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La vida crece cuando se comparte...


Compartiendo vida... Manolo y vos...


Compartiendo con vos, desde la Palabra...


Solemnidad de Nuestra Señora de Luján, patrona de nuestra patria Hermanos les comparto una pequeña reflexión sobre la Virgen de Luján, la Virgen Gaucha y su Santuario Nacional. Sabemos que algunos sacerdotes y un obispo, especialista en Historia de la Iglesia, están haciendo un trabajo de recopilación y de información genuina, que acerque la historia de Manuel y la Virgen de Luján, a la experiencia de San Juan Diego y la Virgen de Guadalupe, con sus similitudes y sus diferencias, ya que toda historia no es una copia exacta, sino que cada una es original en si misma. Lo que nos ha sorprendido e inundado el alma cuando hemos pasado algún momento por la Basílica de Luján, es una emoción tierna y a la vez intensa, que nos hacía sentir una presencia invisible y nos abría a la intuición de la dimensión sobrenatural en el Santuario de la Virgen y que nos conmovía haciéndonos entrar en un silencio y una elevación que en otros lugares no hemos experimentado. Saber que de todas las partes del país van a visitar a la Madre de Dios, que llevan a sus niños, de 10 a 14 mil por año, para ser bautizados; las colas frente a los confesonarios de quienes vuelven a la comunión plena con Dios y la Iglesia mediante el sacramento de la Confesión, algunos de ellos después de 30 o 40 años sin acercarse al perdón. Ni qué hablar del peregrino que llega a estar con Ella, venidos de todos los rincones de la Patria. Todo esto nos habla de un lugar nuestro, que tiene un significado que nos hermana a todos los argentinos, más allá de las devociones locales que todos tenemos, porque es inevitable tener una relación tanto afectiva como de fe con los santuarios provinciales o las capillas barriales. Hay algo en la Basílica de Luján que no se puede explicar, que está más allá de todas las palabras, y es sin duda la presencia de Dios que sólo se entiende desde la fe. Esta fe es la que algunos encontramos allí por primera vez y otros recuperamos más conscientemente porque la teníamos pero a veces un poco dormida o en sombras; y esto sólo puede hacerlo la Madre de Dios y ese lugar donde sin duda ella está con sus manos juntas y a la vez abierta a todos sus hijos. Espero que esta reflexión pueda extenderse a todos los santuarios nacionales o locales donde la Virgen quiera manifestarse para suscitar la fe y alentar nuestra esperanza en medio de un mundo secularizado, cuando no, lleno de nuevos dioses y de todos sus brujos o de los que han convertido a Dios en una mercadería y una “razón” para ganar dinero y hacer su negocio. Los santuarios nos ayudan a defendernos de este ambiente universal que no es inofensivo, sino muy agresivo, y ante el cual hay que aferrarse a la sentencia de Jesús “No tengan miedo, Yo ha vencido al mundo”, o a su eterna promesa “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos” Esta fe se da y crece en esos lugares que Dios ha elegido para que sean sagrados y signos visibles de su presencia. En estos lugares se experimentan dos sentimientos la fortaleza de Dios que es Padre y la ternura de la Virgen que es Madre. +Manolo Subir al índice


“cuídalos Padre para que sean uno, como nosotros” Jn 17,6 Jesús con una conmovedora actitud de adoración y confianza está orando a Dios su Padre por sus discípulos. Es la revelación de una intimidad con Dios que se vuelve palabra orada, comunicación audible y secreto compartido. ¡Cuanta grandeza la nuestra! ¡Qué gracia tan sublime! que se nos muestre esta relación tan particular de Jesús con Dios, del Hijo con su Padre. Aquí el Señor ruega que sus discípulos seamos uno, como él y el Padre son uno. La Iglesia es y ha de ser una siempre: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre” nos dice san Pablo, ¡qué verdad es esto!, que escándalo las divisiones en el seno de la Iglesia que está pensada y querida por Jesús como un espejo de la Trinidad. Sin esta clara conciencia de ser reflejo de Dios por la fe es muy difícil superar las divisiones, los enfrentamientos y las enemistades entre nosotros. Sin esta razón, superior a nosotros y que es condición necesaria para seguir a Jesús, no existiría comunidad alguna. La unidad que Jesús pide al Padre para nosotros es sanación y liberación de la división provocada por el pecado original y agravada por los pecados personales de los miembros de la Iglesia. La división será siempre la estrategia del enemigo para apartarnos del rebaño, pues fuera del rebaño, sólo nos espera lo peor, humana y espiritualmente. La unidad será el triunfo sobre todos los males que nos aquejan como humanidad y de la cual la Iglesia debe ser un signo claro para encontrar, la aceptación primero y la salida después, de todas las formas de error que son las divisiones. La presencia de Dios y la especial asistencia del Espíritu aseguran hasta el fin de los tiempos esta unidad que se va haciendo y rehaciendo una y otra vez. Llevamos en nuestro interior el germen de una y otra cosa, la división y la unidad. Creemos que haciendo prevalecer la unidad, no faltará la fe y habrá toda bendición de Dios sobre aquellos que elijan superar sus diferencias y reconstruir el vínculo de la paz. No habrá trabajo más fecundo en la Iglesia que consagrarnos a esta tarea de ser cada uno un agente constructor de la unión en Cristo Jesús, para ser reflejo de Dios en el mundo. Con el afecto de siempre.+Manolo Subir al índice


“Levantando los ojos al cielo orando…” Jn 17,1-11. Este capítulo 17 es lo que se ha llamado la oración sacerdotal de Jesús y se sitúa entre el lavatorio de los pies y el arresto de Jesús en el huerto. Si bien está entre los discursos de despedida, tiene un contenido especial. Es una larga oración de intercesión ante el Padre que tiene como beneficiarios de ese pedido a su Iglesia presente en los que lo escuchan y en nosotros, que a dos mil años de aquella noche nos sentimos contenidos en esta oración maravillosa de Jesús. ¿De qué nos habla esta oración hoy? 1. la hora en que va a ser glorificado y que para Juan se da en la Cruz, en ella el Hijo, en nombre de todos nosotros, glorifica a Dios el Padre glorifica al Hijo, aceptando su sacrificio y resucitándolo de entre los muertos. Así nos hace pasar a todos de la muerte a la vida en la Vida gloriosa del Hijo y lo hará plenamente al final de los tiempos. 2. “esta es la vida eterna, que te conozcan…” Jesús consagra con estas palabras, de un claro significado semítico, la experiencia de encontrarse con Dios durante la propia vida y en la propia historia personal: “que te conozcan a Ti, único Dios verdadero, y al tu enviado Jesucristo”. Conocer no significa lo que entendemos comúnmente como una acción racional, un análisis o un experimento de laboratorio, sino que es una experiencia personal de ser elegido y llamado por Dios a “sentirlo” con toda la persona, con todo el ser, cuerpo, alma y espíritu, cosa que está más allá de lo que se pueda explicar con palabras. Lo que habla es el cambio en la vida de una persona. Una cosa es un nombre y una foto en un carnet y otra cosa muy diferente es decir, “esta persona es así y asá, lo se porque conversé con ella, conviví un tiempo y le conozco pelos y señales, virtudes y defectos” así dice Jesús que se lo puede conocer a Él y a su Padre, esto es la fe y la vida eterna. 3. Jesús revela su existencia anterior a la creación del mundo, su vida en el seno del Padre, así pide con esa autoridad de ser igual al Padre, que lo glorifique porque él lo ha glorificado realizando la misión que le había encargado. Parte fundamental y central de esa misión fue recibir y tener a los que el Padre le había confiado y a los cuales se hizo responsable de formar y destinar a continuar su obra, la Iglesia. Nosotros somos del Padre y el Hijo nos ha recibido, nos ha tomado en sus manos y nadie puede quitarnos de ellas, nos cuida y nos defiende porque somos valiosos, porque al Hijo se los ha dado el Padre y lo que es de Uno es del Otro sin ninguna diferencia, ser de Cristo y del Padre es la misma cosa porque son inseparables. 4. Por fin Jesús ruega por nosotros, que quedamos en el mundo, que vamos a experimentar las tentaciones y las debilidades propias de la condición humana y esa condición humana se irá transformando al vivir entre las persecuciones del mundo que nos rechaza por ser de Cristo y los consuelos de Dios a quien le importamos y por quienes entregó a su propio Hijo para que tuviéramos vida por Él y en su Nombre. De esto nace nuestra seguridad de que nuestros ruegos serán escuchados, sin esta mediación del Hijo ante el Padre, nuestras oraciones no pasarían de ser “una apuesta", un "a ver que resulta” pero todo esto que Jesús nos dice en este discurso es una inspiración a la confianza. Con todo mi afecto.+Manolo Subir al índice


Hoy, 14 de Mayo, gracias a un mensaje en el libro de visitas, quiero hablarles a mis queridos Pami Boys con todo cariño. Sin caer en lugares comunes ni pretendiendo ser muy original, lo primero que me gustó saber a través de nuestro amigo Omar, es que se puede envejecer en comunidad, compartiendo el paso de los años y la sabiduría de estar, en el ocaso de la vida, y poderlo contar, pues por algo y para algo Dios lo ha querido y lo sostiene hasta hoy. Alguna vez escuché al gran Ulises Barrera, aquel a quien escuchábamos comentar las peleas de Loche, Ringo o Monzón. “Hay dos maneras de llegar a viejo, o viejo o anciano. El primero tiene todos los resentimientos, la amargura, el desasosiego. Es gruñón, amargado, mezquino y huraño, es el que no supo o no vio que tenía que hacer las paces con su pasado y terminar sus días en paz. En cambio el anciano no tiene resentimientos, ha perdonado y se ha perdonado, entendiendo al fin que todo ha sido un extraordinario aprendizaje y que todo eso lo volvió sabio por haber vivido. Es amable, alegre, agradecido, altruista y terminará sus días en paz, dando con alegría los frutos de su larga experiencia, sintiendo la maravilla de que solo su cuerpo ha pasado por el tiempo, pero su espíritu permanece joven, con sueños por realizar, y con tiempo al menos para pensarlos como posibles si se dieran las circunstancias” Así hablaba este maestro que me dejó esta luz tremenda para mi y que quiero compartir con ustedes, con muchísimo cariño. En alguna otra parte la página reúne a Magdalena con sus “matusalenitas tejedoras” y leen alguna que otra reflexión una vez a la semana. A ellas como a ustedes mis Pami Boys les hace bien juntarse y reflexionar. Creo que es una hermosa manera de que cada vez que lo hacen el espíritu rejuvenezca, así la necesidad de reunirse a leer, rezar y tejer les ayuda a seguir “ancianizando” con alegría y provecho para ellas y su tiempo, sin tantas obligaciones y responsabilidades como en sus años mozos. Creo que son tiempos de unirse para darse fuerzas en medio de un mudo en que todo envejece al instante y que lo que importa es el momento, ni pasado ni futuro, donde no se encuentran sueños, que no sean a ver cuanto puedo consumir y ser feliz con eso. Hace poco en un colegio donde voy unas horas por semana se les preguntó a los chicos que era ser feliz para ellos y todos dijeron que tener el último celular o un plasma los haría felices ¿Cómo no sentirse arrinconado y descontado, en una sociedad juvenil que no tiene otro sueño que tener cosas? ¿Y los afectos, la vida, la paternidad, la profesión o el servicio a la comunidad? parece que solo valen si dan guita, de lo contrario no sirven. Somos testigos de una decadencia que no pensamos nunca que la veríamos. Solo cuando logramos sacar a los chicos de la idea del consumo en alguna convivencia, mini retiro o experiencia de encuentro con Dios las cosas comienzan a cambiar. Hoy nos lo estamos planteando sinceramente, darles esa oportunidad, porque los valores espirituales están enterrados en ellos y solo hay que sacarlos a la luz. Les ruego que en sus encuentros se acuerden de orar mucho por ellos, porque son los más pobres entre los pobres, porque son inmensamente ricos y no se han dado cuenta, ayúdennos con su oración y no dejen de dar con alegría. Bendito sea Dios por lo que les está haciendo vivir. Con todo afecto desde la web.+Manolo Subir al índice


Jn 15,26 “el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí” Seguimos meditando el discurso de despedida de Jesús durante la Ultima Cena con sus apóstoles y discípulos. Hay en estos días un tema recurrente, el testimonio del Espíritu Santo. Testigo es todo aquel que ha percibido algo por medio de sus sentidos y por eso puede hablar de lo que ha visto y oído, puede contar aquello que ha experimentado, aquello de lo que está convencido y que, muchas veces, no hay palabras suficientes que lo pueda expresar. El Espíritu es testigo de lo que ha visto del Padre, testigo del Hijo y de que es fiel a la misión que, el Padre y el Hijo, le asignan en el interior del discípulo, de aquel que cree, del que acepta y adhiere vitalmente al mensaje del Evangelio. Si hoy a dos mil años de aquella noche podemos hablar con certeza y convicción, es porque el Espíritu ha dado testimonio de Jesús en nuestro espíritu: “nadie puede decir Jesucristo si el Espíritu no se lo concede”. Es el Espíritu Santo, “Dedo de la Mano derecha de Dios”, el que lo hace todo posible en nuestra vida, por eso está en la génesis de nuestra fe, en el crecimiento y la maduración de la misma. Al dar testimonio del Cristo Vivo en nosotros nos impulsa a dar testimonio de Él ante el mundo, nos sostiene, inspira y defiende, es el Paráclito, “el que está parado junto a nosotros” ante el juicio del mundo, por eso se lo llama el abogado defensor, el que ocupa el lugar que Cristo deja una vez que retorna junto al Padre. Nosotros no podríamos decir cada día o cada domingo en misa: “Es palabra de Dios. Te alabamos Señor” si no fuéramos movidos a creer, en ese preciso momento por el Espíritu, que lo que leemos o escuchamos es Palabra de Dios. Ningún cristiano llega a la verdad sin la revelación personal que el Espíritu hace en cada uno. Si el Espíritu no hablase en nosotros de Cristo no lo conoceríamos, no experimentaríamos a Cristo vivo y así no podríamos ser testigos, ya que no tendríamos nada que manifestar y nadie de Quien hablarle al mundo. No tendríamos ni identidad, ni una misión y ni tendría sentido todo lo que venimos compartiendo con Ustedes desde el inicio de la página. Si algo podemos escribir y se puede leer es porque el Espíritu lo inspira y sostiene con su indispensable ayuda, de lo contrario habría páginas en blanco o se leería de cualquier otra cosa. El regalo que queremos que cada uno reciba, es precisamente la apertura y la acogida del Espíritu, para que podamos cada día celebrar el Misterio de la Fe, tengamos una lectura de la Palabra en el Espíritu y llevemos una vida cotidiana en el Espíritu. Sin este regalo poco o nada podemos dar y poco podemos durar frente a la indiferencia o la persecución del mundo. Entonces como ahora “el Viento que viene del lo alto”, “el fuego que inflama al testigo de la fe”, hará en cada uno un nuevo Pentecostés, un nuevo, actual y necesario impulso a dar testimonio.+Manolo Subir al índice


"el que me ha visto ha visto al Padre…” Felipe y Tomás nos regalan este diálogo tan cálido y de intimidad con Jesús que se está despidiendo, que está a las puertas de su Agonía y de su Pasión. Sus palabras en esa circunstancia tienen el valor de la confesión de un moribundo, por eso son dignas de toda fe, pues no hay en ellas sombra alguna de engaño y todos sabemos, más en nuestra cultura, lo que valen las palabras de quien se despide antes de morir. Entonces cuando Jesús nos dice una frase tremenda, nos la da para medir la magnitud de nuestra fe cristiana, sorprendente y original: “el que me ve a Mí ha visto al Padre”. A partir de esta revelación se produce un verdadero antes y después en la historia de las creencias, y se ve la superioridad y grandeza de nuestro credo. No se puede ver al verdadero y único Dios, sin pensarlo unido íntimamente y presente en el Hijo de Dios manifestado en nuestra carne. Ya Dios y el hombre, la humanidad y Dios son inseparables. No se lo podrá encontrar de verdad sin el encuentro con el Hijo de Dios; la Encarnación y la Revelación cristiana han cambiado para siempre cualquier idea filosófica o teológica, que se haya tenido acerca de Dios. Esto si bien es un don, pues “nadie viene a mí si el Padre no lo atrae”, también es toda una tarea para relacionarnos con el Evangelio como palabra viva y definitiva de Dios a nosotros, por eso el que “saborea la Palabra, saborea a Dios, saborea a Cristo” y esta es la Sabiduría anunciada, escondida y que se ha manifestado no para unos pocos, sino para todos los elegidos y los llamados, así, saber de Cristo es saberlo todo, “pues en Él están encerrados todos los tesoros de sabiduría y de la ciencia”, esperando que los aprovechemos y los saquemos a la luz; fuera de esto la nada. ¿Queremos saber cómo es Dios? Hay que mirar-ver-estar-ir a Jesús, que vive en su Palabra, para que Él nos lo cuente. Estos verbos en Juan son la fe, como buen semita, él piensa el ser en concreto, ver es creer y creer es ver. Así quien reza con su imaginación, sus sentimientos y en definitiva con todo su ser, cuerpo, alma y espíritu, se encuentra con el Hijo, escucha al Hijo, experimenta al Hijo y, en Él y por Él, al Padre. ¡Cómo no sentirnos hijos de un Padre tan maravilloso! Así entendemos lo que Jesús resucitado nos dijo el día de Pascua “ve y dile a mis hermanos. Subo a Mi Padre y el Padre de ustedes, a Mi Dios y el Dios de ustedes” ¿podría alguno dudar que esta revelación es realmente la Buen Noticia de Dios al mundo? ¿Qué más se puede pedir o esperar? ¿Tiene algún pueblo de la tierra un Dios tan cercano como nosotros tenemos al Señor? Para seguir creciendo.+Manolo. Subir al índice


“Yo Soy, el Camino y la Verdad y la Vida…” Seguimos encontrando signos de vida en este tiempo pascual. Camino, verdad y vida, se nos presenta en este comienzo del Discurso de Despedida de Jesús. Así tener un camino para transitar no es lo mismo que andar perdido, encontrar un camino dentro del sendero sinuoso de la propia historia es un don tan maravilloso, que por la costumbre de andar a veces perdemos su significado y no entendemos toda su importancia. Todo camino tiene un inicio y una meta, une dos puntas la largada y la llegada. Este camino del que Jesús habla y que es Él mismo, comienza en este mundo y pasando por Él llega al Padre, a la Gloria y a la morada que cada uno ya tiene y el Señor nos obtuvo en su Misterio Pascual, “rompiendo las ataduras de la muerte”. La verdad se nos presenta como lo opuesto al engaño y la mentira “¿si no hubiera moradas en el la casa de mi Padre, no se los habría dicho? Jesús es la Verdad absoluta e incontaminada, porque en Él no hay sombra alguna de mentira ni de engaño, así todo lo que revela, promete y anuncia se cumple atestiguando que sólo hay verdad en su boca. Cuando decidimos pactar con la verdad, cuando nos cansamos de tanta mentira que anda dando vuelta por el mundo, cuando nos cansamos de que nos engañen y estamos desilusionados de nosotros mismos y de todos, en Él encontramos la verdad, “somos libres al fin” como decía el profeta Luther King y, nos llenamos de salud y de paz interior porque nos libramos de la mentira. En este discurso Jesús dice: “Padre tu palabra es la verdad”, por esta revelación Él nos dirige hacia la Palabra de Dios, que es como manantial del que brota la verdad ¡Vayamos a beber!“Y la vida”, que misterio siempre inexplicable, maravilloso, que tiene tantas preguntas y tan pocas respuestas, que se parece más a una búsqueda que a un hallazgo. Que muchos han intentado explicarla y siempre sintieron que era insuficiente lo que decían. Sin ningún tipo de temor Jesús se presenta como la Vida ¿No es mucha pretensión para un hombre? para cualquier hombre seguro, pero no para quien después de estar muerto y enterrado se levantó del lugar de los muertos y se manifestó con una vida que no conoce más la muerte, que pasando por la Pasión y la Muerte de Cruz, tiene vida eterna y que no se la guarda para sí, sino que la comunica a todo aquel que cree en el Nombre de Jesús, para tener la vida en abundancia, y no sólo tenerla sino comunicarla a otros, porque una característica de la vida es comunicarse a otros y así seguir generando más vida. Estamos muy bendecidos todos los que creemos, sin ninguna duda, somos los más afortunados de los hombres a pesar de todo lo que pasa a nuestro alrededor. Los quiero mucho. +Manolo Subir al índice


“les aseguro que el servidor no es más grande que su señor”Es durante la Última Cena, después de lavar los pies a sus discípulos,que Jesús hace esta revelación por medio del gesto y la palabra, que ellos y Él son iguales. Él que siendo Señor y Maestro se ha agachado para lavar los pies a sus discípulos, se ha puesto a la altura no sólo del servidor sino del esclavo, pues éste era quien lavaba los pies a su señor en la cultura de Jesús. Así los Apóstoles serán verdaderos discípulos de Jesús cuando se sirvan unos a otros “en esto reconocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan mutuamente” esto es válido Comunidad afuera, pero también Comunidad hacia adentro para escapar de la tentación de dominar en lugar de servir a los hermanos, para no aspirar a tener puestos ni honores. Para Jesús amar y servir es una y la misma cosa. Esto es prioritario aún en el texto mismo, ya que esta escena del lavatorio de los pies, precede a la palabra sobre con qué autoridad han de manejarse los discípulos, ya que los que los reciban a ellos, lo recibirán a Él. Servidor y Enviado son igual de importantes, esto no es poca cosa, pues re - presentar a Jesús es lo más grande a lo que un hombre puede aspirar en esta vida. Ser signo, bendición, testimonio, ejemplo, modelo a seguir para los cristianos y para todos los hombres de buena voluntad, es intrínseco a la misión del cristiano, es tomar conciencia de que el que va en el Nombre del Señor, lleva en sí mismo la Presencia de Dios. Así lo da a entender Jesús en lo que dice, “el que reciba al que Yo envíe me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió”. El que recibe a Jesús recibe al Espíritu y al Padre, ya que la Trinidad Santísima habita por al fe en todo aquel que cree, pues somos su templo y donde vayamos Él va con nosotros. ¡Qué regalo y que misterio! que por donde vayamos somos portadores de Dios, que donde entramos Dios entra con nosotros y, por nuestro intermedio, toca la vida de los que se encuentran con nosotros, también esto es amar y servir muy sencillamente. ¡Qué distinta sería nuestra vida! si viviéramos concientemente este misterio de la fe, cuantas cosas que nos angustian comenzarían a volverse relativas, menos importantes y menos influyentes en nuestro ánimo y en nuestra forma de encarar la vida. Nos haría bien poner, un rato al día, nuestra atención al interior de nosotros, para descubrir la Divina Presencia que llevamos desde el bautismo, así encontrar paz, consuelo y nuevas fuerzas para ser y vivir nuestra identidad cristiana en medio de este mundo secularizado, vacío de Dios y de una vida más auténtica. Con todo mi afecto +Manolo Subir al índice


“para el que crea en mí no permanezca en las tiemblas” Jesucristo ha venido al mundo con una misión y para ser, la Palabra, la Luz, el Camino, la Verdad, la Vida, la Puerta, el Pastor, el Pan de Vida, la Verdadera Bebida, la Resurrección, el Señor, el Mesías, el Hijo de Dios, el Testigo Fiel… Todos estos títulos con que lo llaman los Evangelios, tienen un significado en si mismos y los ha recibido como expresión de la fe de la Iglesia y han quedado plasmados en los Evangelios. Hoy se nos presenta como “Aquel en quien se cree para no permanecer en las tinieblas”. Es propio el Juan hacer este contraste entre dos realidades propias de nuestra vida, la Luz y las tinieblas, la Vida y la muerte, la Fe y la incredulidad, la aceptación y el rechazo, la acogida y la persecución… Hoy Jesús es la Luz que brilla en la oscuridad y ante esta luz que viene de Dios hay que elegir. Si se acepta la luz no hay ni tinieblas ni condena, si se la rechaza hay más oscuridad y juicio, que hasta puede ser eterno, ya que después de Jesús y su mensaje no hay una segunda oportunidad. Nuestro destino personal queda fijado por nuestro libre albedrío y, entre nosotros que somos una Comunidad Nacional marcada por la fe desde sus mismos origines no tenemos excusas. No podemos decir yo no sabía, yo no entendí, yo no escuché, yo no recibí el mensaje, a mí nunca me hablaron de Jesús, yo nunca ví una imagen, un templo, una fiesta religiosa, ¡yo estuve fuera de la realidad todo este tiempo!, nunca sentí la más mínima inquietud religiosa. ¡Tanto respeta el Señor nuestra libertad! Pero me pregunto ¿Qué libertad es libertad si la uso para perderme en vez de salvarme? ¿Qué vida es vida en la oscuridad y en la muerte? ¿Qué historia es una historia humana sin el Amor de Dios es nuestro interior? El hombre se hace a sí mismo sordo, ciego, engañado, desentendido, ignorante, en definitiva, el hombre trae la oscuridad y la muerte a su propia vida. Jesucristo nunca quiso esto para sus discípulos, ni se quedó indiferente, pues vivió y murió para cambiar todo esto, para que tuviéramos la Luz de la Vida, así es una decisión libre y personal, si queremos quedarnos en las sombras, o ver para tener toda la riqueza que, Dios en su Hijo Amado, viene a ofrecernos con tanta generosidad. Donde y de qué lado queremos estar es ya una elección nuestra y personal, quiera Dios y queramos nosotros elegir bien. Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


Jn 10,1-10; “Yo Soy la puerta, el que entra por mí se salvará” Estamos tan acostumbrados a las cosas que de golpe Jesús nos dice de Sí mismo que es “la puerta de las ovejas”. Es la abertura por la que entramos y salimos de nuestras casas, o del trabajo o de cualquier ambiente por donde pasamos. ¡Cuántos disgustos cuando no podemos abrir para entrar o para salir!, es algo más importante de lo que nos damos cuenta. Así Jesús, “la puerta de las ovejas”, es por donde la Vida pasa a las ovejas, es por donde se entra para encontrar y tener vida en abundancia. Los fariseos estaban en la puerta obstaculizando a las ovejas “no entran ustedes y no dejan pasar a los demás”, son un problema y no una solución para el rebaño. Son los que huyen cuando viene el ladrón y dejan abandonado el rebaño, no les importan las ovejas sino sus intereses, por eso cuando viene el ladrón roba, mata y destruye porque nadie le hace frente y cuida del rebaño. El verdadero Pastor es el que da su vida por las ovejas, las cuida, las alimenta y las defiende cuando están en peligro. Es tal su amor que da la vida por sus ovejas, porque son suyas. En el Calvario, el Divino Pastor, le quitó para siempre el poder al ladrón, le quitó las ovejas y lo dominó, para que no pueda hacerles daño.

Bueno, basta de simbolismos, esa oveja amada, cuidada y alimentada, sos vos, soy yo y somos todos. Los que nos vamos dando cuenta, los que se darán cuanta después de nosotros y hasta el final de los tiempos. Jesús es para sus discípulos el Pastor, la Puerta de las ovejas y, Él mismo, es el Alimento y la Fortaleza del rebaño. Solo en Él se nos da la Vida en abundancia. Insisto que no son más años, sino la vida del Espíritu en nosotros, que también tendrá consecuencias físicas cuando resucitemos, como Él, con un cuerpo glorioso al final de los tiempos. Ese final de los tiempos los empezamos a tener desde ahora en el presente y no sólo como algo futuro, porque quien tiene el Espíritu en su interior, ya no está muerto sino que tiene vida, la vida de gracia, la vida de la fe. ¡Celebremos la Vida! cada vez que leemos el Evangelio y creemos que escuchamos a Jesús y que Él nos habla en persona a cada uno llamado por su nombre y conocido profundamente. ¡Celebremos la Vida! que recuperamos en el Perdón, para resucitar el alma cuando la hemos dañado con nuestros pecados. ¡Celebremos la Vida! en cada Eucaristía,cuando el Pastor nos alimenta con su Cuerpo y con su Sangre, que es decir con su mismo amor y con el poder de su Resurrección. En estos tiempos en los que la vida de muchos parece que no vale nada y por lo tanto tampoco la nuestra, por eso hay quienes la pierden por dos pesos, que la propuesta de Cristo de darnos vida más allá de la muerte, nos abra la Puerta de la Paz y de la Esperanza. Dejemos que Él sea todo esto, para cerrar la puerta de los miedos y vivir de otra manera, de lo contrario, ¿Qué alternativa tenemos? ¿Entrar nosotros también en la espiral de la violencia? Esta nunca puede ser una opción cristiana. El Señor Jesús nos dé otra visión de las cosas.+Manolo Subir al índice


Jn 6,60-69; “Las palabras que les dije son Espíritu y Vida” Terminado el Discurso del pan de Vida en la Sinagoga de Cafarnaúm, Jesús les platea la opción por Él o en contra de Él, se lo sigue o se lo abandona y algunos dicen como diríamos nosotros hoy:“bueno hasta aquí llegó mi amor” se terminó el encanto y ante esta propuesta no podemos seguir adelante.“¡Es duro… es intolerable…es inaceptable!” esto que Jesús dice no lo pueden entender, quieren razonar y “conocer”, quieren ideas no Vida, saber es lo primero y lo único. Este es el discurso propio de los Gnósticos, “los conocedores”, una de las primeras herejías nacidas dentro del cristianismo primitivo, lo que no puede entrar en su razón no sirve. En el fondo no pueden aceptar que Dios se hiciera hombre y que se manifestara en la carne y humano hasta la médula, esto es lo que justifica que Juan escribiera este discurso con un lenguaje tan crudo, casi repugnante por lo concreto. Para él la fe, como proyecto único de Jesús para sus discípulos, pasa por la aceptación del misterio de la Encarnación y la participación en la celebración pascual del Nuevo Sacrificio de Comunión que es la Nueva Alianza en la Sangre de Cristo. El discurso es una profunda meditación sobre la Cena del Señor y sus palabras:”tomen y coman esto es mi cuerpo”, “tomen y beban esta es mi sangre de la alianza…” Para Juan la Eucaristía encierra en sí misma todo lo que llegamos a creer bajo la asistencia del Espíritu Santo, el artífice necesario para celebrar la Vida del Cristo Resucitados por medio de los signos sacramentales de la Fe. La antropología de Juan es perfecta y equilibrada, ya que une el mensaje de la salvación en Cristo con los signos visibles, del pan y el vino, su Cuerpo y su Sangre, que les deja a los discípulos hasta que Él vuelva. “hagan esto en recuerdo mío”. Hacer esto, no es otra cosa que creer con seguridad y adhesión personar a Jesucristo; por eso ante la decisión de los que lo abandonan, Jesús pregunta a los 12, “ustedes también quieren dejarme”. Pedro en nombre de la fe de toda la Comunidad Apostólica, dice su profesión de fe: “tu tienes palabras de Vida Eterna y nosotros creemos y sabemos que eres el Santo de Dios”. Aunque hoy sabemos que sus palabras estaban contaminadas por otros intereses, a Juan le sirven para mostrar, en esta magnífica catequesis sobre la fe y la eucaristía, lo que creía y celebraba la Comunidad Cristiana del Siglo I, a la cual dedica su Evangelio. Nosotros hoy creemos y celebramos lo que él creyó y profundizó, tan magníficamente, para nuestra maduración en la fe. Que en Espíritu y Vida celebremos cada día la Santa Misa.+Manolo Subir al índice


Jn 6,35-40; “todo aquel que venga a mí Yo no lo rechazaré…” En el evangelio de San Juan Jesús quiere responder a las necesidades humanas que todo hombre necesita llenar para sentirse pleno y para ser feliz. Hoy nos regala la buena noticia del “no lo rechazaré”, que es lo mismo que decir lo aceptaré junto a Mí. Pensando desde el lugar de todos los que se sienten rechazados de tantas formas, por su mamá desde antes de nacer, por su papá que no lo supo querer, por sus vecinos de la infancia, por sus compañeros de jardín o de la escuela porque nació distinto a los demás chicos, por los jóvenes de su colegio o su barrio, por los adultos que lo discriminan por ser pobre, o por no tener suficiente cultura o porque es de otro credo, por su color de piel, por su origen o raza... Creo que son innumerables las maneras en las que nos hemos sentido rechazados. Sin duda que hay rechazos y rechazos, los de la infancia son los más presentes y los más difíciles de sanar, ya que sucedieron cuando éramos tiernos y particularmente vulnerables y sin posibilidad de defendernos. Por todo esto: qué hermoso suena a nuestros oídos “Yo no lo rechazaré”, es como si Jesús nos dijera a cada uno en particular: “Yo te acepto como sos y sin importarme ni como te gustaría ser y menos como quisieron otros que fueras. Te acepto por ser quien sos y nada más, sin tener que “ganarte” mi aceptación; como si esto fuera un premio y no es un premio, es un regalo anterior aún a tu misma existencia, porque desde siempre te he pensado y te he aceptado y más aún, te hice así y te hice para Mí”. Sólo el Amor de Dios por nosotros nos puede llevar a poner, en palabras, los pensamientos y los sentimientos que Cristo, Dios-Hombre, tendría respecto de sus discípulos. Su amistad irrevocable nos lleva a pensar y a sentir la aceptación en estos términos, ya que no son otra cosa que una aspiración que surge de lo más profundo de nosotros y, que sólo la Promesa de su Amor es capaz de llenar y satisfacer. La Promesa hecha Palabra revelada e inspirada, deja de quedar en promesa y se convierte en cumplimiento y realidad actual. Esto nos lleva a ir a Jesús con toda la confianza que Él mismo nos inspira, cosa que no podemos esperar de nosotros y de los otros, pero sí lo sabemos y lo creemos de Él. Yendo a Jesús no tendremos más hambre y no sufriremos más por la sed, su amor calmará el hambre y apagará la sed de aceptación en la Eucaristía, la verdadera Comida y la verdadera Bebida. Con todo afecto.+Manolo Subir al índice


Jn 6,22-29; “la obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha envidado”. Los que se habían alimentado en la multiplicación de los panes buscan y encuentran a Jesús al otro lado de lago, pero lo buscan porque han comido pan y Jesús les dice que deben trabajar por otro alimento que no pasa, “por el pan vivo bajado del cielo y que da vida la vida al mundo”, por el don de Dios que se da como alimento para la vida. Por eso les reprocha su falta de fe a pesar de estar saciados de un pan de milagro. Los signos ayudan, indican y orientan, pero no son el fin en sí mismo sino un medio, un camino o un puente, hay que pasar al otro lado y encontrarse con lo que está detrás, que da sentido y significado a los signos, con Dios que da el pan. Jesús se sirve de algo muy valioso para toda cultura, el pan. En éste se unen muchos elementos, pero también es fruto del que lo hizo, esto significa que el hombre es llamado a hacer el camino de la fe, ascendiendo por los signos a Dios mismo. Podemos imaginarnos, por un momento, a nosotros participando de una misa sin fe. ¿Qué significarían los momentos que la componen? seguro que llegaría el momento que nos preguntaríamos ¿que estamos haciendo acá? y nos iríamos a otra parte. La Palabra es pan, es alimento, su lectura y meditación alimenta nuestro espíritu, nos pone en dialogo con el Dios que nos habla desde ella. Pero también me encuentro con el Cristo que calla en la Eucaristía, que está presente y que se me da como alimento para todo mi ser, cuerpo, alma y espíritu. Así se realiza la obra de la que habla Jesús en este evangelio, es decir, “creer en Aquel que Dios ha enviado”. Cuando se come el pan en solitario es alimento y nada más que eso, pero cuando se comparte con otros adquiere un significado muy distinto al de comida. En la Misa, es signo de nuestro encuentro con Dios y con la comunidad que celebra su fe. Los signos que el Señor nos dejó para estar con nosotros y para que estuviéramos con Él, son los que nos invitan y despiertan la fe, la engendran o la hacen crecer, siempre que nuestro estar sea estar con Él y por Él y no por otros intereses, tan mezquinos como los de los contemporáneos de Jesús junto al lago, ellos solo vieron pan, nosotros ¿qué vemos y para qué estamos? ¿Será Jesús nuestro único interés? Bueno sería para nosotros que nos lo preguntáramos antes de la próxima Misa. Podemos sorprendernos de la respuesta. +Manolo. Subir al índice


“¿Dónde compraremos pan para darles de comer?... Jn 6,1-15 El mar, la multitud que lo sigue desde hacía tres días, la fiesta de la Pascua que se acercaba, la montaña, los hace sentar sobre el pasto, multiplica los panes y sacia a una multitud. ¡Cuánto le habrán recordado a Juan el salmo 22! “el Señor es mi pastor…”, es como que contemplando la escena se encuentra en medio de la vivencia que en el salmo parece “simbólica” y deja de serlo, en lo que esta viviendo junto a Jesús; el Pastor del rebaño que cuida, conduce, alimenta y da de beber a sus ovejas. Después de la multiplicación de los panes, Jesús se oculta de la multitud y se pierde en la soledad de la montaña, porque lo quieren forzar a ser rey. No quiere ser un rey político, sino un rey coronado de espinas, un rey según Dios y no según los hombres. Conoce los pensamientos de la multitud y se aleja de la tentación: “todos estos reinos te daré si te postras y me adoras” El corazón y todo el ser de Jesús puede adorar sólo a Dios su Padre, no hay lugar para adorar a otro. Este cuadro que nos muestra este pasaje del evangelio de Juan, nos sirve de introducción al Sermón del Pan de Vida, que Jesús pronunciará en la Sinagoga de Cafarnaún, y que es una inmensa y sublime meditación sobre la Eucaristía, su relación con el Sacrificio Pascual, con la Última Cena y la institución del Sacramento del Pan y del Vino, su Presencia en los signos del pan que se da y se identifica con el que lo come, que al comerlo es asumido por Él como algo propio y amado hasta el extremo de darse a Sí mismo como alimento de la fe y de la vida y para la vida. La cercanía de Jesús en este milagro y en este sermón, es algo en lo que debo meditar cada vez que celebro la Eucaristía. Con el paso del tiempo la centralidad diaria de este misterio, me va preparando para llegar a ser lo único que espero a esta altura de mi vida: un anciano en el pueblo de Dios, (cosa que veo acercase cada día), entregando con alegría todo lo que me queda con el gusto de servir, más allá de los achaques y el deterioro de la salud; el espíritu que se renueva en cada misa me mantiene la juventud interior, porque el cuerpo entra en su proceso natural de decrepitud, pero el espíritu sigue joven, el espíritu no envejece y esto es lo más importante de todo, después de la segunda mitad de mi vida. Esto de ser don hasta el final es lo que voy entendiendo después de celebrar cada misa. Ruego por esto y les pido que me acompañen en este legítimo deseo.+Manolo Subir al índice


Sobre Jn 20,27 “en adelante no seas incrédulo sino hombre de fe…” Hay en todo el Nuevo Testamento una novedad surgida dentro de la Historia del Pueblo de Israel y que da origen a la Iglesia, la preponderancia de la FE por encima de la raza y las tradiciones del Antiguo Testamento. La FE es lo que surge de la relación entre los hombres de su tiempo y Jesús, es lo que el Señor demanda para hacer un milagro, una sanación o para aceptar a su lado a sus discípulos. Ser hombre de fe significa pasar por una iluminación de la mente y un movimiento de la voluntad, por la acción directa de Dios en el interior del hombre. Por esta razón el día que, Jesús Resucitado se aparece a los discípulos ya estando presente Tomás, le reprocha su falta de fe, porque si no veía no creería, su incapacidad de aceptar la palabra de sus hermanos: “¡hemos visto al Señor!”. Jesús el Testigo fiel, el Primero y el Último, el Alfa y la Omega, sólo demanda fe para que nos acerquemos a Él. Sólo pide fe como condición necesaria y primordial para sus fieles. Sólo al que cree Jesús se le entrega y se le hace presente en la Iglesia, en la Palabra y la Eucaristía. Para el que cree, el Evangelio no sólo es Palabra de Dios, sino presencia viva de Jesús, presencia que habla, que ilumina, que mueve y conmueve, que muestra el misterio de Dios y del hombre, que nos dice cómo es Dios y cómo somos los hombres y, sólo por lo que Dios revela, creemos para entender el Misterio de la Vida y entendernos a nosotros en ese Misterio. ¡Cuánta fuerza tiene para Jesús el testimonio de sus discípulos! Esta cuestión de Tomás y su falta de fe, es negarse a escuchar a los que habían visto al Señor, a los testigos de la Resurrección, por eso Jesús le reprende para que empiece a aceptar que la fe le viene por el testimonio y la palabra de sus hermanos. De esta manera nos abre, la mente y el corazón, a los que tenemos ya 2000 años de existencia en el mundo, gracias al testimonio del la Iglesia, que al predicar, suscitó nuestra fe en Jesús a todos los que recibimos el mensaje de la salvación. Esto hace que tengamos vida en abundancia, vida que no pasa, vida eterna en el Nombre de Jesús. Tomás predicó el Evangelio en la India y fundó comunidades que subsisten hasta hoy. Murió mártir de esa fe que en un principio fue vacilante y después profunda y valiente.+Manolo. Subir al índice


Jn 20,23 “a quines ustedes perdones los pecados les quedan perdonados…” Ya Jesús en su vida pública había hablado del poder de atar y desatar dado a Pedro y a toda la comunidad de los discípulos. En este pasaje el Resucitado habla de lo mismo pero desde una nueva perspectiva, el Don del Espíritu derramado sobre los discípulos, testigos de la Resurrección, convirtiendo a la Iglesia en signo de vida para todo aquel que ha pecado y necesita perdón. Jesús ofrece en primer lugar un bautismo para el perdón de los pecados, original y personal, pero pensando en la fragilidad del ser humano, de la cual no son una excepción sus discípulos, otorga al pecador un nuevo nacimiento post bautismal, que es el sacramento de la penitencia o reconciliación, llamado de la confesión. Toda una carga para los sacerdotes, porque a través de ellos pasa la gracia de Dios para el hombre arrepentido y necesitado de paz para su corazón. Creemos que cuando se pierde el rumbo, se vive errando y preso de las pasiones y los vicios y se cree que no hay salida, Jesús viene a abrir el encierro y la parálisis de la culpa y el desprecio por sí mismo, con el don del perdón. Leemos que a aquellos a quienes se les da el ministerio del perdón y la paz, han pasado por todas las formas de debilidad, no eran santos de primera calidad, sino pecadores, de quienes Él se había compadecido, como diciéndoles: ya que lo han experimentado en carne propia “sean misericordiosos como es misericordioso el Padre de ustedes que está en el Cielo”, “el que esté libre de pecado que le arroje la primera piedra”, “lo que desaten en la tierra quedará desatado en el Cielo” “hay más alegría en el Cielo por un pecador que se convierte…”. Toda esta Buena Noticia que los discípulos oyeron, en las enseñanzas del Señor en sus sermones y en las parábolas, hará de la Comunidad de los Discípulos, el instrumento de Dios para derramar su Amor de Padre Misericordioso, en el corazón de sus hijos. + Manolo Subir al índice


¿Qué hace falta para el perdón? Arrepentimiento sincero, fe y deseo de cambio, es todo lo que Dios necesita para perdonarnos, humildad-verdad y confianza para llenar de gracia y de vida interior, al que la ha perdido después del don primario y fundamental del bautismo. Junto con la Unción de los Enfermos, se los llama sacramentos de curación, para devolver la salud al que la ha perdido o se le ha resentido. Sin hacer las paces con Dios y con uno mismo no es posible construir algo que tenga futuro; todo se viene abajo por falta de un cimiento verdadero, por esta razón el don del perdón es tan esencial para la vida del hombre en todas las etapas del la vida. Por esto hay que celebrar la reconciliación con Dios por medio de la Iglesia, para estar en paz y construir sobre roca, para que la vida no se nos arruine.+Manolo Subir al índice


Algo sobre Jn 20,22-23; “sopló sobre ellos diciéndoles reciban el Espíritu Santo…” En la Pasión y la Muerte en la Cruz de Nuestro Señor, Juan ve unidos, la Gloria de Jesús y el don del Espíritu. “inclinado la cabeza entregó su Espíritu” no es un dicho al pasar ante quien muere, para Juan, fue mucho más que el último suspiro como diríamos popularmente, sino que fue una realidad teológica mucho más profunda. Es que se habían dado las condiciones necesarias para que el Espíritu fuera derramado sobre los hombres; la Víctima Pascual realizó la Nueva Alianza en su Sangre, hizo las paces entre Dios y nosotros, abrió las puertas de la Vida y del Paraíso perdido de una manera insospechada aun para el más iluminado profeta. Lo que Dios hizo en Jesucristo no estaba en los cálculos de nadie y creo sinceramente que nadie sabía muy bien cómo iban a ser las cosas; por esta razón creo que el Evangelio de la Vida, es mucho más que el cumplimiento de las Profecías y todas las figuras del Antiguo Testamento. El Evangelio es la Vida misma, original y auténtica. Esto me lo enseñaba un viejo y querido amigo, el padre Alejandro, y estamos convencidos de que es así. El Evangelio, si bien sirve para enseñar como “toda palabra divinamente inspirada”, es mucho más que una instrucción o un instrumento de adoctrinamiento para que nos convirtamos en chicos buenos, es infinitamente más que esto, es Vida Abundante, por esto no se la puede ni encerrar, ni codificar, ni simplificar, porque revienta y desborda cualquier recipiente, para salir y engendrar más Vida por donde pase. Esto es lo que nos da Jesús al “entregar su Espíritu”, esto es lo que recibe la Iglesia naciente para la Misión, sin este Don sobre todo don, no tendríamos vida en el Nombre de Jesús. +Manolo Subir al índice


Algunas palabras sobre Jn 20,19-31; “los discípulos estaban con las puertas cerradas por temor a…” ¿Qué les pasaba que estaban así? Se habían derrumbado todos sus sueños mesiánicos. De golpe se ven envueltos en el desenlace “trágico” del proceso judicial de Jesús que: “como cordero llevado al matadero no levantaba su voz”. No habían caído en la cuenta que Isaías lo había anunciado en sus Cánticos del Siervo de Yahvé, “mi siervo justificará a muchos… y entregará su vida por una multitud”. Este cántico se anticipa a los sufrimientos de Cristo, lo sabemos ahora, pero, en el momento del encierro y el fracaso ellos no lo podían recordar porque el Mesías que querían era otro, un triunfador se topan con un “fracasado”. La mezcla de sentimientos de culpa, frustración, vergüenza y, de que si venían por ellos, iban a terminar igual que el Señor, los tenía presos y encerrados y nos sólo encerrados físicamente, sino a toda experiencia que tuviera que ver con Jesús. Por todo esto son tan importantes las apariciones de Jesús Resucitado a los discípulos, a quienes les anuncia y les da la paz, los saca de su encierro y los abre a la Misión: “como el Padre me envió a Mí, así Yo los envío a Ustedes”. Puestos nosotros en su lugar, no nos preguntaríamos a nosotros mismos: ¿A nosotros nos enviás? ¿A nosotros que te fallamos de la manera que te fallamos? ¿A nosotros los más cobardes de todos? ¡Sí, a Ustedes que estuvieron desde el principio conmigo! A ustedes, tan débiles, para que sepan siempre que “la fuerza viene del Señor que hizo el Cielo y la Tierra”. Porque en la debilidad de Ustedes “se muestra mi gracia”, le dijo Jesús a San Pablo. Así no bebe extrañarnos que ellos dijeran que Sí al don del Espíritu y, no sólo fueran a predicar sino a dar la vida por Jesús derramando su sangre por Él y por su fe. Dios saca mártires de grandes débiles y cobardes. ¡Sólo El lo puede y lo sabe hacer! +Manolo. Subir al índice


“María Magdalena fue a contarlo… pero no le creyeron” Creo que es inevitable experimentar una honda soledad e incomprensión cuando nosotros hemos experimentado “algo de Dios” y necesitamos contarlo o nos manda Dios a contarlo, obedeciéndolo a Él antes que a nuestro miedo al ridículo o al rechazo. El que ha sido hecho profeta o testigo por su encuentro con Dios, en este caso de la Magdalena con el Resucitado, no puede callarse, la experiencia las desborda y no la puede contener, así muchos místicos han debido “padecer por el Nombre de Jesús”, incomprendidos, perseguidos y hasta martirizados por decir lo que vivieron. La pregunta es ¿cómo se vuelve del encuentro, del éxtasis o de la vivencia? A menos que se encuentre a una persona o una comunidad que reciba, amablemente, al que está marcado por esa experiencia de encuentro, su destino será siempre el silencio, la soledad y la incomprensión. Esto es lo que abunda cuando queremos compartir nuestra alegría de haber experimentado a Dios, de haber estado en contacto con el Misterio y que esto nos ha cambiado para siempre. En su pedagogía Dios acrisola el alma del creyente para que, éste, no se apoye tanto en la aceptación o la comprensión de su entorno, sino que vuelva una y otra vez a la fuente, a su vivencia personal de acercamiento al Misterio de Dios. Esto pone un poco en crisis algo de la dimensión comunitaria de la fe, ya que al no encontrar una acogida, que Dios ya sabe de antemano, el que ha experimentado se vuelve a Él, para que su soledad no sea un vacío, sino una plenitud por la presencia del Amor y del Amado, por eso Santa Teresa en su oración lo expresa tan bellamente: “quien a Dios tiene nada le falta”. Lo que uno ha experimentado chocará con la inexperiencia de los demás, con los que no han tenido ese encuentro para entender lo que nos pasó o nos pasa. ¿Importa tanto que nos entiendan y que nos crean? ¿Negó la Magdalena lo que vio y oyó porque no le creyeron? ¿Tenían capacidad de aceptar la vida del Resucitado-Aparecido aquellos que estaban llenos de pena y de muerte? más vale que no. Así que es inútil pretender que entiendan por más que les roguemos que nos crean, por esto volvamos a la fuente, a Aquel que no le cuesta creernos porque Él generó y estuvo con nosotros donde otros no estuvieron, y hasta que no les pase algo parecido no van a entender ni una j qué es tener un encuentro con Dios, por qué estamos felices en medio de todos los infelices, por qué nuestra vida se ha vuelto dulce en medio de todos los amargos, por qué reímos cuando todos los demás viven encerrados en sí mismos y llorando su fracaso y no queriendo saber nada de nada. ¡Gracias María Magdalena por tu fe y por no callarte! +Manolo Subir al índice


“la paz esté con ustedes y les mostró las manos y su costado…” Este segundo domingo desde hace algunos años celebramos, la devoción al Jesús de la Divina Misericordia, su magnífico icono y el mensaje del Amor Misericordioso, situado en el corazón de un siglo que fue una vergüenza para toda la humanidad, testigo de los procesos donde no abundó ni el amor ni la misericordia, sino que el odio y las guerras, generaron hechos y acontecimientos que pusieron al descubierto lo peor de la condición humana. Gracias a Santa Faustina, su temple y su paciencia por dar a conocer lo que Jesús le decía en su experiencia mística y, dejó plasmado en el mensaje de la Misericordia en su bellísimo diario, nos ha inspirado a la confianza y a creer que hay misericordia para todos, incluyendo a los desesperados que piensan que están excluidos y que lo que hicieron es imperdonable, nada por grave que sea es imperdonable para este Jesús Misericordioso, que como aquel primer domingo, “les dio la paz y les mostró sus manos y su costado”. Nada valoramos tanto como aquello que nos ha costado mucho y por lo que hemos hecho grandes sacrificios ¡Cuantos te costamos Jesús! cuanto valemos para Vos. Pongamos la mirada en Jesús Resucitado, que se les aparece vivo, de carne y hueso, radiante y glorioso, mostrándoles sus manos con los signos de la crucifixión y la herida de la lanza en su costado. Son las cicatrices que le dejó su Amor Misericordioso, su amor hasta el extremo, su amor hasta darlo todo por los amados, hasta la vida, “nadie ama más que el que da…”. Ni un reproche a excepción de Tomás a quien le llama la atención por algo que, si nos detenemos, es de importancia trascendental para nosotros “¿ahora crees porque mes has visto? Felices los que creen sin haber visto” es decir todos nosotros. Tomás no cree porque no acepta el testimonio de sus hermanos que le dijeron: “hemos visto al Señor” a lo que respondió: “si no lo veo… si no meto mis dedos… y mi mano… no creeré”, pone sus peros que le duran una semana, hasta que está con los hermanos y Jesús. el segundo domingo, se les aparece resucitado a todos una vez más. Entonces Tomás acuña una expresión que nosotros usamos en cada misa después de la consagración y la elevación de la hostia y el cáliz: “Señor mío y Dios mío”. Esta es la respuesta típica de todo escéptico ante los que otros le cuentan, pero que después es el que más cree, ya que ninguno de los otros dice nada ante el Señor, éste “incrédulo” se rinde ante la experiencia, pero va aprendiendo desde ese momento, a ablandar su alma y a volver más receptivo su oído y su corazón, que es el camino de la fe, porque escucho creo, porque acepto el testimonio me uno a los que creen que Jesús está vivo y que tiene las llaves de la vida, de paz y de gozo; que rompe e el encierro y abre a sus discípulos–amigos–hermanos–apóstoles–testigos, a la Misión “vayan y anuncien a todos…”.+Manolo Subir al índice


“no teman, avisen a mis hermanos… en Galilea me verán” “Ya no los llamo siervos, sino que los llamo amigos…” Jesús les dice en la víspera de la Pasión, en este evangelio ya les cambia el nombre, si la expresión amigos los acercaba de un modo tan íntimo a Él, la expresión “mis hermanos" los acerca al misterio de la filiación, a la relación con Dios Padre, a la condición de hijos de Dios a semejanza de Jesús. En el mismo texto hablando del soborno a los soldados, las autoridades judías dicen “sus discípulos vinieron de noche y robaron su cuerpo”. Se llevaron al muerto, porque para ellos estaba muerto y nada más. Es evidente que quedaron fuera de la fe, quedaron en la trenza que lo sacó de en medio a Jesús, por eso ante el hecho del sepulcro vacío no pueden hacer otra cosa más que mentir e inventar esa historieta del robo. Los ya hermanos de Jesús resucitado, tendrán en Galilea donde todo empezó, la experiencia directa y fundamental para la Iglesia naciente, de ver y oír y tocar al Resucitado. Éste los saca de Jerusalen y los lleva a la génesis de su primera fe, para dar comienzo a una nueva fe, que evoluciona a partir de la experiencia del sepulcro vacío. Los saca de la ciudad de la traición de Judas, las negaciones de Pedro, del abandono de los demás, del juicio, la pasión y la cruz. Del recuerdo de la muerte del Señor, como dejando atrás las culpas y el trauma que sembró la muerte en su interior y darles la vida donde ésta comenzó, junto al mar de Galilea con el primer llamado, como cerrando un círculo y abriendo uno nuevo que hasta hoy está abierto, hasta que Jesús Glorioso vuelva por segunda vez. Así a la experiencia de apertura de los discípulos al Jesús histórico y seguirlo dejándolo todo, le sigue la experiencia ver y tocar al resucitado, al Cristo de la fe, de pasar de estar con el predicador del Reino de los Cielos, a predicar a Cristo Vivo y Glorioso, a ser testigos experimentados por el trato directo con el Resucitado, para compartir esa experiencia al mundo. Esto nos hace participar en la fe apostólica, que es encuentro con una Persona, experiencia y no adoctrinamiento, diferencia esencial con cualquier otra fe o experiencia religiosa que hace tanto hincapié en el conocimiento y en el saber. Si se quiere llamar experiencia ésta no es algo que tenga que ver con emociones, porque éstas con pasajeras, en cambio la fe, que es encuentro con Cristo, perdura y fructifica para siempre. Seguimos juntos.+Manolo Subir al índice


Jn 20,11-18; “Jesús le dijo: ¡María!” El Santo Sepulcro que ha quedado vacío es visto a la madrugada del primer día de la semana, lo que sería después el Domingo, el Día del Señor, en memoria no sólo de SU día, sino de la experiencia de las experiencias, descubrir que: el Señor había resucitado y estaba Vivo, de una manera tan nueva y sorprendente, que a los mismos discípulos les costaba reconocerlo, aún a la Magdalena, le costaba reconocerlo siendo la primera en verlo después de la Resurrección. Lo interesante de esta experiencia es la hora, entre la noche y el día, “de madrugada y cuando todavía estaba oscuro” como para que la luz de la resurrección se viera con más intensidad. Naturalmente hemos asociado a la muerte con la oscuridad, con la noche y el vació. Pero, María Magdalena, cuando Jesús la llama por su nombre recién lo reconoce, como diciéndonos, que al resucitado no se lo ve con los ojos del cuerpo, sino que se lo oye en la Palabra y bajo la acción del Espíritu. Por esta razón son millares y millares, a lo largo de los siglos, los que hemos creído que está vivo sin verlo, por haber ESCUCHADO, tanto el mensaje como al Espíritu de Jesús, que nos ha susurrado este “Nombre sobre todo Nombre” en Quien encontramos la VIDA EN AUNDANCIA, vida que no son muchos años sino mejor calidad, una vida muy superior a cualquier calculo y medida, bastaría conversar con quien de verdad se ha encontrado con el Resucitado para asomarnos a esta experiencia de estar con el Viviente. El Espíritu y la Vida están a nuestro alcance desde hace 2000 años, solo tenemos que apropiarnos de ella, para que la salvación por la fe, sea efectiva hoy para nosotros como lo fue para los contemporáneos históricos de Jesús, “para los que estuvimos y comimos con Él después que Dios lo resucitó” y que lo anunciaron y trasmitieron de una generación a otra. Por todo esto la experiencia de escuchar la Palabra del Evangelio, es realmente entrar en contacto con Alguien que aunque estuvo muerto ahora vive y ha atravesado, desde su Resurrección, el espacio y el tiempo hasta llegar a nosotros. +Manolo. Subir al índice


Está vivo... “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo…?” Jesús ha resucitado y la mañana del primer día de la semana su sepulcro está vacío, algunas de sus discípulas van al la sepultura buscando el cuerpo del Señor para ungirlo con los perfumes preparados, porque el entierro del muerto no había dejado tiempo para hacer lo que correspondía porque comenzaba el sábado. Estaban desconcertadas al ver la piedra removida, el lugar abierto y vacío, no lo encuentran, llevan en su memoria el amor y la decepción por lo sucedido, estaban seguras de encontrar al muerto, rígido, en proceso de descomposición y puesto en el lugar cavado en la roca como habían visto la víspera del sábado. Así con el mensaje de los ángeles “únicos testigos del milagro” comienzan a transitar el camino que va de la cruz y la muerte del Señor a la resurrección y al descubrimiento de la vida que venció a la muerte. Pero hay en este evangelio una referencia a lo dicho por Jesús en la vida pública “el hijo del hombre debe sufrir en manos de los pecadores, ser crucificado y resucitar al tercer día”, la memoria de lo dicho por el Señor las abre a la experiencia de la fe en el resucitado, la fidelidad de su palabra y de su promesa que ellas ven realizada y de la cual son testigos oculares y mensajeras de lo sucedido. Está vivo, ha resucitado y aunque no les creen, provocan que Pedro vaya al sepulcro y encuentre todo como las mujeres contaron. Éste, que es el primer testigo de la resurrección y la piedra fundamental del la Iglesia, vuelve al lugar donde estaban los discípulos reunidos, "lleno de asombro por lo sucedido". Luego las apariciones del resucitado robustecerán su fe y la de los demás, preparándolos para la efusión del Espíritu que será la memoria viva de la Iglesia, que les enseñará y les recodará todo lo dicho y hecho por el Señor, desde que los llamó y hasta el momento de enviarlos a predicar en su Nombre. Durante este tiempo de Pascua, durante 5 semanas vamos a ir buscando los signos de vida que la palabra de Dios nos va a ir mostrando para fortalecer y profundizar la fe siempre vacilante y llena de dudas que tenemos los que no lo vimos ni estuvimos con Él, pero que hemos recibido el mensaje y el Espíritu que nos ha llevado a creer en Jesús, como si lo hubiéramos visto y oído, porque uno de los signos que nos lleva a creer en el Señor resucitado es la Iglesia y la Palabra del Evangelio que tuvo y tiene el poder de suscitar la fe en el que escucha. ¡Aleluya!. +Manolo. Subir al índice