Haz clic aquí para volver a la página de inicio

La vida crece cuando se comparte...



Compartiendo vida... Manolo y vos...


Meditando la Palabra...Homilías y más...


DOMINGO II DE PASCUA DE LA DIVINA MISERICORDIA Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor Resucitado: Celebramos juntos este II° Domingo de Pascua y la Fiesta de la Divina Misericordia, creada por el hoy beato Juan Pablo II° de inmortal memoria. Vayamos al texto que nos presenta el evangelio des esta Misa.
1.
“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos”: El atardecer es cuando el corazón experimenta un sentimiento de recogimiento y de silencio que invita a la oración. Cuando el día de trabajo llega a su fin y el obrero, el patrón, el agricultor o todo el que ejerce algún oficio, vuelve a su casa, una hora especial, distinta de otras horas del día. A esa hora los discípulos están reunidos con las puertas y no sólo las puertas, sino ellos mismos, completamente encerrados, presos del miedo, del remordimiento y del recuerdo de lo que había pasado con el Señor Jesús, y lo que ellos mismos habían hecho. Estaban cerrados a toda experiencia que tuviera que ver con lo que había sucedido. Los de Emaus “con el semblante triste le dijeron: eres tú el único habitante de Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días… Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel… pero ya van tres días desde que pasaron estas cosas y…” La tristeza es el sentimiento común y dominante entre ellos, los unían el miedo y el espanto. Ante este cuadro de encierro, sólo la aparición del Resucitado y el anuncio de la paz, el “Shalom alejen”, podía romper ese encierro y abrirlos a la misión. No había tiempo que perder en culpas y remordimientos, había que salir a anunciar la buena noticia de Jesús resucitado y el don del Espíritu para todo el que se arrepintiera de sus pecados, se bautizase y aceptase al Salvador y Señor de la Vida, que había vencido a la muerte en todas sus formas. ¡Cuánto bien nos hace esto! cuando estamos tentados y justificándonos en nuestra indignidad, en la culpa y la parálisis del “yo no puedo o esto es para otros, no es para mí, es muy difícil” Siempre que el ombligo sea mi mundo, y bueno seguro que así sí, es imposible y no porque lo sea, sino porque el encierro enferma y mata, y en cambio la apertura libera y vivifica.
2. “Llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos…" Este texto tiene una revelación acerca del estado de Jesús cuya resurrección es algo que lo pone como resucitado, más allá del espacio y del tiempo, ya no hay para él límite alguno. Su estado glorioso no tiene explicación científica y sólo se entiende desde la fe de los discípulos y apóstoles. Es un conocimiento superior y de otro origen, que no es fruto de la observación o de la investigación, es una revelación y una experiencia que va mucho más allá de lo que las palabras pretendan o puedan explicar. Está y no está, aparece y desaparece, se manifiesta aquí y allá sin límitaciones de ningún tipo. Es claro que estamos ante algo absolutamente nuevo e insospechado, “algo que ni ojo vio, ni oído oyó ni vino a la mente de alguno” Es la vida nueva, que en Dios tiene su origen y fundamento y a la que sólo se accede por la fe y la incorporación a la comunidad que anuncia y celebra esta Vida Nueva, esta novedad absoluta de Jesús resucitado y glorificado. “Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado” Uno podría pensar que una vez resucitado de entre los muertos, la pasión y la cruz habrían quedado para siempre atrás y no habría que recordarlas más, pero no fue así. El cuerpo glorioso del Señor Jesús tiene las marcas y cicatrices del amor hasta el extremo, porque amarnos le dolió y el paso del amor por su vida dejó su huella para siempre. Si no, pregúntenle al que amó de verdad alguna vez, si el amor no le dejó huellas, recuerdos dulces algunos, y otros amargos como una cruz. “Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor”. Lo vieron vivo, lo tocaron, lo abrazaron, lo palparon y estuvieron con él, lo escucharon y lo vieron comer con ellos. ¿Cómo no se iban a llenar de alegría? La traición de Judas Iscariote, la negación de Pedro, la cobardía de todos, no podía generar más que vacío y dolor por todo lo que había pasado, de llevar en la memoria los 3 años convividos con el Señor, de golpe lo saben ajusticiado, crucificado, muerto y sepultado ¿qué más o qué menos podían sentir sino vacío? Por eso la visión directa del Resucitado que se les aparece a ellos, que estaban llenos de pena y tristeza no podía menos que alegrarlos y hacerlos exultar de gozo.
3. Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes!” Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».¿Cómo Señor Jesús? Escuchamos bien?, ¿nosotros enviados como vos y puestos a tu misma altura? No, El nos envía y nos hace partícipes de su misión pero el Señor fue puesto por el Padre a su misma altura, con el mismo poder y autoridad divinas, más allá de que el que dice las palabras del envío misionero y otorga el poder de perdonar los pecados, era también el hijo del Hombre, que diciéndolas con voz, rostro y cuerpo de hombre porque recordemos que “en El habitaba corporalmente toda la plenitud de la divinidad” La humanidad de Cristo es la mediadora entre Dios y los hombres y en esta humanidad divinizada está su instrumento temporal la Iglesia, la Comunidad Universal de los discípulos reunidos y pastoreados por Pedro y sus sucesores. Un misterio insondable del amor y de la misericordia de Dios que son infinitos, como Él mismo es infinito, superiores a cualquier capacidad humana de comprensión; y ante esto hay que creer y aceptar, con obediencia de fe y plena entrega de la propia persona, ya que de otra forma no puede entenderse que a nosotros se nos dé semejante riqueza espiritual y de vida. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Hoy tenemos las signos de esa vida que se nos ofrece y sólo tenemos que recibirla porque es gracia-regalo-gratuita. ¿Alguien podría comprarla? ¿Con qué dinero o con qué riqueza de cualquier tipo podría pagarse tanto amor? ¿Le ponemos precio al amor humano? Menos aún al Amor de Dios.
4. Un párrafo acerca del apóstol Tomás y el "reto" de Jesús “dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Tomas respondió: « ¡Señor mío y Dios mío! “Si no veo no creo” o “ver para creer” cuántas veces la desconfianza, nacida de tantas estafas que hemos sufrido nos ha llevado a pensar de esta manera ¿es lógico no? Pero es el contenido de lo que le dice Jesús a Tomás lo que en realidad importa: Con todo respeto lo traducimos a nuestra manera de hablar: “Mirá Tomás, escuchá el testimonio de tus hermanos que te dicen que estoy vivo, que me han visto porque es cierto, te están diciendo la verdad, no te mienten ni te engañan. Tomás el que escuche y crea se salvará y el que no se perderá. Y no seas incrédulo sino hombre de fe”. Jesús cierra esta experiencia de Tomás con una bienaventuranza que habla de nosotros “Felices los que crean sin haber visto” La carta de San Pedro nos habla con toda claridad del valor de esta fe, de este creer sin haber visto, pero sí habiendo escuchado: “Porque la fe de ustedes es más preciosa que el oro que se acrisola en el fuego. A Cristo Jesús ustedes no lo han visto, y sin embargo lo aman; al creer en él ahora, sin verlo, se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe”. Qué podemos agregar a esto?, nada más que gracias Señor Jesús, porque te has manifestado vivo a aquellos y a nosotros. Te bendecimos hoy y siempre. Gloria y alabanzas eternamente. Amén. Con todo afecto y gratitud.+Manolo Subir al índice


DOMINGO DE PASCUA Fiesta de la Resurrecciòn (2011) Queridos hermanos ¡Gloria al Señor ha llegado la Pascua!: Es la Pascua que nuevamente nos invita a renovar nuestra fe en Cristo Resucitado y Glorioso. Hoy es el día de la Vida con mayúsculas y por excelencia. Hoy celebramos nuestro nacimiento como una Comunidad de Fe. Hoy los textos de la Liturgia nos hablan, no sòlo de Jesús Resucitado sino también, de nosotros, que tenemos desde el bautismo nuestra fe depositada en Él, que murió y resucitó por la humanidad entera y que ha dejado a su Iglesia el mensaje luminoso de la Pascua, Hoy nosotros resucitamos con Él y de Él una vez más recibimos la vida abundante que encierra y entrega el Misterio Pascual de Jesucristo actualizado en cada Misa. Miremos ahora el texto del Evangelio que nos relata lo que pasó aquella mañana del primer domingo de la historia, de nuestra historia. “El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada”. Es el momento del día cuando aún no ha salido el sol, cuando está oscuro pero se espera y se camina hacia él, se camina hacia la luz. María Magdalena está en la búsqueda del Señor, ella es la figura de la Iglesia que hace el camino de la fe desde la noche hacia el día, de la oscuridad que busca la luz. Nos estamos deteniendo en los detalles porque nada está puesto por que sí, sino que en Juan cada detalle es toda una revelación y contiene una luz que no se ve a simple vista y por eso hay que mirar con atención. Ella vio que la piedra que selló el sepulcro el viernes por la tarde había sido movida. Algo inesperado ha pasado en ese lugar, no entiende, se asusta y corre a ver a Pedro, el cabeza de grupo; y a Juan el discípulo amado, el que había participado de los hechos de la sepultura del Señor el día de su muerte en la cruz. “Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". No entiende, piensa en una nueva pérdida, el sepulcro de Jesús está abierto, cree que se lo han llevado, piensa que se lo han robado, no lo han dejado en paz ni siquiera estando muerto. Claro, con todo lo que ella vio que le hicieron a Jesús, le daba para pensar cualquier cosa. Por eso su reacción es la lógica, la persecución sigue, ahora se lo han llevado, aun no entiende que está vivo y que muy pronto lo va a ver. “Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes”. Rompieron por unos momentos el encierro, el miedo y la culpa que los paralizaban. La noticia de que algo ha pasado los mueve a ir y ver. Juan va adelante porque conoce el lugar, cosa que Pedro no conocía porque luego de las negaciones aparece en este momento después del Sabbat. Juan el que amó y se quedó, dejó junto a los que estaban con él el cuerpo del Señor en su sepulcro. “Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró”. Antes de quedar vacío algo se movió en su interior, el resucitado se había quitado las vestiduras de su sepultura, las vendas y la sábana con las que José de Arimatea había envuelto el cuerpo del Señor estaban en el suelo. Donde había muerte, frío, desolación, silencio y oscuridad, ahora hay vacío, porque la luz de la resurrección y de la vida, se han manifestado y han dejado sus señales, allí están sus signos. “Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; éste no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: Él también vio y creyó.” Juan espera que llegue el capo, el jefe, la piedra, el que tiene las llaves del Reino, al que Jesús puso al frente de la comunidad apostólica. Pedro ve y cree y también cree Juan. Esa palabra, también, es la que encierra un mensaje muy profundo, porque la fe de Pedro es la fe de la Iglesia, su fundamento, unidad y la autoridad para congregar y unir a todos los creyentes y fieles de Jesús. En la primera lectura de hoy escuchamos el primer sermón del primer papa, el primero en anunciar públicamente la resurrección del Señor y el que habla en el Nombre del Señor y de sus hermanos los Apóstoles, congregados y en comunión con él. Benedicto XIV hoy es Pedro, centro de unidad y autoridad suprema de la Iglesia, garantía de nuestra comunión de fe con Jesús, sin la comunión con él no estamos en comunión real con Jesús. Es nuestro credo. Sólo el que recibe la fe y se une a la Comunidad de los creyentes, escucha el Evangelio y ve los signos de la Fe, se encuentra por medio de ellos con Jesús Resucitado. “Señor Jesús creemos que estás vivo aunque no te hemos visto, lo sabemos porque tú te nos has revelado por la Palabra y el Espíritu. Estamos agradecidos porque nos regalaste la fe, la vida y tu amor que nunca mueren y que nos resucitan una y otra vez a lo largo de los años. Gracias Señor por el bautismo y por hacernos parte de tu Iglesia, porque estar en ella y con ella es estar contigo. Gracias Señor y bendito seas por siempre” Amen. ¡FELICES PACUAS! +Manolo Subir al índice


VIGILIA PASCUAL Queridos hermanos: Nos hemos reunido en esta Noche Santa para celebrar con la Vigilia Pascual y la Misa de Resurrección una nueva Pascua del Señor. Todos los signos de la Liturgia de la Iglesia nos hablan de vida y de luz, bendecimos el fuego nuevo, encendemos el Cirio Pascual y con nuestros cirios encendidos en la llama del Cirio simbolizan la unión de la Luz del resucitado con la luz de nuestra fe, iluminamos el templo que está en penumbras, son las luces que iluminan la noche del mundo y disipan las tinieblas del pecado y la muerte. Escuchamos la Palabra de Dios que nos recuerda la Historia de la Salvación hasta llegar al anuncio de la Resurrección del Señor, centro o corazón de toda esa historia y de la Biblia toda. Bendeciremos el Agua del Bautismo, renovaremos las promesas bautismales y seremos rociados con el agua nueva y por último terminaremos esta fiesta con la Comida y Bebida Pascual, la Eucaristía, nuestra fiesta por excelencia. Detengámonos a reflexionar acerca de lo que nos relata el Evangelio de Mateo:“Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro”. El apuro del viernes por la tarde y la llegada del Sabat, les había impedido velar y estar con el Señor que había muerto en la Cruz y a quien ellas habían acompañado hasta el Santo Sepulcro. Ya podían salir para visitar ese lugar que para ellas se había convertido en un lugar especial y tan significativo, allí estaba el amado y seguido. Allí yacía el que se les manifestó y a quien siguieron muy de cerca durante tres años y el que les fue quitado de una forma tan violenta. Es la memoria de quienes no olvidan, es búsqueda de la fe y del amor lo que las mueve junto con la tradición de visitar las tumbas de sus seres queridos, costumbre que está por cambiar aunque ellas aun no lo saben. “De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos”. El temblor, el descenso del Ángel del Señor, el paso del Señor de la muerte a la vida gloriosa hacen que el universo, allí representado tanto como el mundo celestial lo manifiesten. Es el cambio de las promesas al cumplimiento de ellas, es el paso del dominio del pecado y de la muerte al de la gracia y el favor de Dios y de la vida que triunfa y somete la muerte al señorío del Resucitado que ya no está ni encerrado ni preso de la muerte. “El Ángel dijo a las mujeres: "No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba y vayan en seguida a decir a sus discípulos: 'Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán'. El nuevo testamento dice muchas veces, tanto en labios de un ángel enviado por el Señor, o del mismo Jesús: “No teman”. ¡Poderoso señor el miedo! que tanto mal ha hecho y hace en el mundo y en el corazón del hombre, sobre todo en el corazón del que no tiene fe, del que no tiene la luz del resucitado. Ellas con el temor y el asombro por lo que han visto y oído se abren a la misión de ir y anunciar, el mensaje del ángel primero y del Señor Resucitado que confirma con su aparición el mensaje que habían recibido el mensajero celestial. “Esto es lo que tenía que decirles" Esto es lo que tenemos para decirle al mundo y al hombre que ayer, hoy y mañana estarán siempre atemorizados por la presencia del mal, del miedo en todas sus formas y a quienes les falta de todo porque no tienen esa vida de comunión con el Señor que está vivo y que da vida a la vida. “Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos” Experiencia de encuentro que saca de la parálisis de la perdida y que se convierte en obediencia y acción apostólica para transmitir lo que han visto y oído, para ser testigos de la Resurrección del Señor. “De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". En pocos segundos pasan de ver y oír al Ángel de Señor y el sepulcro vacío a la visión directa del Señor que se les manifiesta resucitado. Jesús se les aparece vivo para robustecer la fe de ellas primero y de los discípulos después. Ésta es la función que tienen las apariciones del Señor. Los discípulos estaban golpeados por la pasión y la crucifixión, están encerrados y llenos de miedo, pero no han perdido la fe, lo más profundo de ellos está vivo, solo que permanece en la oscuridad propia de quien está atormentado por su culpa y el sentimiento de fracaso o el dolor de su propia frustración. “Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él” Ellas están en la atmósfera de lo divino y como Moisés ante la zarza que arde sin consumirse, se postran y lo adoran, se abrazan a sus pies, lo ven, lo tocan, lo experimentan. Ya no creen por lo que les dijeron, ahora saben que está vivo y es lo que van a contar a todo aquel que quiera escuchar y compartir su experiencia que se ha convertido en Palabra de Dios para quienes escuchan y creen en su testimonio. Jesús ya está pensando en nosotros los que nutrimos nuestra fe bautismal con la palabra de Cristo, la comunidad que celebra sus distintas formas de presencia y que en la Eucaristía alimenta esa fe que nace de la experiencia de los testigos oculares y que se nos ha trasmitido de boca en boca y de corazón a corazón. Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán" El Señor que conoce profundamente el alma humana sabe cuanto bien hace cambiar de lugar para abrirse a lo nuevo. Para los discípulos, en ese momento, Jerusalén está, en su memoria asociada a la traición de Judas Iscariote, las negaciones de Pedro, el abandono y cobardía de todos, la cruz, el rechazo del pueblo y la muerte del Jesús en la cruz. Moverse a Galilea era dejar atrás todo eso para abrirse a lo nuevo y a la misión que Jesús precisamente ellos les va a confiar. Es como un nuevo comienzo pero sobre otros fundamentos, sobre otras seguridades porque las falsas quedaron también muertas y enterradas en Jerusalén. Ya el proceso de formación de la Comunidad Apostólica se está completando, comienzan de ahí en más los hombres nuevos, regenerados por la experiencia de sus límites y el poder del Resucitado. Ahora pueden ir por todo el mundo que apoyados en Él lo podrán todo, hasta derramar la sangre y morir por su fe. ¡¿Que cambio no?! Demos gracias a Dios por llamarnos a una experiencia y a una fe que es nuestro triunfo en Jesús sobre todo lo que nos llena de miedo o nos priva de la vida que Él vino a traernos, para lo cual se encarnó, murió y resucitó. Con renovado amor.+Manolo Subir al índice


VIERNES SANTO Queridos hermanos: 1- Contemplemos con nuestra imaginación el Cuerpo sin vida del Señor Crucificado, su cuerpo humano, alma y espíritu y, todo el conjunto unido a la divinidad del Hijo de Dios e Hijo del hombre. Miramos, hoy Viernes Santo, al Cordero de Dios, a la Victima Propiciatoria, que sin mancha ni defecto, se ofrecía en la cruz por los pecados del mundo, por los tuyos y los míos. Nos detenesmos ante sus perfecciones, su inteligencia y voluntad, en la sensibilidad de sus afectos, en la profundidad de su mirada, en su conciencia delicada, en su capacidad de ternura, en su humanidad y divinidad en el testimonio de sus obras Su humanidad y divinidad siempre unidas sin división y sin confusión. Miramos cómo en Él se diviniza lo humano y también cómo se humaniza lo divino. Y pensar que nada de esto lo podríamos siquiera pensar o expresar si el Espíritu Santo no actuara, iluminando nuestras almas con su gracia. Él nos permite asomarnos, tímidamente a este misterio y contemplar esta gloria sin par de nuestra fe. Nos detenemos a pensar en la capacidad de sufrimiento de ese cuerpo, en la sensibilidad para experimentar de modo único y tan profundo, el dolor físico, emocional y moral, ya que todo sufre en Él, no sólo su Cuerpo Inmaculado, sino su alma y su emoción ante: la llegada de su hora, la agonía en el huerto y el cáliz de la pasión, la traición y la perdida de su amigo Judas Iscariote, las negaciones de su ìntimo, Pedro, y el abandono de los demás apóstoles. Al ver las maniobras político religiosas que, con tal de sacarlo de en medio y que no los moleste más, no dudan en armar un juicio con testigos falsos y a media noche; su mansedumbre cuando el soldado lo abofetea. El manoseo de sus compatriotas, las burlas de Herodes, la flagelación, la coronación de espinas, las burlas de los soldados, la brutalidad del Imperio y por ùltimo, su amado pueblo gritando ¡crucifícalo! ¡crucifícalo! Ver a Poncio Pilatos ceder ante las presiones y que en su cara se lava las manos y luego toma la decisión de liberar a Barrabas y condenar a Jesús, escuchando a los delegados del Sumo Sacerdote, escribas y fariseos decir: "No tenemos más rey que el Cesar" y lo entregó para que lo crucificaran. El camino al Calvario, sus caídas, el encuentro con Su Madre, la cruz, los clavos que atraviesan sus manos y sus pies. La inmensa soledad y hasta el sentimiento de que Dios lo ha abandonado. Nadie podría asomarse a semejante muestra de dolor y de amor. Manifestación del Amor de Dios por nosotros los hombres y llevado a tal extremo de donación de Si mismo, para mediar entre su Padre y nosotros, para dar gloria al Padre. Pensar que nosotros pecamos y Él pagò por nosotros, en nuestro lugar y en nombre de todos nosotros. Por todo esto y mucho más, su Cuerpo no es un cuerpo más, su Alma no es un alma más, Jesús no es un un Crucificado más, no es uno más que sufre y que muere. Él es la Nueva Alianza en su Sangre, nuestra justificación y redención. Él es nuestra paz y reconciliación con Dios y entre nosotros. Él es quien por fin une el cielo y la tierra, es Quien abre las puertas cerradas de la vida a toda la humanidad pecadora. Él es nuestra libración y nuestra eterna esperanza. 2. Después de bajar de la cruz el Cuerpo sin vida del Señor. Al bajar el cuerpo de Jesús y dejarlo en brazos de la Virgen, sólo quedaba tiempo para hacer con el Muerto lo que mandaba la ley de Moisés, ya que estaba por comenzar el Sabbat con la caída del sol y había que apurarse. Así es que José de Arimatea, amigo en secreto del Señor por temor a los judíos, se presentó ante Pilatos para pedirle el cuerpo del Señor Jesús que ya había muerto en la cruz. Tomó el Cuerpo sin vida y lo lavò, lo ungió con perfume, lo envolvió en una sábana y le ató el sudario alrededor de la cabeza. Junto con los testigos oculares de la Muerte de Jesús, llevan al Muerto y lo depositan en un sepulcro nuevo, colocan el cuerpo sobre una losa, en un hueco hecho en la pared, corren la piedra y el sepulcro queda sellado. Cada uno vuelve rápidamente a su casa llevando en su alma el recuerdo doloroso de lo que había sucedido entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde, entre la crucifixión y la sepultura del Señor Jesús. Dolor por la pérdida, desolación, silencio y la ausencia del Señor que hieren; miradas que se cruzan buscando una explicación ante tan brutal hecho. Estaban ultrajados en su corazón por lo que habían hecho con Jesús y con ellos, sentían su muerte. Otros estaban llenos de culpa porque lo habían negado o abandonado a Jesús y no habían cumplido ninguna de las pronesas que le habían hecho. Los unía el amor y también el espanto, el remordimiento era compartido por todos, todos a su manera le habían fallado… Además estaban asustados, encerrados y llenos de miedo. Con este ánimo en sombras pasan los tres días. Guardar el sábado que les prohibía irse de Jerusalén y volver cada uno a lo suyo, con las huellas de la desilusión, el fracaso y el sin sentido de haberlo dejado todo para seguir a Alguien, y que eso terminara de la manera que habían visto, o se habían enterado por lo que los testigos les habían trasmitido, ese día parecía no terminar nunca. Pero entre ellos había un corazón, que aunque muy dolido, el más dolido de todos,permanecía iluminado y encendido en la noche del sentido y de la fe, era el corazón de la Virgen Madre del Señor, que hace memoria, recuerda y espera, que cree y confía una vez más en su peregrinación de la fe. Cuando todo parece terminado intuye que lo nuevo está por venir y que sucederá la mañana del primer día de la semana. Ella en todo ese tiempo guarda y sostiene la fe de todos los discípulos. Una vez más debe crecer y pasar de los hechos al misterio de cómo Dios hace y lleva adelante todas las cosas, así en su corazón ya brilla la luz de la Resurrección. Creo en Dios... Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


JUEVES SANTO 2011 Queridos hermanos: Cada Jueves Santo nos reunimos para celebrar la Misa de la Cena del Señor, memorial y actualización de la Última Cena de Jesús "antes de padecer". De hondo contenido Pascual y en relación directa con el Sacrificio de Amor de la Cruz. El Catecismo de la Iglesia define a la Eucaristía como "el Sacramento del Sacrificio del Señor", para hablarnos luego del Misterio de su Presencia Real de Cristo en la Hostia consagrada en la Santa Misa. En este día recordamos tres cosas que son esenciales para nuestra fe: la institución de la Eucaristía, el Sacerdocio y del Mandamiento del Amor. Vamos a detenernos en los grados del Amor del que Jesús nos habla en todo el Evangelio: el amor a Dios y al prójimo como a uno mismo; el amor más grande que es dar la vida por los amigos y el màs alto: "ámense los unos a los otros como Yo los he amado". 1. Los dos amores que son semejantes entre sí pero que se resumen en uno solo: "Amarás la Señor tu Dios con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas y a tu prójimo como a ti mismo" Este mandamiento surge como respuesta a un amor anterior y que desciende de lo alto, el Amor de Dios a nosotros para que teniendo la presencia de ese Amor divino en nosotros, podamos amar al Señor con todo nuestro ser. Amor que Dios no necesita de nosotros como si a Él le faltara algo, sino porque a nosotros nos hace bien tener en la vida un amor de este nivel, el primero de los tres, pero lo que más honra ese amor primero es amar lo que Dios ama, que es nuestro prójimo porque "¿Cómo puede decir uno, que ama a Dios a quien no ve y desprecia a su prójimo a quien ve?" En la vida familiar se ve claro, entre los esposos, cuánto importa a una madre que el padre ame a los hijos de esa madre que ella siente tan propio, es una de las mayores honras que un hombre y padre puede hacerle a su mujer y madre de sus hijos. Cuanto dolor cuando pasa lo opuesto ¿no? 2. Es segundo nivel es el "amar hasta dar la vida por los otros" Se podría pensar que este amor tendría que ver con el martirio, lo incluye, pero dar la vida es también consagrarla en bien de los hermanos, es fruto de la fe viva que vuelve al que ama imaginativo, diligente, creativo, inquieto buscador de nuevos caminos y de salida a los desafíos que se le presentan y que reclaman una respuesta personal y decidida. Así las obras de la fe hablan de su autenticidad cuando esa fe se pone al servicio de la vida y de dar vida a otros que no la tienen y no la pueden alcanzar por sí mismos y necesitan ser asistidos. Amar hasta dar la vida es superar la tentación de mirar para otro lado, hacerse el desentendido y cultivar la indiferencia que es el verdadero opuesto del amor. Una fe que no madura en amor no es fe, está muerte y no puede servir para que alcancemos la vida, muy por el contrario una fe que es comunión de amor con Dios se refleja en amar hasta dar la vida por los otros hasta el heroísmo, como nos lo muestran tantos ejemplos de los santos y de los que no son declarados santos por la Iglesia, y que viven esa santidad en las cosas de todos los días; que están a nuestro alrededor cuestionándonos por un lado, pero llamándonos a nosotros a compartir su búsqueda y a seguir su ejemplo de caridad a favor de la vida en todas sus formas. 3. Por último "Así como Yo los he amado, ámense los unos a los otros, en esto todos reconocerán que de verdad son mis discípulos" Amar a lo Jesús no es posible para nosotros librados a nuestras solas fuerzas, en realidad ninguno de los tres niveles es alcanzable sin su asistencia y, aún así va a ser imperfecto, más no por esto debemos dejar de intentarlo, porque con Él todo lo podemos, por eso en ese mismo discurso de despedida, durante la Última Cena y con la promesa de enviarnos su Espíritu, nos habla de ese amor mayor. No es casual, sino causal. El Padre enviará al corazón de los discípulos su Espíritu que derramará en nosotros el Amor de Dios que nos capacita y la Eucaristía Sacramento del Amor de Jesús hasta el extremo sostiene ese amar a lo Jesús: con verdad, espontaneidad, con fidelidad y constancia, con amor de amistad y de predilección, con ternura pero también con firmeza, con rectitud pero también paciente con la debilidad de sus discípulos, dejando siempre las puertas abiertas y la mano tendida, dando nuevas y nuevas oportunidades, con respeto a la libertad de cada uno pero sin cansarse de llamar y esperar. Una misteriosa unión de Amor divino y exquisito amor humano. ¿Que cosa no? El Hijo de Dios tiene que venir a enseñarnos qué significa ser humanos, en Él y por Él Dios nos muestra cómo ser hombres ¡què gran misterio ese Amor hasta el extremo! y que esté siempre enfocado en dirección a nosotros. Mañana recordaremos, en la Celebración de la Pasión del Señor, ese Amor hasta el fin, hasta dar la vida, hasta el martirio, porque Dios Padre se lo merecía y Jesús Hijo en nombre nuestro se lo da. Y "el Padre que ama al Hijo" nos lo devuelve con el Resucitado, hecho redención, liberación y vida en abundancia, cosa que celebraremos y recordaremos en la Vigilia Pascual y el Domingo de Gloria. Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


DOMINGO DE RAMOS 2011 “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado” Queridísimos hermanos: 1- La Pasión según San Mateo que acabamos de escuchar, es la más extensa de los cuatro evangelios. Queremos detenernos en esta expresión con la que encabezamos nuestra reflexión de hoy “por qué me has abandonado”. Una vez más la humanidad de Jesús nos conmueve y se acerca a la nuestra: débil, limitada y llena de preguntas sin respuesta; su “por qué” es el nuestro ante todo aquello que nos duele tanto que no hay palabras capaces de explicarlo, porque forman parte del misterio del hombre y de la vida, que nunca encuentran una respuesta suficiente y satisfactoria. Ante lo inexplicable y cuyo origen escapa a nuestra capacidad de comprensión, solemos mirar a Dios pidiendo respuestas y nos chocamos con su silencio, nos enojamos al extremo de casi llegar a la blasfemia cuando no a la negación de Dios. Podemos llegar a decir o a pensar: si esto pasa, es porque Dios no existe, porque si existiera no pasaría nada malo y todo estaría bien, ¿no les ha pasado en alguno o algunos momentos de la vida que esta tentación de negar a Dios ha golpeado las puertas del corazón? Ante un dolor incomprensible, una pérdida, una tragedia, la traición de un ser cercano, el sentimiento de fracaso o de lo que no tiene sentido; suele pasar que pedimos explicaciones y no las encontramos. Mientras la humanidad del Señor Jesús gozaba sensiblemente de la presencia de Dios en si mismo, no experimentaba nada de lo que sentiría luego en su Pasión; antes de ella no había ni tristeza de muerte, ni miedo, ni angustia. Tampoco sentía el vacío de “la ausencia de Dios” como desolación hasta el extremo de exclamar “Dios mío por qué me has abandonado” Esta es una expresión dicha justamente por el mismísimo Hijo de Dios y no por cualquiera de nosotros, lo que convierte ese dolor en algo indecible, para alguien que como Él había gozado de la presencia amorosa de Dios. Frente a este “por qué” de Jesús, encontramos de parte de Dios el mismo silencio que para nosotros, y en Jesús el mismo desconcierto y sufrimiento físico, síquico y espiritual, la misma contradicción de emociones y sentimientos. “Qué mal hice yo para merecer semejante castigo” y cuánta soledad en ese momento. Cuando nosotros decimos que “se encarnó por obra y gracia del Espíritu Santo”, no solemos pensar que Jesús se hizo hombre en una historia marcada por la presencia del mal, que Él no tuvo privilegios como no los tenemos nosotros, nos cuesta entender que alguien todo bondad, estuviera padeciendo como Él padeció y se nos cuenta en cada versión de la Pasión, como la que acabamos de escuchar.

2- Pasemos ahora de ver a Cristo sólo como víctima, para verlo como protagonista del drama de la redención humana, drama y no tragedia, porque este acontecimiento se abre a otro acontecimiento: la Resurrección de entre los muertos. A Jesús no le pasaban las cosas como alguien que las veía desde afuera, sino que estaba haciendo algo que le era propio e intransferible, era su hora, el juicio del mundo y del maligno. La hora de la liberación para el hombre viejo y el nacimiento de un hombre nuevo que tiene por fin una libertad que hasta ese momento no tenía, ni mucho menos podía alcanzar, sino era por regalo de Dios y de su infinito amor. El descenso de Jesús a esa desolación y abandono, lo pone en un lugar al que ningún hombre ha llegado alguna vez, se ha reservado para sí ese lugar o dimensión de sufrimiento, para que cuando a nosotros nos toque "tocar fondo", en realidad sea a El, a quien lo toquemos, a Él presente en ese lugar que también nos es propio e intransferible y desde ese lugar, un día, en esta vida o en la eterna, podamos salir con El, así como salió Jesús del sepulcro radiante y lleno de gloria; como quien ha superado la prueba y experimenta su momento de gloria, para el que tampoco hay palabras que lo puedan explicar. Así, en el dolor por agudo e intenso que sea, ya nunca más estamos solos ni abandonados, Él está allí para socorrernos y para darle a ese momento, como él se lo le dio al suyo, un sentido y una trascendencia de redención. Si Jesús no pasaba por ese lugar, nosotros hoy no podríamos soportarlo, no seríamos capaces de pasarlo y mucho menos encontrarle algún sentido. Y sin Jesús, ese sin sentido es aun peor que la angustia, o el dolor físico, psíquico o espiritual; porque este dolor con la muerte se alivia o se termina pero ¿Cómo se termina un camino o un proceso de sufrimiento si éste no tiene sentido? ¿Quién nos salva de ese tipo de dolor espiritual? Porque al ser el espíritu algo que nunca muere, ese dolor tampoco. Esa sí que es una cruz y una pasión verdadera y lo que es peor, imposible de soportar para quien no tiene “ni un Jesús de donde agarrarse”.

3- ¿Qué estaba haciendo Jesús en aquellos momentos? Estaba amándonos hasta el extremo: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” y Jesús estaba viviendo esa palabra que Él mismo había dicho durante la Última Cena a sus discípulos. Pero también estaba dándonos la prueba más alta del Amor de Dios: “la prueba de que Dios nos ama es que Jesús murió por los pecadores” por aquellos mismos que lo entregaron y esto tuvo su suprema expresión en la absolución universal dada por Cristo crucificado: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Por esto, el hecho de ser libres para rechazar el Amor de Dios, no es cualquier ejercicio de la libertad ni tampoco cualquier rechazo. Bendita nuestra fe que nos ilumina en la oscuridad de las pruebas de la vida, para que las soportemos con sentido, para que sean oportunidad de crecimiento y desengaño de toda mentira del mundo y del maligno, que todo prometen y nada cumplen. En la pedagogía de Dios nuestra pasión y nuestra cruz son liberación de la mentira y de una muerte sin sentido, liberación de la idolatría de nosotros mismos, que alguna vez creímos que podíamos ser como dioses y apenas si nos da para ser hombres y con mucha… mucha ayuda de Dios. Así cuando miramos al crucifijo podemos llenarnos de amor, superando la dimensión física del crucificado, abrazarnos al Amor mismo, porque AMOR, exactamente eso es el Señor desolado y abandonado. Podemos llenarnos de paz porque en Él encontramos perdón para nuestras culpas y consuelo para nuestras aflicciones ¿Qué aflicción no ha conocido el Señor? ¿Quién sino El que las pasó todas, puede entendernos cuando nos toca pasar alguna de ellas a nosotros? Dejar de lado la rebeldía y abrirse al don de la vida en abundancia, que brota de la pasión, muerte y resurrección del Señor, es signo de inteligencia y podremos vivirla con la gracia de Dios y la acción de su Espíritu en cada uno de sus discípulos y seguidores. Creo en Dios… Con amor y esperanza +Manolo Subir al índice


La unción de Betania Más allá del reconocimiento que Jesús alaba de la mujer que lo ungió con perfume, hay una referencia que mira al futuro, "cuando la Buena Nueva sea predicada debe recordar lo que ella ha hecho conmigo". Esto muestra la conciencia de Jesús no solo de su Pasión y muerte, sino de la continuidad de su obra después de su resurrección y de la efusión del Espíritu. Nosotros pasamos pero las obras continúan y se prolongan en el espacio y el tiempo más allá de nosotros. El anuncio del abandono de los discípulos En el contexto de la última cena Jesús les anuncia la caída de los discípulos ante el escándalo-caída de la cruz. Se dispersan las ovejas cuando el pastor es herido. Ante este anuncio de Jesús, la osadía de Pedro y los demás, de morir antes que fallar. Promesas emotivas pero poco fundadas en la experiencia de la fragilidad humana, nunca te abandonaremos, hermosas palabras hasta lógicas en un momento así, pero también prueba de lo poco que entendían los apóstoles acerca del proceso en el que Jesús ya estaba inmerso, el camino de su retorno al Padre, que pasa por la muerte de cruz. Con lo que pasó tal cual lo dicho por Jesús, Me suena que en las malas solés quedarte solo y, en ese momento aparecen los incondicionales, el mejor-único amigo, la Madre y algunas mujeres piadosas. Sorprende aquí que Cristo también haga referencia anticipada de la resurrección y su reencuentro con sus discípulos en Galilea. La vida que ha de triunfar y que está presente por encima del anuncio de la muerte. Con cariño y unido en la oración Manolo un cristiano como vos... Subir al índice


es preferible que un solo hombre muera... ¿Es una verdadera preocupación por el pueblo lo que mueve a los del Consejo de Sacerdotes y Fariseos? Ummm… Tanta bondad en el corazón de un poder obsecuente y homicida me genera muchas dudas, ya que durante la Pasión y el pedido de estos personajes a Poncio Pilato, hace que este quiera salvar a Jesús, ya que sabía que lo habían traído para eliminar a Jesús por envidia. ¡En el plan de Dios hasta el mal está a su servicio! Sin esa envidia, sin la conveniencia de fomentar la paz romana a costa de la sangre de un inocente, cuidar así sus intereses, manteniendo las buenas relaciones con el Imperio Romano, hace que todo juegue en el sentido y la dirección de la muerte de Jesús, hasta se prefigura la traición de Judas, ya que “el que sepa donde encontrarlo que nos avise para tomarlo preso y ejecutarlo” así será él quien indique con un beso quien es Jesús, en el Huerto de los Olivos. Dios no quiere de por sí la muerte de su Hijo, esta es consecuencia de la corrupción del poder sacerdotal y farisaico de ese momento. Jesús no es enemigo de nadie, pero tampoco es cómplice silencioso del mal que está inspirando el corazón de muchos. Jesús no es enemigo del Imperio, pero como podría ser fuente de intranquilidad social, la paz romana exigía mantener, a sangre y espada, la calma en un lugar que le producía grandes ingresos por derechos aduaneros, con lo cual el dinero es otra causa concurrente en el proceso de Jesús. Así distintos ingredientes del mal van tomando forma, conjugándose y saliendo a la luz para terminar en el Calvario, con el Profeta, Mesías e Hijo de Dios, crucificado y abandonado por todos. El Padre se sirve de todo esto, el Hijo se sirve de todo esta trenza político religiosa corrupta, para que su muerte de cruz se convierta en el sacrificio por el cual Dios y la humanidad se reconcilian, y el mal, en todas sus formas, quede derrotado y atado al poder del Crucificado. Esta realidad del proceso del Señor habría sido una verdadera tragedia si el Padre hubiera dejado a su Hijo preso de la muerte, lo que convertiría a Dios en un ser siniestro y perverso a quien le gustaba ver sufrir y nada más. Lo que cambia todo este acontecimiento tan duro para el Hijo de Dios, es la Resurrección, que es la señal de aceptación del Amor del Hijo por su Padre y del Amor de Cristo por nosotros. Del Amor del Padre que no abandona a su Hijo, que le da Vida al Hijo y que nos lo da para que creyendo en Él alcancemos vida y una vida que no pasa y que va más allá de nuestra muerte. Con la esperanza de que les ayude a vivir el drama de Cristo en la Semana Santa. Les deseo una hermosa Pascua.+Manolo Subir al índice


Jesús y Judas...

El anonimato y el desconocimiento de Cristo. Judas

Me pregunto: ¿por qué Judas les da la señal del beso para que los soldados arresten a Jesús? ¿Era Jesús un personaje tan desconocido, como para que debiera producirse la señal del beso cínico de Judas, para que fuera arrestado? ¿Significa ese anonimato de Jesús algo más profundo que un simple desconocimiento de su persona y de sus rasgos físicos, o la Palabra quiere enseñar algo más profundo sobre el significado de la pasión? Digo esto porque contrasta con las veces que Jesús pasó la Pascua en Jerusalén, 3 veces, siendo ya un "profeta" famoso. Su entrada triunfal en Jerusalén con tanto alboroto. Y después la semana de Pascua, durante la cual, tras purificar el Templo, echando a los mercaderes de bueyes y palomas, estuvo enseñando en él, y siendo acosado por las autoridades judías todo el tiempo. ¿Cómo es que no sabían quien era y cómo era? ¿Por qué si todo el tiempo lo habían estado espiando, no sabían dónde encontrarlo? Debe haber una respuesta histórico bíblica que lo explique mejor y más en detalle.

Quizás podamos en un rato de silencio orante pedirle al mismo Jesús que nos ilumine el alma, para poder descubrir su corazón y entrando en él, escuchar allí su mensaje en esta nueva "desaparición" del Señor... Nos animamos a hacerlo?

Te comparto algo más...

El lugar donde más se detuvo mi atención cuando meditaba en este momento del Señor y Judas, fue en una cuestión de identificación del Siervo de Yahvé, con el misterio de todos aquellos anónimos, que son capturados, traicionados, negados, torturados y muertos, también por causas evitables, por el poder de turno, esos muertos cuyos nombres rara vez trascienden por ser bajas o un número en las estadísticas. En ellos Jesús está presente re actualizando su pasión, como pasión del hombre, tomando sobre sí su dolor, su humillación, su sufrimiento y llenándolo de sentido, sacando a las víctimas del sinsentido de su situación y de su muerte, dándoles un para qué, ya que difícilmente ellas puedan encontrar un por qué. Esta es una luz muy intensa, que creemos, ilumina a todos los sufrientes anónimos, como los que lo viven en el silencio y la soledad del propio corazón, en secreto, en lo escondido y sin poderlo compartir por ser tan personal e intransferible. Que ese dolor no sea haga visible, muchas veces es signo de fortaleza, discreción y modestia; sólo los santos han superado la queja y supieron lo que fue sufrir en silencio, imitando la fortaleza silenciosa de Jesucristo, humillado, mal tratado y abandonado.( Con inmenso deseo de rezar hondo junto a vos, Manolo) Subir al índice


En Getsemaní...

Jesús que va a orar, no quiere ir solo a enfrentar su Hora, va con Pedro, Santiago y Juan. Les confiesa que siente angustia y tristeza, se aleja y cae con el rostro en tierra, abatido y adorando a las vez. Su tristeza es, tan honda, que es tristeza de muerte. Se va retirando la vivencia y el gozo de la dimensión divina de Jesús, por unas horas, el Verbo Eterno, se vuelve noche, como ausencia, vacío y, ante esto, la humanidad Jesús se resiente, encuentra el límite de tener que enfrentar, solo como hombre, una muerte violenta, esto lo acerca más a los hombres comunes, porque un estoico habría enfrentado impasible, el juicio, los golpes, las burlas, el dolor, físico, moral y emocional, la soledad y el abandono. Si bien Dios no puede "morir", solo Él puede entrar en la muerte, redimirla, transfigurarla y convertirla en paso a la Vida Verdadera. Su humanidad quiere vivir y tiene que morir para consumar la misión encargada por su Padre.

Su oración al Padre... Está sólo con su Padre...su Abba es más profundo que nunca, depende en absoluto de Él, a Él se dirige: que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad… ruega insistentemente porque para el Padre todo es posible…, lo desea intensamente, como intensa era su oración. Hacer la voluntad de Dios no tiene mucho que ver con nuestra lógica, ni menos con nuestra mentalidad cinematográfica, donde hay un héroe mitológico e imaginario triunfa la final. Jesús, no es el buen muchacho de la película que termina con un final feliz; muy por el contrario Él morirá con las muertes del mundo real, injusto y trágico. Así se entiende el terror que sentía ante la proximidad de la pasión, que su sudor se convierte en gotas de sangre.

Y los apóstoles?... Mientras tanto los apóstoles-amigos se duermen de tristeza. Él se les acerca y les recomienda oren sin cesar para no caer en la tentación, porque aunque el espíritu está dispuesto la carne es débil. Aquí carne no es la condición física, sino la naturaleza caída y debilitada por el pecado. Es una cuestión interior, del alma humana, que aún no ha sido transformada por la acción del Espíritu. La oración continua es el instrumento para no caer en la tentación, sino también la que proporciona la gracia para alcanzar esa transformación, de debilidad en fortaleza. Cuando regresa de orar por tercera vez y de entregarse en manos del Padre, lleva en su interior la caridad del Padre que lo ha amado y lo sigue amando, esta presencia del amor paterno que lo sostiene y acompaña, se muestra de manera eminente, en la fortaleza del Hijo de Dios para hacer el camino que va de Getsemaní hasta el Calvario, con su muerte, y muerte de cruz. Sólo el amor es capas de hacer cosas así y sólo el amor las entiende.

Jesús se encuentre con Judas en Getsemaní "Buenas noches maestro y lo besó". "Amigo, haz lo que haz vienes a hacer". Jesús es tomado preso y procesado con la colaboración de la traición de Judas. Siempre me he preguntado si Jesús no habría muerto de todos modos sin el protagonismo histórico de un Judas. ¿Era Judas un elemento necesario en el proceso de Jesús? Sí, lo era, pues Jesús lo había anunciado sin decir quien: "uno de ustedes me va a entregar, pero ay de aquel…". Se nota en la sentencia de Jesús que la traición no quedará impune, ni la de Judas, ni ninguna otra, pero en la historia no faltan los traidores, como desencadenantes de aspectos de la historia, porque ésta no solo la componen los héroes y los villanos, también están los traidores, los buchones, los ortivas, que perduran hasta hoy y que siguen actuando a diario. En el entramado de la privada de las personas, en la vida más o menos visible, más o menos pública o publicada. En todas las clases sociales hay quienes faltan a su palabra, a sus promesas, que compensan traicionando, su frustración, en vez de encarar la solución de los problemas, blanqueando y poniendo luz lo que está pasando, dejando de lado sus conveniencias y poniendo por delante sus convicciones, dejando de actuar en la sombra y haciendo surgir la luz, aun en perjuicio propio. (rezando junto con vos, Manolo...) Subir al índice


Contemplando el misterio del Cuerpo del Señor Contemplamos ada partícula, cada átomo, cada molécula, cada célula, cada tejido óseo, muscular, cerebral y nervioso, cada arteria y cada vena, cada gota de sangre y cada glóbulo rojo, cada órgano y cada milímetro de piel, en definitiva todo su cuerpo humano, unido al alma y al espíritu y, todo el conjunto a la divinidad, del Hijo de Dios e Hijo del hombre, al Cordero de Dios, a la Victima Propiciatoria, que sin mancha ni defecto, se ofrecerá, en la cruz, por los pecados del mundo, por los tuyos y los míos. Me detengo ante sus perfecciones, su inteligencia y voluntad, en la sensibilidad de sus afectos, en la profundidad de su mirada, en su conciencia delicada, en su capacidad de ternura, en su humanidad y divinidad, siempre unidas sin división y sin confusión. Como en El se diviniza lo humano y se humaniza lo divino. Y pensar que nada de esto lo podría ni quiera pensar o expresar, si el Espíritu Santo no actuara, iluminando mi alma con la gracia que me permite asomarme, tímidamente, al misterio y contemplar esta gloria sin par de mi fe cristiana. Cercana ya la Semana Santa, también me detengo a pensar en la capacidad de sufrimiento de ese cuerpo, en la sensibilidad para experimentar de modo único y tan profundo, el dolor físico, emocional, moral y espiritual, ya que todo sufre en El, no solo su Cuerpo Inmaculado, sino su alma y su emoción ante: la llegada de su hora, la agonía en el huerto y el cáliz de la pasión, la traición y la perdida de su amigo Judas Iscariote, las negaciones de su amigo intimo Pedro y el abandono de los demás apóstoles. Por ver las maniobras político religiosas que, con tal de sacarlo de en medio y que no los moleste más, no dudan en armar un juicio con testigos falsos; su mansedumbre cuando el soldado lo abofetea. El manoseo de sus compatriotas, las burlas de Herodes, la flagelación, la coronación de espinas, las burlas de los soldados, la brutalidad del Imperio y por ultimo, su amado pueblo gritando ¡crucifícalo! ¡crucifícalo!. El ver a Poncio Pilatos lavarse las manos ante la decisión entre salvar a Jesús o a Barrabas, escuchando a los delegados del Sumo Sacerdote, escribas y fariseos decir:"no tenemos mas rey que el Cesar". El camino al Calvario, sus caídas, el encuentro con Su Madre, la cruz, los clavos que atraviesan sus manos y sus pies. La inmensa soledad y hasta el sentimiento de que Dios lo ha abandonado. Nadie podría asomarse a semejante muestra de dolor y de santidad, del Amor de Dios por los hombres, llevado a tal extremo de donación de Si mismo, de mediar entre su Padre y nosotros, de glorificación del Padre, Pensar que yo peque y El pago por mí y en mi lugar y en nombre de todos nosotros los hombres. Por todo esto y mucho mas, no es un Cuerpo más, no es un Alma mas, un Crucificado más, no es uno más que sufre y que muere. El es la Nueva Alianza en su Sangre, nuestra justificación y redención. El es nuestra paz y reconciliación, El es quien une el cielo y la tierra, es Quien abre las puertas cerradas a la vida a la humanidad pecadora. El es nuestra resurrección y nuestra esperanza. Con todo cariño. Manolo un cristiano como usted...Subir al índice


Después de bajar de la cruz el Cuerpo sin vida del Señor Al bajar el cuerpo de jesús y dejarlo en brazos de la Virgen, sólo quedaba tiempo para hacer con el Muerto lo que mandaba la ley de Moisés, ya que estaba por comenzar el Sabbat con la caída del sol y había que apurarse. Así José de Arimatea, amigo en secreto del Señor, tomó el Cuerpo sin vida y lo lavo, lo ungió con perfume, lo envolvió en una sábana y le ató el sudario alrededor de la cabeza. Junto a los testigos oculares de la Muerte de Jesús, llevan al Muerto y lo depositan en un sepulcro nuevo, colocan el cuerpo sobre una losa, en un hueco hecho en la pared de piedra, corren la piedra y el sepulcro queda sellado. Cada uno vuelve rápidamente a su casa llevando en su alma el recuerdo doloroso de lo que ha sucedido entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde, entre la crucifixión y la sepultura del Señor Jesús. Dolor por la pérdida, desolación, silencio y ausencia que hieren; miradas que se cruzan buscando una explicación ante tan brutal hecho. Estaban ultrajados en su corazón por lo que habían hecho con Jesús y con ellos, sentían su muerte. Otros estaban llenos de culpa porque habían o negado o abandonado al Señor. Los unía el amor y también el espanto, el remordimiento era compartido por todos, todos a su manera le habían fallado… Además estaban asustados, encerrados y llenos de miedo. Con este ánimo en sombras pasan los tres días. Guardar el sábado les prohibía irse cada uno a su casa para poder volver cada quien a lo suyo, con las huellas de la desilusión, el fracaso y el sin sentido de haberlo dejado todo para seguir a Alguien, y que eso terminara de la manera que habían visto o se habían enterado por lo que los testigos habían trasmitido, y ese día parecía no terminar nunca,. Pero entre ellos había un corazón, que aunque muy dolido, el mas dolido de todos, permanecía iluminado y encendido en la noche del sentido y de la fe, era la Virgen Madre del Señor, que hace memoria, recuerda y espera, cree y confía una vez mas en su peregrinación de la fe, cuando todo parece terminado intuye que lo nuevo esta por venir y que sucederá la mañana del primer día. Con amor. Manolo.Subir al índice


Hace 2000 años Todo ese tiempo, 2000 años, hace que en la ciudad de Jerusalén se encuentra un sepulcro vacío, sin el muerto allí sepultado, no hay restos óseos con piel seca adherida a ellos, no hay signos de muerte, no hay cráneo ni columna vertebral, no hay brazos ni piernas, no hay muerto, no esta. Solo la memoria de un triple anuncio de que resucitaría al tercer día. Hace 2000 años los discípulos de un Maestro al que habían seguido y acompañado durante tres años, se asomaron a la que fue su tumba y lo único que vieron fue: el sepulcro vacío, las vendas y el sudario enrollado en lugar a parte, recordaron su palabra, vieron y creyeron. Estalla el grito de la vida donde estaba la muerte, la soledad y el silencio. La experiencia se vuelve anuncio luminoso, no esta ¡ha resucitado! Es verdad El lo anuncio, la promesa se cumplió. Los unía la muerte y el espanto, después el asombro y la vida. Sus ojos llenos de tristeza vuelven a brillar, las sonrisas iluminan sus rostros, los numerosos testimonios hacen nacer la esperanza y fortalecen la fe vacilante. María Magdalena y la visión de los Ángeles, el mensaje y el pedido del Señor que en Galilea lo verán. ¡Esta Vivo! Ha resucitado. La buena nueva comienza a correr de boca en boca y de corazón a corazón. La muerte ha sido vencida por Jesús, el signo es el sepulcro vacío, llega el momento de creer en todo lo que dijo y enseño, el momento de aferrarse a su palabras y a sus promesas, no habían ni creído ni seguido en vano. Así paso, así nos lo han trasmitido con gran detalle los testigos oculares, los que estuvieron con El después de que resucito a de entre los muertos. Después de sus apariciones dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo. Estuvieron con El durante cuarenta días, comieron y bebieron con el Resucitado, les hablo del Reino y estuvo con ellos hasta que lo vieron volver a su gloria. Hace ya 2000 años que la noticia de Cristo Resucitado recorre los caminos del mundo suscitando la fe, engendrando la esperanza y manifestando que el amor vence al odio, la misericordia al pecado y la vida a la muerte. Por El y en El se han abierto las puertas de la Vida Nueva en el Espíritu. Gloria a Dios. Manolo un cristiano como usted...Subir al índice


Está vivo... Abril 3 Lc. 24,1-4. “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo…? Jesús ha resucitado y la mañana del primer día de la semana su sepulcro está vacío, algunas de sus discípulas van al la sepultura buscando el cuerpo del Señor para ungirlo con los perfumes preparados, porque el entierro del muerto no había dejado tiempo para hacer lo que correspondía porque comenzaba el sábado. Estaban desconcertadas al ver la piedra removida, el lugar abierto y vacío, no lo encuentran, llevan en su memoria el amor y la decepción por lo sucedido, estaban seguras de encontrar al muerto, rígido, en proceso de descomposición y puesto en el lugar cavado en la roca como habían visto la víspera del sábado. Así con el mensaje de los ángeles “únicos testigos del milagro” comienzan a transitar el camino que va de la cruz y la muerte del Señor a la resurrección y al descubrimiento de la vida que venció a la muerte. Pero hay en este evangelio una referencia a lo dicho por Jesús en la vida pública “el hijo del hombre debe sufrir en manos de los pecadores, ser crucificado y resucitar al tercer día”, la memoria de lo dicho por el Señor las abre a la experiencia de la fe en el resucitado, la fidelidad de su palabra y de su promesa que ellas ven realizada y de la cual son testigos oculares y mensajeras de lo sucedido. Está vivo, ha resucitado y aunque no les creen, provocan que Pedro vaya al sepulcro y encuentre todo como las mujeres contaron. Éste, que es el primer testigo de la resurrección y la piedra fundamental del la Iglesia, vuelve al lugar donde estaban los discípulos reunidos, "lleno de asombro por lo sucedido". Luego las apariciones del resucitado robustecerán su fe y la de los demás, preparándolos para la efusión del Espíritu que será la memoria viva de la Iglesia, que les enseñará y les recodará todo lo dicho y hecho por el Señor, desde que los llamó y hasta el momento de enviarlos a predicar en su Nombre. Durante este tiempo de Pascua, durante 5 semanas vamos a ir buscando los signos de vida que la palabra de Dios nos va a ir mostrando para fortalecer y profundizar la fe siempre vacilante y llena de dudas que tenemos los que no lo vimos ni estuvimos con Él, pero que hemos recibido el mensaje y el Espíritu que nos ha llevado a creer en Jesús, como si lo hubiéramos visto y oído, porque uno de los signos que nos lleva a creer en el Señor resucitado es la Iglesia y la Palabra del Evangelio que tuvo y tiene el poder de suscitar la fe en el que escucha. ¡Aleluya!. +Manolo. Subir al índice


Detenerme y detenernos... Me parecía importante detenerme en mis sentimientos de encierro relacionado con las puertas cerradas del domingo de la resurrección del Señor. Como los discípulos cuando algo que me pasa me lleva a encerrarme y a no querer saber más nada de nada, vuelvo a tomar ese capitulo 20 de san Juan y haciendo la composición de lugar, identificándome con sus íntimos sentimientos, escucho y me pregunto por qué el Señor, dice la paz con ustedes. Por qué no hay ningún reproche, ni echada en cara por lo que hicieron. Porque a ellos que habían fallado tanto, les promete el Espíritu Santo y los manda a anunciar la reconciliación y el perdón de los pecados. De pronto todo se llena de sentido, ya no hay tentación de volver atrás, de recuperar lo viejo que, aunque no sirve para nada, al menos resulta conocido. Por qué cuando no podría creer en mí mismo, soy invitado por el Señor a romper el encierro, creo que es la gracia de esa palabra cortita de tres letras, paz…paz, la que rescata mi alma de la oscuridad y de la inculpación y el remordimiento que me paraliza y me impide abrirme, no solo a la fe, sino a la vida misma. Porque no tengo paz, ni luz, ni alegría. Jesús siempre me sorprende desde su Palabra, aunque lo haya leído muchas veces, siempre me suena a nuevo y tantas veces justo cuando más lo necesito. Te pasa a vos lo mismo? Te sentís muchas veces así? Espero que lo que te comparto te sea útil, al menos a mi me hizo bien cuando ando de bajón. Con afecto Manolo un cristiano como usted... Subir al índice