Haz clic aquí para volver a la página de inicio

La vida crece cuando se comparte...


Compartiendo vida... Manolo y vos...


Compartiendo con vos, desde la Palabra...


CUARESMA 2011

Mt 20,18 El Cáliz de Jesús y el cáliz de los zebedeos. “El Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen, pero al tercer día resucitará". Jesús va de camino a Jerusalén a vivir su Pasión, Muerte y Resurrección, los llama y se lo comunica a los apóstoles. Hay en este texto como dos mundos, el realista y el de fantasía, el de Jesús y la conciencia sobre el desenlace de su vida y el de los apóstoles y su gloria junto a un Jesús que ellos creen triunfador, dominador y que expulsará con poder a los romanos y restaurará el reino de David. Así se entiende que no comprendían a Jesús, su misión y el rostro verdadero del mesías de Dios y no el del pensamiento de ellos. Lejos están los discípulos de entender quién es en realidad Jesús y el sentido de su misión. Inmediatamente después del anuncio de la Pasión, aparece en “escena” la madre de Santiago y Juan, que llena de ambición y de deseo de mucho prestigio para sus hijos se postra a los pies de Jesús para pedirle que satisfaga su apetito de gloria para sus dos muchachos: “quiero que cuando estés en tu gloria mandes que mis hijos estén uno a tu derecha y el otro a tu izquierda” como alfiles junto al rey, en los puestos más visibles y de mayor honor cerca del glorioso rey. Ven el contraste entre la conciencia de Jesús y de los otros, que además se enfurecen ante el pedido de la “mamita por sus hijitos” ¿Quién podría ser tan malo como para no atender el pedido de una madre? La pregunta de Jesús profundiza las miradas sobre los hechos futuros y la ceguera de los zebedeos acerca del final violento y de cruz que le espera al Señor en pocos días más. "¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?". "Podemos" Nos preguntábamos de qué cáliz habla la pregunta de Jesús y de qué cáliz habla la atrevida y ambiciosa respuesta de los hermanos. Para Jesús será el de la Pasión: “Padre si es posible que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya” Pero para los otros es la copa del brindis posterior a la victoria y la entronización del Rey. El Rey y su corte triunfadora y Juan y Santiago subidos allá arriba, vanidosos ante la mirada de todos que los ven en lo más alto, los más poderosos después del rey. Honores, vanagloria, prestigio, relevancia, poder, superioridad, dominio, influencias, todo esto es lo que querían y que la mamita postrada quería para ellos. Los demás se enfurecen porque todos esperaban lo mismo que los otros dos y éstos “les ganaron de mano” se adelantaron. "Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre". Aquí aparece la mente clara del Señor ya no sobre su destino de cáliz y pasión, sino de la pasión de los discípulos en el futuro y después de la crisis de la muerte en cruz y la resurrección de Jesús. ¡Claro que compartimos el cáliz del Señor! O acaso ¿No llevamos en nosotros las huellas de la pasión de Cristo? Como nos dice San Pablo. ¿Acaso no tomamos nuestra cruz cada día y seguimos al Jesús? ¿Qué debió pasar para que se cambiara la mentalidad ambiciosa por la servicial? Lo que cambió todas las mentalidades triunfalistas de los discípulos fue la Efusión del Espíritu, este bautismo en el Espíritu es el que nos vuelve de “manijeros” en servidores de los hermanos y de todos los hombres. El que nos libera del deseo de dominar y de las ambiciones de poder y de mandar y que sólo nos importe estar disponibles y para el servicio a semejanza de Cristo, “que siendo de condición divina se despojó de su rango y se hizo nada… y por eso Dios lo exaltó por encima de todo” Nuestro deseo de dominar, de mandar y de querer puestos es innato y herencia del pecado, el servicio humilde y desinteresado es un don del Espíritu, que cambia los corazones para asemejarlos al corazón del Señor “como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud” Que como en Jesús nuestra alegría la encontremos en el servicio a los hermanos. Desde el alma. +Manolo Subir al índice


CUARESMA 2010

Marzo 30 Jn 13,21-33; “uno de ustedes me entregará…” “¿Que darás tu vida por mi…? Jesús está cenando con sus discípulos y les habla de su partida y que hay un traidor entre ellos, nadie sabe quien es, sólo Jesús lo conoce, pero no ha dicho nada durante los 3 años de su vida pública cuando lo eligió y lo llamó para ser apóstol. Sin dar un nombre le confía a su más íntimo amigo el signo del bocado para señalar al traidor, es Judas Iscariote, sin duda uno de los personajes más famosos de la historia, en oriente y occidente, por traicionar a Jesús y venderlo por 30 monedas de plata, lo que costaba un esclavo. Sólo Judas entró en un camino sin retorno al momento de salir cuando "era de noche", para San Agustín Judas era las tinieblas, una parte de las sombras donde se ocultaba el verdadero autor de los sufrimientos de Cristo, Satanás que había entrado en Judas y parece que lo tendrá para siempre preso, al suicidarse y no arrepentirse, Judas sella su destino, podría haber vuelto a Jesús y salvarse pero no lo hizo, no supo confiar...Con la salida del Iscariote comienza la Pasión del Señor en su dimensión interior, anímica y psicológica, donde todo su ser queda tomado y maltratado por el sufrimiento,uno de tantos, la traición es uno de los suyos. Después anuncia las negaciones se Pedro "esta noche me negarás 3 veces" y el abandono de los demás discípulos. Todo pasará muy rápido, en pocas horas, no habrá tiempo de pensar, los acontecimientos caen sobre la comunidad apostólica y los deja perplejos y presos del miedo, así cada uno busca salvarse huyendo y escondiéndose. Las palabras y las promesas hechas horas antes se las lleva el viento y se desvanecen en el aire; hoy sabemos que no estaban en condiciones de llevarlas a cavo en ese momento, ya que no tenían con qué cumplirlas, no tenían lo que Jesús sí tenía, el Espíritu de Dios que moraba en Él. Estos mismos cobardes darán su vida por Él llegado el momento y cuando la fortaleza del Espíritu se los permita, cuando lo posean como Jesús. Pero antes el Señor tendrá que morir, resucitar y volver a Su gloria, para derramar su Espíritu en los discípulos. Esto se lee claramente en los Hechos de los Apóstoles que da testimonio de la transformación que el Espíritu hace en los discípulos. Entonces ya no tendrán miedo y, con valentía y fervor darán testimonio de Jesús, hasta sentir el gozo de ser dignos de padecer por su Nombre. Ya no huirán sino que harán frente a la persecución y a la misma muerte por amor a su Señor. La Pascua dará y seguirá dando este fruto de vida apostólica y fortaleza de la fe hasta que Jesús vuelva en gloria al final de los tiempos.+Manolo Subir al índice


Marzo 27 Jn 11,45-55; “es preferible que un solo hombre muera…” ¿Es una verdadera preocupación por el pueblo lo que mueve a los del Consejo de Sacerdotes y Fariseos? Ummm… Tanta bondad en el corazón de un poder obsecuente y homicida me genera muchas dudas, ya que durante la Pasión y el pedido de estos personajes a Poncio Pilato, hace que éste quiera salvar a Jesús, ya que sabía que lo habían traído para eliminarlo por envidia. ¡En el plan de Dios hasta el mal está a su servicio! Sin esa envidia, sin la conveniencia de fomentar la paz romana a costa de la sangre de un inocente, cuidar así sus intereses, manteniendo las buenas relaciones con el Imperio Romano, hace que todo juegue en el sentido y la dirección de la muerte de Jesús, hasta se prefigura la traición de Judas, ya que “el que sepa donde encontrarlo que nos avise para tomarlo preso y ejecutarlo” así será él quien indique con un beso quien es Jesús, en el Huerto de los Olivos. Dios no quiere de por sí la muerte de su Hijo, esta es consecuencia de la corrupción del poder sacerdotal y farisaico de ese momento. Jesús no es enemigo de nadie, pero tampoco es cómplice silencioso del mal que está inspirando el corazón de muchos. Jesús no es enemigo del Imperio, pero como podría ser fuente de intranquilidad social, la paz romana exigía mantener, a sangre y espada, la calma en un lugar que le producía grandes ingresos por derechos aduaneros, con lo cual el dinero es otra causa concurrente en el proceso de Jesús. Así distintos ingredientes del mal van tomando forma, conjugándose y saliendo a la luz para terminar en el Calvario, con el Profeta, Mesías e Hijo de Dios, crucificado y abandonado por todos. El Padre se sirve de todo esto, el Hijo se sirve de todo esta trenza político religiosa corrupta, para que su muerte de cruz se convierta en el sacrificio por el cual Dios y la humanidad se reconcilian, y el mal, en todas sus formas, quede derrotado y atado al poder del Crucificado. Esta realidad del proceso del Señor habría sido una verdadera tragedia si el Padre hubiera dejado a su Hijo preso de la muerte, lo que convertiría a Dios en un ser siniestro y perverso a quien le gustaba ver sufrir y nada más. Lo que cambia todo este acontecimiento tan duro para el Hijo de Dios, es la Resurrección, que es la señal de aceptación del Amor del Hijo por su Padre y del Amor de Cristo por nosotros. Del Amor del Padre que no abandona a su Hijo, que le da Vida al Hijo y que nos lo da para que creyendo en Él alcancemos vida y una vida que no pasa y que va más allá de nuestra muerte. Con la esperanza de que les ayude a vivir el drama de Cristo en la Semana Santa. Les deseo una hermosa Pascua.+Manolo Subir al índice


Marzo 25.03 Lc 2,26-38 “yo soy la servidora del Señor que se haga en mí…” Pensábamos en el SI de la Virgen ante el anuncio del Arcángel Gabriel y nos admiraba su fe, su valentía, su libertad, su pedido de explicaciones ante un cambio de planes, ya que deseaba permanecer virgen y tenían un voto en común con San José de que sería así. Al encontrar coherencia en todas las respuestas del ángel, da su SI, su “hágase en mí según tu palabra”. A partir de allí entiende tres cosas: 1. su maternidad será una maternidad mesiánica, entiende su elección para ser la madre del Mesías prometido a “la descendencia de David y que reinaría sobre la casa de Jacob”; esperado por todos en Israel y que era su propia esperanza personal. Comprende que el Mesías le es anunciado a Ella y en Ella a toda la humanidad. En la Virgen se va pasando de la expectativa de la venida del Mesías al cumplimiento de esa promesa, lo que era indeterminado en cuanto al tiempo se concretiza en Ella. 2. entiende que su maternidad será una maternidad divina, que el niño que nacerá de ella, será el Hijo de Dios, que será Santo, que salvará a su pueblo de todos sus pecados, que viene enviado del lo alto, pero que para entrar en el mundo necesita una humanidad y que Ella es quien le tiene que dar esa humanidad a ese Hijo Eterno, espíritu puro y sin mezcla, el que ES y no deja de SER, Dios que en definitiva, decide Encarnarse y entrar en el mundo, que estando fuera y por encima de todo, se hace hombre para salvar a los hombres. 3. que será madre virginal, que no habrá concurso de varón para engendrar y dar vida al niño, sino que será una obra sólo del Amor de Dios y de Ella, para que el que se geste y nazca de Ella, no herede la debilidad del pecado, y así, quedando afuera de éste, pueda salvar a los pecadores de sus pecados, a los oprimidos de su opresión, a los impuros de su impureza y a los débiles de su debilidad. Una humanidad nueva y muy superior a la que jamás hubiéramos pensado, se nos da a los hombres con este SI de María, Virgen y Madre. Esto que nos haría pensar en una superioridad y distancia que los convertiría en dos seres únicos, que lo son, dos seres solitarios ya que nadie es como ellos, sin embargo son los más solidarios con nosotros, porque no hay egoísmo alguno en su ser, no hay ni indiferencia, ni distancia, ni lejanía, ni una realeza con sentimientos de superioridad, todo lo contrario, todos estos defectos son nuestros, ellos dos quedan afuera de todas las lacras humanas, para ser lo mejor y lo más sublime que los humanos podríamos ser y pensar, son lo mejor de nosotros en cuanto humanidad. ¡Que manera tiene Dios de hacer las cosas! pero también cuanto respeto a la dignidad y libertad del hombre, para no hacer más que lo que los hombres le permitamos hacer, es el mismo respeto con que esperó el si de María, su criatura más pura y perfecta, pero también la más amada y cuidada de todas, ya que en Ella rompió todas las medidas y fue más allá de cualquier cálculo, gracias sean dadas a Dios por darnos a conocer tanta santidad y perfección.+Manolo. Subir al índice


Marzo 24 Jn 8,31-33; “Si mis palabras permanecen en ustedes serán…” Uno de los rostros de la Iglesia es la comunidad de discípulos, ésta es fruto de escuchar la Palabra de Jesús y dejarla anidar en el corazón. Podremos decir que el clima y la atmósfera propia de una comunidad es la escucha silenciosa y atenta de Jesús que vive en su Palabra, que engendra la fe, la esperanza y el amor. Esta es una primera y fundamental experiencia de comunión vertical y horizontal, en una verdadera comunidad la comunicación con Dios y los demás discípulos es su identidad: “serán de verdad mis discípulos”, así San Juan me ayuda a desarrollar mi identidad como creyente y seguidor de Cristo, así en el trato con la Palabra se me da esa gracia de ser cristiano, luego de esto se pasa a la identificación con Él haciéndolo no solo parte sino Vida de mi vida, porque el que lo escucha tiene vida. Vida de gracia y del favor de Dios, intimidad y paz, gozo y luz interior, ya que la fe viene de escuchar y dejar habitar la palabra en el corazón. “Permanecer fiel a su Palabra…” viene del latín mánere, que significa dar vueltas, lo que en criollo quiere decir: rumiar, el animal rumiante hace dar vueltas el pasto una y otra vez hasta digerirlo, de esta forma “le extrae hasta la última gota de esencia ya que de esto depende su vida”. La esencia del cristianismo es una tarea que se construye pacientemente, por esto es que Jesús da tanta importancia a la perseverancia, que es una forma de permanecer “atado” a Jesús, que éste sea una realidad permanente y no un entusiasmo pasajero. La consecuencia de este proceso es el encuentro con la verdad y conocer la verdad nos hace libres. Llegó un momento decisivo en mi vida, fue una mañana en la que me miré al espejo y me pregunté hasta cuando… Como cualquiera de nosotros la verdad era algo a lo que le estaba escapando, porque prefería vivir engañado y la verdad me daba miedo, pero la gracia o iluminación me dio esa fuerza para enfrentar mi verdad y así salir del engaño y la mentira como les decía antes de ayer. ¿Qué resultó de ese ejercicio de la sinceridad? nada menos que la sensación de una libertad autentica, paz y alegría, porque la mentira y el engaño ataban y enredaban hasta el punto que me enfermaban el alma hasta no saber qué era verdad y qué era mentira. No se imaginan el alivio que fue, decirme las verdades crudamente, cantarme las cuarenta sin anestesia y volver al espejo y tener autorespeto, creo que a partir de allí todo cambió y me até a la verdad y al silencio, es decir que cuando no podía comunicar una verdad, lo mejor era hacer silencio, no contestar con mentiritas piadosas para salir del paso, después de todo no estaba obligado a mentir como antes, ni a contestar, si para ello tenía que mentir. Claro, más de uno me tomó por soberbio o mal educado, pero no me importaba, había empezado a ser fiel, a no sentirme en deuda con nadie, sólo con Dios y la Verdad, que son la misma cosa. Espero que la verdad los haga libres como nos ha hecho a tantos, no les tengamos miedo: la verdad y la libertad son algo maravilloso. +Manolo. Subir al índice


Marzo 23 Jn 8,21-30; “Si no creen que Yo soy, ustedes morirán en su pecado…” Esto que Jesús dice a las autoridades judías que lo hostigan y persiguen porque les cuestiona el estar aferrados a unas tradiciones que no dan vida sino que matan el espíritu, también lo dice hoy para nuestra conversión. Cuando un cristiano se cierra en sus propias ideas y se niega a evolucionar y crecer, deja de creer en Jesús, para anteponer sus propios gustos, costumbres y establecerlas como inamovibles. En definitiva deja de creer en Él para creer en sí mismo, no escucha ni quiere ver que esta perdido, en las sombras y que ya no tiene luz interior. El orgullo y la porfía lo han encerrado sobre sí mismo y no acepta ninguna opinión, un consejo o una mirada distinta de la que él tiene. Se olvida que sólo Dios es Absoluto y que todo lo demás es relativo, Dios es inmutable lo demás puede ser distinto: “lo importante es que hayan flores sobre el altar, no donde van los floreros. “Es importante que hayan sirios encendidos no en qué lugar van las velas”. Es que “siempre fue así y por lo tanto no se pueden cambiar” Si esto fuera cierto lo que Jesús dice hoy es un error y que lo que importa es respetar las tradiciones aunque estas maten el espíritu, porque siempre ha sido así, entonces todo lo nuevo debe ser rechazado, no hay que creer en Él sino respetar las costumbres. Este es el pecado que Jesús nos muestra hoy, la incredulidad, la cerrazón de la cabeza y la estrechez del corazón. Para los primeros cristianos liberarse de la carga de las tradiciones fue un alivio para abrirse a la novedad de la fe, y la Vida en el Espíritu que resucitó a Jesús, fue vivir y hacer vivir a los que se convertían y lo empezaban a seguir a Crsito. Y si bien generaron una nueva y venerable tradición, esta no fue la de nuevas leyes ni costumbres inamovibles, sino trasmitir vida a las nuevas generaciones, ya que la vida nunca acepta quedar encerrada sino que quiere y necesita nuevos caminos, apertura de mente y nuevos corazones. Esta vida se queda o se va según las disposición de cada corazón, pero lo que nunca le pasa a esta vida es morir, el que se muere es el que la pierde, en definitiva porque la expulsa de su interior. Esta vida en el Espíritu, esta vida de la fe no está de prepo en el interior del hombre y sólo se queda en aquel que la acepta y la guarda como un tesoro, de allí que la aceptación y la alimentación de esta vida es lo que en realidad nos hace vivir. Si nos fijamos con cuanta simplicidad se nos da encontramos siempre sus signos: pan y vino, agua y aceite, luz y oraciones, palabras y gestos, por eso las celebraciones de esta vida en el Espíritu son una fiesta de la vida. El que se encierra se la pierde, se queda afuera y solo en sus tradiciones, aferrado a lo que mata y no a lo que da vida. “si creen que Yo soy, tendrán vida en ustedes”.+Manolo Subir al índice


Marzo 22.03 Jn 8,12 “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas” ¿Cómo un hombre puede llamarse a sí mismo luz? Creo que lo primero es decir de modo casero que la luz es lo que permite ver. Pero el hombre que se hace luz es el que hace ver a otro. Hace tiempo en una comunidad de campaña tenía un gran amigo que era maestro de adultos analfabetos. Uno de sus alumnos me compartió su alegría al superar la vergüenza social por no saber leer. Sacado de la oscuridad de la ignorancia por no saber a donde lo llevaba un trasporte público y vivir preguntando, u oyendo “¿es ciego que no ve el cartel?” No era ciego, no sabía leer. Su maestro era quien lo iba sacando de la oscuridad porque le enseñaba a deletrear, a formar palabras y oraciones y así ya no tenía que preguntar ni sentirse más humillado, leía por sí mismo, estaba alegre y sentía orgullo de sí. Jesús es la luz de la vida, hace ver cuando solo hay tinieblas, saca de la noche y de la oscuridad para que caminemos como en pleno día, para que dejemos de andar a los tumbos por la vida como quien no sabe de donde viene ni a donde va. Él vuelve nuestros pasos firmes y nos da seguridad como quien ve por donde camina. Todo esto que se relata de modo analógico o por comparación sucede a nivel espiritual cuando empezamos a encontrar respuestas a los grandes interrogantes de la vida. Así el mismo Cristo que pone en cuestión todo lo que pensamos, creemos y decimos; que nos pone de cara a la verdad o la mentira de lo que somos, es el mismo que se nos ofrece como guía luminoso en la oscuridad del camino. Cuando la vida encuentra obstáculos que parecen insuperables, frente al desconcierto que nos provoca lo impensado o imprevisto, los golpes de la vida, “los caprichos del destino”, el costo de nuestras malas elecciones, cuando todos se van y nos quedamos solos, totalmente solos y sin un perro que nos ladre, cuando las sombras nos envuelven, Jesús brilla con un esplendor único e inigualable. Así nos damos cuenta que cuando creíamos ver en realidad estábamos ciegos y ahora que nos sentimos a oscuras y por fin lo vemos a Él es cuando en realidad comenzaos a ver. Sin el contraste entre luz y sombra no se puede distinguir la luz de la oscuridad, por esto hay que bendecir nuestras sombras y nuestros momentos de oscuridad, ya que sin ellos era imposible reconocer y apreciar la luz, sin el pecado no es posible reconocer la gracia, sin la esclavitud no es posible reconocer la libertad, sin la muerte no hay manera de darle valor a la vida. En definitiva se trata de reconocer y aceptar, esto es creer, reconocer que Jesús es mi luz y aceptar que sin Él aunque parezca que veo en realidad estoy ciego.+Manolo Subir al índice


Marzo 19 Mt 1,16-18; “no quería denunciarla y resolvió abandonarla…” Se dice de José de la dinastía de David y esposo de María de Nazareth, que era un justo, un santo y que en lugar de jugarla de “botón” y denunciarla, con lo cual la condenaba a muerte, pensaba “borrarse” con lo cual le salvaba la vida y él no era deshonrado públicamente porque su mujer había cometido adulterio. Bueno, así de dura era la Ley y lo que ordenaba hacer en una situación como ésta, que no habría sido la única que José conocería en su vida. Hay también una mirada más humana y más de fe, confirmada por el sueño y la revelación del ángel. Aquí hay un misterio que a él lo supera y que va más allá de cualquier cálculo humano. El Mesías era esperado, se sabía que vendría, que nacería de la familia de Abraham y de la familia de David; lo que nadie sabía era cuándo y mucho menos cómo vendría al mundo. Nadie sabía de antemano que sería por obra del Espíritu Santo y por medio de una concepción virginal. Esta era la situación de la Virgen en el momento de comunicarle a José que estaba esperando un hijo y que no era fruto del amor de los dos, ya que tenían un acuerdo de virginidad, aunque fueran un matrimonio hecho y derecho, compartirían toda la vida menos el lecho matrimonial, no tendrían relaciones como cualquier matrimonio y tampoco por lo tanto hijos. Esta mentalidad era algo de carácter estrictamente cultural y que pertenecía a un grupo de judíos bien diferenciado del resto, que hoy es estudiado con mucho detenimiento por la teología y la espiritualidad: “los pobres de Yahvé” al que pertenecía la joven pareja. Esto hace comprensible las dos cosas, tanto la sorpresa de José ante el embarazo, como la concepción virginal de Jesús el Hijo de Dios y de María. El Niño por medio de José, recibe la adopción, la pertenencia a la dinastía de David y el ingreso en la historia de Israel. Es Aquel en quien se cumplen todas las profecías del Antiguo Testamento. La de este día corresponde a la descendencia davídica y el anuncio del nacimiento virginal: “la virgen está encinta y dará a luz un hijo al que pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con- nosotros”. Me imagino el alivio de José al entender lo que estaba pasando en su naciente familia; la alegría de que el Mesías esperado ya viene y que él será su padre según la Ley. También entender el lugar que ocuparía por designio de Dios en la vida del Niño, contemplar como buen judío piadoso al Niño y darse cuenta que tiene entre sus brazos la esperanza de Israel; que ha de cuidarlo, educarlo e iniciarlo en la vida como todo padre hace con sus hijos. Lo hará nada menos que con el Hijo de Dios encarnado y nacido dentro del seno de su familia. Para uno que está pensando estas cosas desde este lado de la historia ya conocida, José es un motivo de admiración y de imitación, lo que habrá sido para él comenzar a escribir, con sus decisiones, la historia del Dios-con-nosotros, ser parte esencial de ella junto con María, y juntos los tres comenzar a transitarla... ¡Todo un desafío para su fe! y toda una responsabilidad tener que escribirla con la vida de cada día. Tendrán la asistencia de Dios, y José obedecerá siempre al Ángel del Señor que le hablará en sueños y dócilmente de dejará conducir por él. Creer y confiar fue lo propio de este hombre santo, silencioso y presente. ¡¡Grande San José!!.+Manolo Subir al índice


Marzo 18 “el amor de Dios no está en ustedes…” Jn 5,31-34; Jesús esta hablando con sus adversarios, los que lo rechazan y no ven en Él ni en sus obras “el trabajo del Padre”. Estos enemigos no son los romanos, sino las autoridades judías de su tiempo, las más “instruidas en la Ley de Moisés y en las cosas de Dios”, son los que tendrían que haber reconocido a Dios en Jesús, y sin embargo eso no sucede. ¿Por qué no sucede? Porque “EL AMOR DE DIOS NO ESTÁ EN USTEDES”. En ellos estaba el amor al poder, el amor a sus privilegios y a sus intereses. En ellos había envidia, celos homicidas, soberbia y la arrogancia de decir “somos hijos de Abraham…conocemos la Ley y los Profetas” Si eso hubiera sido realmente así, las cosas habrían sido de otro modo. Cuando el AMOR DE DIOS está en nosotros la manifestación es aquello que Jesús dice: “ustedes vendrían a mí para TENER VIDA”. Ir a Jesús... Estar con Él... Tomar su palabra como Palabra de Vida... Escucharlo... Darnos cuenta que ÉL está desde nuestro Bautismo, EN nosotros, habitando junto con el Padre y el Espíritu en nuestro interior. San Ireneo acuñó una frase de valor eterno: “LA GLORIA DE DIOS ES QUE EL HOMBRE VIVA”. Aquel a quien lo toca el Amor de Dios, lo primero que experimenta es “sed de vida”, que no es cumplir más años, sino una vida que tenga sentido y que ayude a otros a encontrar el sentido. Esto es uno de los muchos frutos del Amor de Dios, que tanta falta nos hace para contestar a la pregunta: ¿Tiene sentido mi vida? ¿Qué o Quién puede darle un sentido? Lamentablemente ya vivimos dos siglos en los que vivir, no parece tener sentido, con vidas vacías, con personas disconformes y sin una razón sólida para justificar su existencia y su presencia en el mundo. Cuando no, buscando vida donde no la van a encontrar, en lugares donde les van a dar calmantes para su angustia, pero que pasado el efecto, se encontrarán más angustiados aún y además estafados. Creemos que sólo el hombre que se entera que Dios lo ama y se abre a ese amor, es el que empieza a encontrarle la vuelta o el sentido que su vida antes no tenía. “NOSOTROS HEMOS CONOCIDO EL AMOR QUE DIOS NOS TIENE Y HEMOS CREÍDO EN EL” 1 Jn 1,1-8. Esto es así en todo aquel que se abre del encierro de una vida aburrida y rutinaria a la experiencia del Amor de Dios y de creer en él. Esto lo lleva necesariamente a Cristo y a realizar las Obras que desde el interior surgen hacia fuera, para que la totalidad de la persona viva con sentido. Esta es la maravillosa novedad: “la AVENTURA DE CREER y decir SÍ a DIOS”, que está desde hace 2000 años caminando por el mundo, tocando a las puertas de cada corazón que se da cuenta que, cuanto está escrito en los Evangelios ha sido contado para que encontremos y tengamos vida y vida abundante, y no la miseria cruel en la que están quienes no le encuentran sentido a su ser y permanecen en el mundo, autocondenados a subsistir y no a vivir, a esperar que el tiempo pase; y que no han encontrado “A QUIEN IR PARA TENER VIDA” con mayúsculas. Quienes lo hemos encontrado queremos contagiar el entusiasmo y el gozo de creer en ese Amor de Dios, que se nos ha mostrado en Jesucristo. “Sí Señor, creo que me amas y que me has amado siempre, gracias por darme cuenta”. +Manolo Subir al índice


Marzo 17 Jn 5,17… “El Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace…” Bueno después de una experiencia que me dio vuelta en una Misa que celebramos el domingo pasado, aquí estamos de vuelta con nuestras reflexiones. El Amor de Dios, es el tema que queremos compartir con ustedes en esta madrugada, porque quisiéramos mirar este amor, desde el enfoque de las palabras que encabezan esta reflexión. “el Padre ama al Hijo…”. En la historia del Amor de Dios, hay una iniciativa, un punto de partida, que es lo que Dios hace por nosotros. Es Él quien empieza amándonos, como amaba a su Hijo desde toda la eternidad y sin un amor de segunda, sino con la misma calidad e intensidad con la que amaba a su Hijo Unigénito. Si bien es cierto que Jesús llama a la conversión y a dejar los pecados porque el Reino está cerca, lo hace para hacernos despertar a esta realidad del Amor, que Él viene a ofrecer a todos, y que espera que sea acogido por todos. Por eso, en cuanto comienza a predicar y a llamar, acompaña sus palabras con los milagros, las sanaciones y las liberaciones. Todas ellas tienen como destinatarios tanto a los que están afectados, comos a los que están sanos. Lo fundamental del mensaje de Jesús es la llamada a reconocer y recibir el amor. Dios está Encarnado y actuando a favor de los hombres y no en contra de ellos, no está enojado por sus pecados, sino que está “dolido” por lo que les pasa y por la situación en la que los ha dejado el pecado original y sus consecuencias. Su Amor viene a sanar y a liberar a los oprimidos. Esto es lo que hace Jesús, amar primero, insistir en el Amor, dar amor, hacerlo sentir, experimentar, ver, palpar y oír. Dios ama a todos los hombres y los quiere salvar y aunque no dice, porque sonaría a arrogancia y chocaría a los oídos de sus oyentes: el signo de ese Amor soy Yo, lo va dando a entender. Creo que deberíamos recorrer los Evangelios con la intención y motivación de recopilar los signos y las palabras de Jesús, rastreando en ellos el Amor de Dios, para que podamos vivir con fidelidad el mandamiento de “Amar a Dios por sobre todas las cosas”, ya que creemos que sin esta lectura abierta, de búsqueda del amor y "amante", ese mandamiento, nos parecerá una carga en lugar de una liberación. Es de verdad una inmensa liberación y un descubrimiento magnífico, que nos cambia la vida, porque amar es lo más grande que un hombre puede hacer. Para poder vivir todo esto, tenemos que hacernos concientes de ser amados primero y que esto es lo que nos hace posible vivir la propuesta del Amor de Dios, es decir, nuestra respuesta a ese Amor; si no nos vemos a nosotros mismos reflejados en aquellos a los que Jesús amó, nuestra vida de fe estará fracturada, renga, le faltará algo. Le faltará gratitud, adoración, fidelidad y una relación de Filiación-Amistad; no habrá paz y tampoco alegría, porque la alegría es uno de los frutos de amar, ¿quien más alegre y feliz que el que recibe amor y aqyel que da amor? Con todo afecto y el deseo de vivir cada día mejor el amor que Dios nos regala y nos pide.+Manolo Subir al índice


Marzo 13 Lc 18,9-14. “dos hombres subieron al templo para orar…” En esta hermosa parábola del fariseo y el publicano, Jesús les muestra a sus discípulos no tanto dos maneras de orar sino más bien dos actitudes frente a Dios. La una arrogante la otra humilde. 1. Este fariseo piadoso, cumplidor, que le expone a Dios sus virtudes y sus méritos por ser tan bueno, adopta una postura de acreedor, de decirle a Dios que tiene que marcar la diferencia entre lo que él hace y lo que otros hacen, en este caso, el publicano, que está atrás. Alguna vez, conversando con mis compañeros del seminario, comentábamos de que manera podríamos traducir en lenguaje popular la actitud del fariseo y a uno se le ocurrió decir:”pero si parece que le está pasando a Dios la factura”, siii, “solo faltaría que Dios le dijera ¿cuanto te debo?” Risas generalizadas por supuesto. Pero lamentablemente la trampa de la arrogancia, el sentimiento de ser superiores a los demás, la vanidad y la creencia en los propios méritos y no tanto en la gracia de Dios, da vueltas y vueltas hasta arraigarse en el corazón de los que suelen comprometerse con la religión o dedican mucho tiempo a la Iglesia. Creen tener derechos, se sienten acreedores, buscan recompensa y reconocimiento a todo lo que hacen, cuando tendría que ser al revés, se tendrían que sentir deudores de Dios por poder trabajar en sus cosas, como solemos decir. Todo esto lo digo desde la conciencia de nuestra lucha como sacerdotes contra “el orgullo profesional”, la búsqueda de ser exitoso, de tener relevancia o trascendencia, esto también arraiga en nuestro corazón sacerdotal, que queda injustificado, des-graciado, es decir sin el agrado y el favor divinos, porque justamente eso, el favor de Dios y agradecerle a El, tendría que haber sido lo que debía buscar el fariseo al ir al templo y no vanagloriarse en la presencia de Dios. 2. el publicano sin levantar los ojos al cielo, se golpeaba el pecho y oraba diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador!”. Se siente nada, deudor, tan consciente de su debilidad y de su indignidad, que apenas si está entre el fondo y la salida del Templo, toda una señal de humildad. No tiene méritos, ni obras, ni ayunos ni limosnas, sólo tiene consciencia de ser quien es y ante Dios no hay mejor actitud que la humildad y el arrepentimiento. Esto es lo que lo justifica, lo que lo vuelve santo en un momento, porque al humillarse es exaltado por Dios que recibe su oración, mientras que humilla sin que él se entere, al fariseo presuntuoso. 3. Creo que la humildad es un don que debo pedir a diario para no caer en mi pecado profesional, el orgullo, la arrogancia y la falsa creencia de que Dios esté en deuda conmigo. Dios a mí no me debe nada, soy yo el que estoy en deuda y empeñado hasta la coronilla con Él, pero tengo la paz de que Él nunca me pasará la factura de su paternidad ni de su amor. +Manolo Subir al índice


Marzo 12. Mc 12,28-34 “Muy bien, Maestro, tienes razón…” Un escriba, culto en la Ley y los Pobretas, estudioso y verdaderamente piadoso, conversa con Jesús acerca del mandamiento principal y ya conocemos la respuesta sobre cuál es el mismo: “amarás al Señor tu Dios...” “amarás a tu prójimo como…”. Lo verdaderamente sorprendente es la piedad de este personaje, distinto de los otros escribas que hostigaban y ponían a prueba al Señor con trampas o con blasfemias como veíamos días pasados. Lo que nos ayuda a nosotros a reconocer una verdadera piedad, que no sea quedarnos en lo litúrgico, es que ésta pase por el amor, que impregna toda la vida del cristiano y en definitiva lo que nos une con todos los hombres de buena voluntad, que los hay en todas partes como en todas las religiones, porque éstos, que a lo mejor no ofrecen “holocaustos ni sacrificios”, sin embargo si van a lo esencial de lo que para nosotros es una verdadera fe: la misericordia y el amor, que son lo que más vale.

¿Qué queremos decir? Que solamente con ir a misa o rezar el rosario o hacer de vez en cuando una donación, no alcanza sino amamos de verdad a los hermanos, y por lo tanto tampoco amamos a Dios; quizás usemos estos instrumentos para calmar la conciencia o para decir hago algo. Lamentablemente no alcanza, porque tenemos que celebrar la liturgia cada día o cada domingo, rezar y orar, sin dejar de conectar todo esto con una vida que trasunte amor, interés por el bien de los que sufren, por los que necesitan de toda forma de ayuda: material, espiritual, afectiva o anímica. Muchas veces la Iglesia ha denunciado el divorcio entre la fe y la vida, que afecta como una esquizofrenia religiosa a miles de cristianos, haciéndolos incoherentes, porque no hemos sabido continuar con las obras de misericordia que han enriquecido la historia de la Iglesia a lo largo de los siglos, desde las primeras comunidades de Jerusalem y el Asia Menor hasta la de la Madre Teresa de Calcuta, por mencionar una de relevancia universal. Por lo cual no tenemos excusas para decir: nadie lo ha hecho para que podamos seguir su ejemplo, para saber qué hacer. El tema es si el miedo al fracaso nos paraliza o el riesgo de perder imagen pública nos inhibe. Estas obras del amor y la misericordia no estuvieron solamente cerca, del Reino de Dios, sino que fueron y son hasta hoy, expresión visible del Reino. Cada uno de nosotros los bautizados, puede pasar de estar cerca del Reino, a dejar que el Reino se manifieste en nuestra vida; porque ¿quien sabe si como “una semilla de mostaza”, algo que parece insignificante, se convierta en algo maravilloso? y perdurando, nos de vida a nosotros y le traiga vida a los que vendrán después, se extienda e inspire a otros a descubrir y desarrollar su propio don o carisma. ¿Lo pensamos? +Manolo Subir al índice


Marzo 11 “si expulso a los demonios con el dedo de Dios es que el Reino ha llegado…” Jesús expulsa un demonio y un hombre mudo recupera el habla, es decir en un instante aprende a hablar y a comunicarse verbalmente con las demás personas. Esto es un milagrazo de una dimensión difícil de medir. Porque todos nosotros fuimos pasando del balbuceo a las primeras palabras, la imitación de algunos sonidos, aprendimos a hablar por escuchar a nuestros padres y hermanos, en la escuela primaria nos enseñaron a leer y a escribir junto con las normar de ortografía, aprendimos nuestra lengua no sin dificultad y aún hoy seguimos aprendiendo a comunicarnos e incorporamos nuevos términos según el desarrollo del lenguaje. Este hombre hizo todo este camino en un instante, cosa que solo Dios puede realizar y nadie más. Por todo esto atribuir semejante manifestación de bondad al príncipe de los demonios y no atribuir esto al poder de Jesús, es un pecado que no tiene nombre ni perdón en este mundo y es de condenación eterna, porque esta es la Blasfemia contra el Espíritu Santo. Éste es el que permite que Jesús haga los milagros, curaciones y exorcismos. La bondad de Jesús que trasunta este texto, donde les explica con exquisita caridad y paciencia a los mal pensados, envidiosos y ciegos de poder es realmente conmovedora. Porque lo acaban de insultar en la cara, se están metiendo con lo más sagrado que él tiene, se están metiendo con su Amor y con el Amor de su Padre y con el Amor de entrambos, nada menos que con el Espíritu Santo. Sería como que alguien te dijera lo más feo, que te dijera que lo que sentís es falso cuando estás amando con toda el alma. Que insultaran tu buena fe o deshonraran a tu hijo o acusaran de mala vida a tu mujer o a tu hija, o pusieran en tela de juicio tu hombría de bien y tomaran como mal intencionado lo más puro que estés haciendo, en definitiva que te peguen donde más te duele. Experimentarías un dolor tan agudo que no lo podrías describir con palabras, se desataría tu rabia y buscarías, tal vez, que rodaran las cabezas de los que te están dañando. Pero... ¡Qué calidad la de Jesús para manejar una situación así! ¡Qué dominio de si mismo y de sus reacciones! ¡Cuánta caridad para tratar a sus máximos enemigos! Es claro que estamos en presencia, no solo de Alguien superior, estamos en presencia de alguien que no es de este mundo. Que es la virtud misma, la santidad hecha carne, de lo contrario no queda explicación posible para tal nivel de perfección y de humanidad. ¡Qué paradoja solo Dios sabe ser hombre! Por eso viene a enseñarnos no sólo a ser hombres sino más humanos que nuestros enemigos, más sabios que nuestros adversarios, más inteligentes que los que esperan de nosotros una reacción viseral, instintiva e irracional a la que los tenemos acostumbrados. Él nos viene a enseñar la estrategia de la no reacción que desarma toda forma de agresión. ¡Cuán agradecidos a Dios tenemos que estar por amarnos tanto! para enviar a nuestras vidas tan empobrecidas la Sabiduría, que es su mismo Hijo, su Amado, lo más querido desde toda la eternidad y desde la eternidad.+Manolo Subir al índice


Marzo 10. Mt 5,17-19 “el cielo y la tierra pasarán antes que una i o una coma…” Les confieso que las palabras ley, cumplimiento, normas, me resultan antipáticas aunque formen parte del diccionario. Me atraen más las palabras amor, fidelidad, compromiso, palabra empeñada; porque personalizan más mi libertad, mis decisiones y elecciones. En un primer momento cuando leía e intentaba rezar con este evangelio, no me venía a la cabeza una sola idea para poder compartir con ustedes, hasta que empecé a traducir las palabras y relacionarlas más con el trasfondo de lo que Jesús está diciendo en el Sermón de la Montaña. 1. el Señor habla de algo que en este tiempo de tanto descontrol y relativismo moral, donde no parece haber límite: La autoridad en todas sus formas, ha entrado en una crisis que nos tiene perplejos a todos los adultos de la generación de los 50 y 60. Nosotros, que nos criamos en otra relación con las autoridades familiares, que en ese momento comenzaban a cambiar de la rigidez de los abuelos a la flexibilidad de nuestros padres, “que no querían hacernos vivir como ellos que crecieron con miedo” hoy no sabemos mucho que hacer para dar estabilidad a la relación entre autoridad y libertad. 2. no sé si históricamente nace allí el relativismo, pero al menos creció la flexibilidad y la falsa imagen de “los papás amigos y las mamás compinches”. Hoy nadie tiene nada seguro, especialmente en las clases medias, ya que en las altas y bajas, parecería más claro como son las cosas, la una con todo más asegurado y en el otro extremo el encierro casi fatal de un destino sin salida cuando no trágico. 3. ante todo esto tan desigual, fragmentado e inseguro, se nos revela hoy en el evangelio, que hay cosas estables, seguras, que se cumplen y que se realizarán indudablemente, cosas que no son relativas sino inmutables. Así el evangelio, que todo él es la Ley de Cristo, se ofrece como roca, como cimiento o como un fundamento inamovible sobre el cual construir la vida. En definitiva, vivir es conjugar una serie de valores, principios, a los cuales ser fieles, a los cuales amar, cuidar y defender, sin levantar las voz, sin agresividad, pero si con mucha firmeza. Porque aunque sea un tanto “antipático” el amor tiene esta tarea que hacer para bien de las nuevas generaciones, porque de lo contrario les queda la ley de la selva en la que sobrevive el más fuerte y entonces adiós a la civilización. 4. frente al deterioro de algo que en otro tiempo era nuestro orgullo nacional, la Educación Pública, creo que la familia debería asumir una misión mucho más clara y definida en la formación moral y espiritual de los chicos, creo que ellos y el amor se lo merecen, de lo contrario tendría razón el filósofo Heiddeguer, “el hombre está arrojado a la existencia”, él decía esto ya en la década del 20; que nuestros chicos no sientan que la familia y la sociedad toda los ha arrojado al mundo y se ha desentendido de ellos. Reclaman límites, atención y más amor del que somos capaces de darnos cuenta, no los dejemos esperando porque el tiempo corre y las oportunidades perdidas no vuelven. +Manolo Subir al índice


El padre del hijo pródigo... “el padre solió para rogarle que entrara…” El pródigo, licencioso y calavera, que se había patinao toda la guita en la j... ha vuelto para consuelo y alegría de un padre - madre que esperaba su retorno. Y hay gran milonga con ternero asado y regadito con buen vino, baile, alegría, porque para padre el retorno del menor lo merece ¡un fiestón de aquellos! ¿Tanta fiesta por un pecador? No, no, no, fiesta por un hijo que ha vuelto de la oscuridad y del vacío de la ausencia, de la lejanía y del miedo a la muerte. De todos estos sentimientos se ha liberado el papá con la vuelta del más chico. Está tan contento que invita a todos a compartir una alegría, que no tiene comparación con ninguna otra. Es nada menos que recuperar a un hijo “que estaba perdido y los hemos encontrado, estaba muerto y ha vuelto a la vida” ¿Qué tiene que pasar para que un papá pueda ser más feliz? Con estos sentimientos asomémonos a los sentimientos del hermano mayor. El que no se fue, el hijo bueno que no hizo sufrir al padre porque se quedó en la casa, el cumplidor, el observante, el que jamás se dio a sí mismo el permiso de tener una fiesta con sus amigos, que no le hizo faltar ni un cabrito al rebaño de su padre, a quien este papá le dice “vos estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo” y sin embargo se enoja y no entioende... ¡Por Dios, que gil con matrícula! el retorno del menor pone al descubierto su pecado, su resentimiento, su mezquindad, su distancia del menor, al que no puede llamar mi hermano: “ahora que ese hijo tuyo ha vuelto…” cuanto desprecio, su envidia encubierta, su incapacidad de ser feliz, atado a sus rencores, con una idea del padre a quien evidentemente no conoce ni ama. Es tan pero tan gil, que jamás se dio por enterado que él era diariamente una fiesta para su papá. ¿Qué mayor fiesta para un papá que su hijo esté con él? ¿Qué alegría verlo volver todos los días del campo y tenerlo a la mesa? ¡Cuánto consuelo! al menos hay un lugar en la mesa ocupado por uno de los hijos, en vez de dos lugares vacíos. ¡Cuánta ceguera! ¡Qué pecadazo ignorar el amor y el corazón de su papá! Cuanta estrechez en los sentimientos, cuánta incapacidad de compartir el gozo de su padre. ¡Cuánta virtud mentirosa tras una fachada de santidad aparente! Evidentemente la revolcada del menor fue un maravilloso aprendizaje de lo que era estar lejos de su padre, pero ¿aprenderá alguna vez el mayor a dejar de lado su orgullo y la vanidad de su “buena conducta”? Levantarse de la basura es mucho más fácil que agachar la cabeza. Para el pasional es mucho más fácil dejar de lado sus pecados, que la soberbia y el resentimiento para el soberbio y el resentido, porque estos están arraigados muy adentro y pueden durar toda una vida. Si de algo hay que cuidarse, sobre todo, es de la soberbia y de la vanidad porque por ahí entra el verdadero mal que arraiga en el alma. Ni mayor ni menor, amor del Padre, es lo que hay que ver, buscar y encotrar.+Manolo Subir al índice


Marzo 9.Mt 18,21-35 “El Reino de los Cielos se parece a un rey…” Así comienza esta parábola sobre el perdón de Dios y el perdón del hombre, de la piedad de Dios y la falta de entrañas del hombre.1.Hay en escena una corte y un rey, los servidores y uno que debía mucho, ¿que digo mucho! muchísimo y muchísimo es poco, una fortuna, y aún así es poco. 2. la deuda del siervo es de 10 mil talentos. En tiempos de Jesús era muy raro encontrar una persona común y corriente que en toda su vida tuviera 1 talento y el que lo tenía vivía de rentas toda la vida. En los oídos de los oyentes de Jesús, que conocían de pesos, medidas y valores, entendían que 10 mil talentos es una fortuna que no hay palabras para describirla. A valores actuales sería que cualquiera de nosotros tuviera una deuda personal de unos 50 millones de euros, a valores nuestros, 290 millones de pesos. Me dirán hay quienes deben más, pero pensemos en una cultura primitiva y para nada sofisticada como la nuestra, casi diríamos de una economía del trueque; tener una deuda de estas dimensiones era realmente impagable. 3. Este deudor suplica, pide tiempo (cara dura) y promete que va a pagar todo (¿de donde?). “El rey se conmueve, lo deja en libertad y además le perdona la deuda” 4. Este servidor liberado y desendeudado en cuanto sale encuentra a uno de sus compañeros, y tomándolo por el cuello hasta ahogarlo, lo manda al calabozo hasta que pague lo que le debe: 100 denarios = a una semana de trabajo de un obrero rural, el valor de 3 esclavos, “una deuda chica” como dice el tango, insignificante en relación con la otra. Es tal el contraste entre 50 millones de euros y 30 euros que hasta a nosotros nos parece que aquí hay algo que no funciona. 5. Así, la furia del rey se descarga porque el que fue liberado de semejante deuda, no imitó la generosidad y piedad de su señor, compadeciéndose de su compañero perdonándole la deuda. En el Reino de los Cielos los criterios de medida nos son los humanos, porque Dios no mide, Dios ni mide. Esto de medir es propio del corazón humano no del corazón de Dios. Muchos, por muchísimo menos que la deuda de los 10 mil talentos y, “por una cuestión de honor” de otros tiempos , se han rajado un tiro en la cabeza por no poder afrontar su responsabilidad o tener que convivir con ella, o por honrar su apellido o por tener que cambiar de vida, o porque al perder su dinero lo han perdido todo, que pena solo eran dinero ¡cuanta pobreza! Perdonar a otros y perdonarse a uno, es algo muy difícil de lograr si sólo contamos para esto con nosotros mismos. Esta parábola es muy reveladora de la generosidad y amplitud del corazón Dios y de la mezquindad y estrechez del corazón humano. El perdón que Dios da instantáneamente espera ensanchar, el corazón del que ha sido perdonado de una deuda impagable, de tal manera que de la experiencia de este don tan generoso, surja la generosidad en el corazón humano que sin dejar de ser humano se haga capaz de actuar a la manera de Dios.En Dios no hay duda que es así, ¿lo será en nosotros? ¿cambiaremos nuestro corazón? Pensemos que en algún momento la dureza que tengamos hacia los demás se volverá en nuestra contra, cuando se de vuelta la taba de la vida y seamos nosotros los endeudados hasta la coronilla, ¡cuanta compasión y misericordia vamos a suplicar!... +Manolo Subir al índice


Marzo 8. Reyes II 5,1-15. “¿si te hubiera pedido algo difícil no lo habrías hecho…?” Queremos llamar esta meditación “los ángeles de Naaman el Sirio”. Nosotros estamos rodeados de “ángeles” que nos hablan de parte de Dios y que nos ayudan a recuperar la calma y que esperan a que se nos pase el enojo, la decepción o que salgamos de nuestras fantasías, para hacernos caer en la cuenta de la simplicidad de la vida a la que nosotros la volvemos complicada. “Yo había pensado que él saldría… invocaría a su Dios… pasaría su mano por la parte enferma…”. Cuantas veces sufrimos porque la realidad nos es lo que pensábamos que debía ser, cuando las cosas salen al revés de lo esperado, cuando la vida nos desconcierta de tantas maneras. Berrincheamos como niños caprichosos que quieren modificar la realidad que se resiste a que le demos la forma de nuestro capricho y como Naaman nos empeñamos en que sea como nosotros queremos y perdemos de vista la sabiduría escondida en la pausa y el escuchar con atención y sin pretensiones. Creemos que el tema de fondo que aquí se juega es el de nuestra capacidad de aceptar la contradicción entre lo que es y lo que esperábamos. La rabia, la desilusión y los sentimientos de defraudación dañan nuestro espíritu si perseveramos en ellos, pero Dios que nos quiere tanto, como un papá lleno de paciencia y que sabe esperar el momento para que escuchemos pone cerca nuestro esos “ángeles de Naaman” que nos ayudan a recapacitar y a aceptar lo que se nos pide, lo que se nos propone, y que por calentones y ofuscados no queremos ni ver ni oír. La Iglesia muchas veces nos pide a sus hijos que hagamos cosas que parecen desafiar toda la lógica, que cuesta escucharlas, que mucho más cuesta aceptarlas. Un nuevo destino, una tarea para la cual no nos sentimos capaces, una nueva parroquia cuando en la que estamos nos va tan bien y nos sentimos tan cerca de nuestra gente, una misión delicada que quisiéramos que otros hicieran. ¡Cómo cuesta obedecer! y hacer caso lleva tiempo, en esos duros momentos siempre aparecen esos “ángeles” que ayudan a entender y aceptar lo que se nos pide. Con ese si de fe viene la paz, la alegría y la sorpresa: “fue se bañó en el Jordán y su carne quedó limpia y sana como la de un niño”. Que el Señor nos dé la gracia de no ser tan porfiados y nos vuelva más dóciles a sus mensajeros celestiales que están al lado nuestro, y que nos son luminosos ni tienen alas, sino rostros bien reconocibles, los que nunca se van y que saben esperar a que se de el momento para que escuchemos.+Manolo Subir al índice


Marzo 6.Lc 15,1-3 “este hombre recibe a los pecadores y come con ellos” Dado que la parábola del hijo pródigo es tan extensa como importante para todo tiempo y circunstancia, nos pareció útil comentar algunas partes que más nos conmovieron y que pueden ayudar a que vivamos este tiempo mientras se acerca la Pascua.

“recibe… y come” es toda una expresión cultural muy importante en labios de los enemigos públicos del Señor. En tiempos de Jesús y también en nuestra cultura de la amistad, la hospitalidad y el encuentro son parte de nuestra identidad. El asunto aquí es que esto que nosotros solo reservamos para los amigos y familiares, en el evangelio se convierte en toda una revelación. Aunque no conozcamos a Dios, Él sí nos conoce y no le somos extraños. Pero en aquel tiempo era impensable que el Puro se mezclara con los impuros, el más Alto y Santo estuviera andando en la marginalidad social, en definitiva que Dios, en su salida al encuentro de toda la sociedad, se moviera entre los marginados y los despreciados, cuando parte de la sociedad de aquel tiempo pensaba que un Rabbi- Maestro, un Hombre de Dios o un Profeta –decían- “no debía contaminarse tratando con lo que socialmente estaba excluido de todo trato y participación”. Así tenían la pretensión de que Dios hiciera lo que ellos decían que era lo correcto, ellos eran la medida de lo bueno y lo malo, estos eran los enemigos de Jesús. Esta es la razón por la cual critican y cuestionan al Señor, aquellos que creen tener la vida tan perfecta que nada tienen que cambiar, que la conversión es para los otros no para ellos. Jesús se encargará de hacerles ver o al menos les dirá en la cara algo que en buen criollo se dice: “¡ustedes tienen la cola sucia y todavía hablan!” “¡ustedes, cara duras, no tienen ni vergüenza ni memoria!”. La Divina Hospitalidad que acoge a los pecadores en la Confesión para perdonarlos, regenerarlos y revivirlos, termina en la mesa Eucarística, así la Santa Misa se convierte en el encuentro de la amigable intimidad, entre Dios y los pecadores, que así son integrados en la Familia de Dios. Por esto la Iglesia es Santa y pecadora. Santa porque en ella vive Dios, está presente Jesús y la alienta el viento del Espíritu. Pero también Pecadora porque está hecha de hombres que jamás pierden el adjetivo: PECADORES, como para que no perdamos ni la vergüenza y mucho menos la memoria, como para erguirnos en jueces y críticos de los demás. Si entendemos bien a Dios, compartimos su gozo por la conversión de los pecadores tanto como por la virtud de sus santos. Él ama a unos y a otros aunque cueste entenderlo. ¡Menos mal! qué poco dios sería un Dios al que pudiéramos comprender con nuestra corta razón y sobre todo con nuestro mezquino corazón. Nos ayuda pensar que cuando nos bandeamos, porque somos pequeños hombres pecadores, tenemos para volver a Aquel que nos “recibe y nos invita a comer con Él” “¿Qué suerte que existe Alguien piensa distinto del resto no?” Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


Marzo 05 Mt 21,33-46 “finalmente les envió a su hijo, pensando: respetarán a mi hijo” Mateo va llevando a sus lectores de una fe antigua a una fe nueva, de un viejo pueblo a un nuevo pueblo, de las antiguas instituciones a las nuevas instituciones. Y es claro que los pecados del poder sacerdotal judío contra Jesús, pueden convertirse en los pecados de las autoridades sacerdotales cristianas, cuando éstas se degeneran dejando de lado el servicio, para constituirse en un poder cediendo a la pasión de dominar al pueblo de Dios, en lugar de ser sus humildes servidores. Cuando esto pasa, tenemos la crisis de autoridad no puede ponerse ninguna clase de límites. Parece que nadie puede detener la ambición de quienes tienen en sus manos el poder de decidir quien vive y quien no, donde la vida para algunos no vale nada, pues, estamos muy mal y no solo amenazados, sino expuestos, con mucho de miedo y viviendo como ciudadanos encerrados detrás de rejas para cuidarnos y cuidar lo poco que tenemos. En tiempos de Jesús, los intereses creados al menos temían al pueblo que lo consideraba un profeta, ¿hoy a quien se teme si está todo dado vuelta?, donde las víctimas no tienen derecho y los victimarios toda clase de protección y amparo. Me pregunto entonces sin una fe en el valor de dar la vida por los otros y por los valores más humanos que puede tener el espíritu humano ¿Qué nos queda en la sociedad de la impunidad y del miedo? Sin nuevos cristos que sean víctimas y no victimarios, sin nuevos cristos que amen hasta dar su vida, ¿Habrá algún cambio que nos devuelva la esperanza? ¿A quienes Dios dará su Reino sin nuevos cristos, sin un nuevo pueblo? Si a quienes les toca como misión cuidarnos y defendernos haga lo opuesto a lo que el sentido común enseña, estamos y estaremos mal, “a la buena de Dios”. Si esto es así, la vida se ha convertido en una timba, en una lotería, donde en algunos lugares safás solo “si tenés suerte” o "pagas peaje" porque es tierra de nadie. Y que no nos toque pasar por una zona liberada porque no sabemos si la contamos. Por lo que nos dice el evangelio de hoy esto ya le pasaba a Jesús, amenazado y viviendo en peligro de muerte, generado esto por las autoridades corruptas de aquel tiempo. Lamentablemente ¡Que parecidas a las de siempre! cuando no hacen lo que deben y solo hacen la de ellos y sólo pensando en ellos. Pero Jesús dice clarito que “se destrozarán y serán aplastadas por la piedra angular”, que es Él mismo, por Él que está para cuidarnos y darnos vida en abundancia, que está en todo aquel que tiene no solo una razón para vivir, sino y sobre todo, una razón para morir. Roguemos que Dios nos dé siempre estos valores para nuestro espíritu, sin estos difícilmente podamos reconocernos como humanos.+Manolo. Subir al índice


Marzo 04.Lc 16,19-31 “si no escuchan a Moisés y los profetas…” Esta dramática parábola dicha por Jesús y puesta por san Lucas inmediatamente después del famosísimo capítulo 15 con sus tres parábolas de la misericordia, reclama nuestra atención por su contenido y el desarrollo del mismo. Éste es tan denso que no alcanza una sola reflexión y cada frase tiene una gran riqueza cultural, religiosa y espiritual.

1. los contrastes entre el rico su vestimenta, su opulencia, su mesa abundante y cerca de la conclusión del relato, su trágico final entre “llamas y atormentado en su lengua” como toda una señal. 2. el pobre Lázaro, el portal del palacio y su hambre. Lo doloroso de su visión de lo que cae de la mesa y la soledad de que nadie, ni el dueño del palacio, lo vea o se de por enterado, que con las migas el pobre calmaría su hambre de cada día. Los perros que van a lamer sus llagas. 3. el destino celestial de Lázaro y el abismo que lo separa del rico y el lugar de los muertos y los padecimientos de quien lo tuvo todo en vida. El pedido del rico por sus hermanos, y el lapidario final de la parábola, que Jesús pronuncia, con una dureza pocas veces encontradas en los evangelios: “si no escuchan ni a Moisés ni a los Profetas, ni aunque un muerto resucite cambiarán”. La vez pasada conversábamos con una persona acerca del cambio en la personalidad sufrida por una persona que, en otro tiempo era muy modesto y hasta humilde como sus orígenes. Como había progresado en la vida y que hoy es un empresario exitoso. Hasta ahí todo bien hasta que me compartió su dolor por ver que ese cambio lo ha arrastrado a pensar que el mundo es lo que vive con su nuevo grupo de amigos ricos. Me preguntarán: ¿que tiene que ver esto con la parábola de hoy? Creo que mucho: la ceguera, la anestesia, la atmósfera artificial que genera la riqueza y la opulencia, la indiferencia del rico y su insensibilidad con un pobre que no estaba a kilómetros de distancia sino a su puerta y cubierto de llagas. “Los perros” son los paganos, los que no tienen fe, que sin embargo tienen más sensibilidad por Lázaro que el “pobre rico” que ni siquiera lo ve en la entrada a su palacio. Se entiende, en los oídos de los destinatarios del evangelio de Lucas, un llamado a la conversión de la mente, del corazón y del bolsillo, porque éstos eran cultos y ricos y que chocaban con la mentalidad de Jesús y el mensaje que estaban escuchando.

La distancia escandalosa, entre los pobres cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos, fue denunciada por el Papa Juan Pablo II ya desde la década de los 90, donde se registra este fenómeno mundial y local por todos conocido y por millones y millones padecido. Decía el santo varón “la pobreza y el hambre del mundo se solucionarían con lo que cae de la mesa de los ricos” haciendo clara referencia a esta parábola. ¿Se verá alguna ves un final feliz de esta parábola…? Sin condenados, con ricos menos ricos y pobres menos pobres. Creo que si lo que importa es safar de un destino anunciado por Cristo, es claro que debe haber un cambio voluntario por parte de los que tienen por varias generaciones para vivir en la opulencia. Que nadie los critica por tener, tampoco lo hace Jesús, pero el Señor denuncia su ceguera y su indiferencia, que es en realidad lo que condena al rico, que no sale de su atmósfera y de su manera de no ver la realidad y moverse para hacer algo, sin esperar que un muerto venga a avisarle del riesgo en el que está por no querer ver, por no querer escuchar y por no querer enterarse. Con poco ¡Cuánto podrían hacer por ellos y por los que nada tienen! Empecemos nosotros que somos ricos comparados con los que nada tienen, estamos en cuaresma y vale mucho convertirnos. Con el amor de siempre.+Manolo Subir al índice


Marzo 03.10. Mt 20,17-28; “no saben lo que piden” entre ustedes no debe ser así…” Durante su vida pública Jesús les anuncia tres veces su pasión, pero los discípulos no entienden, no quieren o no saben que pensar al respecto, esto se ve claro en el pasaje que leemos hoy. En éste, los Zebedeos Santiago y Juan, por medio de su madre, muestran claramente su hilacha, su personalidad ambiciosa y trepadora, madrugándolos a los otros que tenían el mismo apetito por el poder, los honores y los puestos más altos y que se enojan con ellos. La conversación entre la madre, los dos hijos y Jesús gira en torno al tema de los lugares cerca del rey. Jesús dice que “no saben los que piden” y habla de “beber mi cáliz” a lo que los ciegos por la ambición responden: “sí podemos” sin tener la más pálida idea de qué cáliz habla Jesús. Estos muchachitos piensan en el brindis del triunfo después de la batalla final y el triunfo sobre los enemigos, la instauración del reino de Israel y la coronación de Jesús y los honores del “podio de tres”; Jesús y uno a su izquierda y el otro a su derecha en lo más alto y a la vista de toda la corte del rey vencedor, ¡que contraste entre esto y lo que realmente pasó! En la misma conversación Jesús profetiza que ellos beberán de su cáliz, serán mártires como Él y así compartirán en carne propia su pasión y su muerte, derramando su sangre por su fe. Santiago, primer obispo de la comunidad madre de Jerusalen, será martirizado por Herodes, para ganarse la simpatía de los judíos, ya que gobernaba Galilea y era despreciado por ellos.

La cuestión del poder y de mandar sobre los demás, es un tema de los 12 y también un tema nuestro, porque nos gusta más mandar que obedecer o cumplir ordenes, así al que es “pinche” le gustaría más ser jefe para que nadie lo mande y para disfrutar mandando a los otros, humillarlos y hacerlos pasar por lo que él pasa, así queda instalada la puja por el poder. Ante esto Jesús, tomando otra vez un ejemplo de la realidad que los discípulos conocen, les enseña la novedad del servicio y la mentalidad que debe REINAR en sus corazones y verse en sus actitudes: humildad, modestia, servicialidad, disponibilidad amorosa con el otro y la forma de la grandeza entre ellos, marcando bien claro la diferencia entre el mundo y ellos, que son el germen de la nueva humanidad regenerada por el amor y el servicio hasta dar la vida como Jesús: “que no vino para ser servido sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”. Esto lo entenderán cuando la crisis de la cruz, que los afectará a todos, tire por tierra definitivamente sus ambiciones y aspiraciones de poder. La RESURRECCIÓN anunciada por Jesús y la EFUSIÓN DEL ESPÍRITU después, les dará a los discípulos, entre muchas otros cosas, la comprensión de todo lo que Jesús les vino enseñando y que les quedó guardado en su interior sin que ellos se dieran cuanta, hasta el momento en que el Espíritu Santo se los haría recordar y entender. ¡Qué alegría algún día el Espíritu nos hará entender a Jesús y nos hará fuertes para compartir su cáliz! +Manolo Subir al índice


Marzo 02.2010 Mt 23,1-12; “hagan lo que ellos les digan pero no se guíen por su ejemplo” Cómo Jesús no era que: “no juzguen y no serán juzgados…” Si leemos con atención y mucho cuidado este texto de san Mateo, (háganlo por favor); Jesús ni una sola vez dice: "los escribas y fariseos son así o son asa", no emite ningún juicio, sólo se limita a describir la conducta de ellos con la intención de avivar a sus discípulos y enseñarles, por medio de algo extraído de lo visible y de la realidad; que el problema de la incoherencia no le pertenece con exclusividad a estos personajes, sino que ellos mismos pueden ser incoherentes e hipócritas, actuando lo que no son y buscando lo que no deben buscar, como son los honores superficiales, la alabanza de los hombres y la vana gloria. Los discípulos también pueden correr detrás de estas cosas, querer que “les soben el lomo”, que les deban favores y tener prestigio social, “saborear las mieles del éxito”, cuando ellos deben estar en y aspirar a otras cosas. Claro que a nadie le gusta, ni puede querer a propósito que los demás hablen mal, porque esto sería estar medio "chapita". Pero de allí a querer como fin de la vida que los demás hablen bien y actuar socialmente con ese fin, ya se sabe que clase de personajes son los que esto persiguen. Sería como convertirse en un cartonero que alguna vez tuvo su popularidad, y que hasta el día de hoy sigue esperando cada día, que vengan a hacerle una nota para la televisión.¡Pobre infeliz y desdichado! pensó que "su minuto de gloria" y de notoriedad mediática sería eterno. Disculpen que baje tanto a la realidad, pero la descripción que Jesús hace en este evangelio, nos autorizan para advertir sobre las mil trampas de la vanidad con algo mucho más cercano a todos nosotros. Y mucho más hoy que la noticia es un producto que hay que elaborar todos los días, porque hay que vender minutos o segundos de señal televisiva o radial de lo contrario no hay negocio.En contraste con este servilismo de la propia imagen, Jesús concluye este pasaje con una advertencia tan sabia: “Todo el que se humilla será exaltado, pero todo el que se exalta será humillado”. ¡Cuanto enseña esto que el Señor dijo hace 2000 años! para quienes vivimos hoy en medio de la cultura de la imagen instantánea, del “caretaje” y de la efímera gloria mundana, donde sos y al segundo “no existís”. A avivarse mis amigos, que cualquiera de nosotros puede ser un nuevo “cartonero” esclavo del minuto de gloria que pasó y ya no vuelve. (Por favor, papis de 50, explicarle a los chicos de quien hablamos sin nombrarlo). Dios nos libre. Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


Marzo 01.2010 Mt 6,36-38; “sean misericordiosos como el Padre Celestial…” Jesús vuelve a poner la medida de Dios como medida para nosotros sus discípulos, pedagógicamente para hacernos sentir nuestra impotencia e incapacidad de perdonar como Dios perdona. Es que sin su gracia, sin su poder transformador de los corazones esto es absurdo, cómo vamos nosotros a perdonar como Dios, y… con nuestras solas fuerzas seguro que no, pero con la fuerza de Dios todo es posible, basta creer que así será y el perdón se dará, ya que Dios no pide nada que antes Él no nos haya dado, es decir perdonar es un don de Dios y luego es un acto nuestro. Jesús quiere que nos demos cuenta de cuanta infelicidad trae al corazón humano la venganza, el odio y el resentimiento. No nos olvidemos del mundo judío donde él se crió, lo que vio hacer a sus paisanos justificados por la ley del: “ojo por ojo y diente por diente” y como esto no contribuía para nada a tener una sociedad más humana, compasiva y pacífica. Por eso cuando pronunció las bienaventuranzas soñaba con una sociedad de paz y que superara la violencia, la carnicería que significaban ciertas costumbres, los resentimientos que pasaban de una generación a la siguiente. Por eso el sabe muy bien que no somos capaces por nosotros mismos de ser: “felices los misericordiosos porque alcanzarán misericordia”, porque lo natural en nosotros, como en sus contemporáneos, es todo lo opuesto a la misericordia con los demás. Esta bienaventuranza apunta a que sanemos diariamente nuestras relaciones interpersonales, ya que vivimos entre personas imperfectas, limitadas, heridas y enfermas, tanto espiritual, como síquica y emocionalmente, nos revela que nosotros estamos así de enfermos, por eso nos enseña el camino más fecundo de la espiritualidad, el de la compasión, el sentir con el otro, para que el otro lo sienta también conmigo, por el otro tanto como por mí, para el otro tanto como para mí, para la mutua comprensión y compasión. Por lo tanto quien quiera vivir en sociedad y no aislado pensando que no necesita de los demás, pues tendrá que aprender a descubrir las bondades y la conveniencia de dar tanto como de pedir perdón. Por hoy suficiente, porque el tema da para mucho más y quisimos hoy reflexionar un poco sobre la compasión, que por gracia-regalo de Dios es un don maravilloso, Dios ya lo puso en nosotros, ya está en nuestro interior, solo hay que pedirle a Dios y dejar que este don como tantos otros se manifiesten.+Manolo Subir al índice


Con el Miércoles de Ceniza comienza el tiempo de Cuaresma Mt 6,1-6. 16-18; “cuando den limosna… cuando oren… cuando ayunen” Algo muy grande e importante va a celebrar el Pueblo de Dios dentro de 40 días, la Semana Santa, que encierra en 7 días el Misterio Pascual de Jesús. La celebración festiva central del Año Litúrgico y del Credo Cristiano; la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Por esta razón nos preparamos durante todos estos días con la limosna, la oración y el ayuno, que son la purificación del alma, la iluminación del corazón y la intuición del espíritu que percibe en los signos y las palabras la presencia de Dios y el Misterio de la Fe. 1. Por limosna entendemos una donación voluntaria de lo que tenemos y que necesitamos, orientado hacia los que menos tienen, que si bien necesitan de nosotros siempre, en este tiempo esto adquiere un carácter de purificación y de pedido de perdón por nuestros pecados. No es que uno compre o soborne a Dios con esto, sino que quien lo practica honra a Cristo en los pobres: “cuando lo hicieron al más pequeño de mis hermanos a mí me lo hicieron”. 2. Por oración entendemos, en el Evangelio de hoy, como una hermosísima expresión de humildad, modestia, sencillez. Es una oración que se hace desde el secreto del corazón donde sólo Dios y nosotros entramos. Es toda una manifestación de aceptación de nuestros límites, ya que el que suplica para nada se siente poderoso sino que le muestra al Señor su pequeñez y debilidad, es la expresión opuesta a la tentación del paraíso: “serán como dioses” sólo somos criaturas carentes, pero a la vez somos hijos del Padre Celestial, que bendice y recompensa la oración hecha desde la pobreza del corazón que sabe de qué barro está hecho. 3. Por ayuno entendemos la privación de lo innecesario o superficial, para generar con ello un ahorro, que después entregaremos a cualquiera obra de caridad que lleva adelante la Iglesia y que siempre necesita recursos.

Con toda esta ejercitación de Cuaresma, purificamos la vida, buscamos el perdón, celebramos la reconciliación, nos alimentamos con la Palabra de Dios, hacemos sacrificios espirituales que ofrecemos a Dios por nosotros y por otros. Buscamos auxiliar a los necesitados, consolar a los afligidos, levantar a los caídos, poner el hombro fraterno a los que lloran, aliviar al que padece. Aprendemos a ser de Cristo, a ser cristianos, ser sal y luz de la tierra, pero siempre desde el lugar de la mayor de las discreciones y tratando de pasar desapercibidos. Que el Señor nos bendiga en todo este tiempo y nos haga escuchar su llamado a la conversión. Que aprovechemos este tiempo de gracia y misericordia que se nos ofrece de nuevo este año. +Manolo. Subir al índice


Lc 9,22-25; “niéguese a sí mismo, cargue su cruz cada día y sígame”

Al comienzo de la Cuaresma la pedagogía de la Iglesia nos pone de cara al destino final de la Encarnación del Hijo de Dios y su paso por el mundo. El Misterio Pascual que celebraremos dentro de 40 días se nos presenta hoy en los labios de Jesús como anuncio de su Pasión, Muerte y Resurrección al tercer día. Revivir en la Liturgia por medio de la Palabra y las distintas celebraciones el desenlace de la vida del Señor, nos presentará la decisión de aceptar a Jesús en la totalidad de su Persona. Para nosotros, discípulos, la cruz de cada día no es un tema más, forma parte de nuestra identidad, de nuestro ser, es la paradoja de la vida al recibir el anuncio del Evangelio y conformarnos vitalmente con Jesucristo. Hacernos uno con Cristo es asumir el misterio de la propia cruz de cada día, estar crucificados con Él y morir con Él cada día, para resucitar con Él cada día... El sufrimiento es una parte de nuestra vida lo mismo que la muerte, pero esta vida no es una tragedia, sino un drama, nuestra unión con Jesús cada día, terminará en la Vida, compartiendo su Gloria. Nuestra vida acabará bien porque es obra de Dios y la obra de Dios siempre acaba bien pero a la manera de Dios, pasando por el aparente fracaso de la Cruz. El anuncio de la Resurrección al comienzo de la cuaresma, nos hace atravesar este desierto con esperanza y con la misma confianza que Jesús tenía puesta en el amor de su Padre, que no lo dejaría preso de la muerte, como pasaría en una tragedia, sino que lo salva y en El, nos salva; en un drama cuyo desenlace, terminará en el gozo de la Resurrección. Esto le da un sentido muy diferente a nuestro paso por la vida, porque hace que valga la pena creer en Jesús, tomar la cruz cada día y seguir detrás de Él. Extraer de la promesa de su Presencia en nuestra vida,la fuerza necesaria para negarnos a nosotros mismos y tener paz en medio de todos los sufrimientos que el diario vivir nos trae. La sabiduría de la cruz enseña que sólo el que sabe perder la vida por Jesús, es el que ganará la VIDA verdadera que sólo se alcanza en Él y por Él. Todo esto puede comprenderse recién después de la aceptación de Cristo y no antes, por eso la tentación será que rechacemos lo que Él nos propone, y el resultado del rechazo de la propia cruz, será perdernos a nosotros mismos y vivir una vida que no tiene sentido. Abrirle las puertas de la vida a Jesús es aceptar la cuota de cruz cada día, pero también es el gozo de resucitar cada día y hacer de nuestra vida una expresión diaria de la Pascua, todos los días estamos muriendo con Jesús y todos los días estamos resucitando con Él. Ser su discípulo es vivir a diario el Misterio Pascual y comulgar cada día con sus sentimientos. Con el deseo de ser capaz de vivir cada día, la cruz, para entrar cada día en la VIDA...+Manolo. Subir al índice


Mt 9,14-15; “¿pueden ayunar los amigos mientras el esposo está con ellos…?” Jesús toma un tema estrictamente de la cultura oriental; el de las bodas y los amigos del novio, momento de alegría, de festejo, de comer y de beber, no de ayunar. ¿Quién entre nosotros ayunaría en medio de un casamiento? eso es para otro momento. Pero un día el amigo será arrebatado violentamente. Violencia de la cual participan hasta los amigos, en esa violencia, esa negación, traición y abandono. Estas actitudes serán purificadas externamente, entre otras cosas, con el ayuno corporal, la aflicción en el sabor de la comida, en la cantidad y en la calidad, en cuanto a lo sustancioso de la misma. Todo esto como expresión de la conciencia de la propia participación en la pasión de Cristo por nuestros pecados. Desde siempre hemos creído y creemos que el Hijo de Dios se encarnó en María Santísima para salvarnos del pecado, de nuestros propios pecados y de la muerte. Para esto tuvo que “sufrir mucho en manos de los hombres”, “siendo inocente murió por los culpables” “sobre Él cayó el castigo que nos trae la paz, pues por sus llagas hemos sido curados”; así que participar de los padecimientos de Cristo por nuestros pecados privarnos de algo en este tiempo, no constituye ningún sacrificio comparado con el Sacrificio del Señor. Pero no podemos dejar de recordar que esta práctica es meramente simbólica y significativa, es la expresión visible de nuestro arrepentimiento. Porque el ayuno o la penitencia no agregan nada a la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, que es suficiente y eterna para salvarnos de una vez para siempre. Porque de lo contrario, si con la sola práctica del ayuno, la limosna y la oración hubiera sido suficiente para salvarnos de nuestros pecados ¿para qué un Salvador, para qué sus padecimientos y su muerte? Es claro que con prácticas simbólicas no alcanza porque ¿Podemos hacer por nosotros mismos algún acto de valor infinito, como infinita era la culpa heredada del primer pecado? Es el sacrificio de valor infinito de Cristo, el que nos salva, el que expresa en nuestro nombre la adoración y la gloria que Dios merecía y que el pecado de la humanidad le había negado y que la humanidad por sí misma no podía devolverle; por eso la necesidad de que Dios mismo viniera a solucionarlo, a barrer la distancia puesta por el pecado, a cerrar el abismo que lo separaba a Él del hombre. Es decir, el hombre pecó y no lo pudo arreglar, Cristo lo arregló porque sólo Él, Dios y Hombre podía hacerlo y así fue, y así sigue siendo hasta el final de los tiempos. Ante tanta demostración de bondad y de amor de Dios por nosotros, ¿No cabe una pequeña demostración de arrepentimiento, de gratitud y de justicia de nuestra parte? no se nos pide más que esto, hecho con fe y como práctica mística de la fe, durante nada más que estos días de penitencia y oración. Con todo afecto. +Manolo. Subir al índice


Algo sobre el perdón Creo sinceramente que es un tema difícil y complejo para todos nosotros, que lo tenemos que cultivar y practicar. Digo una palabra un poco extraña como cultivar, pero que expresa que el llegar a perdonar, es un proceso que tiene sus condiciones y sus tiempos, por lo cual es complicado pensar que será algo instantáneo como el perdón que Dios nos da, tan generoso y sin límites, salvo que nosotros le pongamos el único límite con nuestra falta de arrepentimiento, o el negarnos sistemáticamente a dejarnos perdonar y así le cerramos las puertas a Dios, ya que Él nunca actúa contra nuestra voluntad. El capítulo 18 de San Mateo en el cuadro del siervo sin entrañas, como las Parábolas de la Misericordia de San Lucas 15, muestran, como perdona Dios y lo mezquinos que podemos llegar a ser nosotros los hombres. Me pregunto el por qué de nuestra dificultad y creo que las ofensas que recibimos de los otros nos afectan en toda la naturaleza humana. Tocan nuestro interior, el alma y sus capacidades; la inteligencia, la voluntad y la afectividad. Hace su parte también la memoria que registra hechos y detalles, lugares y personas, circunstancias, palabras o silencios, acciones u omisiones. La ofensa es multidimensional, por eso el perdón nunca surge de cosas que pasaron sólo en nuestra imaginación, sino que son brutamente reales y por eso pesan y no pasan tan fácilmente. Nos decía una vez el Obispo Cándido Rubiolo y creo que es verdaderamente cierto, “lo más difícil del evangelio es tener que perdonar” como expresión de la pertenencia a Cristo, de ser sus discípulos y a la vez maestros y ministros del perdón: “Pedro no te digo siete veces sino setenta veces siete” que en el lenguaje de esa época era sinónimo de siempre. La rabia, la venganza, el resentimiento, la indignación, el amor propio herido, los recuerdos recurrentes, nunca son cosas sencillas de dejar de lado o pasar por alto. La reconciliación en todas sus formas y niveles, personales, comunitarias, hasta sociales y políticas, no están tan alcance de las manos ni a la vuelta de la esquina.

Si pensamos que muchos de los procesos históricos, en los cuales hubo los de un lado y los del otro, que ambos bandos están heridos y se reclaman mutuamente, humillación, aceptación de la verdad de sus errores, conciencia de la violación de los derechos humanos más básicos; y la ansiada reconciliación lleva años esperando, para que unos y otros se miren de otra manera y dejen de ser enemigos, para pasar a ser simples contrincantes por el uso del poder, pero ya no más enemigos irreconciliables, sino convivientes civilizados de una Nación sin heridas, pero con las cicatrices de las luchas, como recuerdo de lo que no debe volver a pasar. Pero volver a confiar en el del otro lado es algo que está muy lejano, parece que el recelo y el cuidarse del otro son lo más lógico, lo más inteligente y necesario. Esto nos pasa tambien a nivel personal y cotidiano. Deseamos intensamente ver al otro humillado, llorando su pecado ante nosotros, porque necesitamos ver y sentir que el otro se dio cuenta del mal que nos hizo y entonces si perdonar, que improbable es ver esto. Seguiremos con este tema tan delicado en nuevas reflexiones. +Manolo Subir al índice


Lc 5,27-32; Mateo y Jesús “se sentaron a la mesa un buen número de publicanos y gente de toda clase…” Leví-Mateo, dejó su oficio de publicano, mal visto por ser un judío al servicio del Imperio opresor y violento, sospechado de deshonestidad y de corrupción, para seguir a Jesús, que vale más que el dinero y en especial más que la plata mal ganada. En gratitud y por la alegría del llamado, ofrece un gran banquete al que invita a sus antiguos compañeros de trabajo y a gente de toda clase. Por hospitalidad recibe entre la gente a los escribas y fariseos, que espían a Jesús, lo hostigan y cuestionan su doctrina y sus actitudes, “este recibe a los pecadores y como con ellos”. Y aquí nos encontramos con las costumbres de la cultura de Jesús, tan distinta a la nuestra. En aquel tiempo y también hoy en Oriente, no hay mayor signo de respeto y aceptación cordial que hacer participar de la misma comida a aquellos a quienes se ha recibido en su carpa o tienda. Es para los comensales del banquete en la casa de Leví, y también para nosotros hoy; que Jesús dirá después de escuchar la crítica de los escribas y fariseos: “no son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos” y “yo he venido a llamar a los pecadores a la conversión”. ¡Qué maravilloso! cuando después de años sin confesarnos Jesús nos sienta junto a Él en la mesa de la Misa y nos da su Cuerpo y su Sangre como signo de aceptación, de comunión de amistad y de amor. ¡Qué maravilloso el amor de Dios! que no hace acepción de personas y que no pone, en las puertas de su Casa, quienes cuiden que se cumpla con el derecho de admisión, que no se fija en unos y aparta de su vista de otros, que los acepta a todos aunque esto escandalice a los de siempre, que siguen pensando que, con Dios, ellos “tienen la vaca atada” y por lo tanto, Dios le tiene que hacer caso a lo que ellos dicen y tiene que secundar lo que ellos establecen que es lo correcto, ¡cuánta falta de memoria! como si hubiera distintos barros, uno del cual están hechos los pecadores y otro del que están hechos ellos que son los “santos”, todos venimos del mismo barro, pero el “Alzehimer” de algunos es tristemente más frecuente de lo que sería deseable. Afortunadamente Jesús no cambia, no se ata a cuestiones de prejuicios humanos, sino que nos sigue llamando a la conversión e invitándonos a su mesa, signo de su aceptación, término final de su búsqueda de los pecadores y del encuentro con ellos. Si aprendiéramos esta lección de la misericordia cuánto bien haríamos como Iglesia, y le haríamos a la Iglesia, para que encuentren entre nosotros eso que muchos hoy buscan y reciben de otros.+Manolo Subir al índice


Mt 16,13-19; “sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…” Cuando en Cesarea de Filipo, Pedro le dice a Jesús: “tu eres el Mesías, el Hijo de Dios Vivo” esta expresando el pensamiento, el sentimiento y la convicción a la que han ido llegando los doce. Esto no ha sido por casualidad, más allá de la inspiración de Dios para que así lo entendieran, sino el fruto del tiempo compartido con Jesús, lo que han oído y visto, lo que han hecho y experimentado del seguimiento de Cristo. Creo que esto es lo que expresa simbólicamente la palabra piedra y fundamento, ya que Jesús no piensa levantar una capilla, un templo o una catedral, esas son pisos, muros y techos, el habla de “otra construcción”, que es la relación de fe, amistad y amor que quiere construir con Él todo aquel que reciba el don de creer en Dios y en Él, "el Ungido, el Mediador y el Salvador del mundo y de cada persona en particular". Es decir que sin una relación con la Iglesia, comunidad visible de Cristo, no hay encuentro con Cristo, y fuera de esta comunidad no hay salvación, fuera de esta Comunidad las fuerzas de la muerte pueden con nosotros, dentro de Ella no prevalece la muerte sino que lo que abunda es la vida. Esta vida nos viene de Cristo a través de medios humanos limitados e imperfectos, esto es así para que se vea claro de donde viene la salvación, como un don de Dios y no de los hombres, aunque no podamos prescindir de los hombres, su debilidad es el instrumento necesario, para que se vea bien clarito, que lo que pasa por medio de ellos es infinitamente más grande e importante que su circunstancial presencia, más o menos santa, en la Iglesia. Cristo y la Iglesia son un misterio que supera el espacio y el tiempo, que permanece más allá de la existencia física de sus miembros, que perdura donde ya esta fundada una comunidad con años o siglos de existencia, o que surge allí “donde dos o más se reúnen en mi Nombre, Yo estoy en medio de ellos”. Nosotros hemos recibido lo que otros nos legaron a través de siglos de fe y, ahora trasmitiremos esa misma fe a las nuevas generaciones, que seguirán creyendo y siguiendo a Cristo como nosotros ahora. Aquellos cristianos eran imperfectos como nosotros y los que vendrán, aunque tan imperfectos como nosotros ahora, serán igualmente instrumentos de Cristo y, sobre ellos brillará tan claro como sobre nosotros, el Rostro del Divino Maestro, Pastor y Mediador entre Dios y los hombres, y en realidad ¿no es esto último lo que importa? por más que estemos llamados a la santidad, pensemos que mientras tanto Dios se vale de nosotros, basta con mirar a este Pedro que hoy dice lo que dice y recibe lo que recibe, y más tarde dirá, asustado y preso del miedo, “no se quien es” negando a Cristo tres veces. Creo que si no somos tan exigentes con los demás y con nosotros mismos podemos ser mejores instrumentos, más humildes y más útiles en manos de Cristo, porque si esperamos a ser santos, no vamos a mover un dedo ni por Dios, ni por los hermanos, ni por nosotros mismos. Con el afecto de siempre.+Manolo Subir al índice


Mt 6,7-15; “cuando ustedes oren digan Padre nuestro…” En la historia de Israel se dio a Dios muchos nombres, entre ellos “yo seré para Israel un padre y él será para mi un hijo”. Pero en el tiempo de Jesús Israel era una tierra profanada por la idolatría y el culto de las potencias extranjeras que traían sus dioses y le rendían culto, sus ofrendas y sus sacrificios, razón por la cual los escribas y fariseos custodios de la pureza de la fe judía, necesitaban marcar bien la diferencia entre Yahvé, Nuestro Dios, trascendente, invisible e innombrable, que ni siquiera se atrevían a llamar a Yahvé de esta forma sino que en sus oraciones decían: Adonai, el Señor, y medio como con miedo, nos fuera a ser que se materializara como los ídolos que contaminabas y profanaban con su presencia la Tierra Santa. En este contexto aparece el Evangelio de hoy, cuando Jesús les enseña a sus discípulos la oración más propia y original del cristiano, el Padrenuestro.

Me imagino la explosión de la cabeza de sus seguidores al escucharlo nombrar al innombrable, presentar al invisible y al trascendente, con una palabra tan cercana, como “Abba”, que no quiere decir otra cosa, que “papá, papi o papito”. Esto es todo un quiebre entre la espiritualidad judía de ese momento y la nueva espiritualidad que nace de Jesús y su propia relación con Dios a la que nos arrastra a nosotros. Pensemos que en el Islam no se puede llamar a Alá padre, porque se enojan mucho, porque para ellos Alá tiene muchos nombres, pero decirle padre es faltarle el respeto, ofenderlo, rebajarlo, bueno es asunto de ellos. Lo importante para nosotros creo que es el contenido de esta oración, que los teólogos dicen que es el resumen de todo el evangelio y de toda la enseñanza de Jesús.

Detengámonos en las dos líneas que encierra la primera palabra, Padre y nuestro, la primera vertical y la segunda horizontal. La una se dirige a Dios directamente y sin ningún temor sino con confianza, inocencia y espontaneidad de niño-hijo. La otra horizontal y que hemos aprendido desde pequeños dicho en una sola palabra, como que Dios no puede ser tenido como “padre mío sino nuestro”. Esto tiene para nosotros una consecuencia muy fundamental, ¿puede decir coherentemente Padrenuestro, el que no tiene en cuenta a la comunidad o no está reconciliado y en paz con sus hermanos? Pensemos que en la misa las palabras y los gestos que hacemos antes de llegar a la comunión, comienzan con la oración del Padrenuestro, poniéndonos desde ese momento en estado de comunión existencial con Él y nosotros, para después poder hacer la comunión sacramental. El signo de la paz, es expresión de que llegamos a ese momento porque no estamos, distanciados, enojados o peleados con los hermanos. Que por esto debemos abstenernos de la comunión hasta haber hecho la paz con los hermanos, y así la comunión desde el Padrenuestro hasta llegar al Cuerpo y la Sangre del Señor, serán verdaderas y respetuosas de la palabra y del espíritu que surge de ella.+Manolo Subir al índice


Lc 11,29-32; “no se les dará otro signo que el de Jonás…” Hoy vemos a Jesús rodeado de mucha gente pero no despojados de su mala vida, vienen a Él pero sin el deseo de cambiar, tal vez solo para ver si los puede sacar de su enfermedad o la de algún familiar, “a sacarle algún milagro y después, si te he visto no me acuerdo”. Parece que por lo que Jesús dice que se siente usado y luego olvidado y, si bien dice en otro momento de la vida pública que viene a sanar, no es menos cierto que viene a llamar a los pecadores a la conversión y a cambiar de vida. Dejar atrás las malas obrar que conducen a la muerte y a adoptar las obras que llevan a la VIDA. Si nos fijamos en esto último, es lo que permanece del Evangelio hasta hoy, porque los milagros son muy raros. Me refiero a los milagros en serio no a aquello que, románticamente, muchas veces llamamos “milagros”, como lo que prometen algunos comerciantes de la religión y que lo único que les importa es “el milagro de que a tantos desesperados se les vacíen los bolsillos”, porque en definitiva ese es su negocio.

El signo de Jonás comentaba en otro tiempo el Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI, tiene un doble significado, el primero el explícito del evangelio de hoy y el otro el de los 3 días de Jonás en el vientre de la ballena, figura de Jesús, tres días en el vientre de la tierra y que es “expulsado” por esta cuando Dios lo resucita de entre los muertos. Se unen así los temas de Cuaresma, por un lado, con el llamado a la conversión y el de la Pascua, por la resurrección del Señor. Es verdad que es milagro de la gracia y del favor de Dios, que podamos convertirnos y dar signos de conversión. La aceptación de que es Dios quien nos convierte es lo primero y fundamental, porque el cambio no es algo que sea producto de nuestra buena voluntad, pero si es nuestra responsabilidad, disponernos y no trabarle a Dios su anhelo de convertirnos, por eso ante la imposibilidad de hacerlo por sí mismo, el profeta Jeremías oraba diciendo: “conviérteme Señor y me convertiré”. Creo que esta oración hecha desde la conciencia de nuestra impotencia para cambiar nuestra vida, y desde la humildad de nuestra aceptación de esta verdad, es lo que conmueve el corazón de Dios y da su gracia para que nos vayamos convirtiendo a lo largo de todo nuestro camino por la vida.+Manolo Subir al índice


Mt 7,7-12; “Jesús dijo: pidan, busquen, llamen…” “Hagan por los demás…” 1. Con la comparación entre la paternidad terrenal y la celestial: “ustedes que aún siendo malos saben dar cosas buenas a sus hijos” “con cuanta más razón el Padre del cielo dará cosas buenas a todos el que se las pida”. Pedir, porque el que necesita algo así lo hace, pero en el evangelio es desde una actitud no sólo de pobreza y humillación, sino de confianza filial, porque Jesús habla de las dos paternidades, la del cielo y la de la tierra, así con la confianza del niño que le dice a su papá quiero esto y el papá se lo da, así hacer con Dios. Buscar, desde la inquietud, la necesidad de respuestas o de encontrar luz en un momento de oscuridad, o de alcanzar sentido cuando parece que la vida lo ha perdido, o de amor cuando se siente el vacío que ninguna criatura es capaza de llenar. Llamar a las puertas del corazón de Dios, cuando pedimos explicaciones a los por qué de la vida, cuando estamos ofuscados y queremos y le exigimos respuestas, porque estamos heridos, porque no entendemos, o porque sentimos que se ha ido lejos o que no somos escuchados. Porque Dios es Padre, sus hijos tenemos todos los permisos que una relación de confianza verdadera nos permite tener. Porque después de todo nosotros no le pedimos la vida y menos esta vida con tantas contras, penas y dolores, en la que cuesta tanto tener momentos felices, que por momentos parece no darnos respuestas y que suele encontrarse con el misterioso silencio de Dios. Esto es muy lógico porque Dios, que sabe ser padre, guarda silencio hasta que se nos pase el berrinche y entonces sí podamos hablar y escuchar. Para muchos perecerá blasfemo este planteo, pero prefiero berrinchar de cara a Dios, que olvidarme de Él por un falso respeto, porque con berrinche y todo Dios está presente, aunque más no sea para pelearlo, si lo olvido y me voy, Él no se va ni me pierde, el que se pierde soy yo ¿Qué será lo que Dios prefiere de sus hijos?

2. Todo maestro de la antigüedad enseñaba a sus discípulos “una regla de oro” valiosa, duradera e incorruptible, así pues el Hijo del Dios Amor no podía legarnos, a nosotros sus discípulos, otra norma que no tuviera relación con el amor. Pero un amor inquieto, lúcido, activo y creativo; que ve, que entiende y que hace. Que va hacia las cosas y que no espera que las cosas vengan a él, que pide, busca y llama; que quiere encontrar soluciones y que no se limita a diagnosticar problemas, que no se conforma y que no se cansa ni descansa hasta alcanzar lo que sabe que debe alcanzar. Sin imposiciones ni prepotencia, sino con propuestas y respeto, con gran paciencia y constancia, con capacidad de discernir, pero sin vueltas a la hora de tomar decisiones. La cuaresma es una lucha que prepara para la vida, no son pocas las cosas contra las que tenemos que luchar, especialmente con las que tenemos en nuestro interior y que pretenden frustrar el sueño de Dios para cada uno, realizarlo es el gran motivo que da sentido a nuestra vida, se nos da en este tiempo muchos motivos por los cuales vivir, solo hay que dejar que Jesús nos permita verlos y obrar en consecuencia, sigamos entonces, pidiendo, buscando, llamando y amando, que no vamos a quedarnos con las manos, ni mucho menos, con el corazón vacíos. Con la bendición de Dios.+Manolo Subir al índice


Mt 5,20-26; Dijo Jesús a sus discípulos: “si la justicia de ustedes no es superior a…” 1. Por justicia debemos entender en todo el evangelio de Mateo, santidad, porque para el mundo judío “el justo es el hombre santo”. De san José dice Mateo que “era un varón justo”. Traduciendo entonces justicia por santidad, lo que Jesús nos presenta es algo a la que debemos aspirar sus seguidores. Y no debe asustarnos porque nos somos nosotros los que pedemos ser santos, sino que es Dios quien a través de su Espíritu Santo nos irá santificando, en realidad ya lo viene haciendo desde nuestro bautismo, en cada sacramento y ahora, en cada comunión que recibimos crece un poquito esa santidad que Dios quiere para nosotros, los hijos del Dios “Santo entre todos los santos del cielo”.

2. En tiempos de Jesús había quienes se tenían a sí mismos por santos, apareciendo externamente como tales, pero a los que nos les importaba, ni menos practicaban la misericordia y la compasión, que despreciaban a los que no eran de su grupo, de su secta y que eran “orgullosamente santos” y que su verdadero culto consistía en la apariencia, la vanidad, la búsqueda de honores y la satisfacción de su apetito de prestigio y figuración social.

3. El sermón de la montaña debe ser leído frase por frase como una resonancia de las bienaventuranzas que fueron su encabezamiento y, que Jesús desarrolla a lo largo de todas las enseñanzas posteriores. El evangelio de hoy nos presenta la prioridad de la reconciliación por encima de la ofrenda o la propia razón y el acuerdo con nuestro adversario antes de llegar al tribunal. El eco de este fragmento es: “bienaventurados los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios”, por esta razón aparece la expresión “tu hermano” en el tema de “no matarás”, esto es radicalizado por Jesús con “no irritarse con él, ni insultarlo y ni maldecirlo”, prometiendo severo castigo a quien lo haga. ¿qué exigente no? Es que hay que poner lo mejor de nosotros en esta obra de la propia santificación y este ideal tan alto de “sean santos como Yo soy santo” lo saca a la luz, lo llama desde el fondo del ser donde está escondido y lo hace visible en la superficie de nuestras actitudes personales y comunitarias cotidianas.

4. Frente, a los escribas y fariseos, Jesús prioriza el valor de la autenticidad de “dejar la ofrenda ante el altar e ir a reconciliarse con el hermano”, de lo contrario esa no es una ofrenda que Dios pueda ver con agrado, recibir y valorar. De esta manera Jesús va perfilando y dando un fundamento nuevo para una nueva comunidad y el nuevo pueblo de Dios, que tiene una nueva santidad de características diferentes a las imperantes en su tiempo y para el nuevo tiempo de su Iglesia. Así la fraternidad, la autenticidad, la humildad y una justicia superior, brillará en sus discípulos como un espejo de la santidad de Dios, que es un tema fundamental que a Jesús preocupa y ocupa hasta del día de hoy y hasta el último día de nuestra vida.+Manolo Subir al índice


Mt 5,43-48; “Ustedes han oído que se dijo… mas Yo les digo” 1. Este Yo les digo es toda una novedad y una revelación para los contemporáneos de Jesús como para nosotros. Él se pone en el Sermón de la Montaña en igualdad con Moisés que en el Sinaí le había dado a Israel las tablas de la Ley de Dios para su Pueblo. Son los mandamientos que Jesús conocía de niño y sabía de memoria como todo judío piadoso de su tiempo. Pero con este, “mas Yo les digo”, se pone por encima de Moisés, asume los Mandamientos de la Ley para llevarlos a un nivel superior y profundizarlos. Con esto los saca de la lógica primitiva, “del ojo por ojo y diente por diente”, “amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo”. Esto que entendían y vivían los judíos de su tiempo, debe ser dejado atrás por los discípulos y ascender hasta una santidad que tiene por ideal la perfección del Padre Celestial. El discípulo de Cristo debe marcar la diferencia, entre como se pensaba y se vivía en los orígenes de la fe, superando los criterios y la mentalidad del viejo pueblo y asumiendo el sentir del Nuevo Pueblo. Pero, cuando Mateo escribe y dedica su Evangelio a una comunidad judeo-cristiana del Asia Menor, él ha visto el nacimiento de una Vida Nueva, la Vida de la efusión del Espíritu, fruto de la Resurrección de Cristo. La efusión del Espíritu Santo, graba los mandamientos, mueve al crecimiento y concede la maduración de la nueva Ley del Amor de Dios en el interior del Hombre Nuevo. Con esta divina Presencia del Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos, todo se puede esperar del seguidor de Cristo. No es poca cosa que el hombre que se hace de Cristo, no odie, no mate, no se vengue, mire a todos como hermanos, vaya más allá de la lógica puramente humana y entre así en la lógica de Dios. Hemos de hacernos concientes de esta presencia para que el Sermón de la Montaña no quede en frases sorprendentes sino que se haga vida, porque para eso Jesús lo enseñó, por esto no tengamos ni miedo ni reparos en ser diferentes.

2. “amen a sus enemigos”. Santo Tomás de Aquino ya en la Edad Media decía al respecto de este mandato de Jesús que: “nosotros estamos sicológicamente preparados para amar a los que nos aman y rechazar a los que no”. Esto me llevó a preguntarme por años, como se puede entonces “amar a los enemigos” y algo he ido aprendido y una que otra respuesta he ido encontrando. No puedo esperar que todo el mundo me quiera, ni tampoco puedo querer, “afectivamente”, pero si puedo amar “efectivamente” a todo el mundo. Puedo dejar ser a cada uno como es. Puedo respetarlo, perdonarle sus faltas aunque no se de la reconciliación, puedo bendecirlo, orar por él y, si nadie más que uno tiene que ayudarlo, hacerlo sólo por amor a Jesucristo, porque subjetivamente tendría una lista interminable de excusas para no mover un dedo por esa persona que me hizo daño, que se portó como “enemigo”. Pero de no ser así, ¿qué es lo que se pone en juego, qué gano y sobre todo qué pierdo? Pierdo nada menos que mi identidad como hijo del Padre del Cielo y así, entraría en una contradicción sicológicamente muy destructiva como lo es una actitud dual; una vida que sólo parece pero que no ES de verdad evangélica y, nada es tan parecido a la mentira como lo que PARECE pero que está lejos de ser algo verdadero y auténtico. Mucho tiene que remover el Espíritu en mi corazón de hombre viejo, con su lógica humana y su lista de peros y excusas, para que nazca “el hombre nuevo a imagen de Jesús”, como fruto de una renovada efusión del Espíritu Santo. Esto ya lo vio Mateo en el Siglo I, nosotros podemos realizarlo en el Siglo XXI. Dejemos obrar al Espíritu y todo será posible. +Manolo Subir al índice