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Meditando la Palabra...Homilías y más...


Mis queridos hermanos muchas gracias por acompañarnos en este espacio de reflexionar, crecer, compartir...
Les dejamos aquí las homilías para este año 2014, ciclo A, donde seguimos el Evangelio de Mateo; como pedimos en cada Eucaristía, el Señor los cuide y bendiga.
Con el cariño de siempre y más... Manolo, un cristiano comom vos...


DOMINGO 34° SOLEMNIDAD DE CRISTO REY DEL UNIVERSO Mis queridos hermanos: La figura del rey, pastor y juez de todas las naciones y de todos los hombres, sin diferencias ni privilegios, nos ocupa hoy, el domingo de Cristo Rey. “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso” el tiempo futuro y el juicio. Los verbos son muy importantes para desentrañar el significado de lo que leemos y escuchamos. “Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a éstos a su izquierda”
1. Los que están conjugados en futuro como es lógico nos llevan a mirar hacia lo que vendrá un día: cuando venga, se sentará, serán reunidas, separará, pondrá, dirá. “Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo” Aquí pasa a hablar en presente, “vengan” se refiere al momento preciso del juicio. Es cuando lo futuro llega, se convierte en presente, ya no hay espera sino cumplimiento del tiempo y de lo prometido, lo que era invisible se hace visible, audible y palpable. De golpe el texto se pone en pasado: tuve, estaba, y lo personaliza, me dieron, me alojaron, me vistieron, me visitaron, me vinieron a ver “porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver" Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo?
La gran revelación o la comprensión de todo lo que Jesús venía enseñando a sus discípulos acerca del Reino de los Cielos. Después de este capitulo Mateo da comienzo a su relato de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, por eso esta no es cualquier palabra dentro de la Palabra de Dios , es la herencia de Jesús a su Iglesia y de Mateo a su comunidad. "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo" Mateo ha hablado en su evangelio de las presencias de Jesús: en la comunidad reunida en su nombre, donde dos o más se reúnen en su nombre y en cualquier lugar Él está. En la Palabra de Dios de la cual el Señor es la plenitud de todo lo que el Padre tenía para decirnos. Hoy nos da otra presencia antes de la eucarística, el pobre de toda pobreza. Jesús se identifica con ellos, ya no sólo está todo dado vuelta y la lógica misteriosa del Reino nos sacude, sino que además Jesús es el pobre asistido, ya sea por el que cree o el que no, el que ha sido piadoso toda su vida y el que no sabe ni el Avemaría, el valor de la misericordia y el amor fraterno trascienden todos los credos, la filosofía y las ideologías, es más aun, es examen de autenticidad y de si tienen al menos algo de verdad.
2. “Luego dirá a los de su izquierda: "Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles” “porque tuve…:"Señor, ¿Cuándo…? Es el desastre para los sorprendidos, los distraídos, los que se justifican, los indiferentes, los de corazón duro, los que pudiendo no hicieron nada por el otro y no supieron verlo al Señor en los pobres. Aquí también caemos todos, los que creemos y los que no, los que profesan su fe en el hombre, en la voz de la conciencia, en el sentido común o la sensibilidad natural y espontánea, que se encuentra en las culturas precristianas y que sin embargo han sido hospitalarias y solidarias sin iluminaciones especiales o revelaciones privadas o voces que vinieran de lo alto a decir lo que había que hacer, era una cuestión de seguir al corazón para entender qué y a quienes había que auxiliar, curar, cuidar y acompañar y no movieron ni un dedo por el otro. Si nos fijamos bien, al cambiar las conjugaciones de futuro a presente y pasado, lo que se revela es la presencia actual del Juicio Final. Hoy nosotros y los otros, estamos ante el trono del Rey, Juez y Pastor.
Hoy lo estamos reconociendo o ignorando a Jesús en los otros y también en nosotros, porque para nosotros del Cristo interior surge la mirada, la elección y la decisión de lo que vamos a hacer. Por eso el que ha entrado en el camino de Jesús terminará encontrándolo en el pobre, el abandonado y el solo. Fijémonos que Jesús no dice porque terminaron con el hambre del mundo, ni porque terminaron con la enfermedad, ni porque vaciaron las cárceles o hicieron los suficientes albergues, sino porque no fueron indiferente con mis hermanos, entonces tampoco lo fueron conmigo. Por fin hablando de los indiferentes y los distraídos o los que no siguieron la intuición del corazón o la voz de su conciencia, Jesús dice; “Estos irán al castigo eterno” en realidad ya estaban en el infierno, que es frío, doloroso, oscuro y sin vida, sin Dios y sin salida, cosa que se fue gestando aquí y ahora, no mañana ni pasado. En cambio a los solidarios, los justos, los sensibles, los compasivos ya desde ahora están viviendo su propio cielo: “y los justos a la Vida eterna»” Si hay algo que no se le puede reprochar a Jesús es que no haya enseñado, propuesto, alertado y avisado, tampoco que no nos haya hablado claramente a sus discípulos: “no hay casualidad sino que hay causalidad” conforme sea nuestra causa hoy será nuestro final, el final en el que ya estamos hoy, y como mientras hay vida hay esperanza, en virtud del aviso estamos a tiempo de cambiar la mirada y el corazón, cambiemos nuestro final, cambiando hoy, nunca es tarde para darse cuenta.
“Señor Jesús, Rey y Buen Pastor, hoy te pedimos ser de tu causa, tu búsqueda, tu camino, ser de tu mística. Alcánzanos la gracia de un corazón sensible y solidario como el tuyo. Que entendamos que siempre has querido para nosotros el camino que nos lleva a estar contigo eternamente. Que la Vida Eterna está a un paso y al estirar la mano al necesitado, en la mirada cálida y la generosidad del corazón que se abre y se anima a conmoverse y acercarse” Te lo pedimos hoy y siempre, porque siempre nos escuchas y nos das lo que necesitamos. Amén
Creo en Dios... +Manolo Subir al índice


DOMINGO 33° DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Mis queridos hermanos: Seguimos profundizando acerca del desenlace de nuestras vidas con la mirada puesta en lo que vendrá, o mejor en lo que está viniendo, y día a día nos acercamos un poco más a la Segunda Venida del Señor.
Si el domingo pasado no había que sacar chapa o patente de necio, este domingo no hay que sacar chapa de gil, de sonso, de leso o menso, ni mucho menos de miedoso y perezoso. De pocas cosas hay que sentir vergüenza como de ser vago e irresponsable. Lo vamos a explicar en la reflexión a la que nos lleva la Parábola de los Talentos que nos ocupa hoy.
“El reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes”. Este hombre de quien se nos habla es Dios y los servidores somos nosotros, a quienes él nos confía sus bienes, no los nuestros o los de otro sino los suyos. Es el Señor, el dueño y el propietario, por lo cual la responsabilidad es doble, por ser de quién son los bienes y por éstos en sí mismos. Hay una mezcla de satisfacción personal y de compromiso de fidelidad por la tarea asignada, les confió sus bienes. “A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y sólo uno a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió”.
A ver de qué se tratan estos talentos que cada uno recibió. En tiempos de Jesús era muy raro que alguien común tuviera un talento, porque con uno solo se podría vivir de rentas toda la vida y además dejar herencia, así que el que recibió 5, recibió una fortuna incalculable, lo mismo que el que recibió dos, tanto como el que recibió un solo talento. Todos eran capaces para el señor y todos tendrían la misma retribución sin depender de la cantidad de monedas sino de la habilidad para negociar con ellas.
“Pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor” ¿Enterrar una fortuna y no ponerla en el banco para que diera intereses? ¿Escudarse en el miedo y lo exigente del señor? Esto sí que es sacar chapa o patente de gil, de vago y perezoso. A quién se le puede ocurrir enterrar una fortuna en vez de hacerla producir?, a quién se le ocurre ponerse a ver como son las actitudes del dueño y no mirar como los otros dos hicieron negocio, los duplicaron y esperaron tranquilos en vez de estar asustados y llenos de miedo y luego devolver lo que les dejó para que lo multiplicaran? Fue claro que lo que el señor dejó no era para que lo guardaran, sino para que negociaran y obtuvieran ganancias.
“Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores”. Otra vez aparece el tema del tiempo de Dios y en nuestro, la certeza y la incertidumbre. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. "Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado". Se adelantó, fue a presentar el fruto de su esfuerzo, inteligencia y capacidad. Se ve que la iniciativa era un aspecto de su personalidad y no espera que le pidan cuenta de lo hecho, sale, va al encuentro de su señor y por todo eso recibe el premio a su dedicación: "Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor" ¿En lo poco? Sí porque comparado con el gozo eterno con el Señor toda fortuna por incalculable que sea es pequeña, como la luz de una vela y la del sol. Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: "Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado". "Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor".. No más dinero sino lo que era inalcanzable, a menos que el Señor lo entregara como los talentos. Esta expresión desmaterializa el sentido económico de la parábola, para abrirla a su verdadero significado. El domingo posado fue entrar en la sala nupcial, hoy es el gozo del señor del cual los obreros, los empleados o los sirvientes estaban privados, ese entrar en el gozo de su señor es una cosa que habrá sorprendido a los oyentes de Jesús, porque en su realidad unos y otros jamás se “mezclaban”, ya que los roles sociales y sus costumbres estaban bien definidos; pero es que Jesús está hablando del Reino de los Cielos, donde las cosas son y serán bien diferentes: los pobres tienen la prioridad, los últimos son los primeros y los publicanos y las prostitutas llegan antes. SSí tal cual lo leemos, todo dado vuelta, es que es el Reino de los Cielos, y no es como el mundo donde todos sabemos quienes son los premiados y quienes los castigados, quienes los protegidos y quienes los reprimidos. Basta mirar y escuchar a quienes siempre se hace pagar los costos más altos, quienes son variables de ajuste y los daños colaterales, a quienes se sacrifica y a quienes se los salva, quienes ajustan y quienes son ajustados. Esto lo vamos a entender mejor el próximo domingo, hoy solamente estamos entrando en calor.
“Llegó luego el que había recibido un sólo talento. "Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!" Sobran más explicaciones y ustedes que son tan inteligentes se dan cuenta de antemano lo que vendría para este gil con patente. “el señor le respondió: "Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses” Si bien Jesús cuenta historias para explicarnos las cosas del Reino, nos está hablando a nosotros hoy, así nos pone ente la aceptación o rechazo del Reino y sus signos. Todos estamos llenos de talentos, de capacidades con las cuales vinimos al mundo para que nos desarrolláramos personal y comunitariamente. Él ha provisto para cada uno todo lo necesario para ser felices y participar de su gozo eterno. Esto hace tan contradictorio que alguien dotado se frustre por pereza o cobardía. La multiplicación crece indefinidamente, es más, no nos alcanza toda una vida para explotar los talentos que todos llevamos dentro, tanto los que son innatos como los que podemos adquirir.
“Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más” Conmueve la generosidad del Señor con cada uno de nosotros. “Pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes". No existe destino sino destinación. Fuimos predestinados a la gloria, a participar del gozo del Señor y no al llanto y rechinar de dientes, el resultado es responsabilidad de cada uno y no de Dios, ya que le dio a cada uno según su capacidad y a partir de esto “no hay derecho al pataleo”, ya sabemos como son las cosas y ninguno de nosotros puede decir yo no sabía, yo nunca escuché. Ni siquiera los que no tienen fe porque también ellos llevan en su interior el impulso vital a desarrollarse, a partir de sentir el llamado a ser felices tanto con lo que han recibido al venir al mundo, como con lo que puedan adquirir por su esfuerzo y su lucha.
Cuando uno ha visto a quienes tienes capacidades diferentes luchar por alcanzar su propio límite o crecer por encima de sus límites físicos y hasta intelectuales, uno dice pero caramba! me merezco quedarme afuera porque teniéndolo todo, sin embargo, no busco, ni lucho, ni crezco...
Quien más tiene más debe ,sin excusas de ningún tipo; una fortuna es lo que cada uno tenemos para ser felices, si no lo somos no es voluntad de Dios, sino negligencia, cobardía y responsabilidad de cada uno.
“Señor que nos has llenado de talentos maravillosos para que seamos felices, aparta de nosotros las tentaciones, los miedos y las excusas. Que tu Espíritu nos dé el conocimiento de lo que cada uno poseemos, para que así nos llenemos de entusiasmo y con alegría nos dediquemos a multiplicar los talentos que nos has dado, esos que son siempre los necesarios y suficientes para tener una vida plena y feliz. Te damos gracias por tu generosidad con todos nosotros. Te alabamos y te bendecimos.” Amén
Creo... +Manolo Subir al índice


DOMINGO 32° DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO “Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora”
Queridos hermanos: La Misa de este Domingo nos presenta una parábola de típico sabor oriental, tan propio de sus costumbres y tradiciones. Las procesiones, las lámparas, el novio y sus amigos, la novia y sus amigas. El casamiento y la gran fiesta para toda una aldea o para una gran comunidad de vecinos si se celebraba en una ciudad más grande.
“Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes” La atmósfera de la parábola es la de una celebración de bodas, de la cual los oyentes de Jesús habían participado muchas veces y entendían tanto el lenguaje de los signos como el de las palabras. Aquí son diez, un número no puesto al azar para los que escuchaban y que pertenecían a la cultura de Jesús, con su mezcla de judaísmo y helenismo. La filosofía de moda en ese tiempo era la de Pitágoras, si, el del Teorema, para quien ese número 10 significaba la perfección y la totalidad. Estas 10 vírgenes simbolizan y representan a toda la humanidad invitada por el Padre a las bodas de su Hijo, “porque tanto amó Dios al mundo que le dio a su propio Hijo para que todo el que crea en Él no muera sino que tenga vida en su Nombre” nos ha dado su propio Hijo, lo más íntimo y querido, para celebrar la unión definitiva del Universo entero con Cristo. Este es el designio de Dios para con todos los hombres pero “Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite” son las representantes de esa parte de la humanidad que se queda fuera de la fiesta de bodas, porque aunque “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” Muchos no quieren a Dios, ni salvarse ni conocer la verdad, entonces Dios los deja librados a la suerte de su mente insensata “mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos” Estas representan a todos los que escuchan la invitación y van y se proveen de lo necesario para ir a la boda, es lo opuesto a aquel personaje silencioso de unos domingos atrás que no tenía puesto el traje de fiesta. Las prudentes tuvieron sus lámparas encendidas, luminosas y con reserva por si se demoraba, tal como pasó. “Como el esposo se hacía esperar” Nuestro Dios se toma su tiempo para hacer las cosas, la edad del universo comparado con los fósiles humanos más antiguos nos hablan a las claras de cómo Dios hace las cosas, con tiempo con mucho tiempo. Así “les entró sueño a todas y se quedaron dormidas” éste no es nuestro sueño, sino el sueño de la muerte, después del cual viene el llamado de la resurrección, para el cual el que no tenga las reservas de aceite no entrará a la fiesta de bodas, llegará tarde y encontrará la puerta cerrada. “Pero a medianoche se oyó un grito: "¡Ya viene el esposo, salgan a su encuentro!". Es el grito de la vida que se impone a la voz de la muerte que tiene que desaparecer para que la vida prometida brille, con una luz infinitamente más potente que la de las lámparas de aceite, así para participar de esa fiesta hay que estar prevenidos, preparados y provistos, no tenemos permiso para faltar y no hay excusas, hay que ir a la fiesta, no nos la podemos perder.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: "¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?" Pero estas les respondieron: "No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado" Suena hasta ridículo que en la parábola Jesús ponga la compra del aceite en el mercado a media noche. Entonces y ahora el mercado a media noche está cerrado, pero para las consecuencias que sufrirán las que no tengan la provisión, no será nada ridículo. Es que en la pedagogía de Jesús está también enseñar por la vía del absurdo, como para que sus oyentes tomaran conciencia de las consecuencias de no estar preparados. Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron:"Señor, señor, ábrenos", pero él respondió: "Les aseguro que no las conozco" Sentencia terrible, porque este no las conozco, es igual a nunca convivieron conmigo, nunca estuvieron conmigo, nunca las vi ni las escuché, ni sé de donde son, no me son familiares. Me son extrañas. No son de mis ovejas, ni de mis sembrados, no son mi trigo, no son mis sarmientos ni mis racimos, no son mis amigas ni mis hermanas “Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora” No nos interesa meter miedo con esto de estar prevenidos, no nos sirve, ni a Dios ni a nosotros tener miedo.
La incertidumbre es algo tan positivo como toda crisis si la entendemos bien. Las crisis son llamadas, también oportunidad y crecimiento. La incertidumbre con su indeterminación le abre las puertas a la creatividad en el momento presente, qué puedo hacer hoy para estar preparado y provisto. La incertidumbre le da densidad al hoy, le da relevancia y trascendencia, lo valoriza y lo potencia, porque no hay que dejarse estar sino prepararlo todo, porque si bien no sabemos qué día y a que hora viene, lo que es cierto es que viene, que un día el Esposo llega, un día que no sabemos si es mañana, dentro de un mes o en mil años más, no importa, hay que tener las lámparas encendidas y la provisión de aceite.
La pregunta en definitiva es, ante la incertidumbre, ¿qué hago con mi tiempo que valga la pena estar vivo y que mi vida tenga sentido?
“Señor cuando vengas a despertarnos del sueño de la muerte, queremos salir a tu encuentro con las lámparas de la fe encendidas y con el aceite de las obras que te glorificaron mientras vivíamos. La fe y las obras las llevaremos en el corazón y el espíritu para presentártelas. Ábrenos la puerta que queremos participar de la boda, no queremos perdernos la fiesta del cielo, donde vives y reinas eternamente” Amén.
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Memoria de los Fieles Difuntos “Yo Soy la resurrección y la vida, todo el cree en mí aunque muerto vivirá” Jn 11 Lázaro de Betania, el amigo de Jesús, había muerto y su muerte conmovió las fibras más íntimas y humanas del Señor, que lo llora como hombre y luego lo resucita como Dios, mostrando así que su señorío esta sobre todo incluida la muerte, el supremo enemigo en este mundo y en esta vida. Todos tenemos un miedo ancestral, precristiano y que nos asalta con más fuerza, cada vez que sabemos que algún ser querido, vecino o conocido muere. Éste miedo tiene la unión de dos sentimientos: la soledad y la impotencia. Ante la muerte somos impotentes, no podemos cambiar el hecho de que ese ser ha muerto, y este hecho hizo que una parte de nosotros quede sola, porque se ha formado un vacío existencial que deja el que se fue y se convirtió, de un momento al otro, en un recuerdo y de ser una presencia se ha hecho ausencia. Frente a esto sentimos mucho miedo, tristeza, dolor y una pena muy profunda, conforme haya sido el vínculo que teníamos con el muerto. Paradójicamente lo que hace tan valiosa la vida es precisamente la muerte, porque un día perderemos la vida, no la tendremos más, habremos pasado y que, sin la Fe el Señor de la Vida, solo somos “el ser para la muerte” como decía el filosofo alemán Martín Heidegger. También la muerte para nosotros es valiosa ¿que la hace así?, el hecho de que Dios mismo la ha vivido, la ha asumido y la ha redimido, cambiándola de tragedia y de ser algo que necesariamente terminaba mal, en un paso necesario hacia la vida si fin. Jesús lo muestra con total crudeza cuando en la cruz experimenta la muerte como la sentimos nosotros: “Dios mío, Dos mío, por qué me has abandonado” su soledad y su impotencia, pero que en el mismo momento la transfigura al decir: “Padre en tus manos confío mi alma”. Los rigores de la muerte lo llevaron a decir y a decirnos que no quiero morir aunque tenga que morir, pero al ir muriendo nos revela que hay Alguien, a quien se le puede confiar la vida para ir más allá de la muerte y tener vida en Dios. Nuestra muerte es un drama, nuestra muerte tiene una salida que es la resurrección y es lo que en definitiva decimos en el Credo: “Creo en la resurrección de los muertos y la vida eterna” Así de ser el “ser para la muerte” somos los seres para la vida. El Señor ha decidido regenerarnos y hacernos para la Vida. Así aunque nos cueste morir y, esto es salud mental, también es salud mental, abrirnos al mensaje evangélico de la vida que vence la muerte y, al mensaje del amor que vence al pecado y al odio. Hoy es un día de dolor por los ausentes, pero también lleno de esperanza porque, en un día de gloria, tendrá lugar nuestro reencuentro con aquellos que sólo se nos han adelantado y que allá nos esperan. Es nuestra fe: “la vida no termina sólo se transforma”.+Manolo Subir al índice


Fiesta de Todos los Santos Cuando pensaba qué decir en Misa sobre esta fiesta, me hacía gracia lo que alguna vez le escuché decir a mi párroco: “que ésta es la fiesta para todos los santos que no tienen el rating de los que están de moda: San Expedito, San Cayetano, Santa Rita, San Antonio de Padua, San Pantaleón y otros” y porque nadie se acuerda de ellos. La verdad es que nos presentan la vida y los méritos de todos los santos y celebramos su intercesión en el Cielo. Y me vino la imagen evangélica de la vid y los sarmientos. Los santos fueron esos sarmientos, que se dejaron podar, limpiar y a quienes Dios los hizo más fecundos. La fecundidad de los sarmientos depende de su proximidad a la cepa, ésta es Cristo y el santo es quien se ha acercado más a Cristo, para aprovechar para sí la savia de la vida, que es lo que llamamos la gracia de Dios. Esto me vino gracias al evangelio del discurso de las bienaventuranzas y algunos detalles que no son escritos al pasar. El cuadro que nos presenta Mateo, va de lo más distante a lo más cercano o íntimo. La multitud que lo buscaba, los discípulos que se reúnen con Él y los apóstoles que ya formaban parte de su círculo más íntimo, como la cepa y los sarmientos. Así es nuestro camino hacia la santidad, de la multitud a la elección que Dios hace de nosotros, de la elección a la vocación, de la vocación al seguimiento, del seguimiento al compromiso, del compromiso vital a nuestra elección de Dios, por encima de todo y aun de nosotros mismos, de la elección de Dios al envió misionero y de éste a las obras de la Fe y del Espíritu. Una de las características fundamentales del santo es la perseverancia en este camino, difícil pero posible, y el cultivo de una virtud heroica. La fe heroica en el martirio, la esperanza contra toda esperanza en el apostolado, la caridad como denominador común a toda forma de santidad, según el carisma de cada uno. Es hermoso pensarlos como nosotros, de carne y hueso, convertidos, en proceso y en lucha por asemejarse a Jesucristo, para que algo de la perfección del Señor se haga presente en nosotros. ¿Por qué ser santos entonces? por imitar a Jesús, para llegar a la perfecta caridad y dispuestos a morir como Él de ser necesario. Estos hermanos nuestros son lo mejor de la Iglesia, pero por eso son los más solidarios con los que atravesamos este valle de lágrimas. Ellos lo pasaron y ahora nos ayudan con su cercanía y su oración. Porque sabemos de sus méritos, les confiamos nuestras causas, nuestras necesidades, nuestra búsqueda de la vida y también por ellos confiamos ser escuchados. Su gloria de hoy deseamos que un día sea la nuestra, ya que desde el bautismo somos llamados a la santidad y estamos llenos de gracia para serlo. Entonces, ¿le damos nuestro sí a Dios? +Manolo Subir al índice


DOMINGO 31° DEL TIEMPO ORDINARIO Evangelio según San Mateo 23, 1 - 12
Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesús: Este Domingo vamos a detenernos en un aspecto del Ministerio Público del Señor, el profético, que anuncia y denuncia, libre y soberano, dice la Palabra de Dios pero también muestra el pecado. El fuego del Espíritu que lo anima lo lleva a no permanecer callado y a no tener miedo de poner al descubierto el pecado de los escribas y fariseos y el mal que le hacían al pueblo oprimiéndolo con un legalismo asfixiante y estéril.
“Entonces Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés” Éste había sido el gran legislador del Antiguo Testamento y quien había dado por inspiración de Dios, las normas de convivencia y justicia para que Israel no fuera un pueblo anárquico sino mínimamente civilizado, es más, un pueblo sabio y prudente, un pueblo santo en definitiva.
“Ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen”. Si bien el Señor no los desautoriza delante del pueblo, pone al descubierto su incoherencia y su doble moral, una que aplicaban para los demás pero no para sí mismos. Ante esto, como con muchas otras cosas a lo largo de su ministerio, el Señor no será cómplice silencioso. “Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo” ¿Qué carga? Los 10 Mandamientos de la Ley de Dios y los 603 preceptos de cumplimiento estricto, éstos últimos completo legalismo humano; entonces se ponía a la misma altura y con la misma exigencia, el honrar al padre y a la madre o el no mentirás ni levantarás falso testimonio, con el lavarse las manos o la vajilla, los kilómetros que era permitido caminar en sábado o la ley del sábado en sentido absoluto, durante el cual no se podía ni siquiera curar a un enfermo. Esto generaba un proceso de frustración tan profundo, que obligaba a las personas a consultar permanentemente a los escribas y fariseos, produciendo así una dependencia del pueblo y un gran dominio por parte de ellos, cosa que ejercían con el mayor descaro y para su propio beneficio y por supuesto rentado, porque de algo tenían que vivir, a más oprimido mayor la ganancia fácil. Esto explica la autoridad que Jesús tenía al enseñar y la envidia que producía, porque el pueblo se iba con él y además Jesús enseñaba a todos y gratis. “Todo lo hacen para que los vean” Una necesidad morbosa de prestigio, de superioridad, de figuración y de influencia, ellos se tenían que destacar dentro de la sociedad y no podían pasar inadvertidos, sencillamente estableciendo lo que corresponde, no como custodios de los usos y costumbres, sino que lo hacían siempre a favor de ellos.
“Agrandan las filacterias y alargas los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar "mi maestro" por la gente”. La vanidad es uno de los pecados capitales y éstos vivían en este pecado de modo permanente, asociado al orgullo, la soberbia y la ira que les despertaba la libertad del Jesús profeta, su enseñanza liberadora, su coherencia de vida y la simpatía del pueblo, así fueron preparando el camino que terminará en el juicio de Jesús y su condena a muerte; al no soportar el mensaje lo mejor es matar al mensajero.
Serán los autores intelectuales de la muerte del Señor y usarán su influencia de autoridad a autoridad, acusándolo ante Pilato de querer levantar al pueblo. Pilato que conocía de guerras y de ejércitos, sabía muy bien que no tenían con qué, ni Jesús ni todo el pueblo judío juntos, y menos un loquito con aspecto tan deplorable como lo era Jesús para el gobernador, podía nada contra el imperio. Pilato fue testigo, y sabía que lo habían entregado por envidia, otro pecado capital. Pobres escribas y fariseos!, no se privaron de ninguno.
“En cuanto a ustedes, no se hagan llamar "maestro", porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos” Jesús nos revela aquí que el maestro en su cultura es el padre de familia, que es el que da la ley dentro del hogar “lo dijo papá y asunto terminado” y los chicos obedecían. Jesús mismo se pondrá en esa postura de aprender del Padre: ”mi palabra no es mía sino de Aquel que me envió”
"A nadie en el mundo llamen "padre", porque no tienen sino uno, el Padre celestial” Está dándonos a conocer el verdadero origen de toda paternidad, y enseñándonos como la biológica y afectiva, no son verdaderamente más que un servicio, que se presta al Padre por excelencia, quien por medio de Su Palabra enseña a todos sus hijos, los que beben de una misma fuente de amor y sabiduría aquello que los hace hermanos.
“No se dejen llamar tampoco "doctores", porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías” Hay una nueva doctrina que viene de lo alto, que sólo el Mesías posee y puede dar con autoridad y es esa la que se debe escuchar para tener fe y para que creyendo, se alcance la vida, que es el cometido final de todo lo que Dios quiere darnos en su Hijo, porque Dios estaba en guerra con la muerte y todas sus formas, una de ellas y de las peores, la ignorancia; entonces no extraña que el primer mandato del Resucitado a sus discípulos fuera: “vayan por todo el mundo, hagan discípulos y enséñenles a guardar todo lo que les he enseñado” La dimensión profética del ministerio de Jesús se prolongará hasta que El vuelva en gloria a su Iglesia, que es el pueblo de los bautizados. Así todo bautizado está llamado y obligado a trasmitir la buena noticia de Jesús y enseñar lo que él enseñó. “Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” Como una resumen de todo lo que venía enseñando, el discípulo a quién él instruye es el que como Jesús, se humilla para ser elevado; y lo opuesto es el que se exalta y terminará humillado.
Siempre combaten en nuestro interior el Adán que se exalta y quiere ser como Dios y el Cristo, que siendo de verdad Dios se humilla hasta aceptar la muerte y muerte de cruz, para ser exaltado por el Padre que lo resucita y glorifica.
¿Qué camino vamos a seguir?... “Señor danos humildad, modestia y sencillez, espíritu de pobres para sabernos dependientes de Ti en todas las cosas de nuestra vida, danos un verdadero espíritu religioso y auténtico, necesitamos serte fieles porque sólo Tú nos dices la verdad y nos permites caminar en ella” Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Creo en Dios… +Manolo Subir al índice


DOMINGO 30° DEL TIEMPO ORDINARIO Mis amados hermanos: Nos toca hoy reflexionar acerca de un tema central en la espiritualidad cristiana, y decimos cristiana porque Jesús la convierte en algo nuevo y sorprendente.
“Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar” Era como si dijeran: aquí vamos nosotros, ustedes no saben hacer las cosas, pero ya van a ver como nosotros lo pescamos en una de sus afirmaciones, lo hacemos caer, y así tendremos de qué acusarlo ante el gobernador, nosotros sí que sabemos de esto; pero lo único que realmente pasa, es que Jesús los pone en ridículo sin que se le mueva un pelo, con la habilidad del sabio, del que sí conoce como se debe proceder en la vida. Sin trampas y con transparencia, cosa que les faltaba a algunos de los escribas y fariseos, como casi siempre, los más poderosos e influyentes.
“Y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro”, ¿Maestro? Pero si tenían un desprecio monumental por Jesús, es hasta una burla que precisamente ellos “los maestros de Israel” lo llamaran así, es que eran profesionales de la hipocresía y de la incoherencia, por no mencionar aquí la lista de defectos que Jesús les decía en la cara y sin pelos en la lengua.
Bueno vamos al centro de la discusión: “¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?" ¿En que quedamos no es un doctor de la Ley? ¿A qué viene la pregunta? O no era realmente doctor, o su título no era auténtico, como decimos nosotros era falso o trucho. Otra vez aparece la trampa como el domingo pasado, y de nuevo Jesús va más allá de lo que le preguntan, y enseña mucho más de lo que sus oyentes pensaban o conocían. “Le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu” Esto era requete sabido por todos los israelitas desde niños, lo escribían en el dintel de las casas del lado de afuera y del lado de adentro, para recordarlo al salir tanto como al volver. Lo escribían en los bordes de los mantos y algunos en un papiro o en un pergamino de cuero que se ponían atado en la frente.
Jesús lo había aprendido de labios de la Virgen y de San José que lo recitaban al amanecer y al atardecer, como toda la comunidad israelí. “Este es el más grande y el primer mandamiento”. ¿Por qué es el más grande y primer mandamiento? Porque surge como respuesta a partir de la toma de conciencia de todo lo que Dios hizo con el pueblo esclavizado en Egipto, su gesta libertadora, por mediación de su siervo Moisés. Porque es la respuesta de un pueblo que conoció a Yahvé en el camino por el desierto, donde experimentó sus cuidados amorosos. Porque todos y cada uno personalmente, se sintió amado. Porque es la respuesta a un Dios, que del destierro los llevó “a una tierra que mana leche y miel” y se las dejó por herencia; les dio una tierra, un culto, una ley, unas fiestas y por fin, una identidad entre todas las naciones de la tierra, con una conciencia que les surgía desde la médula de los huesos, ¿cómo no amarlo primero y sobre todas las cosas?
Es el más grande y primer mandamiento porque se lo vive con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu. Con el corazón, la afectividad y el sentimiento. Con el alma, la inteligencia que comprende, y porque comprende, mueve la voluntad; es decir con todas las potencias del alma. Con todo el espíritu, con eso que distingue al hombre bíblico y a todo creyente, con esa chispa divina que cada uno de nosotros tiene y que lo abre a lo más alto, a Dios mismo de un modo personal, hasta la unión mística con él, es decir con toda la persona en sus diferentes dimensiones.
“El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Aquí viene el plus y la originalidad de la enseñanza de Jesús verdadero e indiscutible maestro. Primero: para hacer consciente a su interlocutor que viene con malas intenciones, tantas que en un momento llegarán hasta el homicidio, y si el amor es como a uno mismo, no cabe en él ni la intención, ni el deseo, ni la acción mala, en contra de otro. Segundo: es como a uno mismo, con los cuidados que tiene uno por sí mismo, por el aprecio que se tiene por la propia vida y dignidad de persona e imagen viva de Dios.
Este mandamiento no es con todo el corazón… eso se reserva sólo para Dios, pero no quiere decir que se separen el uno del otro, sólo se distinguen, pero van unidos y se complementan ya que “Nadie puede decir que ama a Dios a quien no ve si desprecia a su hermano a quien ve” leemos en la 1° Carta de san Juan. Por eso nadie tiene derecho a vivir el amor a Dios: la oración, la liturgia, la conversión personal y el propio camino, sin tener en cuenta a quien tiene al lado que son todos. Para Jesús ya no hay unos y otros. Esta es la absoluta novedad de la ley de Cristo, que muestra que la cuestión no pasa por averiguar quienes y cuantos son mis prójimos, sino que éstos son todos los hombres, todas las personas a las que hay que cuidarse de no perjudicar y si por alguna razón se las dañara surje el deber de reparar el daño causado.
San Pablo que se había criado en este ámbito de la primacía absoluta de Dios, en las discusiones intelectuales sobre quienes eran los prójimos, estaba convencido que sólo eran los de su raza y religión, pero después de su conversión y del cambio de visión y del alma, en el camino de Damasco, escribirá años más tarde: “el que ama a su prójimo cumple la ley entera, porque esto es lo que vino a enseñarnos el Señor Jesús”.
Las ideologías de la anti fe, anti Dios, anti vida, anti libertad religiosa, anti amor en definitiva, lo único que ofrecen es ir contra el bien y la realización del hombre, desnaturalizarlo de su origen primero y absoluto, que está en el amor de Dios. Es una cuestión personal y existencial la de este amor en dos dimensiones, vertical o de arriba y horizontal o de abajo. Como Jesús, en quien lo divino se une con lo humano y lo humano con lo divino, ambas dimensiones sólo se distinguen, pero jamás se separan. Así también son inseparables un amor y otro. Por esta razón un creyente verdadero, se muestra al mundo como un hombre de profunda fe y oración, en relación y pertenencia a Dios, pero también como un hombre de acción que se conmueve y se solidariza con el hombre, sin importar si es conocido o no, si es amigo o no, si es cercano o lejano. Ambas dimensiones son inseparables la una de la otra y como tales han de mostrarse para que sean auténticas.
“Señor haznos fieles a estos mandamientos, asístenos con el poder de tu Espíritu en el amor a Dios y al prójimo, que cada día nos exige conversión, crecimiento y santidad. Tú que lo haces todo posible hazlo en cada uno de tus hijos, para que seamos un pueblo y una familia solidaria y comprometida con la vida, el progreso y la dignidad de todos los hombres. Que todos nos sintamos hermanos porque todos somos tus hijos” Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
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DOMINGO 29° DEL TIEMPO ORDINARIO Mis queridos hermanos: La vida está llena de trampas y hay que estar prevenidos, nos parece que, de un modo especial, cuando viene en tono de adulación o de alabanza dirigida a nosotros, ya que “cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía” Algo se trae o se traen entre manos para perjudicarnos los que nos hablan de esta manera. “Los fariseos se reunieron para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones”. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle:
Ahora viene la “sobada de lomo” y la trampa a ver si “le hacían pisar el palito" Se olvidaron lo que decía el Señor, “sorprenderé a los astutos en su astucia y a los sabios en su sabiduría”
“Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque tú no te fijas en la categoría de nadie”. Es una sentencia que si la recibiéramos nosotros, tal vez nos inflaríamos como sapos, creyéndonosla y pasaríamos por distraídos o ingenuos. Por esto es que decimos que el evangelio es un aviva giles, sonsos, necios, lesos o mensos.
Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?
En qué consistía la trampa? Si Jesús decía que no había que pagar, los herodianos, amigos del Imperio, le caerían encima diciendo: éste enseña que no hay que cumplir con la ley y manda a sus discípulos que no paguen los impuestos. Si en cambio, decía que si había que pagar, el grupo extremista de los Zelotes, lo acusaría de ser aliado del Imperio, y de considerar al emperador como un Dios, cuando éstos querían tener una nación propia y un gobierno teocrático. Por esto lucharon por la liberación de Israel, hasta que el general Tito arrasó la ciudad de Jerusalén, incendió el Templo del cual solo quedó el Muro de los Lamentos, y esclavizó hombres, mujeres y niños. A los que se le enfrentaron, los mató a filo de espada y a los que se escaparon hasta la fortaleza de Mazada, los puso al borde de la muerte sitiándolos. Hasta hoy no se sabe si los mató él o se mataron entre ellos antes de caer esclavos.
“Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: "Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa?” Claro, me dirán, Jesús tenía el don de leer los pensamientos de sus enemigos, pero ¿nosotros? Pues les diré que nosotros lo que haremos es que podemos aprender a hacer una pausa, escuchar con tiempo y así ir conociendo las intenciones con las que nos abordan, porque no tenemos la obligación de contestar todas las preguntas que nos hagan, es bueno aprender a ser más selectivos y cuidadosos. Porque con medios tecnológicos, bocinas, ortivas, alcahuetes y buchones, que con teléfonos celulares, cámaras y filmadoras, en un instante nos pueden hacer aparecer en Internet y en las pantallas de los noticieros y ¿quién nos salva del escrache instantáneo? Mejor ser discretos, modestos y hasta ingenuos, porque “no hay más vivo que el que se hace el tonto, ni más tonto que el que se hace el vivo” Un poco de miedo no viene mal, porque todos sabemos las consecuencias que podrían llegar a tener nuestros dichos y hechos, porque lo vemos y lo escuchamos en otros y de otros; sin jamás pensar que eso también podría pasarnos a nosotros. El peor problema, no está afuera de nosotros, lo peor lo llevamos en nuestro interior, que es donde resuenan las voces que estimulan nuestro ego y vanidad y esa es la verdadera trampa de la que hay que cuidarse.
“Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto. Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: "¿De quién es esta figura y esta inscripción?”
¡Qué sabio para salir de una situación comprometida!. Si nos damos cuenta, Jesús, no responde a los que le preguntan sino que los hace hablar a ellos, son ellos mismos, los interrogadores, quienes terminan contestando la pregunta que le hacían a Jesús. “Le respondieron: "Del César” Jesús les dijo: "Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” Le preguntan una cosa, El la da vuelta y enseña otra y va más allá de lo que le preguntaron. Hay otro a quien se debe dar, Dios. ¿Qué cosa? Adoración y gloria. Gracias y alabanzas. Darle la primacía a la fe, la oración, la propia palabra y la fidelidad a su amor incondicional. ¡Cuántas cosas podemos darle a Dios! tan superiores y más importantes que nuestro dinero. Preguntémonos hoy qué lugar ocupa Dios en la vida y la historia de cada uno. Si estamos atentos a sus inspiraciones, dispuestos a hacer su voluntad con docilidad y alegría; a ordenar nuestra vida conforme a los mandamientos, la letra y el espíritu del Evangelio. Si lo honramos con la belleza de las virtudes que vamos encarnando, si lo consideramos lo único absoluto y justamente por eso, tenemos a todo lo demás como relativo.
Si aceptáramos de corazón que nos hizo para Él, principio y fin de todo, cuánta gloria y adoración le daríamos; y del mismo modo si le ofreciéramos nuestros negocios, nuestra profesión, nuestra familia, nuestros sueños y nuestros fracasos, haciéndolo partícipe de todo lo nuestro, que no lo tendríamos, si de El no lo hubiéramos recibido. En síntesis nuestra gratitud es la actitud propia de la fe, del creyente en Dios Padre, en Cristo, y en el Santo Espíritu,que justamente por serlo, ha de saber vivir la acción de gracias, porque como nos enseñaron nuestras abuelas “es de bien nacido el ser agradecido”.
Y hablando de bien nacidos meditamos un momento en lo que nos dicen como al pasar estas palabras del evangelio: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios” Hoy se celebra en muchas partes el Día de la Madre, y aunque sacándolas de contexto, nos parece que estas palabras son válidas para agradecer la tarea de las madres cristianas y de las madres en general. Dar la vida, el alimento, y mediante la educación, mostrar el camino del Dios de la Vida; esta tarea es propia e intransferible de toda madre. La Virgen fue no sólo la madre biológica del Señor, sino la formadora del corazón humano de su Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre en ella y por ella. Su influencia en el Jesús histórico es muy clara, tanto como también lo es la de San José. Ambos le trasmitieron su cultura, sus costumbres, le mostraron el mundo, le enseñaron lo que significa vivir; esto se nota por el conocimiento tan profundo y delicado que Jesús tenía de la vida. Esta sabiduría humana no se improvisó, sino que fue el efecto de una causa, la acción directa y comprometida de la Virgen. Aunque su estar cerca del Hijo ha sido, por lo que nos dicen los evangelios, silencioso y discreto, ella nos ha hablado por medio de su obra: la vida oculta de su Jesús en Nazaret, tanto como en la vida la pública del Señor, desde el Bautismo en el Jordán hasta el Calvario y el Cenáculo con sus discípulos después de su Resurrección.
Damos gracias hoy por la mamá que cada uno ha tenido o tiene, por su amor, por sus cuidados, sus enseñanzas y por todo lo que Dios ha querido darnos a través de ellas.
Muy feliz día a cada una de las madres en este día y Dios las bendiga por su amor y su misión!
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DOMINGO 28° DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO
Evangelio según San Mateo 22, 1 - 14
Queridos hermanos: El Reino de los Cielos nos sigue sorprendiendo con su mensaje de vida, luz y verdad, que tanta falta nos hacen siempre. Hoy se nos presenta desde la imagen de una invitación a un casamiento al cual podemos o no sentirnos invitados, podemos aceptar o rechazar, decir si y participar del él, o seguir en nuestras cosas y despreciar esa invitación, que no es otra cosa que el llamado a la fe.
«El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo: "Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas"
Llama nuestra atención la insistencia del rey en que vengan a participar en las bodas de su hijo, los mensajeros que van creciendo en número y se encuentran primero con la indiferencia y luego con la violencia y el mal trato por parte de los llamados. "Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
De forma velada pero que sus oyentes comprendían muy bien, Jesús estaba haciendo referencia al tiempo de los profetas y a las consecuencias que las decisiones de las autoridades de Israel atraerían sobre si mismos y que causarían tanto sufrimiento al pueblo.
Fueron cambiando los imperios, los reyes y los ejércitos y el pueblo judío corrió la misma suerte, porque como le dijo el profeta Natán al rey David: “a causa de tu pecado la espada nunca se apartará de tu casa” quiere decir que siempre vivirás en guerra con tus vecinos y hoy en día Israel tiene rodeada la manzana por quienes piensan que no tendrían que existir como nación. Luego dijo a sus servidores: "El banquete nupcial está preparado." Si no asistieron los primeros convidados a las bodas otros dirán que si, ocupando el lugar que aquellos dejaron vacío. En mayor número y de toda condición, resumida en la expresión buenos y malos, pero todos receptivos y abiertos a la invitación. Son todos los pueblos y culturas, desde oriente a occidente, que escuchando la buena noticia de Jesucristo entrarán a participar de esas bodas de Jesús con la humanidad, que el Padre preparó durante siglos, y a las que nos invita para celebrar y compartir su gozo.
"Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. "Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?". Siempre ha sido un tanto enigmático este callado personaje que aparece en escena. Nos preguntamos ¿iríamos nosotros a una fiesta de bodas con el overol, con la ropa de trabajo, mal vestidos o desarreglados? Por pobres que seamos siempre tenemos en el armario una ropita un poco mejor para usarla en ocasiones especiales, por ejemplo en las celebraciones de la escuela de los chicos; todos nos vestimos de fiesta para no desentonar con el resto ni pasar vergüenza, porque es parte de nuestra cultura hacer y estar en la fiesta, alegrarnos y bailar y cantar porque es un momento, que talvez, no se repita en mucho tiempo, aunque hay quienes viven de fiesta, tomando champagne cínicamente en los balcones de un edifico frente al reclamo de los que lo han perdido todo.
“El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos" ¿Qué hacer y cómo estar para ser elegidos? La primacía es la de la fe, que limpia, regenera y renueva al hombre y todas sus cosas, sin importar tiempo, época de su vida, edad, condición cultural o social, nada de todo esto cuenta mientras acepte la invitación insistente del Rey y se revista de fe sincera, piedad y compasión y si lo hace así, no será excluido ni arrojado afuera de la fiesta, no sólo será llamado sino elegido.
Otro aspecto del vestido de bodas es la esperanza que vuelve activo y creativo al que vive pensando cómo hacer para mejorar las cosas. Y en todo y sobre todo, el amor: "El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás" Todo esto es la vestimenta, lo que escuchábamos hace unos domingos atrás, revestirnos de Cristo y de sus sentimientos, esto es no sólo ser elegido sino vivir como elegido. “Si no sabes si eres elegido, vive como tal y serás elegido” nos enseña San Agustín, que con su historia y su pasado de joven descarriado, vivió en sí mismo este consejo que nos da acerca de la importancia de escuchar la Palabra de Dios para Su Nuevo Pueblo, es decir nosotros: “Para que oyendo crea, creyendo espere y esperando ame”, es la síntesis de todo lo que Jesús nos vino a enseñar. Para esto dio su vida en sacrificio y resucitó, para que tuviéramos esa fe y ese amor que caracterizan al cristiano.
Sólo hay que lanzarse a vivir con el alma llena de esperanza, virtud más que necesaria en estos tiempos que corren, de tanta confusión, rechazo e indiferencia a todo mensaje cristiano, y que a muchos los tiene muy desorientados, cuando no desesperados.
“Gracias Señor por fijarte en cada uno de nosotros, por llamarnos a participar de las bodas de tu Hijo con nosotros la Iglesia, te pedimos que siempre tengamos esa fe necesaria, esa esperanza activa y esa caridad ardiente, para vivir a diario en la fiesta de la vida que nos has regalado y en la que estamos desde que nos invitaste y te dijimos que sí” Amén.
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DOMINGO XXVII DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Evangelio de San Mateo 21, 33 - 43
Mis queridos hermanos: Bendito sea Dios que en su gran misericordia nos ha reunido hoy en torno a su mesa como un padre y una madre con sus hijos, alimentémonos con su Palabra y con el Cuerpo y la Sangre de su Hijo Único, que murió, resucitó y vive hoy donde dos o más nos reunimos en su Nombre.
1. Hoy se nos llama la atención acerca de lo que el Señor ha hecho con cada uno de nosotros y lo que ha encontrado en nuestros corazones: “El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente y ellos, en cambio, cometieron iniquidades; él esperaba justicia y sólo se oyen reclamaciones”
Nosotros podemos darnos el raro lujo de volvernos estériles, de no dar fruto a pesar de ser la obra más maravillosa de Dios puesta y presente en el mundo. Ese dueño y esa viña somos Yahvé y nosotros. El ha querido hacer de nosotros un vino generoso y sabroso, pero le hemos producido vinagre. Teniéndolo todo para dar buenos frutos hemos frustrado nuestra parte en esta historia, al menos por un tiempo, donde perdimos el rumbo, caminamos en sentido inverso a la luz y la vida, nos llenamos de sombras, y en vez de multiplicar la vida nos volvimos agentes de muerte, matando la voz de los mensajeros de Dios que hablaban a nuestra conciencia, y la hemos silenciado por conveniencia, por ceguera, o por seguir nuestras ambiciones desmedidas; para al final quedarnos con nada. Se esperaba justicia de nosotros y en cambio el Señor encontró todo lo contrario ¡Qué pena! Todo podía haber sido distinto pero elegimos mal.
Aún estamos a tiempo, podemos cambiar, comenzar de nuevo y aún mejor, porque Dios lo permitió para que hagamos experiencia y aprendamos de nuestros errores como todo converso, y así nos convenzamos de que hay otra forma de vida que es posible, que tenemos las puertas abiertas y que sólo tenemos que poner la mano en el picaporte y pasar por esa puerta.
2. ¡Qué maestro el Señor Jesús para hacer pisar el palito! Cuando vuelve el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?». Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo».
Hay aquí una referencia muy directa a los dirigentes del pueblo de Israel en esos momentos, pero, ¿sólo a los dirigentes del pueblo de Israel?... No creemos que hayan sido ellos los primeros usurpadores, ni tampoco los primeros en abusar de su poder para quedarse con lo que no les pertenecía, no eran los primeros ni tampoco serían los últimos que gozaban de un poder que se traducía y se traduce con una sola palabra “impunidad”, es decir estar por encima de la ley.
“Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: "Respetarán a mi hijo". Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia" Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron”.
Impunidad que es rapiña y sin que importe la vida de los pueblos, quedarse a sangre y fuego, ayer una viña hoy los recursos naturales, de los cuales nunca han sido dueños pero como tienen la fuerza de las armas, la prensa adicta y el poder económico para financiar las campañas para hacerlo, lo hacen incluso por medio de la violencia y con la traición de los llamados sus “aliados”; éstos van a recibir como recompensa las migajas de los avaros, con su insaciable apetito de más y más lucro sin importar cómo, si es que, hoy, hay un cómo que sea justo y equitativo.
Nuestros hijos, nietos y bisnietos quizás verán con sus propios ojos impotentes o cómplices, según del lado que estén, cómo los poderosos del momento, con los mismos métodos, vengan por nuestra tierra, el subsuelo, nuestro mar y nuestra agua. Ya estamos viendo el método que usan y lo decimos despojados de cualquier lectura ideológica, e invocando con el Papa la paz, el diálogo y un camino que no sea la guerra sino el intercambio, la negociación y la ayuda mutua. Sólo señalamos un hecho brutal e indiscutible.
El Catecismo de la Iglesia Católica ya denuncia y condena los abusos de poder y los pecados contra la ecología. A los agentes de la muerte no les importamos, seremos víctimas previsibles, bajas aceptables o daños colaterales. No importa ni importará que sus víctimas sean civiles, hombres, ancianos, mujeres y niños indefensos. La impunidad a la hora de actuar para el saqueo, con los años se ha agudizado descaradamente y multiplicado, afectándonos directa o indirectamente, pero afectándonos sin lugar a dudas; ya lo sentimos en el aire y la contaminación ambiental, nuestro mundo está siendo depredado por el peor de todos, el hombre, con la propaganda, las mentiras y su economía deshumanizada, salvaje e irracional.
Midas era un rey ambicioso que quería que todo lo que tocara se convirtiera en oro, y como todo lo que tocó lo convirtió en oro ¿saben como murió? de hambre. Va a llegar al día, si las cosas siguen como están, en que no vamos a tener un planeta donde vivir, ni un cubo de agua limpia para tomar, ni un metro cúbico de aire limpio. La codicia y la avaricia, pecados capitales, mandan en nuestro mundo y creemos que la fe y la potencia del Espíritu es la única barrera contra ellos “no tengan miedo, Yo he vencido al mundo”
3. Jesús agregó: « ¿No han leído nunca en las Escrituras: "La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos"? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos».
La piedra angular que es Él, se nos manifiesta en la fe, la esperanza y la caridad, la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza de sus hermanos, es decir nosotros. Quienes edifican sobre este fundamento sólido reciben el Reino, construyen sobre él, cultivan la vida y tienen sus frutos, dan vida en lugar de muerte. Por esta elección de vida entran en abierta contradicción con el mundo y su espíritu, y por eso podrán morir mártires, pero nunca morirá su espíritu, su ideal, sus búsquedas o sus sueños de una vida más humana y abundante, como el Señor prometió a quienes lo siguieran.
Lo que ellos hayan iniciado a favor de la vida lo continuarán otros, porque la fuerza interior del Reino es invencible y perdura más allá del espacio y del tiempo. Las guerras y los saqueos han existido siempre y la impunidad también, pero ahora sabemos por medio del Evangelio, que en el juicio de Dios no habrá impunes, Él hará justicia para sanar la injusticia de este mundo, ante el tribunal de Dios no existen los impunes y los que las hayan hecho las pagarán. Nuestro Dios no es cómplice silencioso ni tampoco sobornable, sólo espera que llegue el momento de impartir justicia con aquellos que han saqueado, robado y matado a sus hijos, sólo es cuestión de tiempo.
Todos los pecados son perdonables pero los que han atentado contra la vida de sus hermanos son los de más difícil arrepentimiento, por el oscurecimiento de la conciencia moral. El perdón divino, en lo mínimo y en lo máximo, exige como condición el arrepentimiento previo y la voluntad de reparar el daño cometido. ¿Pedirán perdón alguna vez por todos los males que han cometido? ...Dios tenga piedad porque el daño es irreparable
4. Por último terminemos orando por todos nosotros con San Pablo: “Señor haz que no nos inquietemos por nada. Te presentamos en toda ocasión nuestros pedidos, oraciones y peticiones con el alma llena de gratitud. Y te pedimos que nos des tu paz que sobrepasa toda inteligencia y que custodies nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús. Que aceptes junto a Ti las almas de los que han muerto víctimas de toda forma de violencia y de la guerra, que en Ti reencuentren la vida que les fue arrebatada y te glorifiquen junto a tus Ángeles y Santos, por Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amen.
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DOMINGO XXVI DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Mis amados hermanos en el Espíritu del Señor: Tres frases nos han dejado pensando desde el momento que las leímos preparando esta reflexión y queremos compartir con ustedes nuestra esperanza.
1. “Si recapacita y se aparta de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá” ¿Cómo? ¿Es posible cambiar? ¿Es posible recapacitar y arrepentirse? ¿Se puede cambiar de camino? ¿Se puede volver a Dios y creer? Pensábamos que estábamos condenados y sin remedio. Que nos habían momificado y dejado en un momento determinado de nuestras vidas, y detenidos en el tiempo. Con un hoy de condena por nuestro pasado y sin un futuro diferente, conviviendo a diario con los estigmas de nuestros errores, y sin redención ni oportunidad de cambio. Mirados por todos y señalados, con la mirada de reprobación, de desconfianza y con el “ya van a ver que no quiere cambiar”. Será que Dios se burla de nosotros y los profetas hablaron por hablar y su palabra no era palabra de Dios y entonces es vana nuestra fe. Todo irremediablemente va a seguir igual y estamos condenados de ante mano a repetir indefinidamente nuestros errores. ¿Será cierto esto? No, no es cierto, ya que desde el primer llamado de los profetas hasta nosotros, la conversión y el cambio son reales y se puede gozar de los frutos de ese cambio, tanto en lo personal y familiar como también en lo comunitario, “porque de los arrepentidos se vale Dios”.
2. “Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús. Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina”. ¡Que desafío nos propone el Señor por medio de San Pablo! Tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús, su humildad, su no hacer alarde de su categoría de Dios, pasar como uno de tantos, humillados hasta la muerte para ser exaltados como Él. Hacerse nada, abajarse del orgullo y de la arrogancia natural para sanar el corazón y el espíritu de semejantes enfermedades. Revestirse de Cristo es revestirse de modestia, humildad y sencillez. Llenarse de paz, de bondad, de dulzura, de fortaleza interior, de valentía, de servicialidad y compasión. Volverse cercano, atento y comprometido con el destino del otro, con su dignidad y sus necesidades de vida abundante. Hacerse signo y testimonio de que la vida tiene sentido y valor más allá de lo mucho o poco que se tenga. Revestirse del Señor es encontrar como Él una razón para vivir y otra para dar la vida. Hacerse semilla y pan para el hambriento de toda forma de vida y dar con generosidad. Es volverse lúcido frente a las pruebas de la vida, buscando salidas creativas, diciendo como San Alberto Hurtado Cruchaga, “si Jesús estuviera aquí ahora ¿Qué haría?” El no está porque estamos nosotros y porque estamos nosotros, Él está, y a través nuestro hace en el especio y el tiempo, en nuestros espacios y en nuestro tiempo. Presencia, presencia, presencia…
3. Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios” ¡Jeeesúss! No nos escandalices con lo que dices hoy, ¿Cómo que los publicanos y las prostitutas van delante de nosotros? Sí, pero no por ser publicanos y prostitutas, sino por haber creído en la Buena Noticia, que es creer en Jesús y sumarse al Reino de los Cielos, no por ser pecadores ni los más pecadores, sino por su apertura a la fe, su receptividad y acogida de la palabra de Dios es que van delante de los escribas y sacerdotes. Por su conciencia de que delante de Dios solo se puede agachar la cabeza y dejarse amar y salvar por el Señor, que se goza en ser aceptado en su amor misericordiosos. ¿Bajarían la cabeza los sumos sacerdotes y los escribas? ¿Nos los imaginamos humillados y arrepentidos? ¿Tendrían conciencia de sus pecados? ¿Se darían cuanta de su grado de corrupción? ¿Se sentirían en deuda con Dios o serían más bien sus acreedores? ¿Necesitarían de Dios o con su religiosidad hipócrita les alcanzaba? Cuantas preguntas y qué testimonio el de los publicanos y prostitutas que se convierten, creen y siguen a Jesús, que están con Él, que lo escuchan con agrado y con la alegría de que, en Él, Dios se había acordado de ellos, que ellos eran tenidos en cuenta y nos solo eso, sino adoptados como hijos, esto es el cambio, esta es la vida nueva en el Espíritu Santo. Es en los corazones de los pecadores arrepentidos donde brota ese Manantial que salta hasta la Vida Eterna, en ellos están las Aguas Vivas del Espíritu que brota y desborda para dar vida a otros después de habernos dado vida a nosotros que solo nos hemos escuchados y dado cuenta antes que otros y que estamos para los otros que aún no saben ni han experimentado el llamado del Señor y el cambio de vida.
El cambio de mentalidad no sólo es posible sino real y necesario, la apertura al Evangelio y al Reino son indispensables para salvar la vida, creer es lo único necesario y suficiente para alcanzar el amor y la misericordia de Dios. Es desde esa gracia fundamental que parte todo y donde se da todo y se alcanza todo lo que Dios nos prometió y nos alcanzó por la humillación y la exaltación de mismo y único Hijo.
“Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”
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DOMINGO XXV DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Queridos hermanos y hermanas en el Señor Jesús y la Virgen nuestra madre del Cielo: Hermosa parábola nos presenta el evangelio de hoy para nuestra meditación y para celebrar nuestra fiesta de cada Domingo alrededor de esta maravillosa mesa de la Palabra y la Eucaristía. Con la paz y el gozo de estar en la presencia de Jesús y acompañados de nuestros hermanos.
Jesús dijo a sus discípulos: "Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros” Hay como un juego da palabras pero que tiene su por qué, sobre todo en los oyentes y lectores de Mateo, que eran a la vez de los primeros, con el orgullo de ser descendientes de Abraham y herederos de los promesas, es decir judíos; y de los últimos, es decir cristianos, los redimidos por la Sangre de Cristo, los resucitados, los que poseen la Vida en el Espíritu y que ya caminaban en la verdad plena, que habían visto con sus ojos el cumplimiento de las Promesas y eran testigos de la fidelidad de Dios. Los que tenían la misión de manifestar la vida nueva y contener al mundo dentro de la Iglesia a la que ellos daban vida en el espacio y el tiempo.
Pero estas palabras de Jesús son también una advertencia, como diciéndoles: ya saben lo que pasó así que a no creérsela y cuidado que por ser ahora los primeros no vayan a caer en el último lugar por dejarse estar en los títulos y perder de vista lo esencial que es compartir ese Cristo Vivo, anunciándolo con apertura a todo hombre y a toda cultura, cayendo entonces en el mismo error de los primeros, que decían que con ser hijos de Abraham ya estaba cuando en realidad allí era el principio del camino, la meta estaba lejana y había mucho que hacer tanto los de la primera hora como los del anochecer“porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña”
Perdonen si los canso con el tema cultural de Jesús, pero es que sino resulta difícil entender lo que El dice y lo que sus oyentes entienden: Un denario era una moneda de plata, la más corriente entre los judíos de entonces. Lo que les chocaría a los oyentes de Jesús fue lo tacaño del dueño de la viña, que si necesitaba tantos obreros y tanto lugar para dar trabajo debía ser un propietario muy rico, pero que pagaba menos que una miseria, ya que en aquel tiempo por semana se ganaba 100 denarios y arregló con ellos en un denario por día. Y así hizo con todos los que encontró durante las distintas horas del día y todos aceptaron el convenio de trabajo. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: "Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: "¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada? Ellos les respondieron: "Nadie nos ha contratado!" Entonces les dijo: "Vayan también ustedes a mi viña”.
Un criterio de interpretación de un texto es contar la cantidad de veces que aparece en él la misma expresión. Desde la primera hora hasta la última el mandato fue exactamente igual: vayan ustedes… “Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: "Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
Parece injusto ¿no? Un día entero por un lado y una hora por el otro, y un mismo pago tanto por una única hora como por todo un día. Reino de los hombres y Reino de Dios ¡qué diferentes que son! Es que hablan de cosas distintas aunque usen las mismas palabras, lo que no es igual es el sentido de las palabras.
Esto es lo que nos va quedando por ver.“Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario”. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: "Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada”
Típica protesta de los que no entendemos nada, de los que creemos tener más derechos que los otros, de los que borramos con el codo lo que firmamos con la mano, que aceptamos las condiciones y después protestamos contra nuestro contrato. La queja de los primeros es la queja eterna contra el Señor de la Vida, que es el Señor, y puede hacer lo que quiera, porque para eso es el Señor, y por lo tanto es con quien hay que estar de acuerdo y aceptando libremente su manera de hacer las cosas sin imponerle las nuestras, de lo contrario sufrimos inútilmente y vivimos en la contradicción permanente.
Volviendo al denario del principio, es claro que el mensaje no es la paga, porque por esa paga al menos nosotros no habríamos trabajado, aunque en nuestro mundo millones viven o mueren de hambre porque apenas subsisten con dos pesos por día, niños, mujeres, hombres, explotados por el salvaje e inhumano y que no tienen más elección que vivir así hasta morir como algo natural y universalmente aceptado y resignados a que así ha sido siempre y así debe seguir siendo, ¿así ha sido y debe ser siempre?... La verdadera recompensa es trabajar en la viña del Señor, válido tanto para el de la primera hora como para el que entra al caer la tarde. El Reino no es el mundo, los criterios del Reino no son los del mundo, la generosidad del Reino contrasta con la mezquindad del mundo.
El propietario respondió a uno de ellos: "Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a éste que llega último lo mismo que a ti. ¿O no tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno? ¿Quiénes podían creer que el Señor era malo? Sólo aquellos que se sentían dueños de Dios y de decirle a él, cómo es la justicia y que la única válida era la que a ellos les parecía la única posible, que si estaban ellos no había lugar para otros y mucho menos para nuevas razas, pueblos y culturas. Entender el corazón de Dios es dar gracias por estar en su viña desde la primera hora, tanto como en la última y alegrarse de que no se canse de llamar a todos los hombres y pueblos a su viña.
A pesar de lo cerrados que pudieron ser los primeros, nunca dejaron de estar llamados a formar parte de la Viña del Señor. Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.
¿En qué lugar nos pondremos nosotros? Creo que la respuesta es tanto entre los últimos como entre los primeros, no importa la hora, lo que importa es estar trabajando en la Viña del Señor, compartiendo el trabajo con los que entren a cualquier hora y celebrando el gozo de que el Señor sea escuchado y su invitación aceptada. Creo en Dios… +Manolo Subir al índice


DOMINGO XXIV DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO.
Evangelio según San Mateo 28, 21 - 35
Queridos hermanos en el Amor misericordioso de Dios y la Paz: concluyendo nuestra reflexión acerca del capítulo 18 de San Mateo que venimos escuchando, se nos presentan hoy la sentencia de Jesús y el famoso 70 veces 7 y la parábola del servidor sin entrañas.
“Entonces se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces? Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete."
Es interesante que haya sido Pedro el que pregunta, ya que Simón podía pensar que 7 veces al día era una buena medida para un judío piadoso y justo, pero para Pedro el perdón es siempre, porque él ata y desata en el cielo y en la tierra no por ser Simón Pedro, sino como el Sumo Sacerdote del Nuevo Pueblo de Dios. Pedro perdonará en el Nombre del Señor, que no conoce de límites a la hora de perdonar al que se arrepiente y necesita cambiar de vida, y para quien el perdón es el empujón fundamental para ese cambio que busca. Lo que no puede perdonar un sacerdote o un obispo porque la absolución de la falta lo supera, si lo puede perdonar el Papa, si bien son pocas, la Santa Sede se reserva esa potestad última de las llaves, que cada Papa recibe desde el momento de su elección como tal.
“Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores” El Reino de los Cielos no es como el reino de los hombres, en éste lo que reina es la venganza y no la indulgencia, ni mucho menos la compasión o la misericordia. La avaricia, la codicia y la ambición sin medida, su hijo más dilecto es el llamado “capitalismo salvaje” al que sólo le importa satisfacer su apetito de más y más, sin importar cómo. En la parábola es el servidor sin entrañas, pero a diferencia de la parábola en la que el Señor lo detiene y lo manda preso, en el reino de los hombres ¿Quién detiene al salvaje? Y el problema no son las monedas sino las actitudes del Señor compasivo y las del servidor sin entrañas, que pide para sí una indulgencia que él no va a tener con su compañero.
"Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
Vamos a meternos en los usos y costumbres de los oyentes de Jesús, en sus pesos y medidas que todos conocían muy bien. Las proporciones son éstas: 10.000 talentos contra 100 denarios. En tiempos de Jesús era muy raro que alguien tuviera, en toda su vida, como bien personal un talento, es más, el que tenía solamente uno, ya podía vivir de rentas toda su vida, así que el que tenía 10.000 era inmensamente rico ¿saben cuánto es a valores actuales? 100.000.000 de dólares o de euros, da igual de tan grande que es la cantidad. En cambio 100 denarios era el pago por una semana de trabajo de un obrero rural. Los oyentes de Jesús sabían muy bien que semejante deuda personal, la de 10.000 talentos, era imposible de pagar. Por eso qué mal suena lo dicho por este deudor “dame un plazo y te lo pagaré todo” ¡Qué caradura! ¡Cuánta falta de vergüenza! Porque él sabe que no tiene con qué pagar.
“El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda” Miremos ahora los verbos, se compadeció, lo dejó ir, le perdonó la deuda. Le devolvió la libertad y la vida que de lo contrario habría terminado en la cárcel o la esclavitud ¡Cuánta generosidad! porque la deuda era real e impagable y sin embargo fue inmensamente perdonada. Pero, siempre hay un pero en el reino de los hombres: “Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: "Págame lo que me debes". El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: "Dame un plazo y te pagaré la deuda". Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía”.
Es la misma escena del palacio, entre el señor y su servidor, pero ahora en la fila de los deudores: la súplica no es escuchada, la compasión no es ejercida, no deja ir y no perdona la deuda. A diferencia de este cuadro el final es otro: agresión, impiedad y cárcel por 100 denarios. El contraste es para quedarse con la boca abierta y el corazón comprimido de dolor. Aquí aparece el nombre de la parábola: la del servidor sin entrañas o con el corazón de piedra, que no sabe perdonar una “deuda chica” cuando ha sido perdonado de semejante deuda.
“Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: "¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?"
Los demás servidores se apenan ante semejante injusticia y dureza, van y le cuentan al rey porque sabían muy bien lo que cada uno le debía al otro, nosotros en esa situación habríamos sentido lo mismo y le habríamos hablado al rey para que él pusiera las cosas en su lugar y diera a cada uno según sus obras. Así por miserable y por no compadecerse, se ganó para sí mismo el destino del que se había librado por la compasión del rey.
“E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía." A menos que los días y los años se contaran con mucha generosidad, la sensación es que éste servidor sin entrañas no salía más, “este se pudre en la cárcel” como decimos popularmente.
“Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos»."
Bueno hasta ahora hemos descrito desde la cultura de los oyentes de Jesús. el significado y el mensaje de la parábola, pero ahora nos llegó el turno a nosotros:
1. con cada falta que cometemos por debilidad, ignorancia, maldad, descuido o negligencia ofendemos a Dios y adquirimos una deuda impagable, como la de los 10.000 talentos, que de igual modo y con infinita generosidad nos es perdonada por el Ofendido, que nos da con su perdón las mismas cosas: libertad, vida y la paz de apoyar la cabeza en la almohada y descansar tranquilos. Pero lo difícil de la enseñanza de esta parábola es que nuestra compasión con los que nos han ofendidos tiene que ser semejante a la del rey que perdona, deja ir y le devuelve la vida al servidor
2. Perdonar como Dios perdona. El dilema es si nosotros que pedimos perdón, perdonamos a los que nos han ofendido, como rezamos en el Padrenuestro ¡Qué difícil el perdón! No hay cosa más difícil para nosotros que perdonar, pasar por alto las ofensas de los que nos han ofendido y dañado. Qué difícil es para los familiares de las víctimas del terrorismo, perdonar la brutal sustracción de sus afectos por los atentados del 11 de setiembre de 2001. A lo mejor pensando en su dificultad descubramos que nosotros no tenemos cosas tan grandes que perdonar, y que nuestro orgullo o amor propio heridos, puede que exageren las ofensas recibidas y nos priven de la paz del alma, que es el fruto del perdón tanto de Dios como de aquel que seamos capaces de dar nosotros. Sabiendo lo que cuesta y rogando la gracia a Nuestro Señor, con todo afecto. +Manolo Subir al índice


DOMINGO XXIII DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO
Evangelio según san Mateo 18, 15 - 20
Mis amados hermanos en el Amor de Dios y en la Vida de la Fe: ¡Qué bueno y qué hermoso es encontrarse los hermanos unidos! Esta hermosa expresión del Libro de los Salmos, nosotros la revivimos en comunidad cada domingo en todas partes donde sea proclamada la Palabra de Dios, se celebre el Sacrificio y la Presencia del Señor Resucitado. “Allí donde hay dos o más reunidos en mi Nombre, Yo estoy en medio”. Esta introducción no está puesta al azar sino que quiere resumir el tema de nuestra reflexión, y para esta Eucaristía la fraternidad de la fe.
Al evangelio de hoy, extraído del capítulo 18 de San Mateo se lo llama el Discurso Eclesiástico y su contenido es el de un conjunto de enseñanzas de Jesús sobre la naturaleza o identidad de su Iglesia.
1. Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano” Si leímos y escuchamos bien, se trata de nuestro hermano, el que tiene un mismo Dios y Padre que yo, el que ha merecido las Promesas de la Salvación, la Encarnación del Hijo de Dios, el que ha sido bautizado y se le han perdonado los pecados en virtud de la Sangre de Cristo derramada en la Cruz. Hermano que posee en su interior la presencia del Espíritu y que comulga del mismo Pan de Vida y del mismo Cáliz de Bendición que comulgo yo. Por quien Cristo dio la vida y a quien la Virgen aceptó como hijo al pie de la Cruz. Elegido y llamado a la Vida Eterna lo mismo que vos y que yo. Es decir, con el que me unen más cosas que las que podrían llegar a separarme. Mi hermano, nunca mi adversario y menos mi enemigo ni un extraño, sino alguien que al ser miembro de mi comunidad eclesial forma parte de mi y de mi camino hacia Dios o al Cielo. Estas razones son las que me llevan a sentirlo hermano y por lo tanto querido, apreciado y respetado. Hay aquí una moneda que como cualquiera tiene dos caras. La una: la conciencia de lo que somos y de lo que es el otro. Eso me lleva a comportarme de tal manera que Dios, mi Padre, sea glorificado por mi fe, mi vida y mis obras, lo que me exige que me aparte del pecado y que viva en comunión con Él y con los demás hermanos. Que ame a Dios y ame a su Iglesia. Porque esto es así, si valgo tanto porque costé tanto, mi conversión será el no permitirme lo que contradiga mi identidad de Hijo de Dios y hermano de Jesucristo, que se me presenta como motivación más que como limitación o represión, que me dignifica y me hace cuidarme de no ofender a Dios. La otra: es que siendo el otro frágil como lo soy yo, el Señor me de una capacidad de comprensión y paciencia, como la que desearía que se tuviera conmigo cuando el que yerra soy yo, una misericordia que me salvara si el caído fuera yo, que el compadecido y al que se busca rescatar del mal sea yo y no que de mí “se sacara leña como del árbol caído” cosa demasiado común en esta atmósfera social de carnicería reinante, donde se pica el honor de la personas, su fama y buen nombre como con una máquina de picar carne, donde el que se equivocó es condenado públicamente sin posibilidad de defenderse ¡Qué dolor para Jesús si entre nosotros pasara lo mismo o nos diéramos el mismo tratamiento que el mundo! Lo que nos une es demasiado grande para que se lo pueda pasar por alto, cuidar hasta de los que se equivocan es tarea de nuestra caridad pastoral, que no es otra que la de Jesús el Buen Pastor, que vino a salvar y a conducir a los pecadores a la Vida y no a hundirlos y alejarlos de Sí.
2. “Si no te escucha, buscá una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos". Dentro del plan y el proceso de la corrección fraterna está la posibilidad de la obstinación, la tozudez, la dureza del corazón y hasta el rechazo de nuestra tarea de corregir con caridad al que peca. Dolorosa realidad pero realidad al fin, pero no olvidemos que todos somos del mismo barro y que hoy es el corazón de mi hermano, y mañana puede ser el mío, la vida tiene tantas vueltas e imponderables que es mejor decir: cuidado no vaya a ser que el día menos pensado, yo esté en la misma situación que el otro a quien tenemos que ganar para el Señor y para nosotros, porque es una parte nuestra la que está en el pecado y la que sufre aunque no pueda o tal vez no quiera darse cuenta.“Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano”
Largo y difícil es el camino que nos lleva a ganar al hermano y a no perderlo, quedándonos de brazos cruzados y viendo como se arruina. En el mandato de Jesús está preservarnos de la indiferencia y la complicidad silenciosa viendo la ruina de una persona. Hasta que llegue el momento de su auto exclusión por su corazón obstinado hay mucho por hacer. Es difícil que un corazón permanezca duro ante tanto interés y amor fraterno que busca salvarlo a como de lugar, es muy difícil pensar en una dureza de corazón tal que pueda resistirse a cambiar, porque el amor lo vence todo. Tal vez haya que añadir que con el tiempo el otro puede estar más abierto y receptivo, sólo Dios sabe. Lo que nosotros no podemos ignorar son los pasos de toda corrección fraterna verdadera y seguirlos independientemente del éxito que se pueda tener. Pensemos en la bondad y la paciencia del Señor esperándolo a Judas hasta el beso en Getsemaní y aún después, porque a Jesús no se le agotó el amor en ese momento, muy por el contrario, su corazón desbordaba del amor del Padre que lo impulsaba a llegar al final de su camino; a nosotros no se nos pide tanto, además que no nos da para eso, Jesús es Jesús y nosotros somos nosotros, pero si el Señor pide este tipo de amor fraterno y ese cuidado pastoral, es porque es realizable, de lo contrario no lo pediría.
3. “Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo” Hace dos domingos atrás, veíamos a Jesús dándole a Pedro el Poder de la Llaves, de modo semejante hoy vemos a la Comunidad de hermanos con el mismo poder de atar y desatar, abriéndonos así a la conciencia de que también la Iglesia abre y cierra, ata y desata, que es la Iglesia la que ejerce el ministerio de la Reconciliación y que los Sacerdotes somos sus instrumentos. También cada uno de nosotros si tomamos conciencia de esto, podemos ayudar a otros a recuperar la caridad perdida o la comunión resentida, por nuestros pecados o los pecados del hermano descarriado.
Si hay un tema difícil dentro de la verdad de Jesucristo y la Buena Noticia es el del perdón y la reconciliación, especialmente entre nosotros los hombres tan limitados por la estrechez de pensamiento y sobre todo de corazón, que podemos acumular rencores y resentimientos que en algunas culturas, a veces han durado años y siglos.
4. “También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se los concederá” Es muy bueno y saludable descubrir la dimensión de la oración comunitaria y su eficacia, tanto como de la personal, esa que se nos ha enseñado en el Sermón de la Montaña: “pidan y recibirán, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá” Hoy se nos presenta desdoblada en dos partes, por una la conciencia de que donde dos o más discípulos estamos reunidos en el Nombre del Señor, Él está en medio de nosotros. Y que en virtud de este ponernos de acuerdo en la tierra para pedir algo, seremos escuchados en el Cielo. Esta búsqueda espiritual de vivir la presencia del Señor en medio de nosotros es una de las características de la fe en los últimos años, donde se ha hecho mucho hincapié en la dimensión vivencial de esa presencia de Jesús y donde se manifestaba esto según los evangelios.
El reunirnos en cualquier lugar con espíritu de fe y fraternidad, se ha convertido en una ocasión para celebrar de un modo muy simple y doméstico la cercanía de Jesús, cuando la distancia a un centro de culto es muy grande y de difícil acceso. Recibir conscientemente la visita del Señor por la simple y fecunda conciencia de su estar ahí cuando nos reunimos como hermanos, sostuvo y sostiene la fe de todos los que estamos cerca o lejos, los de arriba o los de abajo, los que tienen todo lo necesario y más, o los que carecen de todo y no tienen más riqueza que su fe como nos lo dice la Carta de Santiago.
Demos gracias al Señor por todo lo que nos ha revelado hoy para nuestra celebración, y roguemos por todos aquellos que no teniendo acceso a las otras presencias fuertes del Señor, al menos tienen ésta de los hermanos reunidos en uno.
Creo en Dios... +Manolo Subir al índice


DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO
Mt. 16, 21 - 27
Mis amados hermanos en el Señor y la Virgen Madre: Como cada domingo la familia de Dios, es decir nosotros, nos reunimos alrededor de las mesas de la Palabra y la Eucaristía, para alimentar la capacidad de escuchar con fe y comulgar con amor y así ser fieles a lo que el Señor nos pide cada día, hoy tenemos que pensar que debemos negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz y seguir a Jesús, hoy nos pide que demos la vida si queremos salvarla y también que miremos hacia el futuro cuando vuelva en gloria para darnos el Reino prometido a sus discípulos y a todos los hombres de buena voluntad que lo hayamos honrado con nuestras obras.
Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Después de aceptar la profesión de fe de los discípulos y dar a Pedro las llaves del Reino de los Cielos, Jesús hoy aparece anunciando a esos mismos discípulos su pasión y su muerte. Y aunque les anuncia que al tercer día resucitará, la mención de su pasión y su muerte les pone los pelos de punta a Pedro y a todos los demás con sus aspiraciones de triunfo y de gloria, que les serían privadas si se cumplía lo que Jesús anunciaba. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá. ¿Cómo traducirlo de manera que lo podamos entender un poco mejor? ¡Ni Dios permita! Cómo que rechazo, cómo que cruz, cómo que muerte, eso no puede estar en los planes de nadie. Cómo se te ocurre que semejante cosa te pudiera pasar?!. Hipócrita!, en realidad lo que Pedro no quiere que pase, es que sus sueños y aspiraciones de poder se esfumen con este anuncio de la Pasión. Si lo que Jesús anunciaba se hacía realidad él y los otros habrían seguido en vano a un fracasado y fracasarían con él, y ese es un lujo que no se pueden dar, ellos lo han dejado todo para seguirlo y lo han arriesgado todo para que termine mal, como Jesús les anuncia, imposible!. Gloria y no cruz, vanidad sí, humillación no, triunfo sí fracaso no, gozo sí, dolor no, vida si muerte no. Qué mesías tan distintos el de Pedro y el de Jesús, cuánta distancia de la realidad y qué dolorosa verdad los espera. Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Apártate de mi tentador entre Yo y la voluntad del Pedro, retírate instrumento de satanás, idiota útil que no sabes a quien sirves ni para quien trabajas cuando haces lo que estás haciendo, cuando dices lo que estás diciendo. Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres?.
Aunque en alguna meditación ya hemos hablado de los dos pensamientos que están siempre en el mundo, los de Dios y los de los hombres que todo el tiempo quieren decirle a Dios como debe hacer las cosas y a quienes debe servir, hoy lo vemos aquí con mucha fuerza y por eso era bueno retomar el tema y volver a ponerlo ante nuestros ojos y corazón.
La lógica de Dios presente en los evangelios es algo que viene junto con nuestra conversión, con nuestro darnos vuelta de la mentalidad del mundo y del maligno y asumir la lógica opuesta a la nuestra, la de la sabiduría de Dios, que choca con la limitadísima lógica arrogante del hombre que no entiende nada y cree saber. ‘Nosotros predicamos a un Cristo y éste crucificado, escándalo para los judíos necedad para los paganos, pero para los llamados, sabiduría, santificación y redención’. De esto se trata hoy, elegir qué lógica queremos seguir, la de Dios y su sabiduría o la de los hombres que siempre es más de lo mismo, interés, ambición y satisfacción de nuestras vanidades, siempre engañosa, en un primer momento dulce pero que termina en amargura ¡Cuánto doloroso ejemplo conocemos de esto! ”Entonces Jesús dijo a sus discípulos: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.“ Estar dispuestos a escuchar el llamado de Jesús significa tomar una cruz que no sólo es dolor y sangre, sino y sobre todo, amor al extremo, hasta dejarlo todo, hasta la vida y sin reclamos, porque esto fue la cruz para el Señor, amor hasta dar lo más sagrado que un hombre tiene y esa entrega llena de sentido, llena de redención y liberación de sí y de los otros. Una entrega que no es vacío sino plenitud, arriesgarlo todo pero para ganarlo todo."Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.“
Si usted no tiene una razón por la cual vivir, hoy el Señor le ofrece una por la cual morir, si usted no le encuentra sentido a su vida, si vive arrutinado e insatisfecho, hoy se le ofrece el camino de una fe que lo va a hacer sentir pleno, porque le abre la puerta a una fuente inagotable de felicidad: el amor de sí y de Dios, hasta la última gota de vida ¿Quiere salvar su vida? pues entréguela ¿Quiere ganar su vida? Piérdala, no tenga miedo que tenemos garantizada la felicidad en esto, siga la lógica de Dios que es lo más inteligente y fecundo. Sino pregúntele a Jesús crucificado y resucitado si es feliz o infeliz, si se siente realizado o fracasado ¿Qué piensa que le va a contestar? ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Es cuestión de elegir el proyecto de Dios que pasa por su corazón y lo que puede dejarlo vacío o pleno de vida ¿Cuál va a ser su elección? Creemos que se cae de madura la respuesta.
“Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras” Si mis discípulos quieren gloria la tendrán y será infinita y eterna, tendrán mi gloria pero a la manera de Dios, a la manera del amor al extremo, el amor sin medida. Este es el sueño de Jesús para todos nosotros, sólo basta con comulgar con su sueño, con su mirada sobre la vida y las elecciones que debemos hacer. Que las podamos asumir libremente, para disfrutar un día de los frutos que trae consigo la recompensa por las obras de Dios que hayamos hecho. Creo…+Manolo Subir al índice


DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Evangelio según san Mateo Mt 16, 13 - 20
Muy queridos hermanos:
Internet y concretamente nuestra página web, nos hacen posible una comunión de corazones cada día más centrada en Cristo y su Palabra, es por eso que podemos imaginarnos compartiendo un encuentro eucarístico y meditar juntos desde ese lugar. En nuestro encuentro comunitario y personal con la Palabra de Dios y la Eucaristía, reflexionaremos juntos y participaremos de la mesa del Cuerpo y la Sangre de Jesús, presencia de vida y de bendición para todos los que estamos aquí y en todas las comunidades reunidas con la misma fe y motivación, la de que el Señor esté con nosotros, como nosotros queremos estar con Él. Vamos ahora a intentar "desmenuzar, aprehender, hacer nuestra" la palabra de Jesús en este Domingo y entre todos descubrir en ella su mensaje para nuestras vidas.
“Al llegar a la región de Cesarea de Filipo", Esta ciudad era una que Filipo había dedicado a los emperadores romanos, que tenía sus ídolos, sus templos y sus nombres. Para ayudar a la imaginación y poder ubicarnos en ese lugar, pensemos que sería como si una autoridad de alguno de nuestros países, le hubiese dedicado una ciudad a los reyes o a los enemigos ancestrales de nuestra patria. Imaginémonos lo que significaría que nos tocara vivir cerca de ella o lo que sentiríamos al saber que un pedazo de nuestra tierra, esa que amamos entrañablemente hubo uno al que se le ocurrió cometer semejante aberración con su nombre. Casi no nos cabe en la cabeza que se pudiera profanar un lugar, que tanto Pedro y los demás discípulos, como hoy nosotros, consideramos sagrado.
Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es? Hoy diríamos que es un sondeo de la opinión pública, una encuesta. Los hace de alguna manera "jugar" de encuestadores o periodistas a sus discípulos, pero no porque ignore lo que la gente piensa de él, sino para iniciar un diálogo acerca de algo muy importante, tanto para lo que quiere enseñar, como para la conciencia de sus apóstoles y discípulos. Es que, al menos ellos, deben estar en la verdad para después poder anunciarla con claridad a las naciones. Si ellos, los más íntimos, no la tienen clara ¿Cómo la van a tener los que no estuvieron ni vieron a Jesús? ”Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas" Muy interesante la respuesta que le dan al Señor, porque la gente no lo considera un “don nadie”, sino muy por el contrario, lo ven como un profeta de los grandes de la historia de Israel. Por un lado al identificarlo con Elías, ven en Jesús a un hombre que ha conocido y estado muy cerca de Dios, que ha tenido un contacto con El, que es un modelo del encuentro y del modo de estar en la presencia de Dios, en la montaña del Horeb; es aquel a quién se le manifestó en la brisa suave afuera de la cueva y el que ante esa presencia se tapa el rostro en señal de fe y de cercanía con el Señor. Al identificarlo con Jeremías lo relacionan con aquel profeta que promete una Nueva Alianza y ven en él la fortaleza de Dios presente tanto en él como en su palabra, sienten en Jesús ese fuego, en su predicación y en la confrontación con las autoridades corruptas de Israel, ven al profeta perseguido, con su vida puesta en peligro por sus enemigos
¿Y ustedes? Ustedes que están conmigo todos los días, ustedes que me siguen de cerca, que ven y oyen todo lo que hago y enseño. Ustedes que van en mi Nombre, que curan enfermos, expulsan demonios y anuncian el Reino de los Cielos. Ustedes que viven conmigo todos los días, que están siempre a mi lado en todas partes les preguntó, "¿quién dicen que soy? Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” Tiene razón el apóstol, Jesús es quien él dice pero no es exactamente eso lo que Jesús piensa acerca de sí mismo. Es perfecta la profesión de fe de Pedro y de los demás, pero, ¿de que Mesías habla Jesús y que mesías había en la mente de Pedro y de los demás? En el pensamiento del Padre y de Jesús había un mesías sufriente, el Siervo de Yahvé, el humillado, el maltratado, el que padece hasta la muerte y muerte de cruz pasa salvar y recibir en herencia una multitud. En el pensamiento de Jesús está el viernes santo. En la mente de Pedro y los demás estaba en cambio en ese momento: el nuevo Moisés y la conquista de la Tierra, el nuevo David con su ejército poderoso y su triunfo glorioso sobre los enemigos de Israel. En la mente de Pedro y de los demás está la guerra de liberación e independencia, el triunfo y la gloria, los honores y los puestos de mayor importancia para ellos que lo dejaron todo y los siguieron, los premios y el reparto del poder. ¡Qué desilusión! Jesús les hará ver todo lo contrario de lo que ellos pensaban.¡Qué crisis para su fe y sus expectativas! ¡qué choque contra la realidad! Cómo la pasión y la cruz se impondrán brutalmente sobre todos sus sueños de gloria.
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Es toda una revelación para nosotros el modo como Pedro y también nosotros, tenemos fe, ya que él es un modelo de creyente. Nosotros hoy llegamos a creer en Jesús porque el Padre nos revela en nuestro interior al Resucitado: ‘Nadie puede venir a Mí si mi Padre no lo atrae’ Sin una acción directa de Dios en nosotros, sin su poder asociado a la predicación de la Palabra y su escucha, no podría existir la fe en un Cristo Vivo hoy. No hay un descubrimiento razonado, o el resultado de muchos argumentos, la fe es un don, es un regalo de la divina providencia, una elección y la confirmación de un llamado y así decir: Yo Creo
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, conviene aquí que por piedra o edificar entendamos que no se trata de levantar templos o monumentos, se trata de construir una relación de gracia, oración, diálogo, un encuentro de fe e intimidad en definitiva, con Jesús. Es sumarse libremente a una comunidad que tiene como fundamento la Fe de Pedro y de todos los demás en comunión con él. Esto nos lleva a tomar conciencia de que la Iglesia de Pedro es la Iglesia de Cristo y quien quiera estar en Cristo necesariamente tendrá que entrar en comunión con Pedro y sus sucesores y hacerse un “ladrillo” en la construcción, una piedra viva del Templo de Dios. Esta es una de las razones por la cual la tercera parte de nuestro credo dice: Creo en la Iglesia, tanto como venía diciendo creo en Dios Padre y creo en Jesucristo…
”y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. La Iglesia participa del poder de Cristo crucificado y resucitado sobre la muerte, y no solamente como algo futuro, sino actual, sobre todas las formas de muerte que tienen como fuente el mal, el desorden del pecado y todas sus consecuencias, que persisten hoy y mañana y hasta que el Reino Eterno venga definitivamente. hasta que ese día llegue, Jesús deja a su Iglesia revestida de poder y de fe para servir al hombre débil y limitado, carente y esclavizado por el malo. Así desde el bautismo, estamos ganando la batalla contra el enemigo, en virtud de esa fe que se nos ha dado, y así la vida se va imponiendo sobre la muerte
Yo te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo Cada vez que nosotros celebramos la reconciliación con el Señor y con la Iglesia, se realiza esta promesa del poder de las llaves, el desatarnos de las ataduras que generamos por el pecado y que no podemos desatar solos, sino que debemos ser desatados por otro, el gran Otro que habita en medio de nosotros, en su Iglesia, que en ella palpita lleno de amor y misericordia por sus hermanos, con el poder de su Sangre y de su Espíritu
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías No se lo digan a nadie porque van a sembrar la confusión, porque Yo no soy lo que ustedes piensan, ni siquiera lo que ustedes quieren y esperan. Yo soy otro y pronto conocerán la verdad dolorosamente y llenos de confusión: “Porque heriré al pastor y se dispersará el rebaño”
Todos nosotros podemos inventarnos un Cristo a nuestra medida y conforme a nuestra conveniencia, pero eso sería creer en nosotros mismos y en nuestro invento y no en el Cristo verdadero. Podemos hacernos un cristo mutilado, con partes que nos caen simpáticas y sólo las simpáticas sin las otras de las que no queremos oír ni hablar, un cristo que responda a nuestros deseos y expectativas, pero eso no sería la fe verdadera. Ésta, es en un Cristo Encarnado, Paciente, Muerto y Resucitado, el Cristo de los evangelios. Señor y Salvador; y Glorioso sí, pero después de la Cruz y del Calvario, un cristo difícil, duro, exigente, pero un Cristo que está en el corazón mismo de una vida que no tiene ni vive de fantasías sino de la verdad, y ésta es siempre dura y como dice el Nano Serrat “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio” porque es como es, más allá de que nos guste o no.
En definitiva somos libres para estar o no con este Jesús de la fe, pero a la hora de creer hay que aceptar que las cosas son como son y no como me gustan o me convienen.
CREO... con todas sus exigencias y consecuencias... Creo... en el CRISTO de los evangelios... +Manolo Subir al índice


DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO Mis amados hermanos:
1. Hay dos gritos suplicantes presentes en los evangelios del domingo pasado y el de hoy: ¡“Señor, sálvame”! y "¡Señor, socórreme!”. Pensando mucho nos pareció que tanto el mar embravecido como el demonio que atormenta, son “el otro” sobre el cual nosotros no tenemos poder. El que pone en peligro mi vida, mis cosas, mi integridad. El otro que me llena de miedo y de dudas. Nos parece que el mundo como está nos hace vivir encerrados por miedo, presos de él y a expensas de sus antojos. Bueno sería que pudiéramos hablar en comunidad o en familia sobre nuestros miedos, aquellos de los que estamos conscientes y aquellos que no hemos dicho aún, los que vemos y los que no vemos. Nos parece que el mar y Pedro eran muy reales y el que atormentaba a aquella niña cananea también lo era, esto quiere decir que nuestros miedos, esos que vienen del otro, son también muy reales y por eso debemos gritar “Señor, sálvame” o “Señor, Socórreme”. Cada uno de nosotros sabe a qué le teme o le viene temiendo por años y de lo cual pareciera que sólo Jesús nos puede sanar o salvar. El mundo y el maligno no son los únicos “otros” que están en nuestras vidas. Muchas veces el otro que me da miedo es el espejo que me pone en la cara lo que me niego a ver. El otro es el pobre, el indigente, el inmigrante, el distinto, el que no piensa como nosotros. El otro son los sentimientos o los juicios que hacen salir de nosotros, espontánea y rápidamente lo peor. El otro es el mensajero que quiere darme la noticia de que las cosas se han puesto feas y soy responsable de lo que pasa. El otro es mi sombra, esa que actúa desde la oscuridad que hay en mí, que me condiciona y muchas veces me hace obrar como no quiero. “veo el bien que quiero y me encuentro haciendo el mal que no quiero” El otro soy yo mismo cuando prefiero ignorar antes que saber, el que elige no enterarse ni ver, porque hay que cambiar y sabiendo que es así, no quiero, no puedo, no me animo a intentarlo...
2. Bueno, vamos ahora al texto del evangelio. Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea,una extranjera, una mujer que era de otra raza y de otra región vecina de Israel, una pagana, una cachorra como se las llamaba en aquel tiempo, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Varias veces aparece este Nombre dado por alguien a Jesús, es el reconocimiento de la fe que esperaba que el descendiente de David apareciera y se manifestara lleno de poder a su pueblo. Bartimeo, el mendigo ciego de Jericó también lo llamó y le gritó así, con ese nombre. ”Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Es el grito de una madre por lo que le pasa a su hija que sufre atormentada, y ese grito se convierte en un pedido de auxilio lleno de fe, con la seguridad de que será atendida. Grito que surge de una necesidad que no encuentra respuesta en nadie, que está llena de soledad, angustia e impotencia; aparece de nuevo lo que supera al hombre, nuevamente es el momento de Dios. Ella sabe que Jesús está ahí cerca, con toda la fama que lo precede aun fuera de las fronteras de Israel. Pero él no le respondió nada. Si hay algo que nos hace sufrir, muchas veces, es el silencio de Dios cuando no responde de inmediato a nuestras necesidades por grandes que estas sean. Cuesta entender su pedagogía, bueno, Dios es Dios y tiene su manera de actuar y por eso merece respeto, insistencia y una buena dosis de paciencia.Él no tiene por qué obedecernos y menos aún hacer lo que a nosotros se nos ocurra, ya que sólo él sabe como llevar las cosas y qué sacar de ellas, cosas, caminos y resultados, que nosotros y nuestras prisas no pueden ver. “Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos". El chillido propio del timbre de voz de una mujer desesperada, seguro que aturdiría a cualquiera, es como la sirena de una ambulancia, alguien está en peligro. Córranse, sálganse del camino, hagan lugar que llevo un herido al hospital. “Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel" Sorprende, aunque no tanto, esta respuesta de Jesús, es quizás inesperada pero bastante lógica, la condición de judío, no es en Jesús algo accidental, no es algo que use para su conveniencia, algo que no respete, por el contrario lo condiciona positivamente, no es cuestión de usar y tirar, cosa muy común entre nosotros. Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!" Conmovedora escena que nos refleja el evangelio, y nos inspira a mostrarle a Dios toda nuestra pequeñez de creaturas, pobres y limitadas. Este signo, el gesto de la mujer, surge de no encontrarle una salida a su problema y de la falta de comprensión de lo que le pasa. Otras veces, ese postrarse ante Dios, es también una postura muy común en Oriente para dirigirse a Dios y adorarlo, nosotros también lo hacemos en nuestras capillas, o ante el Santísimo expuesto. Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros" La caridad bien entendida empieza por casa, decimos popularmente, como fijando donde están las prioridades. Primero los propios después los vecinos ¿verdad? Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!". Con lo que cae de tu mesa, a mi me alcanza y sobra para lo que necesito y no implica ni una injusticia ni el olvido de tus prioridades. Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Pocas veces Jesús se admira por la fe de un extranjero, de las que más se recuerdan y la decimos en cada Misa es ésta: “Señor yo no soy digno de que entres en mi casa, más una palabra tuya bastará para sanarme” esto lo dijo un centurión romano, pidiendo por un sirviente que sufría terriblemente. Esto nos lleva a pensar que si Jesús escucha la oración de alguien que “no es de los nuestros”, tenemos esperanza de que en virtud del bautismo que nos ha dado y la gracia que nos ha entregado, nosotros seremos escuchados.“¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó sana”.
Que el testimonio de perseverancia y constancia, tanto como sus frutos, nos estimulen a pedir con insistencia y esperar contra toda esperanza, pero también a aceptar la siempre misteriosa voluntad de Dios. Seamos constantes en nuestro pedido tanto como dóciles a la voluntad del Señor.
Creo en Dios... +Manolo Subir al índice


DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO
Mt, 14, 22 - 33
Mis queridos hermanos: este domingo, por segunda vez el Evangelio de Mateo, nos pone frente a una escena de la vida del Señor y la primera comunidad apostólica y una nueva manifestación de humanidad y divinidad de Jesús, el Hijo de Dios, y nuestro Señor y nuestro Hermano. “Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla” Vayan y atraviesen el mar de Galilea ustedes solos. Este mar es famoso por las tormentas o tempestades repentinas y nocturnas. Lo que queremos destacar es la soledad de los doce en la barca, los doce sin Jesús, que se ha quedado en tierra. “mientras él despedía a la multitud” Como si fuera un párroco a la salida de misa, se queda con la multitud y los despide antes de que emprendan el camino de retorno a sus aldeas y sus casas. ¡Cuánta ternura humana y pastoral! ¡Cuánta humanidad cálida y cercana y cuánta bondad y delicadeza! Cuánta fascinación habrán sentido aquellos hombres y mujeres, después de estar con él en aquel lugar, después de participar de la multiplicación de los panes y que el que hizo ese prodigio, estaba allí al alcance de todos. Qué alegría para los que se fueron sanos y bien alimentados porque el Buen Pastor proveyó de todo, para que a nadie le faltara y que aún sobrara y llevarse para el camino. Dios hasta en los mínimos detalles. “Después, subió a la montaña para orar a solas” De nuevo, como al comienzo del evangelio del domingo pasado, el lugar para orar a solas. No es el activismo lo que predomina en la vida del Señor, en Él conviven la soledad y el estar con los suyos y la multitud, sin oposición ni contradicción. Su oración a solas es un misterio que no nos cansamos de meditar, el uso equilibrado y saludable del tiempo. La multitud, el Padre, la soledad, el retiro y los discípulos; todo en perfecta armonía ¿Qué más se puede pedir? Toda una escuela de vida en pocos versos. “Y al atardecer, todavía estaba allí, solo” Extasiado en la oración profunda y en la soledad maravillosa de la intimidad con Dios, perdió noción del tiempo, se le hizo de noche. Le dedicó al Padre la tarde, y el atardecer lo encontró así orando. “La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra”. Según dicen los que saben de la Biblia, la situación de los doce en la barca que se sacude por el viento y las olas, es un símbolo de todo lo que asusta y angustia al hombre o a toda la humanidad, es el miedo ante lo caótico, lo que es inmanejable, es la fuerza de la naturaleza que se opone a lo que el hombre quiere o sueña, ante estas fuerzas el hombre se siente desbordado e indefenso, superado, pequeño y limitado, se descubre criatura. Muchas veces sólo puede esperar lo peor o sucumbir. “A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar”. Sólo Dios puede con lo que el hombre no puede, señorial y caminando sobre el caos, Jesús se acerca a la barca donde están los que Él ha elegido y llamado, donde están sus amados. Nos muestra así que tenemos a Alguien en quien creer y con quien estar seguros, porque es superior a todas las fuerzas que nos asustan o nos llenan de miedo, Él está afuera y por encima de ellas y las domina a voluntad. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma, dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Qué lógico ¿no? Además del miedo a hundirse y perecer ahogados en el mar, a la madrugada, ese Jesús, a quien habían dejado unas horas atrás, despidiendo a la gente y que se había quedado a solas orando hasta lo noche, lo ven venir caminando sobre el agua, no es para menos que ponerse a gritar por lo que ven y no entienden, todo lo que les estaba pasando, con Jesús “no ganaban para sustos”. “Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman” Yo soy, es uno de los aspectos de la identidad de Jesús que le hacen caminar sobre las aguas y el caos, es el Nombre de Dios. “dile al farón rey de Egipto: Yo soy me envía a decirte: deja salir a mi Pueblo” ¿Se acuerdan? “Entonces Pedro le respondió: " Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua. Ven le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él”. ¡Cuando no! Ay Pedrito, Pedrito, cuánto tienes que aprender, cuánto tienes que pasar para dejar de ser tan impulsivo, apasionado y fanfarrón, pero si perece mentira que Jesús te eligiera para ser la cabeza visible de su Iglesia. Pero bueno, no le vamos a discutir a Jesús sus elecciones, y a quienes quiso llamar, basta hacer un poco de memoria y mirarnos a nosotros mismos para no discutir con Jesús sobre sus decisiones ¿verdad? “Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, ¡sálvame! En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” Bendita duda, benditas negaciones, benditas paradas de carro de Jesús a Pedro y en él a todos nosotros. Con el mal no se juega por más que la mano del Señor siempre esté tendida para sacarnos. Normalmente jugamos con el mal, coqueteamos con las cosas que ponen en peligro nuestra fe, nuestra fidelidad a Dios y nuestra salvación, a veces sin saber muy bien lo que nos estamos provocando, o lo que es peor, después de haber creído en el Señor de la Vida, perderlo de vista, ¿Cómo no nos vamos a hundir? Pero si es lo más lógico y natural que así suceda. Menos mal que el Señor, que sostuvo a Pedro en el mar y luego lo llevó a la barca y calmó la tempestad, tiene la mano tendida para no dejar que el mal nos trague y nos lleva a la barca, a la seguridad de la Comunidad para ponernos a salvo. ¿Qué agradecidos deberíamos estar no? “En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó." Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios” Siempre que seamos salvados por el Señor de toda forma de peligro, de nuestro interior surge la confesión de que Dios ha estado comprometido en el fenómeno y así como los apóstoles en la barca, nuestros labios dicen: “Es el Hijo de Dios” quien me ha sacado, quien me ha salvado, me ha sanado, me ha devuelto a la vida o me ha librado del mal que me afectaba o amenazaba.
La expresión suprema de la fe es la adoración, pero también lo es la acción de gracias, cosa que hacemos cada domingo en la Misa. Demos gracias hoy con el Padrenuestro: “no nos dejes caer en la tentación y líbranos de todo mal” Amén.
Creo en Dios… +Manolo Subir al índice


DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Mt 14, 13 - 21 La multiplicación de los panes... multiplicando la vida...
Mis queridos hermanos: Este domingo la Palabra de Dios nos pone una vez más ante uno de los textos más queridos del pueblo fiel, el de “la multiplicación de los panes”, desde niños nos ha fascinado imaginarnos cómo fue que Jesús multiplicó cinco panes y dos pescados para alimentar a una multitud de 5000 hombres sin contar mujeres y niños. Me imaginaba a los 6 años, que era como que los apóstoles tenían un pan casero y cortaban rodajas y las daban a la gente y nunca se acababa el pan y así todos iban comiendo. Bueno tenía seis años, pero desde entonces no ha dejado de admirarme esta maravilla que Mateo y los demás evangelistas nos relatan.
Vamos a ir tomando versículo a versículo para meditar lo que el Señor nos quiere transmitir con este texto de su palabra.
Verso 13. “Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas”
Se nota que la muerte violenta o el martirio de su primo hermano Juan Bautista, lo impresionó tanto a Jesús que se retiró a un lugar desierto para estar a solas. Pero no sólo para estar con él mismo, sino a solas con su Padre, porque el desierto en la Biblia como en toda la cultura de Oriente, es el Jardín de Dios, es donde sólo Dios es la única seguridad y fortaleza. No sabemos por qué Jesús nos lo ha contado pero es de imaginar que en la muerte de Juan Bautista vio anticipadamente el desenlace violento de su vida y eso es como para meditar y refugiarse en Dios para no salir corriendo. De hecho, en la oración más solitaria de Jesús, en Getsemaní, Jesús pidió al Padre tres veces que si podía ser pasara el cáliz de la pasión, porque había llegado su hora. “Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie”. Lo vieron irse en la barca y se pusieron a seguirlo por tierra hasta el lugar donde iba a desembarcar y allí esperarlo. No querían estar sin él, no querían perderlo, lo necesitaban. Querían recibir de su bondad la misericordia del Divino Médico para sus cuerpos y sus almas, encontraban en él refugio, seguridad y amparo, ya no eran un pueblo perdido como ovejas sin pastor, en él encontraban al Pastor.
14 Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.
Nos conviene, siempre que leemos el evangelio, cualquiera de ellos, detenernos en los detalles, no pasar de largo un verso porque el tema central sea el de la multiplicación de los panes. Es saludable y vivificador rezar con nuestra imaginación y hacernos testigos silenciosos de lo que el texto nos dice, como San Ignacio hacía con la composición de lugar. Detenernos en el rostro y la mirada compasiva y en la conmoción de Jesús, que Mateo ha visto con sus ojos, y nos invita a compartir su mirada sobre el rostro de Jesús al bajar de la barca y contemplar a la multitud que lo ha seguido, y que por fin lo ha encontrado. También nos ayuda pensar en un mundo futuro y eterno sin enfermedad ni muerte, ya que éste es el sentido de los signos y prodigios que el Señor hacía para suscitar la fe y hacernos mirar más allá de nuestro horizonte inmediato, y llegar a tener una mirada de fe, que se vaya liberando de la necesidad de señales extraordinarias para creer, y para creerle a Jesús, y no caer en la decepción, porque si no veo no creo.
15 Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos».
Para variar los apóstoles bocones queriendo darle órdenes y decirle a Jesús lo que tiene que hacer, y por supuesto haciendo papelones. No obstante la paciencia pedagógica del Señor que los va formando y les va mostrando el camino a seguir, parece que no aprenden... Él está allí y no hay por qué despedir a la gente, Jesús entonces les presenta el desafío en lo que sigue.
16 Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, dénles de comer ustedes mismos»
Seguro que pensaron “éste está chiflado” ¿con qué les vamos a dar de comer a tantos? si además, nosotros que vivimos gracias a las limosnas que nos da la gente, (y eso sin contar conque Judas se las robaba de la bolsa) Los discípulos eran pobres de toda pobreza y tenían que darle de comer a cinco mil hombres sin contar mujeres y niños, pero aquí vale su realismo y el acudir a él con lo que tienen a mano, que sería la ración de comida de un joven para un día.
17 Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados».
Esto, por poco que parezca es un símbolo de la vida, ya que siempre el alimento ha sido el signo de que la vida y el progreso son posibles y reales, donde haya alimento allí surgirá y se multiplicará la vida, natural, humana y sobrenatural también.
18 «Tráiganmelos aquí», les dijo.
Conmigo todo lo pueden, sin Mí nada, conmigo verán maravillas, sin Mí todo lo que tendrán será vacío. Esta es una de las enseñanzas fundamentales que Jesús les está dando y la experimentan con todos sus sentidos, ven, oyen, sienten, están ahí cuando las cosas pasan. El relato de Mateo, no es sólo la repetición de un hecho, es también la expresión de su propia experiencia testimonial, de lo que él vio y oyó y eso nos trasmitió.
19 Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.
Mateo, como buen judío, conocía y oraba con los salmos y sus ojos ven que lo que el rey David había descrito en el Salmo 23, se realizaba en ese momento. Leemos en el salmo: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar…” los invito a que lo busquen y lo recen o lo canten, situándolo en este relato de la multiplicación de los panes, para así tener una visión más integral de la reflexión de hoy y además, poder interiorizarnos y gozar de esas maravillosas palabras de confianza y entrega del salmista y hacerlas nuestras.
20 Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas.
21 Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Qué más nos queda por decir y compartir... Quizás solamente que es muy claro que en una comunidad donde es celebrada la presencia de Jesús y no sólo en la Misa sino en cada acontecimiento, la vida se multiplica como aquella vez el pan, y lo hace de miles de formas, como sucede en todas las comunidades vivas y que se comprometen con la vida en toda su complejidad y riqueza.
Roguemos a Dios que siempre que podamos comprometernos con la multiplicación de la vida, lo hagamos con fuerza e intensidad, y no dejemos pasar la oportunidad de glorificar a Dios con nuestras obras. Creo en Dios…+Manolo Subir al índice


DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO
Mt 13, 44-52
Mis amados hermanos y amigos: Comenzaremos hoy nuestra reflexión acerca de la Palabra de Dios, con dos peticiones que provienen de la 1ra y la 2da lecturas: “Por eso te pido que me concedas un corazón compasivo, para que sepa gobernar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal” o “un corazón que sepa escuchar” o “la sabiduría del corazón” dicen otras traducciones y también: “los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica”. ¡Necesitamos y pedimos tantas cosas!, pero hoy queremos pedirle al Señor, que nos de un corazón que se haga sabio porque tiene el don de escuchar. Que realice en nuestra vida lo que San Pablo nos revela acerca de la relación que la fe nos hace tener y esperar de Dios: vivir la alegría de la predestinación, ser justificados en esta vida y glorificados junto a Él en la Gloria de su Reino.
1. Otra vez hoy, se nos presenta el Reino de los Cielos, por medio de tres parábolas: la del tesoro, la de la perla y la de la red. En el contenido de las dos primeras la pregunta es: ¿quería el Señor enseñar dos veces la misma cosa o hay enseñanzas diferentes? Según dicen los estudiosos de las Sagradas Escrituras son dos cosas diferentes. En la primera el tesoro es el Reino de Dios y el que lo encuentra es el hombre, que lo descubre, lo valora, se llena de alegría y va a vender todo lo que tiene para comprar el campo y quedarse con el tesoro, que ya no está ignorado ni escondido, sino que ahora hay alguien que lo encontró y lo adquirió. La alegría por el hallazgo, tanto como la generosidad de venderlo todo, son característicos de que algo verdaderamente importante y determinante ha sucedido, con la fuerza suficiente como para hacer surgir la alegría y el desprendimiento. El Reino es Cristo, su Vida, su Enseñanza y su Misterio. El hombre es todo aquel que escucha en su interior la voz del Espíritu, que hace ver el campo, encontrar el tesoro y venderlo todo con tal de tenerlo. La pregunta es ¿seremos nosotros capaces de valorar tanto al Señor como para que valga la pena venderlo todo para quedarnos con Él?
2. La segunda parábola, la de la perla tiene como personaje a un buscador de perlas finas, que cuando encuentra una, va, vende todo lo que posee y la compra. El mercader es Dios, la perla somos cada uno de nosotros y el precio que paga es su propio Hijo. La autovaloración, la autoestima, suele ser algo que muchas veces falta en la vida de cada uno de nosotros, muchas veces está en déficit por múltiples causas, muchas de ellas ajenas a nosotros y que nos han afectado, haciéndonos creer, que no valemos nada y que no merecemos ser amados, respetados o valorados. Bueno mis queridos, hasta que fue anunciado el Evangelio, y lo hemos escuchado hoy, ya no podemos decir que nadie nos quiere ni nos valora, porque hemos sido dignos de que el Hijo de Dios se hiciera hombre por nosotros, que predicara e hiciera grandes prodigios para llamarnos a creer, que padeciera y muriera en la cruz como prueba suprema de amor, y que resucitara de entre los muertos para comunicarnos el Espíritu. Hoy el Espíritu, que es quien nos llevaría al pleno conocimiento de la verdad, nos muestra cuanto valíamos y cuanto valemos para Dios. Es como para ir pensando, que no tendríamos que justificarnos en nuestro poco valor, que si bien en algún momento de la vida hemos sido víctimas y lo seguimos siendo interiormente, eso puede cambiar definitivamente si nos damos cuenta que tanto amor, que la elección y el llamado a ser sanos y libres de lo que nos daña, todo esto, nos saca de la pena de no haber sido queridos ni valorados vaya a saber por quien o por quienes. La falsa y mal cultivada creencia de que nadie me ama, queda hoy superada, si me descubro perla fina y valiosa. Hoy cada uno puede decirse a sí mismo: yo valía y valgo la pena, valía y valgo para un Dios muerto y resucitado por mi, y para que yo tenga una vida nueva. Sólo basta con creer y pedir la gracia de valorarme y mirarme como Dios me valora y me mira, e iniciar el camino de sanación de mi baja estima, justificada sin duda, porque nada pasó porque sí y hay miles de cosas que nos han hecho daño; pero existe este Amor de Dios hasta el extremo de dar a su propio Hijo, para que nos descubramos valiosos. Hoy al celebrar la Eucaristía miremos la Hostia Consagrada y el Cáliz de la Sangre del Señor en la elevación, y digamos internamente: por mí, por mí.
3. Si las dos primeras parábolas miran al presente, al aquí y ahora, la tercera mira hacia el futuro. “El Reino es como una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces…” Hay una selección entre lo que sirve y lo que no, pero no serán peces, sino nosotros los hombres, y en especial los discípulos; y cada uno será elegido dentro de la pesca del Reino, para quedar en la barca o ser dejado entre lo que no sirve. Sigue aquí como siempre, muy presente, el drama de la libertad humana que busca o no, un tesoro, que se deja o no, encontrar y valorar; que elige quedarse en la barca o estar entre lo que no sirve “donde habrá llanto y rechinar de dientes”.
Elegir bien a partir de hoy tendría que llevarnos a revisar nuestro "receptor" y ver si lo que pienso, digo, siento, hago y elijo, está o no en sintonía o armonía con lo que este evangelio me muestra. El destino de cada uno se va creando con cada elección que hacemos. Si no hubiéramos escuchado, sido advertidos, iluminados y llevados a la comprensión de cual puede ser nuestro final, quizá tendríamos excusas, pero todos nosotros sabemos que si hay algo que no tenemos es justamente ningún tipo de excusas. No hay peor sordo que el que no quiere oír, no hay peor ciego que el que no quiere ver ni peor enfermo que el que no se quiere curar.
¿Cuál será nuestra elección? “Señor, que dispones todas las cosas para nuestro bien, danos un corazón que sepa escuchar y haznos descubrir la maravillosa llamada a ser parte del Reino de los Cielos. Nos has conocido de antemano, nos has predestinado y justificado, no dejes de glorificarnos, atráenos de tal manera con tu amor, que no encontremos excusas que nos lleven a rechazar tu Amor y dejar de lado el tener parte en tu Gloria. Te damos gracias por revelarnos todas estas cosas”. Amén +Manolo Subir al índice


DOMINGO XVI. DEL TIEMPO ORDINARIO
Mt 13, 24 - 43
Mis amados hermanos: Jesús nos sigue hablando. Hoy nos presenta el Reino de los Cielos a través de las parábolas: del trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura en la masa.
1. Las tres historias que cuenta tienen algo en común, el trigo, el grano y la levadura crecen y hacen que la realidad cambie sin intervención del hombre, más allá de sembrar y mezclar; el resto del proceso se da directamente por la misma dinámica interna de las semillas y la levadura. Este es uno de los aspectos fundamentales para entender que el Reino no es de este mundo, que tiene vida propia y que por sí solo transforma la realidad que toca, así como la semilla y la levadura lo hacen con el paisaje campero o la harina. También vemos como siendo poco hace mucho: la semilla da fruto en el campo a pesar de la cizaña, crece hasta convertirse en la más grande de las hortalizas, tan grande que hasta los pájaros vienen a hacer en ella sus nidos, una pequeña cantidad de levadura fermenta toda la masa. El Reino tampoco se identifica con nada de este mundo y no es el mundo el que le da su existencia, está en él pero sin ser del él. El Reino de Dios está destinado a transformar al hombre y todas sus actividades y por lo tanto no tiene miedo a entrar en conflicto con los reinos o poderes temporales y sus intereses, si éstos son opresores, injustos o inhumanos. Los pone al descubierto, los denuncia y les advierte del peligro que corren, con vistas a la cosecha final, como nos explica Jesús hacia el final de su enseñanza de hoy.
2. «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio” Jesús, con total claridad, nos habla de que en el mundo hay dos formas de presencia y pertenencia, que conviven la una junto a la otra, hasta el día de la cosecha: la una al Reino y la otra al Maligno. Pero también nos dice que no es potestad de ningún hombre separar la cizaña del trigo, porque Dios ha reservado esa tarea a su Hijo a quien ha constituido “Juez de vivos y difuntos” como decimos al rezar el Credo. Esto nos priva a quienes queremos ser del Reino, de todo juicio discriminatorio acerca de cualquier hombre. Tenemos la obligación de distinguir la persona de sus actitudes y aun de sus pecados o delitos, pues para esto está por un lado el juicio de la propia conciencia y el perdón misericordioso de Dios, como nos dice la primera lectura, y para los otros la justicia de los hombres. “dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha, porque de lo contrario corren el riesgo de arrancar el trigo junto con la cizaña” . Nos preguntamos ¿cuál es el criterio humano para animarse a decir usted es trigo y usted cizaña? Las polarizaciones ya existían en los diversos grupos económicos, sociales e ideológicos del mundo de Jesús. ¿Sólo del mundo de Jesús…? Él no pertenecía a ninguno, por eso tenía la autoridad moral para estar por encina de todos, y ser desde ese lugar, el signo por excelencia de que todos somos llamados a formar parte del Reino que él anunciaba, traía, y dejaría en el mundo como primicia en su Iglesia. La acción pastoral de la Iglesia, de 360 grados en extensión y sin límites en cuanto a la profundidad, se hace presente en todos los ámbitos humanos para hacer presente el Reino, anunciado y traído por Jesús, dejando en cada hombre la semilla o la levadura, para que den fruto o hagan crecer la masa. Pero pensando en las consecuencias de la predicación del Reino en la vida de Jesús, no podemos olvidarnos de su famoso diálogo con Pilatos en la pasión según San Juan: “Jesús respondió: «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí». Pilatos le dijo: «¿Entonces tú eres rey?». Jesús respondió: «Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz». Pilatos le preguntó: ¿Qué es la verdad?” Lo binomios luz y oscuridad, verdad y mentira, bien y mal, muerte y vida no sólo están en el contenido y el lenguaje de San Juan, sino presentes en el corazón y la conciencia del hombre, donde uno y otro y todos, nos definimos si queremos estar en el Reino de los Cielos o ser del Maligno. La pregunta es ¿qué queremos hacer en nuestras vidas? Realizar las obras del Hijo o participar en las obras del Maligno... Dice Jesús que “por sus frutos se conoce el árbol” por semejanza, cada uno de nosotros sabe para quien trabaja, si para dar frutos de vida para sí y los otros o dar frutos de opresión, injusticia y muerte. En nada de esto podemos hacernos los distraídos, ya que tenemos dentro de nosotros la voz de la conciencia que es la voz de Dios, a la que no conviene silenciar, porque ya sabemos qué otra voz vamos a escuchar, y en esto no podemos jugar al teléfono descompuesto. Ser libres es elegir, tanto como aprender de los errores, tanto de los propios como de los ajenos para no repetirlos. No olvidemos que el Señor está de nuestro lado, sólo nosotros podemos ponernos en su contra y es seguro que pagaremos los costos de nuestras elecciones.
3- ¿Qué hacer o como hacer con la cizaña que hay que dejar crecer junto al trigo? El Reino de los Cielos es paradójico y muchas veces de contra mano con el mundo. Uno de los sentidos que tiene esta parábola nos los explicó en el año ´79 un santo varón que nos predicó el Retiro Anual del Seminario: “Dios en su sabiduría deja que convivan en nosotros la cizaña y el trigo. Éste no va a ser tan esbelto como el de un campo que esté libre de cizaña, pero será un trigo humilde, modesto, compasivo con los demás porque aprenderá a ser compasivo consigo mismo. Porque si Dios quitara la cizaña de nosotros convertiríamos en santos es un instante pero de una soberbia incompatible con una verdadera santidad” Nos dejó boquiabiertos, al menos a mí y por eso se los comparto. Años después Juan Pablo II le dio una visión muy importante: “si vivimos hablándoles a los hombres de sus pecados, sus defectos (cizaña) no solo lo amargaremos y le haremos perder el conocimiento y la belleza de la fe y de las virtudes”. Esto nos llevó a pensar que hay un camino más inteligente y fecundo que es en vez de querer sacar la cizaña de nosotros mejor dedicarnos a potenciar el trigo que está presente, lo que decía San Pablo: “venzan al mal a fuerza de bien”. Como que, si han de convivir juntas la buena semilla y la cizaña, la mejor manera aunque esté y no moleste tanto, es dedicarnos al trigo, a cultivar la virtud aún sabiendo que hay defectos, para ser virtuosos pero a la vez humildes. La verdadera y peor de las cizañas es la soberbia que nos es connatural como las virtudes también nos son connaturales, al menos por la capacidad de reconocerlas y desarrollarlas, en virtud de este trabajo vamos a ir viendo los frutos y preparando con alegría la propia cosecha. Hay dones y capacidades muy buenas en cada uno de nosotros, hay otras que podemos adquirir, pero lo primero es reconocer el capital de gracia que ya hay en nosotros y que asociado a la capacidad de crecer permite que uno esté más ocupado en cultivar la buena semilla que pelear contra aquello que no tiene remedio y que sólo hay que dejar que se vaya secando porque no la atendemos ni la cultivamos. De santidad humilde se trata, sabiduría de Dios para nosotros que tenemos esta humanidad imperfecta pero que hace soñar tanto a quien se da cuenta de todo lo que tiene si aparta sus ojos de la cizaña y se fija en la siembra de Dios en si mismos
“Señor Jesús que sabes bien como es nuestro corazón de ambiguo y lo dividido que está, haz crecer tu Reino en nosotros porque el del maligno ya lo conocemos; haznos más bien gozar de los frutos de la siembra del Reino y que nos alegremos con gozo eterno de sus frutos maravillosos en nuestras vida. Atiende a este ruego tú que vives y reinas por siempre” Amén
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DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO
Mt 13, 1 - 23
Mis queridos hermanos en Señor que vive y nos ama: “Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron” Hoy somos llamados una vez más a ser felices y se nos dan las razones para serlo. Hoy bendecimos al Señor y le damos gracias por estos dones tan maravillosos como son la vista que nos permite no sólo ver sino leer y el oído que no sólo sirve para escuchar, y así con los dos sentidos abrirnos a la Palabra de Dios: “Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida” y también: “Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres» El profeta Isaías y el Señor Jesús nos revelan el poder de la palabra por medio de imágenes llenas de significado para nosotros.
1. Agua, tierra, aire y fuego, son los elementos que combinados debidamente dan existencia y vida a nuestro mundo y constituyen la esencia o el ser de todas las cosas, la nuestra también. Hoy están presentes en la parábola de Isaías y en la de la semilla o del sembrador del evangelio de Mateo. Lluvia o el agua que empapa la tierra, luz y calor que hace germinar la semilla, que sumados al aire hacen que la semilla germine y produzca el fruto. Es la comparación o parábola de la primera lectura “así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé" Es un proceso maravilloso y vital que llena de esperanza tanto al que siembra como al que cosecha. Que da motivo para la fiesta de la vida y de la acción de gracias ¿Cómo no hacer fiesta, como no dar gracias? ¿Cómo no ser agradecidos con Dios por todo lo que nos ha dado para sostener nuestra vida?
2. El Evangelio de hoy nos habla de la semilla y de los distintos tipos de terreno, pero cuando en privado les explica el significado de la misma, Jesús habla del corazón del hombre como una tierra estéril donde la siembra de la Palabra puede dar fruto. El hombre tiene en sí mismo todo lo necesario para dar fruto: inteligencia, voluntad, sentimientos, pensamientos, libre albedrío, capacidad de darse cuenta y abrirse a algo que se le presenta y se le propone y así decida libremente. Tiene un tiempo y talentos y un corazón capaz de infinito, capaz de Dios como nos enseña el Catecismo de la Iglesia en su parte primera. Así como es su grandeza será en dimensiones proporcionales la ruina del hombre. Todos los hombres somos destinatarios de la siembra de la palabra de Dios sin excepción. Los cuatro terrenos que nos describe la parábola, nos pintan a cada uno conforme estemos abiertos o cerrados a la siembra, si somos superficiales y no la dejamos arraigar o nos dejamos ahogar por las preocupaciones de la vida o la seducción del mundo y la riquezas, todas estas imágenes nos hacen ver las razones por las cuales podemos ser estériles, esto en contraste con la tierra buena que da fruto el treinta, el sesenta y el ciento por uno. Es el drama de nuestra libertad el que está detrás de todo lo que Jesús nos enseña hoy, ya que nos podemos endurecer de tal manera que no haya cabida para la palabra y esto es una elección que Dios respeta. Podemos recibirla con alegría pero ante la primera dificultad sucumbir y no dejarla arraigar y esta es otra elección. La podemos escuchar y a la vez tener puesta toda la atención en las preocupaciones o la seducción del mundo y las riquezas y ésta es también una elección. Por fin podemos convertirnos en tierra fértil y dar fruto. Si hay un deseo y un temor en el corazón del hombre, es el de ser o no fértil, tener una vida que valga la pena y que encuentre su sentido y por lo tanto sea una vida fecunda.
3.Miremos en el transfondo del Sacrificio del Señor, en la Cruz una gran siembra y en su Resurrección una gran fecundidad y una cosecha abundante que perdura hasta el día de hoy y hasta que el vuelva en el esplendor de su gloria. “Si el grano que cae en tierra no muere queda solo, pero si muere da mucho fruto”. Jesús asumió desde su soberana libertad y sin condicionamientos una muerte que para Él y, sólo para Él en ese momento, estaba llena de sentido, por eso la aceptó y como la semilla aceptó ser sembrado en la tierra, para salir de ella resucitado y glorioso, y así multiplicar infinitamente la vida que había traído al mundo y que había prometido dar a todos los hombres. La Muerte y Resurrección del Señor es lo que le da ese poder vital a su palabra para que de fruto abundante en cada uno de nosotros. Ella es agua, es luz, es calor y es vida, en definitiva para darle vida y sentido a la presencia de cada hombre en el mundo. Felices de nosotros por estar llamados, poder responder libremente a esa siembra y alcanzar esa vida fecunda que Dios siempre soñó para nosotros y, por la cual, envió al mundo a su propio Hijo para que por fin la tuviéramos. Es tal la grandeza de la Palabra que san Juan en el prólogo de su evangelio la identifica con Jesús, “Él es la palabra de Dios que al venir a este mundo ilumina a todo hombre. Que a los que la reciben les da la gracia de llegar a ser hijos de Dios” Así al aceptar o rechazar la Palabra se lo acepta o se lo rechaza a Jesús, entonces la siembra es en realidad la relación con esta Divina Persona que quiere entablar el diálogo de la fe y la redención con todo aquel que lo deje entrar en su vida, como la semilla en la tierra para que de fruto. En esta relación viva con Jesús iremos viendo todo lo que está mal en nosotros y nos iremos sanando en nuestro interior, potenciaremos lo que esté sano y así seremos lo que Él quiere para cada uno en singular y así dar gloria a su Padre. Lograr esto es lo que significan las palabras del Profeta “Así es mi palabra, ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé”
Que esta reflexión nos ayude a entender un poquito en qué historia estamos desde que vivimos y desde el día que fuimos hechos hijos de Dios y ahondar en el significado de nuestro bautismo que es el momento en que nació para nosotros esa relación salvífica con el Señor Jesucristo.
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DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO Mis amados hermanos en el Señor y en el Camino que conduce a la Gloria: Retomamos hoy nuestra reflexión de los textos de la Palabra de Dios con la ayuda de San Mateo que nos seguirá guiando en el descubrimiento de Jesucristo y nos ayudará a ir madurando nuestra fe cristiana y la esperanza a la que hemos sido llamado por pura gracia de Dios y sin mérito alguno de nuestra parte.
1. La palabra del Evangelio de hoy nos sitúa en la alabanza del Señor a su Padre, por haber revelado estas cosas que él hacía y enseñaba a los pequeños. Las palabras: pobre, pequeño, pobreza, pobres, como temas interconectados aparecen desde el Génesis hasta el Apocalipsis 214 veces; no una vez, sino 214 veces, lo que las convierte en un tema central dentro de toda la Biblia. Pequeños, pobres y humildes están tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, y hoy entre nosotros. Adquieren infinidad de rostros, formas, situaciones de vida muchas veces dramáticas y difíciles de solucionar. Se presentan hoy en día entre nosotros como hermanos a los que hay que darles un trato preferencial, porque la Iglesia hace ya varios años ha hecho una opción muy fuerte por ellos, ha salido en defensa de su dignidad y ha planteado a todas las sociedades y culturas del mundo como prioridad, el terminar con la pobreza, que nace de la injusticia y la desigualdad. Hoy es todo un tema, muy presente en la agenda de las autoridades a nivel mundial y regional. Para nosotros los católicos, atender a los pequeños y a los pobres es atender al mismo Cristo. Aunque no tengamos muchas veces la capacidad de solucionar sus problemas, lo que importa es no ser indiferentes, o pensar que no es un tema que haya que “mezclar” con la oración, la piedad, la meditación del Evangelio o la Comunión sacramental. El pobre para nosotros es sacramento de Cristo y quienes no lo vean así están ignorando una parte esencial de su fe; es más cada uno seremos juzgados el día de mañana por este tema, si lo vimos y lo servimos al Señor es los más pequeños, por eso decíamos que no es un tema "más", sino un tema fundamental en nuestra vida y nuestras opciones.“Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: "El que se gloría, que se gloríe en el Señor". Firmado San Pablo.
2. Nosotros que hemos recibido de todo: familia, casa, sustento, educación, talentos y la oportunidad de desarrollarlos y tener una vida más digna, estamos más obligados que otros a ver, juzgar y obrar en consecuencia, en favor de los que nada tienen. En realidad y siguiendo a San Pablo todos somos pobres delante de Dios ya que: “¿qué tienes que no hayas recibido?” Desde la realidad concreta de haber tenido una vida a nuestro favor, debemos ponernos en el lugar de los que han carecido de todo y pensar qué podemos hacer para ir cambiando su situación y su estado de impotencia; de lo contrario qué nos vamos a extrañar de que la impotencia genere rabia, la rabia resentimiento y el resentimiento violencia ciega. ¿Qué debilidad y necesidad es explotada hoy para hacer negocios? ¿La del que tiene de todo o la del que carece de todo? Esto es claro como que 2 + 2 son 4. En una sociedad igualitaria, justa y humana, el que tiene oportunidades como las hemos tenido nosotros, se desarrolla y adquiere por su trabajo y esfuerzo, una vida digna; en una sociedad así el que sigue en la pobreza no sería pobre sino perezoso y así construiría su destino, pero ya sabemos que nuestra sociedad no es ni justa ni humana... El trabajo digno y bien remunerado es la forja moral de los pueblos y las naciones. La participación legítima en los beneficios del trabajo es un derecho natural, consagrado por la Doctrina Social de la Iglesia. Vivir y promover la igualdad y la dignidad de todas las personas es pasar de “vivir según la carne”, como nos dice la segunda lectura, y comenzar a entender las consecuencia de la vida en el Espíritu que habita en nosotros, y que, desde el siglo primero llevó a la Iglesia a preocuparse y ocuparse de los pobres, que abundaban es las comunidades fundacionales de nuestra fe en Dios y en Jesucristo. Cualquier fe que se precie de ser seria y respetable, tiene a la compasión por el desvalido, el marginado y el menos favorecido, como tema esencial de su doctrina y búsqueda espiritual. El Budismo, el Islam y el Cristianismo se han destacado siempre por este tema, y lo han hecho algo medular en su vida. La compasión no es un tema aleatorio ni optativo, sino una decisión que hay que tomar y cultivar personal y comunitariamente. No es un problema de "tener mucho o poco", sino un tema de sensibilidad y de dejar de lado la indiferencia que es el verdadero opuesto al amor, el mirar para otro lado o pensar que no es un tema del que yo me deba ocupar. Estar del lado de Jesús es poder rezar hoy con Él: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido”.
Quiera el Señor darnos un corazón capaz de sintonizar con sus pensamientos y sentimientos, ya que no estando presente físicamente, esté así en nuestro interior, para que a través de nosotros, siga existiendo y actuando ese corazón manso y humilde, donde los pequeños pobres y afligidos encuentren alivio, fortaleza y consuelo. Creo en Dios... + Manolo Subir al índice


HOMILÍA IX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Queridos hermanos en el Señor: A partír de hoy abrimos un paréntesis de unos meses antes de volver a este tiempo durante el año. Esta semana con el miércoles de cenizas damos comienzo al tiempo de curesma que es la preparación para la Pascua, que es el tiempo más fuerte del Año porque en él celebramos los misterios fundamentales de nuestra fe, lo que nos hace ser lo que somos, cristianos, redimidos, libres e hijos de Dios. Tiempo de conversión y renovación interior. Tiempo para ver los signos y escuchar la palabra de Dios que tiene tanto que mostrarnos y decirnos día tras día. Pero de esro nos ocuparemos desde el miércoles que viene en adelante. Hoy nos detenemos a reflexionar sobre los dichos de Jesús y la parábola de la casa. 1. Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me diga ‘¡Señor, Señor!’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre" No es cuestión de "andar con el Jesús en la boca" y con la conducta y la manera de vivir que nada tengan que ver con hacer la voluntad del Padre que está en los cielos, Sin fe y obediencia es imposible agradar a Dios y llegar a la vida eterna ya desde este mundo. El que acepta y sigue a Jesús honra de Dios y esta honra no queda sin recompensa. A lo mejor esta recompensa de la vida eterna, sólo nos preocupe o nos ocupe más a los que ya tenemos que vivir menos que lo ya vivido, y esa sea la mayor de nuestras esperanzas en este mundo y en esta vida. A los jóvenes de de hoy sólo parece interesarles el momento, el descontrol, las experiencias límites y poner a diario en riesgo sus vidas, porque no le encuentran valor a la vida y mucho menos sentido a la misma; en algo o en mucho hemos fallado como sociedad para que nuestros ojos vean lo que estan viendo, no podemos menos de sentir peena e impotencia, ante tanto talento desperdiciado y tanta vida arruinada antes de ser una vida verdadera, según lo que Dios pensó y quiso para nosotros. Pero no nos pongamos muy negativos y pensemos que aunque son mayoría no son todos y hay que dar gracias por cada uno de los que sienten distinto y están buscando respuestas y tienen inquietudes y quieren una vida diferente, no debemos dejarlos solos y felicitémoslos cada vez que se pueda por todo el esfuerzo que están haciendo y no metamos a todos en la misma bolsa con las odiosas generalizaciones. 2. Aquel día muchos me dirán: ‘¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?’ Entonces yo les diré en su cara: ‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal’. Duro el Señor con los que hayamos sido puro bla bla y no hayamos hecho lo que Él nos enseñó. Porque podemos oír por costumbre y sin embargo no escuchar, resistir interiormente, ser hipócritas pretendiendo engañarnos y engañar a los demás, pero a Él no se lo puede engañar, ya que lo ve y lo sabe todo y hasta las motivaciones por las cuales nosotros hacemos las cosas: "si yo tuviera... pero si no tengo amor de nada me sirve" de aqui la importancia de la parábola de la casa que nos presenta el Evangelio: "El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente". Jesús nos habla de escuchar y contruir, pero no nos da lecciones sobre contrucción de casas, pero se sirve de estas imagenes de las dos casas para revelarnos, que mediante una escucha atenta y creyente de su Palabra, se construye una relación verdadera con Él, construcción con Alguien que está vivo y que me habla desde su palabra para revelarse y darse a conocer y para que me revele mi misterio humano y me pueda conocer, porque en este conocer que es convivir con Él por la fe y la Palabra, se va dando la amistad entre Jesus y sus discípulos. Así como una casa se construye armando bien los cimientos, eligiendo los materiales, levantando las paredes u hasta el techo, esto hace posible la vida que es para lo cual la casa o el hogar debe existir y tiene sentido. 3. Les propongo en visperas de una nueva cuaresma, que hagamos memoria, rastreemos en nuestras almas las huellas que la Palabra de Jesús ha ido dejando para reconocer en nuestra manera de ser lo que ésta, adoptada como norma de vida, nos ha dejado haciéndonos ser lo que somos, y también busquemos lo que nos falta, con la esperanza de llegar un día a hacer la integración entre las luces y las sombras y que hayamos encontrado la sabiduría de haber aprendido de todo ello; estemos en paz y afrontemos el desenlace de nuestra vida con serenidad, alegría, altruismo, confianza, generosidad; y dando hasta el final, que en realidad será el comienzo de lo que no se termina sino que continúa porque se transforma. ¡Vamos! que tenemos los 40 días de la Cuaresma para hacer este ejercicio de búsqueda interior y de crecimiento, con alegría y esperanza, porque ninguno de nosotros puede decir que Dios pasó de largo por su vida sin haber sembrado la semilla de la Palabra para que esta fuera vida. Los quiero con toda el alma que les pertenece tanto como a Jesús. +Manolo Subir al índice


VIII° DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO “Busquen el Reino de Dios y su justicia y lo demás se les dará por añadidura” Mis queridos hermanos en el Amor del Señor y de la Virgen Madre: Isaías desde el exilio de Israel en Babilonia, nos dice una de las palabras del Amor de Dios a su pueblo más conmovedoras, y toda una revelación acerca del corazón maternal de Dios, de un Dios con entrañas, con sentimientos de inmensa ternura: Sión decía: «El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí». ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré! Yo te llevo grabada en las palmas de mis manos” Is 49,14-16; ¡Cuanta belleza! Creo que no haría falta decir más por hoy y quedarse meditando en esta expresión. Un Dios así es digno de fe, de confianza y por qué no de amor y esto es lo que nos sirve de puente para comenzar a reflexionar lo que nos dice este evangelio tan rico que la Liturgia nos presenta hoy. 1. Los dos señores uno que libera y el otro que oprime y esclaviza, Yahvé o el becerro de oro, la aventura del desierto de la mano de Dios y la falsa seguridad del animal dorado, que corrompe cuando ocupa el lugar de Dios y el prójimo y la atención que sólo ellos merecen. No se puede amar a Dios y al dinero. Servir al dinero, objeto universal del deseo, corrompe, esclaviza y vuelve a las personas avaras, indiferentes y egocéntricas. Se enferman de si mismos y, por supuesto, los otros no existen: ni Dios ni el prójimo. La ambición y la sed insaciable de riqueza los vuelve insensibles y llenos de ansiedad y de miedo. En el fondo son idólatras dominados por el tener, el poder y el placer como suprema razón de sus vidas. Dios o el dinero, ambos tienen la extraordinaria capacidad de acaparar y absorber todas las fuerzas del alma, con sus consecuencias. Servir a Dios, libera, engrandece y santifica a quien lo ama. Lo vuelve creativo, audaz, esperanzado, alegre, pacificador, justo, compasivo y misericordioso, paciente y constante. Multiplicador de vida y de sueños, aunque pobre de espíritu con el alma rica en amor de Dios y del prójimo. La confianza en Alguien Superior, que se revela como Padre y Señor, que cuida y conduce, hace de quien cree viva en la confianza, ocupándose cada día de su afán, pero sin angustia ni preocupación, con previsión porque no debe ser ingenuo, no se puede vivir sin dinero, el problema es cuando se vive para el dinero y para emplearlo mal. Por eso debemos hacernos conscientes de que: Quien cuida de los pájaros y viste la hierba del campo, que tiene su valor, ¿Qué no hará por aquellos que valen más y que además son sus hijos? El Padre es Yahvé Jireh, es el Señor que Provee, por el que nada nos falta, que está en el cielo y sabe bien las necesidades que tenemos. Por esto tres veces en este evangelio aparece la expresión “no se inquieten por…” y se nos invita a la paz que es lo opuesto a la in quietud del corazón propio del pagano, del que no cree y no ve ni más allá ni más arriba, que piensa que todo lo que pasa depende de él, de ser así pobrecito, el mundo se la cayó encima y no podrá decir hoy con el salmo “Sólo en Dios descansa mi alma” 2. ¿De donde nos viene la inquietud, cual es su origen? ¿Es real o es inventada por la sociedad del consumo, del poder y del placer? La moda, los esteriotipos de una sociedad superficial y que vive lejos de los valores trascendentes, no puede ofrecer otra felicidad que no sea la de una vida en la que se consuma y sólo se consuma, lo lamentable es que nosotros los cristianos, vivimos contaminados por ese espíritu mundano y también nos vestimos y adoptamos las posturas propias de quienes, por miedo a sentirse distintos o discriminados, parecieran no saber ser ellos mismos y tienen que ser como todos los demás, masificados y carentes de una personalidad propia de quienes creen y tienen otros valores y otras razones para vivir y ser felices. Ya enseñaba el Padre Chanpagnat a sus hijos: “humildad, modestia y sencillez” actitudes de todo cristiano auténtico y de todo creyente auténtico, porque son valores presentes en todas las confesiones. Nos parece que el miedo a las comparaciones es tan poderoso como el dinero, si no nos damos cuenta que nos condiciona y a veces hasta nos domina, parece que nos importa demasiado lo que los demás piensen de nosotros y eso es otra cosa que nos domina o que nos importa exageradamente. Jesús nos invita hoy: “Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción” ¿No preocupan las añadiduras más que el Reino y su justicia? Que nos vamos a extrañar que la inmensa mayoría viva angustiado si no tiene las añadiduras, no sabe que no las tiene porque no buscan el Reino de Dios y por eso se las pierden, y lo que es peor las busca en los ídolos. Si una sociedad va perdiendo los límites, el respeto por ella misma y consume demasiados ansiolíticos no ha de ser porque la paz y la tranquilidad de espíritu abunden en ella ¿Es extraño que en una sociedad sin Dios, pero llena de ídolos, se viva como se vive? Nuestra esperanza es que los cristianos comencemos a marcar la diferencia, sin miedo a ser distintos, y sin muchos discursos mostremos el camino de la verdadera bienaventuranza, de una felicidad autentica y duradera ¿Será posible? Todo es posible para el que cree y confía en el Dios que se nos muestra hoy como Padre-Madre Amoroso que vela por el bien de sus hijos “Señor y Dios nuestro que todo lo ves y te compadeces de tus hijos angustiados y preocupados, danos una fe y una sabiduría que nos permita vivir de otra manera. Danos ser felices porque en Ti encontramos el descanso a nuestras preocupaciones, que nos ocupemos de vivir para ser felices y hacer felices a aquellos que nos rodean, a los de cerca y los de lejos, los de siempre y los nuevos, todos somos llamados a encontrar en Ti nuestra esperanza y nuestra paz. Por Cristo, tu Hijo y Nuestro Señor. Amen + Manolo Subir al índice


DOMINGO VII DEL TIEMPO DURNTE EL AÑO “Amen a sus enemigos, bendigan a los que los maldicen…” Queridos hermanos en el Señor Jesús: Está llegando a su fin el Sermón de la Montaña que nos ha ocupado todos estos domingos. Al iniciar nuestra reflexión queremos situar el texto del evangelio en una advertencia de Jesús que nos ayudará a ver qué quiere decirnos hoy: “Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos” En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; los que trabajan por la paz, los pacientes y los que tienen espíritu de pobres, renuncian a la violencia y usan la agresividad, propia de la condición humana para dominarse enérgicamente a si mismos, (recordemos que violencia y agresividad son dos cosas bien diferentes!) El dominio de sí mismo no es un atributo del budismo o del Kung Fu, sino ante todo un fruto del Espíritu; la mansedumbre es la virtud de los fuertes pero no de los poderosos, y tengamos presente que unos y otros no son iguales. Jesús también dice al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. ¿Acaso no somos hermanos? Los cristianos de Corinto cuando tenían alguna diferencia o conflicto de intereses, recurrían a los tribunales paganos, lo que era un escándalo entre los discípulos y los hermanos, porque para el espíritu del evangelio, había que resolver siempre las cosas en el marco de la comunidad y bajo la primacía de la caridad. Las diferencias que podían surgir, debían ser circunstanciales y nunca permanentes, porque la paz, la fraternidad y la filiación de Dios están por encima de toda diferencia, y S. Pablo los exhortaba a obrar de esta manera Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda, el que da sin miedo a perder o a que no le devuelvan, el que es generoso, recibirá el ciento por uno, pero para esto hay que dar el salto en la fe y esperar de Dios la recompensa a la generosidad del dar, esta es la fe del cristiano renovado y transfigurado por el Espíritu, que sabe en quien ha puesto su confianza. Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; Yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos. Santo Tomás de Aquino ya decía en la Edad Media, que nuestro diseño psicológico nos lleva a amar espontáneamente a los que nos aman y a cuidarnos de los que buscan hacernos daño. El amor a los enemigos del que nos habla el evangelio no tiene nada de tierno y no genera retribución en este mundo sino en el venidero. Es un amor árido, despojado de toda forma de placer, duro y difícil porque nuestra naturaleza se resiste a un amor de estas características, por eso amar a los enemigos es la expresión eminente del Amor de Dios o la fuerza del Espíritu Santo en el hombre nuevo. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? “Somos llamados por el Señor a marcar la diferencia, a tener una conducta nueva que brille como una luz en medio de la oscuridad de un mundo violento y sin piedad, injusto y perverso” Así, si nuestra justicia o santidad no son superiores a las de los escribas y fariseos…”nos quedamos afuera. Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto” ya decía Paulo VI que las utopías no son ideas fantasiosas sobre realidades imposibles de alcanzar, sino una fuente de energía psíquica y espiritual capaz de hacer surgir del hombre lo mejor de la condición humana. La utopía del evangelio, la utopía de Cristo es que seamos perfectos como el Padre Celestial, que tiene una perfección infinita. Jesús, como todo maestro de la antigüedad les planteaba a sus discípulos un ideal muy alto, para que el discípulo aspire y crezca indefinidamente. El Señor nos habla de la gracia el regalo o el don de ese ideal, al que el Espíritu arrastra a sus discípulos, llevándolos a ser hijos de ese Dios que hace salir el sol sobre buenos y malos y llover sobre justo y pecadores. Sin un ideal alto no nos moveríamos ni un centímetro, Jesús lo sabe, por eso nos da la gracia y también el desafío de ser perfectos, sin mentirnos ni tomarnos el pelo, nunca buscaría burlarse de nosotros. Ante el peso de sus palabras lo primero que surge de nosotros es muchas veces, la incredulidad y Él ha hablado de verdades y realidades, no de fantasías o sueños imposibles. Todo el sermón de la montaña es entonces una invitación a la fe, si el Señor lo dice es porque así es y así será “no temas, basta que creas” que el Espíritu Santo se encargará del resto. Santo no es sólo el que quiere serlo, sino el que se deja hacer santo por el Espíritu de Jesús. “Señor tu que eres bondadoso y compasivo, aparta de nosotros la tentación de la incredulidad, la duda y la desconfianza ante todo lo que nos dice el Sermón de la Montaña. Ha sido escrito para nosotros los hombres nuevos. Haz que ese nuevo ser se manifieste en nuestra vida para que todos los que nos vean te glorifiquen y te reconozcan gracias a la vida de fe de tus hijos. Que el Espíritu Santo haga de nosotros lo que no sabemos y podemos hacer por nosotros mismos” Te lo pedimos en el Nombre de Jesús, tu Hijo y Nuestro Señor que contigo reina por los siglos de los siglos. Amén + Manolo Subir al índice


VI° DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Queridos hermanos en Jesús Señor y Salvador: Cuando Jesús sube al monte de las Bienaventuranzas lo hace como imitando a Moisés que recibió de Dios los Mandamientos en el Sinaí. Este sermón de la montaña, les suena familiar a los oyentes de Mateo, judeo-cristianos ellos, porque hay un lugar similar y una enseñanza relacionada con lo que era esencial a su fe, la ley de Dios o la ley de Moisés. La gran catequesis que Mateo les dedica es su Evangelio, ellos eran judíos convertidos a Cristo, jóvenes o novísimos cristianos, que recién están pasando de una fe antigua a una fe nueva, que tienen que crecer como lo llamará san Pablo “hasta la estatura de Cristo, hasta la altura del hombre nuevo” y Mateo está empeñado en esa tarea. Socio del Espíritu Santo que revela e inspira las tradiciones orales y la redacción final de cada obra literaria, Mateo recopila y ordena lo que va encontrando, pensando en la maduración de la fe de sus hermanos. Por eso su evangelio tiene las características que tiene, haciendo siempre referencia al Antiguo Testamento. 1. En la fracción de su obra que nos ocupa hoy, Jesús dice: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas” Existe en la condición humana, y es lamentablemente muy común, el hacer borrón y todo de nuevo, descalificando y hasta despreciando lo hecho por otros anteriormente: ¿si tenemos la nueva ley de qué nos sirve la vieja? No, no, no, NO es posible hablar de una fe y una ley nuevas si antes no se conoce bien la anterior. Por imperfecta e incompleta que ésta haya sido, (no por la ley en sí, sino porque los hombres la convertimos en algo estéril y por eso no dio fruto), esto no hace que deje de ser la Ley de Dios dada a los hombres; entonces el problema como siempre, no es la ley, el problema somos nosotros los hombres. Así se entiende que Jesús no suprima la antigua ley, sino que venga a cumplirla, profundizarla y perfeccionarla. Lo hará en sí mismo y desde si mismo, por eso entre sus últimas palabras hay una referencia a esta voluntad de Dios manifestada como ley “todo se ha cumplido e inclinando la cabeza expiró” A partir de estos presupuestos sobre la ley de Cristo, cabe preguntarnos ¿Será posible cumplirla? ¿Será posible cultivar todos los valores enumerados en esta parte del sermón de la montaña? ¿Podremos tener una pureza tal que llegue hasta las intencione con que se mira? ¿Podremos respetar las promesas y juramentos hechos? ¿Podremos tratarnos con respeto, sin agresiones verbales o insultos? Decía alguien: “su palabra es todo lo que un hombre tiene” Si le damos nuestra palabra al Señor ¿seremos capaces de mantenerla en el tiempo? Nos decía Marcos días atrás hablando sobre la cuestión de lo puro y lo impuro:"Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre". Entonces hermanos: “Bienaventurados los mansos porque heredarán la tierra” “Bienaventurados los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios” “Bienaventurados los que tienen un corazón puro porque ellos verán a Dios”. Ojo que vivimos y nos movemos en el mudo de lo descartable, lo provisional y lo relativo. Si la antigua ley no fue posible de cumplir, ahora hay una nueva que es profundización y perfección de la anterior Ante este panorama sobre la condición humana ¿Qué podremos hacer nosotros? Veamos, los evangelios y toda la Palabra de Dios, nunca podrían ser una monumental burla o tomada de pelo de Dios al hombre. No son algo para que Dios se ría de los hombres, o les pida cosas que no pueden alcanzar o promesas que después el hombre no va a poder cumplir, Dios no es un burlón y mucho menos un animador de televisión que se puede burlar de todo y de todos “todo esto es una broma para…” y además con muy mal gusto. Por esto venimos hablando desde hace varios domingos de un hombre nuevo, el cristiano transformado por la presencia y la acción del Espíritu Santo, para quien esta ley nueva y grabada en su corazón, es su ley, su luz interior, la que le muestra el camino que debe seguir para ser perfecto. Pensemos que si el Hijo de Dios se encarnó por obra del Espíritu Santo y como Hijo era la Palabra de Dios hecha carne, nosotros no podremos encarnar el mensaje de Jesús, el sermón de la montaña, ni siquiera una i o una j de todo el evangelio, sino es por obra y gracia del Espíritu Santo, y por lo tanto tampoco podremos enseñarlo a otros de una manera atrayente y creíble. “Vayan, anuncien y enseñen a guardar todo lo que Yo les he mandado” esto nos fue dicho por el Señor y nosotros hemos aceptado su mandato. 2. “Pero Yo les digo…” Lindo problema para aquellos judeo-cristianos, porque hasta hacía poco la enseñanza indiscutible para ellos era la ley de Moisés y los Profetas y ahora resulta que en otra montaña y con referencia al Sinaí, se presenta un hombre que dice: “Han oído que se dijo, más Yo les digo…” En Mateo Jesús es quien resume en su Divina Persona a Moisés, como el nuevo y definitivo caudillo y conductor del nuevo Pueblo, al Rey David siendo el nuevo y definitivo Rey, al Sacerdocio del Antiguo Testamento al ser el Sumo Sacerdote de los Bienes Futuros. Jesús es Aquel en quien se concentran las instituciones centrales del Pueblo de la Antigua Alianza: Ley, Realeza y Sacerdocio. Jesús toma la posta de Moisés y su ley, la eleva y perfecciona, pero desde otro lugar infinitamente superior, porque Moisés trasmitía la palabra de otro, Jesús es la Palabra misma de Dios, que habla por si mismo a los hombres y su autoridad es absolutamente superior a la de cualquier legislador, maestro o profeta por más siervos de Dios que hayan sido. Ninguno de ellos era el Hijo Único de Dios, no eran Dios hablándonos, enseñándonos y legislando para nosotros “en vivo y en directo” Jesús no fue el embajador de Dios, ni sólo un enviado o un maestro iluminado para conducir a los hombres a la luz y a la verdad; El no era un chamán o un místico más que podía decir algo sobre lo absoluto. Jesús era Dios encarnado, el Emanuel, el Camino, la Verdad y la Vida, así es que estamos ante “lo que ningún ojo vio ni oído escuchó ni vino a la mente de nadie” 3. En la cabeza de quien podía entrar que Dios mismo bajaría del cielo, se encarnaría, aparecería hecho hombre y se haría nuestro hermano para venir a enseñarnos cómo se vive y cuales son las luces que llevan a la verdadera felicidad?. A este descubrimiento quería llevar Mateo con su monumental obra, a aquellos cristianos de entonces y a nosotros ahora. Esto lo decimos con admiración por la novedad que significa y también haciendo hincapié en la enseñanza, porque vivimos en un mundo muy interconectado y donde surgen constantemente formadores de opinión y esto siembra muchas veces confusión hasta entre los mismos cristianos. Muchos piensan que Jesús y su doctrina son solamente una opinión más entre las muchas que hay y confunden respeto a otros pensamientos con complacencia. Jesús nos invita a ser comprensivos y tolerantes con los que creen, piensan y sienten distinto que nosotros, pero jamás nos invitará a renunciar a nuestras convicciones, a dejar de lado sus enseñanzas y menos aún a meter todo en la misma bolsa. Nosotros por mandato del Señor estamos en el mundo para enseñar, mostrar el camino con su autoridad y con gran caridad, pero la fe nunca es una opinión sobre Dios y lo que enseña en su Palabra, la autoridad de la Palabra de Dios, no pueden nunca ser tema de discusión, será tema de diálogo, de compartir, de comunicar pero no para someterla a un debate acerca de su validez o no, la Palabra no sólo está fuera sino muy por encima de la opinión de cualquiera de los opinólogos de turno. El Pueblo de Dios, el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia en definitiva, y cuando decimos Iglesia, no nos referimos solamente al Papa y los Obispos, sino a todo el Pueblo de los bautizados; este Pueblo no opina, la Iglesia enseña; y lo que enseña se acepta y se sigue o se rechaza y se abandona, pero ojo con lo que se abandona, no son letras, palabras, oraciones, es Cristo mismo a quien se abandona, porque Él no está dividido. Persona, Misterio y Palabra en Jesús son una sola cosa. En esto no cabe indefinición porque hace a nuestra más profunda identidad y misión en el mundo y en la historia. Si los católicos lo entendiéramos, mucho bien nos haríamos y le haríamos a todos, sobre todo podríamos protegernos de la opinología, que pretende ser verdad revelada e indiscutible, con un grado de intolerancia que sorprende por su agresividad y que tiene tremendo poder y recursos como para imponerse aún entre nosotros si no tenemos cuidado. Son tiempos maravillosamente difíciles para creer y seguir a Jesús, tiempos de ser con Él signo de contradicción y de poner al descubierto los pensamientos íntimos de muchos. Ahora terminemos con una breve oración: “Ven Espíritu de Verdad, Espíritu de Jesús, ven a llevarnos a la verdad completa, presérvamos de la confusión tanto como de la mentira, únenos a Cristo verdad y vida, ven a ser nuestra luz interior, sé nuestro Maestro Interior, susúrranos al corazón las verdades eternas, revélanos plenamente a Jesucristo, haznos caminar en su presencia siempre con paz, alegría y esperanza. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor” Amén. Creo en Dios Padre, Hijo y Espìritu Santo... +Manolo Subir al índice


V° DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO “Ustedes son la luz… ustedes son la sal…” Queridos hermanos en el Señor: 1. El Sermón de la Montaña nos ocupará durante estos domingos y alimentará nuestra oración y reflexión desde lo que la liturgia de la Palabra nos propondrá. Las bienaventuranzas no sólo son la clave cristiana de la felicidad, sino también un resumen, como un prólogo que después se irá desarrollando a lo largo de los tres capítulos que la componen; y podremos encontrar ecos de ellas en las distintas enseñadazas de Jesús: ¿Cuáles de ellas están presentes en la palabra de este Domingo? Lo que nos revela el profeta:- “Comparte tu pan con el hambriento, abre tu casa al pobre sin techo, viste al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano. Entonces surgirá tu luz como la aurora y cicatrizarán de prisa tus heridas; te abrirá camino la justicia y la gloria del Señor cerrará tu marcha. Entonces clamarás al Señor y él te responderá; lo llamarás, y él te dirá: ‘Aquí estoy’ – encaja perfectamente en la que dice: “Felices los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” La pregunta que surge de este texto, es si nosotros a la manera de Dios, somos capaces o no, de tomar la iniciativa, salir de nuestros miedos y egoísmos y animarnos a dar el primer paso, porque los que necesitan misericordia ya están allí, han estado allí siempre, pero solamente ahora que sobre nosotros ha brillado una Luz, los podemos ver, podemos descubrirlos, desde dentro de nosotros mismos. La fe nos ha convertido en un espejo sensible, donde la necesidad del otro se refleja y nos demanda una acción determinada pero también directa y sin vueltas. Lo maravilloso es que esto no quedará sin recompensa, más allá de poder hacerlo, que es una parte de esa recompensa, además surgirá nuestra luz, las heridas de nuestro pasado quedarán sanas, clamaremos al Señor y El nos dirá aquí estoy, alcanzaremos la misericordia que siempre necesitamos. 2. ¿Quiénes somos nosotros? es la segunda pregunta que surge ahora desde el evangelio y él nos responde, “Ustedes son la sal de la tierra” “Ustedes son la luz del mundo“; el Señor nos conoce y nos llama por el nombre. La fe toca y le da un nuevo ser al cristiano, ser personas, ser alguien en sí y para alguien, esto ya se daba en el diálogo entre Dios y Abraham, a quien el Señor llama por su nombre, para sellar una alianza y formar desde él y con él su pueblo “de ti haré surgir un pueblo numeroso como las estrellas del cielo y la arena de las playas marinas”, ser yo y ser para los otros, es vivir concientemente nuestra pertenencia al Pueblo de Dios. La fe nos da identidad, nos da a conocer quienes somos y nos muestra lo que somos: discípulos y seguidores de Cristo: “Jesús, subió a la montaña, se sentó y sus discípulos se acercaron a Él” por eso somos la sal de la tierra y la luz del mundo. Ser sal, no quiere decir ser una salina o un salar. La sal de manera doméstica realza y da sabor a las comidas, conserva los alimentos, impide que se corrompan, siempre y aunque sea poca hace mucho, está al servicio del otro, mira y piensa en el bien del otro. Es buena para hacer lo que tiene que hacer. En tiempos de Jesús se usaba para mantener vivo el fuego de los hornos y servía de abono para la tierra. También se celebraban alianzas de sal, incorruptibles y duraderas. En un sentido espiritual, ser sal es darle sabor a la tierra o a la vida de los hombres, hacer fecunda la vida de los otros, de aquellos a quienes toque el mensaje de Cristo que nosotros debemos transmitir, es llevarlos de una vida caduca y sin sabor a una vida incorruptible, esa vida del Espíritu que se hace presente tanto en el corazón del discípulo que habla, como del oyente que escucha. Veamos ahora el otro aspecto, no menos importante, de nuestra identidad, ser luz. ¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? Si el Señor nos ha dado la capacidad de ver, es porque lo hemos reconocido a Él como la luz que ha iluminado las tinieblas de nuestros corazones, las ha disipado y nos ha convertido en luz para guiar a otros, de nuevo aparece la luz como un elemento en función de otro. La luz hace ver, por eso ser luz del mundo es hacer ver al mundo, ver al otro y en el otro, para que deje de andar a oscuras y a los tumbos, darle a conocer que la voluntad de Dios es que viva iluminado y no enceguecido y en la ignorancia sobre todo del Amor de Dios, que pueda entender que tiene una dignidad, un valor, un origen y un destino. Que no es fruto de una casualidad, que hay un designio sobre su vida y un proyecto que descubrir y desarrollar, que tiene que ser feliz, que la desdicha no viene de Dios y que en tal caso la fe en Dios será su refugio y fortaleza. Ser luz hermanos es avivar gente. Crear conciencia, tirar abajo estanterías, golpear puertas, romper barreras, abrir los ojos, sacudir dormidos, despertarse y despertar a otros, por eso nuestra bienaventuranza de la sal y la luz es “Felices los perseguidos por practicar la justicia porque de ellos es el Reino de los Cielos” porque es dar a cada quien lo que necesita, la sal y la luz de la vida, aunque esto a otros les moleste, los enfurezca y los convierta en hostiles perseguidores, porque es poner al descubierto como son y lo que hacen, es que se vaya terminando la impunidad, el descaro y la hipocresía, es que haya luz en vez de tinieblas. ¿Acaso no hizo esto Nuestro Señor Jesucristo? ¿Acaso no fue perseguido desde bebé y hostigado como adulto? Por hacer esto fue llevado a la cruz víctima de la corrupción de su tiempo, pero en ella y por medio de ella los venció, los redujo a la impotencia. Luego resucitó porque lo que Dios hace siempre termina bien, por eso les decíamos el domingo pasado: que el Sermón de la Montaña miraba hacia la cruz, miraba hacia la Pascua, que es muerte y resurrección. ¿Qué es lo que muere? una manera vieja y caduca de ser ¿Qué lo que resucita? una nueva forma de ser y de vivir. Esa vida nueva en el Espíritu. Esto es estar bautizados en el Espíritu Santo del que se nos hablaba en Navidad. Mateo lo vivió y nos trasmite este Sermón maravilloso, para construir al cristiano de adentro hacia afuera, a la inversa de sus contemporáneos que pensaban que con el cumplimiento de leyes externas alcanzaba para agradar a Dios. Lo que Mateo vio es al hombre nuevo, nacido del Agua y del Espíritu, pero que necesitaba una ley nueva, una ley gravada en su corazón: Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que signa mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Que la Eucaristía que cada domingo recibimos, nos de la fortaleza necesaria para plasmar en testimonio de vida, en convicción y con valentía las bienaventuranzas y el Sermón de la Montaña que san Mateo en el Nombre de Cristo nos invita a escuchar y convertir en nuestra manera de vivir. Terminemos con una breve oración de petición: “Padre, en el Nombre de Jesucristo tu Hijo amado, te pedimos que nos demos cuenta que la nueva ley ya está escrita en nuestros corazones y que es fuente de luz y de alegría. Haz que produzca frutos abundantes de justicia y santidad porque esta ha sido siempre tu voluntad. Que en nuestra fidelidad encuentres tu complacencia” Amén +Manolo Subir al índice


IV DOMINGO DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO El Srrmón de las Bienaventuranzas, Jesús, el primer y pleno bienaventurado... feliz.... “Bienaventurados los… porque a ellos…” Mt 5,1 Queridos hermanos: 1- Cuando Jesús se manifiesta al Pueblo lo hace viniendo de un grupo social oculto, pero a la vez presente en medio de la comunidad israelí. Jesús, María y José, Zacarías e Isabel, Juan el Bautista, Simeón y Ana y muchos otros judíos piadosos de aquel tiempo, eran los pobres de Yahvé, el pequeño resto fiel. “Dice el Señor, yo dejaré en medio de ti, pueblo mío, un puñado de gente pobre y humilde. Este resto de Israel confiará en el nombre del Señor”. De allí surge el Mesías, por eso su origen es humilde, silencioso, discreto y muy modesto. Con razón nace en un establo y no en un palacio, nace de la pureza, la pobreza y la santidad, no del lujo del poder y la opresión que esclaviza y aturde. Él es, junto a la Virgen, los primeros bienaventurados, los dichosos, en especial la Madre del Señor por la grandeza de su fe: “feliz de ti por haber creído lo que te fue anunciado de parte del Señor”. Bienaventurados por su elección de Dios como lo primero en sus vidas, y así, su fuente de armonía, paz y alegría. 2. Jesús habla de si mismo sin dar su nombre: Jesús es el pobre de espíritu, el que llora, el que tiene hambre y sed de justicia, el misericordioso, el de corazón limpio, el perseguido por practicar la justicia, el injuriado, el hostigado y calumniado. Signo de contradicción y el que revela los sentimientos íntimos de muchos, el que es la luz que brilla en las tinieblas y a quien las tinieblas rechazaron. Es el alegre y el que salta de contento porque su premio es grande en el Reino de los Cielos. Nosotros somos esto que Él supo ser para que sigamos su ejemplo, lo imitemos y seamos felices como lo fue Él y a su manera. Si nosotros seguimos mirándolo y nos fijamos bien, vamos a encontrar en su vida un entramado de las bienaventuranzas, que culminan en el Misterio Pascual. Todo este sermón de la montaña mira hacia la cruz, la muerte y la resurrección del Señor. Esta espiritualidad vivida intensamente por el pequeño resto de Israel, el Israel de Dios, es en donde se cría Jesús de Nazaret y de donde el saca por contraste, con lo que ve en el afuera y lo que vive desde adentro, cual es el único camino, para que el hombre llegue a ser hombre y para que su vida termine junto a Dios. Esto nos lo dice en la bienaventuranza central de este sermón: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” La beatitud, el gozo celestial, la gloria de Dios; en definitiva, la felicidad del hombre para Jesús, es ver al Padre cara a cara luego de esta vida. Así se muestra: Jesús es la puerta, el camino, el pastor, el amigo, el mediador y el puente por el que Dios viene a nuestro encuentro y nosotros salimos al suyo. Para alcanzar esta felicidad infinita tenemos que hacer vida las bienaventuranzas, porque éstas nos revelan la manera en que Cristo fue feliz, por supuesto opuesta a la manera del mundo que lo odia por esto. Éste mundo busca explotar, dominar, depredar, lucrar a cualquier costo o sin importar las consecuencias, disfrutar de cualquier manera, hasta de las formas más contrarias a cualquier ética filosófica o moral con un poco de sentido común. Las bienaventuranzas y todo el Sermón de la Montaña, nunca pierdan vigencia y actualidad, porque el mundo sigue siendo el mismo estafador de siempre, el mismo mentiroso de siempre y que solo puede ofrecerle al hombre la droga del no pensar, del conformismo, del placer y del consumo como medio de alcanzar una felicidad en el fondo mentirosa. 3. Consumir es necesario y es bueno, lo malo es pensar que solo con eso alcanza para ser feliz. El día que los límites propios de esta vida aparecen y se imponen con toda su fuerza ¿que podemos hacer con las tarjetas de crédito, con el último invento tecnológico, con los viajes de placer, con el último celular o con cualquier otro objeto de consumo?, pues nada, nada, ya que ninguno de ellos puede darnos, en ese momento crítico, la felicidad que la propaganda nos prometió y que nosotros creímos. Nada pueden hacer cuando enfermamos o perdemos la capacidad de comprar o cuando nuestra vida corre peligro. ¿Que van a hacer por nosotros los comerciantes de una felicidad efímera? Los que estaban anestesiándonos, para que no fuéramos despertar, que nos aviváramos y nos diéramos cuenta, porque adiós negocio. El pecado de Occidente es viejo y muy poco original, la idolatría, fabricarse sustitutos de Dios y hacerse dependiente de los ídolos, adicto a las cosas y por lo tanto esclavo de ellas. El precio de esto no es lo que las cosas cuestan, el precio es que no se pueda vivir sin tenerlas, el precio es no poder decir que NO, el precio es la libertad perdida. 4. El Oriente cristiano y no cristiano es de una riqueza y desarrollo científico-tecnológico extraordinarios, pero igual de alto es su nivel de espiritualidad y ésta mostrada y exhibida públicamente. El Occidente cristiano actual ni siquiera se le acerca. Iglesias vacías convertidas en museos, partes de edificios dedicados a la formación del clero transformados en restaurantes, alquilados a universidades porque no se los puede mantener y porque no hay vocaciones. Para nuestros hermanos de oriente las cosas solo son medios, no son fines ni mucho menos el centro de sus vidas, tienen claro que el fin es otro, que el fin es Dios y éste Dios presente en el centro de sus vidas ¡Cuanta actualidad tiene la espiritualidad de los Pobres de Yahvé! Lástima que la vivan otros que ni siquiera son cristianos, que ni siquiera tienen nuestra fe. Los creyentes orientales viven la oración permanente, no tienen vergüenza, ni ocultan su fe. La sensación es que Dios, la fe o la espiritualidad no son el centro de la vida y la cultura de los cristianos occidentales: a Dios se lo ha sacado de circulación, se lo ha encerrado en unos pocos templos y se vive como si, en la vida de cada uno, no hubiera algo más, como si no existiera, en un ateísmo práctico sin valores trascendentes ni religiosos. El hecho de que jóvenes y adultos estén más preocupados por adquirir lo último, consumir y darse todos los gustos, más que en encontrar un valor y un significado auténtico para vivir, es algo que nos debe despertar la preocupación, algo o mucho estamos haciendo mal para que sea tan fuerte y profundo el contraste entre una civilización y la otra. Que los mismos que rechazan su ser cristiano encuentren a Dios fuera de la Iglesia, que cambien de culto y hasta de fe es algo a lo que hay que prestarle mucha atención. Alejados del Espíritu, las vidas de miles y miles de cristianos están huecas y, al ser tan superficiales, se han quedado vacías y carentes de contenido. Solo se ve algo en algunos movimientos de conversión, retiros espirituales o de inquietud misionera, una minoría, pero no se ven a nivel público, no se ve nuestra fe a nivel masivo, como sí se ve públicamente en aquellos hermanos y creyentes de otros pueblos y culturas. No debemos pensar que con el turismo religioso que va de visita a los santuarios o a los lugares donde habrían apariciones extraordinarias, ya somos un país y que tenemos una cultura religiosa, no seamos ingenuos, la religiosidad popular es un signo respetable y para agradecer, mejor algo que nada, pero tiene adentro una mezcla de creencias muy reñidas con la verdad y la belleza de la fe en Cristo y de una auténtica espiritualidad. Las preguntas que surgen del evangelio de hoy nos parece que podrían ser estas: ¿En qué consiste tu felicidad? ¿De donde viene? ¿Te sentís parte del sueño de Jesús? ¿Sentís que creer en Dios tiene algo que ver con ser feliz? ¿La fe te ayuda a alcanzar la felicidad? Que tengamos el divino coraje de respondernos estas preguntas sobre ser feliz, ser dichosos, ser bienaventurados, que encierran las palabras de Jesús, contenidas en el evangelio de este domingo. “Señor bondadoso y rico en misericordia, escucha la voz de mi corazón que está lleno de preguntas sin respuesta. Muéstrame por medio de tu Hijo y su Palabra el camino que me lleve a la felicidad, escúchame porque soy tu hijo, porque hoy me pides que sea feliz, quita todos los obstáculos que me lo impidan. Te lo pido por tu Hijo y la oración de la siempre feliz, María Santísima” Amén Creo en Dios… +Manolo Subir al índice


III DOMINGO DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO Queridos hermanos: 1. En la vida de Jesús como en la nuestra hay signos para cada uno, que Dios envía para darnos a conocer que ha llegado el momento de tomar decisiones importantes y trascendentes, con las cuales la historia de cada uno queda orientada y marcada para el resto del camino: “Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm” Esto para el Señor significó el inicio de su Misión Evangelizadora y la Revelación del misterio íntimo de Dios y de su Persona. Comenzar a poner al descubierto el secreto escondido por 30 años de vida oculta en Nazaret y comenzar visiblemente a ser el Mesías que esperaban no sólo los judíos, sino también todos los hombres de buena voluntad, todos los que querían un cambio real de aquello que los rodeaba y esperaban la intervención de Dios en la Historia, intervención anunciada, esperada y deseada, y que marcaría el comienzo del tiempo final y de la transformación del mundo, dando nacimiento a “los cielos nuevos y la tierra nueva” El evangelio predicado por Jesús y heredado por la Iglesia, es el único verdaero poder, capaz de transformar al hombre y su mundo. La filosofía y las distintas ideologías, los diferentes reinos y sistemas de vida han fracasado en este empeño, han dejado al hombre sin respuestas radicales para sus ansias, con el sabor amargo de la frustración y un gran vacío en el corazón y el espíritu. El Evangelio es más que todo esto, mucho más, porque no es un conjunto de ideas, el Evangelio es la vida misma, por eso no hay ideología que pueda contenerlo, porque la vida no se deja encerrar y desborda siempre el recipiente que pretenda apresarla o limitarla. La vida por su grandeza y dinamismo siempre va más allá, se abre nuevos caminos y nos sorprende siempre con nuevas respuestas y al mismo tiempo, planteando a las nuevas generaciones, renovadas y diferentes preguntas, a las que tenemos que aprender a responder. Jesús ha dejado abiertas las puertas para la aventura de vivir con sentido. La vida la recibimos, el sentido lo debemos encontrar cada uno. Tratando de responder a la pregunta sobre Jesús, hoy lo vemos como Aquel hombre que es libre y autónomo, el que decide y se hace responsable de una misión y un designio que le consumen todo su espíritu y su vida, el que se dedica por completo a lo que Dios le muestra. 2. Lo primero que Jesús nos plantea entonces y también hoy, es un cambio de mentalidad y la necesidad de acoger lo que Dios en Él nos propone: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Por conversión debemos entender un cambio de mentalidad, una manera nueva y distinta de ver e interpretar el misterio de la vida, esto sucede cuando tomamos a Jesús como la clave de interpretación de la vida humana, su origen, desarrollo y consumación, como tres momentos de una misma realidad, la vida en paz, armonía y comunión con Dios. Jesucristo es ese Alguien a quien mirar, escuchar y creer para entender quienes somos, por qué vivimos y qué hacemos en el mundo. Acoger el Reino es darse permiso para transformar la propia vida en la vivencia de las cuatro dimensiones que ésta nos da: la vertical que mira a Dios, la interior que mira hacia adentro de nosotros mismos, la horizontal que nos abre al encuentro con el otro y por último la cósmica que nos lleva a hacernos cargo del mundo. Si nos fijamos y leemos los evangelios con esta clave, vamos ver cómo Jesús desarrolló a la perfección las cuatro dimensiones y quiso enseñarnos a que nosotros las vivamos a semejanza suya, con toda la riqueza que ser hombres encierra y que debe salir a la luz. “Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia”. 3. Detengámonos a reflexionar la segunda decisión que Jesús toma y que nos muestra el evangelio de hoy: “Vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres” Vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron. El Señor comienza a fundar la Iglesia, a construir su herencia, la comunidad que llevará su Nombre y su Buena Noticia hasta los confines de la tierra. En estos hombres de entonces estamos todos nosotros presentes en la mente de Jesús. La Iglesia es la que subsiste por su voluntad, continuando su misión evangelizadora, docente y liberadora. Ella es quien hace presente el Reino de Dios en medio de todas las Naciones y culturas, asumiéndolas para convertirlas en Pueblo de Dios y el lugar de encuentro de las distintas culturas con el mensaje de Cristo, para expresarlo en su lengua y con los valores propios de cada una de ellas. La Iglesia es instrumento de inculturación del evangelio y de la evangelización de las culturas y esto es de una belleza y vitalidad inconmensurables. La vida nueva expresada de manera tan múltiple conservando su esencia incorruptible y yendo por los caminos que el Señor le sigue abriendo y por los cuales la sigue conduciendo. “Señor danos pasión por la misión, por la evangelización y la liberación de los pueblos y de los hombres. Haz de nosotros instrumentos de los cuales el Reino se sirva para extenderse. Danos la vitalidad siempre nueva del evangelio y la fe en él como único poder capaz de transformarnos y cambiar nuestro mundo. Te lo pedimos por intercesión de tu Madre, Estrella de la Evangelización”. Amén. Creo… Subir al índice


DOMINGO II DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO “Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo” Jn 1,29 Queridos hermanos: Toda la Palabra de Dios nos ayuda a ir descubriendo quien es Jesús y también quienes somos nosotros 1. Isaías nos habla del Siervo de Yahvé, que tiene la misión de hacer que vuelva a Dios el Israel disperso, pero a quien Dios convierte en Luz de las naciones, para que su salvación llegue hasta los confines de la tierra. Desde entonces ya EL pensaba en un pueblo que no conociese de razas ni fronteras, pensaba en nosotros que no siendo judíos, somos descendientes de Abraham por la fe y esta fe nos justifica. Este Siervo, será Jesucristo a quien Dios reconoció y nos lo presentó como su Hijo muy amado en quien se complacía, como nos recordaba el domingo pasado la fiesta del bautismo del Señor. Misterio si lo hay que ese siervo sea Dios con nosotros, Dios hecho hombre y en medio de los hombre, el invisible que se hizo visible, un Dios con rostro y aspecto humano, con cuerpo, alma y espíritu humanos, en quien creemos y a quien queremos conocer, amar y seguir. Así en la segunda lectura san Pablo dice que nosotros somos: “a quienes Dios santificó en Cristo Jesús y que son su pueblo santo, así como a todos aquellos que en cualquier lugar invocan el nombre de Cristo Jesús, Señor nuestro y Señor de ellos” Así somos quienes tenemos de parte de Dios su gracia y su paz, estamos por fin y fundamentalmente en paz con Dios por la Sangre de Cristo, para construir una relación viva y vivificante con el Padre bajo la acción del Espíritu que habita por el Nombre de Jesús en cada uno de los bautizados. 2. En el Santo Evangelio, se nos presenta un aspecto muy básico e importante de la cristología que tanto le gustaba a Josef Ratzinger, cuando escribía sus libros de teología, el tema de los títulos que los evangelios dan a Cristo, a partir de los cuales podemos ir entendiendo el mensaje de la fe y que tanta relevancia tiene para nosotros, porque no solo debemos creer concientemente sino dar razón de nuestra esperanza. Es decir yo creo en esto y mi esperanza es ésta, cuando nos sea demandada una razón para ser y estar en el mundo siguiendo a Cristo con nuestras convicciones. No detenemos hoy en el título con quien lo muestra Juan Bautista: “este es el Cordero de Dios…” El cordero en el Antiguo Testamento era sobre quien se aplicaban simbólicamente los pecados del pueblo, y después se lo dejaba suelto en el desierto. Esto dejaba legalmente purificado al pueblo, “le quitaba los pecados”, les daba una pureza legal y simbólica, esto se hacía solemnemente una vez al año. Cristo muy por el contrario no nos da una puraza legal o simbólica, sino real, él es el verdadero Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, no ya de un pueblo sino de toda la humanidad. Este nombre dado a Cristo llegará a su plenitud en el momento del Sacrificio de la Cruz, donde el Señor Jesús se convierte, Sacerdote, Altar y en Víctima, de la Nueva y Eterna Alianza, sellada con Dios por la Sangre de su Hijo, Cristo. Esto es lo que de verdad quita los pecados del mundo, es la gracia que nos limpia y nos santifica. 3. El texto de hoy nos da el fundamento de porqué a Cristo se lo llama Cristo “Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo” Cristo, significa Ungido, pero no con cualquier unción ni con cualquier aceite, sino el Ungido con el Espíritu Santo, para bautizar con lo que Él posee en plenitud, el Espíritu de Dios, que Cristo da a todo aquel que cree en su Nombre. Esto lo entendían muy bien los primeros cristianos, los primeros ungidos, porque escuchaban el evangelio, nacían a la fe y por esa fe recibían la unción del Espíritu por el bautismo. Nosotros que recibimos el bautismo de niños, tenemos que recordar y revivivr la experiencia y la realidad en nosotros de esa gracia para tener conciencia de la presencia escondida del Espíritu, lo que llamamos el bautismo en el Espíritu Santo, que transforma la vida de tantos cristianos “anónimos” en comprometidos. Sólo de esta manera podemos vivir la voluntad de Dios, ser fieles de Cristo y no sólo limitarnos a un cumplimiento litúrgico de la fe, sino una fe que tenga su influencia sobre nuestro mundo, a semejanza de Cristo que tomó los pecados del mundo, los quitó y puso en su lugar un corazón nuevo y un espíritu nuevo. “Cristo, Cordero Inmaculado y sin defecto, que has tomado sobre ti la Cruz que nos salva de los pecados por su poder,dame la paz que aún no tengo para que así pueda vivir en la presencia de Dios y haciendo su voluntad” Amén. Creo en Dios… + Manolo Subir al índice


PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO DURANTE EL AÑO“Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias” Mt 3,17 Queridos hermanos en el Señor: 1. Cerramos con la Fiesta del Bautismo del Señor el tiempo de Navidad y pasamos por el Portal, abierto en el río Jordán hace 2000 años, a reflexionar la vida pública de Cristo. Tan relevante es esta vida adulta del Salvador que dos de los Evangelios, Marcos y Juan, no tienen en su temática los hechos de la Infancia del Niño Dios, que nos han ocupado hasta esta semana desde la celebración de la Navidad y que concluyeron con la visita de los magos de oriente y la vida del niño en Nazaret. Los pastores se fueron, los magos también, los inocentes fueron asesinados por los soldados de Herodes, la Sagrada Familia se fue a Egipto y después volvió a Nazaret y el último dato que nos dan los escritos sobre el Niño, es la pérdida y el hallazgo de Jesús adolescente en el Templo de Jerusalén, durante una Pascua. Ya habían comenzado los años de silencio y el tiempo de maduración de la fe de la Virgen que: “guardaba todas estas cosas y lo meditaba en su corazón” y el crecimiento del niño que se fortalecía y se hacía grande en gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres. “Cuando comenzó su ministerio, Jesús tenía unos treinta años” Lc 3,23 2. De ahora en más y por varios domingos hasta el comienzo anual de la Cuaresma, nos vamos a detener y mirar con atención lo que el evangelio quiere mostrarnos a cerca de Jesús, Palabra de Vida, como lo llama San Juan; la palabra que da vida a todo aquel que la escucha. Hoy la primera voz que escuchamos es la de alguien extraño hasta ese momento: el Padre Celestial, que dice que ese hombre que está en las aguas del Jordán y bautizado por Juan, es su Hijo muy querido en quien encuentra su complacencia. Es como si le preguntáramos al Padre, ¿Quién es ese hombre para que tengamos que creer en él? ¡Es mi Hijo! Es como si Dios nos mostrara el certificado de nacimiento, la cedula o el documento de identidad de Cristo. Es lo mismo que nos pasaría si alguien nos preguntara, ¿quien es usted? y le mostramos los documentos que certifican nuestra identidad. Hoy comenzamos a descubrir “quién es este Jesús”, que rompe el silencio de treinta años y comienza solemnemente su ministerio público, bajo la tutela y con el poder del Espíritu Santo y la manifestación de Dios Padre que lo muestra. Esto es muy importante, porque debemos tener un “espíritu de revelación que nos permita conocerlo verdaderamente”. Ese espíritu esta vivo en los evangelios; creer es una cosa muy seria, y hay que tener bien claro en Quién deposita uno su fe, su esperanza; y a Quién quiere seguir hasta entregarle toda la vida. Si en todo pedimos garantías, en este orden también hay que tenerlas aunque de carácter espiritual. Para hacer lo que corresponde como creyentes necesitamos fundamentos sólidos, que nos ayuden a decir públicamente soy cristiano y que eso sea verdad. Si entiendo quien es Jesús podré entender que es ser su discípulo, su seguidor y su amigo 3. Necesitamos hacer una aclaración porque nada tiene que ver el bautismo del Señor con nuestro bautismo, que en lo único que se parecen es en el agua. El nuestro fue un bautismo en orden a purificarnos del pecado original y el pecado personal, en el caso de los adultos, darnos el nacimiento a una vida nueva y convertirnos en hijos adoptivos de Dios. Pero Jesús ¿de que pecado tenía que limpiarse? ¿Qué filiación tenía que recibir de Dios? Puro e Hijo Suyo por naturaleza, es claro que su bautismo santificó el agua y la creación entera, para que nosotros quedáramos puros y recibiéramos la nueva dignidad de hijos de Dios y que podemos llamarlo, gozosos y confiados: ¡Abba Padre!. Con el transcurso de las semanas iremos profundizando nuestra fe, la riqueza del ser de Cristo y nuestra identidad como hijos, discípulos y testigos. Creo en Dios…+Manolo Subir al índice