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La vida crece cuando se comparte...


Compartiendo vida... Manolo y vos...


Compartiendo con vos, desde la Palabra...


Muchas veces buscamos rezar, simplemente escuchar la Palabra y poder "sentir" de una u otra forma lo que ella nos dice en el corazón, estas reflexiones a partir del Evangelio, quieren ser sencillamente para vos, como lo han sido para mí, una ayudita para acercarnos a ese Evangelio que desde siempre está allí para nosotros, para darnos vida y para que esa vida la compartamos... Sin más pretensión que esa y con todo el cariño del mundo es que me animo a compartir acá esto que antes que vos, pude rezar también yo. Con todo afecto y ganas de crecer juntos escuchando la Palabra... Manolo


Sobre Mc. 1,29-39

Leyendo el pasaje de la curación de la fiebre de la suegra de Pedro y los signos que Jesús hace; Marcos nos dice que esto pasa cuando se hacía de noche, al atardecer y pensaba como en ese momento la figura y la acción de Jesús se vuelven luminosas, por aquello de: “el pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz, sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, ha brillado una gran luz”. Todo el pueblo de Cafarnaún se reúne a la puerta de la casa de Pedro, a la tardecita, como decimos nosotros, a la oración como se decía antes al volver de la labranza al hogar, donde el recogimiento surge como espontáneamente. Es verdad que ese pueblito no tendría más de 300 habitantes, pero nos representan a todos los que necesitamos y estamos sedientos de luz, sanación, liberación, consuelo y paz. En Él, en Jesús Resucitado y Presente entre nosotros, y que nos acompaña hasta el final de los tiempos, está hoy esa propuesta de salvación, esa invitación a creer más alla de las evidencias, desde su Palabra y la Eucaristía, Jesús sigue sanado, iluminando y liberándonos. Esta búsqueda de luz y de vida la tenemos hoy con más intensidad que en aquel tiempo, porque en la sociedad de la confusión, donde nadie tiene algo claro, donde lo que manda es el descontrol y la ambigüedad, y en definitiva en una sociedad que enferma y que oscurece la mente y el corazón, que le hace todo bien difícil a todos lo creyentes, de todos los credos, permanecer en las convicciones y con el alma sana, es algo que está más allá de nuestra buena voluntad, como aquellos de Cafarnaún hay que ir a la casa Pedro, es decir a la Iglesia, y salir al encuentro de Jesús que nos trae siempre a todos los pueblos su mensaje de luz y de vida abundante. Manolo Subir al índice


Sobre Mc 1,40-45 El Reino o Reinado de Dios en medio de su pueblo se manifiesta de modo claro en la Persona, la Palabra y los signos que Jesús hacía, para que se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías acerca de la era mesiánica: “los ciegos ven, los paralíticos, caminan, los leprosos son purificados y los pobres son evangelizados”. De esta manera como se nos relata hoy, vemos a Jesús compadecido de la situación de ese leproso anónimo que le pide que lo cure y así sucede. Quisiéramos detenernos en la compasión de Jesús, en el contenido de ese “padecer con el otro”, desde el lugar del otro, eso que hoy nombramos como empatía, ponerse en el lugar del otro, como si me pasara a mí. Hoy los leprosos están atendidos en los Hospitales o en los Leprosarios de todo el mundo, hay ciertos medicamentos que ayudan a su curación o a que la enfermedad avance lentamente. No era así en tiempos de Jesús. En aquella época los leprosos vivían excluidos de la vida pública y familiar habitando en cuevas o cavernas; estaban fuera de todo acceso a la vida religiosa, porque ésta los consideraba impuros y malditos, castigados por la Ley de Dios; generaban asco, miedo al contagio y rechazo. Estaban al margen de cualquier contacto que no fuera con otros leprosos con quienes compartían el mismo espacio y la misma desgracia, así a la humillación propia de su estado de enfermedad se agregaba la ausencia de compasión por parte del pueblo. Estas cosas de carácter cultural Jesús las conocía a la perfección, porque vivía allí donde esto le pasaba a los enfermos en general y a los leprosos en particular. Todo esto, además de sus sentimientos, es lo que hace que Jesús se muestre compasivo como se nos presenta en este pasaje del evangelio. Verse libre no solo de la enfermedad sino de toda esa situación cultural y religiosa, hace que este hombre, ahora sano, no pueda obedecer al pedido de Jesús: "no se lo cuentes a nadie" y vaya por donde vaya, cuente lo que le pasó en su encuentro con Jesús, y así ayuda a que la fama de Jesús se extienda más y más. Me pregunto:¿Como acallar al corazón liberado de toda esa situación y silenciarlo al ver su cuerpo sanado en un instante? ¿Como detener al río de las masas populares que buscan a un Señor y a un Salvador que se deja encontrar, que se muestra a Sí mismo cercano, receptivo y compasivo? Ustedes ¿Se callarían si Jesús los sanara, aunque solo fuera internamente, de la lepra de nuestros males morales, emocionales o sicológicos, con solo pedírselo con fe? El siente por nosotros la misma compasión que sintió entonces por este hombre que hoy nos representa a todos los enfermos del alma. Manolo Subir al índice


Sanación del paralítico

Mc 2,1-12 Me surgen muchos por qué frente a este relato de la sanación del paralítico, que me gustaría compartir con uds., por ejemplo, ¿por qué no le abren paso para que los que llevan al paralítico puedan llegar hasta Jesús? ¿Por qué esa comodidad, egoísmo y falta de sensibilidad con un pobre desgraciado? Creo que la actitud de “los escribas que estaban sentados”, los “maestros” de la sociedad de Jesús, que estaban más para juzgar y condenar que para ser puentes entre Dios y su Pueblo, y que Marcos dice al pasar, expresa claramente a lo que había llegado la fe de Israel. Una fe estéril, sin fruto, que ya no le sirve ni a los israelitas ni a Dios, porque no hay encuentro, ni comunicación ni dialogo entre Él y su Pueblo. Esto pone al descubierto la necesidad de una fe nueva que supere el obstáculo de lo que está pero ya no sirve, no salva, no es encuentro ni dialogo. La curación muestra el nacimiento de una nueva fe, que tendrá como centro, la Persona y las Palabras y hechos de Jesús, el Cristo, el Santo de Dios. Conmueve ver la fe de esos hombres y de los que solidariamente les ayudan a levantar el techo y descolgar al paralítico, fe que se abría paso por encima de todos los obstáculos que encontraban en el camino. Me parece tan hermosa la mirada de Jesús que ve la fe de aquellos hombres, pero que también ve el interior del paralítico y sus pecados. Que cosa de sentido común la comparación que Jesús hace respecto del poder que el Padre la ha dado: ¿Qué es más fácil decir tus pecados son perdonados o levántate y anda? ¿Habrá algo difícil o imposible para Dios, curar o perdonar? ¿Podrá una cosa sin la otra? Creo que para una mente farisaica, que no se destacaba por lo abierta y lúcida ante las evidencias, evidentemente Dios solo podía hacer lo que ellos decían que podía hacer. Y aunque ven no creen y tratan a Jesús, nada menos que a Jesús, de blasfemo, es decir el que insulta o maldice a Dios, pero ante la curación milagrosa del paralítico, por la palabra de Jesús, donde actúa el poder de Dios, el pueblo dirá “nunca hemos visto nada igual” despertando a una fe que no se detiene ante los obstáculos que le presentaban aquellos que parecían “tan religiosos y piadosos”. Manolo Subir al índice


Jesús forma su comunidad de discípulos.

Si nos fijamos en el evangelio de San Juan 1,35-51; nos relata los primeros llamados que Jesús hace; hoy sabemos que se trataba de a “aquellos que conoció de ante mano”, que no solo sabía quines eran sino que Él mismo, como Palabra creadora, los había formado desde el Seno del Padre y ya entonces los había elegido, por eso cuando llegó el momento preestablecido por Dios, fueron llamados y “recibieron un nombre nuevo pronunciado por la boca del Señor” y tu te llamarás Céfas, es decir Pedro y a partir de allí, la vida cotidiana de ellos cambia radicalmente como el cambio de nombre lo expresa, no sólo por el llamado, sino porque acompañaran a Jesús, dejándolo todo para seguirlo. Así la vida de ellos será desde ese instante, estar junto a Él, escuchar sus enseñanzas, ver los milagros, convivir con quien van conociendo y que les va revelando su identidad, su misión y la misión de ellos. De a poco los ira transformando de discípulos en apóstoles. Así participarán de un modo esencial de su obra, la Iglesia Apostólica, serán testigos oculares, hablarán de lo que han visto, oído y tocado acerca de la Palabra de vida, que es Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios. Estos hechos históricos ya sucedieron, todas las personas murieron y han sido declarados santos por la Iglesia y sus almas ya participan de la Gloria de Dios,de todas ellas sólo Jesús resucitó de entre los muertos y vive glorioso junto a Dios. Hoy sólo perduran los lugares geográficamente uvicables y que son visitados por miles de peregrinos año tras año. No obstante esta realidad, lo que leemos no son anécdotas, o pura información histórica, ni tampoco un cuento edificante sobre cómo Jesús reunió a sus primeros discípulos. Lo que leemos es Evangelio, es Buena Noticia, es Palabra de Dios, es Palabra Viva, actual y permanente. Lo que leemos es el llamado que se nos hace a nosotros hoy, y el que llama desde la Palabra es Jesús mismo que vive en su Palabra. Es decir que conforme a la personalidad o perfil de cada uno de nosotros, podemos identificarnos con aquellos elegidos desde siempre, aquellos en los que Jesús como Dios, pensó para llamarlos a la existencia primero y a ser discípulos y apóstoles después. O si no nos identificamos, ni con Pedro, ni Andrés o con Natanael o con ninguno de los que son presentados con sus nombres,pero sí podemos vernos reflejados en aquellos cuyos nombres no han trascendido, pero que igualmente fueron creados, elegidos y llamados por Jesús, y que hoy vivimos la fe crística en cada comunidad cristiana del mundo y, que no estamos en los altares como los santos que fueron cada uno de los apóstoles presentes en el relato que estamos meditando. Pensar que me pasa a mí lo que les pasó a ellos me hace verme como criatura amada de Dios, elegido discípulo y llamado a ser apóstol y que, en virtud de este encuentro con la Palabra, he heredado la misma vocación y misión que los marcó a ellos: seguir construyendo la Iglesia, comunidad de fe, y que por todo esto, puedo darme cuenta de la dignidad personal que esto significa, para vivirlo y compartirlo en comunión con todos aquellos que sienten el mismo llamado que experimento hoy, para mirarlos a ellos con el respeto que merecen porque a ellos también los ha tocado la manos de Dios y que por eso están conmigo como yo estoy con ellos.Con mucho cariño. Manolo Subir al índice


El Bautismo en el Espíritu...

Hablemos un poco del bautismo en el Espíritu. “Yo los bautizo con agua… pero ya viene el que es más grande que yo, Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego” Lc. 3,16; “Jesús también fue bautizado y mientras estaba orando, los cielos se abrieron y descendió sobre Él el Espíritu Santo en forma visible de una paloma y se oyó una voz que venía del cielo: “éste en mi Hijo muy querido, mi predilecto”.

A un sacerdote amigo mío le pasó que cuando vivía en Santa Cruz, un día que entró a la capilla de su parroquia, le sale al encuentro un grupo de fieles que es dice: “padre nosotros oramos siempre por Ud. para que el Señor le de su Espíritu Santo” - Por que oran para que yo reciba el Espíritu Santo, respondió un tanto incómodo, si yo ya tengo al Espíritu por la ordenación sacerdotal. Le respondieron los fieles: “para que se le note” El bautismo en el Espíritu hace que se note que somos de Cristo, que Cristo vive en nosotros, que se haga sensible a los ojos de los hombres, porque tenemos necesidad de vivir la fe en comunidad, porque estamos alegres, porque tenemos sed de la Palabra, porque la Confesión es fuente de perdón, pero también de sanación espiritual, porque nace el hambre de la Eucaristía diaria, porque amamos a los sacerdotes pues sin ellos, no tenemos perdón ni a Cristo en el Altar, porque el Espíritu hace posible y real que vivamos en mandamiento de amor mutuo como Jesús nos pide. Porque el bautismo en el Espíritu nos despierta la necesidad de abrirnos a la misión y para que el bautismo que recibimos de niños, se convierta en manantial de vida que se comunique y reviva a los cristianos que, como a nosotros, no se les notaba la presencia del Espíritu en el corazón. La efusión del Espíritu como también llamamos al B en ES, es una imposición de manos como gesto de amor y una oración muy sencilla que un sacerdote, un diácono o un grupo de fieles hace por otro fiel o hermano, para que salga a la luz lo que está escondido en el interior de esa persona desde niño, para que se encienda lo que está bajo las cenizas del los años, para que fluya lo que estaba tapado por la ignorancia, para que salga del encierro el Espíritu, y el Cristo Vivo, se manifieste en la persona y en su entorno, para que en definitiva haya vida en el Espíritu, como Jesús pensó y quiso para sus seguidores; en síntesis un nuevo Pentecostés personal y comunitario, como pedían ya entonces, en la década del sesenta, el Concilio y Paulo VI. Con amor fraterno. Manolo Subir al índice


Rezando con Mc 2,23-28. Meditemos en el cuadro que nos presenta Marcos: es sábado, los discípulos tienen hambre y, con total sentido común, arrancan unas espigas, las frotan con sus manos y las comen. Jesús camina y ellos lo siguen y no los reprende por lo que hacen, y seguramente alguno de los discípulos le alcanzó algunas espigas y él también comió, esto no pasaría de ser un dato anecdótico, de no aparecer los escribas y fariseos, que surgen como de la nada ya que no se los menciona al comienzo del relato y, da la sensación de que serían éstos los destinatarios del relato catequístico que Marcos escribe, por la referencia que Jesús hace de la “trasgresión” del rey David y los panes de la ofrenda y, cómo comieron él y los que lo acompañaban. Parece que en la comunidad cristiana a la que Marcos le dedica su evangelio, habría muchos cristianos de espíritu farisaico, a quines les importaba más el orden, el derecho de propiedad privada, que el hambre o las necesidades de los hermanos, y que frente a esto anteponían la “ley” al sentido común, “la vieja ley” a la nueva ley que el Espíritu Santo había grabado en el corazón de los discípulos en Pentecostés. Para los cristianos del siglo primero la Ley era lo que nos muestran lo relatos de los Hechos de los Apóstoles acerca de la vida de las primeras comunidades, donde el bien de cada uno era el bien de todos y el bien de todos consistía en el bien para cada uno, en perfecta armonía, porque la necesidad del hermano estaba por encima del derecho a lo propio. La necesidad de un hermano era una verdadera preocupación y la respuesta era solidaria y compartida por todos, porque su bienestar, estaba por encima del derecho a la propiedad del resto de la comunidad, pues lo tenían todo en común. Esto nos va a costar entenderlo a nosotros que nos hemos criado bajo la influencia de la ideología liberal, individualista y absolutista de la “propiedad privada”, tanto como con la locura de la propiedad “común” absoluta, en la que el estado marxista se atribuía el dominio total de los bienes de la sociedad en nombre de una pretendida “igualdad”. Ambas visiones traicionan la naturaleza personal y comunitaria de la persona humana,ésta es dueña de sus cosas, dueña de lo que Dios le ha dado, y justamente por eso el mandamiento del amor mutuo lo lleva a comportarse,desde su libertad, solidariamente con el que lo necesita. Pero el miedo a quedarse vacío, a quedarse sin nada, a no tener de qué agarrarse puede llevar a muchos a perder la paz, la alegría y el gozo de compartir, en definitiva el maravilloso “riesgo” de dar el paso y amar al otro con un amor que llegue hasta el bolsillo, al “dar hasta que duela” de Madre Teresa. A los cristianos se nos llama a hacer lo que Dios nos manda, a crear la civilización del amor, pero también a ir más allá de lo mandado, ésta es la base a partir de la cual se crece, de lo contrario ¿como vamos a dar lo más sagrado, que es la propia vida por los hermanos, si no somos capaces de dar sin miedo de nuestras cosas? No se angustien, nadie puede hacer esto solo, por eso Jesús derramo su Espíritu para que su Iglesia, sus discípulos amados, lo pudieran vivir sin miedo y con profunda alegría. Con muchas ganas de crecer con Uds. Manolo Subir al índice


Jesús cura en Sábado Mc. 3,1-6. El Señor ha entrado a una Sinagoga, Casa de Oración, Capillita de aquel tiempo y en ella se encuentra un hombre enfermo, con una mano paralizada. Después de hacerlo pasar enfrente de todos, Jesús les plantea a los escribas y fariseos presentes, si estaba permitido en sábado curar a un enfermo, salvar una vida o perderla. Ante esta pregunta, ni un sí ni un no, sólo silencio, esto enoja a Jesús y le genera pena por la dureza se sus corazones. A pesar del peligro que corre por lo que hace que va contra la mentalidad cerrada de los enemigos de su ministerio, cura al hombre, devolviéndole el uso de su mano paralizada. Dicen los filósofos y los antropólogos, que la primera característica de la inteligencia superior de nuestros antepasados primitivos, fue el desarrollo de herramientas, tanto para el trabajo cono para la guerra. Así las manos son la expresión clara de la racionalidad del hombre y de su creatividad. Hoy la curación de Jesús tendría una extraordinaria trascendencia, porque sería devolverle le capacidad de trabajar a cualquier obrero, a cualquier trabajadora, a cualquier artista o al cirujano más capas en su campo de la medicina. Pensemos cuantas cosas, de las más simples hasta las más sofisticadas podemos hacer con nuestras manos. Cómo Dios se ha prolongado a través de ellas para que transformemos el mundo, y podamos expresarnos con gestos que tienen muchas veces más significado que las palabras. La curación del hombre de la mano paralizada fue desatar toda la capacidad creativa encerrada en ese hombre. Esto me lleva a pensar en el mayor pecado de la historia argentina, que para mí es el subdesarrollo y la pérdida de millones de talentos por falta de oportunidades, de millones de manos paralizadas por la falta de trabajo, porque siendo inmensamente ricos en toda clase de recursos materiales, somos inmensamente pobres porque no explotamos los recursos humanos que están encerrados y paralizados en los barrios, en las villas, en los desocupados, en los excluidos, en todos los chicos menores de 18 años con la cabeza cocinada por el paco o el alcohol o por la mezcla de los dos. No quiero estar en los zapatos de aquellos que por siglos han impedido el desarrollo, o han contribuido directa o indirectamente a la condena de tantos a no tener más futuro que una muerte temprana, cuando tengan que rendirle cuentas a Dios por lo que han dejado perder, por todos los talentos que no supieron ver y generar las condiciones para que se manifestaran, no quiero estar en sus zapatos porque les va a ir muy mal, porque no es solo a los hombres, mujeres y jóvenes a quienes dejaron de hacerlo sino al mismo Cristo y ya sabemos cual va a ser triste final. Porque sé lo generoso que ha sido Dios conmigo y el significado que tienen para mí mis manos, es que me duele que tantos millones no tengan la misma oportunidad que tuve, en la década del 70, de poder hacer lo que me gustaba y ponerlo al servicio del Pueblo de Dios y de la sociedad. Me siento un privilegiado pero a la vez impotente, ante tanta ceguera y dureza de corazón, porque no está en mis “manos” cambiar lo que está pasándonos como Nación. Con dolor Manolo. Subir al índice


“llamó a los que Él quiso” Leyendo Mc. 3,13 Este debe ser uno de los textos de todos los evangelios que los sacerdotes más hemos leído y meditado en los años de formación del Seminario. Y una y otra vez me asombra lo que Jesús hace, la lógica de Dios, porque elige no de lo “mejor” tampoco de lo peor, pero sí a aquellos, que justamente por no ser tan “léidos” no se la creerán, ni le pondrán peros a sus enseñanzas, ni a su manera de pensar sino que podrán estar receptivos al Reino y su total novedad. Había personas más talentosas, preparadas y hasta más justas, piadosas y de buena fama, pero Él los conocía desde toda la eternidad, sabía quienes eran porque los había creado y predestinado a ser Apóstoles. Ellos no lo sabían en un primer momento, lo irán comprendiendo con el tiempo. ¡Qué misterio mi vocación! y la de todos mis compañeros. Qué gracia-regalo la elección y la llamada, qué maravillosos los poderes que la Ordenación puso en mis manos ungidas para bendecir, para perdonar, ungir a los enfermos y consagrar la Eucaristía. Me supera en la capacidad de comprensión y siempre quedará sin contestar apropiadamente la pregunta: ¿por qué a mí? y la única respuesta es porque Él quiso, porque Él determinó que así fuera. Créanme que en estos 32 años desde que ingresé al Seminario y en éste, mi año jubilar de las bodas de plata sacerdotales, la pregunta sigue tan viva como el primer día, porque a los 18 años ni pensaba ser sacerdote y tampoco pensaba que un día llegaría a cumplir 25 años de ministerio, porque tanto el llamado como el ministerio son un traje demasiado grande que a uno Dios le ha puesto, una gran sorpresa de la vida, la más grande e incomprensible de mi vida. Uno se queda sin palabras si quisiera explicarlo y mejor así, es importante que no me de cuenta del todo y que esto quede en el misterio de las decisiones de Dios, que me sigue llamando y haciendo feliz por ser sacerdote, que es el gran don para una vida cargada de sentido. Cuando uno recibe confidencias de dolor, de pena, o es testigo del retorno a la fe de aquellos que la habían dejado de lado porque el dolor los había alejado de Dios, uno da gracias, siente, hasta la emoción y las lágrimas, que ha valido la pena dejarlo todo y seguirlo a Él y ser cura. Pero, también es hermoso cuando, a través de uno se puede compartir la alegría de creer, hacer surgir la fe aletargada y que Dios se sirva de uno para hacer eso una realidad, uno vive esa dimensión gozosa y no tan dramática de ser el receptor de la miseria y el dolor del Pueblo de Dios, ésta última, de compartir y acrecentar la fe, es la experiencia de un oasis en medio del desierto de la vida y la soledad que implica la elección y el llamado. Nuestra soledad está llena de la presencia de Dios y eso regenera y reconforta, porque la vida del cura como la de cualquiera es una lucha y en eso estamos con la gracia de Dios. Manolo Subir al índice


Leyendo Mc 3,20-21 “se juntó otra vez tanta gente que no podían ni comer” “sus parientes querían llevárselo porque decían, se ha vuelto loco”

Cuando nosotros leemos los evangelios lo hacemos 2000 años después con la historia ya contada, y con el signo de la Resurrección del Señor como clave de interpretación de los hechos que la preceden. Pero en el momento de este relato la historia se estaba escribiendo y de allí, la Iglesia hace memoria para celebrar la presencia y para hacer profesión de su fe. Pero por un momento pensemos algunas cosas desde el lugar en el cual las veían los parientes de Jesús.

1. de Nazareth, no figuraba en las profecías que saldría algún Mesías, es más, la fama de ese pueblo era ¿de Nazareth puede salir algo bueno? 2. el Hijo de Dios elige venir a salvarnos de modo absolutamente anónimo, oculto, sin brillo ni apariencia de ser alguien especial, ni siquiera se podría decir que fuera un niño prodigio, “pasó por el mundo como uno de tantos y como tal se hizo nada” nos dice S. Pablo en el himno cristológico de la Carta a los Filipenses. 3. De tener Jesús, una aldea, una parentela, una vida absolutamente común, se va a otra ciudad, a Cafarnaún y empieza a predicar. Es decir, de ser un hombre común, un artesano, aquel al que conocían de “guirí”, de chiquito o de purrete, de pronto, le empiezan a aparecer poderes, dice que en Él se cumplen las profecías, se vuelve la persona más famosa, se manifiesta como maestro y sabio, hace cosas extraordinarias y las masas lo buscan y lo siguen por todos lados. 4. Cuando vuelve una vez a Nazareth provoca un escándalo, en un pueblo, como tantos pueblitos en los que de no ser por los que se van o los que se mueren, nunca pasa nada ¿les suena? Así, cuando los familiares lo van a buscar para llevárselo, lo encuentran tapado de trabajo a El y a los apóstoles. Si ya venían pensando que "se había vuelto loco", lo confirman con el espectáculo que ven con sus ojos, “es un exaltado”.

¿Qué les parece que pensaríamos, sentiríamos y haríamos nosotros? Sin duda que haríamos lo mismo, porque naturalmente nos descolocan las sorpresas de la vida, y el misterio encerrado en cada persona. Nos asusta lo inesperado, lo que se sale de nuestros preconceptos, de lo “establecido”, de lo que decimos “siempre fue así”, y creemos que debe seguir siendo así, no vaya a ser que tengamos que cambiar y abrirnos a lo nuevo. Para mí esto fue lo que los asustó a los nazarenos en general y a los parientes de Jesús en particular. A veces, por haber vivido en “infierno grande”, al ser cura de pueblos chicos, me gusta imaginarme la comidilla, los comentarios, las cargadas a los parientes de Jesús: “Eh ustedes, así que ahora su pariente se las da de profeta” ja, ja, ja. Y cosas así. Nuestra humanidad herida por el pecado siempre siente miedo al otro y al OTRO: a Dios, al diferente, al que le pasa algo distinto, al que no piensa igual o actúa de una manera diferente.

Salvo que uno haya tenido un padre o una madre que quisieran tener un hijo cura o una hija religiosa, el llamado que recibimos, fue comentario de todo el barrio y de toda la parentela, fue hasta mal visto y provocó rechazo y hasta distancia de nuestros parientes, hasta a los amigos de la infancia, les costaba entender que nos pasara algo diferente que al resto. Mi tía Concepción me preguntó días antes de irme al seminario: ¿y qué bichito te picó ahora? Está todo dicho. Con mucho afecto. Manolo Subir al índice


Lc. 4,20 “todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en Él” Creo que se puede dar varios sentidos a este “tener los ojos fijos en Él, uno, el literal, que es la experiencia de Jesús en su pueblo y lo que pasa después. Pero también encontrarle un sentido más rico y espiritual; que es poner nuestros ojos fijos en Aquel que tiene sobre Él el Espíritu, quien lo ha hecho el Ungido, el Cristo, que viene a anunciarnos las Buena Noticia a los pobres de toda pobreza, no solo la material, sino la ceguera, la opresión y la cautividad espiritual, emocional, o de una vida que ha perdido su sentido. Y ha venido también por todo ello, a darnos la gracia de cambiar todo esto, que es fuente de tristeza y amargura, en la alegría y el gozo del Reino de Dios que Él nos anuncia, en el HOY de nuestras vidas.

De acuerdo a mi experiencia las personas que hemos sufrido de diversas formas y a veces de distintas cosas al mismo tiempo, tenemos la sensación de que no hay salida, nos volvemos “ciegos” por el dolor, por la pena, y no podemos ver más que aquello que nos hace sufrir, física, moral o espiritualmente. La cuestión es que tenemos los ojos fijos en nosotros mismos, lo que es lógico porque a nosotros nos pasa, pero también, a nosotros nos hace mucho daño esa especie de concentración en nosotros mismos, porque nos cierra las puertas de salida hacia la liberación y la paz, que Cristo nos viene a anunciar como buena noticia a los pobres, a lo que sufren, a los que, en un momento, carecemos de la gracia que necesitamos para descargar ese peso que nos oprime el pecho, la conciencia y que no nos deja en paz. Por esto cambiar la mirada y ponerla en Él, abrir los ojos y verlo a Él, abrir los oídos para escuchar Su voz, hace el milagro de que lo que nos pasa, por grave que sea, se relativice frente al Salvador que está delante de nosotros, como Jesús delante de sus paisanos, en la sinagoga de Nazareth. Se podrá pensar que esto es un esfuerzo que hay que hacer, sí, sin duda, pero me pregunto: ¿No es un esfuerzo retener y estar soportando lo que nos duele? ¿No valdría la pena creerle a Jesús que viene a salvarnos? ¿No sería tan lógico,como retener y mirar solo lo que nos pasa, mirar hacia otro lado y abrirnos al don de una vida distinta, por un solo acto de fe en Él? Porque, resulta que tengo en frente al que me salva y no lo dejo que me salve, porque retengo lo que me oprime. A veces la libertad que implica, dejar de ser y sentirme víctima, me asusta como toda situación nueva, porque es nueva, porque me acostumbré a ser y sentirme víctima. Pero mirando la relación entre costo y beneficio, creo que es claro que el soltar y dejar ir lo que me oprime, no es costo en contraste con el beneficio de dejarme salvar por Jesús y al fin estar en paz y ser feliz. Con todo afecto y desde la esperanza. Manolo Subir al índice


Desde Lc. 4,14-15 “Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu… y todos lo alababan”

Me dejó pensando la relación tan íntima entre la Unción del Espíritu y la acción misionera del Señor. Porque me imagino a mí mismo, qué sería de mi vida sin participar de esa unción desde el bautismo, la confirmación y el orden sagrado. Pero no lo pensaba sólo para mí,sino para todos mis hermanos en la fe y las diferentes misiones que hemos recibido de Dios. Penaba que si Dios nos dio la participación de su Espíritu, ya en esta vida, es que quiere algo más que ceremonias sacramentales o meros recordatorios de “cosas” de las que participamos. Por esa Unción del Espíritu, Jesús oró, predicó, sanó, liberó, resucitó a los muertos, le dio a sus palabras un poder y una autoridad que antes de Él, nadie había tenido, es decir que toda la vida adulta y pública del Señor estuvo bajo la influencia, la unción y el poder del Espíritu. Me pregunto si no tengo que renovarme interiormente como sacerdote, para ser un sacerdote en el Espíritu.

Les pregunto a cada uno de ustedes, como me lpregunté antes a mi mismo, para que lo piensen un rato, si no necesitás que tu matrimonio sea matrimonio en el Espíritu, si no te hace falta una familia en el Espíritu, si no tendrías que tener tus negocios en el Espíritu, tus actividades en el Espíritu, tu cátedra en el Espíritu, tus estudios en el Espíritu, tu Consultorio en el Espíritu, tu taller en el Espíritu, tu Servicio Público, tu Comisaría o tu Cuartel en el Espíritu, tu Tribunal en el Espíritu... Esto no es profanar el Espíritu, sino meterlo en mi vida y meterme y meternos en su dinamismo creador, renovador y santificador. Porque si el Señor, aún siendo Señor quiso que todo en Él dependiera de la presencia del Espíritu, porque nosotros creemos que podemos prescindir de Él, y no más bien hacer todo con el Espíritu y en el Espíritu. Creo que ninguno de nosotros apuesta conscientemente a una vida estéril, Jesús tampoco apostó a eso, por eso se dejó llevar por el poder del Espíritu, con el Espíritu Jesús vivió, murió y resucitó... y así todos lo alababan, creo que también nos van a dar el mismo trato de admiración y alabanza que tanta falta nos hace en estos tiempos en los que nos sentimos tan mal. ¿Les parece algo imposible el darle cabida al Espíritu en nuestras vidas? Les ruego que leamos, en el mismo evangelio de Lucas: 11,1-13 y veremos que el Espíritu es un don ofrecido universalmente y es fruto de la oración de todo aquel que lo pide. Que el Espíritu nos renueve y haga fecunda nuestra misión en esta vida, para alabanza de la gloria de su gracia en nosotros. Manolo Subir al índice


Pensando desde Mc 4,21-25 “nadie enciende una lámpara…” “no hay nada oculto que no sea revelado” “nada secreto que no deba ser conocido”

¡Cuánta oscuridad hay en estos momentos! porque hemos perdido como sociedad el sentido de lo bueno y de lo malo, de lo que es correcto o incorrecto, ¿en dónde están los límites en una sociedad del descontrol o de la transgresión como norma permanente? Pareciera para la inmensa mayoría de nuestros jóvenes, que si no se vive al límite no se vive, que la vida se termina a los 20 años o antes y entonces hay que bebérsela de un solo trago o hasta que los tragos dejan sin sentido de espacio y tiempo. Que si no se provoca no se existe, si no se llama la atención de cualquier manera y hasta con agresividad, no se satisface la necesidad de ser tenido en cuenta. Así el uso del otro para satisfacer el propio ego nos está enfermando más y más, generando un clima de permanente erotismo y exhibición rayana la obscenidad. Si ya se que hay cosas mucho más obscenas, las vinculadas con la injusticia social y los derechos humanos y que esto de la moda y la conducta de nuestros jóvenes, puede sonar a moralina anticuada; pero no puedo silenciar mi estupor y mi pena, porque no se si de lo que estamos viviendo como sociedad se vuelve, ni con qué costo en vidas, talentos, inteligencias desperdiciadas o de cerebros cocinados por la cocaína y el alcohol, y creo que esto no es moralina de un cura, sino, creo humildemente, ser alguien que observa y no se queda indiferente. Pareciera que la moda del mal gusto se impone sobre el sentido común, todos somos “libres” sin duda, pero en una sociedad de derechos y obligaciones, si uno no debe maltratar a alguien que provoca, también uno tiene derecho a nos ser agredido por la exhibición del cuasi nudismo que nos rodea y de su histeria. Estamos en una sociedad sicológicamente muy enferma, como para enfermarla más aún con las costumbres de la moda.

Creo que como sigue el resto del evangelio, se está poniendo al descubierto lo que nos pasa como sociedad, y esto es un llamado muy claro a hacer algo, a remar contra corriente, aunque sea de modo personal, nada personaliza más a un ser humano como diferenciarse críticamente del entorno de todo tipo en el que se mueve. Queremos, con esta reflexión, compartir la angustia de los padres de adolescentes, que son impotentes frente a las opciones de sus hijos, de su falta de sentido común y de límites, que las costumbres sociales promueven e imponen, y que lucran con el descontrol y con la moda exhibicionista, porque mientras más y más consuman de lo mismo mayores son las ganancias, de lo contrario no habría negocio posible. Pienso en el hecho de que los que promueven el consumir, después nos dejan al resto las consecuencias del descontrol, que son los descontrolados, nuestro chicos, ¡qué duro ser padres hoy! Cuanto necesitamos la ayuda de Dios para no bajar los brazos, todo padre es un luchador y no se puede negar esa esencia, fraguada en las noches interminables del bebé llorando, y tener que ir a laburar al otro día como si no hubiera pasado nada, hoy ese bebé es un joven, que vive en peligro en una sociedad que más que sociedad es una jungla.¿Qué espanto que esto les pase a nuestros chicos, no? Manolo Subir al índice


Mc 4,26-34 “el Reino de Dios es semejante a…” En el hombre que siembra y la semilla que crece por la fuerza misma que está encerrada en ella, y ayudada `prr las condiciones de la tierra que permiten ese crecimiento, el Señor nos habla del Reino de Dios. Allí las cosas crecen, los procesos se desarrollan sin que el hombre intervenga en ese crecimiento, sólo puede unirse, sintonizar y comulgar con el dinamismo interno del Reino que tiene su propia fuerza. El Reino crece con su poder interior que es Dios mismo actuando en la vida y en el mundo.

En nuestra vida el Reino está presente por la gracia interior de nuestro bautismo, que es una realidad continua, conocida o no, como puede ser en un niño pequeño o en un hombre adulto. En algún momento, la mayoría de nosotros, hemos experimentado el revivir de la gracia del bautismo, el hacernos conscientes de la pertenencia al Reino, cómo el Reino comenzó a manifestar su Presencia, y nuestra vida cambió sustancialmente y la fe empezó a tomar el mando y a darle a todo un sabor y un color diferentes, cómo cambió nuestra mirada sobre nosotros y el mundo, nos dio un sentido diferente y una misión para nuestra vida, un por qué y un para qué, que hasta ese momento de conversión no teníamos. El Reino, que según San Pablo en la Carta a los Gálatas, es “paz y gozo en el Espíritu Santo”, nos da la clave para ir entendiendo por qué nuestro corazón ha cambiado y nuestra vida se ha iluminado y enriquecido. Nos explica por qué sentimos una presencia nueva, presencia que es el mismo Dios habitando en nosotros de un modo más vivo y real.

En realidad despertamos a la conciencia de esa presencia que estuvo siempre, pero que nosotros ignorábamos, porque nadie nos lo había dicho, ni nos había mostrado el camino para encontrar a ese Dios discreto, paciente, respetuoso, y que sabe el momento más propicio para mostrarse y ser aceptado. Él conocía el día y la hora, el tiempo de nuestra vida y el lugar donde ese despertar se produciría, para así comenzar una historia de filiación, amistad y comunión, que ya no terminaría más. Una historia como la de Abraham y los demás Patriarcas, pasando por todas la personalidades del Antiguo Testamento hasta llegar a la amistad de Jesús con los Apóstoles y discípulos, de la cual participamos hoy nosotros, pues llevamos dentro, la misma semilla, plantada por el mismo Divino Sembrador. Vemos en todo esto que la fe y el ser cristiano es una vocación, una invitación, que Dios nos hace en el momento de nuestra vida que Él conoce y elige, que puede ser desde la edad de monaguillo, de joven en un grupo juvenil o misionero, ya en la vida adulta después de rodar por el mundo buscando inútilmente lo que sólo de Dios se puede esperar: el gran don de una vida fecunda y llena de sentido. Con todo afecto y el gozo de saberme llamado... Manolo Subir al índice


Pidan,busquen,llamen! Mc 4,31-35. “lo llevaron en la barca así como estaba” Aquí, en este detalle aparentemente insignificante, se detuvo mi atención para compartirles una reflexión. Me pregunté por qué Marcos lo menciona y me puse a buscar ese por qué en los textos precedentes y si nos fijamos, lo sitúa al atardecer de un día intenso de trabajo, de enseñanzas, de curaciones y de estar atendiendo a la multitud que lo buscaba venidos de todas partes. Jesús está extenuado, molido de cansancio, como tantos, que no se suben a la barca de Pedro, sino que vuelven así a sus casas, después de trabajar 12 o 14 horas sin el debido salario, o después de buscar y no encontrar trabajo, deprimidos por la frustración y con la vergüenza de sentirse menos hombres porque no encuentran un trabajo, o porque ya no tienen edad para que se los pueda exprimir y entonces se saben excluidos. Éstos sólo quieren tirarse y dormir, como Jesús en el cabezal de la barca, y así ni se dan cuenta, como Él, de lo que pasa a su alrededor. ¡Qué cercana esta humanidad del Señor! de este Señor que no es un superman sino un hombre común, que aunque es Dios y hombre, como hombre, se cansa y se duerme, como cualquiera que se “mata” por amor a los suyos, o que busca y no encuentra lo que necesita para sí y para los que ama ¿Qué nos pasa en la patria del pan, que tantos no tienen ni trabajo ni pan? Hay cosas que están muy mal y la tempestad es el signo bíblico de lo caótico, del mal que está en el mundo, y ante el cual el hombre común es impotente y se llena de miedo, asustado y como sin salida. Pero Jesús está en la barca de la vida y si Él está sobreviene la calma, se va el susto, el miedo, y cambia la mirada del hombre desesperado para poder encarar la vida y el caos que nos inunda, con una fe que lo lleva a superar los malos momentos y encontrar la salida. Lo que complica la salida creo que es el amor propio justamente herido, sentirse menos que los demás, la falta de dignidad, la vergüenza de las manos vacías, el pedido de los hijos que no entienden que no hay, y el aislamiento, esto sería el hundirse en el caos. Son tiempos de abrirse a la fe, a la experiencia de un Dios-Hombre que caminó la mayoría de su vida pública en tierra de marginados, acogiendo a los afligidos de todo tipo, a los excluidos de una sociedad tan injusta como la nuestra, siempre sembrando la esperanza en los corazones. El caos se rinde ante quien tiene fe. El reproche cariñoso de Jesús a sus discípulos es todo un desafío para nosotros hoy: ¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe? No hay que aislarse, hay que pedirle, demandar, exigirle a Jesús una respuesta. No piensen que enloquecí con lo que digo; basta que lean este pasaje del Evangelio y lo van a entender, es el mismo Jesús que lo manda: “pidan, busquen llamen” por eso, abrirse a este Dios- tan Hombre, es la salida que se nos ofrece desde la fe. ¡Ánimo! y con todo cariño. Manolo Subir al índice