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La vida crece cuando se comparte...






Compartiendo vida... Manolo y vos...


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Meditando la Palabra...Homilías y más...


Después de casi cinco años compartierndo con ustedes mis pensamientos, y sentimientos a través de las homilías de cada Domingo, hemos llegado a tener en la web, mucho material para seguir pensando y rezando juntos.
Por eso pensé que esta nueva pestaña de Homilías, quiero dedicarla simplemente a ir poniendo en ella una u otra cosa que en algún momento pueda llegarnos dentro... sin importar tanto que corresponda a uno u otro Domingo, para eso ya están las pestañas de cada tiempo litúrgico, espero que compartan esta idea conmigo y me sigan acompañando en este "COMPARTIR LA VIDA!...
Gracias por estar aquí y ser el "motor" de mis escritos, así como Cristo es la fuente...
Con el cariño de siempre y más... Manolo, un cristiano comom vos...

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Dios ama nuestra pequeñez...
Rezaba estos días me vinieron al corazón estos sentimientos que muy corto comparto con ustedes mis amigos de la web.
Quisiera ser capaz y lo deseo también para cada uno de ustedes mis hermanos, en cada Navidad, dejar en mi corazón pesebre, un lugarcito para Dios, y saber que Él se sentirá a gusto, que le gustará estar de nuevo en mi casa, en mi corazón, porque El no le hace asco a mi ser poca cosa, todo lo contrario, se siente bien conmigo y con nosotros. Porque Él es un Dios que se ha enamorado de nuestra pequeñez...
Me pareció ésta una hermosa imagen de la Eucaristía. Un Dios que se hace pan, un Dios que se queda escondido en un sagrario, un Dios así pequeñito no puede ser sino un Dios que se ha enamorado de nuestra pequeñez. Y a partir de esto, recordé una homilía del entonces cardenal bergoglio, hoy Papa Francisco y quiero comaprtir con ustedes parte de ella.
En la navidad del 2004 él decía esto:
“En el relato del nacimiento de Jesús, que acabamos de escuchar, cuando los ángeles les anuncian a los pastores que ha nacido el Redentor les dicen: “...y esto les servirá de señal encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre...” Esta es la señal: el abajamiento total de Dios. La señal es que, esta noche, Dios se enamoró de nuestra pequeñez y se hizo ternura; ternura para toda fragilidad, para todo sufrimiento, para toda angustia, para toda búsqueda, para todo límite; la señal es la ternura de Dios y el mensaje que buscaban todos aquellos que le pedían señales a Jesús, el mensaje que buscaban todos aquellos desorientados, aquéllos que incluso eran enemigos a Jesús y lo buscaban desde el fondo del alma era éste: buscaban la ternura de Dios, Dios hecho ternura, Dios acariciando nuestra miseria, Dios enamorado de nuestra pequeñez”
(Desgrabación de la homilía del 24 de diciembre de 2004).
Sin más palabras, sino desde el silencio de la Palabra, les dejo un abrazo y una bendición, con el cariño de siempre
Manolo, un cristiano como vos...


La PALABRA se hizo carne...
Todos los 25 de Diciembre leemos en la Misa un Evangelio un tanto difícil, con un lenguaje filosófico y teológico denso, profundo, que es el resumen de lo que S.Juan desarrollará luego en el resto de su obra. Mi atención se detuvo esta vez en el hecho de que la Palabra es creadora,“por Ella se hizo todo cuanto existe y sin Ella nada se hizo”. ¡Qué poder!, hacerlo todo y sostenerlo en la existencia, desde siempre y hasta el final de los tiempos!!! Salvando las distancias, pensaba en el poder de la palabra pensada y la palabra expresada, y en como, mi palabra puede “crear” en los otros y en mi mismo, lo mejor y lo peor. Mi palabra puede expresar sentimientos sublimes y expresiones horrorosas, constructivas o destructivas. Puede levantar, alabar, reconocer y comprometer, pero también es capaz de humillar, condenar, calumniar, difamar y dañar hasta de modo irreparable. Expresar el amor y también el odio, el te perdono y el vos no existís. ¡Que misterio éste de ser hombre! Pienso en el cuidado que debo tener cuando rompo el silencio para traducir lo que pienso y hablar, sobre todo ante el contraste con la Palabra siempre de bondad, de luz y de vida de la que nos habla este Evangelio. Creo que tengo que revalorizar mi palabra, ya que no es algo accidental, soy yo mismo esa palabra que digo, y es algo que debe ser honrado, porque de otra forma, qué soy si no tengo palabra... Hace tiempo descubrí que si no puedo decir la verdad, la opción no es la mentira sino el silencio, ya que nadie me puede obligar a usar la palabra para hablar en contra de lo que mi conciencia me indica. Aprender a callarme es algo en lo que me tengo que ejercitar a diario, ya que no es inofensivo el mal uso que puedo hacer de mi personal. Ojalá quieras vos también unirte a mí en este revalorizar y cuidar las palabras, a ejemplo de La Palabra... Feliz Navidad y Año Nuevo.
Manolo, un cristiano como vos....


Fiesta de la INMACULADA CONCEPCIÓN de MARÍA.
Este año el Adviento nos trae en el segundo Domingo, esta hermosa fiesta de la Virgen para celebrar y compartir

Es el día de la Virgen por excelencia. A cualquier cristiano que se le pregunte que día es hoy, 8 de Diciembre, simplemente dirá: “es el día de la Virgen” y se entenderá con ello la fiesta mariana más importante del Año Litúrgico presente en el corazón y la fe del Pueblo de Dios. Sin negar las importancia de las demás fiestas patronales, advocaciones y devociones de la Virgen María, difícilmente se encontrará otra tan universalmente arraigada como la que celebramos hoy; si a esto le agregamos que a la inmensa mayoría de los adultos y niños tienen en su memoria asociada a esta solemnidad la toma de su Primera Comunión, se entiende por que decíamos al comienzo que es la fiesta y el día de la Virgen por excelencia. Dios la pensó, la quiso y la hizo inmaculada desde su concepción. Así entendemos lo que el Arcángel Gabriel, le dice al saludarla: “llena de gracia” y vacía de pecado, en contraste con lo que dice el Salmo 50 sobre todos nosotros los pecadores: “pecador mi madre me engendró”.
1. ¿Por que preservada del pecado original y de la tendencia natural al mal? Para ser madre: “concebirás y darás a luz un hijo”. Él que había de venir a salvar al mundo nacería de ella. Ella le daría la vida, la gestaría y lo daría a luz y le pondría por nombre Jesús, que quiere decir “Yahvé salva” El Hijo de esta Virgen sería el redentor y María su purísima madre, la más perfecta de todas las creaturas salidas de las manos y del Amor de Dios.
2. Una maternidad virginal, sin concurso de varón porque el niño no debía recibir la herencia, la debilidad y la fuerza universalmente presente del pecado. Para poder así redimir a los pecadores. Lógico ¿Cómo podría un esclavo redimir a otro esclavo? Por eso el redentor debía ser igual a todo a nosotros, menos en el pecado para poder salvar a los que estaban bajo el dominio del pecado, sólo estando fuera podría salvar a los que estaban dentro, solo siendo soberanamente libre podría rescatar a los que estaban totalmente imposibilitados de ser libres. “¿Cómo será eso si no convivo con ningún hombre”? El ángel le responde que será una obra magnífica del Amor de Dios al decirle: “El Espíritu Santo descenderá sobre Ti y el Poder del Altísimo te cubrirá con su sombra y por eso el niño será santo y se lo llamará Hijo de Dios”
3. Una maternidad mesiánica: “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin» Las palabras del Ángel le dan a entender a la Virgen, que conocía las escrituras, conocía las profecías y había crecido con la esperanza de la llegada del Mesías prometido, comprende de inmediato su lugar en la Historia de la Salvación y da su Sí para que esa espera termine, esa promesa de Dios deje de serlo y pase al tiempo de la consumación de las mismas. Ella recibe el anuncio que encierra en sí, todas las expectativas de los Patriarcas, David y toda su descendencia hasta ella. Lo que impresiona es su disponibilidad inmediata al anuncio lo que le da su grandeza, porque se compromete por entero con la obra de Dios. La Virgen esperaba la llegada del Mesías, pero no sabía ni cuando ni menos cómo vendría. Escucha, acepta y dice: “yo soy la servidora del Señor, que se haga en mí según has dicho”.
4. Una maternidad divina: “él será grande y se lo llamará hijo del Altísimo”, el gesto maternal de la Virgen termina en la Persona del Hijo Unigénito de Dios, al que el Padre envía y el Espíritu Santo engendra virginalmente, por eso la Virgen al decir de toda madre, este es mi hijo, lo puede decir de modo único, respecto del Dios hecho hombre en ella y venido al mundo por su mediación. Por eso además de Virgen la veneramos como la Madre de Dios. En ella “el Verbo-Palabra se hizo carne y habitó en nosotros”. Todo esto pensando en nosotros los pecadores que al pie de la Cruz, recibimos en la persona de Juan, a esta Virgen y Madre por madre nuestra.
¡Que misterio de amor y santidad! La Virgen madre del Señor, madre de todos los hombres-pecadores-redimidos por la Sangre Preciosa de quien recibió su Cuerpo y su Sangre de ella. Demos gracias a Dios, por su “locura de amor” hacia todos los hombres y por nosotros los pecadores.
¡Ave María Purísima, sin pecado concebida!
Con todo el cariño de siempre y mi bendición Manolo, un cristiano como vos, queriendo amar cada día más a Nuestra madre!

Queridos hermanos: Comenzamos un nuevo Año Litúrgico y, el tiempo de Adviento es el portal, por el que pasa el Misterio de la Encarnación de Dios en Cristo su Hijo y que se detiene en la Navidad y termina con la Fiesta de la Epifanía.
Memoria, Presencia y Profecía, son tres elementos de nuestra reflexión que abarca este tiempo y que es una preparación para la Vida Eterna. Es el tiempo de la esperanza cristiana que es una realidad permanente, toda nuestra vida la podemos leer en clave de adviento, preparación para salir al encuentro del que llega a salvarnos en Gloria y Poderío. En este tiempo nos preparamos para detenernos ante el misterio del Niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Por eso hacemos memoria de la Primera Venida de Cristo, celebramos su presencia, porque vive en cada uno de sus discípulos y hacemos profecía de su segunda venida, viviendo alertas y esperanzados. Así nos vamos purificando de nuestros pecados, porque Jesús el Cristo, vino al mundo para salvarnos de aquello de lo que no nos podíamos salvar por nosotros mismos.
Reconocemos y celebramos el don del Salvador y por eso nos preparamos para hacer fiesta y con toda razón, porque aunque viene para redimirnos de los pecados, la alegría nos hace aceptar por la fe esa venida y esa presencia continua junto a nosotros hasta que salgamos a su encuentro cuando vuelva. «Tengan cuidado y estén prevenidos porque no saben cuándo llegará el momento” Cuando como hombres débiles y limitados que somos, además dormimos el sueño del pecado ¡que bien nos viene! este llamado de atención de la Palabra de Dios este primer domingo de adviento. Se trata de estar despiertos y en vela esperando la llegada del Señor, que vendrá.... Para aquellos a quienes ya nos queda "menos que más", bueno es hacer memoria y balance, el tema es cómo lo hacemos. Si el Señor avisa tenemos esperanza, ésta es la actitud fundamental a nuestra edad, cuando acumulamos juventudes como dice mi abuela Magdalena. No son tiempos de inquietud sino de paz interior, de reconciliación con nuestra vida, que ha sido más buena que mala y mucho mejor que peor. Si en nuestro balance el perdón y las deudas están pendientes, tenemos el tesoro del tiempo y con un poco de mansedumbre y humildad, podemos presentarnos ante los que tienen reproches para nosotros y también ante el Señor, llenos de confianza. Para nada desesperados, si el Señor quisiera esto ¿para qué nos iba a avisar? Si fuese solamente para dejar las cosas como están y sin posibilidad de algo distinto y beneficioso para nosotros, seguro que no avisa, pero si avisa nos revela que su voluntad es otra, su voluntad amorosa es que ninguno de nosotros se pierda, sino que nos encontremos con nosotros mismos, con nuestras verdades y allí con Él.. No olvidemos que no hay nada que no pueda ser perdonado, si hay un mínimo de reconocimiento de la propia responsabilidad y la aceptación de nuestra parte, lo que Dios nos ofrece es su perdón y su paz, le interesamos mucho, no quiere perdernos, no nos olvida, siempre nos tiene presentes. Una de las enseñanzas fundamentales de todos los caminos espirituales ha sido y sigue siendo siempre, el alerta, que es la actitud posterior al desorden, la desorientación y el descontrol; quienes han hecho esa experiencia de vivir los dos mundos, hoy gozan de la paz del corazón y están serenamente atentos para no volver al pasado con todo lo malo que éste tuvo. Atesoran la experiencia de la humillación y la dependencia y por nada del mundo quieren perder el estado actual de paz y armonía, esto es estar despiertos, lo otro fue vivir dormidos, diríamos que estaban muertos y recién ahora viven. Todos en mayor o menor medida pasamos por estos estados de sueño y despertar, de haber sido dependientes y ahora ser libres.
El adviento en clave de vida, convierte la espera en algo fecundo y abundante de frutos que no se quedan acá, sino que van con nosotros hasta la presencia del Señor.
Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. San Juan de la Cruz veía los distintos momentos de la vida de la fe en éstos que aquí se nombran, son las distintas etapas de la vida, el anochecer es el final de la vejez, la media noche es la muerte, el canto del gallo el primer despertar, la madrugada la resurrección y la mañana la gloria. El alma del creyente o su persona van atravesando los distintos momentos y es maravilloso que la vida sea así, tendría que sernos encantadora, porque Dios la pensó de este modo para nosotros, nos la regala y nos acompaña en nuestro caminar por ella y en cada una de las etapas de la misma. Eso es estar alerta, viviendo concientemente cada época o etapa de la vida, por eso no importa ya, a qué hora vendrá ni si llega de improviso, ya no dormimos, estamos despiertos y esperando en paz y alegría su llegada, para abrirle en cuanto llame a la puerta para que pueda entrar a su casa, que no es otra cosa que nuestra vida, que es suya, la que nos dio y que espera esa entrega.
“Señor Jesús, vení cuando quieras, a la hora que quieras, no nos importa porque estamos despiertos y esperándote, nos vas a encontrar de este lado de la puerta velando para cuando llames. Queremos sorprenderte con nuestras lámparas encendidas y la mesa preparada. Pasá Señor, bendito seas por volver a tu casa para encontrarte con todos y cada uno de tus discípulos. Gracias por volver, gracias por ser fiel, gracias por cumplir tus promesas de vida y de gloria. Que grande eres Señor” Amén
Creo en Dios... +Manolo, un cristiano como vos...


24 de Noviembre de 2013 DOMINGO XXXIV
Fiesta de Cristo rey
“Jesús de Nazareth, el Rey de los Judíos” Poncio Pilato.
“Jesucristo, Hijo de Dios y Rey del Universo” Dios Padre
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Queridos hermanos: Nuestro encabezamiento expresa la doble dimensión que tiene para nosotros la fiesta de Cristo Rey. La histórica: con la firma de Poncio Pilato “Jesús Nazareno Rey de los Judíos” y la de fe: con la firma de Dios Padre “Jesucristo Hijo de Dios y Rey del Universo”. Esta celebración festiva tiene como centro mirar la culminación de la misión del Señor Jesús; “te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Para nosotros termina un camino que hemos realizado al meditar, reflexionar y celebrar los misterios de Cristo, su reinado universal y eterno, y también su reinado en nuestras vidas, Cristo no sólo es Rey sino mi Rey. Esta fiesta resume toda la enseñanza que la Iglesia nos ha dado por medio de la Liturgia de la Palabra. Los invito a centrarnos en los textos que nos iluminan desde la Palabra de este domingo.
1. La primera lectura nos habla de una realeza, de un rey, de un caudillo liberador, que expulsará a los enemigos de Israel y devolverá a la dinastía de David el gobierno sobre el pueblo de Dios. Esto despertó el interés, tanto de los cercanos como de los lejanos, sobre la Persona de Jesús, el Nazareno; llamaba la atención por su enseñanza llena de autoridad, por sus signos y prodigios, todo esto llevó a muchos a pensar que con los poderes milagrosos que se manifestaban en Él, por fin había llegado la liberación de Israel, Liberación enormemente esperada y deseada en ese momento, en el que se vivía una brutal opresión por parte del Imperio Romano sobre Judea y Palestina. No se veía que la misión del Nazareno tenía otra dimensión mucho más profunda que la de lograr una libertad política, transitoria, a corto plazo y que habría hecho que lo más profundo de la cuestión quedase relegada para otro momento
2. La culminación de la cuestión de fondo, es lo que nos relata el Evangelio de este Domingo. "Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!". "Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!" Y también "Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino". Él le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso". Allí estaba la pelea entre la Luz y la sombra, la Vida y la muerte, el Bien y el mal, que desde el comienzo de la humanidad y de la historia estaba sin resolver y oprimía a toda la humanidad y a cada hombre, porque el campo de batalla donde se enfrentan Adán y Cristo, Dios y el Enemigo, el que es la Verdad y el padre de la mentira, es en el corazón del hombre . El contexto histórico y el espacio-tiempo se dieron en aquel momento y tienen un protagonista: Jesucristo. “Porque Él (Dios) nos libró del poder de las tinieblas y nos hizo entrar en el reino de su Hijo muy querido, en quien tenemos la redención y el perdón de los pecados. Él es Imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación, porque en El fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, los seres visibles y los invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Él existe antes que todas las cosas y todo subsiste en El. Él es también la Cabeza del Cuerpo, es decir, de la Iglesia. Él es el Principio, el Primero que resucitó de entre los muertos, a fin de que El tuviera la primacía en todo, porque Dios quiso que en El residiera toda la plenitud”. Sólo Alguien que tuviera este poder podía salvar y reinar. Al recibir de Dios Padre, el Reinado sobre todo, Jesús tiene dominio sobre todas las cosas, también sobre aquellas que son muy nuestras y de las que debemos ser libres: .Frente al afán consumista que nos desvela y nos impide vivir con una relativa paz, Jesús nos recuerda que: El hombre vale por lo que vale aquello a lo que se ata; si se ata a las cosas que se pagan, su precio es el dinero. Jesús nos enseña a buscar el Reino y su justicia y poseer lo que nada ni nadie puede comprar. Ante los que intentan reducir al hombre a un producto en serie, Jesús deja bien claro que las leyes y las cosas están al servicio del hombre y no al revés; que son el don del Espíritu y la libertad, la base de la actuación del hombre. De cara a los prejuicios que destruyen la paz, Jesús no tiene inconveniente en comer con publicanos y pecadores sin hacer caso de las críticas de "los buenos", y tampoco duda en hablar con los samaritanos, las mujeres y los extranjeros. Frente a la violencia que siembra de sangre la geografía de nuestro planeta, Jesús nos propone la libertad de quien es capaz de romper con la espiral de violencia que nunca termina, y devuelve bien por mal. Ante el miedo que paraliza al hombre y lo reduce a una marioneta, Jesús propone la libertad del amor; ni miedo a Dios, porque es Padre bueno; ni miedo a los hombres, porque son hermanos; el cristiano no puede tener miedo a nada ni a nadie, porque sabe que es Dios mismo quien dirige la historia hacia su culminación universal.
Frente a la esclavitud que nace de buscar el éxito fácil, tan frecuente en nuestro tiempo, Jesús propone buscar el único éxito que merece la pena: el del Reino de Dios. Ante la posibilidad de convertir piedras en panes, Jesús recuerda que no sólo de pan vive el hombre, “sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios”. Frente a la esclavitud del mal, en cualquiera de sus formas, Jesús se presenta como el liberador que trae el Reinado del bien y da a los suyos la posibilidad de seguir haciendo el bien: del pecado, la enfermedad, los demonios, la soledad..., de todo ello queda libre el hombre, que con confianza, se pone en manos de Jesús. Es cierto que Jesús no hace desaparecer el mal "como por arte de magia"; pero Él se revela como el Señor que domina el mal, que puede darle una solución, una respuesta, una salida. A la esclavitud del sufrimiento, Jesús le anuncia la llegada del día en que los ciegos vean, los cojos caminen, los sordos oigan, los encarcelados vean la luz del sol, los pobres escuchen la buena noticia. Es verdad que el sufrimiento no ha desaparecido, que sigue siendo cosecha abundante en nuestro mundo; pero ahora vemos hasta dónde puede conducir, cuál es su valor y su sentido y qué es lo que ha ocurrido con el sufrimiento en el mundo. Ante la esclavitud de la muerte, que se enseñorea de todos los hombres, antes o después, quieran o no quieran, Jesús resucitado nos participa de su triunfo. De cara a la esclavitud de ver el mundo sin futuro, sin salida, nosotros afirmamos en nuestra fe, que Jesús ha dado comienzo a un mundo nuevo en el que ya no habrá ni luto, ni llanto, ni muerte, ni dolor. Jesús es el liberador soberano y universal; su Reino es un Reino de libertad y vida; Sin liberación no puede haber vida, y sin vida la liberación no es nada.
Hoy, fiesta de Cristo Rey, recordemos una vez más, cómo es su Reino y cuál es nuestra responsabilidad en él. Y como Iglesia, busquemos el Reino de Dios y su justicia, con la convicción de que todo lo demás se nos dará por añadidura.
Creo..., y te pido que nos ayudemos a creer y a crecer juntos creyendo...

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