos y a todos, aun a los más íntimos de Jesús, así que nosotros tenemos que hacer el mismo camino de fe y de iluminación que nos permita entender algo del Misterio que estamos celebrando.
“Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo” Maná, ¿que es esto? Se preguntaban los israelitas, pero lo comían igual para sustentarse en el camino por el desierto. Aquí se nos habla del maná y del pan verdadero, del Padre que alimenta por medio de Jesús a sus hijos, que da a su Hijo Único como alimento. Este es el corazón de la celebración eucarística, por eso pasamos con tanto respeto y devoción a comulgar, sabiendo que no vamos para recibir algo que ni gusto a pan tiene, sino que goza de la Presencia de ese Alguien que nos es dado por Dios, para que estemos de modo muy real y concreto en comunión con él y haciendo la comunión entre nosotros, que comemos de un mismo pan y bebemos de un mismo cáliz.
“Porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo» Nosotros decimos popularmente: “es un pan de Dios” cuando encontramos una persona buena. Jesús si algo era, entre muchas cosas, es precisamente una persona de una bondad infinita, de una pureza y santidad únicas e irrepetibles y no sólo por su condición divina, sino en su humanidad y en el trato con los otros, aun con sus enemigos y los que lo perseguían. Sólo de Alguien, que viniera de otro lado y no del mundo, se podía esperar tal grado de bondad como la que se encontraba en él.
“Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed” Siempre y jamás, nosotros lo reservamos para Dios, por eso la comunión con Jesús, su persona, su obra, su genio, sus sentimientos y hasta con su muerte y resurrección, hace que el contenido de ese siempre y jamás tengan lugar en nuestras vidas. Lo que no podemos esperar por nosotros mismos, sí lo podemos esperar y tener de él y por él.
A él sea la gloria y el honor, la acción de gracias y la alabanza, en el cielo, en la tierra y en los abismos. Que el universo entero cante su Nombre y celebre su Señorío. Amén
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DOMINGO XVII DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Mis amados hermanos en el Señor y la Virgen Nuestra Señora: Este domingo la lectura continua del Evangelio de Marcos se interrumpe.
La Liturgia de la Palabra, nos presenta la Multiplicación de los Panes, en la narración del Apóstol Juan en su capítulo 6.
Que el Espíritu nos ayude e inspire, para que algo podamos comer y beber de esta celebración en la que estamos reunidos y participando fraternalmente “Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberiades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía sanando a los enfermos” Puede sonarnos hasta un seguimiento interesado, por los signos y prodigios, y no por Él y en alguna medida la vida pública del Señor estará marcada por el toma y daca las multitudes, mientras les da sin compromiso personal, sin cambio de vida, sin riesgo, sin tener perder para ganar, en definitiva sin la paradoja y la radicalidad del Reino, todo bien… pero si es lo contrario, Jesús se terminará quedando solo, abandonado hasta por sus apóstoles.
El Cristo edulcorado, sin sufrimiento, sin dolor, sin renuncia, silencioso, sin muerte, y, es un cristo potable, pero no es el verdadero. Es un cristo al que se acomoda según las conveniencias del momento. La cruz nos asusta a todos aun a los más valientes, por eso repetimos hoy lo que decíamos el domingo pasado, el seguimiento es posible y real sólo con y en el Espíritu, sin Él NADA.
“Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos” Juan da el contexto simbólico y temporal del fenómeno que está relatando, la Montaña, que hace referencia al Sinaí y a la Antigua Alianza. La Pascua de los panes ázimos y el pueblo que lo come antes de partir en Éxodo. O el maná que fue el alimento del Pueblo en el desierto y teniendo como telón de fondo el salmo 22 y la relación del Divino Pastos con su amado rebaño y lo que éste recibe y experimenta cuando Él está presente. “Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: "¿Dónde compraremos pan para darles de comer?". Jesús que vuelve a mirar a la multitud que viene hacia donde él está, con la sensibilidad y la percepción de su necesidad, de su hambre y de la búsqueda de algo que nadie más que él puede dar y regalar. Porque es un rebaño que en las verdes praderas los hace recostar, los conduce a las aguas tranquilas y reparas sus fuerzas. Aunque el rebaño tenga que atravesar por toda clase de peligros, no teme ningún mal porque su vara y su bastón le infunden confianza, con él se siente en paz y seguro. Esto es lo que contemplamos cuando dos textos de la Biblia de entrecruzan para llevarnos una luz que no habíamos descubierto hasta que la Palabra nos la hace descubrir. “Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer” ¿Qué es lo que iba a hacer? Un signo distinto, nuevo, que no era una curación milagrosa de un enfermo o la expulsión de un demonio. Iba a multiplicar los panes y los pescados, les iba a dar de comer hasta saciarlos a una multitud, iba a llenar sus expectativas también en este orden material, iba a cubrir sus necesidades básicas e indispensables, las que el hombre de todo tiempo tiene sí o sí que satisfacer, para no sentirse frustrado y volverse amargado y resentido, el hambre es terrible y humillante y atenta contra la más básica dignidad humana, alimentarse, comer y beber, después todo lo demás.“Felipe le respondió: "Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan". Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?" Antes de cualquier comentario, la mirada de Jesús y la pregunta hace que se mueva la comunidad de discípulos, que se interesen por la situación de la multitud hambrienta y necesitada, tienen a mano los panes de cebada y los dos pescados, la ración de un día para un niño que los ofrece y entrega para que Jesús disponga de ellos. Parece poco, casi nada, pero hay Alguien que con poco, casi nada, puede hacer mucho, muchísimo, como por ejemplo: hacer que los hombres nos animemos a compartir con el que está hambriento, o con el sediento o con el que está necesitado en cualquier manifestación de la vida, cuando se encuentran los que más tienen y los que más carecen. “Jesús le respondió: "Háganlos sentar". Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran unos cinco mil hombres” Esta es la referencia que hacíamos más arriba del salmo 22. “Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron”
Hoy tenemos una visión muy teológica de la posesión de las cosas, hasta las más legítimas, son motivo de acción de gracias a Dios, que a Él se presentan y ofrecen, dándoles así, la verdadera orientación que nuestros bienes materiales tienen que tener, para que entendamos que solo administramos las cosas, éstas son de Dios y a él hay que devolverlas, si es posible purificadas y multiplicadas. Purificadas de nuestra humana fiebre posesiva, y multiplicadas por medio de la creatividad laboral. Jesús ofrece los panes amasados por las manos de alguna mujer y los pescados sacados del mar por algún pescador. “Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada". Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada”. Con esto que sobró, se alimentó la multitud de regreso a sus casas, pues llevaban al menos 3 días caminando tras los pasos de Jesús, y no debían desfallecer en el camino, ya que se iban a demorar en volver a sus aldeas. “Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: "Éste es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo"
Como los grandes profetas del Antiguo Testamento eran el signo de la presencia de Dios en medio del Pueblo, Jesús se había convertido para ellos en ese profeta esperado, pero también lo querían hacer Rey. Le querían dar el dominio sobre los enemigos de Israel a los que había que expulsar con una fuerza lo suficientemente poderosa como para enfrentarlos y vencerlos. Sus expectativas también eran de liberación política y Jesús estaba para otra cosa, en todo caso reinar sí pero no como ellos querían. “Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña”. Jesús será y es rey, pero según Dios y no según los hombres. Hoy vemos que donde reinan los hombres puede faltar de todo o lo que es peor se acrecienta la distancia entre unos y otros, entre unos pocos ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más y más pobres. Reino de los hombres donde no se comparte sino que se oprime y se reprime para no partir ni compartir, así el reino humano es el antireino de Dios. Donde Dios reina al hombre nada le falta y hasta le sobra, el hombre parte y comparte, da tanto como recibe. Pero Dios no baja del cielo para hacer el Reino, el Reino los hacemos nosotros los hombres del Reino y con el Reino en el corazón, en los pensamientos y los sentimientos. Sólo así es posible y se hace real
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DOMINGO XVI DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Mis queridos hermanos y amigos en el Señor. Que alegría encontrarnos este domingo como tantos en los que venimos compartiendo la Palabra y la Eucaristía, pilares de nuestra fe católica que nos hermana en una familia innumerable de personas en todo el mundo. Demos gracias a Dios por esto y por tanta bendición que a diario recibimos y que hoy depositamos sobre el altar con gratitud y el gozo de ofrecerlo. Nos dice el evangelio de Marcos en esta Misa.
1. “Al regresar de su misión, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado” ¿Qué habían hecho? Repasemos: habían anunciado el Reino, llamando a la conversión, habían expulsado muchos demonios y sanado numerosos enfermos ungiéndolos con óleo. Habían tenido “éxito”, lo ponemos entre comillas porque, en la paradoja del Reino, no siempre éxito significa éxito, y fracaso no siempre es fracaso.
Nada es lo que parece a simple vista, si el éxito envanece no lo es, pero si el fracaso fortalece es todo un éxito, porque hace crecer pero, sobre todo, porque achica el orgullo y el amor propio, y la idea falsa de que somos nosotros los que hacemos, cuando en realidad el que actúa es el Evangelizador por excelencia, el Espíritu de Jesucristo, que estaba en aquellos y ahora en nosotros también.
Nos parece que no hay evangelización y misión sino está hecha en el Espíritu, ni sacerdocio ni vida religiosa sin el Espíritu, no hay catequesis ni formación espiritual sino se hace en el Espíritu, no hay movimientos ni asociaciones sino por la gracia del Espíritu. No hay vida en amor y familia si no hay vida en el Espíritu. No hay vida célibe, socialmente comprometida o cualquiera otra manifestación cristiana o espiritual sino es en el Espíritu y con el Espíritu. No sabemos si en el momento en que se plasmó la experiencia del texto que meditamos hoy, si sus protagonistas sabían como sabemos hoy, cómo eran y son las cosas. Nosotros tenemos el privilegio de conocer la historia completa aquellos sólo la estaban escribiendo, por eso cuando recibieron el Espíritu, éste los llevó a la Verdad plena, les dio la compresión de con Quién estuvieron y que significaba la elección, el llamado y la misión que habían recibido.
2. “Él les dijo: Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco, porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer” ¿Cómo Jesús, no había tanta gente que atender? ¿Cómo que te vas con los 12 a un lugar desierto para descansar un poco y estar a solas con ellos? Jesús nos enseña a distinguir y, hasta separar lo importante de lo urgente, y hoy nos muestra que lo necesario e importante antecede, por eso se lo debe elegir, libre y pacíficamente, antes que a lo urgente, a menos que sea una cuestión de vida o muerte, cosa que es de sentido común, pero para volver lo antes posible a lo esencial, lo necesario y lo que es realmente importante. No hay que dudar en dejar lo accidental para no errar en lo esencial, todo lo demás puede esperar. El zapping puede esperar, escucharte, atenderte, servirte, hablarte, compartir momentos, amarte o amar a los otros NO, esto no puede esperar
3. “Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto” Ni a la montaña, ni a una caverna, a un lugar desierto, el lugar favorito en la Biblia del encuentro con Dios (toda palabra tiene su significado teológico y no es una referencia solo accidental). Creo que podemos hacernos la imagen o la composición de lugar y ver a Jesús con los 12, en una barca en la mitad de un lago apacible y lejos de todos, compartiendo la experiencia, que Él quiere escuchar y a la vez grabar en el corazón de los suyos haciendo que hablen y se escuchen al compartir lo que habían vivido, para que luego enseñaran lo mismo a sus sucesores y a todos aquellos que se harán discípulos de Jesús en el futuro. ¿Quiénes pueden hablar de intimidad con Cristo si no se ha generado para sí mismo el especio necesario para ello? El tiempo o las oportunidades de cultivar esa intimidad, para hacer de la fe una cuestión de amor y de amistad.
4. “Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos” ¡Se fueron! vamos a esperarlos en la otra orilla parecían decirse unos a otros. Marcos nos dice que gente venida de todas las ciudades buscaban a Jesús con los 12. El magnetismo que Jesús despertaba, ese interés, esa necesidad, esa sed, esa hambre de su Palabra, de su enseñanza llena de autoridad, de su Persona, de su presencia y proximidad. No importa cuanto había que caminar para estar con él, había que ir a buscarlo, nadie tenía ni daba lo que él daba a todos sin hacer acepción de personas, sin importarle el origen social al que pertenecían, todos eran bienvenidos y aceptados junto a él. Esto se entiende conociendo el entorno social y cultural que rodea la experiencia que nos relata el evangelio de este domingo. Están Jesús y los doce, pero también están en el corazón de las masas el vacío generado por el abandono de los malos pastores y maestros de Israel. Por la desorientación provocada por un legalismo sin espíritu y sin vida que el pueblo padecía como una verdadera opresión. Las autoridades en lugar de aclarar oscurecían, en lugar de ser puentes eran obstáculos en el encuentro con Dios y con la Vida. La escena con la que concluye el relato así lo muestra: “Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato” No podemos ignorar porque lo dice expresamente el texto, la mirada cargada de compasión de Jesús, la bondad de su corazón, de la dulzura de su espíritu y la ternura de su afecto hacia aquellos de entonces y por nosotros ahora, que somos mirados de la misma manera por él.
El ministerio público del Señor está marcado por el designio del Buen Pastor y el Divino Maestro, el que conduce a las aguas tranquilas y repara las fuerzas del rebaño, tanto como el que enseña con autoridad el camino de Dios, la Verdad sin ambigüedades, la Justicia y la Misericordia. Es el que rescata la vida de la cárcel de la ley mal enseñada, mal interpretada y usada para oprimir y dominar en lugar de liberar e iluminar el camino del que buscaba, con el deseo profundo de encontrar porque se sentía vacío, enfermo o muerto en vida. Jesús llenaba esa expectativa de vida y por eso las masas lo buscaban, lo seguían y lo escuchaban con agrado y gratitud, se admiraban de su enseñanza y sentían que eran más que palabras y conceptos, les hablaba de manera que todos lo podían entender y esto los comprometía, los estimulaba y los movía a un seguimiento más cercano del Pastor y Maestro.
El Señor nos conceda ese espíritu de sabiduría y entendimiento como pedía en su momento San Pablo, para sí y para sus hijos en la fe. De la comprensión del misterio de Cristo depende directamente si seremos o no salvos en Él. No podemos dejar pasar la oportunidad que está al alcance de todos, que no es para un grupo cerrado y selecto de personas, es para todo pueblo, de toda lengua y toda cultura.
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DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO
Evangelio según San Marcos 6,7-13
Mis hermanos queridos, los llamados y los elegidos por Dios y los enviados en el Nombre de Jesús a anunciar la buena noticia de la Fe. La Palabra de Dios y la Celebración del Sacrificio del Señor nos reúnen una vez más, y con alegría celebramos el triple encuentro, con el Señor, con sus Misterios y con nuestros hermanos. Que interior y exteriormente Él nos encuentre siendo un sólo corazón y una sola alma para que el mundo crea que Dios ha enviado y nos ha salvado por su Hijo, Jesucristo.
“Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros”. Marcos es muy directo a la hora de escribir y nos ayuda así a andar sin rodeos a la hora de abordar nuestra reflexión acerca del Ministerio Público del Señor y, hoy en especial, al recordarnos la primera misión de los 12. Nos dice que los llamó. Nadie puede autoproclamarse apóstol. Este es un detalle que no hay que dejar pasar, porque sin llamado no hay envío y sin envío no hay autoridad con la cual actuar sobre el mal, la enfermedad y la muerte. Jesús tiene el poder, pero en la autoridad conque los apóstoles actúan se manifiesta, es claro que lo que importa es lo que se recibe como gracia, como regalo y sin mérito. Lo primero, el llamado, luego el envío y por último la delegación del poder. No hay delegación del poder porque éste siempre es del Señor y, es Él, quien actúa por medio de sus instrumentos, creyentes, humildes, libres y activos. Ellos van, caminan las calles de los pueblos y aldeas, hoy en día, las ciudades y poblados, selvas, desiertos, montañas y en todo tiempo y lugar. “Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero, que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas”
La pregunta es ¿por qué estas recomendaciones? Recuerda el bastón de Moisés, el bastón de Dios que abrió las aguas del mar Rojo, y que hizo pasar al pueblo en su camino de liberación de la opresión del Faraón. Éste era el símbolo del malo y de todo aquel que hace mal al Pueblo de Dios. Los apóstoles lo enfrentarán con autoridad, lo vencerán por la fe. El pan recuerda el maná que Dios proveyó en el desierto y que alimentó y sostuvo a los peregrinos. El nuevo desierto es la vida y el mundo entero. Ni provisiones para el camino, ni dinero porque no hay nada que comprar, nada que pagar, es decir despreocupados. Las sandalias porque un mínimo de seguridad hay que tener, pero en el fondo el bastón, las sandalias y la túnica son un símbolo de que la verdadera seguridad debe estar puesta en Dios y en la Palabra del que los envía. Les dijo: “Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir” Es muy rara una cultura que no cultive la hospitalidad y la acogida del que viene de visita, al que está de paso o al que necesita pasar la noche, basta recordar el Camino a Santiago de Compostela y cómo a lo largo del camino los peregrinos son asistidos, o los peregrinos a Guadalupe, caminantes llenos de fe y entusiasmo. Esto es lo que encuentran los apóstoles durante su misión, por más que el Señor les advierte que puede haber rechazo, porque él conoce la vida y la condición humana, y el hombre rechaza “Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos” Aquí no sólo les habla expresamente del rechazo, sino de cómo actuar ante el rechazo, hay que dejar testimonio en contra de ellos, ya que al rechazar a los enviados, no los rechaza a ellos sino al que los envía, que está en ellos y con ellos de manera invisible, pero real: “Yo en ustedes y ustedes en Mí” Los apóstoles y los discípulos en general tienen sobre sus hombros la herencia del camino del Señor, el llamado al cambio, el anuncio de la Buena Noticia, el nuevo estilo de vida y los signos que la acompañan. “Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión” Los apóstoles van a un mundo que tiene muchas mentalidades, maneras de ser y de pensar, que entran en claro conflicto con el mensaje del Evangelio, con sus valores y principios, por eso conversión significa cambio de la mente, de la mentalidad y de la manera de actuar. Es un proyecto ambicioso sin dudas, pero es lo único nuevo que el mundo conoce desde la Creación, y lo único que podemos esperar cuando la Creación sea transformada en Reino de los Cielos, en Reino definitivo de Dios “Expulsaron a muchos demonios” La participación en el Ministerio Público del Señor, en Marcos, está relacionado con la expulsión de demonios, Jesús lo hacía y los apóstoles también lo harán. Este signo de liberación de la opresión del maligno enemigo, forma parte de la misión apostólica tanto como enseñar y santificar. “y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo” Aquí encontramos un antecedente evangélico de lo que después será el Sacramento de la Unción de los Enfermos, que ha dejado de ser la Extremaunción, que tanto miedo ha causado y causa aún hoy, porque tuvo durante siglos esa connotación de proximidad a la muerte, tema prohibido o ignorado si lo hay hoy en día. “¿No será la extremaunción la que viene a darme no?” – No, quédese tranquilo, es la Unción de los Enfermos que fortalece y alivia al que sufre en su cuerpo y su espíritu” Nadie quiere hablar de la muerte pero es nuestra compañera de camino y la que nunca falta a la cita, es la “hermana muerte” que nos quita esta vida, pero para darnos a su vez la Vida Eterna. Algunos dicen, Platón entre ellos, que el gran arte de la vida es saber morir, prepararse para morir, morir con sentido o por algo que valga la pena, y no solo como un hecho natural e irremediable. Si hay una novedad absoluta del Evangelio es la Buena Noticia de la Resurrección futura, la de que un día no habrá más muerte, que reinará la Vida. Una buena noticia de la fe, es que la vida no se acaba sino que se transforma, porque creemos en un Dios de vivos y no de muertos. Hoy en día la Unción de los Enfermos se les da a las embarazadas que están de parto, a los enfermos física o síquicamente afectados, a los que están por ir a cirugía, a los viajeros antes de partir y a los mayores de 65 años. Unción asociada a la oración puede sanar al enfermo, esto lo dice el ritual de los sacramentos y no son pocos las curaciones que se han dado gracias este sacramento. Por eso, no hay que privar por el miedo hijo de la ignorancia, a los enfermos, de este auxilio de Dios, que Él quiere darles y hacer presente a la Comunidad Cristiana, allí donde hay sufrimiento, dolor, y muchas veces una soledad sin consuelo.
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DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO Mis amados hermanos en la fraternidad del único Dios y Padre y en el mismo Espíritu que nos anima y sostiene en todo tiempo y lugar. Los invito a acompañar a Jesús en su visita a su Nazaret natal, precedido de su fama y acompañado por sus discípulos
1. “Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos” Claro, de ser un niño, joven y adulto común y corriente, se les aparece hecho todo un rabino, con discípulos y todo. Es algo que no sólo llamaba la atención y la curiosidad, sino que causaba sorpresa y por qué no, hasta cierta extrañeza y un dejo de desprecio, que después se expresará en palabras y más que palabras, en preguntas ¿no es acaso…? Quizás era por la costumbre de que en Nazaret nada nuevo sucede o de donde nada bueno puede salir, como sentenció Natanaél cuando le hablaron de Jesús de Nazaret. No es de extrañar entonces, que donde se había criado haya encontrado tanto rechazo, porque en realidad lo que rechazaban era el dinamismo y el cambio permanente del devenir de la vida. Aunque el dicho popular dice que: “más vale malo conocido que bueno por conocer” pero ¿será siempre así? Creo que los nazarenos se equivocaron de medio a medio ya que si fuera absolutamente cierto, no habría cambios y la humanidad no habría crecido ni se hubiese desarrollado; y basta abrir los ojos para darse cuenta que los cambios vinieron por aquellos que se animaron a lo nuevo y desconocido, los que se aventuraron bien, los que se asombraron y dieron curso a su creatividad, muchas veces en soledad y sorteando los obstáculos que les pusieron los escépticos y negativos de siempre “Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga” No era cualquier lugar, donde en sábado, Jesús comenzó a enseñar. Era un lugar muy querido por él desde niño, era el lugar donde leyó en público y por primera vez la Ley y los Profetas, y al que, como buen judío, asistía semanalmente. Era su lugar de culto y encuentro con Dios, como nos pasa en nuestras Iglesias, parroquias, capillas u oratorios o en cualquier casa donde nos podamos reunir para celebras la Palabra de Dios y comer el Pan de la Eucaristía, con la conciencia de que es un lugar y un momento semanal o mensual, de encuentro con Dios y con la comunidad fraterna.
2. “Y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? De acá lo sacó porque siempre lo fue, pero discretamente y hasta el momento de manifestarse y con un para qué manifestarse: “El, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor” Esto que el autor de la Carta a los Filipenses escribió nos exime de más comentarios. ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". ¿De dónde le viene a éste, que lo conocemos de gurisito, de niño, de andar por las calles de la aldea, de jugar con sus amiguitos, de verlo crecer entre nosotros, hacerse hombre y ejercer el oficio que heredó de su papá, y que ahora venga con aires de profeta, milagrero y además rabino? Si no ha perdido el juicio le falta poco, porque no puede ser que sea distinto a lo que ha sido siempre, nadie puede cambiar tanto. Queridos nazarenos alguna vez, y no hace mucho, alguien escribió “lo esencial es invisible a los ojos” Los juicios y prejuicios sobre la esencia de Jesús no tienen cabida con la verdad y la comprensión de su ser y su misterio. Los que se quedan encerrados en sus esquemas mentales y se cierran a lo nuevo, lo siento, pero no podrán encontrar a Cristo, sólo cuando se quiten sus prejuicios se podrán encontrar con toda su novedad y belleza, hasta entonces, ese encierro los priva de la experiencia liberadora del encuentro con Cristo, y entonces, tienen razón los que dicen “no hay nada nuevo bajo el sol” y sí, los cerrados y prejuiciosos, no sólo no tienen a Jesús, sino que no tienen nada nuevo en sus vidas, y así se van a morir en su aburrimiento
3. “Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". Es verdad que los padres son los primeros catequistas de sus hijos, que la familia es un lugar de especial relevancia para la evangelización de los niños y jóvenes y la catequesis familiar de comunión y desde hace poco de confirmación también así lo muestran. Pero los que han descubierto a Jesús de adultos, si hay un lugar donde toda predicación cae en el vacío es precisamente en su casa y en su familia. Muchas veces nos toca tranquilizarlos y tratar de sacarlos de su sensación de fracaso diciéndoles que el evangelio les va a llegar por boca de otros y no de ellos, que no se asusten y recen para que esos instrumentos de la Providencia surjan en la vida de sus rebeldes hijos o hermanos. Si nosotros tardamos en darnos cuenta no podemos exigirles que se den cuenta de golpe, es un proceso y un camino el que hay que hacer desde el silencio y la oración por ellos, creo que hace más esto que el chichoneo y la exigencia impuesta a quien no está en condiciones de aceptar a Jesús por imposición y no como proposición. No podemos ser más que Cristo y ser exitosos donde él fracasó por eso: “Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos” Para las intenciones de Marcos y su Cristo milagroso, también debe haber sido algo difícil de escribir, porque Jesús encontró fe afuera de donde se había criado, como vimos el domingo pasado con la hemorroisa y la familia de Jairo y en especial en éste. “Y él se asombraba de su falta de fe” Y seguramente se asombra hoy de la falta de fe de muchos que estuvimos bautizados sin fe durante tanto tiempo. Creo que su paciente espera alienta nuestra paciencia y espera del momento oportuno, que sólo él conoce, pero nosotros no; momento en que los corazones hoy cerrados, se abrirán para acoger el mensaje de la Vida que brota de sus labios, y que palpita lleno de poder en su Palabra, y es palabra de Dios, y que en ello se encuentra su eficacia y no en las técnicas, que por necesarias y buenas que sean, no van a sustituir nunca la acción del Espíritu en el camino evangelizador. Sólo el Señor sabe quién lo va a aceptar, el lugar y el momento del fenómeno. Sólo El sabe del campo, la siembra, la semilla y el fruto, ninguno de nosotros lo sabe porque ninguno de nosotros es Dios para saberlo, y por esto deberíamos suspender todo juicio o prejuicio sobre la vida y las actitudes de los muchísimos nazarenos de nuestra sociedad. Quien hubiera pensado en su momento, al mirar a un Pablo, a un Agustín o a un Ignacio, que serían en el futuro lo que llegaron a ser. Nosotros no, es solamente el Señor el que sabe, nosotros somos rudimento e ignorancia, El es plenitud y sabiduría. Amén.
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DOMINGO XIII DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO
Evangelio según S.Marcos 5, 21-43
Queridísimos hermanos en Jesús Nuestro Señor: Nos encontramos con el Ministerio Público del Señor y con un aspecto que en San Marcos es muy recurrente: Jesús, los discípulos, los signos y prodigios y los testigos ocasionales y permanentes de los hechos y palabras de Cristo.
1. La escena que nos ocupa hoy es compleja y rica, hay una multitud y un padre que se postra y suplica a Jesús por su hijita moribunda: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva" Es un padre desesperado, como cualquiera que encontramos en la vida, y que no ha encontrado en su fe, siendo jefe de la sinagoga, una respuesta adecuada a lo que le pasa. Ha oído hablar de Jesús y va a buscarlo porque anda cerca. “Jesús fue con él”. Jairo encontró lo primero que buscaba, quien lo escuche, quien haga algo, quien le de un poco de esperanza, Jesús va con él.
Mientras van de camino, una enferma de hacía mucho, 12 años, que tampoco encontraba respuesta a su situación, los médicos no la ayudaron y cada vez estaba peor. Se acerca con una fe audaz: "Con sólo tocar su manto quedaré sanada". Lo hizo e “inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal”.
Aparecen aquí los testigos habituales de los signos y prodigios, Pedro en particular, que ve, oye y guarda en su memoria para después. De lo contrario habría que pensar que Marcos es un inventor de historias y no un autor sagrado, por qué mencionamos a Pedro?, porque es una de las fuentes de Marcos, y por lo detallado del relato, es claro que el apóstol estuvo allí, y que en sus catequesis en Roma sobre Jesús y su Ministerio, contó a los que lo escuchaban lo que vio y oyó en su momento.
“Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?" No es una fuerza ciega e irracional, no es magia sino la acción directa de Jesús sobre la enfermedad, en ese momento él sabe lo que pasó. Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?". Pero El seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. No los escucha, mira y espera, quiere el encuentro con la sanada, quiere verla y que lo vea de frente, que el acontecimiento se convierta en un diálogo entre el enfermo y el médico, cercano, cordial, humano y amable. Quiere poner al descubierto no sólo el fenómeno milagroso sino la audacia de esa fe que lo provocó.
Nos preguntamos: ¿Será que hoy nos provoca a nosotros a tener una fe audaz, una confianza y certeza sólidas, de que lo que pidamos lo recibiremos, que lo que busquemos lo encontraremos? El testimonio y la confesión de la mujer queda perpetuado como uno de los cuadros de sanación más relevantes de todo el evangelio de Marcos: “Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad”. No sólo sanación, dignificación, valoración de la palabra de un ser de segunda categoría, como era en ese momento, para la sociedad en la que se movía el Señor, una mujer y encima enferma. Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad"
Si hay algo que no debemos dejar de agradecer, es que se haya manifestado la primacía de la Fe por encima de la tradición o la pertenencia a una determinada raza para que Dios actúe en la vida de las personas. En aquel entonces fue aquella mujer, hoy somos nosotros que con una oración llena de fe y confianza podemos también tocar los flecos del manto de Jesucristo para ser sanados de lo que nos sangra por dentro, de eso íntimo y que sólo cada uno conoce y que no encuentra respuesta en ningún lado ni en ninguna institución por venerable y antigua que sea.
2. “Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga” Interrumpen la palabra de la sana, de la testigo de lo sucedido, todo un signo de lo que sobrevendrá a los testigos en el futuro, serán silenciados, se les cortará el discurso del testimonio. En la pedagogía de Dios será una templanza del ánimo para seguir hablando en el Nombre de Jesús, a tiempo y a destiempo, en público o en privado, diciendo todo acerca de lo que han visto y oído, y que deberá seguir siendo dicho más allá de las dificultades que encuentre siempre en la acción testimonial
“Y le dijeron: "Tu hija ya murió” Nos imaginamos el rostro de dolor y consternación de Jairo, su remordimiento porque fue a buscar a Jesús y de todos modos su niña murió. El Señor lo ve, le lee el alma, sabe lo que le pasa, siente el miedo, la duda, la tentación de la incredulidad, su ánimo vacilante, se le ha muerto su hija y como padre le había fallado, no había conseguido lo que quería para ella. “Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas". No los escuches, cree, confía y espera contra toda esperanza y verás la gloria de Dios con tus propios ojos “Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga” La Piedra y las Columnas de la futura comunidad cristiana. También el derecho a ciertas cosas o hechos del ministerio los comparte con sus más íntimos y no con todos. Nosotros también lo hacemos. “Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme". Escena típicamente oriental que se manifestaba y se manifiesta aún hoy en algunos lugares de oriente. Lo importante acá es la palabra de Jesús sobre la muerte: ésta se convierte en nada más que un sueño, algo pasajero y Jesús va a demostrar que con él la muerte tiene un nuevo rostro, y así una ruptura más serena con nuestros seres queridos, una mayor aceptación y una nueva esperanza. La muerte desde entonces no tiene la última palabra, la última palabra la tiene Jesús y la Vida que se impone sobre la muerte en él y por él “todo el que cree en mí aunque muera vivirá” “Y se burlaban de él” no era para menos ante lo que conocían y sabían, porque los muertos no resucitaban, hasta ese momento, hasta que el Dios de la Vida se hizo hombre y se manifestó a favor de los hombres, y en todas las cosas del hombre, las más simples y las más dramáticas, la Encarnación de Cristo ha tocado todo, absolutamente todo, nada ha quedado fuera de su acción e influencia, y así creer será desde entonces, descubrir esta influencia y presencia, en la vida de todos los creyentes.
“Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: "Talita kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!". En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar” La escena de la resurrección de la hija de Jairo es de una belleza, ternura y bondad que verdaderamente conmueven a cualquiera, que aún sin fe se anime a imaginarla. Los gestos del Señor, el entorno, los padres y los apóstoles elegidos para la ocasión. Las palabras y la orden de la vida que le dice a la muerte vete, déjala que se levante.
Aquí encontramos una visión más profunda de la palabra resurrección, que significa levantarse o ser levantado. Ser levantado de entre los muertos es mucho más que despertar de un sueño, porque se puede despertar pero no levantarse. Aquí son las dos cosas despertar y además levantarse. El tomándola de la mano la hizo levantar y ella ya por sí misma se puso a caminar; no es difícil pensar e imaginarnos la luz de ese momento, el bienestar de la niña y el alivio para Jairo y la madre de la niña, ellos habían recuperado lo que creían irremediablemente perdido. “Ellos, entonces, se llenaron de asombro” Acababan de ver con sus propios ojos la gloria de Dios en la acción de Jesús.
Había desde ese momento que comenzar a ver la vida con nuevos ojos, aunque haya que morir, al menos ya no se muere para siempre, la muerte ha sido transfigurada por la acción del Mesías de Dios, el Señor de la Vida, el que vino para que tuviéramos vida y vida abundante. Todos los milagros de Jesús tienen un cometido que es mostrarnos un futuro para que caminemos hacia él llenos de esperanza, un futuro, sin dolor y sin muerte, un futuro sin miedo y sin enemigos, porque estarán todos vencidos, el último que será vencido es la muerte, pero ya desde ahora, la fe es la que vence al mundo, al pecado y a la muerte, por eso hoy la oración del credo debería ser dicha con más convicción y con una voz más clara, intensa y vibrante.
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DOMINGO XII “NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA” Mis amados hermanos: Este domingo interrumpimos la lectura continua del Evangelio de Marcos, para celebrar el Nacimiento de San Juan Bautista, el Profeta de los profetas, porque aquellos por grandes que fueron, sólo hablaron de la Promesa de Dios, Juan la mostró realizada en Jesús de Nazaret, de quien él era el Precursor, aquel que señaló al Cordero de Dios que quitaba los pecados del mundo. Por todo esto y mucho más merece esta solemnidad dedicada a su memoria.
1. “Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia conque Dios la había tratado, se alegraban con ella” La sencillez de la vida contenida en los evangelios es conmovedora, como la que se nos relata hoy. El nacimiento de un niño en las montañas de Judea, nacido de una anciana, y acompañada por la presencia amorosa y dulce, de la Virgen María, que había partido sin demora, y que estaba allí como humilde servidora de una anciana, y que además estaba embarazada y por dar a luz. Sin embargo todo formaba parte del Plan de Dios, que en su misericordia se había acordado de su Pueblo, y que en el Niño que María llevaba ya en su seno, había bajado a salvarlo como había prometido. Lo hermoso de los relatos evangélicos es que ellos nos reflejan el cumplimiento fiel de las Promesas divinas, que se realizan en la sencillez de la vida y como la misma vida es, mezcla de cosas asombrosas y extraordinarias y también ordinarias y cotidianas. En esta vida Dios elige manifestarse adaptándose a nosotros, nuestros tiempos, modos y costumbres. Más allá de las obligaciones que generan los hijos a futuro, no se puede ignorar la alegría que este fenómeno milagrosos trajo a la vida de los esposos y padres y, aún de su entorno como se nos describe hoy. “A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan". Juan “Dios ha mostrado su favor” quiere decir su nombre, que para esa madre era toda una definición de la misericordia y la bondad que Yahvé había tenido con ella. Todas las jóvenes y mujeres soñaban con ser las elegidas por Dios para ser la madre del Mesías, por eso la esterilidad era una afrenta y un dolor muy grande, era sentirse excluida de ese deseo o de ese sueño legítimo. Entonces que para ella, a su edad y contra todo pronóstico, ser madre, si eso no es un favor especialísimo de Dios ¿Qué lo sería? Ella lo nombra y muestra el augurio que para un Pobre de Yahvé significaba, la visita de Dios a su Pueblo y que nacía primero de ella y luego de la Virgen, que pondrá por nombre Jesús, que significa “Yahvé salva”. Allí se encontraban las promesas y la realización, una Alianza y la Nueva, las primicias de nuestra salvación, Juan que nacía y Jesús que estaba viniendo. “Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Éste pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Había que cambiar las cosas porque empezaban a ser nuevas, también algunas tradiciones y costumbres, pero sin olvidarnos de lo que Lucas buscaba con la redacción de su Evangelio, mostrarnos a todos los cristianos las raíces profundamente judías de nuestro catolicismo. Recurren a Zacarías porque no era tarea de la mujer nombrar a su hijo, eso era propio del hombre. En Lucas la que nombra a Jesús es la Virgen, en Mateo el que pone el nombre es José de Nazaret, porque es lo que el Ángel le dice tanto a María en la anunciación como a José en sueños, lo que importará en definitiva será, que en el futuro los nombres serán todo un augurio de lo que cada uno será en el Plan Salvífico de Dios. Bueno sería ver, en qué medida, cada uno de nosotros es "ese lugar" donde Dios muestra su favor con cada uno, como para con los demás.
2. “Todos quedaron admirados, y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios”. Aunque ya lo hemos dicho en otros momentos y en otros lugares, no está demás recordarlo y reforzar la relación que Lucas resalta: la alabanza de las personas y de los grupos ante las manifestaciones de Dios. Aquí es un padre que se había quedado mudo, por el típico escepticismo del clero ante las cosas extraordinarias, pero ante las cuales rinde el homenaje de su fe, ya que en él se cumplieron las palabras del Ángel en el momento de la ofrenda del incienso, cuando le anunció que sería padre a pesar de sus años ¿Quién no dudaría? Nuestro Dios es tan Dios, que muchas cosas sólo las puede hacer y entender Él, menos mal, no fuera a ser que las entendiéramos nosotros con la estrechez de pensamientos que tenemos habitualmente. “Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea” Quisiera detenerme en el termino acontecimiento porque dice mucho sobre la sorpresa que la vida tiene de tiempo en tiempo. La cosa aconteció, nadie sabía ni cómo ni desde cuándo se venía gestando. El hecho sorprende y despierta a todos los lugareños, pero a nosotros también la vida nos sorprende, las cosas acontecen a nuestro alrededor, surgen de improviso invitándonos a la reflexión al asombro y a salir de la rutina y del aburrimiento, de la cronología de las horas y de los días todos iguales. Aunque el sol sale y se pone todos los días nunca es igual, aunque el agua corre y el viento sopla y la tierra gira, nunca es la misma, si me doy cuenta y me admiro de lo cotidiano, que tiene su magia, su belleza oculta, y que espera ser descubierta por el único que tiene la capacidad de darse cuenta y descubrirla. A veces entre un acontecimiento y otro hay espacios de silencio, de opacidad y de monotonía, éstos sirven para descubrir la relevancia que tienen los acontecimientos, éstos traen luz, brillo y alegría, por eso nos parece tan necesario ver los contrastes, para no quedarse ni con los acontecimientos solamente ni con lo que no lo es, porque tanto un extremo como el otro son nocivos e injustos con una realidad que es siempre cambiante, pero que sólo el hombre tiene la capacidad de ver el contraste. Isabel y Zacarías habrían muerto sin tener hijos pero el acontecimiento los liberó del determinismo y la resignación por eso su alegría se extendió a todos sus vecinos, parientes y en toda la región, ellos fueron los primeros sorprendidos y por lo tanto los que más experimentaron el acontecimiento. “Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño? Porque la mano del Señor estaba con él” El corazón es algo maravilloso y a la vez complejo en el lenguaje bíblico, porque es la sede de los sentimientos, es la conciencia individual, es le lugar donde Dios habla al hombre, pero hoy se nos presenta como el lugar de la memoria, que guarda los recuerdos pero con vistas al futuro que está abierto, a nuevos acontecimientos y manifestaciones de Yahvé a su Pueblo. Juan será, en labios de Jesús, el más grande nacido de mujer, pero será el más pequeño en el Reino de los Cielos, porque con Juan termina un Testamento y con Jesús y sus discípulos llega el Nuevo Testamento, y la Alianza Nueva y Eterna entre Dios y la humanidad entera. “El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel” Hay un evidente paralelismo entre Juan Bautista y Jesús, sus vidas ocultas y el tiempo de su manifestación al Pueblo de Dios, la experiencia determinante de habitar en lugares desiertos, la reunión de discípulos a su alrededor, las crisis sobre el sentido de su misión: “¿eres tú o debemos esperar a otro?”; “Dios mío, Dios mío por que me has abandonado? Tendrán hasta una muerte similar, morirán violentamente como todos los profetas, pero no lo harán sin haber realizado el cometido de sus vidas: mostrar al Salvador, y Redimir a la humanidad por su Muerte y la Efusión de su Sangre.
“Señor de la vida haz que no perdamos la capacidad de asombro, si la hemos perdido haz que la recuperemos. La vida a pesar de todo puede ser hermosa si nosotros la hacemos así. Despiértanos del sueño y sácanos de la rutina, danos estar alertas, atentos y expectantes de tus manifestaciones porque van a acontecer en nosotros y a nuestro alrededor. Te bendecimos por todo lo que nos regalas a diario, danos la gracia de poder verlo y sentirlo, para tu gloria y alabanzas” Amén
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DOMINGO XI DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO
Mc 4, 26-34
Muy queridos hermanos, paz, gracia y toda bendición para cada uno y sus familias y para todos los que están solos:
Reunidos una vez más en este medio tecnológico admirable, despuntamos el gusto de estar juntos unos momentos, para compartir algunas impresiones, que el presente texto de la Liturgia nos inspira, o despierta un interés mutuo para crecer en la comprensión del mensaje cristiano.
Hoy Mc 4, 26-34 nos presenta a Jesús enseñando a sus discípulos por medio de Parábolas, que son historias que esconden siempre algo, de lo cual venimos meditando desde hace 20 siglos y que siguen dándonos vida como fuente inagotable de belleza y sabiduría.
1. Jesús decía a sus discípulos: "El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga” Nos parece interesante recordar que el Reino no está ni acá ni allá, sino entre nosotros y en nosotros, porque de lo contrario Jesús hubiese estado hablando de agricultura y no era esa su intención, porque para eso ya están los técnicos, los ingenieros y los agricultores, con tantas canas como campo en sus lomos. Nos dice Jesús, que existe en este mundo algo que no depende de lo que el hombre haga, y este algo es el Reino de Dios, que tiene una fuerza y un dinamismo propios, que está y se manifiesta más allá de que el hombre lo perciba, y ésta es una de las novedades del pensamiento y la enseñanza de Jesús; el Reino de Dios es uno de los temas centrales de su predicación. Este Reino del que nos habla está situado en el drama del mundo, donde hay otros reinos que no son de Dios precisamente, sino el antireino, que tiene su jefe y sus cómplices. Reino del mal, de las tinieblas y de la muerte, que no hacen más daño del que hacen, porque Dios los frena y no se los permite; por esto cuando Jesús expulsaba demonios, los hacía con el Poder de Dios actuando en Él, y que era el signo de que el Reino había llegado al mundo y con él, la liberación, la salud y la vida.
Cabría preguntarnos si ese reino que está en el mundo no seríamos también nosotros, Reinado de Dios, que desde nosotros se mueve y hace andar las cosas según Dios y su Espíritu, y las del hombre que hay que arreglar o que hay que hacer porque no están hechas. Si para Jesús somas sal de la tierra, luz del mundo y levadura en la maza, nos está aproximando al dinamismo del Reino de Dios, nos hace pensar en la posibilidad de que las cosas sean diferentes a como las vemos hoy.
2. "Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha" Ahora nos habla de que el Reino da fruto, que da cosecha, que nunca es estéril, donde el se manifiesta hay más alegría que cuando abundan el vino y el trigo, porque estos pueden estar o no, según como venga el año y el clima, pero como el Reino está más allá de todas estas variables, su eficacia está asegurada, porque no obedece a las leyes de mundo sino a sus propias leyes; es más, cuando nadie hubiera imaginado un lugar donde habría de encontrarse fruto, ahí el Reino se manifiesta y los hace presentes y durables. ¿Acaso los Apóstoles pensaron que su predicación llegaría alguna vez a todo el mundo? ¿Pensamos que sólo puede dar fruto allí donde nos parece y no en otro lado? Afortunadamente el Reino no obedece a nuestros criterios, no tiene nuestra mirada, a veces tan parcial y atrevida.
3. También decía: "¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas, que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra” En estos tiempos mediáticos en los que de todo se hace espectáculo instantáneo, donde se fabrica la verdad o se hace verdadera la mentira si está bien hecha, el que se nos presente algo muy diminuto y nada espectacular, pero que se vuelve grande desde la mismísima pequeñez de una semilla de mostaza, nos desmediatiza de los criterios con los cuales se aborda la realidad, y nos llama a ver el desarrollo de lo pequeño, de lo escondido, de lo que es casi invisible y que por su fuerza interior, que no es de este mundo, se convierte en algo grande y maravilloso, bello y fecundo.
El Reino pide pista en nuestro interior, quiere ser, quiere estar y busca manifestarse, como la vida misma. Cristo, Maestro en sabiduría y sencillez, nos enseña a todos a ver la vida con los ojos bien abiertos, para que busquemos y encontremos las semillas del Reino, que están y sólo esperan ser descubiertas, sembradas y regadas para dar fruto de vida abundante.
El Evangelio no es sólo doctrina, el Evangelio tiene que ver con la vida misma, la vida de cada uno y la vida de todos, lo sepamos o no, porque el Reino, el Evangelio y su vitalidad, no dependen en nada de nosotros, somos nosotros los que dependemos de Él. Jesús les hablaba a los vivos por más que tenía poder para resucitar a los muertos, los vivos hemos sido siempre su preocupación. “Y con muchas parábolas como éstas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender” Hay quienes opinan que todavía, en nuestra manera de educar, estamos muy lejos de la metodología y la sabiduría que Cristo tenía para enseñar los grandes temas de la vida, de una forma que todo el mundo podía entenderle. Que su inteligencia y fantasías creativas están tan por encima de la media, que no habría otra posibilidad más que declararse ignorante de toda ignorancia, para comenzar a entender algo de lo que significa enseñar y no solo instruir. “No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo” La enseñanza de Jesús en su propio presente tenía dos dimensiones, la espacio temporal en la que vivía y la otra, la trascendente, la que tenía que ver con la futura misión de sus discípulos. Esta enseñanza en privado, es la que tiene que ver con nosotros hoy, así como con los que vendrán después de nosotros.
La Sagrada Tradición, es algo que debemos conocer, cuidar y entregar, porque es la herencia que Jesús deja a su Iglesia para que ésta la viva y la transmita, con lo que es permanente, pero también con la adaptación a los tiempos en que debe ser dada, sirviéndonos de todo lo que esté a nuestro alcance para realizar esa misión de dar de lo que hemos recibido, “con la alegría de que es más feliz el que da, que el que recibe”
Siempre juntos en el camino que lleva a la Vida.+Manolo Subir al índice


SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO Mis amados hermanos en el Señor y en la Fe: La Iglesia en San Pedro, en cada Diócesis, Parroquia o Capilla donde se celebra la Misa habitualmente es invitada este domingo a participar de la Fiesta de Corpus Christi. La Misa con sus dos partes de la Palabra y el Misterio Eucarístico, la Comunión y la Procesión con el Santísimo por las calles de nuestras Capitales, Ciudades y Pueblos, para concluir con la Adoración y la Bendición con el Santísimo hacen que tenga una especial relevancia el culto público a Cristo y su Presencia Real en la Hostia. Que reciba la adoración, la alabanza, la acción de gracias y la suplica de su Pueblo que lo ama y lo honra con su fe, caminando junto a Él por sus calles y diciendo en medio de un mundo indiferente, creo, celebro y espero. También invitando así a compartir la fe en Cristo, Pan para la Vida del Mundo.
1. Ya en el Antiguo Testamento el pan tenía diversos significados pero sobre todo era el signo de la vida, el pan era la vida como alimento y a su vez cuando había alimento la vida crecía y se multiplicaba como así la ausencia de él significaba la mayor de las miserias y el peligro latente de la muerte que asechaba la vida. Ante esto la providencia de Dios se encargaba de que no faltara el pan aun en el camino por el desierto cuando dio el maná como nos cuenta y nos recuerda la primera lectura de la liturgia de hoy. Para esta celebración hemos querido detenernos en la experiencia del profeta Elías y su huida por el desierto hasta llegar a adorar al Señor en la cueva de un monte. El viaje de Elías al monte Horeb: “Pero un ángel lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come!». El miró y vio que había a su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua. Comió, bebió y se acostó de nuevo. Pero el Ángel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come, porque todavía te queda mucho por caminar!». Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb”. Tenemos un hombre de un caminar por el desierto, un cansancio de muerte y un sueño ¡Cuánto se parece esto a nuestro tránsito por la vida! Ella tiene todos los peligros y los límites que encuentra caminar por el desierto. Pero en el desierto, el jardín de Dios, como lo llaman nuestros hermanos de Oriente, no lo transitamos solos, como a Elías el Señor se nos presenta ofreciéndonos una comida y una bebida, que fortalecen tanto que permiten caminar cuarenta días y cuarenta noches, símbolos de las distintas etapas de la vida en las cuales Dios se nos presenta para decirnos: “come y bebe que tienes mucho que andar” ¿andar hacia donde? Hacia el encuentro con Dios en el Horeb, símbolo del final de la peregrinación en este mundo y durante esta vida. Allí nos espera el Señor en la suave brisa de su amorosa presencia. Benditos aquellos que estén más cerca de ese encuentro, los que estén en la etapa final de sus días, porque les falta tan poco para ese encuentro con el Principio y el Fin de todo, ese Dios que siempre nos sigue llamando, en todo momento y circunstancia de la vida. La fe es lo que nos permite escuchar su voz o ver los signos de su presencia y cercanía. Gracias a este alimento, la vida triunfa sobre la muerte y la soledad de un futuro sin Dios o algo más queda iluminado por el encuentro con Aquel que está más allá de todo y que se ha hecho encontradizo para el que busca más vida, para el que siente hambre de más y la fe es la puerta que abre a ese encuentro con la vida en abundancia.
2. Hoy celebramos el Misterio de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. “Yo soy el pan de Vida” Jesús durante la Última Cena se da a conocer como Yo soy la Vida y eso que parece algo muy general y si se quiere muy difícil de explicar, en el signo que hoy nos presenta el evangelio se hace muy claro y comprensible: el pan de vida y la vida que es el pan, porque donde abunda el alimento abunda la vida porque tanto la propia como la de otros es posible y sustentable. En términos de fe la Eucaristía y la presencia real Cristo, alimentan y sostienen al discípulo, hasta el extremo de que el que no come se va quedando sin sustento, si acontece una persecución sucumbe, si tiene que dar testimonio está débil e inseguro, es decir la Eucaristía es la fuente de vida y fortaleza de toda la Iglesia y de cada discípulo en particular. “Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera”. Hubo en otro tiempo un maná que sostuvo la vida del Pueblo en el desierto y es semejante al pan material que nosotros comemos y que solo sostiene la vida material, la vida temporal que irremediablemente termina con nuestra muerte. La Eucaristía es el pan de la Vida Eterna, un pan de Dios que regala la eternidad y que hace superar el miedo que produce la existencia de la muerte como lo más seguro que tenemos en este mundo. Todo lo demás va y viene, está o no está, es relativo e inseguro, pero de la muerte nadie escapa y el hombre de por sí no puede solucionar, de aquí la importancia de poder escuchar para creer: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo». Aquí nos detenemos en la expresión de Jesús: mi carne. No se trata de la materialidad de su cuerpo sino de toda su Persona, ya que en el pensamiento y la cultura judía, que era la de Jesús, era y es la de lo concreto, y no el nuestro que todo lo dividimos, lo separamos, lo queremos claro y distinto. Cuando dice mi carne en realidad está diciendo mi Persona, todo mi ser es el que se entrega para la vida del mundo, por eso la Eucaristía es un pedacito de cielo en este mundo, de suerte tal que el que lo recibe, sacramental o espiritualmente según sus posibilidades, está ya en la vida eterna, entra en relación con el cielo y la eternidad, por esto no dice luego: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Para Jesús, Pascua, Eucaristía y Resurrección están íntimamente ligado y la Comunión de su Cuerpo y su Sangre, es la forma que él creó para comunicarnos su propia vida resucitada y la que marca la diferencia entre el maná y nuestro pan o la comida material: Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. Muchas veces queremos tener experiencias extraordinarias, afectivas y sensibles de Cristo y eso está más cerca de la fantasía y la ilusión de una religiosidad infantil, para quien está madurando su fe no necesita de cosas fuera de lo común sino que escucha y celebra al Señor donde el Señor se encuentra y lo posee de la forma que le ofrece esa posesión en amor y amistad y de tal manera que se de una mutua pertenencia, por eso: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí”. Si hay algo que tenemos en común con todas las creencias o religiones es la búsqueda de la fuente de la eternidad y nosotros la hemos recibido y la tenemos cada vez que comulgamos “Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente». Claro esto exige una elección, y toda elección tiene que tomar algo y dejar el resto para que sea una verdadera elección. La fe tiene este dejar de lado las creencias para vivir de ella y este es un compromiso que no todos quieren asumir y así se quedan en la superficialidad de las cosas y se pierden lo mejor y que es lo que el Evangelio de hoy nos dice que está a nuestro alcance, como el pan en nuestras mesas. Creo… +Manolo Subir al índice


DOMINGO DE LA IX SEMANA “SANTÍSIMA TRINIDAD” Mis queridos hermanos en la comunión del Dios Uno y Trino, el Dios de Nuestro Señor Jesucristo en quién todos somos hijos y hermanos, en quienes siempre habita el Espíritu Santo como en un Templo, el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo nos vuelve a presentar el Mandato Misionero de Jesús a sus Apóstoles y nos revela, en Nombre de quién deberán bautizar a los que crean, los que acepten a Jesús como Señor y Mediador de la Nueva Alianza y Aquel que asegura la perenne Efusión del Espíritu, enviándolo a nosotros desde el Padre.
1. No lo hace en cualquier momento de su vida entre nosotros, Jesús manda y promete su presencia, después de su Misterio por excelencia, la Resurrección de entre los muertos y al aparecerse vivo a sus discípulos-apóstoles. “Después de la Resurrección del Señor, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado” Cada día algunos podemos sentirnos citados por Jesús, encontrarnos en torno a la Mesa de la Palabra y la Eucaristía. Todos somos citados por Él cada domingo en la Parroquia, en las Capillas o en los Centros misionales, para estar con nosotros y nosotros con Él. No es Galilea el lugar, es cada comunidad, cada persona y cada interior personal, dende la cita se convierte en Encuentro y de todo encuentro salimos distintos a como vinimos. “Al verlo, se postraron delante de él” Esta es una de las posturas o actitudes más propiamente religiosas o de fe, postrarse y adorar, hacerse pequeño, indefenso, consciente de la enorme distancia que existe entre nosotros y la Presencia del Señor. “Sin embargo, algunos todavía dudaron” ¿Cómo no dudar? si lo que estamos viviendo a partir de la fe es tan nuevo y sorpresivo que costaría creer que es cierto lo que nos pasa o lo que vemos que les pasa a otros que están junto con nosotros. “Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado” Jesús se acerca a nosotros por medio de la Palabra, la Eucaristía y el hermano. Rompe el silencio y la distancia, despierta la confianza que surge de la fe, llama y envía. Lo propio de Él es la cercanía, acompañar, estar presente, ungir las mentes y los corazones con su Luz y su Amor. Lo propio de él es pasar por alto los estados circunstanciales de las personas para levantarlas e impulsarlas a salir, a vivir y a luchar, su Vida fue una lucha continua, la nuestra también, pero así como el Padre nunca lo dejó solo el tampoco nos deja solos y no sólo promete, sino que cumple y desde hace 20 siglos sigue diciendo “Y yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" Sin este bastón de gracia ninguno de nosotros se habría animado a abrir la boca, y anunciar a todo el mundo nuestra fe, ni tendríamos con qué dar razón de la esperanza que nos anima. Así nuestra fe confiesa que el Dios Trino, en el que nosotros hemos sido bautizados, por la Unción del Espíritu habita en todo aquel que cree “todo el que crea será amado por mi Padre, vendremos a él y habitaremos en él” Como las Tres divinas personas son inseparables, aunque distintas, cuando recibimos en el Bautismo y en la Confirmación al Espíritu Santo, recibimos con Él al Padre y al Hijo, presencia invisible pero real, que se nos hace comprensible por medio de la Palabra de Dios que nos revela este Misterio central de nuestra fe.
2. En una reflexión anterior, creo que la del año pasado, hablamos de la Trinidad desde las obras que, el Credo, atribuye a las Tres Divinas Personas. Este año quisiera compartir con Ustedes algo que vengo meditando de un tiempo a esta parte y que surgió de la pregunta ¿Cómo será ver a Dios en el Cielo? Porque el Padre no tiene rostro, el Espíritu tampoco tiene forma. El uno no es el Anciano Venerable que figura en las estampitas. El otro no es la Palomita con que se la representa por lo dicho por los evangelios en el Bautismo del Señor.
Pensé entonces que no los puedo ver sino através de Cristo Glorioso. Que el Padre sería como una Luz de Infinita Belleza, que brilla detrás de Jesús en la Gloria y que el Espíritu es lo que inflama a Cristo, mostrándolo como en llamas. Allí podría ver lo Uno y a la vez lo Trino de Dios. Como con un golpe de vista primero ver todo el cuadro, pero después detenerme en cada parte, como cuando nos fijamos en los detalles del mismo. Ni luz, ni llamas, nada de esto es capaz de decir con palabras o imágenes un Misterio que sólo es comprensible para Dios mismo, pero bueno es un asomarse. El Padre no habla el Padre sólo ES, porque la Palabra del Padre es su Hijo, él ha hablado y se ha mostrado por medio de él, “Felipe el que me ha visto ha visto al Padre” “El que a ustedes escucha, a mí me escucha y escucha al que me envió” “El Padre y Yo somos Uno” El Espíritu, es tan complejo y rico que con una sola palabra no se lo puede entender, sólo a través de distintas imágenes se lo representa o se lo nombra, pero en todas ellas hay algo en común, todas nos hablan de dinamismo, movimiento, vitalidad y fuerza: es Agua, Agua Viva, Viento, Manantial, Fuego y Fuerza de lo Alto. Dicen quienes han recibido el Bautismo o Efusión del Espíritu, que los ha inundado una paz profunda, una alegría desbordante, un fuego interior o como una brisa suave y fresca, un amor intenso y tierno por Jesús, por la Palabra de Dios, una necesidad de leerla y alimentarse de ella. Es decir que cuando el Espíritu se manifiesta algo o mucho pasa y, nada queda igual, se ha movido dentro y fuera de las personas, generando emociones, sentimientos y determinaciones que antes no se tenían. Para muchos es creer por primera vez y no sólo estar bautizados. Sin duda que el Espíritu mueve, impulsa y transforma. Sin su iluminación ninguno de nosotros podría ni quiera decir: Jesucristo, tanto es nuestra dependencia de su acción en nosotros como en toda la Iglesia. Este Misterio de Amor y Comunión, está inscripto en el interior y en la estructura psico- anímica de la persona, ella es imagen de la Trinidad y sólo por medio de la Trinidad se explica su propio misterio. Misterio de amor, de comunión, necesidad de otros para realizarse, solidaridad con los otros para realizarse, padecer con los otros para compadecerse, aprender del otro, buscar y servir con el otro y al otro. Sin esta dimensión espiritual de la vida humana pareciera que la persona no pasa de ser un individuo de una especie rara dentro de la naturaleza, la más rara de todas porque es la única hecha a Imagen y Semejanza de Dios y, de Dios Trino. Esta es la razón por la cual nosotros necesitamos estar insertados en una comunidad cristiana porque sin ella, no tenemos al Dios verdadero, fuera de ella, sólo nos queda adorar lo que no conocemos o lo que nuestros apetitos se fabrican. Esta es la esencial diferencia entre ser un creyente o ser un idólatra. Elegimos creer y adorar al Dios revelado por Jesucristo, al Dios que ha hablado y que hoy habita en su Palabra, al Dios que está presente ahí donde los discípulos se reúnen en su Nombre. “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos” Amén.
Con todo afecto. +Manolo Subir al índice


DOMINGO VIII DE PASCUA “SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS” Muy queridos hermanos. Paz y toda bendición para ustedes estén donde estén. Celebramos una vez más la Solemnidad de Pentecostés. Y una nueva celebración nos obliga a un esfuerzo especial a la hora de presentar los textos a partir de los cuales podemos meditar en el valor y trascendencia de esta fiesta del Señor y Dador de Vida, como se lo llama al Espíritu Santo. La fiesta vale por si misma como tal, por el fenómeno que nos relata, como por las consecuencias que tuvo para la Iglesia de entonces y el mundo, que ya no venían siendo los mismos desde la Pascua de Cristo y que seguiría transformándose bajo el Poder de lo Alto que ungía, un día como hoy, a un grupo de hombres y mujeres, sobre quienes se derrama, inflama e impulsa más allá de su vida temporal y que se sigue derramando en todo aquel que cree en Jesucristo y lo confiesa Único Señor y Salvador, no sólo de si mismo, sino de la humanidad toda. Hoy los Hechos de los Apóstoles nos relatan el momento de la Efusión del Espíritu sobre los discípulos reunidos en oración junto con María, la Madre del Señor y los Apóstoles. La Carta a los Corintios nos describe por boca de san Pablo la acción del Espíritu en los creyentes de las primeras comunidades cristianas, con sus carismas y dones. Y estos orientados no para la vanidad y el lucimiento personal, sino para construir el bien común, la Comunidad Cristiana en si misma y presentársela al mundo como proyecto del Mundo Nuevo y la Vida Nueva inaugurada con la Resurrección del Señor Jesús y con la Efusión del Espíritu que hoy celebramos. Detengámonos en el texto del Evangelio de este domingo, que es el mismo del Segundo de Pascua, pero para desentrañar un significado que está más allá de la experiencia de ver al Señor resucitado.
1. “Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos” Casi siempre a un trauma, sufrimiento intenso, decepción, desilusión o dolor de todo tipo, suele aparecer el miedo como algo poderoso, que pretende acaparar todo el mundo anímico y hasta espiritual. Desalojarlo de nosotros mismos no es algo que se pueda hacer solo y por nuestra cuenta. Para convertirlo en experiencia de crecimiento, transformación y aprendizaje, enseñándonos a estar alertas, es algo que no podemos hacer y este es el primer paso, la humildad, la aceptación de nuestra impotencia es el primer paso, que asociado a la fe nos van sacando y sanando de sus consecuencias y va naciendo la paz y la confianza, pero ya no en nosotros mismos, sino en el amor de Otro que si ha vencido y encadenado a Sí el miedo. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado”. Si nosotros pudiéramos arreglárnoslas solos ¿necesitaríamos un salvador, un liberador y un sanador? seguramente pensaríamos que no, por eso es tan saludable para toda la vida y para todas las etapas de la misma, experimentar los límites, la debilidad y la impotencia, que significa despertar del sueño primordial y la mayor mentira de todos los tiempos “serán como dioses”… Preguntémosles a los discípulos encerrados por el miedo si se sentían como dioses, creo que por la verdad de lo que vivían en los momentos de este relato, lo último pensarían es que eran como dioses, cuando no les dio ni para tener palabra de hombres, y que se habían ido cada uno por su lado dejándolo solo al Señor Jesús. Tuvo que aparecerse resucitado de entre los muertos, mostrarles su manos y su costado y anunciarles la paz para sacarlos del miedo, de la angustia, de la culpa y el remordimiento, y abrirlos de nuevo a la vida, pero ya con un nuevo fundamento, con la confianza puesta en otro lado y no es sí mismos, ni en sus palabras y sus promesas que habían quedo muertas y sepultadas para siempre en la Cruz y el Sepulcro de Jesús. Es comprensible que estuvieran vacíos y, que solo la experiencia transformadora del encuentro con el Señor Vivo, los llenara de alegría y los abriera a lo que vendría después: el don del Espíritu y el mandato evangelizador.
2. “Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Todo apóstol o agente de la evangelización debe hacer la doble experiencia de su radical impotencia, debilidad y límite, para abrirse concientemente a la Fuerza que viene de lo Alto. Vacío y tristeza, pecado personal y culpa, remordimiento y vergüenza, son junto con el gozo, la paz, la alegría y la confianza de Jesús al mandarnos a evangelizar son dos partes de una misma realidad, la vida del discípulo-apóstol “Al decirles esto, sopló sobre ellos” Este soplo nos recuerda la creación del hombre en los orígenes cuando Dios sopló aliento de vida en el muñeco de arcilla con el que lo había hecho. Estos discípulos son la nueva creación y tienen una Vida Nueva de la cual hablar y compartir con todos los que escuchen y crean, los que crean y deseen lo que Jesús les dejó a ellos. Y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". Es muy interesante ver la asociación entre Efusión del Espíritu y perdón de los pecados. El pecado, el mal moral, el desorden de vida, la desorientación, la iniquidad, el alejamiento de Dios, la vida en sombras y la muerte, son todos nombres que tiene el misterio del mal en el mundo. Para empezar a arreglarlo Dios tuvo que encarnarse, padecer y morir en una cruz, es decir no es cualquier cosa, es un verdadero obstáculo al amor de Dios y la acción redentora de Cristo, puede llevarnos a perdernos a nosotros mismos, hasta un punto de no retorno, por esto es necesario e imprescindible creer para salvarse porque es fácil perderse y la fe nos preserva del maligno y de su instrumento que es el pecado. Éste solo se va remediando por medio del Perdón o Penitencia, que es el signo e instrumento que Jesús resucitado deja a su Iglesia para ayudar al hombre en su lucha, como remedio y también como estímulo contra la desesperación y la tentación de abandonar el camino de nuestra regeneración espiritual. El bautismo que nosotros recibimos de niños o de adultos siempre ha sido para el perdón de los pecados. Es como el inicio de la Vida, el punto indispensable del cual se parte, así el bautismo de agua como el bautismo en el Espíritu, no son algo accidental en nuestro camino de fe, no habría fe sin la existencia de uno primero y el crecimiento y la maduración que significa el otro. Sin la Efusión del Espíritu, sin un Pentecostés, sin el perdón de los pecados nosotros no existiríamos como cristianos; a lo mejor tendríamos otras creencias, pero la que de verdad nos salva y nos hace participar de la Vida Nueva, no la tendríamos.
“Te damos gracias Señor por enviarnos el Espíritu Santo, por renovar al faz de la tierra, por encender el Fuego, crear el Manantial en nosotros, por hacer correr el Río de Agua Viva para darnos vida en abundancia. Padre grande es tu amor y misericordia, mereces toda alabanza y acción de gracias, por las maravillas que has obrado por medio y en atención a los ruegos de tu Hijo. Te pedimos que siempre nos dé su Espíritu, porque sin él no tenemos vida. Gracias Señor”. Amen
Con todo afecto. Bendiciones. +Manolo Subir al índice


DOMINGO VII “SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR” Amados hermanos en la Misión y la comunicación del Evangelio a toda la creación: “la paz, la caridad y la fe estén con Ustedes” Celebramos hoy la Ascensión del Señor a la gloria celestial, dando así por terminada su vida terrenal y dando inicio a su vida celestial, donde intercede por nosotros para comunicarnos permanentemente el don del Espíritu Santo.
También hoy una vez más, celebramos la “Jornada Internacional de las Comunicaciones”, que, iluminada por la fe en el Señor asunto a los cielos y comunicador del Espíritu sin medida, adquiere un relieve especial y un significado que, hasta ser instaurada a nivel universal no tenía. La Iglesia aggiornada por el Concilio Vaticano II vio en las comunicaciones, hoy a nivel global, un signo de los tiempos a tener muy en cuenta, porque se abría ante sus ojos un medio muy directo, universal y práctico para ejercer la misión irrenunciable de “comunicar el evangelio”, con todos los recursos de las nuevas tecnologías florecientes; recordemos las comunicaciones vía satélite y todo el avance que significó para todo el mundo y la comunicación de todas las Iglesias del mundo con la Santa Sede. Poder ver al Papa, las Celebraciones en la Plaza San Pedro, todo esto era algo impensado pocos años antes de este cambio esencial en la vida del mundo. La revolución de las comunicaciones, el desarrollo de las mismas hasta llegar a Internet, le planteaban al Papa Paulo VI, de imperecedera memoria, la tarea de poner la Iglesia al día y conforme a los desafíos que esa revolución le presentaba. Si aquello nos asombraba en cuanto a lo instantáneo de las comunicaciones, las imágenes y, todo ello aún sigue creciendo; nos deja perplejos “ante el fruto del cerebro humano” como canta la canción. Quienes más y mejor comunican, mejores resultados obtienen en sus empresas, la evangelización también lo es y además lo merece, Jesús las habría usado hoy para llegar al mayor número posible de personas, para Él, llegar a todos era su preocupación “vayamos a predicar también a otras poblaciones, porque para eso he salido” por eso se ocupó de formar su herencia, la Iglesia con su mandato misionero, ése que nos cuenta el evangelio de Marcos, que leemos este domingo y que quisimos ubicar también, en el contexto de esta Jornada Mundial de las comunicaciones.
1. “Jesús dijo a sus discípulos: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación” Anunciar a todas las personas sin hacer acepción de ellas. Universalidad que mira a todos los pueblos con la fe en el Poder del Evangelio de entrar en diálogo con todas las culturas, con sus valores y con sus contravalores. Apreciando su lengua y costumbres, su humanidad y su inhumanidad, sus libertades y sus esclavitudes. Llevando a sus hombres el mensaje del Amor de Dios, de la Misericordia, la Paz y la Filiación Divina. No sólo hombres sino hijos amadísimos de Dios Padre. La Buena Noticia de la Fraternidad y la Igualdad de todos los hombres, el valor supremo de la vida, el sentido y su significado eterno. La Muerte redentora y la Resurrección Gloriosa de Cristo y tantas y tantas verdades propias de la riqueza del Evangelio.
2. “El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará” Señor ¿Por qué suenan tan duras y terminantes estas palabras? El tiempo se ha cumplido, ya estamos desde la Encarnación del Hijo de Dios, viviendo los tiempos finales de la historia, el Resucitado Glorioso está viniendo y con él su Reino definitivo; si las cosas son así hoy, es apremiante el llamado a la conversión y a la fe para salvarse y no perderse, porque ya no hay nada más que esperar y el tiempo se nos termina. Por duras que parezcan son palabras de salvación, que nos sacuden de la indiferencia, que nos hacen caer en la cuenta de que podemos perdernos y que si le vamos a dar un sentido valioso a la libertad, un significado positivo, hay que optar por creer en lugar de elegir perdernos. Si esto se nos presenta de modo imperativo y apremiante no nos vamos a dejar estar y vamos a elegir correctamente, aunque siempre el Señor respetará nuestra decisión, por eso se da la propuesta de salvación o perdición. ¿Cuál será la lógica? Dejamos flotando la pregunta y esperando la respuesta que cada uno crea sinceramente que tendría que plantearse dar de cara a Dios que llama.
“Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán». Si alguien tuviera que resumir en cinco palabras la obra de la Iglesia diría: “la lucha contra el mal” Parece muy pobre la síntesis en pocas palabras, pero leyendo este evangelio, al anuncio de la Buena Noticia va asociada la supremacía del Evangelio sobre todas las fuerzas del Maligno enemigo y las formas solapadas con las que actúa en contra de Dios, de nosotros y del mundo. Tener y pertenecer a una comunidad de fe que se le enfrenta con el poder de la Cruz y la Resurrección, con el poder de la fe y del Espíritu, no es lo mismo que hacerlo sin comunidad y sin fe. Sólo Cristo ha vencido y solo Él tiene el poder de hacernos triunfar con él. Por eso la opción es la fe o la fe, no nos queda otra más allá del discurso válido sobre el libre albedrío, la libertad para arruinarse la vida, el derecho a elegir por elegir. ¿Elegir qué? La perdición, el odio a Dios, el infierno, la separación eterna de Dios, una vida vacía y sin sentido, una vida llena de juicios y prejuicios contra todo lo religioso. Sería bueno buscar en nuestras realidades personales, familiares y comunitarias, las huellas del secularismo y la vida sin valores trascendentes y ver qué frutos posee que no sean vacío, soledad y desesperación ¿Esta es una verdadera elección? Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Salió del Padre, vino al mundo, salió del mundo y volvió al Padre, pero no volvió igual a como salió. Salió sin ser humano, se hizo humano, débil, vulnerable, mortal. Unió admirablemente en su ser lo humano y lo divino. Siendo Hijo de Dios, se hizo por amor a nosotros Hijo del hombre. Compartió en todo nuestra condición histórico temporal a excepción del pecado. Conservando su humanidad pero ya glorificada volvió un día como hoy a esa gloria de la cual había salido. El que asciende no es solo un hombre, sino que es toda la humanidad que sube al Padre con él: “nuestra vida está oculta con Cristo en Dios, que está a la derecha del Padre” El sentido inicial y final de la obra de Jesucristo es el cierre del círculo, que se inició con su encarnación y se hace pleno, completo y perfecto con su retorno al Padre. Pero no se queda allí, sino que se comunica por el Espíritu al corazón de todos los que creen en su Nombre y se bautizan. Pareciera que para Marcos el momento de la Ascensión fue el inicio de la Misión evangelizadora de la Iglesia y, sí, para lo que él necesitaba trasmitirnos era así. “Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban” La obra evangelizadora de la Iglesia tiene dos grandes protagonistas, uno visible y otro oculto, el evangelizador y el Espíritu Santo, éste último es el que confirma con signos y prodigios la predicación del Evangelio. El gran iluminador de las mentes y los corazones, el que enciende el alma del evangelizador llenándola de fervor e inspiración, pero que sabe abrir el oído y los ojos de los que ven y escuchan al evangelizador. El Espíritu es el dedo de Dios que actúa en el mundo, entonces y ahora, sin esta fe y conciencia de su asistencia, nada podríamos hacer. Si hacemos y nos animamos, es porque somos inspirados, movidos y confortados por el mismo Espíritu que ungió a Jesús.
“Querido Jesús, que te has ido junto al Padre, pero que a la vez misteriosamente te has quedado con nosotros, te glorificamos con los ángeles y los santos que están en la gloria contigo. Hacemos nuestro su gozo, su alegría y admiración por este extraordinario prodigio de nuestra redención y la esperanza de la misma gloria. Espéranos, que hacia allá vamos, llenos de fe, a ocupar nuestro lugar, ese que pensaste y que nos ganaste con tu Preciosa Sangre. Ayúdanos con tu Espíritu para que no nos perdamos sino que de verdad nos encontremos con nuestro destino eterno” Amén.

Un especial saludo en este día, a todos los comunicadores, que desde la radio, la televisión, el espacio web, los medios de difusión escritos y toda manera de comunicación, se preocupan por esa maravillosa y desafiante tarea de llevar a los hombres la Buena Nueva de la salvación.
Con todo afecto. Bendiciones. +Manolo Subir al índice


DOMINGO VI DE LA PASCUA 2012
Jn 15, 9-17
Queridos y distinguidos hermanos en Jesús y María Santísima: Paz y bien con para todos los elegidos y llamados, los saludamos con afecto entrañable y con el gozo de poder compartir unos momentos de fe y oración con ustedes.
1. Permitámonos hoy conversar acerca del amor, de otra forma de permanencia con Jesús y en Jesús que mediante el amor como una mutua pertenencia: “Yo en ustedes y ustedes en mí”
Contextualicemos el fragmento del evangelio que leemos hoy: “Durante la última Cena, Jesús dijo a sus discípulos” Es la cena pascual, la comida ritual y las oraciones, los salmos y los himnos, que concluye con el conmovedor gesto del lavatorio de los pies antes de ir a Getsemani. Antes de esto hay un espacio de tiempo que Jesús emplea para decir las palabras con que se despide temporalmente de sus discípulos. En san Juan son 5 capítulos, del 13 al 17. Son las palabras de Alguien que sabe que su vida en este mundo se termina, son la confesión de un amigo con sus amigos, es el adiós del que está cerca del final ¿cabría pensar que alguien por malo que fuese mentiría en ese momento? Quien no tiene ya nada que perder, porque está cerca de perderlo todo, nosotros sabemos que nos dice la verdad sin tapujos y que no nos engaña. Esto que es tan humano y común entre nuestras tradiciones populares: “un moribundo nunca miente” lo es también en este momento, en el que no hablaba la boca del Señor sino su corazón abierto de par en par, ante lo cual ponemos una especial atención y cuidado de no distraernos porque es un momento único e irrepetible, que intuimos que no hay que dejarlo pasar. Por eso tienen tanta relevancia las revelaciones que este Discurso de Despedida contiene, porque nos dice cosas únicas en todo el Nuevo Testamento. Nos dice entonces: "Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” El binomio palabras y gestos son inseparables, son la estructura de la conducta del discípulo de Cristo, la palabra inspira y orienta, genera actitudes y los valores que encarna dicen vivencialmente la palabra. Actuada por el discípulo dice su amor por el Maestro, demuestra su amor de discípulo, amando pero no de cualquier manera sino después de sentirse amado por el Maestro, hacerse uno con él, después de contemplarlo en la meditación de su Palabra, mirar sus gestos, asomarse a sus misterios, entablar una relación vital con él, pues “nadie puede dar lo que no tiene”; Jesús primero nos da para que tengamos en nosotros mismos con qué poder dar. Así la fidelidad-cumplimiento sale como por naturaleza, son la consecuencia de todo este camino de asimilación, que es la permanencia en Él. Aquí no hay miedo, el amor destierra el miedo, gran enemigo del amor, porque es el que paraliza y no deja lugar al compromiso y a la acción. “Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto” ¿Quién sino el que es conciente del amor que lleva en si mismo experimenta el gozo de la Vida? La Palabra, el amor, el gozo, la paz y el sentido ¡Cuanta gracia! la de la fe, cuan benditos debemos sentirnos, cuan agradecidos y alegres, muchos ni siquiera lo van a experimentar en todas sus vidas ¿tú lo sientes así?...
2. “Éste es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. Uno podría pensar que es el cumplimiento de leyes, mandatos y preceptos encerrados en un Código o en un libreto de una obra de teatro para que los actores lo interpreten, quienes así lo piensan convierten la vida en algo frío e inflexible como es la letra sin el Espíritu. Pero ¿que tal si ponemos el mandamiento en el contenido de la amistad? En el amor recíproco, de ida y vuelta, de igualdad y correspondencia, la palabra mandato, mandamiento o ley, adquiere un brillo y una densidad diferente.Se vuelve cálida, motivadora, inspiradora, es consecuencia y no el comienzo, es resultado y no génesis del proceso de la amistad, que no para de crecer y se profundiza, que con el tiempo se hace mucho más profunda y que como los mejores vinos se ponen mejor con los años. Es lógico de toda lógica que el amor cuando es verdadero debe ser fiel y respetuoso, leal y transparente por eso sigue Jesús: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” En aquellos interlocutores de Jesús durante la Última Cena, estamos representados todos nosotros, por quienes Jesús va a dar su vida con amor de amistad, para redimir a los esclavos, liberar a los cautivos, para dar la vista a los ciegos, para hacer andar a los paralíticos y limpiar a los leprosos y resucitar a los muertos, para anunciarnos el año de gracia del Señor, éste es el contenido del amor de amistad de Jesús por nosotros y como nos miraba y nos mira aún hoy para amarnos, porque amándonos así nos redime a los pecadores es decir a nosotros, si, pecadores pero amados para ser cambiados, convertidos y santificados. “Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre” Amigos se dicen aquellos que tienen muchas cosas en común, hasta una vida en común como pasa con los esposos, que pudiendo ser solo las dos partes de la sociedad conyugal de derechos y obligaciones, ponen amor, ternura, dedicación, responsabilidad, fidelidad, respeto y mutuos cuidados, fe, oración, diálogo con la palabra, la comunidad cristiana, la eucaristía y María, el compromiso cristiano en las cosas del mundo, y así superan la dimensión legal para ingresar en la dimensión espiritual, son amigos ¿Qué pone en común con nosotros Jesús para considerarnos amigos suyos? Nada más y nada menos que su Padre. Pone un Ser de Infinita belleza, Bondad y Poder, los llama, mi Padre y el Padre de ustedes, mi Dios y el Dios de ustedes, pone entre él y nosotros, como vínculo afectivo y existencial su supremo valor, lo que más ama y por encima de todo. Aquel por quien todo lo hace y debe hacerse hasta el final su vida. Así su amor hecho fidelidad al Padre y la misión que recibió de él termina con sus palabras últimas palabras en la cruz: “todo se ha cumplido y, dicho esto, entregó su espíritu” y diríamos nosotros así al fin pudo descansar en paz, consumido por el fuego del amor divino, como la víctima de holocausto, pleno y feliz, porque adoró a su Padre y fue fiel hasta el fin.
3. “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero” Elección, destinación de esa elección, consecuencia de esa elección. No hay amor y amistad verdaderos sin libertad y sin aceptación de esta elección, de lo contrario es determinismo fatal, obligación, cosa forzada y a disgusto. En muchos ámbitos de la vida son así, sería bueno que al menos en la elección, la destinación y la consecuencia pudiéramos sentirnos realmente libres de decir que sí o que no, porque el libre albedrío es un hermoso regalo que Dios nos hizo al crearnos por eso hay que ejercerlo después de escuchar con atención todo lo que sea necesario y el tiempo que sea necesario, porque de este discernimiento viene la decisión y no vuelta atrás, el no retorno, es la determinación de la libertad, que supera el libre albedrío y al discernimiento moviéndonos, a semejanza de Cristo, a una respuesta fiel y que se sostiene en el tiempo. “Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros". San Agustín oraba al Señor pidiendo la gracia: “da lo que pides y pide lo que quieras” Si para que su mandamiento de amor mutuo entre nosotros, Jesús tuvo que padecer y morir en la cruz, no ha de ser porque amarnos entre nosotros sea algo romántico y maravilloso, sino algo que siempre cuesta y a veces cuesta mucho, porque los hombres somos así. Si fuimos capaces de matar al Autor de la Vida, aunque haya sido por ignorancia, lo hicimos con nuestros pecados. Quienes fuimos capaces de hacer semejante cosa, porque aquellos en realidad somos todos nosotros, necesitaremos la ayuda de lo alto para hacer todo lo contrario. Sin la gracia de Dios en lugar de amarnos nos comemos los unos a los otros. Por esto nos parece que pedir amarnos los unos a los otros, es lo primero y anterior a todo, para que nos sea concedido y así poder traducirlo en actitudes amables. Nos parece que el primer paso para llegar al amor mutuo es la humildad de reconocer que no podemos, que no sabemos y que no lo tenemos por naturaleza, sino por gracia. Con esta gracia de amor todo es posible. La oración personal y en común, la confesión como remedio a nuestros egoísmos y mezquindades y, la eucaristía como alimento del amor mutuo serían cosas a tener en cuenta a la hora de decidirnos a amar como Jesús nos pide. Se nos llama a alcanzar un fin, también se nos han dejado los medios, usemos de los medios y alcanzaremos el fin. Los invito a que cada uno después de leer esta meditación se anime a hacer su oración y escribirla para rezarla desde su fe y su propia realidad.
Con todo afecto. Bendiciones. +Manolo Subir al índice


DOMINGO V DE LA PASCUA
La vid y los sarmientos...
Mis muy queridos hermanos: Los domingos de Pascua nos han permitido ver y oír el misterio de la Vida con sus signos y sus palabras: El sepulcro vacío, las apariciones a los primeros testigos de la resurrección, la paz dada y el perdón ofrecido a todos los hombres, la fracción del pan en Emaús, la alegría por ver al resucitado, la fe de Tomás y la bienaventuranza de todos los que crean sin haber visto. El buen pastor que da la vida por las ovejas, el rebaño y la vida en abundancia.
Hoy nos presenta la fuerza y la vitalidad de la Vid que es Jesús, el Viñador que es el Padre y nosotros que somos los sarmientos y que tenemos vida por él y en él. Pero todos estos signos de vida nos van hablando del la Iglesia y no nos referimos a la jerarquía, sino a todo el pueblo fiel, la comunidad de los bautizados en el Agua y el Espíritu y la humanidad entera.
1.“Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía” Jesús nada hace al margen de su Padre, sino que lo hace por Él y en Él. El Hijo se ubica desde la misión que ha recibido, dar vida hoy a los sarmientos que el Padre Viñador hace crecer en el Hijo. Si el Pastor era la vida para el rebaño, la Vid verdadera es la vida de los sarmientos que se nutren de la sabia que circula por ellos y que se muestra dando frutos. La poda tiene dos sentidos: uno el de limpiar y separar cortando los que no dan fruto y, el otro, de dar más fruto acercando a la cepa, el sarmiento productivo para que de más aún. “Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Otro signo de vida es la Palabra del Hijo que es como agua que purifica y sana la Vid, que sana a la Iglesia por medio del baño de la Palabra y del Agua del Bautismo. Sin fe no hay bautismo, sin bautismo no hay vida y sin vida no hay fecundidad ni frutos, no hay cosecha y no hay el vino de la Vida, no hay motivo de fiesta, ni hay gozo. Todo se nos vuelve seco y árido.
2. “Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí” Así como estar en el rebaño y ser conocidos y conocer la Vida por medio del Pastor, la permanencia en Él es la vida para los sarmientos, en quienes se realiza un deseo muy profundo del alma y la vida humana, la fecundidad, que es uno de los "para qué" fuimos puestos en el mundo. Que en el fruto se muestre realmente lo que somos, como son los frutos ya sean buenos o no lo sean, si no hay frutos buenos es porque los sarmientos somos malos y por lo tanto estériles y lo que nos pasa es que nos vamos secando, pero esto no es voluntad de Dios, sino que ésta siempre fue que nos injertáramos en Cristo y no que fuéramos cortados y quemados. Si no damos fruto es porque hemos hecho la elección de no ser fecundos y no producir fruto abundante y así contradecimos la voluntad de Dios y el sentido de nuestro bautismo.
“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer” Como en círculos concéntricos Juan va tomando una y otra vez el tema y lo va profundizando siguiendo la forma que Jesús tenía de enseñar a sus discípulos. Esa fue y es la manera de transmitir del apóstol Juan, lo que nos ayuda a entender su forma, es asomarnos a los hechos y palabras del Señor. Aquí nos vuelve a presentar la permanencia en Él y dice algo muy exigente y a la vez revelador: sin mí nada pueden hacer; no dice, ni poco, ni mucho o algo, dice nada. La pregunta que nos surge es ¿Cómo hacer las cosas con Él? Permanecer en Él no es algo puramente subjetivo, íntimo o sólo una cuestión de conciencia sin ninguna relación e incidencia en la realidad y el mundo, como piensa el individualismo liberal o de otro signo, que no quiere a un Dios y a un hombre religioso metidos en las cuestiones temporales, como si éstas no tuvieran nada que ver con el Hacedor de todas las cosas. Si no es el mundo, la vida concreta de las comunidades, los pueblos y las personas ¿Dónde se van a dar y se verán los frutos? Un cristianismo sin militancia, sin compromiso y de espalda a las realidades mundanas, es un cristianismo que no ha entendido la capacidad que el Evangelio tiene para transformar la realidad convirtiéndola en Rino de Dios, porque cambia el corazón de las realidades temporales, el corazón, la conciencia y las mentes de las personas, por supuesto que hay que buscar las formas de hacerlo, lo que no podemos hacer es silenciar el llamado del Señor a dar frutos.
3.“Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes” Se ve a simple vista que la preocupación de Jesús es la permanencia de sus discípulos en Él, ahora nos la presenta de una forma muy directa y concreta, la relación del discípulo con Él, por mediación de la Palabra de Jesús. Es hacer memoria, presencia y profecía. Es escucha y proclamación No podría ser de otra manera porque el hombre fue dotado de oídos para escuchar, ojos para leer, boca para proclamar y manos para hacer lo que se ha creído escuchado, leído o visto acerca de la Palabra de Vida. La vida de la que Cristo nos habla en este discurso de despedida, es la única vida que dura para siempre y que nace por el misterio Pascual de Cristo en el interior del hombre, y que es más importante que los milagros que no abundan y que la cantidad que nos relatan los evangelios han quedado en el siglo I y hoy en día son algo fuera de lo común, extra ordinario, es decir fuera de lo ordinario, pero lo que si es extraordinario y permanece hoy como en los comienzos, es la permanente vitalidad de una Palabra proclamada hace 2000 años, que hoy sigue dando frutos y vida eterna a todos los que la escuchan ¿esto no es más trascendente que mil milagros? La vida que el Evangelio y la Persona de Jesús nos hacen ver, es que la fe nace y se nutre del encuentro de la persona con la Buena Noticia, y ésta persona ya no necesita de nada extraordinario para creer, lo extraordinario para ella es haber escuchado, creído y celebrado a Dios y su Hijo en su Iglesia, Pueblo de Dios y Cuerpo Místico de Cristo.
Finalmente nos recomienda la oración hecha con fe, con constancia e insistencia, así nos dice “pidan lo que quieran y lo obtendrán” hoy pedimos una vida fecunda, alegre, como en los días de la cosecha, una vida plena como merecemos tener para presentarla con el pan y el vino, para ofrecerla sobre el altar. Nos manda que pidamos porque: “La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante” Porque lo que el Padre quiso siempre para sus hijos es que tengamos una vida fecunda, y que se la reconozca por medio de los frutos que en ella se puedan encontrar. Es mirar la vid, sus sarmientos, sus hojas y sobre todo los racimos. Esta fecundidad será la manifestación de la gloria que Dios merece recibir de todos sus hijos. Una vida fecunda es una vida feliz y para ser feliz no hay edad, para ser fecundos tampoco. Todos podemos dar fruto, todos podemos ser felices.
“Y así sean mis discípulos” Jesús, el Padre, la Vida en abundancia, la Palabra y los frutos, son lo que nos hace conocer uno de los lados de nuestra rica y compleja identidad cristiana. El otro lado es comprender la esencia del discipulado. Si Jesús no existe sin sus discípulos, los discípulos tampoco podemos existir sin Él.
“Bendito seas Señor de la Vida en abundancia, Señor de la Fecundidad y Fuente de nuestra felicidad. Te damos gracias porque te hemos conocido y nos has aceptado junto a Ti. Queremos vivir en Ti porque separados de ti nada podemos ser ni hacer. Danos siempre tu bendición, que para nosotros es ser tus discípulos, danos todo lo necesario para seguirte y honrarte y contigo dar gloria a Dios tu Padre y nuestro Padre, como Tú esperas de todos nosotros”. Amén.
Con mucho afecto +Manolo Subir al índice


DOMINGO IV DE LA PASCUA
Juan 10, 11 - 18
Jesús el Buen pastor
Carísimos hermanos: La figura del Buen Pastor Resucitado que da la vida, no sólo por el rebaño, sino al rebaño, nos ocupa este cuarto Domingo de la Pascua. Queremos mostrar por medio del contraste, donde están la luz y la sombra, donde la vida y donde la muerte, y quienes son las fuentes de unas y de otras.
1. Comencemos con dos de las figuras que están en el evangelio de este domingo. Se trata del ladrón y el asalariado: “El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir” Esta es la figura que representa el mal o al malo, en nuestro mundo y en nuestras vidas, con su acción dañina; que roba, que mata y que destruye. Que roba, primero que nada la inocencia de los niños y las niñas de las clases más pobres, para usarlas de las formas más aberrantes, desde el trabajo esclavo como en la trata de personas, por decirlo de la manera en que se lo llama hoy. Con el tráfico y distribución de la droga, el dinero y el terrorismo. Viene a robar la paz, la alegría, el honor y el buen nombre, lo que poseemos de buena fe, y sin saber que estábamos cayendo en la trampa de los especuladores y la liquidez, que encima tienen la desvergüenza de echar culpas y no hacerse responsables del mal que provocaron a nivel mundial. De lo que podríamos tener, porque nos roba los sueños, las oportunidades de una vida digna, de progresar con justicia y equidad; o la paz social, generando el caos y la violencia de todas las formas. Que mata por la posesión de la riqueza presente y a futuro, sin otro derecho que el que da la ley del más fuerte o del mejor posicionado. Que destruye por la ambición de un lucro sin medida la salud de las personas, de los pueblos y de la misma tierra, depredando y sembrando la miseria. El, y no Dios, está detrás de todo el mal hecho, difundido y expuesto en periódicos y noticiarios. El roba, mata y destruye desde los puestos de decisión al que los cristianos y hombres de buena voluntad, por ahora no tienen acceso, porque para hacerlo tendrían que traicionar a Cristo, o los valores humanos que atesoran en sus corazones. Lamentablemente esto que pasa a nivel global, también toca a las familias, los grupos y las personas, donde también hay quienes roban, matan y destruyen.
2. ¿Esto es lo único? ¿o lo que tiene más prensa? ¿Hay algo más allá de lo que pasa y se publica? Si, tenemos a nuestro amado Jesús Resucitado: “Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia” Si bien la vida que deseamos no se dará plenamente en este mundo, cada persona, familia, grupo o comunidad, no son sólo la semilla, sino la flor que va hacia el fruto. Nuestro Papa nos ha planteado un cristianismo de minorías, de pequeñas cosas y comunidades, donde se puedan vivir el Espíritu y la Vida Nueva. Como una luz que brilla en las tinieblas, hay que ver el contraste entre lo grande y difundido del malo que se va destruyendo a sí mismo, y la vida del cristiano asociado, que crece en silencio, discreto, y que no tiene nada de espectacular, pero no por eso es menos eficaz a la hora de darle al hombre de hoy una mirada distinta y viva del mundo en el que está, pero sin ser de él. Somos conscientes del contraste, para saber donde se está parado y por donde hay que caminar, para no caer en la desesperación. Jesús miró y sirvió a las masas, pero trabajó y formó solamente a doce. No importa la masa, lo que importa es la levadura que la hace crecer y expandirse.
Tenemos que volver a las raíces y éstas no fueron masivas sino pequeñas, como una semilla de mostaza. Es importante la semilla que sembremos hoy como lo que vivenciemos y entregaremos a las nuevas generaciones. “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas” Lo propio del pastor es conducir, cuidar y alimentar. Lo propio del pastor es sentirse responsable de las personas puestas a su cargo, de vivir la misión que ha recibido de lo alto como una vocación y una respuesta a ese llamado. Esto es válido para el padre y la madre de familia, para el empresario y el capataz, para el maestro y el celador, los directivos y los dirigidos, para el servidor público o el agente de acción social y solidaria, para los agentes sanitarios y enfermeros.
Para los responsables de hacer justicia y los que tienen que dirigir la sociedad a un bien común, que se complica y desafía a diario la imaginación y la creatividad, adaptando a cada tiempo las estrategias del trabajo dirigencial. El Obispo, los sacerdotes y los diáconos, los religiosos y religiosas. Los coordinadores de catequesis, los agentes de la caridad, todos aquellos que tengan personas a su cargo, tienen en la mística del Buen Pastor una fuente continua de inspiración y motivación.
El opuesto al Buen Pastor es: “El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y la dispersa” En tiempos de la redacción de este pasaje del evangelio de san Juan, habían surgido en las distintas comunidades cristianas, las herejías, que confundían y dispersaban a los fieles, dividían a las comunidades y enfrentaban a los pastores, otrora hermanos vueltos en enemigos, a veces irreconciliables; y las consecuencias de este pecado contra la unidad fueron claras “Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas” El que seguía sus propias ideas en lugar de la verdad que estaba en la Comunidad y en el Magisterio de Pedro, de los Apóstoles y sus sucesores, siempre terminaba perjudicando a las ovejas de Cristo.
A muchos les choca aún hoy, que la Iglesia no opine, ni piense, ni diga como piensa el mundo, y en oposición a lo que se difunde desde ideologías deterministas y autoritarias. Es que la Iglesia no opina, la Iglesia enseña y no nos referimos sólo a la Jerarquía, sino a todo el pueblo fiel, la Verdad que trasmitimos es nuestra, y esta expresión, nos incumbe a todos los bautizados. La verdad de nuestra fe y doctrina está al alcance de todos, sólo basta escuchar o leer, para saber cual es la Verdad que la Iglesia predica, y viene enseñando desde hace 20 siglos, y seguirá enseñando hasta el último día, sin depender de la aprobación del mundo ni de otras creencias.
3. “Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí – como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre – y doy mi vida por las oveja” Desde el día que la Confirmación profundizó y robusteció nuestra fe, la comunidad de la Palabra y la Eucaristía se transformó en el lugar donde conocer a Jesús y al Padre, fue convivir con Ellos, estar, tomar parte, y unirse vitalmente a la fuente de la Vida, Vida que al margen de la Comunidad de los Fieles, no la podemos alimentar y se puede ir secando o perdiendo. Esto es una pena, porque necesitamos esa Vida, en y para nuestra vida.
Así la oración en común, la Liturgia de la Palabra, la Eucaristía y el servicio fraterno, son el gran Don que Jesús pensó para nosotros, los que hemos aceptado y creído en Él “Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un sólo Rebaño y un sólo Pastor” ¡Qué bueno! un día se agrandará la familia, como cuando está por llegar un nuevo niño, cuánta alegría tendremos ese día. Quiera Dios que de este lado lo podamos ver o que nos lo permita ver cuando estemos del otro lado, cuando hasta con los ángeles, los arcángeles y todos los santos los veamos entrar a los que hoy no conocemos y de los que el Señor nos habla. “El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: éste es el mandato que recibí de mi Padre” Esta sublime conciencia de Cristo, su referencia al Padre y a nosotros, a su libertad para dar la vida y recuperarla, es el eco anticipado de la Pascua y la Resurrección que estamos celebrando.
“Señor que eres nuestro buen pastor con quien nada nos falta, que nos llevas a la paz, nos das el alimento y calmas nuestra sed, te damos gracias, te bendecimos y te adoramos porque estás siempre presente entre nosotros. Tu presencia nos consuela y fortalece, sin ella sabemos que no podemos tener vida en abundancia. Danos siempre la vida que necesitamos y que sólo tu puedes dar y que dura para siempre” Amen
Con mucho afecto +Manolo Subir al índice


DOMINGO III DEL TIEMPO PASCUAL
Evangelio de Lucas, 24, 35 - 48
Muy queridos hermanos: Seguimos celebrando la Pascua y el evangelio de cada domingo nos retiene en lo que pasó el primer día de la semana y también a los 8 días de la resurrección del Señor y a lo que nos dejó el apóstol Tomás el domingo pasado.
Son las distintas redacciones que los autores de los 4 evangelios fueron recopilando y dejando por escrito para sostener nuestra fe a partir de las tradiciones orales: “Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido”. Así fue como estas tradiciones orales se fueron formando en las comunidades cristianas a partir de lo que los primeros testigos del Resucitado compartieron y trasmitieron, a los que fueron escuchando y aceptando la predicación de los Apóstoles y discípulos, creyendo en Jesús e incorporándose a la Iglesia por el bautismo para el perdón de los pecados y la efusión del Espíritu. Es muy claro y consta en los textos que estas venerables tradiciones, tienen sus coincidencias y sus divergencias, porque de un mismo hecho o acontecimiento, las personas trasmitimos aspectos que son comunes a todas y otros aspectos que son diferentes, según la riqueza de la experiencia que dio origen a esa tradición, por haber visto lo que vieron y creído lo que creyeron y trasmitieron luego.
Esto es lo que nos presenta con más detalle y con un estilo propio de redacción el texto de San Lucas. Creemos que más que fijarse en las divergencias es bueno admirar cada redacción, y sumarse a la menara de ver y contar, que cada autor tuvo y que nos aporta una gran riqueza a explotar, presente en cada relato.
1. “Los discípulos, que retornaron de Emaús a Jerusalén, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”. Se nos muestra aquí un camino para que podamos reconocer hoy la presencia invisible del Resucitado, que es por medio de la Palabra y los signos sacramentales, que nos traen al presente aquellas experiencias originales y fundantes de nuestra fe. Nosotros creemos lo mismo que ellos y a partir de su testimonio. Esto es todo lo que tenían para dejarnos como herencias a las siguientes generaciones, de palabra primero y por escrito después.
“Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Nuevamente nos encontramos con la llave que abre las puertas de la vida nueva: “la paz esté con ustedes”, algunos siguiendo una lógica puramente humana y sujeta a su mezquindad de corazón, habrían pensado en un reto, o enojo, o echada en cara del Señor a los que le habían fallado. Jesús Resucitado, no tiene ni intención ni tiempo para eso, su divina prisa, tiene que ver con la misión, con el envío de los discípulos a dar a los hombres la Buena Noticia de la Salvación obrada por el Hijo, y que el Padre al resucitar a su Hijo, así lo testifica y los convierte a ellos en testigo de ese misterio de amor y misericordia.
“Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo” No era para menos, ya los había asustado Jesús caminando sobre las aguas del mar, en dirección hacia ellos que estaban en la barca, y a media noche, pobres con este Jesús no ganaban para sustos. Ahora era la impresión que les producía una presencia tan cercana de Dios, aquel que para ellos estaba muerto y sepultado, se les aparece vivo y de golpe, haciéndose visible como salido de la nada, no era para menos “Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies” Les muestra y nos muestra, que el resucitado es el mismo que estuvo crucificado, el mismo que murió y fue enterrado tres días atrás y que ahora vive como lo prometió. Ya no había que buscar entre los muertos al que estaba vivo. “Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen aquí algo para comer?" Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos” Dudaban hasta de lo que veían. No entendían la dimensión trascendente del Resucitado y menos aún su manifestación en presencia de ellos. El tiempo de ellos y su mundo es como el nuestro y si Jesús se nos manifestara visible, a nosotros nos pasaría lo mismo. Dudaríamos de lo que estamos viendo, nos resistiríamos a creer, tendríamos la misma mezcla de asombro y admiración, de susto y alegría, de lo que no podríamos extrañarnos es de que lo que pasaba estaba aconteciendo. El gesto de Jesús de comer enfrente de ellos es más que elocuente, una imagen o un fantasma no podrían ingerir alimento como Jesús resucitado hizo en presencia de sus discípulos. Y sí, está allí enfrente de ellos, lo podían ver, sentir y tocar, lo podían escuchar y así lo harán durante 40 días en los cuales el Señor les dará numerosas pruebas de que vivía y no sólo a ellos, sino a 500 hermanos más a los que se les aparecerá resucitado.
2. “Después les dijo: "Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos". Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras” No hay otro camino para alcanzar al Cristo de la Fe, al resucitado y glorioso, que no sea por mediación de las Escrituras y el Magisterio de la Iglesia, que nos las interpreta, como Jesús en el camino de Emaus. Qué interesante también esta acción del Resucitado sobre los discípulos: la mente abierta, la vida abundante y la luz sin fin, el dinamismo del Espíritu, la primacía del amor mutuo, la experiencia a la vez, de cada uno y del conjunto, del conjunto y de cada uno, y no es un juego de palabras, porque el concepto de persona en los evangelios lleva siempre unido lo propio con lo ajeno, lo personal siempre está unido a lo común; se distinguen pero no se separan, como en cambio sí hace el individualismo, que separa y margina de sí al resto. Cristo vive hasta que vuelva en el Nosotros de la Comunidad Cristiana, que ya no es unida por el miedo y el espanto, sino por la presencia del Señor Vivo y el amor fraterno, en la apertura al otro, porque lo hace presente en medio y nos mira y nos habla a través del otro, del hermano que comparte una misma y fundamental experiencia. “Y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados” Misterio insondable de amor y piedad, de compasión y bondad, que excede cualquier capacidad de comprensión.
Dios metido en el mundo, metido contra el pecado, metido en el drama humano, en el dolor, el sufrimiento y la muerte. Dios reapareciendo con una vida nueva, para ofrecer a la fe de todos los hombres y pueblos, de todo tiempo y cultura. ¿Quién se lo iba a imaginar? Ni el más aventajado de los Profetas, ellos sólo vieron el qué, vieron a lo lejos, que un Mesías vendría a salvar a su Pueblo, pero que ese Mesías iba a ser el Hijo de Dios, que como confesamos nosotros sería el verdadero Dios y el verdadero Hombre, la verdad es que nadie se lo imaginaba. El qué si, pero el cómo iba a ser el misterio del Mesías, el Padre se lo reservó para sí desde siempre, y determinó que se manifestara sólo cuando llegara el momento, y ese momento es lo que recordamos y celebramos cada año a lo largo de todo el Año Litúrgico, desde el Adviento hasta Cristo Rey.
Quien sigue ese camino de lña Palabra domingo a domingo o día a día, recibe la manifestación de este secreto escondido, que se nos ha mostrado y se nos seguirá mostrando. “Ustedes son testigos de todo esto"
Según el Código Civil o Penal: “testigo es toda persona que percibe un hecho por medio de sus sentidos y que puede entonces contar lo que vio y oyó”. Así, aquellos primeros discípulos contaron cuanto vieron, cuanto oyeron, tocaron y sintieron, acerca de Jesucristo Resucitado; nos lo anunciaron para que creyéramos, y creyendo entráramos en el dinamismo del testimonio, de la adhesión personal y el anuncio explícito de Cristo Resucitado. De esta manera nos han hecho a nosotros testigos de su misma fe. Demos gracias por este don tan maravilloso derramado por Dios en nuestros corazones, para que lo entreguemos a nuestra descendencia.
“Ven Santo Espíritu, en el Nombre de Jesús, ven a hacernos testigos de Él, de su Palabra, de sus gestos salvadores, de su amor incondicional y fraterno. Danos muchas personas y comunidades, que sientan no sólo el llamado, sino la gracia de responder y comprometerse con el anuncio de la Buena Noticia de Jesús Resucitado. Que encuentren corazones y mentes abiertas, manos acogedoras y rostros que se alegren por todos los que buscan salvarse y vivir una Vida Nueva, como Jesús ganó para nosotros y nos mandó ofrecerla al mundo entero. Escucha esta oración por tu infinita bondad” Amen
Con mucho afecto +Manolo Subir al índice


DOMINGO II DE LA PASCUA 2012
Evangelio según San Juan 20,19-31
Bienaventurados los que sin haber visto, creen...
Mis queridos hermanos en el Señor Resucitado y la Vida Nueva: Celebramos como todo segundo domingo de Pascua, la Divina Misericordia, los gestos y las palabras de la Liturgia así nos lo van mostrando:
1. La primera pregunta a respondernos es ¿por qué? si estamos en el primer día de la semana, en el primer domingo de nuestra historia, en los Hechos se nos habla del primer tiempo de la Iglesia, los tiempos de “un solo corazón y una sola alma” El tiempo en el que nadie, en la primera comunidad apostólica y cristiana, ninguno pasaba necesidad, porque todo era común entre ellos, la oración, la convivencia y el compartir lo propio, superando el afán de poseer y acaparar, considerando la situación de los miembros de la comunidad como algo propio, y que tenían que solucionar cuando era necesario. Tiempos de la corresponsabilidad solidaria de todos y cada uno. Era el tiempo de tener un mismo espíritu y eso era la consecuencia del Espíritu Santo y de vivir concientemente la presencia del Señor entre ellos. Jesús era el vínculo y el germen de la unidad y la fraternidad. Ya lo dijimos en algún momento en nuestra predicación, el don del Espíritu había sido y es el fruto más exquisito de la Pascua: es el origen de la nueva humanidad transfigurada a semejanza de la de Cristo resucitado, y esta realidad nueva debía manifestarse o hacerse visible en la sensibilidad frente a los que sufrían por su fe o pasaban toda forma de necesidad, esto es la Misericordia, no sólo como buena noticia para el pecador, sino para todo aquel que necesitaba algo, ya fuera físico o espiritual, sin contradicción en los términos. Esta novedad era la manera de vivir de los cristianos del siglo I. Esto es un permanente examen de conciencia personal y comunitario, ya que constituye un ideal a vivir y realizar en cada etapa de la historia. Hoy nos toca a nosotros manifestar la resurrección del Señor como algo real y no meramente simbólico, intentando vivir como ellos vivían, ya que nosotros poseemos el mismo Espíritu que los animaba a ellos. Esa primera comunidad era profundamente piadosa y religiosa, era una comunidad sin ídolos, sin dependencia de pasiones desordenadas, sin contradicciones entre lo que se creía y se hacía. Vida que era un espejo del triunfo del Señor sobre el enemigo y sus tentaciones. Una comunidad donde se respiraba libertad, amor y misericordia, alegría y paz, esa misma que Jesús anunció a los suyos y que ahora meditaremos a partir de lo que nos dice el evangelio
2. “Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos por, temor a los judíos” Ojala hubieran sido nada más que las puertas de madera, esas hubieran sido muy fáciles de abrir, se trataba de otras puertas para nada visibles pero que sin embargo estaban cerradas, completamente cerradas: eran las puertas capaces de percibir que algo nuevo estaba sucediendo, puertas, de los corazones, cerradas a toda experiencia, que se resistían a creer en el anuncio de aquellas mujeres y en especial de María Magdalena, que lo había visto vivo al Señor, que le había hablado y enviado anunciarles que en Galilea lo iban a ver. El temor a los judíos o mejor a las autoridades judías y lo que habían hecho con Jesús, no era para menos que para estar llenos de miedo, ya que no habrían sido el primer grupo perseguido después de seguir a uno que se creyó mesías, que había movilizado a muchos en Israel y habían terminado mal, cosa que además ellos sabían porque pasaron en su tiempo. Ellos más allá de sus cobardías y negaciones, habían sido tocados indirectamente por la violencia que se descargó sobre Jesús, les había servido de escarmiento para ellos y para todo aquel que se le ocurriera creerse mesías y desafiar el poder que ellos tenían, así que ya sabían como iban a terminar en tal caso. Así de necesario fue que pasara lo que no esperaban que pasara, ya que estaban a oscuras, escépticos y endurecidos por el trauma de la pasión y de la muerte de Jesús. “Llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: “¡La paz esté con ustedes!” Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado” La visión del Resucitado en quien no habían creído que estaba vivo, que se hace presente estando cerradas las puertas, que les anuncia la paz y que les mostrara sus manos y su costado, era como para derribar no sólo las puertas, sino para sacarlos del encierro. Pero la lleve que abre esas puertas es la palabra menos esperada por ellos: “la paz esté con ustedes” ¿Cómo, a nosotros la paz? A nosotros que lo negamos, que lo abandonamos, que lo dejamos solo, que le fallamos y no le cumplimos ninguna de las promesas que le hicimos. ¿A nosotros la paz? Es que en el mundo a los caídos encima se los pisa y aniquila, en el Reino de Dios y, Cristo Resucitado es el Reino, al caído se lo pacifica y levanta, se lo sana y libera. En el Reino del Resucitado no hay “árboles caídos de donde sacar leña” De lo contrario no habría nada nuevo bajo el sol y hoy, en un día como hoy, en aquella primera pascua cristiana, lo nuevo comenzaba a manifestarse, a mostrarse, a mover, a cambiar y a actuar en la Iglesia naciente, convirtiéndola en el principio de una nueva humanidad. El cuerpo del Señor resucitado lleva las cicatrices de la crucifixión, no para echarnos en cara sino para mostrarnos que el amor que lo hizo vulnerable, le dejó sus huellas y que esas llagas son la fuente de la Misericordia del Padre, que a causa de ellas se compadece de la humanidad pecadora, y en virtud de ellas derrama siempre el perdón a aquellos que lo pidan y con esto comienza todo para nosotros, después del perdón de Dios sólo queda crecer indefinidamente, porque el primero y fundamental de los obstáculos había sido removido en la Cruz de nuestra Salvación. Son esas llagas santas y puras que nosotros anteponemos a todos nuestros pedidos, llenándonos de fe y esperanza en que serán atendidos.
3. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: ¡La paz esté con ustedes! No era para menos, porque estaban llenos de tristeza y amargura, llorosos y angustiados, llenos de miedo y remordimiento, sin paz. No podía ser de otra manera, todo se les había vuelto en contra, ya no podían creer más en si mismos, ya no podían confiar ni en sus palabras ni en sus deseos. Jesús cambia en un instante y con una sola palabra, paz, todo ese estado anímico y sombrío, estado de muerte, desilusión y desconcierto. Por eso, sin tener tiempo que perder en ese estado les dice: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan». La mirada del Juan acerca del Misterio Pascual es integral, el nos invita a ver con él, a un Jesús paciente, muerto, resucitado y comunicador del Espíritu Santo: “inclinando la cabeza entregó el espíritu” Lo entregó para una misión concreta y original, manifestar por la fe en Jesucristo la Misericordia de Dios, para lo cual el don del Espíritu va íntimamente relacionado al perdón de los pecados y al dinamismo regenerador de la condición del pecador, es el que lo hace nacer de nuevo, nacer de Él: “deben nacer de lo Alto, deben nacer del Agua y del Espíritu” Esto que Jesús le dice a Nicodemo, se verifica en la entrega del Espíritu en la Pascua. Por el Espíritu Santo Dios actúa en el hombre y en el mundo, en el Nombre de Jesucristo y para que el mundo tenga vida en abundancia como el Señor prometió. Creer y aceptar a Jesucristo, abrirse al poder del Resucitado es la condición primera y necesaria para alcanzar el perdón y la vida nueva.
4. La tarde del primer día el Señor se había manifestado vivo a sus discípulos, pero uno de ellos no estaba, por suerte para nosotros ya veremos por qué. “Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: ¡La paz esté con ustedes! Con anunciarles una vez la paz, no alcanzaba, se ve que el miedo no se iba de un momento para el otro y la sanación de las heridas de la Pasión, no se cerraron instantáneamente, lo que nos abre a la toma de conciencia de que hay un camino que hacer hasta alcanzar esa salud plena. Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Este era un apóstol que se movía entre la fe y la duda, que por momentos cree y por momentos duda, que se abre y se cierra, un indeciso a quien le costará vivir sin evidencias, “si no veo no creo” es del tipo de creyentes más bien dependiente del ver, sentir y tocar, muchos somos así, nos cuesta, pero no quiere decir que no tengamos fe, también tenemos dudas, pedimos señales y queremos seguridades, nos falta unir fe y libertad, libertad y riesgo, fe y la aventura de creer y seguir a Jesús sin más seguridad que la fidelidad del Señor a su Palabra. Dice una tradición piadosa, que en la Asunción de la Virgen, ella soltó su cinto, pensando en las dudas de Tomás, el que quería ver para creer. “Tomas respondió: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!». Decía que por suerte no estaba cuando vieron a Jesús y se lo contaron, porque Jesús nos regala la última bienaventuranza, la de la fe, que acabamos de escuchar o leer. Nosotros que creemos en Jesús sin haber visto y tantos que han dejado su sangre por su fe en Él, también sin haber visto. Una fe capaz de generar semejante testimonio personal, es algo como para observar con mucho respeto y cuidado, porque es la fuerza de Dios que nos mueve y sostiene. “Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre” Una vida que no es acumulación de tiempo o de años, sino algo que vale la pena vivir, una vida intensa, fecunda y que trascienda más allá del espacio y del tiempo, una vida resucitada como expectativa, cuando todo se termine y se disuelva lo que nos va a quedar es la fe y esta vida que llevamos en nosotros desde el bautismo y que alimentamos en cada misa de la cual participamos
“Señor renueva nuestra fe, haz crecer en nosotros la esperanza y el ardor de la caridad. Que la misericordia y la piedad sean una realidad viva entre nosotros. Que el testimonio y nuestra manera de vivir con alegría y sencillez de corazón, se conviertan en luz para los que viven en la oscuridad de un mundo, que se ha convertido en el antievangelio y el antireino. Te damos gracias por haber creído sin haber visto y con saber que en la Palabra, en la Asamblea y la Eucaristía estás con nosotros. Te alabamos y bendecimos” Amen. Aleluya.
Con mucho afecto +Manolo Subir al índice


VIGILIA PASCUAL 2012
Vivamos con CRISTO RESUCITADO
Mis queridos hermanos: ¡Gloria a Dios, el Señor ha resucitado!Pasado el sábado, María Magdalena, María, la madre de Santiago, y Salomé compraron perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al sepulcro. Y decían entre ellas: « ¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?» “Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una piedra muy grande”. Ellas habían visto todo lo que había pasado con Jesús, desde el pretorio del palacio de Poncio Pilato hasta la sepultura de Jesús el día de la preparación, antes del Sabat. Conocían el lugar y vieron como fue puesto el Cuerpo sin vida del Señor, sobre la losa en el hueco hecho en la pared del sepulcro. Van con la intención de ungir al muerto, buscan a Jesús, aunque muerto no han dejado de amarlo, no recordaban lo que él les había anunciado durante su vida pública, que debía padecer y morir y al tercer día resucitar de entre los muertos.
Así encuentran el primer sigo de la resurrección: la piedra removida, el sepulcro abierto y, además, vacío. Jesús ya no estaba más allí, la promesa se había cumplido, el mal y la muerte habían sido vencidas y el signo lo hacía claro y evidente. La palabra de Jesús comenzaba a tener una dimensión divina, todo lo que hizo y enseñó tenía que ser confirmado con un signo definitivo de autenticidad y autoridad y allí estaba ante sus ojos y, desde ellas hasta nosotros, la misma fe en el Crucificado resucitado “Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas quedaron sorprendidas; pero él les dijo: «No teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se los había dicho»
Este dejar de lado el miedo aparece ya en la génesis de nuestra fe “no temas María porque Dios te ha favorecido…” “No teman, de ahora en adelante serán pescadores de hombres” “No temas basta que creas” Con este anuncio aparece la palabra evangelio, buena noticia dada por medio de los ángeles: al patriarca Abraham, a Jacob, a la Virgen; y a las mujeres piadosas, el anuncio y mandato misionero les llega por boca de un ángel y dentro del sepulcro vacío. La obediencia al mensajero las convierte a ellas en nuevos ángeles, en testigos del milagro, en voceras de Dios, en las primeras misioneras, enviadas a dar el mensaje de la fe “El Señor está vivo y en Galilea lo verán” Esto que han oído les queda grabado en el corazón y van de prisa al encuentro de los discípulos. “Ellas salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.” ¿Quién a pesar de su fe no siente miedo al rechazo, la incomprensión, la burla o a ser tildado de fanático, de loco o de cualquier otros adjetivo descalificativo? Si además era una sociedad machista donde la palabra de la mujer no valía nada, era más que lógico que cerraran sus bocas y no dijeran nada. “Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonio” Con el encuentro del Resucitado con la Magdalena, comienza el ciclo de la apariciones de Jesús Resucitado a sus discípulos, para sanar y robustecer su fe porque tiene que comenzar el tiempo de la Evangelización de los pueblos.“Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron” Sin justificarlos en su incredulidad es comprensible que la noticia de la muerte del Señor en la cruz, daba para pensar que de quien haya muerto de esa manera, lo último que se esperaría es que pudiera estar vivo. Si a ello se suman su desilusión y la muerte de sus expectativas mesiánicas, menos que menos. Jesús los había defraudado al morir como murió, la pasividad del Señor los había desconcertado, lo que habían creído y esperado les había resultado todo lo contrario de lo que ellos querían y deseaban que Jesús fuera e hiciera. Querían gloria, triunfo y poder y estaban allí, afligidos, llorosos y llenos de miedo y de culpa. No querían saber nada de nada, estaban no sólo encerrados sino cerrados con su mezcla de sentimientos.
“Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron” Aquí aparece otro aspecto, no sólo no vale la palabra de una mujer, sino que el testimonio de los discípulos de Emaus tampoco vale, a ellos tampoco les creen, están endurecidos y escépticos, se resisten a creer ¿qué trauma el de la cruz, no? Con nuestras pérdidas, las sorpresas de la vida, lo inesperado ni sospechado. Nos entendemos a nosotros mismos a través de ellos, cuando se nos cae la fe porque la cruz se hace presente o nos golpea “Enseguida, se apareció a los once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado" Varios mensajeros que han experimentado la realidad de la resurrección, los ángeles y las mujeres, María Magdalena y los otros dos discípulos, a ninguno les creen.
Así, fue necesario que Jesús se les apareciera, pero en el reproche del Señor hay algo más que el enojo del resucitado, está toda una revelación que tiene que ver directamente con nosotros, la palabra del testimonio será la fuente de la fe para todos aquellos a los que llegue el mensaje de Jesús Resucitado. La Persona, sus dichos y sus hechos son el contenido del mensaje que suscita la fe en todos los que lo escuchen. No se tratará, nunca ni en primer término, de una instrucción, un adoctrinamiento, ni la trasmisión de información como quien comparte un archivo, sino que siempre será compartir una realidad viva, una Persona, su palabra y los hechos de su vida, su muerte y su resurrección. Esta palabra del testimonio, que asociada a la acción del Espíritu de Jesús en el que dice, tanto como en el que oye, nos ha vuelto creyentes a nosotros y las hará creyentes a las siguientes generaciones después de nosotros.
Demos gracias a Dios que por la fe nos ha puesto en comunión con los primeros testigos de la Vida del Resucitado, y que nos ha enviado a compartirla con lo que aún no creen, y a sostener a los que vacilan o están llenos de miedo y de dudas.
Con todo afecto y el gozo de saber que Cristo VIVE por, para y en nosotros! +ManoloSubir al índice


JUEVES SANTO 2012
Sigamos acrcándonos a Jesús con otra meditación que nos lleva junto a El en aquel Jueves Santo
Hermanos: Con esta celebración comenzamos el solemne Triduo Pascual, los tres días desde el Ultima Cena, hasta la Pascua de Resurrección. Si nos fijamos con cuidado es la celebración del centro y lo más extenso de nuestro credo. Así lo que nos hace ser cristianos surge de la Semana Santa, semana del Misterio Pascual de Cristo, centro de toda la vida que la Iglesia celebra hasta que su divino fundador vuelva por segunda vez en gloria y esplendor, rodeado de sus ángeles y de sus santos.
1. Hoy hacemos memoria de la Cena Pascual del Señor con sus discípulos y durante la misma, la Institución de la Eucaristía, el don del Sacerdocio Cristiano y el Mandamiento del Amor. Es el testamento de Jesús a su Iglesia, que cree, celebra y vive.
Los evangelios sinópticos nos recuerdan el momento en el que Jesús deja a su Iglesia el sacramento de su Cuerpo y Sangre, y las palabras de la consagración que escuchamos con tanta devoción en cada celebración de la Misa. Hoy con el gesto del lavatorio de los pies, vamos a acercanos a ese deseo de jes{us en el que se nos revela el contenido íntimo de la Eucaristía, el servicio humilde de Jesús a los que amaba entrañablemente y el gesto que compromete a los discípulos a lavarse los pies los unos a los otros, como expresión de esa comunión en el amor de Cristo por sus discípulos. Así el que comulga con Cristo lo hace también con sus sentimientos y actitudes, comulgar para servir, de esto se trata y al extremo, no sólo, de servir a los que nos aman, sino a los Pedros y los Judas que también están en nuestras vidas.
La Eucaristía es el sacramento del Sacrificio de Jesús, por lo cual comulgar no es sólo algo gozoso sino muy exigente, porque a la hora de amar no podemos excluir a ninguno, ni siquiera a los enemigos, los que nos maldicen y calumnian, los que nos desean lo peor, los que no creen y los que piensan y sienten distinto, aquellos a los que con Jesús decimos al Padre: “perdónalos porque no saben lo que hacen”, cuando en realidad nos parece que lo hacen a propósito.
Jesús en su sacrificio no sólo asume el dolor de los dolidos, la soledad de los solos, la humillación de los humillados, la violencia de los que son oprimidos y la muerte de todos los que mueren, sino que asume la maldad del mundo en todas sus formas, las que se manifiestan en su Cuerpo herido y su Sangre derramada, para salvar aún a sus propios verdugos. Es más que claro que comulgar con Cristo no es sólo recibir la comunión en la boca o en las manos, sino el compromiso de participar de los dolores y del sacrificio del Señor por la salvación del mundo, de ser unos nuevos cristos, nuevos ungidos por el Espíritu, para reproducir su Imagen en este mundo antes de que él vuelva. Mientras ese día aun no llega, llevamos en nuestros cuerpos las huellas de la Pasión de Cristo, por su Iglesia y por la humanidad entera. Somos coresponsables de los gestos redentores de Jesús, él los deja presentes en este admirable sacramento, para que nos demos cuenta y asumamos conscientemente y en fe, que su misión ahora es la nuestra también, y así pueda sostenerla, potenciarla y perfeccionarla.
2. Íntimamente unido a este sacramento del Sacrificio del Señor está el Sacerdocio Cristiano: cuando Jesús después de la consagración del cáliz durante la Última Cena les dice: “hagan esto en conmemoración mía”, está creando en aquellos hombres la capacidad de repetir el gesto de esa cena, cosa que ellos seguirán haciendo desde Pentecostés hasta hoy y hasta el final de los tiempos. Uniendo todo lo que Jesús enseñó a sus apóstoles, surge la riqueza del sacerdocio cristiano: enseñar con autoridad y poder su Palabra, gobernar el rebaño que el mismo Cristo les confía en comunión con Pedro y la santificación del pueblo de Dios por medio de los sacramentos.
En el corazón de esta compleja y exigente misión está la celebración de la Eucaristía, a la que el sacerdote accede con la misión de identificar su vida con aquello que celebra, el Sacrificio de Cristo.Esto no nos sería posible si él no contara, de ante mano, con la presencia y la asistencia del Espíritu Santo, que unge la persona, sus palabras y sus gestos para que sean semejantes a los de Cristo. El Espíritu Santo y sólo él, puede darle a “un hombre tomado de entre los hombres y puesto en favor de los hombres, en las cosas que se refieren a Dios” la capacidad de realizar y no frustrar, semejante don entregado a la debilidad y limitación del hombre-sacerdote. Éste proviene del mismo barro del que surgió Adán y con las mismas debilidades de su padre según la carne. Sólo así puede compadecerse del que cae y, ofrece a diario el Santo Sacrificio por sus pecados y los del Pueblo.
El sacerdote al identificarse existencialmente con el Sacrificio del Señor, debe experimentar que ya ha recibido además la unción con el Crisma, otra unción no tan visible que es su propia extremaunción, porque su vida es ser víctima de amor, para lo cual debe ser fortalecido por el mismo amor que inflamó a Cristo, y que lo llevó a no pensar en sí mismo sino en los otros, pensar en nosotros. Si ningún servidor debe cuidarse demasiado, alguien que ya tiene la unción final mucho menos. La vida del sacerdote ya no le pertenece, desde el momento de su sí a Cristo y a la Iglesia, su vida y su tiempo son del Pueblo y para el Pueblo de Dios. La propia postergación está en la misma sintonía de todos aquellos que viven postergándose en bien de los demás y, en esto consiste mucha de la felicidad que el sacerdote experimenta, ésta es su espiritualidad, la disponibilidad para el servicio, ser llevado siempre a donde no quiere, la abnegación y la renuncia a sus propios deseos, para atender a las necesidades de los que Dios le envía, para que los asista con lo único que de verdad posee, su fe y la caridad de Jesucristo Señor de la Vida
3. Finalmente, en su discurso de despedida Jesús les pide a sus discípulos que se amen los unos a los otros como él los ha amado. No de cualquier manera sino como él. La mirada de los discípulos entre sí debe reflejar la mirada de Cristo, el gesto fraterno debe ser el gesto a la vez tierno y fuerte de Cristo. La amabilidad y la humildad en el trato deben ser como las de Cristo y esto implica directamente disolver el propio ego, para dejar salir el hombre nuevo que sea capaz de hacer un mundo nuevo y construir la civilización del amor.
En medio de la cultura de la muerte, la Iglesia opta por la vida y se juega por ella, ya que de hacer lo contrario perdería su identidad y no sabría ni quien es ni para que está, porque en definitiva habría dejado de ser la Iglesia de Jesucristo. “En el amor todos reconocerán que son mis discípulos”, pero también nosotros nos reconoceremos o no, según como estemos viviendo. Esto es como un gran examen de conciencia que toda persona, comunidad cristiana, grupo y familia debería hacer, para ver por donde está caminando, si tras las huellas de sus antojos, o tras las huellas del Señor, y en esto no hay espacio para la ambigüedad de conciencia, aquí se ama o no, se es discípulo o no se lo es, se está o no en comunión con los sentimientos Cristo. Si amar de verdad nunca ha sido fácil, mucho menos si no contamos con el Amor de Dios derramado en nuestros corazones. El Espíritu, que es Amor Infinito, que hizo de Cristo lo que Cristo es, también hará de nosotros hombres y mujeres que aman, son felices y se realizan amando, hasta llegar al amor más grande que es dar la vida por los amigos, el grado más alto al que Jesús llegó en la cruz.
La Eucaristía está ordenada a alimentar en los discípulos de Cristo la capacidad de amar y de servir a aquellos a quienes Él nos envíe. A esta propuesta-respuesta de amor somos llamados cada vez que celebramos la Eucaristía, cada vez que recibimos el Cuerpo y la Sangre del Señor.
Que el Señor nos vaya revelando este misterio y nos lo haga gustar siempre, para que con esta ayuda de la providencia, él nos sostenga en este camino de fidelidad que ya estamos transitando.
Con todo afecto y el deseo de que cada día amemos y sirvamos mejor +ManoloSubir al índice


DOMINGO DE RAMOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR 2012 Mis buenos hermanos y amigos en el Señor: Con la bendición de los ramos hemos comenzado la Semana Santa de este Año 2012.
La Pasión según San Marcos capta nuestra atención. De ella extraemos unos versos para nuestra reflexión, que será breve por lo extenso de la Liturgia de la Palabra de este domingo. Nos interesa detenernos en algunos aspectos interiores del alma de Cristo durante la Pasión. Queremos mirar su necesidad de no estar solo, su angustia y tristeza; su oración intensa y llena de las imágenes de lo que sabe que se le viene. Debe sufrir padecer y morir, antes de resucitar; pero saber que va a resucitar, no le hace menos terrible el proceso que su amor sin medida, le lleva a sentir y experimentar.
1. “Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo: «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando». Durante toda su vida terrenal, desde su gestación en el seno de la Virgen María hasta la oración del Huerto, la humanidad de Jesús había experimentado la presencia intensa y gozosa de la divinidad del Hijo de Dios. Ese gozo lo preservaba del sufrimiento que en ese momento de su oración comenzaba a sentir, es cuando al fin esa presencia directa se retira, como si se escondiera. Retiro necesario para que pueda padecer y merecer. No olvidemos que Jesús nació y se crió bajo el dominio del Imperio Romano, lo conocía, sabía, mucho antes de hablar de su crucifixión, lo que le pasaba a un ajusticiado y luego crucificado, por eso no era para menos que se angustiara y hasta sudara sangre en su oración desolada y árida. Sabe que es necesario pasar por la crucifixión y la muerte para entrar en su Gloria, pero aunque es así su humanidad se resiste, le cuesta aceptar, pide y ruega que pase el cáliz de la pasión, pero no está para hacer su voluntad sino la de Dios, voluntad manifestada siglos antes por el Profeta Isaías en los Cántico del Siervo de Yahvé. En esa oración Jesús está realizando esa profecía y encarnado los sufrimientos del Siervo. Sufrir en su cuerpo. Sufrir con su mente y afectividad, sufrir en toda forma hasta el sentimiento del abandono de Dios. No hay sufrimiento humano que el Señor no haya pasado o sentido en carne propia y en su propia alma, acercando a sí mismo todos aquellos que son crucificados a diario, entonces y ahora ¿Quién sino Él puede estar cerca del que sufre? traicionado por uno de los suyos, negado por su íntimo “amigo”, abandonado y dejado solo por los que lo seguían y habían prometido morir con él, condenado en un juicio injusto, maltratado física y moralmente, golpeado con violencia inusitada, humillado y burlado por quienes disfrutaban con lo que le hacían. Experimentó el rigor de un imperio que todo lo hacía con brutal eficacia y que todo lo conseguía a sangre y espada. Traicionado y negado por su propio pueblo que el domingo lo aclama y el viernes lo condena a muerte. Supo del manoseo de los dirigentes religiosos que para defender sus intereses no dudan en nombre de su Dios, en derramar sangre inocente o en el lavarse las manos de Pilato, que no asume la responsabilidad de salvar a una persona que se la han entregado por envidia. Primero la flagelación y la coronación de espinas, los insultos de todos los que lo rodeaban en la Vía Dolorosa, el encuentro con su Madre y la ayuda de Simón de Cirene. Después y como regalo final del Imperio, ser crucificado por las manos y los pies con los clavos que atraviesan su carne y sus nervios, el sangrado que no se detiene, el debilitamiento, la asfixia progresiva, el tormento interior y todo lo que siente sin desmayarse, “Varón de dolores” si los hay. La permanente tentación de salvarse a sí mismo bajando de la cruz, el sentimiento del abandono de Dios: “Dios mío Dios mío, por qué me has abandonado” y el silencio de Dios, que lo acompaña desde la oración en Getsemaní en una soledad infinita, como nadie jamás la sentiría, el vinagre para su sed y el grito por la separación de su cuerpo y su alma en el momento de la muerte.
¿Quién podrá encararlo a Jesús con sus dolores a cuestas como si él no supiera lo que se siente? ¿Quién se atreverá a acusarlo por lo que le pasa como si él no entendiera o se hiciera el distraído? Si se pudiera acusar de algo a Jesús no es precisamente de su falta de sensibilidad y solidaridad con los que sufren de toda forma.
2. “Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él, exclamó: “¡Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios!” Dice una dicho popular que “no hay duro que no se ablande” Como que no hay malo que no pueda volverse bueno, o pecador que no pueda arrepentirse. Si había un duro al pie de la cruz, era precisamente el centurión romano, representante por excelencia del poder imperial. En la intención de Marcos está mostrar la conversión de los destinatarios de su obra, que concluye con el reconocimiento de la filiación divina de Jesús por parte de aquellos mismos que lo crucificaron.
Al meditar la Pasión del Señor, no asomamos al drama de la condición humana, su complicidad con el mal y las acciones que los hombres podemos encarnar bajo la influencia nefasta del pecado. La Pasión nos muestra la aparente fuerza de las tinieblas, pero que en definitiva y en virtud de fe se rinden al poder del Crucificado que las vence y las deja atadas a su omnipotente voluntad ¿De donde proviene nuestra redención? En parte del sufrimiento de Cristo en la cruz porque no deja de ser el sufrimiento del hombre Dios dándole un valor infinito a su sacrificio, capaz por sí solo de ser suficiente para liberar a todos los hombres antes de él y después de él. Sufre como hombre pero salva como Dios. Pero el mayor de los valores de nuestra redención, proviene del hecho de que Cristo puso en acto lo más sagrado que un hombre tiene, su voluntad. Si el pecado fue hacer mi voluntad y no la tuya, la redención nos viene por la contracara, la oposición entre el huerto y el Edén, tu voluntad y no la mía en el Huerto de los Olivos. Sólo la voluntad de Cristo y el amor que esta conllevaba es la que nos redimió, porque sólo el que es capaz de amar de verdad decide hacerlo, y la decisión de Cristo fue hacer la voluntad amorosa del Padre, que no escatima ni a su propio Hijo, por amor a nosotros los pecadores y para hacernos sus hijos muy queridos, a semejanza de Cristo. Así nuestra fe será la obediencia a Cristo, la aceptación de la voluntad de Dios y la docilidad al Espíritu. Una vez muerto en la cruz Jesús no sólo, entrega al Padre su espíritu, sino que lo derrama como unción sobre todos los hombres. El don del Espíritu es el fruto más exquisito de nuestra redención. Sin esta dimensión libre y voluntaria de Jesucristo, nuestra redención no habría pasado de ser algo meramente simbólico. La voluntad de salvar de Cristo hace real y no puramente simbólica nuestra salvación, por eso es que debemos plantearnos seriamente un cambio de mentalidad y de vida, ya no por miedo a la condenación sino por amor a la salvación. Es nuestra dignidad y nuestra decisión, en definitiva lo que estamos aprendiendo es que Dios propone y el hombre dispone. En esto el sí de la Virgen, desde Nazaret hasta el Calvario, nos inspira en nuestra decisión de aceptar y de unirnos a Cristo y que Él pueda hacerse uno con nosotros. Ésta puede ser la belleza o el drama de nuestra libertad, según para que lado se incline nuestro corazón, si por Cristo o en contra de Él.
Frente al Crucificado se decide como el centurión romano, “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” Nuestro mérito delante de Dios proviene en primer lugar de este acto de fe. La voluntad de Dios es que seamos salvos, libres e hijos. De nosotros también depende.
“Dios misericordioso por la dolorosa pasión de tu Hijo, ten piedad de nosotros y del mundo entero” “Dios Santo, Dios Fuerte, Dios Inmortal, ten piedad de nosotros” Amen.
Con todo afecto +Manolo Subir al índice


Otra reflexión sobre el Domingo de Ramos, que puede ayudarnos a vivirlo con mayor profundidad, ojalá les ayude a ustedes leerlo, tanto como a mí, escribirla y comaprtirla con ustedes!

DOMINGO DE RAMOS “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado” Queridísimos hermanos: 1- La Pasión según San Mateo que acabamos de escuchar, es la más extensa de los cuatro evangelios. Queremos detenernos en esta expresión con la que encabezamos nuestra reflexión de hoy “por qué me has abandonado”. Una vez más la humanidad de Jesús nos conmueve y se acerca a la nuestra: débil, limitada y llena de preguntas sin respuesta; su “por qué” es el nuestro ante todo aquello que nos duele tanto que no hay palabras capaces de explicarlo, porque forman parte del misterio del hombre y de la vida, que nunca encuentran una respuesta suficiente y satisfactoria. Ante lo inexplicable y cuyo origen escapa a nuestra capacidad de comprensión, solemos mirar a Dios pidiendo respuestas y nos chocamos con su silencio, nos enojamos al extremo de casi llegar a la blasfemia cuando no a la negación de Dios. Podemos llegar a decir o a pensar: si esto pasa, es porque Dios no existe, porque si existiera no pasaría nada malo y todo estaría bien, ¿no les ha pasado en alguno o algunos momentos de la vida que esta tentación de negar a Dios ha golpeado las puertas del corazón? Ante un dolor incomprensible, una pérdida, una tragedia, la traición de un ser cercano, el sentimiento de fracaso o de lo que no tiene sentido; suele pasar que pedimos explicaciones y no las encontramos. Mientras la humanidad del Señor Jesús gozaba sensiblemente de la presencia de Dios en si mismo, no experimentaba nada de lo que sentiría luego en su Pasión; antes de ella no había ni tristeza de muerte, ni miedo, ni angustia. Tampoco sentía el vacío de “la ausencia de Dios” como desolación hasta el extremo de exclamar “Dios mío por qué me has abandonado” Esta es una expresión dicha justamente por el mismísimo Hijo de Dios y no por cualquiera de nosotros, lo que convierte ese dolor en algo indecible, para alguien que como Él había gozado de la presencia amorosa de Dios. Frente a este “por qué” de Jesús, encontramos de parte de Dios el mismo silencio que para nosotros, y en Jesús el mismo desconcierto y sufrimiento físico, síquico y espiritual, la misma contradicción de emociones y sentimientos. “Qué mal hice yo para merecer semejante castigo” y cuánta soledad en ese momento. Cuando nosotros decimos que “se encarnó por obra y gracia del Espíritu Santo”, no solemos pensar que Jesús se hizo hombre en una historia marcada por la presencia del mal, que Él no tuvo privilegios como no los tenemos nosotros, nos cuesta entender que alguien todo bondad, estuviera padeciendo como Él padeció y se nos cuenta en cada versión de la Pasión, como la que acabamos de escuchar.

2- Pasemos ahora de ver a Cristo sólo como víctima, para verlo como protagonista del drama de la redención humana, drama y no tragedia, porque este acontecimiento se abre a otro acontecimiento: la Resurrección de entre los muertos. A Jesús no le pasaban las cosas como alguien que las veía desde afuera, sino que estaba haciendo algo que le era propio e intransferible, era su hora, el juicio del mundo y del maligno. La hora de la liberación para el hombre viejo y el nacimiento de un hombre nuevo que tiene por fin una libertad que hasta ese momento no tenía, ni mucho menos podía alcanzar, sino era por regalo de Dios y de su infinito amor. El descenso de Jesús a esa desolación y abandono, lo pone en un lugar al que ningún hombre ha llegado alguna vez, se ha reservado para sí ese lugar o dimensión de sufrimiento, para que cuando a nosotros nos toque "tocar fondo", en realidad sea a El, a quien lo toquemos, a Él presente en ese lugar que también nos es propio e intransferible y desde ese lugar, un día, en esta vida o en la eterna, podamos salir con El, así como salió Jesús del sepulcro radiante y lleno de gloria; como quien ha superado la prueba y experimenta su momento de gloria, para el que tampoco hay palabras que lo puedan explicar. Así, en el dolor por agudo e intenso que sea, ya nunca más estamos solos ni abandonados, Él está allí para socorrernos y para darle a ese momento, como él se lo le dio al suyo, un sentido y una trascendencia de redención. Si Jesús no pasaba por ese lugar, nosotros hoy no podríamos soportarlo, no seríamos capaces de pasarlo y mucho menos encontrarle algún sentido. Y sin Jesús, ese sin sentido es aun peor que la angustia, o el dolor físico, psíquico o espiritual; porque este dolor con la muerte se alivia o se termina pero ¿Cómo se termina un camino o un proceso de sufrimiento si éste no tiene sentido? ¿Quién nos salva de ese tipo de dolor espiritual? Porque al ser el espíritu algo que nunca muere, ese dolor tampoco. Esa sí que es una cruz y una pasión verdadera y lo que es peor, imposible de soportar para quien no tiene “ni un Jesús de donde agarrarse”.

3- ¿Qué estaba haciendo Jesús en aquellos momentos? Estaba amándonos hasta el extremo: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” y Jesús estaba viviendo esa palabra que Él mismo había dicho durante la Última Cena a sus discípulos. Pero también estaba dándonos la prueba más alta del Amor de Dios: “la prueba de que Dios nos ama es que Jesús murió por los pecadores” por aquellos mismos que lo entregaron y esto tuvo su suprema expresión en la absolución universal dada por Cristo crucificado: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Por esto, el hecho de ser libres para rechazar el Amor de Dios, no es cualquier ejercicio de la libertad ni tampoco cualquier rechazo. Bendita nuestra fe que nos ilumina en la oscuridad de las pruebas de la vida, para que las soportemos con sentido, para que sean oportunidad de crecimiento y desengaño de toda mentira del mundo y del maligno, que todo prometen y nada cumplen. En la pedagogía de Dios nuestra pasión y nuestra cruz son liberación de la mentira y de una muerte sin sentido, liberación de la idolatría de nosotros mismos, que alguna vez creímos que podíamos ser como dioses y apenas si nos da para ser hombres y con mucha… mucha ayuda de Dios. Así cuando miramos al crucifijo podemos llenarnos de amor, superando la dimensión física del crucificado, abrazarnos al Amor mismo, porque AMOR, exactamente eso es el Señor desolado y abandonado. Podemos llenarnos de paz porque en Él encontramos perdón para nuestras culpas y consuelo para nuestras aflicciones ¿Qué aflicción no ha conocido el Señor? ¿Quién sino El que las pasó todas, puede entendernos cuando nos toca pasar alguna de ellas a nosotros? Dejar de lado la rebeldía y abrirse al don de la vida en abundancia, que brota de la pasión, muerte y resurrección del Señor, es signo de inteligencia y podremos vivirla con la gracia de Dios y la acción de su Espíritu en cada uno de sus discípulos y seguidores. Creo en Dios… Con amor y esperanza +Manolo Subir al índice


JUEVES SANTO Queridos hermanos: Cada Jueves Santo nos reunimos para celebrar la Misa de la Cena del Señor, memorial y actualización de la Última Cena de Jesús "antes de padecer". De hondo contenido Pascual y en relación directa con el Sacrificio de Amor de la Cruz. El Catecismo de la Iglesia define a la Eucaristía como "el Sacramento del Sacrificio del Señor", para hablarnos luego del Misterio de su Presencia Real de Cristo en la Hostia consagrada en la Santa Misa. En este día recordamos tres cosas que son esenciales para nuestra fe: la institución de la Eucaristía, el Sacerdocio y del Mandamiento del Amor. Vamos a detenernos en los grados del Amor del que Jesús nos habla en todo el Evangelio: el amor a Dios y al prójimo como a uno mismo; el amor más grande que es dar la vida por los amigos y el màs alto: "ámense los unos a los otros como Yo los he amado". 1. Los dos amores que son semejantes entre sí pero que se resumen en uno solo: "Amarás la Señor tu Dios con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo" Este mandamiento surge como respuesta a un amor anterior y que desciende de lo alto, el Amor de Dios a nosotros para que teniendo la presencia de ese Amor divino en nosotros, podamos amar al Señor con todo nuestro ser. Amor que Dios no necesita de nosotros como si a Él le faltara algo, sino porque a nosotros nos hace bien tener en la vida un amor de este nivel, el primero de los tres, pero lo que más honra ese amor primero es amar lo que Dios ama, que es nuestro prójimo porque "¿Cómo puede decir uno, que ama a Dios a quien no ve y desprecia a su prójimo a quien ve?" En la vida familiar se ve claro, entre los esposos, cuánto importa a una madre que el padre ame a los hijos de esa madre que ella siente tan propio, es una de las mayores honras que un hombre y padre puede hacerle a su mujer y madre de sus hijos. Cuanto dolor cuando pasa lo opuesto ¿no? 2. Es segundo nivel es el "amar hasta dar la vida por los otros" Se podría pensar que este amor tendría que ver con el martirio, lo incluye, pero dar la vida es también consagrarla en bien de los hermanos, es fruto de la fe viva que vuelve al que ama imaginativo, diligente, creativo, inquieto buscador de nuevos caminos y de salida a los desafíos que se le presentan y que reclaman una respuesta personal y decidida. Así las obras de la fe hablan de su autenticidad cuando esa fe se pone al servicio de la vida y de dar vida a otros que no la tienen y no la pueden alcanzar por sí mismos y necesitan ser asistidos. Amar hasta dar la vida es superar la tentación de mirar para otro lado, hacerse el desentendido y cultivar la indiferencia que es el verdadero opuesto del amor. Una fe que no madura en amor no es fe, está muerte y no puede servir para que alcancemos la vida, muy por el contrario una fe que es comunión de amor con Dios se refleja en amar hasta dar la vida por los otros hasta el heroísmo, como nos lo muestran tantos ejemplos de los santos y de los que no son declarados santos por la Iglesia, y que viven esa santidad en las cosas de todos los días; que están a nuestro alrededor cuestionándonos por un lado, pero llamándonos a nosotros a compartir su búsqueda y a seguir su ejemplo de caridad a favor de la vida en todas sus formas. 3. Por último "Así como Yo los he amado, ámense los unos a los otros, en esto todos reconocerán que de verdad son mis discípulos" Amar a lo Jesús no es posible para nosotros librados a nuestras solas fuerzas, en realidad ninguno de los tres niveles es alcanzable sin su asistencia y, aún así va a ser imperfecto, más no por esto debemos dejar de intentarlo, porque con Él todo lo podemos, por eso en ese mismo discurso de despedida, durante la Última Cena y con la promesa de enviarnos su Espíritu, nos habla de ese amor mayor. No es casual, sino causal. El Padre enviará al corazón de los discípulos su Espíritu que derramará en nosotros el Amor de Dios que nos capacita y la Eucaristía Sacramento del Amor de Jesús hasta el extremo sostiene ese amar a lo Jesús: con verdad, espontaneidad, con fidelidad y constancia, con amor de amistad y de predilección, con ternura pero también con firmeza, con rectitud pero también paciente con la debilidad de sus discípulos, dejando siempre las puertas abiertas y la mano tendida, dando nuevas y nuevas oportunidades, con respeto a la libertad de cada uno pero sin cansarse de llamar y esperar. Una misteriosa unión de Amor divino y exquisito amor humano. ¿Que cosa no? El Hijo de Dios tiene que venir a enseñarnos qué significa ser humanos, en Él y por Él Dios nos muestra cómo ser hombres ¡què gran misterio ese Amor hasta el extremo! y que esté siempre enfocado en dirección a nosotros. Mañana recordaremos, en la Celebración de la Pasión del Señor, ese Amor hasta el fin, hasta dar la vida, hasta el martirio, porque Dios Padre se lo merecía y Jesús Hijo en nombre nuestro se lo da. Y "el Padre que ama al Hijo" nos lo devuelve con el Resucitado, hecho redención, liberación y vida en abundancia, cosa que celebraremos y recordaremos en la Vigilia Pascual y el Domingo de Gloria. Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


En Getsemaní...

Jesús que va a orar, no quiere ir solo a enfrentar su Hora, va con Pedro, Santiago y Juan. Les confiesa que siente angustia y tristeza, se aleja y cae con el rostro en tierra, abatido y adorando a las vez. Su tristeza es, tan honda, que es tristeza de muerte. Se va retirando la vivencia y el gozo de la dimensión divina de Jesús, por unas horas, el Verbo Eterno, se vuelve noche, como ausencia, vacío y, ante esto, la humanidad Jesús se resiente, encuentra el límite de tener que enfrentar, solo como hombre, una muerte violenta, esto lo acerca más a los hombres comunes, porque un estoico habría enfrentado impasible, el juicio, los golpes, las burlas, el dolor, físico, moral y emocional, la soledad y el abandono. Si bien Dios no puede "morir", solo Él puede entrar en la muerte, redimirla, transfigurarla y convertirla en paso a la Vida Verdadera. Su humanidad quiere vivir y tiene que morir para consumar la misión encargada por su Padre.

Su oración al Padre... Está sólo con su Padre...su Abba es más profundo que nunca, depende en absoluto de Él, a Él se dirige: que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad… ruega insistentemente porque para el Padre todo es posible…, lo desea intensamente, como intensa era su oración. Hacer la voluntad de Dios no tiene mucho que ver con nuestra lógica, ni menos con nuestra mentalidad cinematográfica, donde hay un héroe mitológico e imaginario triunfa la final. Jesús, no es el buen muchacho de la película que termina con un final feliz; muy por el contrario Él morirá con las muertes del mundo real, injusto y trágico. Así se entiende el terror que sentía ante la proximidad de la pasión, que su sudor se convierte en gotas de sangre.

Y los apóstoles?... Mientras tanto los apóstoles-amigos se duermen de tristeza. Él se les acerca y les recomienda oren sin cesar para no caer en la tentación, porque aunque el espíritu está dispuesto la carne es débil. Aquí carne no es la condición física, sino la naturaleza caída y debilitada por el pecado. Es una cuestión interior, del alma humana, que aún no ha sido transformada por la acción del Espíritu. La oración continua es el instrumento para no caer en la tentación, sino también la que proporciona la gracia para alcanzar esa transformación, de debilidad en fortaleza. Cuando regresa de orar por tercera vez y de entregarse en manos del Padre, lleva en su interior la caridad del Padre que lo ha amado y lo sigue amando, esta presencia del amor paterno que lo sostiene y acompaña, se muestra de manera eminente, en la fortaleza del Hijo de Dios para hacer el camino que va de Getsemaní hasta el Calvario, con su muerte, y muerte de cruz. Sólo el amor es capas de hacer cosas así y sólo el amor las entiende.

Jesús se encuentre con Judas en Getsemaní "Buenas noches maestro y lo besó". "Amigo, haz lo que haz vienes a hacer". Jesús es tomado preso y procesado con la colaboración de la traición de Judas. Siempre me he preguntado si Jesús no habría muerto de todos modos sin el protagonismo histórico de un Judas. ¿Era Judas un elemento necesario en el proceso de Jesús? Sí, lo era, pues Jesús lo había anunciado sin decir quien: "uno de ustedes me va a entregar, pero ay de aquel…". Se nota en la sentencia de Jesús que la traición no quedará impune, ni la de Judas, ni ninguna otra, pero en la historia no faltan los traidores, como desencadenantes de aspectos de la historia, porque ésta no solo la componen los héroes y los villanos, también están los traidores, los buchones, los ortivas, que perduran hasta hoy y que siguen actuando a diario. En el entramado de la privada de las personas, en la vida más o menos visible, más o menos pública o publicada. En todas las clases sociales hay quienes faltan a su palabra, a sus promesas, que compensan traicionando, su frustración, en vez de encarar la solución de los problemas, blanqueando y poniendo luz lo que está pasando, dejando de lado sus conveniencias y poniendo por delante sus convicciones, dejando de actuar en la sombra y haciendo surgir la luz, aun en perjuicio propio. (rezando junto con vos, Manolo...) Subir al índice


VIERNES SANTO Queridos hermanos: 1- Contemplemos con nuestra imaginación el Cuerpo sin vida del Señor Crucificado, su cuerpo humano, alma y espíritu y, todo el conjunto unido a la divinidad del Hijo de Dios e Hijo del hombre. Miramos, hoy Viernes Santo, al Cordero de Dios, a la Victima Propiciatoria, que sin mancha ni defecto, se ofrecía en la cruz por los pecados del mundo, por los tuyos y los míos. Nos detenesmos ante sus perfecciones, su inteligencia y voluntad, en la sensibilidad de sus afectos, en la profundidad de su mirada, en su conciencia delicada, en su capacidad de ternura, en su humanidad y divinidad en el testimonio de sus obras Su humanidad y divinidad siempre unidas sin división y sin confusión. Miramos cómo en Él se diviniza lo humano y también cómo se humaniza lo divino. Y pensar que nada de esto lo podríamos siquiera pensar o expresar si el Espíritu Santo no actuara, iluminando nuestras almas con su gracia. Él nos permite asomarnos, tímidamente a este misterio y contemplar esta gloria sin par de nuestra fe. Nos detenemos a pensar en la capacidad de sufrimiento de ese cuerpo, en la sensibilidad para experimentar de modo único y tan profundo, el dolor físico, emocional y moral, ya que todo sufre en Él, no sólo su Cuerpo Inmaculado, sino su alma y su emoción ante: la llegada de su hora, la agonía en el huerto y el cáliz de la pasión, la traición y la perdida de su amigo Judas Iscariote, las negaciones de su ìntimo, Pedro, y el abandono de los demás apóstoles. Al ver las maniobras político religiosas que, con tal de sacarlo de en medio y que no los moleste más, no dudan en armar un juicio con testigos falsos y a media noche; su mansedumbre cuando el soldado lo abofetea. El manoseo de sus compatriotas, las burlas de Herodes, la flagelación, la coronación de espinas, las burlas de los soldados, la brutalidad del Imperio y por ùltimo, su amado pueblo gritando ¡crucifícalo! ¡crucifícalo! Ver a Poncio Pilatos ceder ante las presiones y que en su cara se lava las manos y luego toma la decisión de liberar a Barrabas y condenar a Jesús, escuchando a los delegados del Sumo Sacerdote, escribas y fariseos decir: "No tenemos más rey que el Cesar" y lo entregó para que lo crucificaran. El camino al Calvario, sus caídas, el encuentro con Su Madre, la cruz, los clavos que atraviesan sus manos y sus pies. La inmensa soledad y hasta el sentimiento de que Dios lo ha abandonado. Nadie podría asomarse a semejante muestra de dolor y de amor. Manifestación del Amor de Dios por nosotros los hombres y llevado a tal extremo de donación de Si mismo, para mediar entre su Padre y nosotros, para dar gloria al Padre. Pensar que nosotros pecamos y Él pagò por nosotros, en nuestro lugar y en nombre de todos nosotros. Por todo esto y mucho más, su Cuerpo no es un cuerpo más, su Alma no es un alma más, Jesús no es un un Crucificado más, no es uno más que sufre y que muere. Él es la Nueva Alianza en su Sangre, nuestra justificación y redención. Él es nuestra paz y reconciliación con Dios y entre nosotros. Él es quien por fin une el cielo y la tierra, es Quien abre las puertas cerradas de la vida a toda la humanidad pecadora. Él es nuestra libración y nuestra eterna esperanza. 2. Después de bajar de la cruz el Cuerpo sin vida del Señor. Al bajar el cuerpo de Jesús y dejarlo en brazos de la Virgen, sólo quedaba tiempo para hacer con el Muerto lo que mandaba la ley de Moisés, ya que estaba por comenzar el Sabbat con la caída del sol y había que apurarse. Así es que José de Arimatea, amigo en secreto del Señor por temor a los judíos, se presentó ante Pilatos para pedirle el cuerpo del Señor Jesús que ya había muerto en la cruz. Tomó el Cuerpo sin vida y lo lavò, lo ungió con perfume, lo envolvió en una sábana y le ató el sudario alrededor de la cabeza. Junto con los testigos oculares de la Muerte de Jesús, llevan al Muerto y lo depositan en un sepulcro nuevo, colocan el cuerpo sobre una losa, en un hueco hecho en la pared, corren la piedra y el sepulcro queda sellado. Cada uno vuelve rápidamente a su casa llevando en su alma el recuerdo doloroso de lo que había sucedido entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde, entre la crucifixión y la sepultura del Señor Jesús. Dolor por la pérdida, desolación, silencio y la ausencia del Señor que hieren; miradas que se cruzan buscando una explicación ante tan brutal hecho. Estaban ultrajados en su corazón por lo que habían hecho con Jesús y con ellos, sentían su muerte. Otros estaban llenos de culpa porque lo habían negado o abandonado a Jesús y no habían cumplido ninguna de las pronesas que le habían hecho. Los unía el amor y también el espanto, el remordimiento era compartido por todos, todos a su manera le habían fallado… Además estaban asustados, encerrados y llenos de miedo. Con este ánimo en sombras pasan los tres días. Guardar el sábado que les prohibía irse de Jerusalén y volver cada uno a lo suyo, con las huellas de la desilusión, el fracaso y el sin sentido de haberlo dejado todo para seguir a Alguien, y que eso terminara de la manera que habían visto, o se habían enterado por lo que los testigos les habían trasmitido, ese día parecía no terminar nunca. Pero entre ellos había un corazón, que aunque muy dolido, el más dolido de todos,permanecía iluminado y encendido en la noche del sentido y de la fe, era el corazón de la Virgen Madre del Señor, que hace memoria, recuerda y espera, que cree y confía una vez más en su peregrinación de la fe. Cuando todo parece terminado intuye que lo nuevo está por venir y que sucederá la mañana del primer día de la semana. Ella en todo ese tiempo guarda y sostiene la fe de todos los discípulos. Una vez más debe crecer y pasar de los hechos al misterio de cómo Dios hace y lleva adelante todas las cosas, así en su corazón ya brilla la luz de la Resurrección. Creo en Dios... Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


VIGILIA PASCUAL Queridos hermanos: Nos hemos reunido en esta Noche Santa para celebrar con la Vigilia Pascual y la Misa de Resurrección una nueva Pascua del Señor. Todos los signos de la Liturgia de la Iglesia nos hablan de vida y de luz, bendecimos el fuego nuevo, encendemos el Cirio Pascual y con nuestros cirios encendidos en la llama del Cirio simbolizan la unión de la Luz del resucitado con la luz de nuestra fe, iluminamos el templo que está en penumbras, son las luces que iluminan la noche del mundo y disipan las tinieblas del pecado y la muerte. Escuchamos la Palabra de Dios que nos recuerda la Historia de la Salvación hasta llegar al anuncio de la Resurrección del Señor, centro o corazón de toda esa historia y de la Biblia toda. Bendeciremos el Agua del Bautismo, renovaremos las promesas bautismales y seremos rociados con el agua nueva y por último terminaremos esta fiesta con la Comida y Bebida Pascual, la Eucaristía, nuestra fiesta por excelencia. Detengámonos a reflexionar acerca de lo que nos relata el Evangelio de Mateo:“Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro”. El apuro del viernes por la tarde y la llegada del Sabat, les había impedido velar y estar con el Señor que había muerto en la Cruz y a quien ellas habían acompañado hasta el Santo Sepulcro. Ya podían salir para visitar ese lugar que para ellas se había convertido en un lugar especial y tan significativo, allí estaba el amado y seguido. Allí yacía el que se les manifestó y a quien siguieron muy de cerca durante tres años y el que les fue quitado de una forma tan violenta. Es la memoria de quienes no olvidan, es búsqueda de la fe y del amor lo que las mueve junto con la tradición de visitar las tumbas de sus seres queridos, costumbre que está por cambiar aunque ellas aun no lo saben. “De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos”. El temblor, el descenso del Ángel del Señor, el paso del Señor de la muerte a la vida gloriosa hacen que el universo, allí representado tanto como el mundo celestial lo manifiesten. Es el cambio de las promesas al cumplimiento de ellas, es el paso del dominio del pecado y de la muerte al de la gracia y el favor de Dios y de la vida que triunfa y somete la muerte al señorío del Resucitado que ya no está ni encerrado ni preso de la muerte. “El Ángel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba y vayan en seguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán'. El nuevo testamento dice muchas veces, tanto en labios de un ángel enviado por el Señor, o del mismo Jesús: “No teman”. ¡Poderoso señor el miedo! que tanto mal ha hecho y hace en el mundo y en el corazón del hombre, sobre todo en el corazón del que no tiene fe, del que no tiene la luz del resucitado. Ellas con el temor y el asombro por lo que han visto y oído se abren a la misión de ir y anunciar, el mensaje del ángel primero y del Señor Resucitado que confirma con su aparición el mensaje que habían recibido el mensajero celestial. “Esto es lo que tenía que decirles" Esto es lo que tenemos para decirle al mundo y al hombre que ayer, hoy y mañana estarán siempre atemorizados por la presencia del mal, del miedo en todas sus formas y a quienes les falta de todo porque no tienen esa vida de comunión con el Señor que está vivo y que da vida a la vida. “Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos” Experiencia de encuentro que saca de la parálisis de la perdida y que se convierte en obediencia y acción apostólica para transmitir lo que han visto y oído, para ser testigos de la Resurrección del Señor. “De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". En pocos segundos pasan de ver y oír al Ángel de Señor y el sepulcro vacío a la visión directa del Señor que se les manifiesta resucitado. Jesús se les aparece vivo para robustecer la fe de ellas primero y de los discípulos después. Ésta es la función que tienen las apariciones del Señor. Los discípulos estaban golpeados por la pasión y la crucifixión, están encerrados y llenos de miedo, pero no han perdido la fe, lo más profundo de ellos está vivo, solo que permanece en la oscuridad propia de quien está atormentado por su culpa y el sentimiento de fracaso o el dolor de su propia frustración. “Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él” Ellas están en la atmósfera de lo divino y como Moisés ante la zarza que arde sin consumirse, se postran y lo adoran, se abrazan a sus pies, lo ven, lo tocan, lo experimentan. Ya no creen por lo que les dijeron, ahora saben que está vivo y es lo que van a contar a todo aquel que quiera escuchar y compartir su experiencia que se ha convertido en Palabra de Dios para quienes escuchan y creen en su testimonio. Jesús ya está pensando en nosotros los que nutrimos nuestra fe bautismal con la palabra de Cristo, la comunidad que celebra sus distintas formas de presencia y que en la Eucaristía alimenta esa fe que nace de la experiencia de los testigos oculares y que se nos ha trasmitido de boca en boca y de corazón a corazón. Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán" El Señor que conoce profundamente el alma humana sabe cuanto bien hace cambiar de lugar para abrirse a lo nuevo. Para los discípulos, en ese momento, Jerusalén está, en su memoria asociada a la traición de Judas Iscariote, las negaciones de Pedro, el abandono y cobardía de todos, la cruz, el rechazo del pueblo y la muerte del Jesús en la cruz. Moverse a Galilea era dejar atrás todo eso para abrirse a lo nuevo y a la misión que Jesús precisamente ellos les va a confiar. Es como un nuevo comienzo pero sobre otros fundamentos, sobre otras seguridades porque las falsas quedaron también muertas y enterradas en Jerusalén. Ya el proceso de formación de la Comunidad Apostólica se está completando, comienzan de ahí en más los hombres nuevos, regenerados por la experiencia de sus límites y el poder del Resucitado. Ahora pueden ir por todo el mundo que apoyados en Él lo podrán todo, hasta derramar la sangre y morir por su fe. ¡¿Que cambio no?! Demos gracias a Dios por llamarnos a una experiencia y a una fe que es nuestro triunfo en Jesús sobre todo lo que nos llena de miedo o nos priva de la vida que Él vino a traernos, para lo cual se encarnó, murió y resucitó. Con renovado amor.+Manolo Subir al índice


DOMINGO DE PASCUA Fiesta de la Resurrecciòn Queridos hermanos ¡Gloria al Señor ha llegado la Pascua!: Es la Pascua que nuevamente nos invita a renovar nuestra fe en Cristo Resucitado y Glorioso. Hoy es el día de la Vida con mayúsculas y por excelencia. Hoy celebramos nuestro nacimiento como una Comunidad de Fe. Hoy los textos de la Liturgia nos hablan, no sòlo de Jesús Resucitado sino también, de nosotros, que tenemos desde el bautismo nuestra fe depositada en Él, que murió y resucitó por la humanidad entera y que ha dejado a su Iglesia el mensaje luminoso de la Pascua, Hoy nosotros resucitamos con Él y de Él una vez más recibimos la vida abundante que encierra y entrega el Misterio Pascual de Jesucristo actualizado en cada Misa. Miremos ahora el texto del Evangelio que nos relata lo que pasó aquella mañana del primer domingo de la historia, de nuestra historia. “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada”. Es el momento del día cuando aún no ha salido el sol, cuando está oscuro pero se espera y se camina hacia él, se camina hacia la luz. María Magdalena está en la búsqueda del Señor, ella es la figura de la Iglesia que hace el camino de la fe desde la noche hacia el día, de la oscuridad que busca la luz. Nos estamos deteniendo en los detalles porque nada está puesto por que sí, sino que en Juan cada detalle es toda una revelación y contiene una luz que no se ve a simple vista y por eso hay que mirar con atención. Ella vio que la piedra que selló el sepulcro el viernes por la tarde había sido movida. Algo inesperado ha pasado en ese lugar, no entiende, se asusta y corre a ver a Pedro, el cabeza de grupo; y a Juan el discípulo amado, el que había participado de los hechos de la sepultura del Señor el día de su muerte en la cruz. “Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". No entiende, piensa en una nueva pérdida, el sepulcro de Jesús está abierto, cree que se lo han llevado, piensa que se lo han robado, no lo han dejado en paz ni siquiera estando muerto. Claro, con todo lo que ella vio que le hicieron a Jesús, le daba para pensar cualquier cosa. Por eso su reacción es la lógica, la persecución sigue, ahora se lo han llevado, aun no entiende que está vivo y que muy pronto lo va a ver. “Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes”. Rompieron por unos momentos el encierro, el miedo y la culpa que los paralizaban. La noticia de que algo ha pasado los mueve a ir y ver. Juan va adelante porque conoce el lugar, cosa que Pedro no conocía porque luego de las negaciones aparece en este momento después del Sabbat. Juan el que amó y se quedó, dejó junto a los que estaban con él el cuerpo del Señor en su sepulcro. “Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró”. Antes de quedar vacío algo se movió en su interior, el resucitado se había quitado las vestiduras de su sepultura, las vendas y la sábana con las que José de Arimatea había envuelto el cuerpo del Señor estaban en el suelo. Donde había muerte, frío, desolación, silencio y oscuridad, ahora hay vacío, porque la luz de la resurrección y de la vida, se han manifestado y han dejado sus señales, allí están sus signos. “Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; éste no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: Él también vio y creyó.” Juan espera que llegue el capo, el jefe, la piedra, el que tiene las llaves del Reino, al que Jesús puso al frente de la comunidad apostólica. Pedro ve y cree y también cree Juan. Esa palabra, también, es la que encierra un mensaje muy profundo, porque la fe de Pedro es la fe de la Iglesia, su fundamento, unidad y la autoridad para congregar y unir a todos los creyentes y fieles de Jesús. En la primera lectura de hoy escuchamos el primer sermón del primer papa, el primero en anunciar públicamente la resurrección del Señor y el que habla en el Nombre del Señor y de sus hermanos los Apóstoles, congregados y en comunión con él. Benedicto XIV hoy es Pedro, centro de unidad y autoridad suprema de la Iglesia, garantía de nuestra comunión de fe con Jesús, sin la comunión con él no estamos en comunión real con Jesús. Es nuestro credo. Sólo el que recibe la fe y se une a la Comunidad de los creyentes, escucha el Evangelio y ve los signos de la Fe, se encuentra por medio de ellos con Jesús Resucitado. “Señor Jesús creemos que estás vivo aunque no te hemos visto, lo sabemos porque tú te nos has revelado por la Palabra y el Espíritu. Estamos agradecidos porque nos regalaste la fe, la vida y tu amor que nunca mueren y que nos resucitan una y otra vez a lo largo de los años. Gracias Señor por el bautismo y por hacernos parte de tu Iglesia, porque estar en ella y con ella es estar contigo. Gracias Señor y bendito seas por siempre” Amen. ¡FELICES PACUAS! +Manolo Subir al índice